-Si no está segura, regresemos.
Nymeria apartó los ojos del alojamiento con el gran peso de la culpa sobre su corazón. Colocando su mirada sobre Ellie, vislumbró el nerviosismo en la expresión de la chica. Y no era para menos. Estaban yendo hacia un destino imprevisible.
-Puedes regresar tú si no te sientes cómoda con esto-Ofreció a Ellie echando un último vistazo al alojamiento cubierto por las sombras de las nubes espesas, comenzando a caminar en una dirección especifica.
-Iré con usted adonde sea que vaya-Reafirmó la chica alcanzándola rápidamente.
La lealtad de Ellie fue bien recibida, sin embargo, hizo poco para aligerar la carga sobre los hombros de Nymeria. Thorin no iba a perdonarle por esto. Por dejarlo de esta manera a estas alturas del viaje.
Sauron había insistido en quitarle el sueño con horridas pesadillas respecto al dragón y debido a ello, optó por tomar esta decisión tan drástica. Escabullirse en medio de la noche e directo hacia la montaña. Con la llave y el mapa en el equipaje que cargaba, se aseguró de dejarle a Thorin una nota con sus crímenes. No solo lo acababa de dejar, sino que también le robó ambas posesiones preciadas que una vez pertenecieron a su padre y abuelo.
Sacudiendo la cabeza, alejó los malos pensamientos. Se lo compensaría. Aun si él no quería perdonarle, se esforzaría hasta conseguirlo. Día y noche si era necesario. Pero tenía que hacer esto, tenía que enfrentar al dragón por sí misma. Probar que tanto influjo tenía Sauron sobre ella. Descubrir hasta qué punto se había desplazado por su alma.
Utilizaría a Smaug como un objeto de prueba. Necesitaba fortalecerse, avanzar en sus poderes, dejarlos fluir adecuadamente. El dragón era un enemigo que sin duda la llevaría al límite de sus fuerzas.
Y necesitaba enfrentarlo sin distracciones.
Golpeando repetida e insistentemente la puerta azulada y desteñida, escucho quejas y maldiciones desde el interior la casa. En poco tiempo, la puerta se abrió bruscamente. La sorpresa cubrió brevemente la expresión adormilada del barquero antes de que se tiñera de enfado.
-¡Ustedes!-Se quejó-¿Qué hacen aquí a estas horas?
-Necesito que nos lleves al otro lado del lago-La respuesta fue rápida y concisa. Sin embargo, al barquero le tomó algunos segundos procesar la información.
-¿Qué? ¿Ahora? No puedes estar hablando en serio…-Por los aires, atrapó aquel collar diamantes que voló directamente hacia su rostro. Atontado, Bardo sostuvo el costoso objeto entre sus dedos.
-Es tu paga. Ahora ve a cambiarte, rápido. Que el tiempo apremia-Nymeria lo apresuró empujándolo al interior de su casa y cerrando la puerta con suavidad para no despertar a nadie más, si es que no lo hicieron ya.
Ellie dejo escapa una risotada a su lado.
-Ya veo porque siempre consigue lo que quiere-Sonrió la chica con diversión.
-Bueno, tenemos mucha prisa, no puedo darme el lujo de ser paciente. Si queremos llegar a la montaña antes de la compañía salga de la ciudad por la mañana, tenemos que apurarnos-Acariciando la cabeza de Hachiko, el cachorro agitó su colita animadamente sin moverse de los cálidos brazos de Ellie. Desde que salieron del hogar de Beorn había crecido bastante, ganando mucho peso por todo lo mimado que ha sido.
Se había convertido en una tierna bola de pelo.
Por fortuna, Bardo tardo muy poco. Aunque no ocultó su molestia mientras las guiaba hasta su barcaza. Con una sorprendente rapidez, preparó el transporte y se internó en las heladas aguas del lago, que debido a las bajas temperaturas poseía una fina capa de hielo en la superficie.
-¿Por qué has decidido partir sin los enanos?-Bardo cuestionó sin rodeos.
-Para enfrentar al dragón.
Bardo palideció.
-¡¿Te has vuelto loca?!
-Supongo que si-Respondió Nymeria con un encogimiento de hombros-Pero es algo que tengo que hacer. Es por lo que me uní a la compañía de Thorin.
-Tu. Una mujer…-Bardo se maldijo por sus propia palabras al observar la expresión ofendida de la hechicera-No quería decirlo así-Gruñó-Me refiero a que…
-Sé lo que tratabas de decir-Ella interrumpió-Pero no soy humana. Mi resistencia es diferente…en fin, el asunto es ese. Pero necesito tu ayuda por si algo no sale bien.
-¿Mi ayuda? ¿Qué podría hacer yo frente a tal bestia?-Soltó él con incredulidad.
