Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama es en mayoría mía, la otra parte es basada en una película algo retorcida que les tendré que ocultar hasta nuevo aviso para no arruinar el misterio de la historia.
Capítulo 48
Era de noche cuando entré en el recibidor después de haber estado en Seattle y me encontré a la abuela allí de pie con una expresión de desesperación en el rostro - ¡¿Dónde estabas?! – gritó, apresurándose hacia mí.
Me eché hacia atrás, sobresaltada, creyendo por un momento que iba a abofetearme otra vez, pero ella me alcanzó y me abrazó con fuerza. Estaba tan sorprendida con su muestra de afecto, que no me moví ni un centímetro, dejando que me abrazara.
- Por Dios – exhaló – No vuelvas a asustarme así, creí que habías escapado de casa - se separó de mí y me quitó el pelo de la cara para ponerlo detrás de mis orejas - ¿Estás bien? ¿Has estado llorando? – preguntó al ver mi nariz y ojos rojos. Me acarició la mejilla – Oh, cariño.
Parpadeé, llena de confusión - ¿Qué… qué estás haciendo?
- ¿A qué te refieres? – preguntó, frunciendo ligeramente el ceño.
- Me odias – dije, mi voz no más alta que un susurro – Me golpeaste y me gritaste porque tenía la culpa de todo.
Su cara se arrugó con arrepentimiento – Y lo siento. Lo siento mucho – volvió a acariciarme la mejilla – Estaba fuera de mí, fue el estrés. No te odio, cariño, nunca podría odiarte.
- Pero lo haces.
Negó con la cabeza y me abrazó otra vez, apretándome fuerte – Tú eres lo único que tengo. Tú y el bebé que crece en tu interior son lo único que me queda ahora.
El hormigueo de ira empezó en la punta de mis pies y recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a la punta de mi cabello. Ella no me había hablado o mirado en tres semanas, pero ahora estaba abrazándome porque pensaba que me había ido con el bebé de su hijo y la había dejado sola. Era lo único que le importaba.
- Eres como él – murmuré en su oído, sin moverme – Eres su madre y lo has traído al mundo de la misma forma en que eres. Tal vez tú te niegues a admitir que me odias, pero te juro por Dios que yo sí lo hago. Te odio. Y en cuanto pueda salir de este maldito lugar, lo haré. Voy a irme y dejarte aquí de la forma en la que siempre temiste. Sé que esa es la peor cosa que puedo hacerte.
Sus brazos se volvieron flojos a mi alrededor mientras me soltaba lentamente. No me miró. Puso sus manos en su rostro y sollozó ruidosamente frente a mí, intentando que me sintiera mal por ella, pero no le presté atención a su dramatismo.
Pasé a su lado para llegar a las escaleras y subir a mi habitación. Cuando estuve dentro, me apoyé en la puerta, me puse una mano en el vientre y le hablé a mi bebé por primera vez – Si naces en este mundo, no debes ser como ellos. No puedes. Tampoco debes ser como yo – de pronto, me sentí tremendamente mal por este bebé, que estaba arruinado en esta vida incluso antes de llegar completamente a ella – Lo siento. De verdad lo siento.
No había sabido antes por qué Emmett se había disculpado conmigo de la manera en que lo había hecho. Lo hizo tantas veces después de que les dijera la verdad a todos, como si él fuera culpable por lo que me había sucedido, y me asusté, porque no quería que volviéramos atrás con esa cosa de la culpa, pero ahora que había recordado esto en un sueño, entendía que lo había hecho porque lo sentía por mí. Sentía mucho que me hubiera pasado algo tan feo. Y sentía no haber estado ahí para mí en esos momentos.
Me dolió verlo derrotado y lleno de pena, sus lágrimas caían de sus ojos donde podía ver también el dolor que él sentía por mí. Y aunque fuera raro en una situación como esa, me sentía orgullosa. Porque había podido finalmente sacar todo de mí para mostrárselo a él sin enloquecer. Otra cosa por la que me sentía orgullosa era haberle ahorrado a Edward un dolor como ese, ahora sentía que realmente, realmente, había valido la pena terminar con él. Edward ya había sufrido mucho por mí y saber que ya no lo estaba haciendo me hacía sentir mil maneras de bien.
Aunque su ausencia estuviera haciéndome sufrir a mí.
