SIETE AÑOS DESPUÉS
-Rachel, vais a llegar tarde- gritó Quinn desde la cocina.
-Voy, voy- dijo entrando y dándole un beso de buenos días.
-No me creo que seas tú la que se ha dormido y no ellos- le regañó su chica.
-No me eches la culpa a mí fuiste tú la que anoche tenía ganas de jugar- se defendió la actriz.
-Pero yo me he levantado esta mañana y tú no- le recordó con cierto regodeo Quinn.
-Te odio- dijo dando un rápido sorbo al café.
-Sabes que no- dijo Quinn sonriente.
-Nos vemos para comer ¿no?- preguntó la morena.
-Sí- afirmó la rubia.
-Suerte en la reunión amor- dijo Rachel dándole un dulce beso.
-Gracias, tened cuidado- le recordó Quinn.
-Siempre- dijo orgullosa Rachel.
-Venid aquí pequeñajos, dadme un beso antes de iros- la rubia se acercó y depositó un beso en la cabeza de sus dos hijos.
-Mamá vamos a llegar tarde- le recordó Hanna con su mochila ya colgada.
-Lo sé, díselo a tu otra madre- dijo Quinn mirando con reproche a Rachel.
-¿Puedo dejar de ser la mala?- dijo dolida la morena.
-Mami- llamó Harry.
-Dime- dijo la rubia dulcemente poniéndose frente a él.
-No quiero ir al cole- dijo con una tierna voz.
-¿Por qué?- preguntó la rubia.
-Porque quiero estar contigo- dijo el chico abrazándola.
-Eres adorable pero no me vas a comprar- dijo Quinn dejando un beso en su cabeza- iros ya.
-Nos vemos luego, te quiero- se despidió la morena volviendo a darle otro beso a su chica.
-Estudiad mucho- gritó la rubia cuando se iban.
Así eran ahora sus mañanas, despertarse, preparar los almuerzos, llevar a los pequeños al colegio e ir a hacer sus recados o a sus trabajos dependiendo de la época del año. Habían pasado siete años desde que Rachel ganara su premio Tony y muchas cosas habían cambiado. Siempre habían hablado de su futuro, de los niños, de lo que querían y todo aquello se hizo realidad el día que Quinn vio a Rachel jugando con un bebé en la cola del supermercado.
-Tengamos un niño- dijo sin pensar mientras guardaban las bolsas en el coche.
-¿En serio? - preguntó la morena sorprendida.
-¿No quieres? Pensaba que querías tener hijos- dijo la rubia confusa.
-Claro que quiero, ¿bromeas? es lo que más quiero- admitió Rachel.
-Te he visto jugando con ese bebé y me he enamorado más de ti de lo que creía que podía Rachel, quiero verte jugar así todos los días en casa- confesó la rubia.
-Está bien, hagámoslo- dijo la morena que hacía tiempo que también que tenía aquellos pensamientos.
Les llevó un poco más de lo pensado porque la primera decisión que tuvieron que tomar era quien de las dos sería la encargada de llevar al bebé. Después de muchas conversaciones y alguna que otra discusión decidieron que lo haría Quinn, al menos esa primera vez, ya tendrían tiempo para decidir si querían un segundo y quien lo haría. El siguiente paso fue encontrar una clínica y empezar todo aquel proceso que fue más largo de lo que ambas creían que era todo aquello. Tuvieron que hacer varios intentos antes de que la rubia quedara finalmente embarazada, en algunos momentos había sido duro ver que no conseguían los resultados y les había llevado casi a rendirse pero lo cierto era que Rachel no se rendía fácilmente y se lo había terminado de contagiar a Quinn. Tanto esfuerzo tuvo su recompensa ya que a los tres meses de embarazo se enteraron de que la rubia no llevaba un bebé en su barriga sino dos, niño y niña lo que había provocado una gran alegría y a la vez una gran conmoción en ellas. ¿Dos bebés a la vez? Eso no lo tenían planeado.
-Rachel- la llamó Quinn en mitad de la noche durante el embarazo.
-Mmmmm- protestó la rubia en la cama a su lado.
