Capítulo 45

El resto del verano de Harry fue aburridísimo. Neville se quedó a dormir en Malfoy Manor las dos semanas antes de empezar el colegio, y como el señor Malfoy había dicho, Dudley y Draco regresaron a casa esa tarde en la que salió en el Profeta la noticia de que Sirius Black había escapado. Harry todavía no sabía cómo sentirse al respecto; tenía miedo de que Black le alcanzase y le matase, o peor todavía, que atrapase a algún ser querido.

Harry no pudo quejarse de injusticia por parte de los señores Malfoy: en el tiempo en que estuvieron encerrados en casa, esperando casi un ataque de Black, ni Draco ni Dudley pudieron traer a sus amigos. Dumbledore también vino a Malfoy Manor, paseándose por las lindes comprobando que tuvieran defensas incluso para dementores. El señor Malfoy parecía realmente satisfecho viendo a Dumbledore trabajar para él.

El señor Snape también fue un día a Malfoy Manor. Llevaba un maletín de madera negro asido en una mano y se le veía pálido y muy molesto. Harry y Neville estaban sentados en un lado de las escaleras cuando él llamó a la puerta principal. Twink, el elfo doméstico de los Malfoy, apareció con una pequeña detonación y abrió la puerta. Afuera llovía, algo bastante inusual a finales de agosto. La capa de viaje del profesor, empapada de agua, cayó encima del pobre elfo doméstico mientras Snape paseaba como si estuviera en su casa.

—Buenas tardes, señor Snape. —el profesor les miró con la cabeza ladeada. Neville era incapaz de sostenerle la mirada.

—Buenas tardes, Harry. A usted también, señor Longbottom. —Snape giró la cabeza para mirar a Twink. —Llama a Lucius. Dile que lo tengo. —le ordenó. Twink hizo una reverencia muy profunda y desapareció con otro 'plof'. —¿Qué hacéis aquí parados? Narcissa os castigará si os encuentra ahí. —sonrió torcidamente.

—Está lloviendo y no podemos salir a jugar afuera. —Harry se encogió de hombros. Neville dijo, poco después:

—Y aunque quisiéramos no podríamos, el señor Malfoy dice que es peligroso salir con Black acechando.

—Entiendo. —murmuró Snape. Miró por encima de sus cabezas. —Buenas tardes, Lucius.

—Severus. —el señor Malfoy se veía pálido y tenía una mirada brillante en los ojos. —Vamos a mi despacho. Ya.

El señor Snape les saludó a los dos niños con un cabeceo y una sonrisa socarrona y subió al despacho de Lucius con el último abriendo la marcha. Harry y Neville se miraron y salieron corriendo al cuarto de Harry. Rebuscaron en el armario hasta encontrar lo que buscaban: la capa de invisibilidad del padre de Harry. Se la pusieron encima y corrieron al despacho del señor Malfoy, intrigados por lo que sea que tuviera que hacer Snape en Malfoy Manor.

Entraron al despacho justo a tiempo y se colocaron en una esquina, sin interrumpir a los dos hombres, que no se habían percatado de su presencia. El señor Malfoy se sentó ansiosamente en su gran butacón y el señor Snape se sentó en la silla que Harry solía ocupar, con el maletín tintineante en las piernas. El señor Malfoy, perdiendo sus famosos modales, le arrancó el maletín de las manos y lo colocó en la mesa.

—Lucius, tus modales. —le reprendió Snape. Se inclinó y abrió el maletín. Estaba lleno de frascos e ingredientes de pociones. Cada frasco tenía su etiqueta, y había uno cuya etiqueta ponía Lucius Malfoy. El profesor sacó ese bote con cuidado y se lo tendió a Lucius. Luego le advirtió. —No va a borrarla. El dolor cuando nos invoque seguirá estando allí, pero no va a ser capaz de localizarnos. Puede ser nuestra forma de contraatacar; no puede llamar a uno sin llamar a todos y así podemos saber cuándo va a atacar. —le explicó. Lucius miró el bote y lo levantó, bebiéndolo de un trago.

