Epílogo

El primer día de primavera en Nueva York, las flores nacían, el sol era ligeramente fuerte y la ciudad nunca paraba.

En uno de los rincones de tan grande ciudad, había una casa, una ya conocida, asediada por los paparazzis casi a diario sin importar que los años pasasen.

Dos años, desde que Bella y Edward unieron sus vidas en esa misma casa.

-¡Nathaniel, te quiero adelante mío en este segundo!- gritaba Rosalie mientras se limpiaba las manos luego de ensuciarse con la crema de chocolate.

-Vamos Anastasia, vamos cariño sé que puedes- rogaba Alice desde el otro lado a una Anastasia que parecía no querer cooperar. La niña ya de dos años se rehusaba a caminar delante de su madre, con su padre lo hacía todo el tiempo pero con ella no quería.

-Psicología cariño, no debes presionarla- decía Jasper por el teléfono. Al otro lado de la línea, él se encontraba a punto de subir a su auto.

-Bella ayúdame con los platos- pidió Esme. Bella nunca decía que no pero no podía.

-Dame un segundo Esme- logró decir antes de meterse corriendo al baño. Ya habían pasado más de 4 minutos. Ya debería tener una respuesta.

-¿Qué haces?- preguntó Bree entrando por la puerta que conectaba el baño con el dormitorio de huéspedes.

-Un segundo- pidió Bella antes de cerrarle la puerta prácticamente en la cara.

-¡Bella!- gritó Bree empujando la puerta con todas sus fuerzas. Lo volvió a hacer una y otra vez hasta que el seguro tuvo que ceder. Cuando buscó a Bella con la mirada la encontró con las manos en las rodillas, sentada en una esquina del enorme baño.

-Carita feliz es sí, triste es no- dijo Bree tratando de obtener una reacción de ella.

-¿Qué dice?- preguntó pero nada. Bella seguía mirando a la nada. Hacía bastante tiempo que no la veía así.

-¡Bella!- gritó con más fuerza. La susodicha levantó el rostro tratando de ocultar la sonrisa que amenazaba con salir de su rostro, pero las lágrimas la delataron.

-Carita feliz- fue lo único que necesitó decir para que Bree la atacara hasta aprisionarla entre sus brazos.

-Estás embarazada- Bella sonreía sin más no poder. Tenía que hacer algo. Tenía que decírselo a Edward, él era el primero que debía saberlo. Sin saber cómo encontró su celular y escribió.

´¿Te voy a recoger?, en la cafetería de siempre´

Edward. Él había hecho hasta lo imposible por quedarse con la empresa y lo había logrado. Ni bien regresaron de la luna de miel, Edward logró convencer a su papá para que no le vendiera a un extraño la empresa, él la compraría. Luego de luchar por semanas y semanas, la había comprado. Había gastado buena parte de la fortuna, pero había valido la pena.

Su música era algo para él y para Bella, solo para ambos.

´Claro preciosa, de paso te muestro nuestro próximo destino turístico, aunque solo sea por 4 días. Dubai nos espera´

-¿A dónde vas, cariño?- preguntó Esme, saliendo hacia el recibidor.

-Ha encontrarme con Edward, vamos a ver unas cosas antes de comer– Esme frunció el entrecejo, esto no era nada típico de su nuera.

-Bella, pero ya vamos a comer- Bella quiso pensar en algo rápido pero no pudo.

-Danos una hora, ya regresamos- fue lo último que dijo antes de tomar las llaves de su auto. Un modelo sencillo de Mini Cooper que encontró un día mientras paseaba por Nueva York.

Bella entró rápidamente a la cafetería. Guardó su Ipod junto con sus audífonos en su bolso. Luego se dedicó a mirar a la pizarra que tenía al frente. 'Capuchino con late' 'Cafe' 'Empanadas' 'Pie de manzana'. Eso quería. Necesitaba comer para calmar los nervios.

-¿Cómo ha estado usted señora Cullen?- la voz de Edward seguía causando el mismo efecto en ella. La hacía estremecerse al igual que sus abrazos.

-Hambrienta- Edward sonrió y se acercó a darle un beso.

-Estás comiendo bastante bien- comentó para hacer conversación mientras esperaban en la cola.

-¿Qué pasa?- preguntó al no obtener respuesta. Bella era la siguiente así que no contestó, hizo el pedido amablemente y con su pie de manzana se dirigió a una mesa.

-Edward, ¿te acuerdas que hablamos sobre tener hijos?- dijo luego de pasar el primer bocado. Edward sonrió sin proponérselo.

-Claro, el próximo año, ya no tendré la presión de la auditoria, ni las fiestas por los 25 años- dijo Edward sin entender hacia donde iba la conversación.

-Estoy embarazada- silencio. Luego siguió un sepulcral silencio.

Edward se paró sin ninguna ceremonia, dejó un billete de cien dólares y tomó a Bella de la mano.

-¿No vas a decir nada?- le preguntó ella en la mitad del camino. Él no le contestó.

Edward manejó con cuidado sin rumbo. Eran las 6 de la tarde, el atardecer se empezaba a formar. Sin previo aviso, se detuvo en una curva, estacionó bien el auto y bajo de él. Bella seguía callada, adentrada en sus pensamientos.

Padre. Ser padre. Tenía 29 años. Casado hace dos con una maravillosa mujer. Iba a tener un hijo. Tal vez sería idéntico a su madre, lo que sería perfecto en realidad. Podría ser un empresario o músico como él, o una economista como su madre, inclusive podría amar tanto la moda como como su tía o el derecho como su tío. Eran tantas posibilidades. Tal vez la fregaría a la hora de tomar decisiones con respecto a él o a ella.

Para empezar había que decidir en qué colegio estudiaría. Sabía de antemano de que Bella no querría algo decadente, un colegio privado como el de sus sobrinos; ella iba a querer una educación de calidad pero sin que se le suba a la cabeza su apellido. Luego estaba la universidad….

No pudo evitar pensar en su primer hijo. A veces cuando no podía dormir, se ponía a pensar en él o ella. ¿Cómo habría sido?

¡Bella! ¡Su mujer seguía en el auto con una cara perdida!

Corrió hacia el auto, específicamente hacia la puerta del costado de ella.

Bella pareció regresar desde su mundo interior, con cuidado abrió la puerta y gentilmente la abrazó.

-Vamos a ser padres- murmuró solo para ambos antes de sonreír. Luego sintió mojada su camisa, busco el rostro de Bella, ella lloraba de alegría.

-Somos, tu, yo- Bella lo interrumpió- y nuestro bebé- completó ella, tomando su mano y colocándola en su vientre. Pronto, muy pronto habría ahí una barriguita.

Padres. Tal vez no perfectos pero sí muy amorosos.

¡Gracias! ¡Muchísimas gracias! Cada uno de sus comentarios valen el mundo para mí. Para el epílogo, solo quería capturar este momento tan esperado.

Besos.