-Tienes una flecha negra. Puedes hacer mucho-Nymeria miró como las cejas de Bardo se unían profundamente, dirigiéndole una mirada sospechosa.
-Como sabes que yo…
-Los elfos, los elfos me lo mostraron en una visión-Ella contestó rápidamente, manteniendo su firme postura. Ciertamente no podía decirle la verdad de su conocimiento, no confiaba lo suficientemente en él para eso-Pero tampoco me sorprende, eres el heredero de Girion después de todo.
-Eso no tiene relevancia-Con incomodidad, él comenzó a remar con premura-Además, me pides algo imposible. No hay manera de que pueda hacer algo semejante.
-No era una petición, Bardo-Nymeria insistió, con más gravedad de lo que quería expresar, pero su participación era necesaria en caso de que algo no saliera como lo había planeado-Se puedes. Y sé que también puedes hacer que las personas evacuen la ciudad. Confían en ti…
-Exiges demasiado.
Bardo admiraba esa seguridad que Nymeria exudaba. Sin embargo, ella estaba a punto de cometer una locura. Ir directamente a las fauces de una bestia escupe fuego solo para recuperar una riqueza que ha permanecido intacta desde hace más de un siglo. Por la codicia de un grupo de enanos.
La sola idea de que muriese bajo las llamas de tal criatura provocaba que su pecho se oprimiera de pena. Él no había imaginado albergar tales sentimientos por una mujer en tan poco tiempo, pero ahí estaban. Vivos y latentes. Y lamentablemente, no correspondidos.
No dudaba de que ella hiciese esto por el rey enano.
No lo merecía, ese enano no la merecía.
-Las personas le tienen mucha estima-Añadió Ellie, alzando la voz al notar aquella forma especial en que el barquero miraba a la señorita Nymeria. En los ojos de Bardo no había más que profundo aprecio y eso la alertó. El señor Thorin estaría furioso si se enteraba de que su esposa había estado tan cerca del barquero otra vez. Conocía el odio que el rey enano le tenía y esto solo añadiría más leña al fuego de su ira-Harán lo que usted les diga…
Él puso sus ojos sobre ella con dureza.
-Eres una jovencita. Como has podido aceptar unirte a tal peligro-Espetó, dirigiéndole a la hechicera un rápido vistazo significativo.
Nymeria se cruzó de brazos con un resoplido.
-Mi abuela acaba de morir…-Ellie reveló incapaz de contener su tristeza-No tengo a nadie más y la señorita Nym…ella me ha aceptado como parte de su familia…-El animal entre sus brazos percibiendo su pena se alzó entre sus brazos para lamer su mejilla. Nymeria le atrajo a su lado, frotando su espalda con suavidad.
-Lo siento mucho…no imagine…perdona.
-Está bien. Fue reciente, no hay manera de que lo supiera…-Ellie frotó sus ojos con la manga de su abrigo para secar sus crecientes lágrimas. No quería pensar en ello, ni sumirse en los horribles recuerdos.
-Agradezco tu confianza, jovencita. Pero no todos me oirán. A pesar de todo, hay gente que apoya ciegamente al gobernador.
-Eso es suficiente-Dijo Nymeria con un asentimiento-Lo importante es que sean advertidos. Y si puedes guiarlos lejos, mucho mejor.
-¿Adonde? ¿No tenemos a dónde ir?-Señaló sin ocultar su preocupación.
-A Dale. Tienes que ir a Dale.
-Pero aquella ciudad está destruida.
-No como se cree. Una variedad de manos ayudaran para reconstruirla. No olvides que tu gente recibirá un poco del tesoro. Eso bastara para levantar esa ciudad de nuevo.
-Por lo que veo, has pensado mucho en ello-Dejando ir un suspiro resignado, Bardo desvió la vista hacia la silueta tenebrosa de la montaña entre la espesa niebla-Haré lo que pueda…-Cedió-Pero espero que acabes con la bestia en su guarida.
-Espero lo mismo también.
Nymeria percibió la reticencia del barquero, pero estaba segura de que lo haría. Por sus hijos lo haría. Para él significaban más que cualquier temor o duda. Y con la habilidad que él poseía en arquería, no le iba a ser ningún problema plantarse frente a Smaug.
Después de lo que pareció una hora, alcanzaron la orilla del lago que les encaminaría hacia la montaña. Ellie bajó de la barcaza con la ayuda de Bardo y dejó a Hachiko en el suelo para que estirara las patas. Mientras tanto, el barquero ayudó a Nymeria con la misma acción demorando más de lo debido.
-¿Estas segura de esto?-Bardo no pudo evitar preguntar. El miedo seguía instalado y poco o nada podía hacer para menguarlo.
