Bella P.O.V.
Cinco días internada en el hospital. Decir que me moría de aburrimiento era poco. El aburrimiento trae consigo el mal humor, porque como no podía hacer prácticamente nada me aburría y después de mucho pensar me molestaba porque los demás podían ir y venir como les diera la gana y yo no.
¿Y quién pagaba los platos rotos? Muy fácil: Edward Anthony Cullen, ya que era el que más trataba de alegrarme.
El doctor Masen… Evans… él, había ido ese domingo a revisar los resultados de mis exámenes, Edward ya se había ido cuando el doctorcito llegó.
Flashback
Edward besó mi mejilla sana y con una sonrisa salió de la habitación, no sin antes despedirse de Reneé y Charlie.
Estaba molesta con él porque les había dicho a mis padres que anoche había estado llorando porque me dolía todo el cuerpo por lo que mi madre se angustió y comenzó a comportarse como una gallina con polluelos. Casi llama a la enfermera de no ser porque los tres le dijimos que eso había sido ayer que ya no me dolía, bueno eso no era del todo cierto.
La puerta se abrió y solo vi de refilón una cabellera cobriza y muy desordenada.
– ¿Qué se te olvidaron las llaves el Volvo? Que te tragaste el orgullo y volviste ¿O acaso vienes a contarle algo a mi madre? ¡Chismoso! –dije molesta apartando rápidamente la mirada de la puerta.
–No tengo un Volvo señorita Swan, tengo un Audi, mis llaves deben estar en mi casa, y si lo desea un día que vaya para Seattle le llevo a dar un paseo y no me veo como alguien orgulloso. Si, vengo a contarle algo, pero no solo a su madre sino que a los tres. Ahora bien, si usted me considera un chismoso puedo darme la vuelta y hacer como si esta habitación no existiera –dijo el doctor como quien no quiere la cosa.
Me sonrojé de vergüenza, solo esto me pasaba a mí… no, creo que esto le había pasado una vez a Edward. ¡Estúpido Edward!
–Lo siento doctor, pensaba que era mi novio –dije apenada.
– ¿Me parezco tanto a él? creo que puedo sentirme alagado ya que debes estarme quitando unos 30 años, tal vez un poco menos –sonrió aunque esa sonrisa no llegaba a sus ojos– Buenos días señores Swan ¿alguno pasó la noche aquí? ¿No vieron los fantasmas de los pacientes muertos?
–Buenos días doctor. No nos quedamos anoche aquí, se quedó Edward, el novio de Bella –sonrió mamá. Charlie como siempre se mantenía al margen de la situación, es más me sorprendía porque en estos días había estado hablador.
– ¿Qué? ¿Le dijo a tu madre que chillaste cuando viste al señor Morrison atravesar la pared? Porque si lo pones de chismoso… –se burló pero solo para romper el hielo, creo – ¿Cuánto tiempo tienen conociéndose?
–Desde septiembre y al principio era como usted, un odioso y necio de primera –respondí.
– ¿Y tú? ¿Alguna vez fuiste un manguito dulce? ¿O siempre has sido una naranja agria? –Preguntó con una sonrisa– te debe querer mucho.
–En exceso –sonreí.
–Y lo dice enserio doctor, cuando se enteró del accidente de Bella y vio al chico que le estaba enseñando a andar en la moto casi lo mata –dijo Reneé.
– ¡Así que él fue quien hizo semejante alboroto! –Rió el doctor– Las enfermeras dicen que un chico salió por la puerta principal como si se hubiera estrellado contra algo. Yo aposté a que había sido contra la puerta del ascensor así que… yo no diré nada y ustedes tampoco, así mantengo a salvo mis 100 dólares.
Después de eso se enserio y le dijo a mi madre todo lo que había visto en los exámenes, la contusión en la cabeza no había sido muy grande. Se sorprendió por el montón de contusiones viejas que tenia y me aconsejó que evitara los tacones altos porque podía sufrir de vértigo, además, podía caerme y no quería volver a atenderme porque eso significaba que estaba mal o en peligro de muerte.
–Ha sido un gusto conocerlos. Reneé, Charlie, Bella, espero que la pasen bien y que vuelvan a un hospital en mucho tiempo –sonrió– Yo debo tomar un avión así que me despido. Mucha suerte y, Bella, que te mejores.
–Gracias doctor, que tenga buen viaje –sonreí.