—Si llega a… Recuperar su antigua forma, tendremos que hacer una asociación. No quiero tener que estar en esa estúpida Orden del Fénix. —se quejó Malfoy. Snape hizo un gesto con la cabeza, disconforme, y cerró su maletín. El señor Malfoy se frotó el antebrazo izquierdo y el señor Snape habló:

—Fudge ha puesto dementores en todo el perímetro de Hogwarts. —soltó de golpe. Lucius frunció el ceño y se vio contrariado. —Ni Dumbledore puede hacerle cambiar de opinión, así que no lo intentes. Avísales a tus chicos, porque Dumbledore teme que los dementores se precipiten sobre cualquiera que se acerque al perímetro, sea o no Black.

—Fudge está loco si cree que atrapará a Black con dementores. Si pudo burlarlos una vez, lo hará cuantas sean necesarias para llegar a Harry.

—Lo que me preocupa es que Harry vaya a por Black. Le has explicado todo, supongo. —Lucius asintió con la cabeza.

—No irá a por Black, lo sé. Tiene dos dedos de frente, no le plantará cara a un asesino convicto que quiera matarle. —el señor Malfoy se levantó y el señor Snape recogió todo en su maletín, antes de levantarse y seguirlo fuera de su estudio. —¿Adónde vas a ir ahora?

—Nott. —dijo únicamente el profesor. Harry y Neville salieron tras ellos y corrieron a la habitación de Harry. Recogieron rápidamente la capa de invisibilidad, escuchando la puerta de la calle cerrarse de nuevo, y Neville cerró la puerta de su cuarto suavemente.

—¿Qué ha sido eso, Harry? —preguntó, esperando que Harry supiera contestarle. El niño de pelo negro se encogió de hombros. Él tampoco sabía de qué había ido eso, salvo por una cosa:

—Esto que hemos escuchado es importante, Neville. Es sobre… Voldemort, —Neville sintió un escalofrío subirle por la espalda. —y una forma que tiene de convocarlos. O eso he entendido.

No volvieron a hablar del tema en todo el verano. Como el señor Snape había sugerido, el señor Malfoy los convocó a todos los niños que estaban en Malfoy Manor a su despacho y les dio una explicación detallada de lo que eran los dementores, donde se encontraban en ese momento y lo que debían hacer si se encontraban con ellos. Nadie más entró ni salió de la casa ese verano, salvo cuando fueron todos a por sus útiles y cuando los señores Malfoy tenían algo que hacer fuera de la casa.

Así que Harry y Neville se subieron al tren el uno de septiembre, sintiendo que habían desperdiciado su verano por culpa de Sirius Black. Dudley salió corriendo hacia la familia Weasley en cuanto cruzaron la barrera mágica hacia el andén 9 y ¾, y Draco se fue también rápidamente cuando sus ojos divisaron a Theodore. Neville y Harry fueron más despacio: llegaban un poco tarde, pero seguro que tendrían un compartimento vacío.

Al final, se pasearon por el tren sin encontrar un compartimento vacío. Abrieron puerta tras puerta, viendo asientos ocupados y miradas curiosas, y finalmente, llegaron al último compartimento del tren. Abrieron la puerta, cansados de haberse recorrido todo el tren con los baúles y lechuzas. No había nadie, salvo un hombre mayor, más mayor que los alumnos de séptimo curso, durmiendo.

Tenía la cara tapada, con una capa de viaje echada encima de su cuerpo. Estaba apoyado contra la ventana, y lo único que Harry vio de él fue el pelo castaño, aunque ya tenía sus primeras canas. Encima de su cabeza estaba su baúl, con las iniciales R. J. Lupin grabadas en el costado. Neville se sentó en el lado contrario al del hombre, y Harry pronto lo acompañó a ese lado.

—Parece demasiado mayor como para ir al colegio. —murmuró Neville, después de haber dejado los baúles en la repisa encima de sus cabezas. Harry le miró:

—Seguramente sea el nuevo profesor de Defensa. —Harry le señaló a Neville las iniciales del baúl y le contestó,—El profesor Lupin.

—Si fuera profesor no viajaría en el tren. Sabría aparecerse… O podría ir por la red flú hasta el castillo. —dijo Neville, escéptico.

—¿El nuevo celador? —se encogió de hombros Harry.

