Capítulo 52:

-No pues estar hablando en serio –fue lo único que fue capaz de formular Quinn.

Tanto Rachel como Quinn estaban sentadas en un despacho formal frente a un hombre anciano, el notario, que leía pausadamente el testamento de Shelby. Pero no estaban solas, por supuesto, Beth se encontraba sentada sobre las piernas de Quinn mirando todo con ojos curiosos, Evan y Ben se encontraban de pie detrás de ellas escuchando con la misma atención y con el ceño ligeramente fruncido mientras que Dana Collins, la trabajadora social estaba al otro extremo de la habitación escuchando sin participar.

Apenas habían tenido tiempo de ir a casa, bañar a Beth e ir a la notaría, pero por suerte consiguieron llegar a tiempo. No es que no fueran a esperar por ellas si se diese el caso, pero no daba muy buena imagen llegar tarde, era incluso peor que ir con Beth peinada con una cresta al igual que su padre, o quizás no.

Después de mucha palabrería jurídica, de asegurarse que eran ellas mediante su documento de identidad y que todo estuviera listo, habían comenzado a leer el testamento. No tardaron mucho en quedarse con la boca abierta pero hasta que el notario no terminó nadie dijo ni una sola palabra. Fue Quinn la que por fin rompió el silencio.

-No… no lo entiendo –prosiguió totalmente confundida.

El hombre frente a ellas se quitó las gafas que había usado para leer y las dejó sobre la mesa para después mirarlas con detenimiento.

-Es muy sencillo Srta. Fabray, según los deseos de la Srta. Corcoran, su patrimonio que consiste en una casa en Lima y otra en Nueva York además de una cantidad de dinero de más de 3 millones de dólares, se divide entre ustedes tres –señaló a Quinn, Rachel y Beth- La casa en Lima se la deja a usted Srta. Fabray para que tenga un lugar donde vivir con Beth si lo desea y la casa de Nueva York es para la Srta. Berry para… –se puso las gafas de nuevo durante un momento para releer lo que ponía el testamento- para que pueda cumplir todos sus sueños, sean cuales sean. En cuanto se produjo el fallecimiento de la Srta. Corcoran se abrió una cuenta donde fue ingresado un millón de dólares, ese dinero será exclusivamente para la educación de Beth Corcoran hasta que cumpla la mayoría de edad, en ese momento la Srta. Corcoran tendrá libre acceso para hacer lo que crea conveniente con el dinero. En otra cuenta se ha ingresado un millón de dólares a nombre de la Srta. Berry y otra para usted Srta. Fabray con la misma cantidad. También se estipula claramente que la total tutela de la Srta. Corcoran debe de ser para la Srta. Fabray, su madre biológica.

-¿De dónde ha sacado Shelby tanto dinero? –preguntó de repente Ben frunciendo aún más el ceño mientras el resto seguía aun sin palabras- Cuando la conocimos no tenía absolutamente nada.

-Llevo trabajando para la familia Corcoran muchos años Sr. Berry. –explicó de manera calmada aquel hombre- Los Sres. Corcoran poseían muchas propiedades y un gran capital que en el momento de su fallecimiento pasó enteramente a su única hija, Shelby Corcoran. Lamentablemente nunca se llevaron muy bien, ustedes debieron conocerla cuando la Srta. Corcoran renegó de su familia porque no le permitían seguir su sueño de ir a Nueva York, por eso en ese momento no tenía dinero. Pero a pesar de todas sus diferencias ellos le dejaron todo a su hija, curioso –murmuró el hombre más para el mismo que para el resto.

-¿Cuándo se redactó este testamento? –preguntó Rachel sorprendiendo a todos.

-El testamento lleva redactado desde que la Srta. Corcoran adquiriese la tutela de Beth Corcoran. Antes de eso su patrimonio era enteramente para usted Srta. Berry. –explicó.

-¿Para mí? –dijo totalmente confundida.

-Bueno… -el hombre se removió algo inquieto temiendo haber metido la pata de alguna manera- usted era su único familiar vivo, así que en caso de fallecimiento todo iba a parar a usted. Así se estipuló en cuanto nació.

Todos los ojos de la sala se dirigieron hacia una Rachel totalmente en shock. Ella siempre había pensado que Shelby no se preocupaba por ella, que nunca le hubiera importado, pero aquello que le estaba diciendo aquel hombre era una pequeña prueba, una pequeña esperanza de que eso no fuese cierto. Claro está que las cosas materiales o económicas no eran lo que Rachel buscaba en Shelby, pero por lo menos había pensado en ella como una hija y no como alguien que no le importaba.

-Hay otra cosa –prosiguió el notario después del silencio que se acababa de producir- Unas semanas antes de su fallecimiento, la Srta. Corcoran añadió algo más al testamento.

Lentamente se levantó de su cómodo asiento mientras abría la carpeta que tenía a un lado de la mesa. Cogió tres sobres de su interior y caminó hasta colocarse frente a Quinn y Rachel. Se apoyó en la mesa y las miró con detenimiento antes de proseguir.

-Vino a mi despacho y me entregó esto –levantó los sobres para que los viesen- Están totalmente sellados. Yo no sé qué es lo que contienen y en realidad no es de mi incumbencia. Mi trabajo consiste en entregároslo. Este es para usted Srta. Berry –le entregó uno de los sobres que Rachel cogió con manos temblorosas- Este para usted Srta. Fabray –hizo lo mismo con Quinn y después se agachó ligeramente para quedarse a la misma altura que Beth- Y por último este es para esta pequeña niña tan guapa –le sonrió con dulzura a lo que Beth respondió con una ligera risa mientras lo miraba con atención, pero no le entregó el sobre, en su lugar volvió a mirar a Quinn y se lo dio a ella- La Srta. Corcoran pidió que se le entregase el sobre cuando pudiese entender lo que pone y ahora no es ese momento, supongo que usted puede encargarse de decidir cuál es ese momento, ¿no es así? –preguntó sonriendo ligeramente.