-Despierta- pidió la rubia.
-¿Qué pasa?- preguntó la morena aún con los ojos cerrados.
-Quiero helado- respondió Quinn.
-Hay en el congelador- le recordó Rachel intentando dormir.
-Pero no me puedo mover con esta mega barriga Rachel- protestó la rubia.
-¿Tienes que querer helado? ¿No prefieres dormir?- propuso Rachel sabiendo que Quinn quería que ella se lo trajera.
-No, no puedo dormir, tengo el antojo y solo hago darle vueltas- explicó la rubia.
-Se te pasará, ven- dijo abrazándola.
-No quería hacer esto pero….- la rubia se giró como pudo y sacó un papel de la mesita de noche- quiero canjear el vale por el helado.
-Estás de broma- dijo Rachel cuando vio que Quinn aún tenía guardado aquel vale de deseo.
-No- negó Quinn.
-Está bien- aceptó resignada Rachel levantándose y bajando a por el helado y volviendo minutos más tarde- aquí tienes, odio tus antojos.
-Te quiero y no te quejes que llevo a tus dos hijos- se burló la rubia.
Lo cierto era que Rachel le concedía todos y cada uno de los caprichos que su chica quería con motivo del embarazo pero aquella noche estaba realmente cansada, el día anterior había sido su última noche en el teatro y la fiesta de celebración se había alargado bastante por lo que solo quería dormir pero Quinn jugó la carta del vale y no podía negarse. Fueron nueve largos meses en los que Rachel había estado en el teatro hasta dos meses antes de dar a luz Quinn y en los que la rubia solo había hecho un pequeño papel en los primeros meses cuando aún no se le notaba la barriga y casi nadie sabía la gran noticia. Otras de las decisiones que habían tomado en aquellos meses había sido donde iban a vivir.
-Quinn tenemos que hablar- dijo la morena una día que volvía pensativa de la función.
-¿Qué pasa?- preguntó preocupada la rubia.
-Se acerca el momento en que no podrás volar por el embarazo quizás deberíamos decidir donde vamos a vivir ahora- explicó Rachel sentándose a su lado.
-Lo he estado pensando mucho- admitió Quinn.
-Te escucho- dijo Rachel que quería saber la opinión de su chica.
-Adoro Nueva York ya lo sabes y los últimos años aquí han sido geniales pero creo que nos sería más fácil criar a los pequeños si viviéramos en Los Ángeles- explicó la actriz.
-Los Ángeles será entonces- aceptó Rachel inmediatamente.
-Solo si estás de acuerdo- la interrumpió Quinn insegura.
-¿Volver a tener mi bronceado todo el año? Creo que he decidido ya- se burló Rachel.
-A veces me sorprenden tus preferencias- dijo Quinn haciéndose la dolida.
-Es broma amor, yo también creo que nos facilitaría las cosas para dos bebés- dijo Rachel a la que le hacía ilusión volver a la ciudad soleada a vivir después de tanto tiempo.
Quinn fue la primera en volver a LA porque sino no podría volar más adelante y Rachel lo hizo un mes después definitivamente cuando hubo terminado con la obra y con todas las cosas que le quedaban por hacer en Nueva York. Según Quinn, el parto había sido una de las cosas más dura de su vida y es que tener dos bebés al mismo tiempo no debía ser sencillo. Al principio todo aquello de los hijos había sido una locura, dos bebés al mismo tiempo, acostumbrarse a un nuevo ritmo de vida, casi no dormían, adaptar la casa, tener cuidado con el perro… tenían demasiado que aprender pero cuando lo hicieron no querían cambiarlo por nada en el mundo.
Habían sido las primeras de sus amigos en dar aquel paso pero el resto no habían podido resistirse cuando tuvieron en sus brazos a los pequeños Harry y Hanna. Blaine y Kurt hacía tiempo que estaban en una agencia de adopción y por fin habían dado el paso final después de hacer de canguros una noche para que las chicas tuvieran algo de tiempo para ellas. Medio año después de aquella noche entraba en su casa una pequeña de dos años llamada Aria. Santana y Britt decían ser más felices de momento como las tías molonas y divertidas de los pequeños. Antes de que Harry y Hanna nacieran y sorprendiendo a todos estaban Sam y Kitty que apenas seis meses después de que hubieran anunciaran que darían el paso de casarse les contaron que iban a tener un pequeño hijo.