El resto del viaje fue tranquilo. Harry se concentró en su libro de Encantamientos y Neville en el de Pociones; seguía obsesionado con que si se aprendía la teoría, la poción saldría bien. Harry le ayudaba en clases como podía, pero a veces era imposible: el profesor Snape miraba o la poción de Neville no tenía salvación. Harry tampoco era un as en Pociones: así como Defensa era su asignatura predilecta porque todo le salía casi a la primera, en Pociones tenía que trabajar bastante para conseguir una E.

La noche se había echado encima y el cielo estaba muy negro, con espesas nubes oscuras. Llovía mucho y el sonido de las gotas al golpear el cristal del compartimento ponían nervioso a Harry. Había sacado el Profeta, dejando de lado su libro de Encantamientos, e intentaba pasar el tiempo leyendo un artículo aterrador sobre Sirius Black y todas las pistas que estaban siguiendo los aurores hasta él. Neville seguía inmerso en su lectura, con Trevor croando de vez en cuando, cuando el tren paró.

Se escuchó un sonido chirriante y un bamboleo seco y agresivo, y entonces el tren dejó de moverse. Harry tragó copiosa saliva, pensando en Black, que se reía de él desde una foto en el periódico. Neville cerró su libro de Pociones y los dos sacaron la varita mágica. Harry se acercó a la puerta del compartimento y la abrió, asomando la cabeza a ambos lados. Como él, la mayoría de los alumnos también miraban en busca de respuestas.

Hubo otro bamboleo seco y brusco y las puertas de los compartimentos abiertos se movieron con fuerza. Harry se agarró con fuerza al marco de la puerta y luego la cerró con pestillo, con un mal presentimiento. Se sentó al lado de Neville, muy cerca de la ventana, para lo que sea que estuviera en el tren no les atacara nada más abrir la puerta. El cristal se estaba congelando, algo anormal para un primero de septiembre, y Harry tragó saliva.

—¿Qué está pasando?

—No lo sé. Algo ha subido al tren. —murmuró Neville, mirando por la ventana. Harry palideció y Neville se agarró a él, escondiéndose prácticamente detrás del otro muchacho.

Algo en Harry quería que fuera Black el que abriera la puerta para poder hechizarle y patearle el culo tan fuerte que cayera de bruces en Azkaban. Otra parte de él sólo quería que fuera la señora del carrito con muchos dulces y palabras tranquilizadoras. Y la última parte de él, la más racional, sabía que no se trataba ni de uno ni de otra. El cristal estaba helado, y nadie hablaba… ¿Podían ser dementores? Harry empezó a temblar un poco, mientras le comentaba sus dudas a Neville.

—¿Dementores? —la voz de Neville surgió del fondo de su garganta, muy aguda. Harry inspiró con fuerza, esperando equivocarse en su suposición. El cristal de la puerta del compartimento se congeló paulatinamente y una mano escamosa abrió la puerta.

Un ser horrible y oscuro, que medía al menos tres metros de altura, se introdujo en el compartimento pequeño. Estaba encapuchado y flotaba a dos pies del suelo. La atmósfera se congeló y Harry empezó a sentirse deprimido. La mano en la que tenía la varita se levantó, temblorosa, pero no fue capaz de pronunciar una palabra. Un grito agudo, de mujer, resonó en sus oídos y el dementor flotó por el aire, acercando su cara gris y putrefacta a la de Harry. Su visión se hizo borrosa, difícil, y las rodillas le temblaron.

Fue de lo último de lo que se enteró. Había un grito, un ruego, y una risa muy fría y cruel. Por debajo de los párpados, los ojos de Harry se movían muy rápido. Vio un destello de luz verde que le cegó y de repente, se despertó, sus ojos muy abiertos y con una sensación de haber caído desde un acantilado muy alto al agua fría. Neville y el hombre que había estado durmiendo le miraban desde arriba. Le dolía la cabeza, como si se hubiese golpeado contra algo.

—¿Estáis bien todos? —preguntó. Tenía la voz ronca, seguramente por haberse despertado después de tanto tiempo dormido. Neville le tendió una mano a Harry y le ayudó a levantarse.

—¿Qué – qué era esa cosa? ¿Un dementor? —preguntó Harry. Estaba seguro de que era un dementor, pero necesitaba confirmación. Lupin sonrió y sacó de su bolsillo una tableta de chocolate. La partió y les tendió unos trozos a Harry y a Neville.

