Capítulo 54
Matt no se atrevió a ir durante esos días a la mansión Mikaelson, sabía que estaban pasando por una situación terrible y que aunque era muy cercano a la familia, no tenía que intervenir pues era un asunto privado. Solo que después de tanto tiempo de espera empezaba a extrañar a Rebekah, necesitaba verla. Pensó que quizá podría alegrarla aunque sea un momento, si la situación era tensa lo mejor era llevar algo de relajo, quizá hasta podría cenar y tocar el piano para ellos.
Aparte necesitaba despedirse, al día siguiente empezaba su gira por el país tal como les había contado hace varias semanas. El primer punto sería Washington, y esa noche después de cenar tenía que ir a ver al productor para que le entreguen sus pasajes, viáticos y un adelanto del pago. Quería ver a Rebekah antes de irse, que ella le deseara suerte, poder ver su sonrisa y sentir que todo se iluminaba.
Al acercarse vio alboroto en las afueras de la mansión. Policías y hombres con una pinta que daba mucho que desear rodeaban el lugar. Se sintió preocupado de inmediato, aquello le daba muy mala espina. La puerta estaba abierta de par en par, habían unos cuantos oficiales esperando en la sala, la servidumbre iba a de arriba a abajo, no encontraba a nadie que le dé explicaciones. Y entonces vio al teniente Enzo, sus miradas se cruzaron y este hizo una seña para que se acercara.
—¿Qué ha pasado? —preguntó con preocupación—. Dime que no es nada malo, esto empieza a asustarme.
—Me gustaría decirte que no, pero la situación es en verdad crítica. Tristán DeMartell ha secuestrado a Rebekah.— Apenas escuchó eso fue como si todo el mundo se le cayera encima. Sintió que palidecía, hasta que temblaba. Oh no, por Dios no. Eso no podía estar pasando, no su Rebekah, no su amor.
—No...—Solo eso pudo murmurar, no era capaz de decir una sola palabra mientras el terror y la furia empezaba a apoderarse de él.
—Lo siento, sé que tú y ella se llevaban bien.
—Yo la amo, Enzo —admitió por primera vez. Notó también la sorpresa en el rostro del hombre un instante, pero no hizo ningún comentario al respecto. Era la primera vez que decía que la amaba en voz alta y no sabía cómo sentirse. La mujer que amaba estaba pasando el mayor de los peligros y él no podía hacer nada—. ¿Qué es lo que saben?
—No mucho, Klaus ha convocado a toda esta gente, pero hasta ahora no hay pistas.
—Enzo, si hay algo que yo pudiera hacer, cualquier cosa...
—Lo sé, te llamaremos. Pero ahora no puedes ayudar en nada, en realidad hasta yo me siento bastante inútil. Vamos a atrapar al desgraciado, eso te lo aseguro. No te pido que estés tranquilo porque sé que eso no pasará, pero solo quiero que sepas que Klaus no dejará que le toquen un solo cabello a su hermana, él removerá cada piedra en este país para encontrarla.
—Debe ser terrible para él —murmuró. Conocía bien a Klaus, sabía lo mucho que quería a su hermana, ese momento debía de ser una locura para él.
—Lo es, pero ya nos encargaremos. Tristán dará pistas, él quiere algo a cambio.— Matt asintió. Era desesperante, pero solo quedaba esperar. Y lo peor es que él tenía que partir a su gira, era una oportunidad única. ¿Pero acaso sería capaz de irse dejando a Rebekah secuestrada? ¿Sin ayudar? ¿Qué clase de persona sería si hiciera eso?
En ese momento vio a Klaus salir de su despacho acompañado del jefe de la policía de New Orleans, y para colmo de males, de ese infeliz de Damon. Lo que faltaba, el otro pretendiente de Rebekah ahí jugando al salvador para ganarse el derecho a su mano. Infeliz, estaba seguro que era lo único que le importaba. Mientras él sentía que iba a colapsar de la incertidumbre, de seguro que Damon estaba ahí solo para asegurarse el matrimonio con alguien tan importante como ella. Volvió su mirada hacia Klaus, en verdad se notaba muy afectado. Cualquiera notaría que había llorado de impotencia, sus ojos estaban rojos.
