Camino lentamente por el pasillo lleno de estudiantes, que se empujaban entre sí para llegar a los autobuses que los llevarían a sus hogares.
En verdad, era tan fácil, engañar a toda esa manada de corderos, esquivo casi sin mucho esfuerzo, algunos rezagados, casi nadie se volteaba a verlo o para despedirse, después de todo era un chico casi imperceptible.
Su sonrisa se ensancho mientras salía del edificio, en verdad, esos corderos pensaban que era como ellos, saco su celular, mientras miraba el ultimo autobús irse.
Algunas horas después, podía sentir los labios de las chicas insaciables, sobre su palpitante miembro, en verdad, había existido una época, donde todo su mundo era uno de sus más perturbadores sueños.
— — Ven Lynn — ordeno el chico mientras jalaba delicadamente la fina cadena de cuero que usaba para dominar a su hermana mayor — dejemos que Lucy se encargue por esta noche — beso los pequeños senos de la deportista, ocasionando que involuntariamente soltara un jadeo de placer, que el castigo dándole un pequeño tirón a su correa.
Observo a las gemelas a la orilla de la cama, esperando pacientemente, sonrió levemente, mientras volvía apoderarse de los labios de su chica.
En verdad, adoraba tener el control de la situación, y bueno ellas eran tan sumisas, una vez, que logro encontrar sus puntos de quiebre, todo fue pan comido, bajo a Lynn de la cama y empujo a Lucy de la misma, dejando a las cuatro a los pies de la misma, con miradas suplicantes, buscando un poco del cariño que podría darles.
— — Fuera — ordeno fríamente — no tengo ganas hoy — disfruto las miradas de miedo y necesidad en esos rostros, lo que demostraba su completa sumisión a sus deseos.
Algunos minutos después, cerró la puerta, asegurándose que estaba completamente cerrada, para abrir su armario segundos después, dejando entrar por fin algo de luz en el mismo, mostrando su secreto.
Sus cautivas parecían intentar moverse, ante la pequeña brisa que inundaba ahora el armario— descuiden — susurro mientras acariciaba a la más cercana — todo estará bien — dijo, con una sonrisa en sus labios, mientras tocaba impunemente el pecho desnudo de Paige, observando como Cristina y Ronnie Anne hacían un último esfuerzo por zafarse, ocasionando que les soltara una cachetada que las dejo congeladas en su sitio al instante.
— — Aprenderán a obedecer — gruño el chico sacando a una del grupo, se lamio los labios, al momento de acomodarla sobre las piernas de las otras tres, con el tiempo, había aprendido a ver la debilidad, saboreándola como el más rico de los mangares de la existencia misma, y Poly Ann valla que olía a debilidad, en parte debido a las dos semanas encerrada en ese armario, amarrada en una posición suplicante, siendo obligada a tomar el agua por un tubo, y con un pequeño dildo que estimulaba su clítoris constantemente, ocasionando que estuviera bañada en sus propios fluidos.
Sonrió lujuriosamente antes de arrancar el pequeño dildo, ocasionando que la chica diera un grito apagado por la mordaza — eres una perra traviesa — susurro el chico, tomando un poco de los jugos de la chica entre sus dedos — a un que dulce — disfruto el sabor, mientras ponía su miembro en la entrada de la chica — ahora lindura — acaricio la espalda desnuda de su presa — piensa en quien tú quieras — le lamio el cuello antes de morderlo gustosamente — porque desde ahora tu alma es mía — adoraba en especial robarles su primera vece, era tan gratificante el sentir como las paredes vaginales se contraía e intentaban oponerse a la intromisión, el dulce olor a la sangre, mesclada con fluidos y sudor, y como cereza del pastel, esa mirada perdida y sumisa que quedaba una vez, que él se alimentaba con sus últimos sueños y esperanzas.
Miro su reloj el cual marcaba las tres de la mañana, amarro a la chica en el armario, la perra tenia demasiado que aprender, a un que cinco horas, era un tiempo disfrutable, se acostó segundos después, mirando al techo, recordando el largo camino de dominación que llevaba recorrido.
Después de todo él era un lobo con piel de cordero.