—Veo que entiendes de criaturas mágicas. —arrugó el envoltorio vacío de la tableta y lo guardó en un bolsillo. Harry podía ver ahora la túnica vieja y remendada del hombre. Pasó por su lado mientras Harry se sentaba en el asiento. —No os mováis de aquí, voy a hablar con el maquinista.

Harry le miró marcharse, curioso. Tenía la piel muy pálida y se veía extrañamente enfermo y débil. Vamos, que si Harry le hubiera lanzado un Expelliarmus, Lupin se habría roto en pedazos, pensó Harry. Y sin embargo, allí estaba, dándoles chocolate y viéndose más fuerte que Harry, que era joven y estaba bien alimentado. Le hacía sentir avergonzado. Harry se giró a mirar a Neville:

—¿Qué ha pasado? —Neville le miró, como pensando si debía decirle o no, y Harry le lanzó una mirada de impaciencia.

—No lo sé realmente, Harry. Cuando el dementor entró, parecía como si inspirara ruidosamente, y entonces te quedaste rígido, mirándolo, y caíste al suelo como un peso muerto. Como si te hubieras desmayado. —Neville se encogió de hombros.

—¿A ti no te ha pasado?

—Me sentí horrible, como si no pudiera volver a sentirme feliz nunca jamás, pero no se me nubló la vista ni nada. —Harry se rascó la cabeza, incómodo, y Neville continuó. —El hombre, Lupin, se levantó con una llama en la mano y le dijo al dementor 'Nadie esconde a Sirius Black bajo la capa. Vete' pero el dementor no le hizo ni caso y entonces Lupin sacó la varita, murmuró algo y una luz blanca expulsó al dementor. —Neville y Harry se quedaron callados por un momento y Neville le preguntó, —¿Qué soñaste?

Antes de que Harry pudiera decirle nada, Lupin volvió a entrar en el compartimento. Les miró a los dos niños, que se veían muy pálidos por el encontronazo con el dementor, y señalando sus trozos de chocolate, dijo:

—El chocolate no está envenenado. —le dio un mordisco a su trozo de tableta. —Os ayudará a recuperaros.

Harry miró su trozo de chocolate y le dio un mordisco pequeño, inseguro. ¿Cómo un simple trozo de chocolate podría quitarle esa tristeza, esa angustia que sentía en el pecho, oprimiéndole? Aparentemente, podía, porque cuando Harry lo comió sintió que se le quitaba un peso de encima y se le aligeraba el alma. Sonrió casi instantáneamente, comiendo, o más bien devorando, el trozo de chocolate.

Quedaba muy poco para llegar a Hogwarts, así que pronto Neville y Harry tenían las túnicas y uniformes de Hufflepuff puestos. El señor Lupin se había quedado en su compartimento todo ese tiempo, mirando a Harry de forma rara. Harry había acabado desechando ese pensamiento: todos eran iguales, mirándolo como si fuera una rareza de circo. Bien, pues no lo era y no tenía por qué complacerles. Neville debió de notar su incomodidad porque en cuanto el tren paró, ellos corrieron a bajar los primeros.

Perdieron al señor Lupin entre la multitud de gente y se subieron a un carruaje vacío. Harry tuvo una déjà vu cuando Ginny y Luna se sentaron en frente de ellos, llenando el carruaje, que comenzó a moverse mágicamente. Neville y Harry les sonrieron: Luna tenía de nuevo la revista de El Quisquilloso en las manos y se afanaba en leerla. Harry se aclaró la garganta y les preguntó, todavía con el dementor pegado en su retina:

—¿Estáis bien? —Luna levantó la vista por un momento y sonrió. Ginny sintió un escalofrío recorrerle la espalda. —¿Os encontrasteis a los dementores?

—Sí, fuimos al compartimento de Ron, Dudley y Hermione. —dijo Ginny. Se la veía muy afectada también. —Cuando entró, recordé… Todo lo que pasó el año pasado. Todos esos sentimientos de golpe…

—No tienes por qué hablar de ello si no quieres. —le dijo Neville. Luna volvió su vista al Quisquilloso y contestó:

—Se desmayó. —los dos miraron a Ginny y después a Luna. —Es porque estaba la más cercana a la puerta del compartimento. Esa cosa – ese dementor se le tiró encima. Menos mal que llegó ese hombre —Luna miró hacia delante y atrás, siguiendo la fila de los carruajes, y señaló con el dedo el carruaje donde estaba el señor Lupin. —y nos lo quitó. Creí que Ron se mearía encima.

