—Por Odin —susurra Germania apretando los ojos cuando entra España al triclinium, comiéndose un pedazo de pan con algo, con Francia, que está bostezando porque él dormía plácidamente cuando le han ido a despertar. Prusia se tensa al verles haciendo de nuevo un iiih!

—¡Hombre, si tengo hijos! —suelta Roma un poco sarcástico, como si él se despertara tan pronto.

—Ave —saluda Francia sonriendo para su padre y luego para Prusia. Roma abre los brazos para que vaya a darle el beso de buenos días. Francia se acera a su padre y levanta los brazos para que le cargue.

—Papa!

Y el germano se separa un poco de Roma evitando sus largas manos, bajándose la túnica con una mano todo lo que puede. Roma le levanta en brazos, dándole un beso en la mejilla.

—Buenos días, mi vida —sonríe.

—Papaaa! —besos en toda la cara y risas—. ¡Está Germania aquí! —Sonríe poniéndole las manos en las mejillas—. ¿Cuándo llegó? ¿¡Ya hicieron abrazos especiales?!

—Ya te lo he dicho —responde España tranquilamente, sentándose a comer en el reclinatorio.

—NOFUEUNABRAZOESPECIAL! —chilla Prusia. Increíblemente sincronizado con Germania que dice "NOHICIMOSUNABRAZOESPECIAL"

España y Roma hacen la misma expresión exacta de "Eh?" mirándoles y un instante después el mayor se muere de risa. Francia no entiende del todo tampoco pero sonríe mirando a Germania, suponiendo que sí.

—Conociendo a tu padre, ¿a ti qué te parece? —pregunta Roma a Francia.

—Que claro... síiiii! Yo quería verloooo —decepcionado.

—Rom! —protesta Germania bajando a Prusia al suelo.

—¡Pero que listo es mi niño! —Roma se ríe abrazándole.

—Nein, nein! ¡Ningún abrazo especial! —protesta Germania mientras Francia se ríe en el abrazo.

—Veo que Hispaniae está desayunando, ¿ya has comido algo? —le pregunta a Francia cambiando el tema.

—Non, acabo de despertar —responde Francia y Augusta encuentra este un buen momento para acercarse.

—Domine, los otros dos niños del invitado vienen para acá —no pregunten cómo es que lo sabe, pero lo sabe.

—Pues venga —le deja en el suelo y le hace una seña a Prusia señalándoles a los dos la bandeja de fruta—. Tú también, come algo, que solo has tomado leche —se vuelve a Agusta, mirándola—. Vaya, parece que hemos hecho la casa más grande y no me he enterado —se ríe.

La mujer se atreve a sonreírle un poquito mirándole por un instante antes de bajar la cabeza.

—Lo que pasa es que Österreich se debe haber perdido. Siempre se pierde —comenta Prusia con la boca llena, comiéndose un melocotón.

—¿Algo más que necesite, domine? —pregunta la mujer.

—Non, puedes retirarte —le sonríe y se val al reclinatorio con España, sentándole sobre si y robándole un poco del pan con mermelada que se come. El español protesta riéndose.

—No si viene con Schweiz —responde Germania tomando un trozo de pan y metiéndoselo a la boca, porque en serio se muere de hambre después de tanta... actividad.

—Aun así siempre se pierde, es un tonto —sentencia.

—No tienes que preocuparte del seductor de la casa, por eso —comenta Roma a Germania cambiando de tema y jugando un poco con España—. Tiene enamoradas a la mitad de las esclavas —le guiña un ojo. Germania se sonroja sin entender en principio, recordando a su esclavita de la mañana.

—¿Q-Quién tiene enamorado a... was? —balbucea.

—He ido a verles antes y le están tratando mejor que a nosotros —se ríe al notar el balbuceo.

—¿A-A quién? ¿A las esclavas? —Germania completamente confundido

—Non —se ríe—. A tu hijo el pequeño.

—Schwei... ohh! Deutschland! —dios mío Germania ¿en serio no ves los síntomas? Si hasta te olvidas de un hijo. Francia sonríe mirando a Germania y Roma se sigue riendo... (Sí, otra vez)

—Se parece mucho a ti —brillito en los ojos del francés.

—¿Verdad que sí? —asiente Roma—. Yo también lo creo.

—¡Hay que mirar quien hace más caca! —exclama España y se vuelve a Prusia—. ¿Has acabado? ¡Vamos!

—Eh, eh, esperad —Roma le detiene antes de que salte de sus brazos y entonces entran Austria y Suiza por fin tomados de la mano, Suiza mirando con el ceño fruncido hacia atrás, a sus dos esclavos y Austria andando lentamente.

—Ahh! Seguro gana Romanito... ¡ese es el peor! —sonríe Francia sin moverse porque definitivamente no le gustan las cacas de nadie.

—Ahora iréis a jugar —sigue Roma para España y Francia—. Voy a llevarme a Germaniae a las termas, volveremos para ir todos juntos al anfiteatro esta tarde y os voy a dejar al cargo de los invitados... espero que me enorgullezcáis porque si alguien se porta mal no va a venir a ver a los Gladiadores.

