-Y una vez más, esta joven logra inmiscuirse en nuestra honorable familia- exclamaba Irasue en un tono dramático y orgulloso mientras la pareja entraba en el comedor en donde todos se encontraban reunidos. Sesshomaru ignoró a su madre ya que nada podría nublar esa felicidad que lo rodeaba. Jaló la silla de la cabecera, a pesar de los ojos saltones que se presentaban en la Dama del Oeste, y sentó a la joven ahí.
-Eiko, creo que debes conocer a otras dos personas- dijo Ren poniéndose de pie. –Esta joven que ves aquí es Itsuki-
La joven pelinegra se levantó y reverenció a Eiko con una enorme sonrisa. De pronto sus facciones afiladas y marcas de la cara desaparecieron mostrando frente a ella a su amiga, Cho. Confundida, sorprendida y tal vez algo asustada, Eiko dejó escapar un pequeño grito. Volviendo a su forma natural, corrió hacia su amiga también emitiendo pequeños chillidos y la abrazó saltando. – ¡Sabía que pronto despertarías!- exclamó con alegría mientras su patrona Irasue giraba los ojos con hastío.
- Y yo soy Akira pero tú me conoces mejor por Katherine McAllister-
Mientras abrazaba a Cho, o más bien, Itsuki, la boca de Eiko se abrió con asombro al descubrir la verdadera identidad de su profesora. "Con razón ella y Sesshomaru se portaban tan familiares en la escuela" pensó sorprendida y sonriéndole a la youkai quien agitaba siete colas amarillas detrás de ella mientras la saludaba, elevando la mano con un gesto amistoso.
Eiko sonreía. Era el mejor día de su vida a pesar de que todo era bastante repentino y algo confuso.
-Bueno, suficiente. Akira, Itsuki, por favor muéstrenles a todos sus habitaciones- dijo Irasue con cierta arrogancia.
-Oiga, ni crea que voy a estar aquí para siempre- dijo Itsuki mientras abrazaba a Eiko –Yo le sirvo a mi amo Sesshomaru-
-Yo también-
-¡Pues entonces van a devolverme esos vestidos tan bonitos que traen!- exclamó la Dama del Oeste perdiendo un poco de su elegancia por el gesto tan infantil mientras todos abandonaban la habitación.
Akira acompañó a los tres hermanos hasta sus habitaciones mientras que Itsuki, yéndose al lado contrario, llevó a la pareja hacia el lugar donde dormirían esa noche. Llegaron hasta dos puertas enormes, adornadas con viñetas doradas haciéndola ver muy elegante y cara. La joven sirvienta las abrió de par en par mostrando un cuarto bastante lujoso, con una cama enorme cubierta de cojines extravagantes, rodeada de muebles antiguos, cortinas largas y pesadas que protegían las ventanas de la luz.
-La jefecita no sabe de esto- le dijo Itsuki a Sesshomaru guiñándole un ojo –Ya está algo vieja y sus facultades le fallan un poco-
Eiko notó que el youkai deseaba reírse pero no lo hizo. Itsuki se despidió con una reverencia sonriéndole a su amiga mientras desaparecía en el pasillo. Sesshomaru, espero a que Eiko entrara primero. Se encontraba nerviosa; ¿cómo era eso de que estarían en el mismo cuarto? ¿En la misma cama? El youkai parecía no estar muy preocupado al respecto ya que sin duda alguna se sentó en la orilla de la cama mientras se quitaba los zapatos con bastante naturalidad. Observó a Eiko quien aún se encontraba parada cerca de la entrada como si estuviera paralizada por el temor y los nervios.
-Eiko, no tiene que pasar nada que no desees- dijo rompiendo con el silencio.
-Gracias- contestó la joven sonrojándose acercándose a la ventana. Ya había anochecido y se sentía cansada después de todo lo que había pasado.
-Debes descansar- dijo el youkai como si pudiera escuchar sus pensamientos –Toda la energía que liberaste hoy te ha de hacer falta-
-¿Y mis maletas?- preguntó de pronto recordando que había llevado equipaje.
