Umbral de la Venganza

–¡Infernape, usa Bombardeo!

–¡Toxicroak, Golpe Venenoso!

El simio embistió a su contrincante sin dudarlo, cubriendo cada vez más su cuerpo de fuego a cada paso que daba. Por su parte, el batracio venenoso dio un gran salto, presionando sus patas contra el suelo, y con su puño tóxico al frente, se dispuso a golpear el rostro del tipo Fuego/Lucha. En lo que dura un parpadeo, ambos colisionaron en medio de un campo de hierba. Las llamas se extendieron, calcinando todo a su paso, tras esto, hubo una especie de explosión, y ambos Pokémon fueron lanzados hacia atrás.

En medio del campo de batalla, las llamas comenzaron a avanzar sin deparo, consumiendo todo lo vivo que estuviera en su camino. A los costados, ambos Pokémon del tipo Lucha se encontraban desparramados, cubiertos de heridas de batalla. El batracio estaba en una posición extraña, pues parte de su cuerpo había sido enterrado en la tierra; dado que con el paso de los segundos no hubo señal alguna de movimiento, un rayo rojo lo engulló, dejando solo tierra removida en su lugar.

Al otro lado, el simio aún permanecía consciente. En su mandíbula tenía un gran hematoma, con venas resaltando en sus extremos. El Pokémon Inicial de Sinnoh utilizó la fuerza de sus grandes brazos para impulsar a al frente su cuerpo. Una vez reincorporado, el Pokémon dejó sus dos brazos colgando, señal de que ya no tenía más fuerza en ellos. Éste síntoma y otros, como la palidez de su piel y sus ojos desorbitados, eran clara señal de que había sido envenenado.

–¿Cómo te sientes, Infernape? ¿Te podrás mantener en pie? –Utilizando toda su fuerza de voluntad, el simio elevó su brazo hasta que superara la altura de su cabeza, dejando sobresalir su pulgar. La respuesta era clara: ¡no se rendiría por nada! –¡Ahí está! Creo que es momento de que saques a otro de tus Pokémon.

–¡¿Otro?! Pero si Toxicroak era mi único Pokémon. En la agencia nos enseñan a que nos acostumbremos a tener un solo compañero, ¡uno que esté especialmente entrenado! ¡Y tú lo venciste con solo un Pokémon!

–Bueno, tampoco es tan sorprendente, sin ofender… Pero Infernape fue parte importante de mi victoria frente a varios de los mejores entrenadores que he enfrentado. Desde Campeones hasta cazadores furtivos y mercenarios rivales. Además, no por nada la Policía Internacional pidió mi ayuda en varias ocasiones.

–Ya lo sé, pero a decir verdad no pensé que la brecha fuera tan grande. Es un tanto deprimente, me hace sentir que he desperdiciado muchos años de mi vida esforzándome por entrenar a Toxicroak, para que al final el resultado sea éste.

–No digas eso… Cada quien entrena a su ritmo. Además, estoy seguro de que lo entrenaste en más aspectos que solo las batallas, ¿no es así? –El entrenador del Toxicroak, que parecía un tanto desganado, sonrió de lado al escuchar las palabras de apoyo de su rival.

–Sí, en eso estás en lo correcto.

–Además, todos los recuerdos que han formado juntos son prueba de que no ha sido una pérdida de tiempo. Las memorias que formas con quienes aprecias, sean Pokémon o personas, son lo más valioso que puedes llegar a tener.

–Hmm… Es irónico, se supone que sería yo quien vendría a ayudar y dar consejos, no al revés.

–Nada más sé de lo que hablo… –Ambos entrenadores permanecieron en silencio, uno con la Pokéball de Pokémon en su mano, y el otro con su Pokémon al frente suyo. En entrenador del Infernape miraba como el fuego consumía la hierba, con sus ojos cargados de melancolía. El otro hombre era consciente de lo que podía estar pasando por la cabeza de su rival. Hablar de recuerdos queridos, pero carecer de ellos, no debe ser nada fácil.

–Red… Sí quieres hablar de… –Antes de que el entrenador del Toxicroak pudiera terminar de hablar, su acompañante sacó una especie de spray del bolso que se encontraba a su lado, en el suelo.