Todavía tenía el convencimiento de que esa persona debía ser el hermano de Esme. Había cosas que hacia igual a Esme, al abuelo e incluso a Edward.
Fin flashback.
Cuando Edward volvió a la habitación pude ver que algo le preocupaba. Preguntó por el doctor y cuando le dijimos que ya se había marchado y que ya debía estar en Seattle hizo una mueca de desagrado.
Los chicos iban más que todo en las tardes ya que tenían colegio. Varios de mis compañeros también fueron a verme y a llevarme obsequios de "mejórate pronto". Me sentía el centro de atención. No me gustaba.
El miércoles por la mañana Edward estaba en su casa porque no quería dejar a Esme sola, había estado muy melancólica y sin ánimos de nada, por lo que decidí llamar a Jacob para que viniera a verme y así poder hablar con él. 45 minutos después lo tenía a mi lado.
–Bella, lamento tanto lo que te sucedió –dijo arrepentido– fue mi culpa.
–A menos que hubieras sabido que la moto se aceleraría de pronto yo no veo porque serias el culpable –le sonreí– te pudo haber pasado a ti, a uno de los chicos al que le hubieras prestado la moto, no hay forma de saber.
–Creo que tienes razón –dijo con tristeza– no puedo creer que te haya sucedido esto y menos que lo haya presenciado anonadado. Te juro que me quedé estático como diez segundos antes de ir a socorrerte.
–Si no me lo hubieras dicho, yo ni enterada –le sonreí– y… ¿así que Edward te dio una tunda?
–Me la merecía. Primera vez que lo veo tan furioso –dijo Jacob dejando asomar una pequeña sonrisa.
–Tal vez te la merecías por otras cosas pero no por lo del accidente –le dije– ahora lo que si te voy a decir es que prometí no montarme en una motocicleta en un buen tiempo.
– ¿Y tú crees que te voy a dejar hacerlo? Es más le voy a advertir a los chicos que ni porque te esté cayendo un diluvio encima te dejen subirte a una moto. No quiero terminar con un tiro entre ceja y ceja y un degollamiento.
Reí por esa y sabia que no estaba exagerando. También sabía que si a mí me veían Edward y/o Charlie en una moto terminaría encerrada en un calabozo y yo tampoco exageraba. Charlie ya me había dicho que estaba castigada, todavía no me había dicho en que iba a consistir, pero sabía que tramaba algo grande.
Por otro lado Edward no había dicho nada sobre un castigo una medida exagerada de protección o algo pero algo me decía que, metafóricamente hablando, no me dejaría respirar.
Mamá se había ido cuando Jacob entró alegando que ella no se iba a meter y que no quería presenciar un derramamiento de sangre. Jacob había tragado fuerte cuando escuchó a mi madre.
Estuvimos un rato charlando como no lo hacíamos desde hacía mucho tiempo. En un momento él había ido a comprar su almuerzo y cuando llevaron el mío comimos juntos. No nos habíamos percatado de la hora hasta que la puerta se abrió y vimos a Edward cuya sonrisa se desvaneció al ver a Jacob y esta pasó a ser una mueca furiosa.
– ¿Qué haces aquí? –gruño Edward entre dientes.
–Yo lo llamé –lo enfrenté. Luego agregué con cariño– Edward, cálmate...
–Fuera de aquí, Jacob. No te quiero ver cerca de Bella nunca mas ¿Me entiendes? –dijo con lentitud estaba furioso.
–Edward, deja de echarle la culpa a Jacob ¿sí? Es mi culpa, fui yo quien le pidió que me enseñara a conducir una motocicleta –dije, pero no había forma de hacer entrar a Edward en razón– Jacob, por favor vete. Después hablamos.
–Claro Bella, te llamaré –dijo Jacob en un intento de sonrisa.
No era lo que yo quería o tenía planeado pero siempre podía pasearme por La Push.
–Adiós Jake –me despedí.
–Adiós Bells, cuídate –se despidió Jacob y con vacilación besó mi mejilla.
Edward tenía los puños apretados y los nudillos blancos por la presión. Jacob pasó por su lado con Edward siguiéndolo con la mirada, cuando Jacob salió mi novio dio unos pasos hasta acercarse a mi cama.
–No quiero que ese perro se te acerque a menos de un kilometro de distancia –dijo aun con los dientes apretados.