—Ya sabe lo que tiene que hacer —le decía al jefe de policía—, quiero que registren cada rincón de esta ciudad, que interroguen a los oficiales que vigilaban las salidas. Esos fueron los que me traicionaron, ellos recibieron dinero de Tristán para que lo dejen llevarse a mi hermana.
—Si señor.— Y aunque el hombre era la autoridad ahí, parecía sentirse intimidado por Klaus. ¿Y cómo no? Casi todos en esa ciudad dependían de los Mikaelson, ¿cómo era posible que se hayan atrevido a traicionarlo? Lo iban a pagar muy caro, eso podía jurarlo.
—Damon —le dijo ahora al teniente coronel—, cuento contigo para movilizar militares para buscar en los alrededores. No pueden estar muy lejos.
—Así será, iré a dar las órdenes ahora mismo.
—Caballeros, mi hermana ha desaparecido, fue secuestrada por un maniático que podría matarla o hacerle peores daños en cualquier momento. No pueden pasar más de 48 horas hasta encontrarla. Que se corra la voz, Klaus Mikaelson dará una generosa cantidad a quienes tengan pistas del secuestro.— Todos asintieron, y a una señal del hombre, cada quien empezó a moverse. Era hora de entrar en acción. Hasta Damon se fue, solo quedaron Enzo, Klaus y él en la sala. Con timidez, pensando si quizá era imprudente, Matt se acercó a él.
—Klaus, acabo de enterarme. Yo lo siento mucho, de verdad. Sé que la amas, que darías todo por ella.— El caballero no dijo nada, solo lo quedó mirando en silencio. Pero en su mirada había tanto dolor que te estrujaba el corazón—. Ella va a estar bien, te conozco y sé que la encontrarás. Puedes contar conmigo para lo que necesites.— Matt se acercó un poco más. El hombre estaba solo, Elijah aún no regresaba, Enzo se mantenía distante, no había nadie que le dé soporte en ese momento. Necesitaba siquiera un abrazo fraterno, y eso hizo. Segundos después Klaus correspondió, el hombre parecía estar a punto de derrumbarse.
—Gracias.— Fue lo único que murmuró.
—Vamos a encontrarla, ya verás —dijo ahora Enzo.
Pero era tal como pensaba Matt. De momento solo quedaba esperar.
—Eres un estúpido —le reclamó Katherine furiosa. Intentaba no gritar, pero en verdad tenía ganas de arrojar todo. Damon se aguantó un par de golpes, no parecía sentir muchos deseos de responderle—, ¿cómo pudiste estar de acuerdo en algo como eso? ¿Secuestrar a Rebekah? ¡Fue una locura!
—El tipo está loco, y lo iba a hacer de todas maneras, así que al menos algo ganaré de esto.
—Para empezar Tristán no tenía que enterarse que sus hermanas no estaban aquí, ¿por qué rayos le contaste? Casi lo teníamos en nuestras manos, estaba actuando como queríamos.
—Como tú querías dirás —le dijo molesto. Oh no, lo único que le faltaba, que ahora venga a hacerse la víctima—. Tú estás casada con Klaus, a ti te ha salido todo perfecto. ¿Y qué he ganado yo? Tenía que asegurarme.
—Traicionándome —dijo rabiosa. El infeliz había dado un movimiento fuera de lo planeado para conseguir el matrimonio con Rebekah, eso le parecía bastante arriesgado.
—No te he traicionado, los dos estamos juntos en esto Kath. Tú ya conseguiste a Klaus, yo conseguiré a Rebekah. Los dos tendremos nuestra parte como planeamos, no te desesperes tanto.
—No lo entiendes, ¿verdad? El maldito de Tristan exigió que Caroline regresara a cambio de Rebekah, con esa mujer lejos yo tenía un matrimonio seguro, conseguiría el tiempo suficiente para lograr acostarme con Klaus aunque sea emborrachándolo y le hacía un hijo. Pero ahora con esto se la pasará detrás de la mujercita otra vez, me has arruinado.
