Primer último paso.


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A cada día que pasa, parece que la misión demandará más y más de los tres shinobis. Las últimas bases a las que se enfrentaron gozaron de un importante incremento en su seguridad respecto a las que derrumbaron durante la primera etapa de su travesía. En consecuencia, cada enfrentamiento al que se exponen va drenando poco a poco las fuerzas de los dos oriundos de Konoha.

Como si con eso no fuese suficiente, el patrón de acción del trío comienza a ser predecible no sólo para la Serpiente, sino para la población civil del país, ya que, cada pocos días, una oleada de andrajosos refugiados llega a sus ciudades contando una historia similar a la que se escuchó hace poco en los caminos comerciales o localidades cercanas. Para complementar esta situación, si alrededor de la llegada de los refugiados siempre hace su aparición el mismo trío de viajeros, en busca de hospedaje o nuevas provisiones, alguien pronto terminaría por atar cabos.

Con el objetivo de no seguir llamando la atención, Sai sugiere evitar visitar las ciudades a las que envían a las personas que rescatan. Por esta razón, los tres están ahora asentados en un pequeño condado de paso, en el cual han alquilado un sencillo alojamiento que no está muy lejos de la salida a la carretera. El precio por esta comodidad no es lo más aceptable, pero el cansancio general que reina en el ambiente hace que el equipo no esté disgustado de separarse de sus Ryus.

Mientras el dúo de Konoha permanece en el hospedaje, Sasori toma la tarea que usualmente corresponde a su compañero, y sale a la calle a buscar información. Él sigue las instrucciones del ANBU para encontrar el alijo en donde sus espías le han dejado los reportes de la semana. Afortunadamente, el viaje y la búsqueda no le demoran más de media hora. Durante el transcurso de la misma, el sol se pone poco a poco tras el horizonte, permitiendo que el renegado se disimule en las sombras hasta encontrar el ladrillo suelto que busca, aquel que forma parte de una pared olvidada en el callejón indicado por Sai.

Al regresar al apartamento con el encargo oculto en su gabardina, Sasori se encuentra con su compañero recién bañado atendiendo una cacerola en proceso de hervor en la cocina.

— ¿Cuántos papeles encontraste? —pregunta el artista del movimiento al verlo ingresar al recibidor del mono ambiente.

—Siete diarios de localidades vecinas y cuatro pergaminos de reporte—contesta acercándose a la cocina, hasta apoyarse contra la mesada de mármol a un lado de Sai—. No revisé su contenido porque pensé que sería mejor hacerlo aquí con ustedes.

—Sakura aún está en la ducha, así que podemos considerar nuestras opciones después de la cena—accede el ninja de tez pálida— ¿Alguno de los pergaminos tiene una envoltura en verde?

—Uno de ellos. ¿Tiene alguna significancia?

—Es un reporte sobre el estado de aquellos que traicionaron a la Serpiente para unirse a nuestra red. Quiero mantener un ojo en ellos, pero no debería haber nada allí que afecte nuestro actuar para con la organización.

—Ya deberíamos estar planeando una estocada final. Esto se está extendiendo mucho más de lo que es conveniente para nosotros—declara el ex Akatsuki con una mueca de disgusto en su faz.

—Y más de lo que es conveniente para la Serpiente también. Es claro que están dispuestos a sacrificar sus ganancias a cambio de vernos muertos.

Al tiempo que Sai termina su frase, la mujer sale del cuarto de baño, al fondo de la estancia, y observa a sus compañeros con intriga.

— ¿Alguna noticia importante? —pregunta Sakura mientras se seca las puntas del pelo con una toalla.

—Aún no las leímos—informa el dibujante sacando la olla de macarrones del fuego—. Creo que sería mejor comer primero.

—Ya comienzas a comprenderme—sonríe la muchacha realizando un gesto de asentimiento con su cabeza.

Después de haber cenado y lavado los trastes, los tres shinobis cierran las persianas, y despliegan las cartas y reportes sobre la mesa para comenzar a ponerse al día con las noticias.

Con el paso de los minutos, se van pasando entre si los papeles que ya terminaron de leer, y van desarrollando en silencio una comprensión más adecuada de la situación en la que están metidos.

En un comienzo, estas reuniones fueron algo extrañas para la joven médica, y ahora, después de tanta práctica en este tipo de trabajo, ella puede comprender que la tarea de recolección de datos, y análisis de inteligencia, es quizá la más importante acción que los ninjas en sus circunstancias pueden hacer.

—Creo que finalmente causamos suficiente ruido en esta área—piensa ella en voz alta cuando ya ha revisado cada uno de los recortes de periódicos allí presentes.

Después de haber leído las noticias de distintas ciudades locales, se vuelve bastante claro el hecho de que las actividades de la Serpiente, y de la fuerza que se les opone, ya no pasan desapercibidas ante el mundo.

—Agitamos suficiente el área de un solo señor feudal. La gente de Hanazono debe estar investigando a quienes están detrás de tantos secuestros—complementa su compañero más joven—. Es una cuestión de tiempo antes de que el gobierno llegue a la Serpiente... o a nosotros.

—No veo ninguna noticia sobre las bases—repone la mujer sin el mismo optimismo que Sai—. Que la Serpiente aún pueda hacerlas desaparecer del mapa, antes que las autoridades las encuentren, no me suena bien.

—Todo lo contrario—interviene Sasori ofreciendo su usual perspectiva imparcial—. La Serpiente está invirtiendo mucho dinero en defender las bases, y otra cantidad de fondos en hacerlas desaparecer. Cada vez que los atacamos, reducimos sus fuentes de ingresos. Estamos cerca de terminar con ellos, principalmente porque su economía no es sostenible. Tenemos que preocuparnos de su último intento de sobrevivir. Si no los eliminamos lo suficientemente rápido, sus líderes podrían cesar toda actividad y ocultarse de nosotros.

—Tenemos que convencerlos de que esa no es una opción. Tenemos que convencerlos de que se nos enfrenten. Y creo que tengo una idea para hacerlo—anuncia Sai en un tono triunfal, extendiendo sobre la mesa el pergamino que hasta recién estuvo leyendo—. Alguien nos ha informado de la identidad de dos de estos líderes.

Sakura esboza una sonrisa ante lo que oye.

—Perfecto… Así podemos enviarles un mensaje directo—piensa la médica en voz alta mientras se arrima más para leer el pergamino.

—Sato y Nakahara… son apellidos de familias nobles menores—lee en voz alta el titiritero cuando consigue posar sus ámbares en el rollo—. Tiene sentido que inviertan en limpiar sus huellas. Si los señores feudales descubren lo que sus vasallos están haciendo bajo sus narices, estas dos familias van a perderlo todo.

—Lo único que saben de nosotros es que somos un grupo lo suficientemente pequeño para no llamar la atención, y lo suficientemente entrenados como para significar un peligro para sus fuerzas—retoma la muchacha sincronizándose con el pensamiento de sus compañeros—. Si atacamos directamente a sus líderes, podemos hacer que crean que conocemos sus identidades y que no podrán simplemente esconderse de nosotros.

—Pero…—interrumpe el ANBU con aire calculador—. Tenemos que atacar solo a estos líderes, de una manera quirúrgica y solamente a ellos. Eso dará a entender que ya no estamos tras todos los involucrados, sino tras quienes toman las decisiones.

—Eso no alcanzará. Todavía podemos hacer más—critica Sasori—. Si dejamos en sus cuerpos un manifiesto de tinte moral, podemos aterrarlos de verdad. Basta con declarar que sus crímenes son imperdonables y que no existirá escape ni perdón, o quizá dejar un papel con el símbolo de la Serpiente tachado. Si creen que somos un grupo que los persigue por motivaciones morales, en vez de económicas, descartarán la opción de abandonar sus actividades con la esperanza de que los ignoremos.

—Eso suena como un plan más sólido—concede Sai mientras toma un mapa para buscar las ciudades en donde estos nobles habitan—. Tenemos que sorprenderlos en sus hogares para quitarles la sensación de seguridad.

A continuación, el equipo no tarda en notar que los lugares que deben visitar se encuentran en direcciones opuestas a su actual posición.

