090307


CAPÍTULO XLV

La primavera estaba en su momento de máximo apogeo. El mes de mayo había llenado de flores los jardines y el bosque prohibido y a esas tempranas horas de la mañana en las que apenas despuntaba el sol se oía cantar a los ruiseñores que esperaban sus cálidos rayos para ir a descansar después de haber pasado toda la noche llamando la atención de sus posibles parejas.

Draco había decidido salir a observar el paisaje pues le era imposible conciliar el sueño. Esa tarde mientras los demás veían el partido de Hufflepuff contra Slytherin él estaría con Ginny. Tenía que pensar en algo especial para sorprenderla. Estar con ella entre esas cuatro paredes no era lo que más deseaba, quería demostrarle que a pesar de su situación era capaz de agradarla.

¿Por qué no había podido seguir durmiendo un rato más¿Para qué se había levantado tan temprano? Ahora se le haría interminable el tiempo hasta la hora del partido…

En la Torre Gryffindor, sus moradores comenzaban a dar señales de vida. Era sábado y todos aprovechaban para levantarse más tarde de lo normal. Era día de partido y, aunque a Gryffindor no le afectaba el resultado, siempre resultaba agradable salir a ver un partido y disfrutar del buen tiempo primaveral.

Después de comer, Draco se sentó a leer en el sillón pero la verdad es que no se estaba enterando de lo que leía. ¿Cómo podía estar nervioso? Un Malfoy no podía dejarse llevar por tener una cita con una chica, una chica simpática, guapa y sobre todo con carácter. Eso sería otro Malfoy, no él. Él había cambiado y se lo debía demostrar.

— Hola Draco – le saludó Celine tomando asiento cerca de él. – Parece que hoy es un buen día ¿no?

— ¿Cómo? – Draco se sorprendió¿Quién le habría dicho que había quedado con Ginny?

— Me ha dicho Minerva que esta tarde te ha dado permiso para salir y "cambiar de aires".

— Sí, es cierto. Supongo que los demás no tardarán en venir. El partido no es trascendental para ellos pero será entretenido.

— No sé que habéis pensado… pero a mí me parece muy arriesgado que salgas de aquí – comentó Celine.

— Yo estoy de acuerdo con Celine – corroboró Snape sentándose con ellos – hay muchas personas que te pueden reconocer…

— Iremos con mucho cuidado y nadie me verá.

Entonces entraron Madison, Ron, Hermione, Harry y Ginny.

— ¿Draco, ya estás listo? – preguntó Harry.

— Sí.

— Hola, mamá¿tú también vienes a ver el partido?

— No sé – contestó mirando la reacción de Snape – creo que me quedaré con Severus para que no se quede solo. Total el resultado del partido no nos afecta…

— Entonces, nos vamos – anunció Ron – Os vemos más tarde.

Salieron al pasillo que se veía desierto.

— La mayoría de los alumnos están ya en el campo – explicó Hermione. – Nosotros vamos por delante ¿Ginny, tú te quedas con Draco?

— Sí, os veremos desde arriba.

Cuando los otros cuatro se marchaban Draco llamó la atención de Ginny.

— ¿Vamos a ver el partido o prefieres que hagamos otra cosa?

— Creo que no tenemos muchas opciones…

— Tenemos más de las que te imaginas.

Tomó a Ginny de la mano y la llevó hacia la Sala de los Menesteres.

— Me alegro de que te tomes tan en serio el ED pero no me apetece mucho entrenar hechizos… - comentó Ginny mirando como él caminaba cerca del tapiz de Barnabás el Chiflado.

— No vamos a entrenar hechizos… - dijo alargando su mano para que ella le siguiera. – Espero que mi idea te guste.

Abrió la puerta y se encontraron saliendo de una cabaña y entrando en un prado cercano a un pequeño bosque y en un día soleado de finales de primavera.

— Pero… ¿dónde esta la sala de entrenamientos? – preguntó sorprendida.

— Parece que no sabes como funciona esta sala. Basta con desear algún lugar determinado para que se transforme en él. Yo tenía ganas de poder pasear con la chica más encantadora de Hogwarts y como no puedo salir para que nadie me vea he pensado que sería una buena idea.