–Pues el hecho no es que tú quieras sino de lo que yo quiera –dije con firmeza, Edward estaba exagerando– Si yo quiero ver a mi amigo lo veré y si vas a ser uno de esos novios celosos que no pueden ver salir a su novia con un amigo pues tienes dos opciones: o te comportas o te vas porque seguiré viendo a Jacob las veces que me den la gana, así como tú puedes ver a Mary o Victoria las veces que te venga en gana.
–Ellas tienen novio y Jacob no –dijo con ojos entrecerrados.
–Y tú estás haciendo un berrinche por una tontería –dije alzando una ceja.
– ¿Un berrinche, Isabella? –Eran contadísimas las veces que me decía así y por lo general era por algo bueno, pero esta vez…– ¿Por una tontería? ¿Es una tontería que no quiera ver cerca de ti al estúpido que hizo que te ingresaran aquí? ¿Es una tontería que el perro ese venga después de todo lo que te causó?
–Sí, es una tontería porque para empezar no fue su culpa que yo tuviera el accidente porque sin darme cuenta aceleré la motocicleta, además, fui yo quien lo invitó a que se pasara por aquí –dije con frialdad– y es una tontería porque tú estás exagerando con tu reacción. Eres un tonto, un estúpido por reaccionar así. Y no te permito que nombres a mi amigo de forma tan despectiva, porque mira que yo también tengo lengua y puedo ponerte a ti mil veces peores que los que tú le dices a Jacob.
Su mandíbula tembló y sin decir una palabra más salió de la habitación azotando la puerta.
¡Oh, Isabella, metiste la pata hasta el fondo!
Ok, debí dejar que se calmara y decirle las cosas de otra manera.
Piénsalo de esta manera, Bella: desde que Edward y Jacob se conocieron han tenido roces, bajos y más bajos. Edward confiaba en Jacob lo que Rosalie tenía de fea, es decir, nula, inexistente, por lo que es válido pensar que Edward pensaba que Jacob lo había hecho todo apropósito.
Edward me amaba por lo que su rabia iba dirigida a cualquier cosa que me hiciera daño…
–Bella… ¿Por qué Edward está allá afuera con cara de pocos amigos? –preguntó mi madre sacándome de mis pensamientos.
– ¿Cómo que allá afuera? –pregunté extrañada.
–En el pasillo –dijo Reneé mientras dejaba unas bolsas en una mesa.
– ¿No se fue? –pregunté sorprendida.
– ¿Ah? No, está sentado allí en el pasillo de brazos cruzados y, por su cara, molesto –dijo mamá– ¿Qué pasó? ¿Se encontró con Jacob? ¿Corrió sangre?
–Mamá… –le reproché, suspiré– ¿Puedes decirle que deje su estúpido orgullo de un lado y que entre?
Con una sonrisa salió de la habitación mientras yo bajaba de la cama para ir al baño. Cuando salí Reneé estaba sentaba en el sofá, sola.
– ¿y Edward?
–Se negó a entrar –dijo Reneé encogiéndose de hombros.
Decidida abrí la puerta de la habitación para encontrarlo frente a mí, había estado escuchando con la oreja pegada a la puerta y me asombré de que, a pesar de estar haciendo esta acción, no me hubiera escuchado. Se quedó tieso en su sitio y yo aproveché de besar su mejilla.
–Ven tontito, no seas cascarrabias y entra de una vez –dije halándolo con mi mano buena, aunque claro tampoco podía hacer mucha fuerza porque tenía la vía intravenosa allí.
Mi impertinente pero amado novio se dejó llevar hasta el sofá donde nos sentamos junto a mamá. Le sonreí para dejarle en claro que todo estaba bien y vi a mi madre muy divertida por la situación.
–Ahora dime, querido, ¿Por qué te pusiste así? ¿Por celos o qué? –lo encaré.
Me recargué de él y enseguida comenzó a acariciar mis cabellos.
–Por todo: por celos, por rabia, preocupación, egoísmo, perturbación, por amor… –dijo– Bella, entiéndeme, Jacob para mí siempre ha sido mi enemigo…
–Lo sé –lo interrumpí– No debí haberme molestado, tú me amas y solo quieres lo mejor para mí. Pero no me voy a disculpar porque mucho de lo que dije es cierto.
–Lo sé, además, soy yo quien debe disculparse –dijo arrepentido– lo siento Bella.
–Mucho mejor –dije alzándome lo que mis adoloridos músculos me dejaron y lo besé con una sonrisa en mis labios.
–Y como siempre nadie me escucha –se quejó Reneé.