—Yo iré al pueblo de Matsue a buscar a Nakahara. Ese sitio está más cerca y es un poblado relativamente pequeño. Por ende, las fuerzas que defiendan a este noble serán menos numerosas—decide el artista del movimiento—. Luego, podremos encontrarnos, quizá en este mismo hospedaje. Además, el tiempo extra que tarden ustedes en volver a encontrarse conmigo lo podré aprovechar para reponer mis creaciones. Estoy comenzando a gastarlas en cantidades alarmantes.

—Entonces, nos queda a nosotros encargarnos de Sato. La ciudad de Tsukuba es un foco de población más grande y la familia Sato es más adinerada. Pero siendo dos, será sencillo establecer las distracciones necesarias para llegar a él sin ser descubiertos—reflexiona la dama mientras lee los expedientes existentes sobre el segundo objetivo.

—No podemos hospedarnos en esas ciudades. Si vamos a matar nobles, causaremos demasiada conmoción y revuelo entre los ciudadanos. Entraremos en la ciudad objetivo solamente para cumplir la misión, y luego nos retiraremos antes de que alguien descubra lo que hicimos—aconseja el ANBU antes de fracasar en su intento de controlar un bostezo.

— ¿Terminamos de decidir los detalles mañana? —sugiere Sakura como si el cansancio que se manifestó en su compañero de equipo se le hubiese contagiado.

—Ustedes descansen. Yo haré guardia—responde Sasori en apoyo a la iniciativa de la dama, sin querer mantener a sus compañeros despiertos por más tiempo—. Y Sai, antes que te duermas… ¿Podrías darme una chaqueta que ya no uses? La necesito como modelo para crear tu protección.

—Seguro—asiente el aludido.

—Buenas noches, entonces—se despide la kunoichi, poniéndose en pie al tiempo que imita el bostezo del pálido— ¿Ustedes guardan los papeles?

—No te preocupes, yo me encargo de eso—le sonríe el artista de lo eterno.

Unas horas después, la habitación alquilada queda en oscuridad y silencio. Sai y Sakura duermen en sus futones mientras Sasori pasa la noche en vela, trabajando en el acotado espacio que funciona y sirve como living.

Esa noche, como todas las demás, es una de insomnio para el renegado de la Arena. Mientras sus compañeros permiten a su cuerpo adquirir el tan vital descanso, la falta de esta necesidad permite, si es que no obliga, al pelirrojo aprovechar las horas nocturnas así como lo hace con las diurnas.

Sentado frente a la chimenea encendida del apartamento, el hombre dedica la mitad de su atención a la prenda que recibió de Sai. Mientras tanto, la otra permanece plantada inevitablemente en Sakura…

"¿En quién otra, sino?" Se dice a sí mismo con ironía. A continuación, toma un Kunai y comienza a cortar la prenda en un intento de visualizar su superficie en un espacio bidimensional.

En lo que lleva a cabo la labor, el marionetista no puede evitar el terminar reflexionando una vez más sobre los últimos días.

Ella está… ¿Bien? Al menos, está tan bien como puede estarlo…. y eso es lo único que él puede ver desde su limitada perspectiva. No se atreve a confiar por completo en su propio juicio para decir que entiende, o sabe, qué es lo que pasa dentro de la rosada. Lo único que le parece claro en este momento, es que la mujer no se recuperó por completo de lo que le pasó.

"Pero eso es algo normal, algo sano."

A lo largo de los últimos días, el artista de lo eterno se esforzó en respetar la voluntad de Sakura, en tratarla de la misma manera que venía haciéndolo siempre. En un principio fue difícil, porque el instinto de intentar ayudarla es algo que todavía le pesa a sobremanera. Sin embargo, y a pesar de esto, la combinación de no saber cómo asistirla, más el deseo de respetar lo que ella le manifestó, lo mantuvo actuando de una manera más o menos natural.

Aún así, hay un aspecto en el que Sasori fracasó: ya no hubo más "chistes" por parte de él. Pese a esto, la joven no se quejó. Por el contrario, no hubo más "chistes" por parte de ella tampoco.

El hombre comprende esto, entiende que Sakura necesita su tiempo y su espacio para procesar lo que le ocurrió. Ese tipo de interacciones que se había desarrollado entre ellos, hace no tanto tiempo, ahora es la clase de actividades que solo harán que ella recuerde sus experiencias en Khanzen.

Por ahora, es mejor que ella se enfoque en salvar las vidas de tantos cautivos como pueda, ya que es lo único que parece realmente ayudarla a olvidarse de esas memorias.

El renegado puede ver en la dama la intención de darle a cada prisionero una chance de sanar de la tragedia que ha vivido, y, mientras ella pueda creer que existe esperanza para estas pobres almas, es posible que una parte de esa esperanza pueda ser utilizada también en sí misma.

El artista, forzándose a poner un mayor porcentaje de su foco en su actividad actual, observa los retazos de ropa regados sobre las baldosas del suelo y, moviéndolos con sus hilos de chakra, los hace levitar frente a sí. De este modo, crea un rompecabezas tridimensional con la forma de un torso humano.

Ahora puede comenzar a producir la armadura del ANBU.

Y, sobre aquella creación que ofrecerá a su musa… A decir verdad, prefiere posponer el momento en que deba tomar sus medidas.

Sasori procura no seguir divagando, pero finalmente, y al igual que en casi todas las noches, esto le resulta inevitable al cabo de un minuto.

Con tanto tiempo de insomnio a cuestas, es imposible para el marionetista no reflexionar sobre cuánto ha cambiado su situación con los años, sobre cuánto ha cambiado él.

Ahora mismo, se encuentra en un intento de destruir la primera organización a la que jamás se unió… aquella en la que él mismo jugó un papel vital en fortalecer.

Le cuesta esfuerzo reconocer en esa versión pasada de sí mismo algo que todavía se mantenga hoy en pie. Su visión del arte ha cambiado tanto que es difícil llamar a ese ambicioso joven de antaño otra cosa que equivocado.

Hoy en día, él tiene la consideración de no tomar vidas de manera innecesaria, mientras que aquel joven impetuoso, que se refugiaba bajo el yugo de la Serpiente, ignoró tantas muertes que ha terminado por insensibilizar a su presente contraparte ante ellas.

"Bueno, quizá eso último todavía lo conservo."

Y luego está Sakura... Honestamente, se sorprende de cuánto tiempo pasa pensando en ella, y de cuánto ha reparado en la situación que ella ha vivido en las cavernas de Khanzen. Porque esta no es la primera, ni tampoco será la última, noche de vigilia en la que termina dedicándole sus pensamientos y mejores deseos.

A Sasori no le caben dudas de que la versión joven de sí mismo hubiese ignorado esta situación... De hecho, el joven de hace unos años ignoró situaciones de abuso sexual en muchísimas ocasiones.

Una vez puede decirse que evitó una por mano propia, pero, considerando que la "suertuda" terminó formando parte de su colección tan sólo unas horas después ser rescatada, no puede llamarse a sí mismo altruista por aquel acto.

Definitivamente, ha cambiado mucho desde ese entonces, y quiere creer que lo hizo para mejor, ya que se siente mucho mejor a comparación de cuando la vida humana le era algo totalmente insignificante.

Y, mientras se sienta mejor, a Sasori le basta para seguir por este camino.

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El día siguiente, el trío vuelve a separarse. La kunoichi y el ninja renegado inician su viaje con destino a Tsukuba, mientras el ANBU de la Raíz toma para sí la misión de encargarse de Nakahara.

Por un tiempo, no habrá comunicación inmediata entre Sai y ellos. Por eso, los tres toman todas las decisiones antes de separarse: Sai cumplirá su misión antes que ellos, y huirá de la ciudad de Matsue para esperar por ambos en una localidad rural y cercana a este poblado. La misión del atípico dúo de la médica y el titiritero es similar en su naturaleza a aquella que Sai enfrenta, pero la población de la ciudad de Tsukuba presenta un problema único.

A lo largo de su viaje por el bosque, y por estancias rurales, Sakura y Sasori conversan sobre la manera en la que deberán abordar la misión. Por su parte, Sakura encuentra alivio en la dificultad de su tarea, un alivio que recibe con bastante alegría. A pesar de que su relación con Sasori no posee ningún problema que por ahora pueda identificar, estar a su lado sin tener algo específico de qué hablar es algo que le incomoda. En un pasado no tan lejano, ella aprovechaba estos breves, aunque numerosos, momentos libres para jugar con su compañero y con la vulnerabilidad que descubrió en él. No tiene problemas en admitir que le gustaría volver a hacerlo… Lo que sí le molesta reconocer es que aún siente una desagradable sensación embargarla ante cualquier situación demasiado… íntima.