— Es estupendo – dijo maravillada girando sobre si misma observando el paisaje. – Vamos a pasear, tu idea me parece muy… bonita.

— Me alegra que te guste – comentó intentando acercarse más a ella.

— Deberíamos aprovechar para que puedas hacer ejercicio… - dijo sarcástica y echando a correr exclamó - ¡a que no me pillas!

— ¡Eres una tramposa, Ginebra Weasley! – dijo empezando a perseguirla.

Esa chica era demasiado rápida y ágil. No podía darse por vencido, debía conseguir atraparla. Pero cuando parecía que la podía atrapar cambiaba de dirección y volvía a escabullirse.

Ginny se dio cuenta que Draco comenzaba a cansarse y se dejó atrapar dejándose caer sobre la hierba. Draco se dejo caer a su lado.

— Me has agotado con tanta carrera – dijo jadeando. – El corazón se me va a salir del pecho.

— Tendrías que hacer más ejercicio.

— Ya me gustaría ver como hacías tú ejercicio para mantenerte tan en forma como estás encerrada como estoy yo.

— Perdona, no era mi intención…

— No, discúlpame tú. Lo que pasa es que echo tantas cosas de menos…

— ¿Cómo qué?

— No sé, estar al aire libre, a mi madre, jugar al Quidditch,…

— Me gustaría poder hacer algo para que te sintieses mejor…

— Ya lo has hecho – explicó Draco alargando su mano para acariciar su rostro. – Estar aquí conmigo hablando me hace muy feliz.

— Creo que deberíamos volver. Ya es tarde y el partido debe estar a punto de terminar.

— Volvamos antes de que se vayan a preocupar – aceptó levantándose del suelo y tendiéndole las manos para ayudarla a levantarse.

Ginny aceptó la ayuda y se dirigieron hacia la cabaña que daba entrada a la pradera.

Cuando estaban a punto de salir al pasillo Ginny se giró a mirar a Draco.

— Seguro que lo hemos pasado mucho mejor nosotros que el resto viendo el partido de Quidditch.

— ¿De verdad lo has pasado bien?

— En serio, me ha gustado mucho…

Cuando regresaron se oían las voces de los alumnos que iban y venían por el castillo.

El resultado del partido fue el que se esperaba. Ganó Hufflepuff.

Durante el desayuno del domingo, comentaban el partido y cómo les había ido la tarde.

— Ginny¿desde dónde visteis el partido tú y Draco? – preguntó Ron a su hermana.

— No fuimos a ver el partido – contestó sin darle importancia.

— Y, entonces¿qué hicisteis? – preguntó Madison.

— Fuimos a pasear por el campo.

— ¿Te das cuenta que podían haber visto a Draco? – se escandalizó su hermano.

— Nadie nos vio. Draco me explicó lo que se puede hacer en la sala del ED. Así que dimos un paseo por el campo en un día soleado…

Las lechuzas con el correo empezaron a sobrevolar el Gran Comedor. Como era habitual la lechuza del profeta aterrizó frente a Hermione dejándole su ejemplar y nada más recibir su moneda emprendió el vuelo otra vez.

— A ver que cuenta hoy el Profeta – comentó Hermione hojeándolo como hacía siempre.

Harry se acercó para leer junto a ella. Pasaban las páginas hasta que una fotografía llamó su atención.

— Harry¿no es la madre de Draco? – preguntó Hermione señalando la imagen.

Comenzaron a leer la noticia:

Fuentes bien informadas de este medio, se han enterado de que la conocida esposa de Lucius Malfoy, Narcisa Malfoy, se encuentra retenida por el que no debe ser nombrado, el cual ha ofrecido al ministerio la posibilidad de intercambiarla por algunos mortífagos que se encuentran prisioneros en Azkaban en estos momentos. El ministerio no se ha pronunciado al respecto…

Harry levantó la vista hacia la mesa de profesores y viendo que allí se encontraban McGonagall, Celine y Remus se levantó a hablar con ellos.

— ¿Habéis visto lo que dice el Profeta?

— La Orden piensa que se trata de una maniobra de distracción – comentó la directora.