Volví a dormirme. Esta vez soñé con Edward. Estaba de vuelta en la institución, en el patio de brillante sol, y estábamos sentados en nuestra banca. Era nuestra banca, no de Demetri y mía, porque Demetri no existía aquí, solo éramos Edward y yo. Y me sonreía. Ampliamente. Estaba hablando, contándome cosas y riendo, pero yo no podía entender una sola palabra porque todo lo que podía hacer era mirar su rostro. Su cabello del color del cobre al sol, sus cejas pobladas, sus altos pómulos, su nariz, labios pequeños y carnosos. Sus ojos, de ese hermoso tono de verde que varía de acuerdo a su estado de ánimo, y que ahora brillaban de felicidad. Él dejó de hablar y puso los ojos en blanco antes de agitar su mano abierta delante de mi rostro. Se echó a reír cuando parpadeé y tomó mi mano para acercarme a él.
- Bella – dijo. Su voz me causó un buen tipo de estremecimiento.
- Edward – dije yo. Repentinamente, estaba oscuro, pero no me asusté, porque Edward estaba aquí. No podía verlo, y aun así lo sabía. Sus manos estaban tomando mi rostro y su olor a canela estaba en mi nariz – Edward.
Él descansó su frente en la mía – Estoy aquí.
Puse mis manos en su nuca para acercarlo más y así poder alcanzar sus labios, estaban un poco fríos, pero sabía a Edward y eso era todo lo que importaba. Mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho, mi piel se erizó y mi cuerpo se calentó cuando el suyo estuvo sobre el mío. Nuestras respiraciones se volvieron rápidas mientras más tiempo nos besábamos, devorando la boca del otro. Mis manos se enredaron en su cabello y las suyas estaban a cada lado de mi rostro, pero las cambiamos de lugar para ayudarnos mutuamente a deshacernos de la ropa, y cuando no había ningún pedazo de tela separándonos, nuestras manos y labios estuvieron en todos lados, disfrutando el uno del otro. Todo lo que pasó a partir de ahí se trató de instinto, de sensaciones y de todo lo maravilloso que existía cuando Edward y yo estábamos juntos. No quería que esto acabara, no quería despertar, porque este era el mejor sueño que había tenido en mi vida.
- Te amo – dije entre jadeos, apretándolo contra mi pecho – Te amo, Edward.
Me besó largo y duro - Y yo a ti, nena. Eres la única a la que puedo amar, la única a quien pertenezco.
Él siguió moviéndose contra mí y eché la cabeza hacia atrás, deseando por enésima vez que este sueño no acabara nunca. Porque dolería al despertar.
Y lo hizo. Dolió.
Abrí los ojos y los entrecerré cuando la luz que entraba por la ventana de la habitación molestaba lo suficiente. Me quedé allí asimilando las cosas y mirando el otro lado de la cama vacío. No había Edward. No estuve en sus brazos realmente, a pesar de que se había sentido tan real anoche.
Mi pecho se apretó y el aire salió de mis pulmones mientras me encogía en posición fetal.
Yací allí, desamparada, hasta que pude encontrar las fuerzas para levantarme de la cama y meterme en el baño. Quería ver a Seth. Y me permití un pequeño resoplido de auto-burla, porque era gracioso que ahora tuviera tantas ganas de verlo, cuando había pasado cinco años sin querer hacerlo. Me di una ducha un poco larga y me vestí, abrigándome lo suficiente para el clima de Forks.
Salí de la habitación y caminé por el desierto pasillo hasta la habitación del niño, pero la encontré vacía. Un rápido vistazo al reloj en forma de conejito junto a la ventana me hizo saber que eran las doce y ocho del mediodía, al parecer mi viejo hábito de despertarme tarde había regresado. Bajé las escaleras y, como anoche, fui directo al comedor, donde todo el mundo debía de estar empezando a almorzar por la puntualidad de Renata.
Mientras me acercaba, podía escuchar que hoy era más ruidoso, había conversación y unas cuantas risas. Mis nervios se calmaron, si ellos estaban un poco animados, eso quería decir que estaban bien después de lo de ayer y que la abuela no estaba alrededor.
- Vamos, Seth, la comida va a enfriarse – oí decir a Renata.
- Quiero a mami – protestó Seth en respuesta. Mi estómago se volvió miel y mi corazón se afanó tanto, que tuve que detenerme para recobrar el aliento. Esto era extraño, sentir esto por solo escuchar su aniñada voz.
- Mami está cansada, deja que duerma un poco más – dijo Renata con un extremadamente paciente tono que me decía que le había dicho aquello un montón de veces antes de esta – La despertaremos cuando termines de comer, pero solo si te comes todo lo que tienes en el plato.