Sakura le pidió que la tratase de la misma manera en la que lo hacía antes de saber lo que le ocurrió. Era una cuestión de orgullo, de auto control. Pero la verdad es que, desde ese día, la mujer viene evitando involucrarse en esa clase de situaciones, y agradece que Sasori no las haya iniciado a pesar de que ella le pidió explícitamente lo contrario. Por otro lado, tener una tarea que atender, un problema que resolver, otro asunto del que hablar, se le antoja casi como una bendición, y como una perfecta excusa para evitar aquello que le gustaría poder volver a disfrutar. Al menos, quiere admitirse eso como lo que es: una manera de seguir adelante sin aceptar la idea de que aquella experiencia la afectó tanto.

Por ahora, es mucho mejor enfocarse en la tarea, en Sasori incluso…

Esta misión requiere una distracción de grandes proporciones para desviar los ojos de la población y las fuerzas que protegen a la familia Sato, y es claro, a juzgar por las proposiciones de su ex informante, que él se tomó a pecho la meta de no destruir vidas de manera innecesaria. Cuando lo conoció, su lógica y su manera de enfrentarse a los problemas eran frías y calculadoras… Y quizá eso no fue lo que cambio… Lo que sí lo hizo es que ahora existe una consideración, casi una prioridad, de evitar la pérdida de vidas.

Esta nueva realidad, hace que Sakura sienta una innegable satisfacción y alegría al presenciar el cambio que sucedió en el pelirrojo. Ahora, como nunca antes, ambos pueden trabajar en la misma sintonía.

Luego de unos cuatro días de ardua travesía, la medianoche definitiva se ciñe sobre los dos extranjeros a medida que éstos se adentran en su ciudad destino. Ya pasó mucho tiempo desde que la decisión de hacer caer al noble Sato fue tomada, y esta noche será la última en la que este corrupto noble respire.

Tras unas dos horas de caminata "turística" por las aceras, ambos ninjas se separan sin que el gentío a su alrededor siquiera llegue a percibir algo extraño en sus presencias. Como las tareas que ambos tienen que cumplir así lo requieren, cada uno de ellos se funde con las sombras al tiempo que se desplazan por callejones, o tejados, hasta dar con la posición que les corresponde. Por un lado, Sasori se termina recostando boca abajo sobre la cima de una gran torre antigua y de motivos sintoístas, desde la cual tiene una conveniente vista de gran parte de la actividad nocturna de la zona céntrica. Y, por otro lado, Sakura se guarece en el tejado de una mansión vecina a la de su futura víctima.

Por lo que pudieron ver de la seguridad de la mansión en su primer recorrido, resultará casi imposible acceder a ella sin que suenen las alarmas, así que harán que éstas se activen antes de que la invasión ocurra.

A continuación, el marionetista alza con sus hilos una multitud de kunais explosivos, con la intención de arrojarlos a todos desde una distancia segura y guarecida de las miradas civiles. No tiene intención de tomar vidas, pero la ciudad hoy debe temer, sus alarmas deben sonar y sus fuerzas deben distraerse en busca de un terrorista fantasma.

La primera explosión se da en la plaza central, ya que el kunai se clava en el inmenso árbol que sirve de centro social al florido descampado. Luego de que un estruendo alerte a los habitantes aledaños a la zona, el nogal comienza a quemarse.

Como siguiente parte del plan, son las puertas del banco central de la ciudad las que caen ante el anónimo atacante. Además, la posible aparición de oportunistas que prueben su suerte, en un intento de adquirir las riquezas del pueblo, ayudará a que las fuerzas de policía de la ciudad se dispersen.

Acto seguido, una biblioteca también comienza a arder, y el contenido altamente inflamable del edificio vuelve esa área una prioridad para las fuerzas de bomberos.

El subsiguiente bullicio de la gente entrando en pánico y el sonido de las campanas de alerta comienzan a inundar la ciudad. A medida que las explosiones se vuelven más regulares, el miedo ante un atentado terrorista se expande como un virus. Finalmente, las campanas gigantes de la torre que se alza en la cima de la mansión Sato suenan también, informando a toda la urbe de que su noble está al tanto de la situación.

Esta es la señal que Sasori estaba esperando. Ahora, su siguiente kunai explota en la puerta frontal de la mansión nobiliaria.

El daño producido a la estructura indica a Sakura que es su momento de actuar. Ella sabe bien que el ex Akatsuki no podrá mantener la distracción por más de diez minutos, así que ese es todo el tiempo que ella dispone para llegar a su objetivo.

Aprovechando que las fuerzas de seguridad de la residencia se están conglomerando en el frente de la misma, la kunoichi se apresura para llegar a la parte trasera.

No tiene el tiempo para buscar una manera silenciosa de entrar, así que opta por dar un gran salto desde el tejado aledaño para ingresar rompiendo una ventana del tercer piso.

Sin pensarlo dos veces, arroja bombas de humo en el primer pasillo sobre el que apoya sus pies. Asistiéndose de su capacidad de caminar por los techos, y del uso de genjutsus menores, la joven se mueve con velocidad por la lujosa casa buscando una concentración de fuerzas de seguridad que le indique la presencia del noble.

Cuando el titiritero se queda sin explosivos, reconoce que es tiempo de retirarse, esperando haber causado suficiente caos como para darle a Sakura su chance de llegar hasta Sato.

El desorden provocado por el marionetista es algo que se planeó con cuidado, no sólo para no dañar a ningún civil, sino para desviar la atención de la población de manera tal que existan áreas que pueda utilizar para escapar del caos sin ser detectado.

Teniendo eso en cuenta, el renegado desciende al suelo en un ávido movimiento y comienza a correr fuera del tumulto, con la intención de esperar la llegada de la mujer en un punto acordado de la intemperie que rodea la ciudad de Tsukuba. A estas alturas, no debería temer por la seguridad de Sakura, no después de todo lo que ella probó ser capaz de hacer. Empero, un resquicio de irracionalidad se hace presente a cada vez que recuerda que la ninja vivirá siempre bajo un mayor o menor grado de riesgo.

Odia esperar, pero en esta ocasión sabe que no deberá hacerlo por mucho tiempo. De este modo, media hora después de que él detiene su huída dentro del amparo del bosque, la mujer vuelve a presentarse ante su mirada. Ella tiene la ropa y la piel un tanto manchadas de sangre, pero está ilesa.

—Misión cumplida—jadea la médica anticipándose a los interrogantes de Sasori, al tiempo que se apoya contra el tronco de un árbol para recobrar el aliento tras la carrera a la que se lanzó desde el pueblo—. Tus distracciones fueron perfectas. Tuve que aplicar sedantes a los guardias de Sato, pero ese fue el único enfrentamiento que tuve. En estos momentos, deben de estar por encontrarse con el cadáver de su jefe. Supongo que lo leeremos en los periódicos en los siguientes días.

—No hubo altercados de mi lado, tampoco—sonríe Sasori ofreciéndole su cantimplora para que bebiese de ella y se limpiase la piel—.Nuestro plan funcionó mejor de lo que esperaba. Ahora, vámonos de aquí. Cuanta más distancia pongamos entre nosotros y esta ciudad, mejor.

Con esta frase, ambos ponen en marcha la siguiente fase del plan: no habrá sueño, ni descanso, hasta el advenimiento de la siguiente noche, ya que necesitan alejarse de Tsukuba tan rápido como sea posible. Ya habrá tiempo para reponer las fuerzas luego.

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Ahora, Sasori se encuentra sentado frente a una sencilla fogata. Tras él, Sakura descansa de su reciente, y largo periodo de insomnio. Sintiéndose demasiado agotada por el demandante viaje, la dama no se molestó en armar su tienda. En su lugar, tiró su bolsa de dormir sobre el césped e ingresó de pies a cabeza en ella.

Afortunadamente, ambos ya se encuentran fuera del radio de influencia de la familia Sato, fuera del alcance de las sospechas e investigaciones que la muerte del líder de la familia inevitablemente hará surgir.