–Ten Infernape, el Antídoto aliviará los síntomas del envenenamiento. –Hecho eso, el entrenador de nombre Red reemplazó el spray por una Pokéball, a la cual regresó al simio. Rápidamente, el hombre guardó la Pokéball y sacó otra; al oprimir el botón de en medio, una especie de rana origami salió de ella. –Greninja, usa Shuriken de Agua en el fuego. No queremos llamar la atención con el humo.

La rana, sin necesidad de responder, lanzó velozmente cinco estrellas de agua al calcinador fuego que crecía en medio del campo de batalla. Las llamas disminuyeron tras cada impacto, y al quinto, lo único que quedaban eran las ardientes brasas residuales. Apagadas, pero no muertas, como el espíritu de alguien que espera en silencio la señal indicada. Así era el espíritu de Red Ketchum, el nombre auto-otorgado de quien una vez fue un despreocupado chico en busca de aventuras. Claro, haber perdido la memoria y haber despertado de un coma estando en la senda del mal camino, puede doblegar hasta al de espíritu más recto.

Se dice que el espíritu queda intacto en caso de perderse la memoria, se dice que esa persona seguirá siendo siempre la misma, aunque sea muy adentro de su ser. Y eso puede ser verdad, pero también es verdad que las vivencias del día a día son aquellas quienes nos forman. El carácter y los valores dependen de nuestro entorno, y hasta el tronco más duro puede doblegarse con la cantidad correcta de peso. Por muy buena que sea una persona, si ésta está rodeada solo de mala influencia, es probable que terminé mal influenciada. Exactamente eso fue lo que le ocurrió a Red.

Tras entrar en un profundo coma, debido a que quedó a la deriva en el Ultraumbral, él terminó del lado incorrecto de la sociedad. Y todo producto de un caso de muy mala suerte. Porque ese día, el día que finalmente fue expulsado del Ultraumbral, él cayó cerca de un lugar llamado Pueblo Po, lugar que antaño estaba dominado por un grupo de criminales, conocido como el Team Skull. Tal fue su mala suerte, que fue encontrado por los únicos tres miembros que operaban en Melemele, la isla en la que Red, antes conocido como Ash, estaba llevando a cabo sus estudios complementarios. Fue de esa forma que fue reconocido y llevado a los cuarteles del Team Skull…

Ash Ketchum era un chico con un sueño, el de convertirse en un Maestro Pokémon. ¿Pero qué es un Maestro Pokémon? Algunos dirán que es alguien capaz de enfrentarse al Alto Mando, otros que alguien capaz de entender a los Pokémon; al final, el concepto es voluble. Por ello, cuando Ash Ketchum veía una oportunidad que lo llevaría a vivir nuevas experiencias y aprender más de los Pokémon, nunca dudaba en tomarla. Eso llevó a Ash a viajar hasta por seis regiones distintas, comenzando por Kanto, su región natal, y terminando por Kalos.

Durante ese tiempo, Ash aprendió a entrenar de manera correcta con sus Pokémon, aprendió a como debía tratarlos, aprendió a verlos como sus amigos y compañeros. También conoció multitud de personas e hizo muchos amigos, unos más cercanos que otros. Durante ese tiempo, Ash se dedicó a enfrentar líderes de gimnasio, para posteriormente enfrentar la Liga Pokémon. Eso en las seis regiones que recorrió; lastimosamente, con extrañas excepciones, como las de la liga no oficial de las Islas Naranja y el Frente Batalla de Kanto, lo único que logró cosechar fueron ligas perdidas. Derrota tras derrota, unas épicas, otras por torpeza, al final Ash Ketchum se encontró en medio de un bucle sin fin. Su última derrota, en la final misma de la Liga Kalos, era prueba de ello.

Ash sabía que necesitaba un cambio de aires, y éste vino en forma de un golpe de suerte. Cuando se hallaba de regreso en su pueblo natal, el Pueblo Paleta, el Mr. Mime de su madre ganó un viaje a la región tropical de Alola, un destino nuevo para el chico. Y el viaje le vendría bien para despejar la mente, sobre todo por lo ocurrido en Kalos; la derrota ante el chico al que nunca venció, Alain, y el beso de despedida de Serena, ¿su amiga?

