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EN LA ESTACIÓN DE LA CALLE BAKER, ME SENTÉ Y LLORÉ.

Autor: Deco


CAPÍTULO 50: "ALGUIEN VA A SER OPRIMIDO"

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En el cual Petunia y Sholto hacen un juramento uno al otro, y todos sabemos como eso casi siempre resulta.

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Petunia estaba deambulando en el bosque. Estaba oscuro, y no sabía donde estaba ni como había llegado hasta aquí. ¿El Bosque Prohibido? Suponía que si, pero los arboles estaban muy espaciados en vez de estar juntos, sin llegar a cubrir el cielo. La luna llena a tres cuartos y brillaba iluminando las copas de los arboles. A nivel de suelo había una neblina, sin embargo, que le llegaba hasta los hombros. A veces, sentía como si estuviera nadando en ella, una imagen mental inquietante ya que no conseguía ver debajo de la superficie.

Su cabeza le dolía, y su mano estaba sangrando. La sacudió, y a la luz de la luna vio como salían volando una gotas oscuras. ¿Dónde estaba? Hubo un ruido detrás de ella, y se volteó para ver a dos niños, un niño y una niña, sentados en las ramas bajas de un árbol cercano, mirándola fijamente.

Ellos eran anormalmente pálidos, y sus ojos le parecieron extraños. ¿Están muertos, no es así? ¿Porque si no estarían sentados en ese árbol?

El niño, un adolescente, se rio―. ¿Por qué lo piensas? Estamos esperándote ―la niña, quien ella juzgaba como de diez años, tenía una mejilla abultada.

Petunia se preguntó si alguien la habría golpeado y estaba hinchada. Después se dio cuenta que ella estaba comiendo un dulce. Entonces son Catón y Cressida.

―Correcto ―dijo el chico.

Él no se ve muy distinto a Harry, aunque más alto, aunque no usa gafas, y sus ojos son oscuros―. ¿Dónde esta Cicerón? ―preguntó Petunia.

La calma del chico desapareció―. ¡Él no esta aquí! ¡Porque no mantuve mi promesa!

―Estúpida promesa ―dijo Cressida, balanceando las piernas―. Nunca debes sobrestimar tus propias habilidades, Catón. Ya te lo he dicho antes.

―Yo le prometí un funeral vikingo ―dijo el niño, dándole una mirada desconsolada―. Con Voldemort como plato principal. ¡Y yo no cumplí mi promesa! ¿Y tu sabes lo que le sucede a quien no cumple sus promesas, no es así?

―Sí ―dijo Petunia. En cualquier caso, sabía lo que sucedía a los que no cumplían un Juramento Inquebrantable.

―Quiero verlo de nuevo ―dijo Catón―, pero no lo haré. No puedo hasta que se cumpla la promesa.

―No me importa si no lo veo de nuevo ―dijo Cressida con franqueza―. Tu estarías todo el tiempo con él, como antes, y no me harías caso.

―¡Cállate! ―siseó el chico―. ¡Cállate! ¡Yo le fallé! No es justo... no es justo... no es justo... ―su voz fue desvaneciéndose en la distancia.

La niebla se transformó en un rio y Petunia fue arrastrada por la corriente.

Ella yacía de espaldas en una balsa o algo parecido. No podía moverse por mucho que quisiera hacerlo. El agua subía más y comenzó a subir sobre la balsa, hasta sobrepasarla. Petunia se dio cuenta que se estaba ahogando, el agua llenaba su nariz y su boca y no conseguía respirar...

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Ambos pares de cortinas de su cama de cuatro postes estaban cerradas, algo raro en ella, se sentía acalorada y ahogada. Se sentó y abrió las cortinas de un tirón. Miró al pie de su cama donde Algy había emplazado la cama de gran danés que ella le había regalado para Navidad arriba del diván, y estaba ocupándola. Su mentón estaba apoyado en el pie de la cama de cuatro postes y la estaba mirando.