Mientras tanto, alrededor de la fogata yacen secándose las placas. Clavadas en improvisadas estacas, todas estas piezas pronto formarán la protección de Sai. Sasori se tomó su tiempo para encontrar el balance adecuado para confeccionarlas. Después de todo, no puede excederse en el peso que el dibujante cargará consigo al combatir. Empero, aún necesita una buena cantidad de cuero para unificar todas estas porciones de arcilla en una obra que pueda vestirse, y, bajo la restricción de peso que el físico del dibujante implica, es imposible crear una protección impenetrable. Aun así, el resultado final debería poder otorgar al ANBU la suficiente protección, para mantener la posición y distancia necesarias al tiempo que se mantiene a sí mismo a salvo.

En este momento, Sasori ha llegado al límite de lo que puede progresar en su primera obra. Hasta no volver a la civilización no podrá hacerse con los materiales que requiere para completarla. Esto implica que es tiempo de comenzar a trabajar en la obra que vestirá Sakura…

El artista en él no puede evitar entusiasmarse con la idea de crear algo que sea vestido, y proteja a la mujer que ama y admira. Si fuese solo por sí mismo, estaría exclusivamente entusiasmado por la idea, pero no es esa sensación la que predomina en este momento, ya que en realidad teme un poco. De hecho, viene haciéndolo desde hace tiempo.

El criminal sacude su cabeza por un instante.

"No puedo ignorar su pedido por más tiempo."

Cuando los rayos anaranjados del amanecer finalmente comienzan a abrirse paso por las copas de los árboles, el insomne ninja decide anticiparse a la rutina de la dama. Tomando su cantimplora de su equipaje, vuelca la mitad de su contenido en una tetera de metal que luego pone a levitar sobre las brasas del fuego.

Mientras espera que el interior de la hojalata hierva, utiliza el resto del agua para enjuagar sus manos y remover los restos de cerámica de sus articulaciones. Por último, lleva una palma mojada a su núcleo, humedeciéndolo con un delicado roce de sus dedos.

Quizá este es el único tacto que le recuerda, con la suficiente intensidad, a la fiscalidad de su existencia.

En cuestión de minutos, la luz del sol y el trinar de los pájaros hacen despertar a Sakura.

—Buenos días—saluda Sasori, manteniéndose de cuclillas junto al fuego cada vez más pequeño del fogón.

La somnolienta muchacha se talla los ojos para desperezarse. Luego, abre su bolsa de dormir y se incorpora hasta quedar sentada sobre su lecho, estirando sus brazos y espalda de manera instintiva para así reactivar sus adoloridos músculos.

—Buenos días—devuelve el saludo al tiempo que ve como su ex informante saca el recipiente de las brasas para prepararle una taza de té— ¿Desayuno al despertar? No es mi cumpleaños aún.

Se burla entre agradada e incrédula por el gesto. A continuación, Sasori se pone en pie para acercarse a ella, y luego vuelve a agacharse a su altura para finalmente entregarle la humeante infusión en las manos.

—Lo sé, lo sé. Sai ya me dijo cuándo es—aclara el pelirrojo con una sonrisa en los labios—. No es un regalo de cumpleaños, es un favor por la molestia que voy a causarte hoy.

Su respuesta capta la atención y curiosidad de la kunoichi, quien cesa en su actual tarea de soplar el té para volver a posar sus orbes jades en su compañero.

—He progresado con la armadura de Sai, pero no podré completarla hasta conseguir un par de materiales que ahora mismo no poseo—prosigue la marioneta—. Así que es hora de que empiece a trabajar en tu armadura.

— ¿Y cómo va a molestarme eso?

—Voy a necesitar tomar medidas para crear algo que en realidad te sirva. La armadura que estoy creando para Sai es algo que no te serviría en lo absoluto. Para tu estilo de combate y tus capacidades, sería más útil vestir seda. Voy a tener que quitarte una hora del día. No debería ser un problema retrasarnos un poco, considerando que tenemos tiempo de sobra para hacer el viaje hasta encontrarnos con Sai.

—Seguro... Sólo permíteme que me bañe antes—accede ella de buena gana, mientras saca de su mochila un recipiente de bolas de arroz para sumarlas a su infusión—. Y ahora que sabes de mi cumpleaños… ¿Significa que sí vas a darme un regalo?

Sakura realiza esta pregunta a modo de chiste. Después de todo, aun puede disfrutar de incordiarlo con pequeñeces.

—No estoy acostumbrado a eso. No tengo idea de qué podría regalarte—le contesta el hombre tomándose la pregunta en serio—. Pero acepto sugerencias, si es que las tienes.

Sakura parpadea perpleja, casi atragantándose con el arroz.

— ¿¡Puedo escoger mi regalo!?—exclama con la boca llena exagerando un poco su asombro. No obstante, recupera la compostura cuanto antes para tragar su bocado antes de continuar—. Créeme que voy a recordar tus palabras.

—Algo me dice que me voy a arrepentir—piensa en voz alta al oír el tono en las palabras de la ninja.

—Oye, tú eres el que dijo que aceptaba sugerencias—repone con una mueca de victoria antes de pasar a otro tema, sin darle tiempo a contradecirla— ¿No me vas a mostrar lo que tienes preparado para Sai? Te vi trabajando en eso por varias noches. Quiero ver cómo está quedando.

El ex Akatsuki no se molesta en insistir sobre el asunto anterior. En realidad no tiene práctica en la celebración de esa clase de eventos, así que, si ella le facilita la tarea de escoger un regalo, no será algo a lo que vaya a oponerse. Además, se siente bastante orgulloso de la creación que está por entregar al ANBU.

—Pues… todavía está bastante incompleto, pero puedo armarlo con mis hilos a modo de muestra.

Dicho esto, él se pone en pie una segunda vez y se sacude un poco la ropa de cenizas y cerámica molida. A continuación, regresa a las cercanías de la fogata ya extinta y hace levitar las placas clavadas a su alrededor. Con cuidado, las organiza en el aire alrededor de un torso imaginario. El resultado de la maniobra es una suerte de chaqueta, compuesta por múltiples piezas de pequeño y mediano tamaño. Por la posición que ocupan, es claro que estas cubren los ángulos más comunes por los cuales los proyectiles ingresan a los órganos internos. El total de las partes, adecuadamente curvadas, dibujan con gran precisión el contorno del cuerpo, los hombros y nuca de la futura prenda reforzada.

—Tengo que crear una base de cuero que sostenga cada una de estas placas en su lugar. Así, nuestro compañero podrá vestir esta protección en lugar de su uniforme de misión.

La médica se levanta al finalizar su desayuno y camina alrededor de la figura flotante dibujada por la cerámica, observándola con curiosidad desde todos los ángulos.

— ¿Puedo tocar una de las placas?—pregunta sin dejar de escudriñar la cruda armadura.

Sasori selecciona una sección bastante pequeña, que está diseñada para proteger el riñón izquierdo, y la lleva a caer en posesión de la dama con un simple movimiento de sus dedos. Ella sostiene el objeto analizando su peso, para luego presionarlo ligeramente con su mano derecha.

—No se siente muy sólida—critica la discípula de Tsunade con una ceja alzada.

—No lo es—concede él sin echarse atrás—. Cuando estén correctamente rodeadas de cuero, cada una de ellas podrá resistir un impacto o dos. Será suficiente para que Sai gane distancia, pero no mucho más que eso. Es todo lo que puedo darle sin que el peso de la cerámica lo vuelva ineficiente al combatir. Por otra parte, para ti tengo algo más sólido en mente. Sé que tienes fuerza de sobra para cargar contigo una defensa más completa.

—Ya me lo contarás mientras me tomas las medidas—lo interrumpe Sakura con cierto entusiasmo ante la confección de su propia armadura—. Por ahora, me voy a tomar algo de tiempo en el agua. No me tardaré mucho.

Después de decir esto, la ninja le devuelve la placa de cerámica a su ex informante y se regresa junto a su bolsa de dormir para recoger su mochila del suelo.

—Por favor, vístete con la ropa que utilizarías en una misión. Sería mucho más práctico si tomo las medidas por sobre la ropa que vestirás cuando uses la coraza—pide Sasori antes de que su compañera se perdiese en la espesura del bosque.

Ella asiente con la cabeza y luego se aleja del campamento.

Si bien esta vez no contaron con la suerte de dar con una fuente de agua natural, para mantener cerca de su asentamiento nocturno, la kunoichi tomó la precaución de comprar un par de pergaminos vacíos en el último pueblo que usaron para hospedarse. De este modo, se las ingenió para guardar en ellos una buena cantidad de agua dulce, para que pudiese invocarla en momentos de necesidad tal y como lo haría con sus herramientas ninja. Y esto es lo que usará hoy para poder asearse como es debido.