-Cla… claro… -murmuró Quinn mientras miraba los sobres en su mano.

-Perfecto –dio una ligera palmada que Beth imitó haciendo que todos sonriesen ante ese gesto sin poder evitarlo y después regresó a su asiento- Creo que eso sería todo. ¿Algo que quieran preguntar? –los miró a todos con atención.

-¿No es un poco raro que tuviese todo tan preparado? –susurró Rachel confundida después de unos segundos.

-En absoluto –dijo el notario con firmeza- La Srta. Corcoran quería dejarlo todo claro para que nada os faltase si a ella le ocurría algo, era muy responsable en ese sentido –sentenció.

Rachel asintió distraídamente mientras sus pensamientos estaban demasiado saturados como para encontrar cualquier otra pregunta que formularle.

-Si eso es todo –prosiguió después de unos segundos de silencio- Aquí tienen la documentación necesaria –les entregó unas carpetas llenas de papeles- Ahí tienen una copia del testamento, la titularidad de cada casa ya a vuestros nombres con sus correspondientes llaves, información sobre las cuentas bancarias y demás papeleo. Si tienen algún problema no duden en acudir de nuevo a mí.

-Muchas gracias –murmuró Quinn aun sin creerse lo que acababa de pasar.

Todos se levantaron lentamente y abandonaron aquel despacho después de despedirse formalmente. Todo el mundo estaba en silencio perdido en sus pensamientos hasta que Dana Collins los sacó de su ensimismamiento.

-Srta. Fabray –la llamó con suavidad haciendo que se girase para mirarla- ¿Podría hablar con usted un momento?

-Claro, por supuesto –dijo rápidamente sintiendo como los nervios comenzaban a crecer lentamente en su interior.

Con cuidado se acercó a Rachel haciendo que cogiese a Beth en brazos para después seguir a la trabajadora social a un lugar más apartado para hablar con intimidad.

-Sé que puede necesitar tiempo para asimilar todo esto pero el papeleo necesita seguir su curso. Necesito asegurarme del bienestar de Beth cuanto antes con las visitas de las que le hablé.

-Beth está bien –dijo Quinn a la defensiva frunciendo ligeramente el ceño.

¿Porque tenían que dudar de su labor como madre? Vale que apenas fuese una adolescente terminando el instituto pero era lo suficiente responsable y quería con todo su corazón a Beth como para tratarla como una princesa si era necesario.

-Eso no lo dudo Srta. Fabray –dijo rápidamente Dana a modo de disculpa- Pero yo tengo que hacer mi trabajo como comprenderá.

-¿A dónde quiere llegar? –preguntó Quinn impacientándose.

-Necesito saber cuál va a ser su residencia y por tanto la de Beth para poder realizar las visitas y además para hacer un informe sobre el vecindario y demás cosas que necesito.

-Mire –dijo lentamente Quinn acercándose un paso hacia ella- entiendo que quiera hacer su trabajo pero como comprenderá usted apenas me acabo de enterar de que si quiera tengo opción de vivir en otra residencia aparte de en la que estoy. Tengo que ver la casa, tengo que pensar en lo que me conviene tanto a mi como a Beth y no puedo hacerlo si usted está detrás de mí cual mosca cojonera –se mordió el labio intentando contener su molestia- Por el momento podrá encontrarme en mi residencia o en su defecto en casa de los Berrys, si hay algún cambio no dude que la informaré, pero por favor, deje de meterme más presión de la que ya tengo.

Dana la miró evaluándola durante unos segundos que a Quinn le parecieron eternos hasta que una pequeña sonrisa comenzó a aparecer en su rostro. Sin decir nada sacó una libreta apuntando un par de cosas rápidas y después volvió a mirarla.

-Me parece totalmente aceptable –dijo aun con la sonrisa en su rostro- Que tenga un buen día Srta. Fabray.

Y sin más caminó alejándose dejando a una confundida y asustada Quinn. ¿Habría sido demasiado dura? ¿Por qué le sonreía así? ¿Era algo bueno o algo malo?

Se mordió el labio aun mirando en dirección en la que la trabajadora social se había alejado hasta que sintió como una cálida mano se posaba en la parte baja de su espalda.

-¿Todo bien? –preguntó Rachel mirándola con preocupación aun con Beth en sus brazos la cual se entretenía jugando con el pelo de la morena.

-No estoy muy segura.

-¿Podemos ir a casa? Ha sido un día muy largo y estoy cansada –dijo mirándola a los ojos con expresión abatida.

Habían sido demasiadas emociones en tan poco tiempo, demasiada información nueva, demasiadas preocupaciones, demasiado de todo. Lo que necesitaban era descansar, dormir y quizás la almohada les susurrase, mientras se encontraban en los brazos de Morfeo, que todo iba a salir bien.

-Por supuesto –se acercó a ella pegándose a su cuerpo ligeramente para no aplastar a Beth y así poder besarla con suavidad- Vamos a casa.


Lo sé, lo sé. Demasiado tiempo y demasiado corto este capítulo, pero mejor esto que nada no? Espero de verdad seguir con la historia a un ritmo decente (por lo menos para mi que ya sabéis como soy)

Gracias a los que continuaran leyendo y lo siento por los que se cansaron de esperar, totalmente culpa mía.

Nos vemos pronto.