— ¿Y no podría ser una forma de intentar llamar la atención de Snape y Draco para poder localizarlos? – preguntó Harry. – Se supone que es el objetivo que se han propuesto, hacerles pagar su traición.

— No habrían dado un plazo hasta el 15 de mayo – razonó la directora – parece ser que necesita rescatar a alguno de los mortífagos que están en prisión pero han pedido que liberen a más para no dar demasiadas pistas.

— Y ¿quién ha filtrado la noticia? Se supone que los únicos que sabían de la desaparición de Narcisa Malfoy eran los aurores y la Orden – argumentó Harry.

— El Profeta no ha querido desvelar sus fuentes – explicó Remus. – No se dan cuenta que el sacar a la luz algunas noticias lo único que hace es ayudar a los que incumplen las leyes…

La noticia corrió como la pólvora por todo el comedor. No en vano era la madre de un antiguo y conocidísimo alumno del colegio. Quedaba muy claro que cuando alguien traicionaba a Voldemort por mucho que hubiesen hecho con anterioridad nada les salvaría.

Después de pasar todo el sábado ociosos, debían dedicar la tarde del domingo a adelantar el trabajo que les quedaba para esa semana.

Harry y Hermione repasaban el trabajo terminado. Draco charlaba con Ginny y Madison y Gabrielle buscaba la forma de llamar la atención de Ron que trabajaba ajeno a las miradas de la francesita.

— Draco, es increíble como puedes mantenerte tan tranquilo – le soltó Gabrielle al rubio llamando la atención de todos los presentes.

— No sé a que te refieres.

— Si a mi me dijeran que mi madre está en poder de los mortífagos yo no estaría sonriendo como tú.

— ¿Qué? – preguntó sin comprender del todo Draco.

— ¡Gabrielle! – le llamó la atención Ginny asustada por la posible reacción del chico.

— ¿Es que yo no puedo decir nada? – se quejó Gabrielle.

— No te das cuenta que él no sabía nada – le susurró Madison molesta.

Gabrielle se dio cuenta que había cometido un grave error. Se sintió terriblemente avergonzada y no pudo evitar que las lágrimas comenzaran a escaparse de sus ojos.

— Ginny¡tú lo sabías y ayer no me dijiste nada! – le reprochó enfadado.

Gabrielle se levantó y salió lo más rápido que pudo hacia el pasillo.

— Draco, de verdad que yo no sabía nada… - intentó explicarse la pelirroja.

Ron decidió seguir a Gabrielle. Ella tampoco sabía que Draco no conocía lo que le pasaba a su madre.

— ¡Sí, claro y yo me lo creo! – dijo Draco levantando la voz.

— Draco, tranquilízate – comenzó Hermione.

—Mira, qué fácil es para ti decir que me tranquilice. Como tus padres están tan tranquilos en su casa no te imaginas lo que yo siento.

Harry se levantó y se sentó junto a Draco y pasándole un brazo por detrás de la espalda le habló.

— Créenos, lo hemos leído hoy en el Profeta. Difícilmente Ginny podía saberlo ayer y sí debes tranquilizarte – dijo mirando a su alrededor aliviado por no estar Snape presente. – Si Snape, Celine o Remus se enteran que lo sabes se nos va a caer el pelo y entonces si que no podremos hacer nada porque se acabarán las salidas al ED y nuestras visitas.

La explicación sonaba bastante convincente pero no podía evitar los nervios.

— Voy a tomar un poco el aire – dijo levantándose y saliendo al balcón.

Mientras tanto, Ron, intentaba consolar a Gabrielle que lloraba como una magdalena.

— ¿Por qué no puedo estar callada?

— El problema es que has pasado mucho tiempo fuera de nuestro grupo. De lo contrario habrías conocido mejor a Draco – le explicaba secando las lágrimas que rodaban por sus mejillas – y hubieras sabido que él no sabía dónde estaba su madre.

— No podré volver a mirarlo a la cara. ¡Qué vergüenza!

— Seguro que él te entiende y te perdona.

— El problema es que no sé si yo misma me perdonaría – dijo abrazándose a Ron que comenzó a acariciar su pelo para tranquilizarla.

Harry salió detrás de Draco.

— Draco, recuerda que no estás solo en esto. Si necesitas ayuda sabes que cuentas con nosotros.