Siguiendo las indicaciones de Sasori, Sakura regresa de su sesión de aseo personal portando su blusa roja limpia, más la cómoda calza corta y falda abierta a los lados. Y lo primero que se encuentra al poner pie en el campamento, es al artista desglosando una serie de cintas blancas hechas de papel de pergamino.

—Ya me voy a enterar cómo piensas usar eso, pero eso no explica de dónde lo sacaste—bromea la mujer en un intento por disipar la expectativa que comenzó a crecer en ella desde hace unos minutos.

—Hice unas compras hace unos días. No es nada que no se pueda conseguir en un taller de sastres—explica el pelirrojo sin despegar la vista de sus herramientas de medición—. Es una pena que ahí no tuviesen el cuero que necesito.

—Muy bien… Ahora, ¿Cuál es el plan?—prosigue intentando obtener una respuesta más detallada.

—Vuelve a sentarte aquí—pide el artista señalándole su bolsa de dormir—. Ponte cómoda, y dame uno de tus brazos. Voy a necesitar tu colaboración por un rato. Necesito medir básicamente cada detalle de ellos, así que voy a moverme bastante alrededor tuyo.

Sakura obedece, tomando lugar sobre la acolchada superficie al tiempo que deja su mochila a un lado. Mientras tanto, ve cómo el titiritero se decanta por elegir de entre todas sus cintas de tela a una particularmente larga, de al menos unos tres metros, antes de acuclillarse a su izquierda.

Cuando ella le ofrece su brazo, él deja sobre el césped a todas las otras cintas que no usará por ahora, y envuelve la nívea muñeca con aquella tira blanca de apenas unos dos centímetros de ancho. Acto seguido, usa un lápiz para hacer una serie de marcas en el exacto punto de cierre de la banda alrededor de la extremidad de Sakura, así como otras más sobre el papel que envuelve el contorno de su muñeca.

—Imagino que vas a contarme qué es lo que tienes planeado para mi ¿Verdad?—pregunta para romper el silencio, mientras su ex informante se limita a repetir el proceso de medición lenta y meticulosamente, subiendo poco a poco por el largo de su brazo.

—Ahora mismo estoy tomando las medidas que necesitaré para diseñar una cadena de placas que protejan tus brazos. Es claro que ahora los utilizas para defenderte, y creo que podría reducir el daño que reciben con la creación adecuada.

— ¿Por qué haces tantas marcas en la cinta? ¿No es suficiente con saber el contorno?—prosigue sintiéndose curiosa por el proceso.

Esta vez, Sasori tarda unos momentos en responder. Se encuentra demasiado atento a la tarea. Espera a llegar hasta el codo para volver a hablar:

—Las demás marcas indican la posición de la cinta en tu antebrazo. Necesito tener un mapa de todo tu brazo, porque debo construir algo que pueda moverse contigo sin ofrecer ninguna resistencia a tus movimientos. El objetivo de esta creación es hacerte más fácil el combate, a la vez que no ser un obstáculo para tus maniobras—expresa mientras comienza a enrollar la cinta alrededor del bíceps de la kunoichi—.Y a partir de esta zona tendré que tomar las medidas dos veces. Una con el músculo relajado, y otra con el músculo tenso.

—Pero eso no es nada femenino—espeta Sakura en tono burlón.

Por su parte, él se mantiene en silencio por un momento más. Aun no le dio indicios claros a Sakura acerca de la totalidad de su proyecto, porque todavía no encuentra las palabras exactas para hacerlo. Tomar las medidas que necesita debería ser una estupidez, pero últimamente su preocupación irracional lo está volviendo innecesariamente complicado.

—Está bien, era sólo un chiste. No tienes por qué mirarme así—se defiende luego de haber malinterpretado el silencio del artista.

Unos veinte minutos después del inicio de esta sesión, el titiritero finalmente termina con el registro de marcas, que ahora muestran medidas hasta el hombro izquierdo de la joven.

—Aun no terminamos con tu brazo izquierdo—le informa Sasori—. Ahora, voy a medir el largo. Por favor, levántalo y estíralo hacia arriba.

Mientras la dama le obedece, el marionetista deja la cinta marcada a su lado y se levanta para buscar en su reemplazo una de menor longitud.

Para tomar la medida que necesita, el hombre se sienta atrás de la médica y apoya un extremo del papel debajo de su costilla inferior. Mientras mantiene la punta de la cinta pegada a ella con su mano derecha, con la izquierda estira el papel sobre el contorno de la joven, dibujando con la banda de papel una línea que se extiende desde la muñeca de la muchacha hasta su torso.

Aún con la cinta aferrada a Sakura, gracias a los hilos de chakra que posicionó en su anterior movimiento, Sasori vuelve a tomar el lápiz para pasar a escribir sobre su piel.

Minutos más tarde, el artesano comienza a darle indicaciones para que modifique la posición de su brazo, flexionándolo unos grados más, o unos grados menos.

La joven no se había imaginado cuantas medidas serían necesarias para que él pudiera crear una obra. No puede decir que comprende el exacto valor de cada una de estas observaciones, pero aun así es entretenido verlo trabajar, a pesar de lo tedioso que puede ser para su postura de a momentos.

Luego de cambiar la posición y el ángulo de flexión de su brazo por más veces de lo que es posible contar, el marionetista por fin está listo para pasar a otra área.

— ¿Necesitas un descanso?—pregunta de improvisto el criminal, intentando prevenir un posible adormecimiento de las piernas de Sakura.

—No es tan malo después de que te acostumbras—contesta la muchacha en medio de un resoplido—. Prefiero que hagas todas las medidas posibles en una sola sesión. De por cierto, no recuerdo haber visto que hayas tenido que tomar esta clase de medidas de Sai.

—Porque ideé su armadura para que funcionara como una prenda ligera de cuero, que esconde debajo placas de cerámica ligera. Tú, por tu parte, vestirás una verdadera coraza de cerámica reforzada. Además, para romperla se requerirá de un impacto mayor que el de tu propia fuerza— le explica mientras apoya una nueva cinta sobre sus hombros—. Voy a medir tu espalda. Evita moverte demasiado.

—Confías mucho en tus habilidades, considerando que he roto tantas de tus marionetas—espeta ella con un nuevo tinte de jocosidad en su rostro.

—Rompiste marionetas que hice hace años, he mejorado desde entonces—repone el ex Akatsuki con aires de arrogancia, y en un tono de amigable discusión—. Además, estuve pensando en algunas maneras de distribuir la fuerza para que el impacto de golpes como los tuyos no implique la destrucción de mis creaciones. Ya sabes cómo debo medir desde aquí: una vez la espalda tensa y erguida, y otra con tu postura relajada.

—Déjame ver si entiendo: ¿Voy a vestir una invención que creaste, específicamente para contrarrestar mis talentos? —Pregunta con el ego por las nubes, al tiempo que obedece al pedido y endereza su columna para permanecer inmóvil mientras la cinta se desliza sobre ella—. Me halagas.

Sasori detiene por unos momentos la tarea de escribir sobre la cinta para pensar en la declaración de la dama.

—Nunca lo pensé de esa manera… pero creo que es verdad—musita con una sonrisa discreta—. Vestirás una creación mía que fue inspirada en ti. Suena bien. Y, si en realidad consideras eso un halago, entonces es algo que me honra también.

—Ya comenzaste a hablar como artista—señala ella con repentina desgana—. Comienzo a entender ese idioma, pero si continúas por mucho más tiempo vas a terminar por confundirme.

—Y yo ya tengo cierta práctica en traducir "artista" a lenguaje normal. Si aprecias en alguna manera mis creaciones, lo tomaré como un elogio. Ahora, levanta los dos brazos, vamos a comenzar la parte más aburrida.

Los siguientes momentos son considerablemente similares al proceso que realizaron hasta recién. Pero esta vez no existe una sorpresa para Sakura, quien a este punto ya no se incomoda por la sensación del lápiz escribiendo sobre la cinta que se despliega por sus omóplatos.