Nesta saltó delicadamente sobre la cama y se recostó apoyando sus garras cruzadas de una forma muy refinada―. ¿Qué pasa, Petunia? ―preguntó suavemente.

―Tengo mucho calor ―murmuró Petunia, bajando las piernas de la cama y secándose la frente con el dorso de la mano.

―Tenias una pesadilla ―la corrigió Algy―. Pudimos oírte.

Petunia estaba transpirando, y ahora se sintió helada y tiritó―. Algy, ¿por qué Cressida envió a Sholto a las Hébridas?

En la mansión, Sholto había terminado durmiendo en el cuarto de los chicos, para su mortificación. Petunia ya sabía que a los dragones les disgustaba dormir solos, pero su hospitalidad no se extendía a invitarlo a su habitación; además del hecho que tanto Algy como Nesta lo habían prohibido en términos claros. Él nació para ser un exiliado en todas partes donde va, y nunca parece comprender la razón.

A pesar de aceptar su cambio de tema, pareció no querer contestar, pero por suerte Nesta también sentía curiosidad―. Sí, ¿por qué? ―preguntó, rascándose con mucha elegancia.

Ella puede verse grácil incluso realizando las tareas más mundanas. Es de lo más inútil, pero igual un don fundamental.

―Pienso que ella podría haberse quedado con ambos, a pesar de que él es difícil. Pero él quiso en cambio que ella escogiera entre nosotros dos ―dijo Algy―. Él pensó que ella lo escogería a él. Después de todo, él es más viejo y más grande que yo. Y más listo, como siempre dice, constantemente.

―Pero él no fue criado para ser su familiar, ¿no es así? ―señaló Petunia.

―No. Pero tampoco fue criado en realidad para ser el de Catón ―dijo Algy―. A pesar de que Catón lo aceptó después de que el experimento con los Hébridos Negros no tuvo éxito. Sholto lo divertía, decía, y no le importaba su forma de ser.

―¿Y Sholto se comportaba mejor con Catón? ―preguntó Petunia con curiosidad.

―Sholto es Sholto ―dijo Algy con resignación―. Él nunca se ha portado bien con nadie. Esta en su naturaleza. Él es 'thrawn', ya lo sabes.

―Sí, lo sé. No puedo evitar saberlo, ya que la gente me lo sigue repitiendo, una y otra vez ―dijo Petunia con exasperación. Ante la mirada herida de Algy, ella moderó su tono―. ¿Cómo tomó que Cressida te escogiera a ti? ―preguntó, aunque ya podía imaginárselo.

―Estaba sorprendido ―dijo Algy―. Él pensó que ella no podía dejar de escogerlo; nunca se le ocurrió que no fuera así.

―¿Qué causó esta diferencia? ―preguntó Nesta con interés.

Algy dijo―. Él se burlaba de ella porque le gustaba vestirse de forma fantasiosa y jugar juegos. Decía que eso estaba por debajo de ella, y que ella debería dejar de hacer esa clase de cosas para estar al nivel de él si él llegaba a ser su familiar. Decía que él la educaría para hacer de ella una bruja poderosa y de influencia. Como si él fuera a hacerle un favor, o algo parecido, en vez de ser a la inversa ―él meneó la cabeza―. Eso no fue inteligente. O tal vez debería decir que no fue lo bastante listo para ver que ella ya era una bruja poderosa, aunque ella no encajara en su definición de una.

Petunia sonrió―. ¿Debo tomar como eso que tu no tenías objeción a que ella se disfrazara y jugara juegos?

―No diría precisamente eso ―dijo Algy―. A ella le gustaba disfrazarme a mi también, y no puedo decir que lo disfrutara mucho. Pero si eso la hacia feliz, ¿por qué no?

Por qué no, en realidad. Los dos dragones tenían ideas muy diferentes acerca de como agasajar a su bruja, y no me sorprende que Algy haya ganado.

―¿Disfrazarse? ―preguntó Nesta―. ¿De qué?

―De cualquier cosa ―dijo Algy, suspirando―. Sholto solía reírse y burlarse de mi por ello. Pero yo me quedé, y él no.