No fue hasta que los pequeño tuvieron dos años cuando decidieron volver realmente al mundo del cine intermitentemente. No les hacía falta por el dinero pero les gustaba actuar, al fin y al cabo era su trabajo. Aquella mañana que Rachel se había quedado dormida para llevar a los chicos al colegio Quinn tenía una reunión por una audición que había hecho unas semanas atrás y por la que estaba muy ilusionada.
-¿Qué tal ha ido?- preguntó Rachel nada más reunirse con ella al medio día.
-Tienes ante ti a la nueva protagonista de una nueva serie que se estrenará este invierno- anunció más que orgullosa la rubia.
-Oh dios mío- dijo Rachel lanzándose a abrazarla. Es increíble
-Solo espero que no sea una locura de rodaje de 18 horas al día- dijo con cierto tono de tristeza en su voz la rubia -no quiero desaparecer de la vida de los pequeños.
-No vas a hacerlo- dijo Rachel dulcemente para que no se preocupara más -siempre encontraremos la manera de hacerlo funcionar.
-Gracias- dijo Quinn dándole un beso.
-Me hace mucha ilusión verte en una serie así tan constante- dijo Rachel emocionada.
-Lo sé, es una nueva experiencia ya me apetecía probar- dijo la rubia que nunca había trabajo en la televisión por más de un capítulo.
-Me alegro- dijo Rachel orgullosa.
-Amor si tú también quieres trabajar puedes decírmelo y averiguaremos como compaginar todo- se ofreció la rubia.
-Quinn desde los 19 años el máximo tiempo que he estado sin trabajar han sido seis meses- dijo riendo la morena -creéme, necesito un gran descanso de todo esto para estar con la familia.
-Está bien- aceptó Quinn sonriente.
Rachel le había dicho una vez a Quinn que todo lo que tocaba era oro, las películas que elegía, sus hijos y ella misma era mejor persona por tener a la rubia en su vida por lo que no fue de extrañar que la serie se convirtiera en un gran éxito rápidamente. A veces aquello de grabar era una locura y estaba muchas horas fuera pero amaba lo que hacía y el hecho de que Rachel estuviera en casa le tranquilizaba. Por suerte para ella, ser la protagonista le daba el derecho de poder escaparse de algún rodaje si sus pequeño tenían una obra en el cole o había que llevarlo al médico y Rachel no podía. Eran vidas difícil de compaginar pero lo hacían lo mejor que podían.
Hanna era la viva imagen de Quinn, melena rubia, ojos color miel y un tono de piel bastante blanco que había hecho que Rachel viviera más pendiente de echarle crema protectora que de otra cosa. Harry por el contrario había salido con el pelo negro, moreno de piel y ojos verdes. Eran totalmente opuesto para ser hermanos pero a ellas les encantaba esa diferencia. Por lo que respetaba a las personalidades Hanna parecía haber aprendido de Rachel porque tenía un carácter fuerte al contrario de su hermano que era el niño más dulce y encantador que podías encontrar en cien kilómetros a la redonda. Estaban orgullosas de la forma en la que los estaban criando aunque algunas veces surgían algunas discusiones.
-Rachel- le regañó Quinn cuando un día llegó de grabar y estaban en el sofá viendo una película- deberían llevar rato en la cama.
-Pero es que Hanna quería ver esta película- se justificó la morena.
-Chicos a la cama, ahora vamos a daros las buenas noches- dijo Quinn dando un beso a cada uno.
-Hanna quería ver la película me ha dicho que le hacía ilusión y no pensé que por una noche- se intentó justificar Rachel cuando los niños estuvieron en la planta de arriba.
-Mañana tienen colegio Rachel- le recordó Quinn- no podemos ceder cada vez que nos pongan cara de pena porque sabes lo que pasa.
-Pero yo…
-No Rachel, no te justifiques, admite que te has equivocado- ordenó la rubia.