– ¿Por qué lo dices mamá? –pregunté confundida.
–Por nada –dijo una sonrisa– solo era para que se acordaran de mí.
Me recosté de ella y a Edward de mí con cuidado de no lastimarme, por detrás de nosotras pasó un brazo y nos apretó a modo de abrazo. Mi madre hizo lo mismo y al final quedé atrapada en un gran abrazo.
–Me aplastan –me quejé en broma. Al parecer Edward no la entendió porque hizo ademan de quitarse pero mamá consiguió agarrarlo para que no me soltara.
Edward se excuso diciendo que debía salir un momento, no me quiso decir para donde iría. En su ausencia mamá y yo vimos televisión y también charlamos.
Mi novio se apareció al rato con una bolsa llena de frutas: manzanas, naranjas, peras, uvas, fresas, duraznos…
–Edward ¿compraste la frutería entera? –se rió mamá.
–Más o menos –rió Edward un poco avergonzado.
Metió todo a la neverita y dejó afuera las fresas junto a un frasco de chocolate para untar (n/a: la marca más conocida aquí es la Nutella, es espesa pero se deja untar en el pan o lo que sea. Amo la Nutella). Se sentó a mi lado y me pasó las fresas mientras el destapaba el frasco. Tomé una fresa y la metí en el chocolate para luego darle un mordisco. ¡Qué delicia!
Comimos hasta acabarnos las fresas. Pasamos una tarde muy agradable.
Edward P.O.V.
Dos meses después.
Bella y yo estábamos en nuestro prado, estaba maravillosamente soleado y estaba todo cubierto de pequeñas flores de colores, muy distintas a las que había cortado para llevarle a Bella.
Mirábamos las pocas nubes acostados en el pasto tomados de la mano.
–Que paz –susurró Bella a mi lado.
–Si… –suspiré– Bella ¿recuerdas lo que te dije antes de irme a New York en enero?
–Sí, lo recuerdo ¿Por qué? ¿Me vas a pedir matrimonio? –preguntó a modo de broma.
Me senté al instante y la miré ceñudo.
–Tú sí que sabes matar los momentos de los demás –dije un poco molesto.
– ¡Edward! Yo… perdón pensaba que era otra cosa…
– ¿Cómo iba a ser otra cosa si no hablamos de otra cosa en el aeropuerto? –protesté.
–Lo siento, lo siento, perdóname ¿sí? –pidió.
Tomé airé profundamente y saqué una pequeña bolsa de terciopelo verde oscuro.
–Bella, sabes que lo eres todo para mí ¿verdad? –dije e inconscientemente comencé a sentirme nervioso.
–Como no saberlo –dijo Bella rodando los ojos.
– ¡Bella! –Le reprendí, ella solo se rió nerviosa y me miró disculpándose– ya qué, no es como tal una proposición de matrimonio, es solo un detalle para que recuerdes que un día, espero no muy lejano, te pediré matrimonio.
Saqué un pequeño dije con forma de dos anillos entrelazados. Tomé su mano con delicadeza y puse el dije en su lugar, junto a las cajitas de regalo, La nota musical, La flor, El corazón, El bastón de caramelo, Las mascaras de teatro, el símbolo de medicina (regalo de cuando salió del hospital). Ella lo miró con detenimiento.
–No tiene la fecha de hoy –dijo– es para septiembre de dentro de tres años ¿Por qué?
–Porque para esa fecha es la del día cuando te propondré matrimonio si aun seguimos juntos. Recuerda esto, Bella, si seguimos juntos ese día y no te sientes preparada dímelo apenas te levantes, apenas des cuenta de que no lo estas. Yo esperaré de ser necesario o lo que sea. Pero si lo estas, si de verdad estas preparada… no anticipes la cosa por favor –dije mirándola a los ojos.
–Pero ya sabrías mi respuesta –sonrió.
–No porque… ¿Qué tal si te arrepientes cuando te haga la pregunta? –pregunté.
–Ah, bueno, tienes razón –sonrió– te amo Edward Cullen. Dentro de tres años te despertaré con un "sí, sí quiero".
–Bella… –dije con cansancio.
Ella solo me besó, podía sentir una sonrisa en sus hermosos y deliciosos labios.
De regreso a la casa íbamos tomados de la mano. Comentábamos algo de colegio, o universidad en mi caso, o simplemente algo que se nos pasara por la cabeza.