―¿Tenia ella algunas joyas? ―inquirió Nesta con esperanza.

―Oh, sí ―dijo Nesta―. No eran de verdad, por supuesto. Bisutería y joyas falsas en su mayoría. Las reales están en una bóveda en Gringotts. Al final ella heredó todo lo de su madre, pero a ella no le gustaban mucho, ni quería usarlas. Demasiado aburridas, decía.

Tengo la impresión de que Cressida no tenía un umbral muy alto para aburrirse.

Nesta miró sus collares de modo satisfecho. Dormía con ellos puestos cada noche, para prevenir robos, según decía, aunque Petunia sospechaba que simplemente no podía soportar separarse de ellos ni por un momento. Ellos era de verdad, pero no estaba sobre ella el querer tener un poco más de brillo, de haber algo disponible.

―¿Puedo ver las joyas? ―preguntó ella.

Algy miró interrogante a Petunia, esta era su entrada. Se suponía que ella señalara que estaba a punto de amanecer afuera, y que eso era poco práctico e innecesario, y que Nesta no necesitaba más joyas en cualquier caso. Se suponía que ella fuera la sensata. La que echa agua helada sobre todo.

En cambio dijo, para obvia mortificación de Algy―. Muy bien, Nesta. Vayamos a ver.

De hecho, Petunia estaba dispuesta a hacer cualquier cosa que no significara volver a dormir y encarar un reinicio de la pesadilla aterradora. Su corazón todavía estaba acelerado y la idea de una distracción le atraía. A Algy le dijo―: ¿Cuál era el cuarto de Cressida? ¿era este?

Algy meneó la cabeza―. Ella nunca se cambió a este cuarto, a pesar de que es el dormitorio más grande de la casa. Ella se quedó en el dormitorio que tenía de niña. Decía que se sentía cómoda allí.

―¿Es uno de los cuartos sellados? ―le preguntó Petunia. Cuando ella se mudó a la Mansión, descubrió que unos cuantos cuartos estaban sellados mágicamente. En ese entonces no tenía mucha experiencia con la magia, especialmente ese tipo de magia física, y no pudo romperla. Para su sorpresa, Pompeyo tampoco pudo.

―Sí ―dijo Algy―. Es el que esta al final del pasillo, a la derecha.

Petunia sacó su bata y se calzó las zapatillas, y con un rápido Lumos, dirigió la partida. De paso le preguntó a Algy si sabía como remover el sello.

Algy fue evasivo―. Podría ser.

De hecho, al llegar a la puerta lo hizo. Petunia no reconoció las palabras. No es inglés, ni latín. Quizás sea galés, pero pienso que es una versión arcaica, o gaélico.

La puerta se entreabrió con un rechinido y Petunia la empujó para abrirla. El dormitorio estaba oscuro, con las cortinas y postigos cerrados, se sentía casi insoportablemente encerrada y mohosa. Petunia usó su varita para abrir las ventanas. Lo hicieron un ruido molesto al hacerlo, como si lo hicieran por primera vez en muchos años. Entró una corriente de aire frio al cuarto que fue un alivio.

Una vez que pudo ver el dormitorio con claridad, Petunia parpadeó ante la explosión rosa: claramente el color favorito de Cressida. Las murallas, alfombra, ropa de cama, las cortinas, casi todo era rosa. A pesar de que Petunia recordaba a Cressida como una dama muy anciana, esta parecía la habitación de una niña, con los muebles pintados de blanco.

―¿Quién selló el dormitorio, Algy? ―inquirió Petunia―. No fue Pompeyo; él no pudo abrirla.

―No estoy seguro ―contestó Algy, removiéndose de la forma que hacia cuando estaba agitado.

Lo que quiere decir que lo hiciste tu, creo. Yo no sabía que los dragones pudieran efectuar magia. Esto esta probando ser educativo.

Petunia no siguió con esto, ya que Nesta estaba ocupada revisando los armarios, cajones, y finalmente una cómoda. Algy esta visiblemente alterado por esto, y hasta Petunia empezó a sentir que estaban fisgoneando. Estaba a punto de intervenir, cuando Nesta dio un grito de alegría.