—Calma, si Tristán cumple su parte...
—¡Ese hombre está loco! No debiste confiar en él, tú...—se quedaron en silencio de inmediato. Ellos estaban en la biblioteca de la mansión, la puerta se abrió despacio. Katherine sintió que palidecía al verlo, temía que haya siquiera escuchado siquiera un poco de esa conversación. Cuando Enzo entró los quedó viendo a ambos muy serio, hasta Damon estaba quieto sin saber cómo reaccionar.
—¿Pasa algo? —dijo el teniente desconfiado.
—Intento que Damon me cuente más sobre el secuestro de Rebekah, pero no quiere darme detalles. Oh Dios... ¡Estoy tan preocupada! —estalló nerviosa, aunque eso si era real—. ¿Puedes contarme, Enzo? Necesito saber, es mi amiga y yo...
—Cálmate Kath.— Al notar que su gesto se suavizaba y la mirada con tristeza al fin consiguió volver a la normalidad. Quizá esa expresión fueron solo celos por verla a solas con Damon. Después de lo que había pasado entre ellos esa tarde antes de la boda era hasta lógico que la cele un poco. De verdad lo quería y lamentaba mucho que no pudieran estar juntos como quisieran, pero Enzo iba a tener que acostumbrarse. De ese momento en adelante era la señora Mikaelson y se iba a aferrar a ese apellido con uñas y garras. La única forma en que podrían estar juntos era como amantes, y a ella eso no le importaba. Quien sabe, cuando logre deshacerse de Klaus podría atraerlo, ya no le importaría compartir un poco de sus lujos con el hombre que amaba.
—Eso intento —dijo ella secándose las fingidas lágrimas—, solo que... Dios, es tan difícil. Tengo mucho miedo, ese hombre es un demente.
—Pero todo va a estar bien, ya verás.— Ella asintió levemente. Ahora Damon parecía molesto con la situación.
—Quizá deberíamos volver a la sala, puede que Klaus tenga novedades —dijo el Salvatore. Ambos asintieron y sin decir nada más regresaron en busca de noticias. Pero según le había dicho Damon, eso no pasaría hasta varios días después.
Cuando Caroline les contó a Josh y Aiden lo que iba a hacer para que estos puedan contener a Aurora, por poco ambos estallaron en gritos e intentaron hacer lo posible por detenerla. Pero ella fue firme en su decisión y no había marcha atrás. Necesitaba que ellos se queden cuidado a Aurora, su hermana tenía que recuperarse de las heridas. Y ella tenía que ir a Washington a salvar a Rebekah.
—¡Pero estás loca! —gritó Aiden—. ¿Ir a entregarte a ese monstruo? ¡Sabes bien lo que va a hacerte!
—Claro que lo sé, y porque lo conozco es que tengo que ir por Rebekah. Porque también sé lo que es capaz de hacerle a mi cuñada. Ya fue suficiente de esto, no puedo permitirlo más. Primero ustedes, ahora ella. Nadie más va a sufrir por protegernos, y no permitiré que Tristán le haga daño a otra persona.
—Caroline, pero tu hijo...—se le hizo un nudo en la garganta. Su bebé, su pequeño Kol. ¿Cómo podía abandonarlo? Si, la idea era terrible. Pero abandonar a Rebekah a su suerte también era inhumano.
—Escuchen, pueden enviar a un mensajero a New Orleans, que le avisen a los Mikaelson dónde tienen a Rebekah y hacia dónde voy. Quizá ellos lleguen un día más tarde, pero será tiempo suficiente.
—Para ese entonces puede que ya sea muy tarde —le dijo Aiden. Ella solo asintió, era consciente del riesgo, pero aún así lo iba a hacer.
—Es mi decisión, chicos. Tengo que poner a salvo a mi cuñada, yo misma voy a entregarme. Conozco a Tristán, podré contenerlo el tiempo suficiente.— Aunque la verdad no creía mucho en esa posibilidad. Ellos tampoco lo creían, pero sabían que nada podían hacer para detenerla.