Todo era muy confuso para él, por un lado, necesitaba enfocarse en alcanzar su meta, y por el otro sentía que no podía simplemente dejar a Serena de lado. Y ello conllevaba dos problemas distintos. El primero: ¿Cuál era su meta? Ash al principio estaba seguro de que combatiendo en las ligas encontraría la respuesta a lo que era ser un Maestro Pokémon, así como Cynthia, Steven y Lance; pero ya no estaba tan seguro de eso. Y su segundo problema: ¿Por qué Serena lo había besado? Obvio no era estúpido, él sabía el porqué, lo que no entendía era por qué. ¿Acaso Serena quería que fueran más que amigos? ¿O el beso solo había sido un gesto de cariño aislado? ¿Acaso él quería a Serena?

Con todo eso en mente, le era difícil concentrarse, así que el viaje era la perfecta excusa para despejar su mente de todo eso. Pero el viaje fue como una pieza de domino que cayó, empujando a otro montón de ellas. Allí, en Alola, le surgió la oportunidad de quedarse estudiando en una escuela Pokémon local. En otra ocasión la idea no le hubiera parecido atractiva, pero que el director fuera primo del profesor Oak, y que el profesor que impartiría las clases fuera el profesor Pokémon regional, hizo todo mucho más interesante.

No le hacía falta aprender teoría Pokémon, o eso había pensado en un inicio. Pero, ¿entonces por qué seguía perdiendo liga tras liga? Desesperado por entenderlo, Ash se quedó en Alola bajo el amparo del profesor Kukui, así que una vez más comenzó una nueva aventura. Y como todas sus aventuras, ésta involucró desde luchar contra organizaciones malvadas hasta encontrarse con legendarios. Conoció nuevas personas, hizo amigos y atrapó nuevos Pokémon. Lo típico para Ash Ketchum; hasta que algo varió. Algo que no estaba previsto; Serena también visitó Alola.

Que se encontraran fue coincidencia, pero eso bastó para volver a encender las dudas dentro de sí. ¿Había olvidado a Serena? Claro que no, ¡no podía dormirse sin haber pensado en ella! Pero el sentimiento lo había enterrado dentro de sí y no lo había dejado salir… Hasta que la vio. ¿Cómo fue que en dos semanas comenzaron un noviazgo? Ni siquiera él estaba seguro, pero al menos era feliz. Las cosas parecían mejorar día a día; su tutor y profesor, Kukui, se casó con una colega, Burnet, y entonces Serena le recomendó a Ash pedir permiso para invitar a sus antiguos compañeros de aventura.

Serena se había quedado con él; lo discutieron, y decidieron que ella lo acompañaría hasta que él terminara oficialmente su Recorrido Insular y Kukui inaugurara su deseada Liga Pokémon. Después volverían a Kalos para que Serena luchara por su sueño. Fue entonces que Serena pudo saber más de los antiguos amigos de Ash y le recomendó reunirse con ellos; la boda era la perfecta excusa. A la pareja de profesores le agradó la idea, y entonces la ansiada reunión se dio. Un recuerdo que Ash juró nunca olvidaría, sobre todo cuando cerró con la primera vez que hizo el amor con Serena.

Pero la vida no es un lecho de rosas. Transcurrido un mes de la boda, un ser negro llamado Necrozma apareció de un umbral junto con Solgaleo y Lunala; siendo que ese Solgaleo era el mismo Cosmog que una vez cuidó con esmero. Todo sucedió de manera rápida y caótica. Una nave comandada por una mujer del Team Rocket se unió al combate, murió el trío de villanos que siempre lo había perseguido junto con su Rotomdex, Necrozma absorbió a Nebby y el Team Rocket, el de verdad malvado, no como el trío, secuestro a Poipole.

Sin apenas apoyo, Ash decidió emprender solo hacia la dimensión donde todo convergía, solo para encontrar ahí su destino. De no haber sido porque el último ataque de Necrozma abrió un Ultraumbral, Ash Ketchum habría muerto. Pero esa fue la última vez que tuvo suerte por muchos años, pues él cayó al Ultraumbral y desde ahí todo empeoró. Ese día comenzó la historia de Red Sakaki, alias Dead Spark.