Ella se apartó de un cajonera sosteniendo un collar de bisutería iridiscente, del tipo que fue popular años atrás; la madre de Petunia había tenido uno, según recordaba, color café y dorado, y Lily y ella se lo probaban a turnos junto con un broche y aretes y juego cuando eran pequeñas. Ellas lo consideraban entonces lo máximo de la elegancia, pero al ver ahora uno similar se daba cuenta que se veía muy falso y llamativo. Tales consideraciones no parecieron molestar a Nesta mientras se lo colocaba feliz alrededor de su cuello. Combinado con las joyas que llevaba puestas, daban una impresión considerable.

―Es muy... brillante ―dijo Petunia.

―¡Quítate eso! ―gritó Algy.

―¿Por qué? ―le preguntó Nesta―. ¿No te gusta?

―¡Eso no es tuyo, miserable ratera!

Como Algy solía consentir a Nesta como todo el resto, y hasta más, este estallido era muy poco característico de él, y le indicó a Petunia lo molesto que estaba. Con gentileza retiró el collar del cuello de Nesta y lo guardó.

Nesta no estaba acostumbrada a la desaprobación, y como resultado dejó caer grandes lágrimas cristalinas con delicados sollozos; ella lloraba tan elegantemente como hacia todo lo demás, escondiendo el hocico entre las garras, aunque Petunia notó que tenía un gran ojo dorado abierto para catalogar la reacción ante su desgracia.

Algy la ignoró. Pero Petunia puso un brazo alrededor de la joven dragona y dijo―. Nesta, debes comprender que esos objetos una vez pertenecieron a alguien a quien Algy tenía mucho cariño. Él se ofendió cuando jugaste con ellos como si fueran juguetes.

―¡No estoy jugando! ―gritó Nesta.

Probablemente no; la pedrería era un asunto serio para ella. Lástima que los goblins la trataran tan vilmente, se hubieran llevado bien a la larga mucho más de lo que pensaban.

Petunia buscó un diario en la habitación, pero un regalo tal era demasiado que esperar. En cualquier caso, ellos no encontraron nada de esa naturaleza, aunque confiscaron un portafolio lleno de dibujos hechos por Cressida para estudiarlos más tarde.

Sin embargo, en este punto ellos descubrieron que uno de los roperos más grandes estaba lleno de disfraces llenos de brillos, de varios tamaños, que hicieron que Nesta jadeara de deleite.

Algy, sin embargo, fue inflexible―. ¡No vas a ponerte nada de eso! ―le dijo con severidad a Nesta.

Ella hizo pucheros, pero como Petunia, presintió que Algy se había quedado sin paciencia y no era para tomar a la ligera. Ella se apartó con renuencia de los disfraces, y aunque ella suspiró cuando Algy cerró las puertas del ropero no dijo nada más.

~oOo~

Después de desayunar, Petunia consultó con el señor Crouch acerca del Juramento Inquebrantable, y también acerca del contrato propuesto con los goblins. Ella quería un contrato mágico en última instancia, tan irritante como era Sholto ella no quería darle a los goblins la oportunidad de maltratarlo, especialmente después de comprobar su personalidad. De hecho, Petunia le advirtió que tendría que moderar su discurso y actitud general mientras estuviera en Gringotts.

Sholto se la quedó mirando fijamente como si ella estuviese hablando en un lenguaje extraterrestre―. ¿Moderar mi lenguaje? ―exclamó―. ¿En serio esperas que yo me rebaje con un montón de condenados goblins? Porque si es así, ya puedes olvidarlo.

―No ―dijo Petunia―. Yo espero que te comportes como si tuvieras que hacer un trabajo, y hacerlo apropiadamente. Eso quiere decir tal vez que debes empezar a dejar de insultar de forma gratuita a cualquiera que se cruce en tu camino, y a usar en ocasiones algo de astucia. Yo tengo intención de honrar mi parte del Juramento, pero es mejor que tu también honres tu parte.