—Bien, ahora mismo enviaré al mensajero más rápido de New York. Caroline, tarda todo lo que puedas. Y por favor...—suspiró—. Resiste —ella solo asintió. Esos dos habían sufrido tanto por involucrarse con los De Martell, lo mejor era que se mantengan lejos, ya no quería que se perjudiquen más.
—Lo haré, lo juro.
No se despidió de Aurora, le dio un beso en la frente mientras dormía y le prometió que iba a volver. Cuando tuvo en sus brazos al pequeño Kol no puedo evitar las lágrimas. Sabía que Margaret lo cuidaría bien, pero la idea de que probablemente esté separada de su hijo por mucho tiempo la asustaba. No podía llevarlo, por nada del mundo podía dejar que Tristán se acerque a su bebé siquiera un poco. Ahí estaría a salvo, nada iba a pasarle mientras más lejos estuviera del maniático de su hermano. Salió del hotel y partió a Washington de inmediato, ya no había tiempo que perder.
Moría de miedo, es cierto. Tristán representaba sus mayores temores. Pero si ella tenía que entregarse a él para que toda esa locura acabe de una vez y para siempre, lo iba a hacer. Lloraba, no quería que pasara, temblaba sin lograr controlarse. Y aún así lo haría, porque estaba harta de que otros sufran por culpa de su cobardía. Primero Aurora, a quien dejó en las garras de ese miserable por más de un año. Luego Aiden y Josh, a quienes habían perseguido desde Europa. Ahora Rebekah. Ya no más. Si lo tenía que pagar con su vida, que así sea.
Matt se la pasó preocupado, y lo peor es que ya tenía que partir a la gira que podría cambiar su vida. Retrasó la partida un poco más mientras esperaba junto con los Mikaelson alguna noticia de Rebekah. Todo en New Orleans estaba patas arriba, hasta terminó enterándose de cosas que quizá era mejor no saber.
Primero, que ese maldito de Tristán solo entregaría a Rebekah a cambio de Caroline y Aurora. Luego estaba el asunto de la desaparición de Lucien, el asesino serial que buscaron por mucho tiempo. Klaus ya había mandado gente a New York para que lo detuviera y averiguaran si las chicas estaban bien, pero hasta el momento no había novedades. Tampoco se sabía nada de Elijah y si tuvo éxito rescatando a las Petrova. Esperaban que así fuera, las cosas ya estaban bastante terribles como para además enterarse que Tatia o Elena salieron heridas.
Matt sabía que era muy poco lo que podían hacer, pero de momento Klaus se encargaba de que la policía y demás hombres de dudosa reputación busquen pistas sobre el paradero de Tristán. La idea era adelantarse y rescatar a Rebekah, todos estaban listos para eso. Incluso él, estaba por echar al tacho su gira y con eso la oportunidad de hacerse conocido y tener una verdadera carrera. Quién sabe cuando volvería a pasar, o si es que tendría algún día una oferta similar. Pensaba en eso constantemente, pero también pensaba en que daría lo que sea y haría cualquier cosa por tener a Rebekah sana y salva. Sentía la presión del hombre que lo contrató, y hasta Klaus terminó pidiéndole que no eche su carrera a perder.
—Rebekah quiere que usted sea un pianista famoso, Matt. Ella se opondría rotundamente en que arruine esto. Vaya, no hay nada que pueda hacer. Ni siquiera yo con todo el dinero y poder que tengo puedo hacer algo.
—No puedo irme así, no está bien. Ustedes me dieron la mano cuando necesité ayuda.
—Matt, no nos debe nada. No ha sido un favor que pretendíamos cobrar alguna vez. A Rebekah le enojará mucho regresar y saber que perdió la gira por esperarla. Porque ella va a volver, eso ni lo dude. Voy a recuperar a mi hermana —lo dijo con mucha seguridad. Ese par de días que pasaron desde el secuestro de Rebekah casi no había dormido. Él sufría, Caroline estaba lejos pasando peligro cerca al asesino de Lucien, y su hermana estaba secuestrada por un maniático. Solo Dios sabía como ese hombre no se había derrumbado aún.