Su mala suerte no acabó después de que el trío del Team Skull lo llevara con su líder, Guzma, pues esté informó del hallazgo a su superior, el exdirector de la Sucursal de Alola de la Fundación Aether, Faba. Faba le había ocultado a Lusamine Aether, la presidenta y su jefa, que el Team Skull seguía trabajando para la fundación. Su trabajo era desmantelar ese proyecto, pero después de que la Presidenta fuera raptada por un Ultraente y él perdiera su puesto poco después, el asunto quedó en el olvido; bueno, para todos menos para él. Guzma no lo sabía, pero él ya no trabajaba para la mujer que tanto respetaba.

Faba se había hecho de contactos peligrosos, muy peligrosos, y fue así que se enteró de cuanto Giovanni Sakaki, el líder de la organización a la que se había aliado en secreto, odiaba a Ash Ketchum. Él también lo odiaba, así que aprovechó la situación… Lo que no esperaba, era que las ordenes de Giovanni fueran que Ketchum fuera tratado como un miembro más del Team Skull. ¿Con qué fin? No lo sabía, y lo mejor era no preguntar. Sí deseaba recuperar su puesto y prestigio, debía acatar en silencio.

Fue así que Ash Ketchum se convirtió en Red Sakaki tras seis años bajo las mentiras del líder del Team Rocket, fue así que su pasado fue eliminado y reemplazado por un engaño. Así fue como su espíritu noble fue corrompido por el entorno en el que despertó del coma, y fue así que dejó de ser él mismo… Hasta que empezó a recordar una vez más gracias al antiguo rey de Kalos, A.Z. Eso catalizó un nuevo cambio… Un cambio que seguía en proceso aún. La mezcla de Red y Ash; la mezcla de sus vivencias y, por lo tanto, sus personalidades.

Lastimosamente, pese a eso, la mayoría de los recuerdos de Ash permanecían sellados, haciendo de su pasado un anhelo aún más deseado que antes. Por eso él entendía lo que era perder aquellos recuerdos apreciados, pues la gente a su alrededor constantemente le recordaba eso que había pedido. Las conversaciones del pasado parecían tan vacías, a pesar de que se suponía que él formaba parte de ellas. Eso era lo que le hacía tan difícil lidiar con el pasado mismo; sentirse aislado de ése. Y era exactamente el dolor que le causaba el arrebato de su pasado, la mayor parte del combustible que mantenía ardiendo su deseo de venganza.

Venganza sobre todos aquellos que osaron aprovecharse de él y sus debilidades. Y es que Giovanni Sakaki y su Team Rocket no solo destruyeron su pasado, también su presente. Para empeorar las cosas, luego de haberlo usado por cinco años, decidieron deshacerse de él como si de un objeto desechable se tratara. Obviamente, Red no se quedaría sentado observando como Giovanni alcanzaba su objetivo apoyándose en sus acciones como mercenario; él mismo se encargaría de detenerlo.

Pero Giovanni había sabido jugar sus cartas, y además de eso había contado con buena suerte. De no haber sido por Ash, Giovanni nunca habría recuperado a Mewtwo y atrapado a Necrozma. Sin Ash, bajo el nombre de Red Sakaki, Giovanni no habría eliminado a multitud de enemigos suyos ocultos en las sombras, y sin él, el Team Rainbow Rocket nunca habría nacido. Red sabía que él no era el único culpable, pero sentía que la carga que él llevaba era mayor que la de cualquier otro. Por eso, hizo todo lo posible por encontrar una forma de evitar que aquel, al que un día consideró su padre, obtuviera la victoria.

Aun así, la venganza es un arma de doble filo. Red olvidó que ya no era un mercenario solitario con problemas de alcoholismo, y por eso secuestraron a Yvonne Ketchum, su hija. Al final, de nada sirvió todo el esfuerzo que requirió volver a aquella dimensión donde luchó contra Necrozma, ya que su hija fue lanzada al interior del Ultraumbral; que él saltara a salvarla no cambió nada, la niña perdió la memoria, así como él.

La venganza es un arma de doble filo, porque puedes hacer que tu enemigo lo pierda todo, pero tú también puedes acabar perdiéndolo todo en el proceso. Red ahora lo sabía, pero, aun así, el deseo de venganza ardía en su interior. Detenerlo habría sido el camino correcto a seguir, de no ser porque el Team Rainbow Rocket era una amenaza real para el mundo entero; mientras alguien estuviera dispuesto a enfrentárseles, aún habría un poco de esperanza.

