Capítulo 54
Katrina estaba en la habitación rodeada de Rachel, Ava, Charlotte, Yelena y Phoebe. La arreglaban para que se viera soberbia en su boda.
-Hay que asegurarse de que Ted no vea a nadie más que no seas tú-comentó Charlotte mientras le ponía unas horquillas en el cabello para sostenerle un par de flores.
-Confío en Ted, chicas-replicó Katrina encogiéndose de hombros-. Sé que me ama y que soy la única para él.
-Solo queremos asegurarnos-replicó Phoebe, acomodándole el vestido-. Por cierto, ya lo vi y se ve supremamente guapo.
Sacó el móvil de su bolso que estaba en la silla al lado de ellas y le mostró una foto que le había sacado a Ted con Ian. Katrina sonrió al verlos. Ted en realidad estaba tomándose en serio lo del matrimonio.
-Se ve contento-comentó Ava aplicando un poco de rubor en las mejillas de Katrina-. Me alegro mucho por él. A toda la familia le preocupaba que no ordenara su vida.
-Eso es cierto-intervino Charlotte-. Eran más las mujeres que desfilaban por su cama que los pantaloncillos Calvin Klein que tiene.
Todas se echaron a reír con muchos ánimos. Cuando terminaron de arreglar a Katrina, ella se puso en pie y todas observaron su obra maestra. El vestido era una singular pieza que a Katrina le lucía muy bien. Era blanco marfil con un pequeño escote y la espalda descubierta, con una larga cola que Ian debía llevar. No tenía adornos de ninguna clase. Katrina llevaba en las manos unos guantes blancos hasta el codo y el vestido dejaba al descubierto sus suaves brazos que tanto gustaban a Ted.
-Te ves muy hermosa, hermana-dijo Yelena abrazándola-. Ted aún tiene una charla pendiente conmigo por lo que te hizo pero de verdad merece una esposa como tú. Espero que sean felices.
-Gracias, chiquitina-le dijo Katrina apretándola.
Rachel miró el reloj de pared que había en la habitación de Ted.
-Tu padre está tardando, Katrina-comentó con impaciencia-. Espero que el novio no se haya entretenido con banalidades.
Katrina le lanzó una mirada asesina y Rachel se encogió de hombros.
-Es mejor que nos tomemos las cosas con calma-dijo Phoebe un poco nerviosa mientras se sentaba en la cama.
Charlotte la miró con suspicacia.
-Tú no eres de tomarse las cosas con calma, Phoebe-le hizo notar-. ¿Qué te pasa?
-Pareces nerviosa-comentó Ava, sentándose junto a su prima-. ¿Todo bien con Bastián?
-Mejor que nunca-miró a Katrina con una dulce sonrisa en los labios-. Bastián es un chico maravilloso. Ayer me dijo que quiere casarse conmigo pero que se le va a hacer difícil soportar las miradas asesinas de mi papá y mis hermanos.
Katrina la observó con curiosidad y se le acercó. Phoebe tenía una mirada un poco más dulce y se veía más bonita que de costumbre. Recordó que la noche anterior, Bastián se la pasó toda la noche abrazándola y mimándola y cuando creían que nadie los observaba él le daba sutiles toques en el vientre.
-¿Estás embarazada, Phoebe?-preguntó Katrina de repente, sorprendiéndolas a todas.
Phoebe la miró con cara de susto y trató de decir algo pero no pudo y se limitó a asentir con la cabeza. Sus primas abrieron la boca de par en par sorprendidas. Rachel abrazó a la chica, felicitándola. Sin embargo, Katrina estaba algo preocupada por la reacción de Ted. Sabía lo sobre protector que era con su hermanita.
-Ted y mi tío Christian se van a salir de la ropa-dijo Charlotte.
-Debes decirle a tu hermano-le dijo Katrina cogiéndole las manos a la chica.
-Ted se va a enojar, Katrina-replicó Phoebe, bajando la cabeza.
-Yo me encargo de él-prometió Katrina-. Hoy va a estar muy contento con la boda y que vaya a convertirse en tío no es algo tan malo. Se va a alegrar mucho.
Phoebe solo sonrió.
Ted se encontraba ya en el lugar de la ceremonia paseándose de un lado a otro en el altar improvisado. El ministro Welters iba a dirigir la ceremonia y se encontraba a lo lejos hablando con los padres de Ted.
-¿Nervioso, muchacho?
Ted levantó la cabeza y vio a Sergei Romanov enfrente de él.
-Buen día, señor Romanov-le saludó Ted.
-Será mejor que te calmes-le advirtió.
-Está bien, señor-dijo Ted sonriendo.
-¿Te gustaría caminar un poco?-preguntó Sergei.
-Claro-aceptó Ted.