Por su lado, Sasori se encuentra deseando poder retrasar la etapa siguiente. No quiere que esta situación termine tan pronto. No está listo para que termine. Hace ya varias noches que viene pensando en cómo enfrentarse a este momento con delicadeza, pero mientras más tiempo pone en ello, más le parece que la manera adecuada de hacerlo no existe.

A medida que toma las últimas longitudes de la espalda de la muchacha, el momento que él intenta posponer se ve cada vez más cercano. A decir verdad, Sakura no se daría cuenta si en este momento él inventa una excusa o una medida innecesaria que le permita demorar la situación lo suficiente como para poder enfrentarse a ella de una mejor manera, una que tenga más consideración para con las experiencias sufridas por ella.

Pero, a pesar de que esa opción existe, Sasori sabe que mentirle implicaría desobedecer varios deseos de la persona que más aprecia.

—Y aquí es cuando tengo que decirte la parte incomoda—anuncia Sasori con un repentino tono conciliador, al tiempo que se hace con otra cinta limpia—. Necesito medir también la mitad superior de tu torso.

En respuesta, Sakura se voltea para observarlo a los ojos. Al hacerlo, se encuentra con un Sasori que carece de la confianza que venía exhibiendo hasta recién. Ella admite que la idea de repetir este proceso en su pecho es algo que no la entusiasma en lo absoluto, pero no esperaba ver al marionetista intentando mantener su distancia de una manera tan evidente.

— Claro que, si te resulta incómodo, puedo buscar otra manera de medir…—se apresura a decir antes de iniciar un torpe intento de explicación—. Pero no puedo cambiar el diseño. Un ataque a tus pulmones, o corazón, es el único que en realidad puede ponerte en jaque. No tiene sentido diseñar una coraza que no proteja tus puntos débiles.

La mujer lo escucha pelearse con el lenguaje, tratando de mostrarse considerado sin sonar insultante. Puede decirse que fracasa en ambos aspectos, pero en realidad agradece que él esté haciendo el esfuerzo de respetar la distancia que ella necesita, y que nunca se atrevió a pedirle directamente.

—Hazlo—ordena Sakura inmediatamente después de volver a dirigir su vista al frente.

No permitirá que ningún miedo la haga dudar. Quizá esos recuerdos sigan ahí, quizá este proceso los traiga de nuevo a su mente, y quizá le produzcan angustia, pero jamás le impedirán actuar como una kunoichi. Ya suficiente le disgusta creer haber perdido su vida civil, así que no permitirá que esa experiencia tome más de ella.

— ¿Estás segura?—insiste intentando que la dama no se vea presionada.

—Puedes proceder. No va a pasar nada. Quiero que tomemos todas las que sean posibles en una sola sesión—la joven conserva la calma, tanto para aparentar seguridad ante él como ante sí misma—. Además, estamos hablando de la creación de uno de los artistas más famosos del mundo ninja. Y voy a vestir esa creación. Si me dices que has considerado que ese tipo de protección es necesaria, confiaré en tu criterio.

Sasori puede ver la duda todavía arraigada en su porte, pero si ella está esforzándose en actuar como si sus propios demonios no pudiesen perjudicarla, él sólo puede respetar dicho esfuerzo.

—De acuerdo. Levanta tus brazos y junta las manos tras la nuca.

Dada la nueva orden, Sasori se acomoda un poco mejor para llevar a cabo su tarea, sentándose en el suelocon las piernas cruzadas. Luego, envuelve a la muchacha en sus brazos para pasar una cinta de papel de pergamino por sobre su regazo. Levanta el papel y lo presiona contra Sakura, a la altura de su último par de costillas. Ella puede sentir cómo la mano izquierda de Sasori asegura los dos lados de la cinta unidos en su espalda, presionándolos contra las vértebras de su columna.

—Si esto se vuelve incomodo, sólo dime y me detendré.

—Estás por medirme para construir una de tus obras. No debería ser incomodo—replica Sakura intentando creer en sus propias palabras.

El pelirrojo asiente con la cabeza y levanta su mano derecha, en la que blande su lápiz.

—Necesito que inhales tanto como te sea posible, y que después ensanches tu pecho—instruye obteniendo una reacción física inmediata de su musa—. Perfecto. Mantén la respiración hasta que yo te lo indique.

A continuación, el marionetista tensa el papel ejerciendo una leve presión sobre el cuerpo de Sakura. Para evitar que este se mueva, sujeta el punto en que la cinta vuelve a unirse y lo presiona contra la columna de la mujer, haciendo uso de su mano izquierda. Con su derecha, comienza a escribir sus marcas comenzando por la espalda,para luego moverse lentamente y con cuidado hacia su lado derecho.

—Exhala—pide volviendo a recibir obediencia inmediata por parte de Sakura, quien sólo concentra sus esfuerzos en retrasar todo lo posible el regreso de los recuerdos de aquella caverna.

—Debo crear una serie de placas solidas que se encastren alrededor de tu torso—explica mientras dibuja más marcas en la cinta que se posa sobre el abdomen de la kunoichi—. Y deben hacerlo de manera tal que estén sueltas para permitirte respirar, a la vez que firmes para que no tiemblen o sean una incomodidad al combatir. Si utilizo cuero para crear este efecto, tal y como lo haré con la armadura de Sai, la protección que te proveerá no será la que necesitas para combatir cuerpo a cuerpo.

Ahora, Sasori tira de la cinta para tomar una sección que aún no está escrita, y apoya el papel un poco más arriba.

—Ya conoces este proceso, tendremos que repetirlo hasta que lleguemos a tu clavícula.

—Tienes prohibido decir que esta coraza será mi regalo de cumpleaños. Eso es lo mínimo que puedo obtener después de esto—espeta la mujer empedernida en esconderse tras el humor.

Desafortunadamente para la médica, ese parece ser el último chiste de la sesión, ya que, más temprano que tarde, la cinta y el lápiz entran en contacto con su pecho, y los recuerdos de aquella noche en Khanzen vuelven a hacerse presentes en ella del mismo modo abrupto que siempre.

—Inhala.

Vuelve a escuchar la voz del marionetista, y la obedece manteniéndose firme en su intención de no dejarse derrotar por su propia debilidad. Mientras su ex informante prosigue de manera metódica y cuidadosa, intentando no alterarla, Sakura revive, por un periodo borroso de tiempo, el daño en sus pezones que fue producto de aquella condenada vivencia.

—Exhala. Ya cubrimos un tercio de la coraza. Falta menos de lo que crees—musita él en un crudo intento de tranquilizarla.

"No me pasó nada."

—Inhala.

"Maté a todos esos bastardos."

—Exhala.

"E iré también por aquellos que se asociaron con esas escorias."

—Inhala.

Sakura continúa pronunciando para sus adentros una y mil razones por las que debería dejar ese asunto atrás. Se recuerda a sí misma que es más fuerte que sus enemigos, que es más fuerte que la angustia, que ella es más fuerte que todo esto.

—Exhala.

Mientras la cinta sube lentamente por el contorno de su cuerpo, el silencio es únicamente interrumpido por las constantes, y predecibles, órdenes del artesano. A pesar de sus intentos de que este proceso sea lo más inocuo posible para la dama, ella se ve inundada por una sensación de desagrado general. Es un desagrado no lo suficientemente fuerte para sobreponerse a su tenacidad, pero lo suficientemente agudo para clasificar esta experiencia como algo negativo.

"¿Cómo hice para caer tan bajo?" Se pregunta Sakura.

Hace no mucho tiempo, hubiera aprovechado esta chance para poner en vergüenza a Sasori como nunca lo ha hecho en su vida. ¡Está midiéndole los senos, por amor a todos los dioses! ¿Es en serio que lo único que puede hacer es pensar en un montón de imbéciles sin nombre?

Cierra sus manos formando puños,tensionándolos hasta que por fin se fuerza a recobrar la compostura.

—Inhala.

La ninja encuentra su posición profundamente patética, totalmente inaceptable, no puede dejar que esa basura controle su vida de este modo tan exagerado…

"¿Sabes qué? Quiero volver a actuar como antes."Se admite a sí misma, ya ignorando el tacto del lápiz escribiendo prácticamente sobre sus tetas.

"Si puedo pasar por esto sin que ese montón de imbéciles me lo impidan, entonces puedo hacer lo mismo con muchas cosas más."

—Exhala.

—Puedes dejar actuar como si fuera a romperme—pronuncia la muchacha mientras vacía el contenido de sus pulmones—. Gracias por preocuparte, pero te pedí que no me trataras de forma diferente.