-Sí. Es lo que debo y quiero hacer-Contesto Nymeria con una preocupante naturalidad. En ese momento, sacó algo de su bolsillo para depositarlo en la mano del barquero-Haz que Sigrid se lo ponga. Le eh puesto un hechizo de protección. Mientras Tilda y Bain permanezcan con ella, la protección se extenderá hasta ellos.
Bardo apretó la pulsera al interior de su mano, profundamente agradecido por el gesto-Gracias.
-Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que te estoy pidiendo. Además, ahora Sigrid es parte de mi familia. La cuidare por Fili como es debido…
Bardo no ocultó su descontento ante el pensamiento del enano con su preciada hija mayor-Eso no me agrada en absoluto. Quería hablarte de eso, pero por lo que veo no tendremos tiempo.
-Relájate. Fili es un buen enano. Honorable, confiable... no tienes de que preocuparte. Tu hija estará muy bien sobreprotegida con él. Los enanos son así. Él ha jurado respetarla y así lo hará-Ella le aseguró con una suave palmada en el brazo.
-Más vale que así sea. Sigrid no ha dejado de hablar de él desde ese día-Gruñó-No quiero que tenga ilusiones que no se cumplirán.
-Eso no sucederá. Sigrid ya es novia de Fili, él la ha reconocido como su pareja eterna y eso es irrompible.
Esas palabras solo consiguieron agriar el humor de Bardo. Se le hacia inaudito entregar a su hija a semejante ser. ¡Un enano nada menos! Pero se tranquilizó con la esperanza de que al menos fuese solo un capricho de Sigrid. Un simple enamoramiento que desaparecería rápidamente con el tiempo.
-¡Ouch! ¿Me has pellizcado?
-Estabas pensado algo feo-Aclaró Nymeria, enfadada.
¿Cómo lo ha sabido?
-¿Lees la mente o algo?-Se quejó Bardo frotando la zona dolorida.
Ella sacudió la cabeza-Tu cara lo decía todo. Y ni se te ocurra interferir entre ellos. O tendrás algo sobre ti mucho peor que un dragón enfurecido.
-¿Y eso sería…?
-¡Yo!-Gritó.
Dando media vuelta, Nymeria empezó a caminar decidida en dirección a la montaña.
Con una risa disimulada, Ellie se despidió del barquero para seguir a la hechicera.
El amanecer se alzaba radiante y despejado en el exterior. Lilian observó el proceso en un absoluto y aterrador silencio. Bilbo dormía plácidamente en la cama totalmente inconsciente del mundo. No había dejado su lado en ningún momento y se lo agradecía en grande. Él era su calmante, su refugio.
Después de que Sauron hubiese…
Sacudiendo la cabeza, se abrazó a si misma ante los recuerdos. Aun no podía creer que él le hubiese utilizado para herir a Nymeria. No había poseído control sobre su propio cuerpo y cada intento fue un fracaso. Durante esos interminables momentos, fue como si observase a través de la pantalla de una televisión. Una mera espectadora. Sin embargo, no podía quitar el dolor y la culpa por las heridas de Nym. En un principio, ella no se había defendido. El horror de verla cubierta de sangre destruyó aquel tonto y estúpido temor.
Un temor que no nunca tuvo el valor de revelar.
La brutal reacción de Nymeria durante la tarde de ayer, esa satisfacción, ese odio, ese rencor tan latente y crudo en su rostro fue un asalto de recuerdos que siempre quiso olvidar. Vio esa misma reacción en su primer padrastro. Había sido un despreciable y violento maltratador. De niña, lo vió golpear a su madre con un odio inconmensurable y sin razón. Su madre por poco pierde la vida esa mañana y de no ser por la ayuda de los vecinos se habría quedado huérfana. Afortunadamente, hace ya muchos años, su madre había conocido buen hombre que la protegía como nadie. Una bendición en sus vidas, el padre que siempre quiso desde su niñez y el cual amaba con todo su corazón.
Sabía que Nymeria jamás le haría daño. Se culpaba así misma por su propia debilidad, por permitir que el pasado creara una brecha en su amistad. Nym siempre ha sido más que solo buena con ella. Una sombra protectora a su espalda.
¡Y lo eh arruinado todo solo por una tontería!
Probablemente Thorin no le permitiría acercase a Nymeria otra vez. Vio la rabia en los ojos de rey, una falta de confianza que antes no había estado ahí. Quería disculparse. Arreglarlo.
Tenía todas las emociones revueltas y más aun con el embarazo, por lo que era susceptible a todo lo que sucedía a su alrededor.
Le debía a Nym demasiado y ni lo que le quedaba de vida bastaría para agradecerle adecuadamente. Hallaría una manera de remediarlo, aun si tenía que enfrentarse al mismísimo Thorin Escudo de Roble.