Sesshomaru señaló hacia los clósets donde se encontraba el equipaje de ambos. Se acercó y sacó su piyama mientras le dirigió una tímida mirada al youkai quien la observaba desde la cama, al notar que se sentía algo cohibida decidió voltear al lado contrario para darle su espacio entonces la joven aprovechó para desvestirse rápidamente y ponerse su blusa y short para dormir. Guardó la ropa que llevaba puesta en la maleta y se dirigió a la cama distendiendo las cobijas y cubriéndose con las sábanas. El youkai se puso de pie y sacó un pantalón para dormir de la maleta y comenzó a desvestirse con toda libertad sin que le importara que la joven estuviera ahí. Al ver el torso desnudo de Sesshomaru se volteó sonrojada y se tapó con las sábanas hasta la cara provocando que el youkai riera discretamente. La luz se apagó y los pasos de Sesshomaru acercándose a la cama se escucharon entre el silencio tranquilo de la casona. El peso se sintió sobre la cama y el corazón de Eiko comenzó a palpitar rápidamente. Sesshomaru le daba la espalda ya que no quería que la joven se sintiera presionada a pesar de que un fuego incontrolable ardía dentro de él pero pensaba controlarse y dormir para darle un tiempo a Eiko de asimilar sus viejos-nuevos recuerdos.
El youkai abrazó su almohada centrando la vista hacia la ventana que la joven había dejado descubierta. Observó la luna en una hermosa cuarto cresciente sintiéndose hipnotizado por la forma tan esbelta del satélite. De pronto las pequeñas y delicadas manos de Eiko lo sorprendieron al prenderse de su abdomen mientras el delgado y cálido cuerpo de la joven se aferraba en su espalda. Feliz tomó sus manos con firmeza y suavemente se volteó para tener el rostro de la joven frente al suyo, que se encontraba iluminado por los destellos plateados de la luna. Acarició su mejilla con cariño mientras la joven sonreía con los ojos brillándole por las lágrimas que se acumulaban en ellos. Sintió cómo el tierno cuerpo de la joven temblaba y la abrazó haciéndola sentir segura en el firme y descubierto pecho del youkai.
-Lo siento, te he hecho esperar mucho- dijo la joven con voz temblorosa, llevando sus labios a los del youkai.
De nuevo ese beso, siempre tan intenso y tan cálido, despertando viejas emociones y nuevas sensaciones. Esta vez, en la soledad de un cuarto, Sesshomaru se soltó más. En un rápido movimiento se colocó arriba de la joven abrazándola con fuerza mientras la besaba con más intensidad. Eiko se sentía nerviosa pero segura a su lado; nunca había estado así con alguien, no a ese nivel de emociones y se dejó llevar ya que sabía que él jamás le fallaría. El youkai la besaba con ligeras mordidas mientras ella las devolvía con una timidez que se podía percibir en la delicadeza que tenía al besar sus labios. La joven apretó sus manos contra la espalda del youkai de pronto sintiendo que su cuerpo se elevaba cada vez más y más conforme las emociones iban subiendo de tono. Una sensación fuera de este mundo, tan grande y pura que era difícil describir con palabras. Sesshomaru acariciaba el cuerpo de la joven mientras la besaba con pasión, recorriendo con las yemas de los dedos sus hombros hasta llegar a la base de la cintura donde se encontró con la costura de su blusa que fue levantando poco a poco dándole tiempo a la joven de negarse si es que eso era algo que no deseaba pero al no recibir objeción de su parte continuó.
Su boca bajó lentamente por su cuello, sus hombros hasta sus pechos. La miró con ternura acariciando su cabello y volviendo de nuevo a su cuello, acercándose con lentitud a su hombro que besó varias veces hasta que de pronto, sacó sus colmillos de bestia y mordió la suave y tersa piel de la joven provocando que ésta gritara con dolor aferrándose a la cabeza del youkai quien la soltó rápidamente y la abrazó con fuerza. La joven ahogaba sus sollozos en el pecho de Sesshomaru quien acariciaba su cabello con un semblante triste.
-Eiko, lo siento- dijo con voz grave en su oído. La acostó sobre la cama y la abrazó mientras la joven aún lloraba.
-¿Qué fue lo que hiciste?- preguntó en un leve susurro.
-Te he marcado-