—Harry también se desmayó, Ginny. No eres la única que se ha sentido tan afectada por los dementores.

Llegaron por fin al final de su camino: a unos metros estaba la verja con decoraciones de cerdos volando que daba acceso al castillo. Filch estaba en la puerta, registrando los equipajes, los baúles y las escobas. Incluso miró en las jaulas de las lechuzas, que intentaron sacarle un ojo con sus afiladas garras. Los alumnos pasaron por delante de Filch, que los inspeccionaba con una mirada de odio. Ginny se acercó a Harry, mirando las escobas, y le sonrió:

—Este año intentare entrar en el equipo de Gryffindor. ¿Tú vas a seguir en el equipo de Hufflepuff? —le preguntó. Harry asintió: el quidditch era una de las cosas que Harry sentía que se le daba medianamente bien sin tener que hacer grandes esfuerzos. Entraron al castillo, y en el vestíbulo, Ginny le confesó. —Voy a apuntarme al puesto de buscador, aunque igual también lo intento como cazador.

—¡Potter! —escuchó Harry decir a una voz profunda que, indudablemente, era de Cedric Diggory. Harry refrenó el impulso de rodar los ojos delante de Ginny, y se giró para mirar al prefecto de Hufflepuff, que apartó a unos cuantos alumnos de cuarto para llegar hasta él. —¿Te interesaría el puesto de buscador? —preguntó a bocajarro.

—¿Te vas del equipo? —preguntó Harry, sorprendido. Ginny, detrás de ellos, escuchaba todo.

—No, pero sé que serás mejor buscador que yo. Necesitamos ganar la Copa de Quidditch, y contigo como buscador, lo conseguiremos. Yo iré al puesto de cazador. —Cedric le tendió la mano, esperando que Harry accediera.

—De acuerdo. Gracias por el puesto. —Cedric le sonrió mientras le estrechaba la mano y se marchó al Gran Comedor. Harry se volvió hacia Ginny. — Espero que entres como buscadora titular de Gryffindor, su último buscador era muy malo. —admitió. Ginny estuvo de acuerdo con él: no valía la pena discutir, el último buscador de Gryffindor había sido penoso.

Todos entraron al Gran Comedor, y mientras Neville y Harry se fueron a la mesa de Hufflepuff, Ginny se marchó hasta la de Gryffindor y Luna se fue a la de Ravenclaw. Harry no pudo dejar de pensar que Ginny y Luna hacían una pareja muy extraña: Ginny era demasiado activa y explosiva como para relacionarse con una persona tan paciente y soñadora como Luna, que apenas podía mantener los pies en la tierra.

Como un ritual que se repite cada año, Harry vio a los nuevos alumnos, con sus túnicas negras y sus caras asustadas, entrar detrás de la profesora McGonagall. El Sombrero Seleccionador cantó su canción anual, - Harry tenía el presentimiento de que el Sombrero pasaba todo un año pensando en la canción para el año siguiente, - y cuando la profesora McGonagall empezó a llamar a los alumnos por orden alfabético, Harry se inclinó hacia un lado, donde estaba Neville, y le susurró:

—En el tren… Creo que recordé lo que sucedió la noche en que Voldemort atacó a mis padres. —Neville le miró, espantado, y se escuchó en el Gran Comedor al Sombrero gritar:

—¡RAVENCLAW!

—¿De veras? Pero si entonces tú tenías un año… ¿Cómo puede ser posible que recuerdes eso? —preguntó Neville. Harry se encogió a de hombros.

—¡GRYFFINDOR! —gritó el Sombrero Seleccionador. Harry observó unos cuantos aplausos aislados en su mesa y dio un par de palmadas, sin realmente mirar quién había sido seleccionado.

—¿Tú qué recordaste?