- Y mami está taaaaan, pero taaaaan cansada, que la escuché roncar como un enorme cerdo cuando pasé por su habitación – narró Emmett, su voz entretenida – ¿Alguna vez has oído a un cerdo roncar? Es realmente ruidoso.
Hubo unas cuantas risitas antes de que alguien resoplara – No le hagas caso a las tonterías de Emmett. Tu mami no ronca, ella es realmente linda cuando duerme.
Mi estómago, después de haber estado cálido por Seth, dio una voltereta salvaje y me tropecé cuando mis pies se movieron apresuradamente para entrar en el comedor. Ya dentro, me quedé de pie mirando frenéticamente alrededor de la mesa hasta encontrar a la persona que buscaba. El dueño de aquella voz.
Estaba sentado tranquilamente allí, junto a Seth y frente a Rose.
Edward.
Sintiendo mi aguda mirada, levantó la cabeza hacia mí y me sonrió como si no hubieran pasado dos años desde la última vez nos vimos, o como si aquel día en el que terminé con él en la institución no hubiera pasado. Como si siguiera amándome con la misma intensidad con la que yo lo amo – Finalmente. Ahí está mami.
Su voz me hizo estremecer. No paré de mirarlo y me di cuenta de que su rostro ha madurado en el tiempo que no lo vi, hay líneas alrededor de sus ojos que no estaban allí antes y sus altos pómulos se ven un poco hundidos, como si hubiera adelgazado un montón, pero su cuerpo contradice eso, ya que se ve musculoso. Muy musculoso, casi como Emmett.
- ¡Mami! – gritó Seth, casi lanzándose desde su silla alta.
Parpadeé, aturdida, antes de trasladar la mirada hacia el entusiasmado Seth. Mis labios temblaron cuando le sonreí – Hola, pequeño.
- ¿Ya dumiste un poco más? – preguntó.
- Dormiste, Seth – corrigió Renata, limpiándole la barbilla con una servilleta de tela.
Caminé hacia él y me senté a su lado, en la silla principal de la mesa, donde siempre se sienta la abuela – Sí, dormí un montón más.
Él sonrió ampliamente y sacudió sus pies colgantes felizmente - Te vi dumiendo esta mañana. Con papi.
Eso me dejó paralizada, mi cuerpo poniéndose frío y caliente al mismo tiempo. El pánico empezó a expandirse en mi interior y a salir hacia mi rostro hasta que la gente a mi alrededor comenzó a soltar risitas disimuladas. Mis ojos buscaron entre ellos, desesperada por saber lo que ocurría. Terminé mirando fijamente las sonrojadas mejillas de Edward, que me devolvía la mirada, avergonzado.
- Lo siento – dijo, con timidez – Aún dormíamos cuando fue a buscarte esta mañana, ahora insiste en que soy su papi.
- ¡Reeree dijo que los papis y las mamis dumen juntos! – exclamó Seth.
Renata suspiró con derrota – Lo siento, señorita Bella.
No dije nada, ni siquiera sabía qué decir. O si podría hacerlo. Me recosté en el espaldar de la silla, cerré los ojos y respiré entrecortadamente tratando de expulsar el pánico fuera de mí. Por un momento creí… creí…
- ¿Bella?
Cuando abrí los ojos, todos estaban mirándome con preocupación. Me aclaré la garganta y ondeé una temblorosa mano – Lo siento, estoy bien. Solo… - me levanté de la silla – ...tengo que tomar mis medicamentos. Vuelvo en enseguida.
Salí del comedor a paso apresurado mientras Seth preguntaba qué era medicamentos. Sentí que el camino hacia mi habitación duró por siempre, y eso me desesperó tanto, que para cuando llegué allí, estaba hiperventilando. Traté de llegar a la peinadora, donde estaban las pastillas, pero los bordes de mi visión se estaban oscureciendo y las paredes de la habitación estaban cerrándose a mi alrededor, dejándome sin respiración. Me hice un ovillo en el suelo y lloriqueé por piedad. Quería a Maggie. Quería a Demetri. Si estuvieran aquí me ayudarían, ellos saben qué hacer, ellos siempre saben qué hacer.
Tengo miedo.
Tengo miedo.
Tengo miedo.
Hola!
Espero que les haya gustado el cap.
Lo sé, es un capítulo cortito.
Vimos más de Seth, Edward finalmente ha aparecido y Bella tiene una crisis recién salida de la institución. ¿Qué opinan? ¿Creen que deberá volver?
Muchas gracias por sus comentarios.
Les mando un beso y un abrazo, nos leemos en el próximo capítulo.
Bye!