Se alejaron un poco de todo el bullicio que comenzaba a formarse en la carpa y caminaron en dirección de un pequeño embarcadero que Christian había mandado a construir. Ted sonrió al verlo.
-¿Por qué sonríes tanto?-Sergei lo miró con curiosidad.
-Este lugar me trae bonito recuerdos-dijo mirando el lugar-. Mis padres lo construyeron para recordar cuando se comprometieron en matrimonio.
-¿Les contaron cómo fue?
-Sí-miró a su suegro-. Mi papá llenó de flores el embarcadero que hay en casa de mis abuelos y de rodillas frente a mi madre le pidió que se casara con él-se rio y meneó la cabeza de un lado a otro-. No sé cómo terminaron las cosas entre ellos esa noche.
-Es una bonita historia de amor la de tus padres-comentó Sergei sonriendo.
-De verdad lo es-admitió Ted-. Su historia enseña que si se puede cambiar por amor. Mi papá cambió su estilo de vida cuando se enamoró de mi madre y se esforzó por ser un buen padre para mí y mis hermanos.
-Me alegra escuchar eso, muchacho-le palmoteó un hombro a Ted-. ¿Tú cambiaste por mi hija?
-No se imagina cuanto he cambiado-contestó pensativo-. Pasar de tener a una mujer diaria en mi cama a esperar por la misma todas las noches. A desesperarme cuando no está a mi lado y a extrañarla en todo momento. Eso es a lo que yo llamo amor.
-Tienes razón.
Andreiv apareció interrumpiendo el momento.
-Ya van a comenzar-comentó ante las miradas expectantes de los dos hombres-. Phoebe bajó a avisarnos que Katrina ya está lista.
-De acuerdo-dijo Sergei apretando el hombro de ir por tu novia.
-Está bien-Ted sonrió-. Volveré a mi puesto. Estoy ansioso.
Los dos hombres desaparecieron y Ted volvió a la carpa y se paró en el lugar del novio con la mirada perdida en la lejanía.
Katrina esperaba a su padre en lo alto de la escalera. En las manos llevaba el ramo de flores. Orquídeas. Detrás de ella estaban Ian y Dylan corriendo de un lado a otro y las parejas: Richard y Emily, Phoebe y Bastián, Nick y Yelena (estos dos harían pareja por el matrimonio de sus hermanos mayores) y Rachel con Andreiv que había llegado unos minutos atrás con su padre que estaba junto a su hija.
-¿Estás lista?-preguntó con una sonrisa-. La verdad yo no lo estoy.
-¿No quieres que me case?-lo miró, preocupada.
-A ningún hombre le gusta ver que su princesa encuentren a otro hombre más importante que él-dijo sonrojándose.
-Eres mi padre-dijo Katrina-. Nada hará que te reemplace. Ni siquiera Ted.
-Mejor vamos que se nos hace tarde-interrumpió Bastián-. La novia no debe llegar tarde.
Sergei enganchó el brazo de su hija en el suyo y comenzaron a bajar las escaleras. Ian corrió a su puesto, cogiendo la cola del vestido y Dylan se puso en medio de sus padres con las argollas en un canastico muy hermoso.
Se dirigieron hacia la parte trasera de la casa. Bastián y Phoebe entraron primero lanzando flores por el camino. Luego hicieron su aparición Emily y Richard con Dylan en el centro cargando los anillos. Y por último, Jake y Charlotte
Ted se sentía nervioso. Recordaba los ensayos. Primeros las parejas de su hermanita y su cuñado, los esposos y sus dos primos pequeños y luego entraría ella del brazo de su padre y con Ian sosteniéndole el vestido.
En todo esto pensaba el muchacho cuando ella apareció. El sueño de toda su vida comenzaba a hacerse realidad. Ella venía con una enorme sonrisa en el rostro. Se veía hermosa y tal como se la había imaginado mientras fantaseaba en la ducha en la mañana.
Cerraron la comitiva, Rachel con Andreiv, Yelena y Nick y por último Ava y Leonard.
Los hombres se acomodaron hacia el lado de la novia y las chicas hacia el lado del Ted. Sergei se paró frente al chico que sudaba un poco y no dejaba de mirar a Katrina.
-Volvemos a vernos, Theodore-dijo con su tono potente de voz-. Y ahora te entrego uno de los tesoros más preciados que tengo-miró a Katrina-. Mi hija-puso la mano de la chica sobre la de Ted-. Hace un tiempo ocurrió algo que me molestó mucho y estuve a punto de llevarme a Katrina para que no la volvieras a ver. Sin embargo, ella ya no es una niña y cuando decidió vivir su propia vida en este país, entendí que algunas decisiones ya no me concernían a mi sino a ella. La lastimaste pero enmendaste tu error y ahora la vas a hacer tu esposa y ella aceptó para fortuna de toda la familia-las risas de los presentes se escucharon-. Cuídala muy bien, Theodore Raymond Grey o la próxima vez que vea a mi hija llorando por tu culpa, no encontrarás donde esconderte.