―¿Estas sugiriendo que no puedo ser más listo que ellos? ¿Es eso?

―Bueno ―dijo Petunia con franqueza―, no pudiste ganarle a Algy, ¿no es así?

Sholto se irguió en todo su tamaño, y la miró debajo de la nariz con los ojos centelleando. Estaba echando anillos de humo, lo cual Petunia reconocía por Algy como señal de peligro―. Ese miserable reptil enano galés ―siseó― ¡nunca me ha ganado a mi!

―Supongo que puedes estar en lo correcto ―dijo ella―, y que te hayas pasado de listo. Pero para alguien tan inteligente como siempre andas diciéndole a todos, Sholto, eso parece sucederte con frecuencia.

Sholto literalmente estaba temblando de rabia―. ¡Eso no es verdad!

Petunia meneó la cabeza―. Yo diré esto: antes de conocerte, no me decían los demás lo listo que eras, sino lo 'thrawn' que eras. Y al conocerte, supe porque. Esa es una característica que opaca a la otra.

Sholto elevó la barbilla, y dijo con sarcasmo―: ¿Es este el Día de Insultar a Sholto o hay algún punto en esta conversación?

―Claro que hay un punto ―dijo Petunia―. Tu vas a ir a Gringotts con dos misiones en mente: los Horcruxes (sí, ya sé que sabes lo que son), y los dragones. Es muy importante para el bienestar del mundo mágico que triunfes, y en adición a eso vas a conseguir algo que deseas mucho. Así que voy a ser franca: no la cagues. Ya sabes lo que eso significa.

―¿Ah, si? ―dijo rechinando los dientes.

―Lo sabes. No abras tanto la boca, cada vez que lo haces les entregas información, y por nada. Los goblins necesitan confiar en ti también, al menos en cierto sentido, o quizás debería decir que no deben sospechar de ti. Restringe tu sarcasmo. Controla tu temperamento. Actúa como si pudieras ser útil. Mantén los ojos abiertos y escucha cada conversación que tengan. Demuéstranos que puedes ser más inteligente que fastidioso, por una vez en tu vida.

―¿Por qué rayos debería hacerlo? ―demandó Sholto.

―Porque, Sholto, hacerlo al revés no te ha conseguido nada ―y yo debería saberlo, aunque regañarlo en esto es irónico, ¿no permito acaso que los goblins me saquen de mis casillas con frecuencia? Sí. ¿Y no es el sarcasmo uno de mis peores hábitos? También cierto―. Y los chicos me urgen a que te envíe de regreso con Eneas y Rogelio, y que te substituya por Algy en esta aventura.

―¡Él! ―resopló Sholto―. ¡Todo para lo que sirve es para juguetear usando disfraces ridículos!

―Bueno, entonces pruébame que esta vez hice la elección correcta ―dijo Petunia. Apuesto a que sus celos por Algy son mayores que su ganas de contradecir, y es mejor que yo tenga razón en esto. No creo que Algy sea lo bastante rudo para este trabajo, eso es por lo menos lo que digo en vez de que la que temo sea la verdadera razón: que en realidad no soportaría verlo lastimado.

El Juramento vino primero con el señor Crouch actuando como enlace. Petunia juró proveer a Sholto con un hogar adecuado que él debía aprobar. Pues que lista eres Petunia, ofreciendo eso a un dragón que ha hecho una carrera exitosa de nunca aprobar nada.

Sholto, por su parte, juró buscar los Horcruxes, liberar los dragones de ser posible, y comportarse. Y de las tres cosas, es lo último lo más difícil sin duda, pero ninguna es tan imposible como la que yo hice.

Petunia después replicó los Horcruxes perdidos con magia para que Sholto viera lo que estaba buscando. Ella le contó de la probable localización de la Copa, y de su estatus, ante lo cual él se limitó a asentir.