— No es nada fácil el rescatar a mi madre.

— Yo la dificultad que veo es salir de aquí sin que nos echen de menos y por otro lado saber dónde buscar…

— Yo sé dónde la tienen… pero está lleno de mortífagos.

— Tenemos que pensar en algo. Pero tú debes actuar como si no supieras nada…

— Draco, - le llamó Ginny - ¿podemos hablar?

— Yo voy dentro – se excusó Harry.

— Debes creerme, yo no sabía nada de tu madre…

— Tú eres la que debe perdonarme. Hay veces que mi parte desconfiada me puede.

— Yo creo que el ED podía hacer algo…

— Si sólo somos un grupo de alumnos sin ninguna experiencia.

— Lo imposible puede ser posible si luchas por ello.

Tenían poco tiempo y mucho que comentar. Si pensaban hacer algo debían planearlo muy bien.

Se sentaron aprovechando la ausencia de Snape y empezaron a darle vueltas al asunto.

— No sé si es correcto que vosotros os metáis en líos por mi culpa.

— Por más vueltas que le des no vamos a dejarte ir solo – le advirtió Harry.

— ¡Es mi madre!

— Pero piensa que también podría ser una trampa para atraparte – comentó Hermione.

La puerta de la habitación de Snape se abrió interrumpiéndolos.

— Pensemos en ello y mañana lo seguimos comentando – propuso Harry.

— Nosotros intentaremos averiguar si la Orden sabe algo más – completó Hermione recogiendo sus cosas para marcharse.

— Como que a ellos les dirán algo – murmuró Draco sarcástico mirando como Harry, Hermione y Madison iban a hablar con Snape.

— Ellos pertenecen a la Orden – le informó Ginny.

— ¿En serio? – preguntó incrédulo. – Pues razón de más. No puedo meterlos a ellos en mis problemas… Debo ir yo solo…

— ¿Por qué te empeñas en decir eso? – preguntó Ginny agachando la mirada hacia la mesa. - ¡No podría soportar el perderte!

Draco la miró alucinado y le acarició las manos.

— Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida… - le confesó el rubio.

— Escúchame bien, – pidió mirándolo atentamente y le advirtió – somos un equipo y ni se te ocurra intentar dejarme a un lado.

Al día siguiente debían mantener las apariencias como si nada hubiese cambiado. Al terminar la clase de Transformaciones Harry, Ron y Hermione se quedaron retrasados para hablar con la profesora McKinley.

— Celine¿se sabe algo más de la madre de Draco? – preguntó Harry comprobando que eran los últimos en el aula.

— Sólo lo que os comentamos ayer, que la Orden piensa que es una trampa para hacer que Snape intente ir a rescatarla.

— ¿La Orden no tiene intención de intentar su rescate? – preguntó Ron.

— No hay ninguna posibilidad, no sabemos dónde la tienen y no piensan utilizar a Snape para llegar allí. Además prefieren mantener Hogwarts bien vigilado.

— ¿Hogwarts vigilado? – preguntó Hermione.

— Moody está convencido de que lo más seguro es que se imaginen que Draco y Snape están aquí, así que no descartan un ataque en cualquier momento.

— ¿Y eso pensabais decírnoslo o lo has hecho simplemente por qué te hemos preguntado? – preguntó Harry molesto. – Se supone que éramos miembros de la Orden…

— Recuerda que algunas personas no querían que entraseis y esto podría suponer entrar en alguna lucha…

— Pues puedes hacerte una idea de que si Hogwarts está en peligro no nos vamos a quedar escondidos aquí dentro – explicó Harry decidido.

— No estáis preparados – manifestó Celine – y además alguien podría confundiros y atacaros pensando que sois mortífagos.

— Estamos más preparados de lo que pensáis y para evitar que nos confundan ya pensaremos algo – explicó Hermione.

Los tres salieron del aula de Transformaciones dejando a la profesora pensando en lo que le habían dicho. Podía ser un problema que se empeñaran en ayudar sin estar preparados. Lo hablaría con Remus y Minerva.


¿Qué os ha parecido la cita entre Ginny y Draco?

¿Y la noticia?

Hasta pronto. Un beso: Yedra