Sauron se había aprovechado de ella y eso la enfurecía. Dirigiendo los ojos hacia su marido, pensó en él objeto que portaba tan celosamente. Del cual, era totalmente ignorante a su verdadero significado. Un arma de doble filo. Así como también, la destrucción misma de su dueño original.
Solo era cuestión de tiempo para que Nymeria utilizara el anillo para destruir al mal de forma definitiva. Suponía que lo haría después de la Batalla de los Cinco Ejércitos. Sabía que mantener a salvo a los tres hijos de Durin era su máxima prioridad independiente de lo que pudiese al mismo tiempo suceder.
Frotándose los ojos, se puso de pie para despertar a su marido. Los ruidos fuera de la habitación comenzaron a oírse no hace mucho, lo que significaba que era hora de arreglar todo para continuar lo que quedaba de viaje hacia su destino final. Ese hecho le producía cierto temor debido a lo que sucedería, pero confiaba en que Nymeria arreglaría lo que tristemente sucedió en lo que se suponía era la línea original de la historia.
Lo que era bastante egoísta. Poner todo sobre los hombros de Nymeria le daba cierta culpa, porque no poseía ningún medio para ayudarla o compartir la carga. Ella ya tenía encima más de lo cualquiera podría soportar y con sus tontas actitudes no le estaba dando nada más que problemas.
Necesitaba disculparse pronto.
Inclinándose sobre su hobbit, besó sus labios para despertarlo.
-Lilian…-Bilbo abrió los ojos con una gran sonrisa antes de desperezarse y atraer a su preciosa esposa a sus brazos-¿Cómo están mis preciosas florecillas?-Preguntó colocando la mano cariñosamente sobre su vientre.
-Perfectas.
El hobbit la atrajo para otro dulce beso, profundizándolo lenta y suavemente. Saboreando a su esposa con dedicación y una fuerte pasión que deseaba desencadenar.
Riendo, Lilian le apartó lo suficiente para mirarlo.
-¿Qué sucede?-Bilbo la miro confuso.
-Aunque quisiera llegar hasta el final, no podemos. Los demás ya están en pie y si se te ha olvidado, marchamos ahora mismo a Erebor.
-Oh…es cierto-La preocupación cubrió los rasgos del hobbit.
-Tranquilo. Todo saldrá bien-Lilian deslizó los dedos por su cabello en una caricia reconfortante.
-Lo sé. Nym estará ahí conmigo. Eso me tranquiliza un poco.
-¿Solo un poco?-Bromeó Lilian.
-Bien. Mucho-Sonrió él antes de capturar sus labios amorosamente.
Toc, toc, toc.
-Tienen cinco minutos para tomar algo de desayunar antes de irnos…-Se oyó a Bofur al otro lado de la puerta. No obstante, su voz no sonaba para nada alegre como de costumbre. Preocupada, Lilian se levantó para abrirle la puerta. Pero allí ya no había nadie.
-Será mejor darnos prisa…
De acuerdo, Bilbo se puso en pie para vestirse apropiadamente. Abrigándose con las ropas que les brindaron las muchachas del servicio, prepararon lo poco que tenían en sus bolsas y bajaron a conseguir algo de desayunar.
No obstante, lo que encontraron fue absolutamente desconcertante para ambos.
Los enanos pellizcaban la comida en un silencio total. Ni siquiera estaban todos reunidos y sus rostros eran una máscara sombría repleta de inquietud y desasosiego.
¿Qué había pasado aquí?
-Buen día-Bilbo con una sonrisa en un intento de animar el ambiente, pero esta se desvaneció al no recibir un solo saludo de regreso.
-¿Qué ha pasado?-Lilian preguntó casi con desesperación, angustiada por este extraño comportamiento.
-Nymeria y Ellie se marcharon.
Esa respuesta sola respuesta consiguió producirle un escalofrió. ¿Marcharse? ¿Cómo? ¿Cuándo?
-¿Cómo que se marcharon?-Bilbo continúo por ella, sacándola de su aturdimiento.
Nori les dirigió una mirada pesarosa-Suponemos que se fueron durante la madrugada. Dejaron una nota. Fueron hacia la montaña… Nymeria fue a enfrentar al dragón…-Aquello crispó a todos los presentes.
No puede ser…
-¿Y Thorin…?
-No le hables, ni siquiera le mires-Habló Gloin antes de beber mecánicamente de su jarra.
El rey enano ha sido imposible de manejar desde que se enteró de los planes de su esposa.
-Está demasiado ofuscado-Añadió Dori tan inquieto como su hermano-Furioso es decir poco… No te acerques a él, muchacha-Le advirtió con tensión.