—Quiero hacer lo correcto por ustedes —dijo esperando que el hombre acepte que se quedara, en serio sería un ingrato de lo peor si abandonaba a la familia en esa situación.
—Lo correcto es que hagas lo que mejor sabes hacer. Ve a esa gira.
—¿Promete que me informará apenas sepa algo?
—Claro que si, lo mereces.— Matt asintió. No sabía ni cómo iba a concentrarse tocando el piano si vivía con la constante preocupación por saber de Rebekah.
Esa noche se despidió de todos en la mansión y al fin partió con uno de los organizadores de la gira. Sin muchos ánimos escuchó que irían a encontrarse con el señor McKitrick, el hombre que lo "descubrió" y unió al elenco. A la mañana siguiente llegaron a una posada ya alejada de New Orleans, habían dejado atrás la ciudad durante la noche, y él apenas pudo dormir.
Se encontró nuevamente con el señor McKitrick, el hombre lo esperaba con ansias pues era el artista principal de la gira. Matt escuchaba como alababa sus dones para la música sin prestarle verdadera atención. Pero qué desagradecido era, le estaba dando la oportunidad de su vida y él apenas si escuchaba. De su cabeza no salía la imagen de la pobre Rebekah encerrada en algún lugar, asustada, llorando, con ese maldito hombre detrás de ella todo el tiempo.
—Nos presentaremos en Washington primero, si tenemos suerte tocarás para el presidente —decía animado McKitrick—, además que en los salones de fiesta serás muy bien recibido, ahí la gente hasta vive como noble. Verás, hace poco me crucé con uno de mis socios, Tristán De Martell...—Ese nombre lo hizo despertar. Matt reaccionó pronto y por poco se pone de pie de un salto.
—¿Qué dijo?
—Tristán De Martell, ¿lo conoce?
—Es hermano de una conocida —dijo sin entrar en detalles, pero quería ver si lograba sacarle la lengua. Si dice que lo vio hace unos días quizá había una pista.
—Ah bueno, entonces sabrá que el hombre es muy rico, seguro financia una presentación más. Hablaré con él ni bien esté en Washington.
—¿Usted lo ha visto últimamente?
—Pues claro, me lo crucé hace dos días, pasaba por aquí. Apenas comió algo, nos saludamos y le pregunté si nos veríamos pronto. No habló mucho, pero iba a Washington, lo supe por la dirección que tomó.
—¿Está completamente seguro?— Ojalá que sí. Al menos era una pista, todos en New Orleans creyeron que tomó otra dirección, ir a Washington sería demasiado obvio. Quizá Tristán decidió jugar con eso.
—Algo, dijo que iba a pasar un tiempo en su casa de campo. Los De Martell tienen varias propiedades, pero que yo sepa la única en el campo es en Washington...—El hombre quiso seguir hablando, pero ya Matt se había puesto de pie—. Oye chico, ¿qué pasa?
—Lo siento señor McKitrick, pero tengo que adelantarme a Washington.
—¿Qué? ¡Debes estar loco!
—Quizá lo estoy, es lo que hace el amor.
No dijo más, tomó su sombrero y buscó un caballo que rentar. Pero primero tenía que enviar un mensaje a Klaus para que acuda también al rescate. Era una locura, y aún así seguiría adelante con su plan. Estaba lanzando su carrera a la basura al abandonar así, pero Rebekah era más importante que todo. Iría a Washington a rescatarla él mismo, puede que cuando llegue Klaus ya sea demasiado tarde.
New Orleans
Cuatro días desde que dejó ir a Caroline. Cuatro desde que se casó con Katherine y se enteró que Lucien podía hacerles daño en ese barco. Cuatro días también desde que secuestraron a Rebekah. Tres días sin tener noticias de nadie. Un día desde que Matt partió. Le pidió que se vaya porque no quería truncar su carrera, pero la verdad es que necesitaba la compañía de esa muchacho. Él si parecía sentirse de verdad afectado por el secuestro de Rebekah, parecía hasta entender lo horrible que él se estaba sintiendo.