Salimos del bosque y fuimos derecho hasta la puerta de la cocina. Dentro podíamos oír un escándalo. Preocupados fuimos rápidamente hasta la puerta de la entrada y allí vimos a mi madre abrazada a… ¿al doctor?
–Yo sabía, yo sabía que eras tú –lloraba mi madre mientras el doctor la abrazaba, su cabeza apoyada en el hombro de ella.
–Esme, hermana –decía la voz amortiguada del doctor.
Bella y yo nos miramos perplejos y fue entonces cuando vi a papá y a mis hermanos observando la escena igual de perturbados que nosotros.
Mamá hizo pasar al doctor a la sala con nosotros pisándoles los talones. Nos acomodamos en los sofás.
–Todo este tiempo he estado soñando y recordándolo todo. A ti, a papá, al mocoso –dijo el doctor y al decir lo último me miró con burla. Ya verá…– a Carlisle, a Emmett. También el accidente… todo mi pasado.
–Oh Robert, no entendía porque no me habías reconocido en el hospital y eso me tenía muy mal –lloró mi madre.
–Sufrí de amnesia, tuve que estudiar de nuevo medicina y yo decía "oye, soy bueno para la medicina, no tengo que estar matándome como mis compañeros, estudiando, y salgo bien" –rió– ¿Por qué demonios recordaba todo lo de medicina y a ustedes no? Odio ser el enfermo.
–Pero… ¿qué fue lo que te pasó?
–Cuando caímos al agua y yo salí disparado del auto. Lo último que recuerdo es haberme golpeado la cabeza con algo pero más nada hasta que abrí los ojos un mes después en el hospital –contó Robert– luego de eso estuve en distintas terapias y lo único que recordé fue que me llamaba Robert. Me hice amigo de una doctora, Susan. Terminé adoptando su apellido y viviendo en su casa en Port Ángeles. Luego pasé todos estos años yendo y viniendo de Port Ángeles a Seattle y viceversa. Me gradué, hice postgrado y comencé a trabajar en Seattle pero voy a Port Ángeles a prestar mis servicios. Algo en esa pequeña cuidad me llamaba pero siempre pensaba que era por Susan. Por cierto Alice no es bueno fiarse de lo que se ve a veces.
Mi hermana asintió seria pero los demás no entendimos que quiso decir con eso.
–Entonces fue una suerte que no nos mudáramos –sonrió papá.
–Ya los encontraría –sonrió Robert con picardía– Carlisle, hermano. De verdad es un gusto verte.
Con estas palabras los dos se levantaron y se abrazaron con fuerza. Una vez se separaron me miró a mí y sonrió.
–Sabes que eres mi ahijado ¿verdad? –Yo asentí, la verdad, un poco asustado– con eso me conformo. Pero me debes unos cuantos golpes por todas las veces que me golpeaste con el cassette cuando eras pequeño.
– ¿Y yo qué? ¿Estoy pintado? A mamá la abrazas le dices todo un discurso, a papá un abrazo, a Alice algo que creo nadie entendió, a Edward ya le prometiste una paliza ¿y yo qué? ¿Ni siquiera una patada por el trasero? –peleó Emmett como un niño.
–Mmm… no, tú eras el hijito de tu madre así que no me encariñe mucho contigo –bromeó Robert– Ven acá, Emmett, también es un gusto verte.
Mas abrazos de parte de Robert mientras que Bella y yo seguíamos tomados de la mano viendo todo lo que se desarrollaba a nuestro alrededor.
– ¡Bella! Traje mi Audi, si quieres damos una vuelta y te lo muestro –dijo Robert seguido e una carcajada al ver el rostro de Bella todo sonrojado.
¿Acaso me perdí de algo? Genial, otro detalle que ignoro.
hi!
penultimo capitulo. ya se me salen las lagrimas de los ojos.
que les parecio el capitulo? no se ustedes pero yo amo a mi Robert (esté es mio, ya que no puedo tener a Robert Pattinson me quedare con este).
muchisimas gracias a: georginiuxa, abby, janalez, yolabertay, marielithacullen, mentxu masen cullen y wen liss por sus reviews
tambien a writerscompulsive por corregir el capitulo.
estuve pensando en hacer un outtake a decision de ustedes con lo que ustedes creen que quedo fuera. como un regalo de mí para ustedes.
sin mas que decir me despido, saludos, cuidense y nos leemos pronto en ultimo capitulo de esta historia que al igual que ustedes no quiero que termine.
les quiere
jnnfrmrz XD