Tanto Lilian como Bilbo se miraron absolutamente intranquilos. Esto no se suponía que debía suceder. ¡¿En que estaba pensando Nymeria?! Su mente se llenó de terribles imágenes en que su amiga era lastimada por la enorme criatura. Horrorizada, perdió todo apetito por la esplendorosa comida sobre la mesa que apenas había sido tocada desde que fue servida.
Thorin juró a Aule una y otra vez que su esposa recibiría un castigo severo por esto. ¡Verdaderamente lo haría! Y esta vez no se dejaría seducir por su belleza. No se dejaría apaciguar por sus caricias llenas de placer. Nymeria hija de Alatar definitivamente conocería la mano dura de Thorin de Escudo de Roble.
Lejos de prestar atención a la perorata del gobernador, luchó por controlar la ira y la desesperación que amenazaban ahogarlo insistentemente.
Se había despertado por la carencia del calor característico de Nymeria. Su aroma y suavidad desaparecidos por completo. En cambio, descubrió una maldita nota sobre la almohada. Simples palabras que consiguieron despertar el miedo y la furia ardorosa desde su interior.
¡Su mujer había perdido por completo la cordura y el sentido común!
¿Y solo para qué?
¡Solo para su satisfacción! Por su deseo egoísta de enfrentar al dragón que plagaba la pesadillas de Thorin. No importaba las veces que discutieran o cuanto intentara hacerla entrar en razón. Ella no escuchaba. No comprendía. Hacía de las suyas ignorándole totalmente. Corriendo a los brazos del peligro con una facilidad que le aterraba.
Nymeria era fuerte, poderosa, pero no invencible. Y eso ella parecía constantemente olvidarlo.
-Estamos listos…
Asintiendo a las palabras de Balin, indicó a la compañía que subieran al bote que el gobernador y sus soldados dispusieron para ellos con toda la carga que él había exigido para el resto de su viaje. Armas y provisiones suficientes para una temporada.
-Qué raro…-Oyó decir a Bilbo-Casi no hay gente…
Era cierto. Después del ruidoso recibimiento que obtuvieron en su presentación hace más de una semana, Thorin esperaba la misma despedida. Sin embargo, podía deducir por la cantidad de personas, que había menos de un cuarto de los habitantes de toda la ciudad.
-¡Fili!
El príncipe se incorporó inmediatamente al oír la agitada voz de Única. Saliendo de la barca, recibió en sus brazos a su joven prometida.
-¿Qué haces aquí?
-Vine a despedirme-Sonrió Sigrid sin aliento.
-Ven con nosotros-Ofreció el enano apartando los cabellos rebeldes del rostro de la joven.
-No puedo. Tengo que irme con los demás, mis hermanos me están esperando.
-¿Irte? ¿A dónde?-Sigrid alisó los rasgos del príncipe con sus dedos entregándole una sonrisa tranquilizadora.
-Lejos de la ciudad-Dijo en voz baja-Mi padre hizo que las personas evacuaran durante la madrugada por orden de Nymeria.
Los enanos que estaban alrededor de la pareja se tensaron ante esa información, prestando completa atención a la conversación.
-¿Evacuar?-Fili dio una mirada a la gente que le rodeaba-Y estas personas…
-Son los que quisieron quedarse. Mi Pa les advirtió y no quisieron oír. Nymeria exigió que marcháramos a Dale. Mi pa está preparando a todos para irnos.
Thorin y Dwalin compartieron una mirada significativa y el rey comenzó a apresurar la partida de inmediato.
-¿Crees que la alcanzaremos?-Preguntó Dwalin.
-Eso espero. La última luz es esta tarde. Probablemente la encontremos para entonces. Debemos darnos prisa… ¡Fili!
El príncipe asintió a la orden de su tío y apartándose de su prometida, besó suavemente su mano-Ve con tu familia y no regreses. Te buscaré en Dale cuando todo esto acabe.
-No te preocupes, Nym me dio esto-Se subió la manga del vestido para enseñarle la brillante pulsera de rubíes-Mi Pa dijo que me protegería.
Con una exhalación de alivio, Fili le dio un último abrazo-Lo hará. Confía en ella.
Reacio a soltarle la mano, el príncipe miró a su única con adoración mientras Kili tiraba de él para obligarlo a subir a la barca. Con un movimiento de su mano, se despidió de su futura cuñada y empujó a Fili al interior de la bote para partir de una vez por todas hacia su ansiado destino.
El rostro de Fili perdió toda simpatía cuando su novia desapareció entre las personas de la ciudad. Haciendo caso omiso al absurdo discurso del gobernador, remaron con todas sus fuerzas para salir de la pobre ciudad que probablemente desaparecería en unas cuantas horas.
-Bueno, aquí estamos-Nymeria observó detenidamente el mapa desgastado, girando la llave sosamente en su mano con el cordón de cuero.