Pero decir horrible era muy poco comparado con lo que pasaba en su interior. Klaus no podía soportar más esa tortura. La incertidumbre de saber si Caroline estaba a salvo, de saber a su hermana en garras del maldito de Tristán. De no saber siquiera si Elijah estaba bien.
Habían pasado cuatro días desde que Tristán no daba pistas, ¿qué estaba esperando? No había ni una noticia de ese hombre, así no podía actuar como quería. Tenía que encontrarlo antes para detenerlo y rescatar a su hermana, esa estupidez de entregar a Aurora y Caroline a cambio de Rebekah jamás se iba a dar. No podía olvidar tampoco que Tristán tenías las pruebas que podían hundirlo en la miseria, de llevarlo a la cárcel o a la muerte incluso.
Con la desaparición de Lucien todo se hacía peor, si el hombre no estaba ahí podrían hasta culparlo de cubrirlo. Cada día Klaus se sentía más desesperado, a punto de colapsar de la rabia que sentía, de la frustración. Apenas dormía, casi ni comía. No lograba concentrarse, vivía con los nervios de punta y lleno de temor. Matt al menos fue un apoyo, el chico estaba en verdad preocupado por él, Enzo también se mantenía a su lado e intentaba mantenerlo sereno.
Era de noche y Klaus estaba sentado en su despacho, se había bebido ya una botella de bourbon. Necesitaba calmarse, si emborrachándose al fin conseguiría dormir una noche entera entonces bebería sin parar. Por su cabeza pasaban mil imágenes de Caroline alejándose en ese barco, y pensar que ahora podía estar bajo el acecho de Lucien lo ponía enfermo.
Pensaba en su pobre hermana en las garras de ese degenerado de Tristán, a su mente acudían imágenes de Rebekah amordazada, llorando, temblando de miedo. No podía más, quería llorar, quería estallar. El vaso se le resbaló de las manos y finalmente se llevó las manos a la cabeza mientras lloraba. Por Dios, necesitaba a Elijah ahí. A Kol. Quería rezar, quería implorarle a su hermano que allá dónde estuviera lo ayude, quería aunque sea imaginar que él estaba a su lado.
—¿Klaus?— Una vez femenina llamó su atención. No la miró, solo intentó dejar de llorar. Pronto la reconoció, era Katherine. Para colmo seguía casado con ella, con todo eso del secuestro de Rebekah ni tiempo le dio para deshacer ese matrimonio, tampoco creía que importara mucho, con el secuestro de Rebekah ya Tristán echó por tierra cualquier otro pedido.
—Katherine, déjame solo —dijo con voz firme.
—¿Estás bien?
—¡Déjame solo maldita sea! —gritó molesto. Que si, ya estaba un poco borracho. Pero de verdad en ese momento quería estar solo con su miseria, no quería el consuelo de nadie y menos de ella.
—No estás bien, vamos, te acompaño a tu habitación para que duermas.
—Déjame solo...—repitió ahora sin muchas ganas, la cabeza empezaba a darle vueltas. Intentó ponerse de pie pero ya ni eso podía.
—Vamos, ponte de pie —ella lo cogió de un brazo, Klaus intentó soltarse, pero ya estaba muy mareado. Katherine lo sostuvo, bien, era en serio eso de que tenía que irse a la cama de una buena vez. Al menos embriagarse sirvió de algo. Una parte de él estaba satisfecha, al fin dormiría sin pesadillas, dormiría como una roca y no pensaría lo que quedaba la noche en la desgracia que estaba viviendo. Al menos tendría la ilusión de que todo se acababa.
Tambaleando subió por las escaleras. Tenía imágenes confusas, de a ratos todo se hacía negro, después veía todo nublado, el piso, las paredes, la cama. Bien, suponía que esa era su cama. Cayó tumbado, casi no sentía nada. Cerró los ojos mientras sentía que Katherine lo acomodaba en la cama, le quitó los zapatos, lo empujó al centro para que no cayera. "Al menos algo bueno hace", pensó sin querer. Quería dormir, no podía más. Había abusado del alcohol. Todo el mundo empezaba a desaparecer alrededor. Solo por unos segundos abrió los ojos, unos tres habrá sido. Le pareció ver la silueta de Katherine sobre él. O quizá no. Ya estaba dormido.