-¿No puedo darles un capricho a mis hijos?- dijo la morena que seguía a la defensiva.
-Sí puedes ya lo sabes- dijo la rubia intentando calmarse- pero una cosa es un capricho como regalarle algo y otra dejarla que vea una película y que mañana esté completamente dormida en clase porque se ha acostado tarde Rach, es su educación, no quiero que se acostumbren a que sea secundario.
-Yo tampoco quiero eso- se defendió Rachel.
-Pues no te dejes convencer tan fácilmente- le dijo la rubia- estoy segura de que Hanna solo ha necesitado elegir una película musical para que cedieras.
-Está bien- consiguió admitir la morena- lo ha hecho.
-Esa chica ha salido a ti- dijo suspirando.
-Harry tiene tu encanto, no puedes quejarte- se burló Rachel.
Tener niños había alterado muchas cosas en su vida y en su relación y por ello habían tenido que conocer otros aspectos de ellas hasta ahora obviados como quien era más mandona de los niños, quien les daba más caprichos, etc. Pero al final del día lo único que les importaba era dormir una al lado de otra sabiendo que Hanna y Harry descansaban en sus respectivas habitaciones. No habían tardado en llevar a sus hijos a conocer Nueva York una vez fueron suficiente mayores para disfrutar de aquello. Visita obligada en la ciudad fue ir a ver un musical en el que Hanna salió completamente enamorada y diciendo que quería hacer eso en un futuro.
-No tenía bastante con una diva en la familia que voy a tener que tratar con dos- dijo la rubia cuando se tumbó en la cama aquella noche.
-Hanna tiene una voz preciosa, ya la has escuchado cantar- le recordó Rachel.
-Lo sé, lo sé- admitió Quinn- pero tú sabes lo que es esta vida Rach, tienes que aprender a que hablen de ti, a tratar con situaciones que no te gustaran, es mucho trabajo y…
-Suerte que tiene a dos grandes madres que tienen eso más que superado- le interrumpió Rachel.
-Sí, supongo que sí- admitió la rubia.
-¿La apoyarás si te dice que quiere ser actriz en Broadway?- le preguntó su chica.
-Sabes que siempre les voy a apoyar Rach, como a ti- respondió segura la rubia.
-Me alegra- dijo Rachel orgullosa- además aún nos queda la esperanza de que Harry quiera ser un chico normal y estudiar en la universidad.
Sin embargo no iba a ser así, teniendo a las dos famosas que tenían por madres no fue raro que mucho años después Hanna se dedicara a Broadway y Harry hubiese elegido el camino de la actuación en Hollywood ya que el tema de cantar y bailar a él no le gustaba tanto como a su hermana.
Seis exitosas temporadas tuvo la serie de la rubia antes de finalizar, cuando sus hijos ya tenían 13 años. En aquel tiempo solo se había dedicado a la televisión y a su familia y la morena había vuelto al estudio de grabación y sacado se segundo disco después de tantos años volviendo a ser una vez más un gran éxito, aunque había tenido que rechazar el hacer un gran tour de concierto porque sabía que eso suponía estar mucho tiempo fuera de su casa y no iba a hacerlo. Ya no tenían en casa una estantería para los premios, sino donen el que se podían ver claramente los logros de ambas, no solo en premios, sino en fotos o dibujos de sus hijos, que ahora para ellas eran el premio más importante.
Uno de los peores días con el que habían tenido que lidiar con sus hijos fue cuando su perro Leo, moría después de muchos años. Los chicos estaban realmente disgustados y era lógico, se habían criado con él desde bebés y ellas también lo pasaron mal, al fin y al cabo tenerlo a su lado quince años había sido una de las mejores experiencias de su vida. Tenían una gran casa con jardín por lo que no fue raro que cuando consiguieron superar el trauma los niños quisieran tener otro perro y las chicas después de mucho pensar les concedieran el deseo.
-¿Cómo queréis que se llame?- preguntó Rachel con un pequeño cachorro de dálmata en las manos el día de Navidad.
-Manchas- dijo rápidamente Hanna.
-Que original- dijo irónicamente Harry.