-Pero yo no veo nada-Ellie miró a su alrededor dando un largo trago de agua al botellón de plástico transparente-Solo rocas y rocas… ¿Está segura de que es por aquí?
-El mapa indica hacia este lado de la montaña, estamos justo aquí-Apuntó la marca roja en el pergamino-Se supone que debería haber una estatua gigante sobre… joder, no te muevas…-Susurró sin hacer un solo movimiento.
Un pajarillo comenzó a piar situado sobre el hombro de Ellie.
La chica le acercó su dedo con lentitud y el ave saltó para posarse sobre éste con una increíble confianza.
-Es precioso.
-Es él…-Nymeria no movió un solo dedo por miedo a espantarlo.
Ellie le miro confusa-¿Él quien?
-El ave…
-Es un zorzal-Informó la chica, rascando suavemente las plumas del tierno pajarillo.
-Exacto-Dirigiendo frenéticamente sus ojos al mapa, Nymeria leyó:-Estén cerca de la piedra gris cuando llame el zorzal... aquí está el zorzal-Señaló al animal.
-¿Pero dónde está la piedra?
El ave emprendió vuelo apenas esas palabras dejaron los labios de Ellie. Apresuradamente Nymeria recogió su bolso y agarró a la chica del brazo para correr detrás del pajarillo llamando a Hachiko que merodeaba por los alrededores con un corto silbido.
En menos de dos minutos divisaron la enorme e impresionante estatua tallada del antiguo rey enano, Thror. A lo largo de su colosal altura yacía una escalinata zigzagueante.
-Es enorme…
-Vamos. Tenemos que darnos prisa-Empujando a la chica sumida en su estupor, Nymeria vio al zorzal alzar el vuelo hacia la cima de la intimidante estatua. La similitud con la película no debería sorprenderle, pero lo hizo. Más de lo que esperaba. Ya era cerca del mediodía, supuso que los enanos ya estaban de camino, sin el mapa quizá tuvieran dificultades para alcanzar este lugar, pero eso era pedir mucho. Thorin había leído el condenado pergamino cientos de veces. Lo tenía impregnado en su memoria. Probablemente ni le era necesario.
Ayudando a Ellie a subir los grandes escalones, contuvo su impaciencia y ansiedad a medida que alcanzaban la cima de la estatua. No corría ni una sola brisa y el silencio parecía congelar el tiempo en su estado actual.
Temblorosa, Ellie se dejó caer sobre el suelo una vez que llegaron a un sitio plano junto a la estatua. Agobiada por la altura, agradeció la solidez debajo de ella. El esplendor del paisaje frente a sus ojos consiguió relajarla mientras admiraba la belleza natural.
Entretanto, se comenzó a oír un suave repiqueteo. El zorzal golpeaba repetidamente un caracol, que sin duda era su alimento, sobre el muro de piedra.
Bueno… que más señal que esa.
-Empecemos, entonces-Declaró Nymeria frotándose las manos iridiscentes de energía. No estaba dispuesta a esperar al anochecer, eso destruiría sus planes. Rogaba porque sus esperanzas de romper el hechizo de la puerta oculta fuesen acertadas.
Colocando las palmas sobre el muro helado, comenzó a deslizarlas en busca de la susodicha cerradura.
La magia estaba presente, podía sentirla a través de la piedra. Poderosa y potente, como si hubiesen temido que fuese fácilmente descubierta. Percibiendo la vibración bajo sus dedos, envió una dosis de energía para abarcar y cubrir aquella magia antigua con la propia. Extendiéndola, notó cierta resistencia. Maldijo su falta de experiencia, no obstante, cerró los ojos concentrando una gran cantidad de poder en sus manos, impactándola repetidas veces sobre la roca decidida a destruir aquel escudo mágico que protegía incansablemente la cerradura.
Como un efecto rebote, aquella magia le impactó de regreso alejándola violentamente la roca. Nymeria dejó escapar un gruñido al sentir las piedras irregulares clavarse en toda la extensión de su espalda como agujas afiladas.
-¿Está bien? ¿Se ha hecho daño?
Sacudiendo la cabeza, aceptó la mano de la preocupada chica para levantarse-Estoy bien, Ellie. Y tutéame por favor, haces que me sienta vieja-Aunque verdaderamente lo sea.
-Lo siento. Es difícil acostumbrarse…-Dijo Ellie con timidez.
-Lo entiendo. Pero inténtalo. Ahora eres parte de mí y no una criada-La chica asintió enérgicamente-Ok, será mejor que continúe…Oh…
Allí estaba.
La cerradura tallada en piedra.
¡Lo había logrado!