—Cuando me ahogué en el agua gracias a tío Algie. —contestó fúnebremente Neville, toquiteando un tenedor, ansioso por comer. Harry también tenía hambre. No dijo nada, pero Harry se prometió que hablaría con Neville en algún momento acerca de su tío. Una vez terminó la selección, -Hufflepuff obtuvo siete nuevos miembros,- Dumbledore se levantó de su gran trono y habló:

—Buenas noches a todos y bienvenidos a Hogwarts, el colegio de Magia y Hechicería. —los ojos de Dumbledore parecían escanear el ambiente. —Antes que nada, debo avisaros de que tengáis mucho cuidado y no merodeéis por las lindes del castillo, mucho menos de noche. Por decreto del Ministerio de Magia, se han colocado dementores en las afueras del colegio. Como todos sabréis, Sirius Black, un peligroso asesino y fiel seguidor de Voldemort, ha escapado de la prisión mágica de Azkaban. Es muy peligroso y podría atacaros a cualquiera de vosotros. Por eso os pido la mayor colaboración con el Ministerio y sus dementores. —Dumbledore no parecía muy contento, aunque se le veía animado. —Pasando a temas más alegres, el profesor Kettleburn ha decidido retirarse para poder disfrutar en la intimidad de sus miembros restantes, y nuestro nuevo profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas será Rubeus Hagrid. —Neville y Harry se miraron con los ojos grandes, antes de aplaudir con fuerzas. —También, ¡demos la bienvenida a nuestro nuevo profesor de Defensa, el profesor Lupin!

Harry y Neville aplaudieron con ganas: les había salvado del dementor. Parecía, al menos, más competente que Lockhart. Aunque eso no era un elogio, incluso un niño de segundo había sido más competente que él. Harry se encogió de hombros mentalmente y siguió aplaudiendo, mirando la mesa principal. Dumbledore parecía inmensamente satisfecho con la acogida de su nuevo profesor, aunque había sido un poco fría. El resto de profesores no parecían descontentos con su presencia, aunque la profesora McGonagall sonreía un poco. El que no estaba feliz con el nuevo nombramiento era el profesor Snape.

Estaba sentado al otro extremo de la mesa y miraba con odio a Lupin. No era el típico odio del profesor a todos -todos- los profesores de Defensa, era algo aún más visceral, si era posible, un odio tan encarnado que Harry pensó que Snape saltaría de un momento a otro al extremo de la mesa donde Lupin se sentaba y reiría mientras le despellejaba vivo con sus manos desnudas. Harry frunció el ceño, mirando a Lupin con sospecha: ¿qué le había hecho al profesor Snape?


Nota: el odio de Snape a Lupin es legendario, creo yo XD Aparte, ya hemos podido averiguar más cosas acerca de lo que se trae entre manos Lucius con todo el asunto de la Marca Tenebrosa, eso es algo.

Harry también está mosqueado por saber lo que le pasó a Neville con su tío Algie: yo soy de la opinión que lo que le pasó entonces a Neville fue más grave de lo que nos hizo creer en el cannon, cuando lo cuenta más como anécdota...

Respuesta a reviews:

- SMN: ¡hola, hola! Nuestros niños se han alejado los unos de los otros por ahora, pero volverán a estar unidos cuando todo el conflicto con Voldemort estalle, aunque nunca será como en los viejos tiempos, dado que todos tienen ahora sus propios va a ser el tema predominante este tercer año de Harry, y espero manejarlo bien porque no va a ser como en el cannon, aunque sí que habrá eventos que sucedan sí o sí, y eso es todo lo que puedo adelantar.

- Sakura-Selene: meh, Sirius nunca fue tan íntimo de Narcissa, o Bellatrix como debería. Quiero decir, eran familia, pero yo supongo que su relación era más de odio que de amor, y además Sirius 'confesó' que había matado a Peter en su momento, cuando estaba maníaco y lo pillaron los aurores. También creo que como era el 'espía en las filas de Dumbledore' (aunque sabemos que ese era Peter) Voldemort no iría cantándolo a los cuatro vientos y se lo guardaría para sí mismo, como una carta 'oculta' (que tampoco lo era porque ya todos sabían que había un espía)...

- Chiara Polairix Edelstein: ellos no han sido 'separados' por las casas, podríamos decir, dado que siguen siendo hermanos. Sin embargo, también me parece natural que los hermanos tengan diferentes amigos, a pesar de que ellos no son hermanos al uso. No obstante, ya sabes, ante la adversidad, los hermanos se unen y forman una piña XD

Como prometí, hoy es miércoles y aquí está el capítulo de hoy :)

Paladium