Cuando despertó casi al mediodía le dolía la cabeza asquerosamente, sentía que le iba a reventar. Pero a menos durmió, era lo que importaba. Poco a poco intentó reponerse, y cuando al fin tuvo los ojos bien abiertos fue que notó que no estaba en su habitación. Era la de huéspedes, la que le dieron a Katherine. "Mierda", se dijo molesto.
No era la primera vez que amanecía en el cuarto de una Petrova después de estar borracho, y si Katherine le salía con que pasó algo entre ellos iba a acabar pegándose un tiro. Se puso de pie como pudo, necesitaba un baño y volver a la acción. Tenía que encontrar cualquier noticia sobre el paradero de Rebekah. Fue en ese momento cuando Kaherine entró a la habitación vistiendo una bata de dormir.
—¿Por qué estoy aquí? —preguntó directamente. No se iba a ir con estupideces.
—Estaba más cerca que tu cuarto, y estabas en un estado bastante lamentable —dijo ella aparentemente tranquila.
—¿Y dónde dormiste tú?
—Contigo —tragó saliva. Oh no, eso si que no lo toleraba.
—No estuvimos juntos.
—No pasó nada que no quisiéramos.
—Katherine, no he olvidado absolutamente nada de anoche, no creas que soy el mismo mocoso estúpido que engañó Tatia —avanzó hacia la puerta, ella permanecía quieta—. Así que si se te ocurre salir con algún embarazo sorpresa te largas de aquí y llevas al bastardo con su padre, a mí no me vas a engañar.
Quizá fue muy duro con sus palabras, pero quería dejar las cosas claras. No se acostó con ella, de eso estaba completamente seguro. Llegó a su habitación y pidió que le preparen un baño, necesitaba sacarse toda esa peste de encima. Estuvo buen rato en la tina, una vez más no dejaba de pensar. Una parte de él se decía que si estar despierto iba a ser siempre esa maldita tortura entonces prefería no hacerlo, esa noche volvería a beber pero ahora en su habitación dónde nadie lo molestara.
Ahora, ¿qué demonios pretendía Katherine haciéndole creer que se acostaron? ¿Legitimar su matrimonio acaso? Los papeles eran reales, pero con todo el poder que tenía podía deshacerlos, ni siquiera el cura fue real. Pero basta de pensar en Katherine, ahí su verdadero problema era otro, y tenía que prepararse para enfrentar un maldito día más.
Salió al fin de la tina, se vistió y bajó a ver cómo iban los avances. Ahí encontró a Enzo, quien le informó que Damon salió temprano por la mañana a seguir una pista y que estaría informando de las novedades. Bueno, al menos una pista había. También le dijeron que Elijah mandó un mensaje y estaba cerca, que tuvo éxito rescatando a las Petrova, pero que lamentablemente Isobel murió en el rescate. Al fin una noticia buena, ya estaba bastante desesperado. Estaban ya por recibir al jefe de la policía de New Orleans, cuando Henry llegó escoltando a un muchacho.
—Señor —dijo el mayordomo—, el chico viene con un mensaje de Matt Donovan.
—¿Es algo urgente?
—Tome señor —le dijo ese muchacho a Klaus—, me dijo que lo entregue en sus manos.
—Veamos.— Klaus abrió el papel. Dentro había un mensaje bastante corto pero conciso. Era todo lo que quería, era todas sus esperanzas.
"Tengo pruebas de que Tristán de Martell está en su casa de campo en Washington ahora mismo. Estoy camino para allá. Venga pronto con todos los hombres que pueda"
Los primeros segundos no pudo creerlo, lo tuvo que releer varias veces. Enzo y Henry lo quedaron mirando en silencio sin entender lo que pasaba. Pronto lo sabrían, pronto todos lo sabrían. Klaus sonrió. Era hora de ir al rescate.