~oOo~

Los goblins llegaron a la Mansión para realizar el contrato mágico corto tiempo después. Los mismo cinco de la vez anterior regresaron: Arngrim, Otrygg, los dos goblins jóvenes de aspecto rudo, y por supuesto Bothgar quien parecía tan entusiasmado con la idea como Sholto.

La asistencia del señor Crouch probó ser invaluable en la elaboración del contrato. Hasta Bothgar pareció impresionado con su habilidad. La infusión de magia en el acuerdo haría que fuera difícil, sino imposible, romperlo sin el reconocimiento de las partes. Este no se trataba de engañar a un dragón usando joyas, sino esencialmente de contratarlo para traducir en el Banco. Los goblins acordaron proveer para Sholto cuarto y comida, pagarle una suma decente, permitir que le reportara a Petunia su tratamiento, y no dañarlo ni amenazarlo de ninguna manera. También estaba estrictamente prohibido restringir su habilidad de echar fuego, como habían hecho con Nesta. El contrato de forma inicial sería por seis meses. El señor Crouch de forma educada, pero firme, instruyó a los goblins de que las consecuencias de romper el contrato serian decididas por el Wizengamot.

Los goblins asintieron de forma abstraída. Ellos estaban demasiado ocupados mirando a Sholto para prestar demasiada atención. De forma muy poca característica, hasta ahora no había dicho nada, así que a Petunia no le sorprendió que Otrygg preguntara de forma cortante―. ¿Puede hablar?

―Por cierto que puedo hablar ―dijo Sholto erizándose―. ¡Varios idiomas, todos con fluidez!

―Solamente necesitamos que hable inglés y dragón ―dijo Arngrim de forma abrupta.

Sholto abrió su boca para ser insultante, Petunia pudo darse cuenta por el brillo en sus ojos, y después abruptamente la cerró sin decir nada.

―Usted se encontrará muy satisfecho con Sholto ―se apresuró a intervenir Petunia antes que el auto-control del dragón fuera puesto más a prueba―. Él es un Hébrido Negro, y fue criado por mi abuelo y un tío. Ustedes verán que es muy cooperativo ―le dio una mirada a Sholto mientras hablaba. Él sonrió con burla, pero haciendo un esfuerzo masivo no dijo nada.

Bothgar pareció escéptico, pero colocó una expresión benigna. Petunia se preguntó si él necesitaría usar picanas metafóricas para hacerlo de forma efectiva

―Los dragones miniatura requieren ser familiar de alguien ―le dijo Petunia a Bothgar―. Eso quiere decir que él pasará mucho tiempo con usted. Usted tendrá que ganarse su confianza.

Sholto comenzó a verse algo intrigado por esta noción, aunque con renuencia.

Bothgar también se vio renuente―. Bueno, entonces, quizás deberíamos comenzar ―dijo de forma débil.

―Espere un minuto ―dijo Petunia. Ella le pasó a Bothgar unos papeles―. Son instrucciones de comida y cuidados. Por favor léalos con cuidado. Maltrátelo y lo sabré.

Bothgar miró los papeles en sus manos, viéndose algo descompuesto. Sholto, para sorpresa de Petunia, pareció divertido y murmuró para callado―. Y usted estuvo de acuerdo.

Petunia lo miró con enojo―. Sholto es muy disciplinado, ¿no es así?

―Mucho ―concordó Sholto con descaro.

―Sé que estará muy complacido con sus servicios ―dijo Petunia―. Si quieren renovar el contrato después de que los seis meses hayan expirado, podemos negociarlo ―Los goblins parecieron dudosos, y Sholto amotinado. Petunia lo pateó a la disimulada, y su rostro quedó en blanco.

La última mirada que tuvo de Sholto ese día, fue de él diciéndole a los goblins que tuvieran cuidado con sus cuentas.

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N/T: Muchas gracias por su apoyo.

Harry Potter, personajes y su mundo © de J.K. Rowling y varias otras compañías. Fanfiction sin fines de lucro, ni pretensiones de infringir derechos de reproducción, realizado sólo con fines de entretención. La trama y personajes originales pertenecen al autor del fanfic.