Finalmente, se ha decidido a hablarle con seriedad a la presencia tras ella. Es más que claro que él está preocupado por no traerle malos recuerdos. Mala suerte. Ya los tiene. Y va a seguir siendo ella misma, con o sin ellos.

Esas palabras toman por sorpresa a Sasori, ya que hay una agresividad en ellas que no puede evitar interpretar como un buen signo.

—Y si te atreves a preguntarme si lo digo en serio, voy a enojarme—continúa Sakura cuando nota que la respuesta está demorando más de la cuenta en llegar—. Ya bastante es que haya accedido a esto, así que no presiones tu suerte.

No está enojada con él, ni podría estarlo porque no es su culpa. El pelirrojo está actuando como se esperaría que actúe cualquier persona normal frente a una víctima de abuso. Y ella le agradece su respeto, pero ya está más que cansada de ser, y de sentirse, una maldita víctima.

Una sonrisa termina formándose en la faz del marionetista. Esta suena mucho más a la Sakura que él recuerda. Si bien no suena totalmente confiada, aún así está feliz de verla regresando a ser como antes... aunque sea sólo un poco.

Acto seguido, el titiritero continúa su tarea de escribir sobre el papel con una mayor confianza. La mujer puede sentir el cambio de actitud para con el tacto de su pecho, y este nuevo estímulo la toma por sorpresa, haciéndola inspirar de modo inconsciente.

—Y ahora tendré que tomar esta medida de nuevo…—acota él de modo algo socarrón, aceptando tomar un papel más activo en la recuperación de la kunoichi. Después de todo, ella fue la que quiso ser tratada con menos cuidado.

Por un instante, Sakura siente que la angustia y los malos recuerdos volverán a traicionarla, pero no tarda en recuperar la estabilidad. Con o sin recuerdos, ella seguirá siendo la misma de siempre. No más excusas.

—Si estás usando esto para pasarte de listo…—comienza a amenazarlo como siempre lo hizo, haciendo que poco a poco una porción de aquel ambiente de levedad, que antes abundaba entre ellos, vuelva a hacerse presente.

—Exhala y deja de actuar como una niña—critica Sasori sin perder la oportunidad de unirse a ella en la labor de hacer de esta situación una experiencia más llevadera.

"¿Te atreves a tratarme de manera infantil?" Piensa la dama aferrándose a su espíritu competitivo para contrarrestar sus demás sensaciones.

—Tú eres el que me está midiendo. ¿Sigo siendo una niña? —repone desafiante en un intento de defender su orgullo como mujer.

—Pasas cerca—esboza sin ocultar su expresa intención de incordiarla.

—Ese fue un golpe bajo… —gruñe siendo tomada por sorpresa—. Vas a pagar por haber dicho eso.

—Seguro que voy a pagarlo—menciona igual de desafiante que ella—. Pero después de que termine con las medidas. Ya puedes dejarme terminar el trabajo.

Sakura acepta su derrota de mala gana al tiempo que sonríe. A pesar de haber perdido el intercambio de palabras, esto cuenta como una victoria para ella.

Sí, aún tiene problemas con lo que esos bastardos le hicieron. Aún puede sentir los efectos de ese suceso en su psique, pero ya los mandó al infierno a ellos, y mandará al infierno a esos condenados efectos del mismo modo.

"No voy a perder un segundo más de mi vida por su culpa."Afirma para sus adentros como una declaración de guerra contra todos, y todo lo que se ponga en su camino.

Sin embargo, no es tan ilusa como para decir que ya está del todo bien. Se conoce a sí misma lo suficiente como para saber que le falta camino por recorrer. A pesar de eso, este espíritu combativo es algo de lo que se puede enorgullecer. Esta es su voluntad, y su voluntad no se quiebra.

Una vez que el artesano termina con el proceso de medición, éste guarda los datos recopilados dentro de un pergamino al tiempo que su modelo se pone en pie y estira un poco las piernas, ya que desde hace un rato que había comenzado a sentirlas adormecidas. A continuación, ambos levantan el campamento y vuelven a desplazarse por el bosque.

No, la experiencia no fue la gran cosa, no si se la observa de manera objetiva. Fue simplemente un paso necesario para la creación de la bendita armadura….

De todas formas, el resultado inesperado de esta sesión es lo que se queda con Sakura a lo largo de todo el día, quien, mientras viaja codo a codo con Sasori, no puede evitar tomarse el evento de la mañana como una pequeña victoria.

Victoria o no, ella no piensa reducir su progreso sólo a esto, ya que ahora está empeñada en recuperar su confianza a la fuerza, junto a todos los otros aspectos de su vida que siente haber perdido en aquella mazmorra mohosa.

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Esa noche, el equipo opta por desviar sus pasos hacia las carreteras poco transitadas que circundan al siguiente poblado de paso, para así buscar refugio y comida en un discreto albergue sin dejar de pasar desapercibidos. Este es un gusto que pueden darse cada vez menos, pero cuando hacerlo es algo que no retrasa su agenda, es algo que la rosada agradece a sobremanera.

Cuando la tranquilidad y la calidez de un techo se ciñen al fin sobre ambos, el ambiente entre ellos también se apacigua, al menos, hasta que las luces de su nueva habitación se apagan.

La joven, ya bañada y vestida en pijama, se ve incapaz de conciliar el sueño. En lugar de eso, observa desde su cama a la chimenea a pocos metros de ella. Allí, frente a la rústica calefacción del alojamiento, se encuentra la silueta del pelirrojo. Éste está sentado de espaldas a ella, mientras se dedica a poner sus manos y atención en un recipiente cargado de cerámica húmeda.

El sonido que sus palmas hacen cuando las enjuaga en un cuenco con agua a su alcance, es lo que está dificultándole a la muchacha el enfocarse en quedarse dormida. De este modo, comenzando a aburrirse ante el avance de su insomnio, Sakura decide hacer algo útil en esta oportunidad. Después de todo, aún tiene una amenaza que hacer valer con ese artista…

La dama sale de entre las sabanas, y sin mucha ceremonia se sienta tras el ausente Sasori, sin darle tiempo a sacar las manos de la cerámica.

—Ahora vas a dejarme que toque tu núcleo por sobre tu ropa—demanda Sakura tomando la iniciativa de la interacción, y sin presentar opciones de escape a su compañero.

El renegado parpadea perplejo, girándose para verla al tiempo que toma la precaución de no tocar nada con sus manos manchadas de pegajoso material.

— ¿Que voy a hacer qué? —musita tan sorprendido por lo repentino de sus palabras, como por lo que estas implican.

—Después de lo que te permití hoy en la mañana, y después de la vergüenza que me hiciste pasar, es justo que te la devuelva. ¿Acaso me lo vas a negar?

La mujer pregunta esto siendo totalmente consciente de la situación en la que pone a su compañero. Sí, definitivamente lo que hace puede llamarse manipulación, pero no le importa. Va a volver a recuperar su posición en el juego cuanto antes, y no hay mejor manera de hacerlo que atacar a su oponente en donde sabe que le afecta.

—Me pediste que no vuelva a tocarlo sin permiso—continúa la kunoichi—. Te estoy pidiendo permiso ahora.

Sasori todavía se encuentra atónito ante el pedido. Su primer instinto es negarse a tal propuesta, ya que no existe ningún aspecto de sí mismo que sea más vulnerable que la porción más humana de su cuerpo.

—Cobarde—lo desafía mirándolo fijamente a los ojos.

Esa palabra despierta en el hombre esa chispa de competencia que es tan usual entre ellos. Este súbito arrebato de rivalidad es lo que le proporciona la excusa que el resto de sí mismo estaba esperando, aunque él no quisiera admitírselo.

—Está bien. Supongo que a estas alturas no tengo que decirte que tengas cuidado—cede Sasori sin más contratiempos. Escuchar esas palabras saliendo de su propia boca se le presenta como la evidencia más clara de que tanto tiempo de contenerse está haciendo mella en él. A continuación, vuelve a girar su rostro a la chimenea—. Pero yo tengo que seguir trabajando en la cerámica.

Ella esboza una sonrisa malévola ante su reciente victoria. Ahora tiene la libertad de avergonzar a su compañero tanto como desea, y planea disfrutar cada segundo de ello. De este modo, sin darle mucho más tiempo, se deja caer sobe su espalda y abraza su torso a la altura del ombligo. Mientras tanto, apoya el mentón sobre su hombro derecho.