-La haré feliz-respondió Ted muy serio-. Ella es mi más.
Christian y Ana se quedaron boquiabiertos al escuchar la expresión. Fue lo que él le dijo a Ana muchas veces cuando eran novios.
-Son palabras fuertes-susurró Christian a Ana mirándola.
-¿Te habrá escuchado?-preguntó ella sonriendo.
-No necesita escucharme-replicó Christian-. Es mi hijo. Un Grey y los Grey sabemos lo que queremos.
Sergei se contentó con las palabras de Ted y soltó a Katrina. Los novios quedaron de frente y mirándose fijamente.
-Hola, Ted-lo saludó ella con un leve sonrojo.
-Hola, Katrina-repuso él y con mucha reverencia la besó en la frente. Luego miró al ministro-. Puede comenzar, señor Welters.
El ministro levantó la voz y todos se pusieron en pie. Se le había pedido que hiciera una ceremonia corta pero muy significativa para la familia. En realidad, la boda era muy familiar. Las únicas personas ajenas a la familia que estaban eran Rachel, Richard y su esposa y las tres amigas de Ted, estudiantes de la academia, la rubia, la castaña y la pelirroja como Ted solía llamarlas para distinguirlas entre los demás estudiantes.
La corta ceremonia llegó a su momento cumbre. El ministro pidió los anillos y Dylan se acercó muy contento a darles la canasta. Ted puso con delicadeza el anillo en el dedo enguantado e Katrina y ella hizo lo propio con la argolla de Ted. Eran argollas idénticas y con sus nombres entrelazados tallados en el interior.
-Katrina Romanov, ¿aceptas como tu amado esposo a Theodore Raymond Grey, y prometes amarlo, respetarlo y serle fiel mientras Dios les permita estar juntos?
-Acepto-dijo ella sonriendo y mirando a Ted.
-Theodore Raymond Grey, ¿aceptas como tu amada esposa a Katrina Romanov, y prometes amarla, respetarla y serle fiel mientras Dios les permita estar juntos?
-Acepto-repuso Ted con la voz ronca.
-De acuerdo-el padre dio un aplauso-. Si tienen algunas palabras para su conyugue antes del beso, díganlas ahora-miró a Katrina-. Pequeña.
-Theodore, eres lo mejor que me ha pasado en la vida-comenzó ella a decir sin dejar de mirar a su casi esposo-. Me encanta tu insistencia, tu galantería y tu determinación por conquistarme. No me arrepiento de haber esperado por ti. Eres un hombre maravilloso y un gran padre-observó a Ian que se aferraba a las piernas de su papá-. Si el tiempo se devolviera al momento en que nos conocimos, volvería a ayudarte a desilusionar a tus jóvenes admiradoras.
Ted se echó a reír y se aclaró la garganta. Era su momento de hablar.
-Mi vida era vacía antes de que llegaras-dijo con la voz un poco quebrada-. No era capaz de serle fiel a una sola mujer y me sentía muy solo. Me estaba hundiendo en la soledad pero llegaste tú para salvarme. Supe que eras la indicada cuando te vi por primera vez. Pude escoger jugar contigo pero si lo hacía, el único lastimado iba a ser yo. Cuando me dejaste, luego de lo que pasó, sentí que todo perdía sentido y me rebanaba los sesos pensando cómo convencerte de mi inocencia sin darme cuenta que el amor que sentía por ti era lo único capaz de traerte de vuelta a mis brazos-levantó la mano y le acarició una mejilla a Katrina-. No necesito una mujer diferente cada día, con tenerte solo a ti, todos los días por el resto de mi vida es suficiente.
Los presentes aplaudieron las palabras de los muchachos. El ministro tomó de nuevo el control y llegó a la parte que todos, en especial los novios, estaban esperando.
-Por el poder que se me otorga como ministro-comenzó a decir-, yo los declaro marido y mujer-miró a Ted-. Puedes besar a tu esposa, muchacho.
Ted sonrió y se inclinó sobre Katrina para reclamar como suya, la boca de la chica. Fue un beso intenso. Un beso que provocó suspiros, lágrimas, sonrojos y algunas risas traviesas. Se separaron después de un largo minuto y se quedaron mirándose. Ted pegó su frente a la de Katrina y le dio un tierno beso esquimal.
-Damas y Caballeros-la voz del ministro resonó potente-, para mí es un honor presentarles a los esposos Grey.
Todos aplaudieron mientras Katrina y Ted desfilaban cogidos de la mano de vuelta a la casa. Ian iba en medio de ellos con una enorme sonrisa en el rostro. Los hoyuelos en sus mejillas volvieron a aparecer. La nueva vida de Ted y Katrina apenas comenzaba sin saber los peligros que los acechaban.