-No te rías de tu hermana- le regañó la rubia.
-Está bien- protestó el niño.
-¿Qué tal Max?- propuso Hanna de nuevo- Max como en el musical.
-Me gusta- admitió Harry.
-Vaya, me sorprende que estéis de acuerdo- se burló la rubia.
-Claro, por Max el jugador de fútbol- dijo Harry orgulloso.
-Ya decía yo que tenía que hacer algo más para que accedieras- dijo Quinn haciendo reír a todos.
Tener a sus amigos en LA, incluidos Kurt y Blaine, que se habían mudado definitivamente cuando el actor había decidido probar el mundo de la televisión, era lo mejor que les había pasado. Todos llevaban el mismo estilo de vida y a excepción de Santana y Britt todos tenían hijos por lo que sus reuniones solían ser bastante divertidas y los niños podían jugar entre sí ya que tenían casi las mismas edades, aunque Hanna y Harry eran los pequeños por poco.
-Creo que Jack y Hanna harán una pareja muy adorable cuando sean mayores- dijo Sam viéndolos jugar a la pelota en el jardín.
-Sam adoro a Jack pero no os quiero como familia, es lo que me faltaba ya- dijo riendo la rubia.
-Que simpática- dijo irónicamente el actor al lado de su mujer.
-Y yo creo que Aria y Harry van a hacer una pareja muy guapa- dijo Kurt orgulloso.
-¿Podéis dejar de emparejar a nuestros hijos con los vuestros?- protestó la morena.
-No os quejéis, estáis deseando que pase- dijo Blaine mirando a los chicos jugar.
-Te digo lo mismo que a Sam, amigos para siempre, familia más difícil- dijo la rubia riendo.
-Nuestros hijos se están criando juntos, hay una gran probabilidad de que alguno se líe- les recordó Kitty.
-En tal caso déjalos que hagan lo que quieran pero no manipules que os conozco a todos- dijo Quinn mirando especialmente a Kurt y Blaine.
-Está bien- protestó el diseñador.
-Lo cierto es que sería gracioso que pasara algo- admitió la morena.
-Rachel- le regañó su chica.
-Perdón perdón- se corrigió riendo la actriz.
Aquella tarde disfrutaban de un soleado día en Los Ángeles, los chicos jugaban fuera y los mayores preparaban una barbacoa y bebían unas cervezas mientras seguían compartiendo cosas de sus vidas. Quinn vio a Rachel apoyada en una columna del porche vigilando a los niños y decidió acercarse a ella y hacerle compañía.
-¿Qué piensas?- preguntó Quinn abrazándola por la espalda.
-Nada en especial- dijo Rachel.
-No me engañes- protestó Quinn.
-Mira a nuestro alrededor- dijo Rachel encogiéndose de hombros -nunca tuve esta imagen de mi futuro en la cabeza cuando crecía.
-¿No te gusta?- preguntó la rubia.
-Me encanta, ya lo sabes- le recordó Rachel.
-Y a mí- admitió la rubia.
-No podría imaginar una mejor imagen frente a mí- dijo Rachel sin borrar su sonrisa observando a los chicos.
-Es genial, todas las piezas de nuestras vidas han ido encajando a su debido tiempo, cuando han necesitado hacerlo- admitió la rubia abrazándola más fuerte aún.
-Lo sé, muchas veces lo he pensado y solo se me ocurre una solución- dijo Rachel con una medio sonrisa.
-¿Puedo saberla?- quiso saber la rubia.
-Es como si…
-¿Cómo si?- preguntó la rubia más curiosa aún.
-Esta imagen, este futuro, esta vida, es como si siempre fue nuestro destino- dijo finalmente Rachel antes de darle un beso.
Hasta aquí esta historia de amor, gracias por acompañarme en el camino! Espero que la hayan disfrutado tanto como yo escribiéndola y compartiéndola con vosotros!
No os abandono, tranquilos. Ya he publicado el primer capítulo de mi nueva historia, llamada Arrecife =) espero que se unan a ella como hicieron con esta! Nos vemos pronto, un saludo y de nuevo gracias a todos =)