—Hmm… No recuerdo haber hecho eso. ¿No eras tú la que hablaba de justicia?—replica el pelirrojo arqueando su espalda en reacción a la súbita cercanía de su musa.

—Tú puedes desactivar tu tacto en todo tu cuerpo. Deja de lloriquear—le susurra al oído reafirmando su posición de control en la situación.

El avance de Sakura desata un conflicto interno en el renegado. No tiene caso negar que disfruta la cercanía de ella más que nada, pero esto es mucho más de lo que nunca tuvo en mente, ni creyó posible, mucho más aún esta noche.

Acto seguido, la médica sube su mano derecha hasta apoyar sus dedos sobre el pecho vivo de Sasori.

El acto paraliza de inmediato a la marioneta humana, quien se tarda unos segundos en forzarse a retomar sus tareas y proceder fingiendo que nada extraño cruza por su mente.

Esta reacción es exactamente lo que Sakura está buscando. Había olvidado cuánto disfrutaba de sentir que tiene poder sobre él. Sabe bien que esta es una oportunidad que no volverá a repetirse, y por eso no piensa desperdiciarla con inútiles recatos.

Por otro lado, no es muy a menudo que puede sentir la temperatura del núcleo. A pesar de que sea solamente a través de su ropa, es algo que la dama no puede ignorar durante todo lo que dura el proceso de su "venganza".

—Hmm… ¿Te he dicho alguna vez que tu espalda es cómoda?—expresa con melosidad en su tono sólo para incomodarlo aún más—. Para usarla de cama tendría que romper tu torso, o dejar que me toques. ¿Verdad?

El ex Akatsuki contiene el impulso de reír ante la ocurrencia de su ex contacto, más que nada porque quiere evitar el exceso de fricción en su núcleo a causa del movimiento.

—¿Qué opción preferirías que tome?—evoca ella en un aire provocativo.

—Reparar mi cuerpo duele demasiado. Preferiría evitar esa experiencia—contesta el artista, sin convencerse a sí mismo de que sólo está respondiendo por lógica.

—Pervertido—se burla mientras acaricia el núcleo de Sasori con su dedo índice, realizando de tanto en tanto movimientos circulares sobre la palpitante superficie.

Esforzándose en ignorar el agradable estímulo, el hombre gira su cuello para ver a su torturadora.

— ¿Tanto te gusta molestarme? —pregunta mirándola con una forzada neutralidad en el rostro, neutralidad que la dama puede desmentir sin mayor esfuerzo nada más utilizando sus jades.

—Sí—sonríe siendo totalmente honesta— ¿Te molesta demasiado?

Ella no deja de mover su índice sobre él, teniendo siempre el cuidado de no aplicar demasiada presión. Quiere molestarlo, no lastimarlo.

El artesano lleva su mano a su propia frente en una automática demostración de frustración ante tan directa confesión. El resultado del movimiento es haberse manchado la frente y el cabello con cerámica.

La chica ríe ante la imagen. No es normal ver a un artista, que se precia tanto de sus métodos, cometiendo un error tan básico. Sabe bien que verlo así de distraído es su culpa y le encanta saberlo.

—Ni se te ocurra usar eso como excusa para levantarte. Eres mi cama hasta que te diga lo contrario—se anticipa la mujer.

El torturado intenta resumir lo que queda de noche rescatando lo que le resta de orgullo, pero la joven en su espalda es para él una distracción demasiado endemoniada. Ni siquiera él mismo entra tanto en contacto con su núcleo, excepto cuando es necesario hidratarlo. De todos modos, no tarda en resignarse de buena gana a permitirle hacer lo que quiere. En este caso, ya deja de molestarle perder la posición de control.

Con el correr del tiempo, el tacto de ella es algo que se le presenta tóxicamente hipnótico. La verdad es que Sasori no comprende cómo puede seguir fingiendo que nada le ocurre. Sólo la interminable competencia con ella se presenta como justificación para el milagro que es ahora el que su ritmo de trabajo se haya reducido unas cuatro veces, en comparación a su eficiencia usual.

La musa continúa siendo una agradable incordia a lo largo de lo que dura una hora. En todo ese lapso, ella detiene sus movimientos de tanto en tanto, sólo para reemplazarlos por otro tipo de caricias igual de crueles que las anteriores. Mientras tanto, no hace más que sonreírse complacida ante los sutiles espasmos corporales, o súbita falta de los mismos, del hombre que le sirve de almohada…

Como no podía ser de otra manera, la tensión que se acumula entre ambos termina por afectar también a Sakura, quien no tarda en reconocer como su sexo comienza a reaccionar expectante ante la posibilidad de más. Contrariando a la cautela, ella toma esto como una señal para continuar jugando con el titiritero por aún más tiempo, dejando que su otra mano también se sume al baile de caricias sobre el núcleo y sus ramificaciones en la cerámica.

Con el pasar de los minutos, el ritmo de trabajo del marionetista se vuelve cada vez más lento y difícil de mantener. Una mezcla entre el poco orgullo que le queda, y un cada vez más creciente deseo que debe mantener bajo control, le impiden detener el momento. En realidad no desea detenerlo, y, por suerte para su cordura, al final no es necesario que lo haga.

Tras lo que para él resulta ser una eternidad, los movimientos de Sakura se vuelven más y más espaciados, hasta que finalmente sus manos terminan cayendo sobre su regazo.

— ¿Sakura? —susurra el hombre recibiendo por respuesta sólo pequeños ronquidos.

"Por supuesto que se durmió."Piensa agradeciendo que la muchacha sea vulnerable ante el agotamiento. A decir verdad, no está seguro de cuánto tiempo podría haber perdurado antes de hacer o decir algo estúpido.

—Lo más divertido que hay…—balbucea dormida, revelándole un pensamiento inconsciente a su ex informante sin darse cuenta.

Ese comentario es lo que lo convence de no despertarla. Definitivamente, tuvo suficiente por una noche. Ya no quiere más riesgos.

Desde entonces, Sasori limita sus movimientos a esos que puede realizar sin moverla, ni sacarla de su sueño. Así, le permite caer más y más profundo en este estado hasta que por fin llegue el momento de devolverla a su cama.

La última hora fue particularmente intensa para Sasori. No está del todo seguro de si quiere que se repita, aunque parte de él no tiene ningún problema en admitir que esta experiencia es algo que disfrutó.

El criminal suspira. Definitivamente, su musa no quiere hacerle sencilla la tarea de mantener a raya sus sentimientos. Pero no quiere ser mezquino con ella, no ahora. Después de todo, es la primera vez que la ve tan alegre desde hace semanas. Y, si el precio de verla contenta es sólo un par de horas incómodas, lo pagaría una y mil veces sin quejarse.

El renegado ríe ante el ridículo de esa línea de pensamiento.

"Sé que no permití esto sólo por ella."

Luego de dejar pasar un buen tiempo, el ex Akatsuki decide levantar a la mujer en sus brazos y llevarla a su lecho.

Primero que nada, limpia la cerámica de sus manos con un trapo antes de girarse con suavidad, y luego la toma con delicadeza para no despertarla.

La precaución en sí parece innecesaria, ya que Sakura se encuentra profundamente dormida, e ignora lo que ocurre con su cuerpo. Tal parece que el viaje de hoy la ha drenado de toda energía.

Sasori se detiene frente a su futón, y mira el pacífico rostro de su musa por un instante. Por un eterno segundo, permanece contemplando sus labios entreabiertos, como si estos lo hubiesen hechizado.

Podría... La distancia no es demasiada…

"Ni siquiera pienses en eso."Se reprimenda a sí mismo, sabiendo más que bien la dirección en la que su mente está por desvariar.

Esta es la primera vez que siente una verdadera desilusión por la posición en la que se encuentra, y la primera vez que desea tanto que la situación fuese otra.

El hombre decide apoyar a la dama en su lecho, y cubrirla con sus mantas, antes de seguir ahondando en pensamientos inútiles.

"Decidir, y vivir con las consecuencias…"Piensa a modo de mantra mientras regresa a atender su arte.

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Nota de autores (Lahonestidadenmi) : No tienen idea de cuánto tiempo y re-escrituras fueron necesarias para la publicación de este capítulo. Co-autor y yo esperamos que sea de su agrado.