Maravillada, sacó velozmente la llave de su bolsillo. Acortando la distancia, observó el objeto que abriría el paso al interior de este reino robado-Por ti, mon amour…-Pensando en Thorin, besó el tibio metal antes de colocarlo en interior de la cerradura. Con el corazón agitado, tronando en sus oídos, giró la llave invadida por la emoción al escuchar el retumbante accionar del dispositivo.
Estaba hecho.
Con un movimiento de su mano, miró sin aliento el deslizar de la pesada y maciza puerta de piedra, generando una abertura hacia el interior de la Montaña Solitaria.
-Funcionó…-Musitó Ellie estupefacta.
-Sí, funcionó…-Nymeria murmuro en el mismo estado que la chica.
Nuestro reino.
Saliendo bruscamente de su asombro, Nymeria frunció el ceño ante la desagradable voz de su némesis.
Vaya momento en el que se te ocurre aparecer, cabrón.
Nuestro momento ha llegado…
¡Que te calles!
Olvidándose del bastardo, recogió sus espadas para unirlas a la cinturilla de sus pantalones-No te muevas de aquí-Demandó a Ellie-Cuida de Hachiko y asegúrate de que no me siga-Agarrando la cuerda que llevaba su cachorro alrededor del cuello, se lo entregó a Ellie cerrando firmemente su mano alrededor de la soga gruesa.
-Me… ¿Me quedare aquí?
-Es más seguro para ti. No te preocupes, la compañía llegara en unas horas. Aunque no pretendo tardar tanto-Añadió pensativa-Solo espera aquí. Ocúltate adentro si algo sucede…
Alcanzando su bolso, lo abrió rápidamente retirando un poco de ropa para alcanzar un bolsillo oculto en la parte inferior. Bolsillo del que ni siquiera Thorin tenía conocimiento. Deslizando el cierre, sacó un cinturón de granadas de mano así como también uno de balas de escopeta, el cual se colgó al hombro de momento. El arma en cuestión, una escopeta de cañón corto calibre 12 yacía en el fondo acolchado. Ajustando la correa cruzada alrededor de su torso, acomodó el arma a su espalda.
No iba a venir aquí sin estar preparada.
Antes de que Gandalf la trajera a la Tierra Media, se aseguró de reunir algo de su arsenal como método de previsión. Semejante peligrosidad de armas no podían ser sencillamente exhibidas. Debido a ello, las había mantenido en secreto hasta ahora.
Guardando unos cuantos cartuchos de sus pistolas en los bolsillos de su ropa, metió todo lo que sacó de regreso a su bolso y lo cerró para apartarlo a un lado.
-¿Qué es todo eso?
-Armas. Pero ni se te ocurra alguna vez tocarlas. Podrías perder tu vida.
-Oh…
-Ya me voy-Agachándose para acariciar a Hachiko, dio inmediatamente después un abrazo rápido a la chica-No te muevas de aquí, Ellie. Pase lo que pase, no te muevas-Le advirtió con severidad, pues este sitio era hasta el momento el más seguro de todo el lugar.
-Que los dioses la acompañen…
Con un gesto de despedida, Nymeria cruzó la entrada hacia el interior de la imponente montaña.
Lilian bebió un largo trago de agua del odre mientras caminaba. Aunque caminar difícilmente se le podía llamar. Thorin no les ha dado la oportunidad de descansar en ningún momento y liderando el grupo, más bien corría desesperado por llegar a la puerta oculta. O más bien, por alcanzar a Nymeria.
Pero debido a la hora en la que ella había salido de la ciudad del lago, probablemente ya estaba en el punto con Ellie.
Ellie…pobre chica. No solo perdió a su única familia, sino también su hogar en la misma noche.
-¡MAS RAPIDO!-Thorin rugió.
Jadeando, sintió las manos de Bilbo tirar de ella para ayudarle a avanzar. Estaba cansada y esperaba que el sobreesfuerzo no le hiciera ningún daño a su bebé.
-Aquí muchacha. Deja que te lleve…
Alzando los ojos, ofreció a Dwalin una sonrisa de agradecimiento. Acomodándose en su amplia espalda, él la cargó con una sencillez que fue inmensamente agradable. Con la capacidad de respirar normalmente, se aferró a los sólidos hombros del enano colocando su atención en el árido camino por delante.
Thorin maldijo el retraso y la lentitud de su compañía a medida que avanzaban. ¡No eran lo suficientemente rápidos! Necesitaba llegar a Nymeria pronto. Detener su locura. Atarla en algún sitio o encerrarla ¡Lo que fuese mejor! No podía permitir que enfrentase a esa bestia, que saliera herida solo por un tonto capricho.
¡Su necedad iba a volverlo loco!
Él no podía alabar su valentía. No con la gravedad de la situación. Cosa que ella no veía o quizá ni le importaba. Smaug no era una simple bestia, esa una criatura astuta, malvada, cruel y ambiciosa. Usaba la ventaja de su fuego imparable para sus cometidos sin una pizca de piedad. Cosa que el dragón ni siquiera sabía lo que eso significaba.
