Advertencias

Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen

La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.

NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.

No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de los juegos u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide en puntos con los de los primeros juegos, pero sólo será en parte, otras cosas serán inventadas y no coincidirán.

Capítulo 51

El suave trote de los caballos resonaban mientras el anochecer se cernía sobre Atenas, empezando a sumir a la ciudad en la oscuridad a horas tempranas, tal y como sucedía en los días próximos al invierno.

Yusuf y Ezio se mantenían en silencio mientras dejaban atrás la ciudadela antigua, apostada en las alturas de la vetusta ciudad.

El primer contacto con la Acrópolis los había dejado sorprendidos por la amplitud del recinto, y los regios restos de los monumentos que aún continuaban en pie, a pesar de los siglos transcurridos.

Ambos hombres se habían limitado a pasearse por el recinto amurallado a horas en que estaba desierto de los pocos aldeanos y curiosos que se adentraban en él, tratando de averiguar a primera vista cuál debía ser el templo del que hablaba el texto de Pericles, tarea compleja ante un primer y único vistazo a las ruinas.

Los dos asesinos habían llegado a la ciudad griega el día anterior, refugiándose en casa de un miembro de la hermandad, Arístides, al que Yusuf conocía de hacía tiempo, gracias a la madre de Nuray.

Cuando la noche hubo caído, la pareja llegó a la casa baja apartada del núcleo urbano de Atenas donde vivía el griego. Tras guardar los caballos en el pequeño establo de su anfitrión, se encaminaron a la entrada.

Tras unos breves instantes de espera, la puerta de madera se abrió dando paso a un hombre alto de cabello rizado oscuro, y ojos verdosos, quien se apartó para dejarlos pasar.

-¿Habéis encontrado rastro de algún templario? –Preguntó Arístides tras cerrar, observando a los hombres deshacerse de las gruesas capas que llevaban y los ocultaban.

-Todo parece estar muy tranquilo, aunque hemos visto a un hombre a caballo por allí que parecía seguirnos, pero después nos hemos dado cuenta de que no era así. –Agregó Yusuf.

-He estado paseándome por la ciudad hoy, y nadie sabe que estáis aquí. Los templarios no tienen idea de lo que esconde la Acrópolis de momento. Tendremos que darnos prisa antes de que espabilen, y no deberían si como decís tienen en su poder ese texto.

Ezio y Yusuf sonrieron ante la broma del griego, sentándose entorno a la mesa rectangular de la estancia principal. Arístides les sirvió vino, sentándose junto a ellos mientras hablaba.

-He escondido el artefacto en el lugar que os mostré, en el fondo falso del techo del establo. Nadie sospecha de mi condición de asesino, se supone que sólo soy un campesino.

-Bien –musitó Ezio, bebiendo después de su copa, hablando después-. ¿Qué tal la búsqueda de alguien que conozca ese lugar para ayudarnos a descubrir cuál es el templo correcto?

-La verdad es que nadie va a ese sitio ni se ha dedicado a estudiar su pasado, pero por suerte conozco a alguien que puede ayudarnos. He quedado aquí con ella. Quizás tú la conozcas, Yusuf. Es Raissa, la hermana de Adara.

Ezio alzó la vista de su vaso en el momento en el cual escuchó el nombre de la madre de Nuray, abstrayéndose de la conversación que mantenían Yusuf y Arístides sobre las hermanas Zisis.

El silencio se hizo en el instante en que el sonido de alguien llamar a la puerta los distrajo. El griego se levantó veloz para abrir la puerta a la hermana de Adara, mientras los dos asesinos se levantaban unos instantes después de sus asientos.

-Raissa, ¿cómo estás? ¿Te han seguido? –Preguntó el hombre tras saludarla y cerrar la puerta, besando a la mujer en la mejilla cuando esta se quitó la capucha que cubría su rostro.

Ezio se sorprendió ante el parecido con la madre de Nuray. La mujer debía tener semejante edad a su difunta hermana, pero sus ojos verdes claros, cabello castaño y ondulado eran muy parecidos. El italiano pudo apreciar que aquella mujer era más baja y delgada de lo que lo era Adara, y su voz más aguda en cuanto la escuchó hablar.

-Tranquilo, las calles están desiertas. ¿Qué tal, Yusuf? –Preguntó con una sonrisa cortés al ver al turco, quien se acercó para abrazarla.

-No sabría si te acordarías de mí. Hace muchos años que nos conocimos. Este es Ezio Auditore, miembro de la hermandad.

-Encantado de conocerla, siento mucho su pérdida. –Comentó el italiano, estrechando la mano de la mujer.

-Gracias. Ojalá hubiera podido despedirme de ella. Pero no hablemos de esas cosas ahora. He traído lo que me pediste. –Agregó mirando al griego, sacando de su capa un papel doblado en cuatro, que pasó a desplegar. -Es un mapa de la Acrópolis para que podáis guiaros y encontrar el templo que deber ser el que buscáis.