Prusia pone la antena automáticamente cuando oye hablar de los gladiadores y España levanta las cejas soltando una risita porque sabe que en las termas se va desnudo y todo ese asunto mirando a Francia con complicidad.

—Ohh... van a ir a las teermaaas —susurra Francia en ESE tonito molesto irritante que años más tarde va a ponerle a Inglaterra los pelos de punta.

—¿Vas a irte todo el día? —pregunta Suiza a Germania mirando a toda la gente que hay por ahí, desolado al pensar que se quedarán en ese mundo extraño con tantísima gente.

—Shhhh no se lo digas que no lo sabe —se ríe Roma poniendo un dedo sobre sus labios y guiñándole un ojo a Francia, quien se ríe realmente muy malignillo, mirando a España que se ríe también, más o menos igual...

Germania carraspea con el tono de Francia, sin poder evitarlo y luego mira a Suiza.

—Voy a... solo vamos por un baño, ¿cuánto podemos tardarnos? —como si no me hubieran bañado ya en la mañana... piensa para si. Francia se ríe un poco más, sonrojándose un poco.. mijijijiji.

—Rom —llama Austria de repente, muy serio y sin soltar la mano de Suiza, este le mira—. No queremos a tus esclavos. No nos gustan —sentencia muy seguro en un tono que le sale de MUY señoritingo.

—Oh... ¿Por qué no? —pregunta Roma inclinando la cabeza y mirándole, pensando que por lo que les conoce, de los cuatro, él era el último qué pensaría que le dijera eso. Germania levanta las cejas y sonríe un poquito de lado.

—Nos persiguen y no nos gustan, no los necesitamos —agrega Suiza.

—No os los he dispuesto por que los necesitéis, lo he hecho porque os ayudarán con las cosas que no sepáis de la casa y os complacerán para que estáis más cómodos en lo que requiráis —explica Roma. Suiza niega con la cabeza.

—No me gusta que me espíen.

—No te están espiando, mira... Camila —llama a la chica de Suiza, esta se acerca mirándose los pies—. A Svisse le gusta mucho tirar con arco y entrenar por las mañanas y esta mañana no lo ha hecho, así que cuando te lo pida, llévale a la sala de entrenamiento... a ver si podemos lograr que mis hijos entren en ella también para variar.

Claudio piensa que sí que lo ha hecho en la mañana, apretando los ojos. Camila hace un gesto de asentimiento y España silba un poquito sin querer darse por aludido con la riña de su padre, notando que ya está sobrando...

—Puedo ir yo solo a donde quiera, no necesito a nadie para entrenar —responde Suiza neciamente

—Necesitas para saber dónde está y como usarla. No es solo un establo lleno de paja —explica Roma—. Claudio —llama al de Austria. Este se acerca temeroso de que alguien le diga que ha hecho llorar a Austria.

—Él tampoco me gusta —Suiza abraza un poquito a Austria protectoramente

—Austria es un muchacho muy listo, pero a veces se cansa de andar, levántale en brazos cada vez que te lo pida para que Suizza no tenga que cargarle y no dejes que se pierda por la casa.

Austria parpadea no muy seguro con eso.

—Nein, no quiero! —sentencia Suiza mirando a Roma.

—Ah, sí... —añade Roma—. Si no te lo pide, no lo hagas... y le gusta mucho la música, así que haz llamar a Tito para que le enseñe nuestros instrumentos y toque para él si quiere.

—Tampoco quiere eso, tú además te largaste antes de que hicieras lo que dijiste que harías, así que no me gustas más ahora de lo que me gustabas antes —agrega Suiza cruzándose de brazos.

—Es verdad —asiente Roma—. Estoy en deuda contigo, no se me ha olvidado... —le sonríe—. Puedo enseñarte un poco más ahora que estáis aquí. Esta noche, por ejemplo.

—Nein, no quiero nada —tira de la mano de Austria, él le mira y le pregunta que qué es lo que dijo que haría.

Suiza se sonroja.

—Nada.

Austria parpadea e inclina la cabeza con el sonrojo.

—Quizás Camila pueda pedirle a Tito que te enseñe si cambias de idea —propone Roma.

Suiza mira a Austria de reojo y se sonroja más, frunciendo el ceño.

—Quiero ir a casa.

Austria le aprieta la mano un poco por que ahora le da curiosidad ese asunto de los instrumentos que tiene. Germania carraspea.

—¿Por qué no desayunan algo y dejas de acosar a mis niños? —pregunta mirando a Roma mucho más consciente de que Austria puede ser muy feliz con la idea de tener muchos instrumentos.

—Bien —sonríe Roma levantándose—. Es hora de acosar al padre.

—Eh? —Germania levanta las cejas sin esperar eso

—Vámonos —hace un gesto con la cabeza para que le siga.

Germania toma dos o tres embutidos con la mano metiéndoselos en la boca y no se atreve a mirar a Francia que ha empezado otra vez con las risitas con España.

—Portaos bien —Roma les lanza un beso a los niños dirigiéndose a fuera.

Germania se despide con un leve murmullo diciéndoles que se cuiden, sin mirarles, saliendo detrás de Roma, bajándose la túnica.


Se van a las termaaaas, que no te pase nada, Germania, que no te pase nada.