Su mente, al pensar en el dragón, rememoraba los recuerdos de aquel día. Los gritos horrorizados de su gente, los cadáveres aplastados y carbonizados, el potente olor a humo y carne quemada en ambiente… los llantos de su pueblo por quienes perdieron familiares amados.
Había perdido su hogar debido al dragón, pero no perdería a su esposa a causa de la misma criatura.
Avanzando a través de los estrechos pasadizos de helada roca que debido a la falta de luz suponía que eran doradas, reconoció en el aire el inconfundible aroma del azufre. Nymeria se desplazó a través de un estrecho tramo de escaleras la llevaron hacia un pasillo que colindaba con una variedad de accesos hacia diferentes direcciones de la montaña.
Moviéndose rápidamente, echo un rápido vistazo a cada acceso hasta encontrar el deseado. Cruzando el corto pasadizo, descubrió y admiró maravillada con sus propios ojos la inmensidad del resplandeciente océano de oro.
Tal abundancia de tesoros debía cubrir una gran cantidad de niveles, salones y corredores. Gracias al extraño método de desplazamiento de luz, posiblemente por espejos, fue capaz de visualizar correctamente cada rincón de la zona.
Cada historia y simple relato que Thorin le había contado respecto a Erebor eran ciertos en cada uno de sus detalles. El verde marmolado de la piedra veteada de oro daban un aspecto magnifico a este lugar, un nivel completamente distinto de belleza. Un reino, un hogar hecho a mano en la roca misma. No había modo de que eso pudiese ser superado.
Ahora, esta montaña era suya. Un lugar en el que junto a Thorin harían un hogar cálido y alegre. Completamente seguro para la propia familia que pretendían tener algún día, por no decir pronto.
Pero primero, debía sacar a la enorme cucaracha que significaba un impedimento para sus preciosos planes.
Él sería un excelente aliado.
¡En tus sueños!
Este reino, nos pertenece. Su inmensidad es incomparable. Su posición una ventaja. Su riqueza un regalo. No hay mejor lugar en el mundo que este…
Estas diciéndome cosas que ya se. Vete a molestar a otro lado ¿No ves que tengo cosas que hacer?
Necesitamos al dragón…
Molesta por la absurda insistencia de Sauron, comenzó a bajar las escaleras para llegar al tesoro. Sus pisadas resonaron fuertemente mientras caminaba sobre el tumulto de oro entremezclado con una infinidad de joyas de diferentes variedades y colores. Cada paso producía un ruidoso deslizamiento de monedas, sin embargo, el ruido era el menor de sus preocupaciones. No cuando su intención era despertar al dragón después de todo.
Su vista se perdió brevemente en los incontables tesoros. Ni siquiera podía categorizar o clasificar las diferentes especies solo con una mirada. Era imposible medir en unos pocos días la cantidad de riquezas que ocupaban todo este impresionante lugar. Recogiendo una moneda de entre tantas, examinó ambas caras reconociendo la figura del antiguo rey bajo la montaña en el oro reluciente.
Se preguntó si la figura de Thorin aparecería en las monedas que se fabricarían después de su coronación. O cuando todo este gran tesoro comenzara a menguar. Esperaba que fuese por la primera opción, a ella le encantaría que así fuese. Quería que toda su gente reconociera el valor y el coraje de Thorin. Que le respetaran por la valentía de venir aquí prácticamente a mano vacías para recuperar un hogar para ellos.
Que injusto, considerando que has sido tú la que ha llegado hasta aquí.
No me interesa ningún tipo de reconocimiento.
Que errada estas…
Silencio. No me apetece discutir contigo.
Oyó un bufido en los rincones de su mente antes de que la presencia de Sauron retrocediera. El bastardo se estaba comportando extrañamente complaciente y eso no le agradaba en absoluto. Demasiado sospechoso a su parecer.
Guardando la moneda en el bolsillo delantero de sus jeans, continuó su avance sobre el tesoro. Le tomo algunos minutos encontrar la posición de Smaug. Después de avanzar bastantes metros sobre la superficie de las infinitas riquezas, encontró un destacable montículo situado entre unos grandes pilares marmolados.
El momento ha llegado.
Sacando una pistola de su espalda enganchada a la cinturilla de sus pantalones, apuntó en dirección al techo y gatilló una variedad de disparos para despertar a la criatura que ansiosamente anhelaba enfrentar.
holiii XD
¡Gracias por su bello comentarios, y apoyo incondicional! las amo mucho!
Saludos especiales a Clo24, denisemurasaki7, Ferya.
Cuidense mucho!
adiós :)