Los hombres observaron marcado con una pequeña cruz un rectángulo en la parte inferior central, mientras la castaña volvía a hablar.

-Ese templo es el más grande y espléndido de todos. Por lo que sé que cuentan sus relieves está consagrado a Atenea. Tiene que ser el que buscáis.

-¿Alguna vez has entrado? –Preguntó Ezio, mirándola.

-No. Hace muchos años que nadie entra. Fue un tiempo una iglesia cristiana, pero tras un derrumbamiento que mató a varios fieles se abandonó por miedo a que Dios se hubiera ofendido por ser un templo pagano, ya sabéis cómo son esas cosas. No sé en que estado os lo encontraréis.

-Así será mucho mejor, sin nadie rondando que moleste. –Intervino Yusuf mientras volvían a plegar el mapa, y lo depositaban sobre la mesa del salón.

-Raissa ha dedicado gran parte de su vida al estudio de ese lugar, podéis estar seguros de que ha dado en el clavo. Le encantan las cosas rotas y polvorientas.

-Es parte de nuestra historia, deberíamos conocerlo y cuidarlo. –Agregó de inmediato la mujer tras la broma de Arístides. -Ahora debo marcharme, si necesitáis ayuda ya sabéis cómo encontrarme. Por cierto –dijo rebuscando dentro de su capa, sacando un sobre algo arrugado-, mi sobrina me ha enviado esta carta para ti, Yusuf. Que tengáis buena noche.

Tras una leve sonrisa, la mujer volvió a cubrirse el rostro para dirigirse a la puerta junto con Arístides, quien anunció que acompañaría a la mujer a su hogar y volvería a pasearse por el pueblo, dejando solos a los dos asesinos.

Yusuf observó de soslayo como Ezio se sentaba de nuevo, bebiendo de golpe el vino que le quedaba en el vaso de cerámica. Sabía que estaría deseando saber qué contenía la carta, y aunque él sentía lo mismo, el miedo por descubrir los pensamientos de su amiga lo hacían vacilar al abrirla. No obstante y tras un silenciosos suspiro, el turco rompió el lacre para leer la breve carta de Nuray.

"Yusuf, siento mucho haberme ido de ese modo, sin apenas despedirme de ti ni darte información. Estaba demasiado conmocionada como para prestar atención a algo más. Espero que me perdones por ello, sé que te he preocupado.

Estoy en Venecia con Luigi, intentando saber qué motivos ocultos tienen los templarios para atacar la ciudad y tantas otras de repente. Supongo que estaré en Italia por un tiempo, pero espero regresar a casa pronto.

Sé que te lo estarás preguntando, y mentirte o callar sería absurdo, así que allá va: Sí, amigo, estoy jodida y no sé ni por dónde empezar a enumerar. Alejarme de Ezio es una decisión sabía, y tenía que haberlo hecho antes para haber evitado todo este desastre que ahora me tiene cada noche en vilo. Ese hombre me cambió enormemente, tanto que olvidé mi deber y mis principios. Aún no sé cómo pude descuidarme tanto y quedarme embarazada. Odio todo esto, odio que haya ocurrido, Yusuf; No sé cómo explicarte lo que siento ahora mismo... Ojalá nunca hubiera conocido a Ezio, ojalá pudiera volver a atrás.

Nuray."

El turco alzó los ojos del papel despacio, tragando el nudo que se había formado en su garganta ante aquellas palabras. De pronto, la voz de Auditore le sacó de sus pensamientos mientras doblaba la carta.

-¿Está bien?

-Sí, está bien. –Dijo de forma escueta, tratando de sonar despreocupado.

-¿Cómo van las cosas por tu ciudad, han atacado allí también?

-Nuray no está allí. –Murmuró lentamente el turco, haciendo que Ezio posara sus ojos en él al instante.

-¿Y dónde está?, ¿pasa algo?

-Está en Venecia. Con Luigi.

Yusuf vio cambiar la expresión de Ezio al instante. Sus ojos cargados de sorpresa y un deje de angustia no se apartaron del hombre mientras se aproximaba ágil hasta él con paso brusco.

-Déjame ver esa carta. –Exigió con algo de enfado, tratando de quitársela al turco.

-No es buena idea, trata de olvidar...

Yusuf no pudo acabar la frase cuando el italiano le arrebató el papel de un manotazo, leyendo con avidez. La mandíbula de Ezio se apretó cuando llegó a las palabras finales, esperando unos segundos para asimilar lo que acababa de leer y rasgaba su interior.

-Saldremos al amanecer hacia ese templo mañana. Buenas noches. –Susurró de forma apagada mientras avanzaba hacia el pasillo de la casa, apretando la carta contra el pecho de Yusuf al pasar a su lado para entregársela.

El turco no dijo nada, suspirando mientras volvía a releer las últimas frases, sintiendo una terrible e impotencia por no poder ayudar a su amigo.

Gracias a todo el que lea! y gracias Arwiiin por tus comentarios, espero que siga gustándote tanto porque aún le queda viaje a esta historia!