Pero la esperanza tiene un límite, y la gente lo estaba alcanzando. Todo empezó con el atentado a un punto de importancia en cada una de las regiones principales; las personas empezaron a temer. Las cosas no acabaron ahí. Días después, la capital de Hoenn fue atacada, dejando una enorme suma de muertos y heridos. Cuando parecía que las cosas no podían empeorar, la capital de Johto, Ciudad Goldenrod, también fue atacada; el lugar quedó completamente devastado.

Lo particular de ambos ataques, es que la gente rumoreaba que fueron realizados por personas con Pokémon particulares. En Mauville, todo parecía indicar que el atentado fue realizado por un Groudon y un Kyogre; los legendarios de la zona. En Goldenrod, el rumor era más extravagante, pues se decía que fue efectuado por seres extraños, no por Pokémon. El silencio de los gobiernos fue roto, cuando un oficial de la Policía Internacional reveló que la identidad de tales seres, era la de Pokémon extradimensionales conocidos como Ultraentes.

El pánico no tardó en elevarse cuando sucedió el tercer ataque a una ciudad capital, Castelia de Unova. El saldo de muertos fue gigantesco, y que el líder del grupo de terroristas se revelara como Ghetsis, un criminal presuntamente muerto, causó que el caos reinara como nunca. La gente comenzó a abandonar las capitales de todas regiones que aún no habían sido atacadas, provocando un éxodo sin comparación.

El siguiente objetivo de la organización criminal, ascendida a organización terrorista, el Team Rainbow Rocket, fue la capital de Kanto. Lo que nadie en Saffron esperaba, era ver ahora la cara de uno de los más temidos mafiosos de la zona liderando al grupo de terroristas. Menos esperado aún, fue que el Team Rainbow Rocket declarara abiertamente que deseaba obtener el control de la región entera. Tras amenazar al gobernador regional, y que éste se negara a cooperar con ellos, Giovanni asesinó a sangre fría al hombre, comenzando una guerra con la armada de Kanto.

Red y varios amigos suyos, líderes de gimnasio de la región, partieron para apoyar a la armada de su región. Pero al llegar, lo único con lo que dieron fueron escombros. Entre los muertos más sobresalientes, estaba el gobernador de Kanto, el alcalde de Saffron y la líder del gimnasio, Sabrina Natsume. La muerte de ésta última en especial afectó a Red, pues ella fue de vital importancia para que él finalmente lograra desbloquear parte de sus recuerdos. Con una antigua aliada y amiga perdida, la cruda realidad golpeó duramente al chico. Ya nada de eso era una simpe venganza.

¿Cuál es el umbral de la venganza? ¿Hasta dónde se es capaz de llegar con tal de cobrarle a alguien por sus actos? ¿Cuándo una venganza deja de serlo y se convierte en algo más? Lo cierto es que Red pensó por días en eso, pero nunca alcanzó la respuesta por él mismo. Fueron las palabras de Samuel Oak, profesor regional y amigo de su familia, que tras los sucesos de Saffron se mudó al laboratorio donde estaban atrincherados, las que le sirvieron de guía.

"El deseo de venganza es intrínsecamente egoísta, solo busca satisfacerlo a uno mismo; en cambio, el deseo de justicia busca satisfacer a todos los que sea posible"; esas fueron las palabras que le dijo el anciano, cuando Red le preguntó al respecto. Entonces fue cuando Red volvía a dudar de aquello que lo impulsaba. Claro, él deseaba recuperar la memoria de Ash e Yvonne, él quería que Serena fuera feliz. Pero esa no era su única motivación, él también quería hacer pagar a Giovanni por lo que le hizo, él quería vengarse porque lo habían usado y subestimado. ¿Acaso eso estaba mal?

Red Sakaki siempre se movió por beneficio propio o de sus ideales pro-Pokémon, él asesinó porque creía que eso era lo único para lo que servía, su vida carecía de sentido, así que solo tenía eso. Pero ya no era el caso, tenía a Yvonne, Serena, una madre y muchos amigos. Ya no estaba solo, así que ya no luchaba solo por él mismo; que no los recordara, no cambiaba el deseo en su interior de evitar que les sucediera algo malo. ¿Entonces eso bastaba para decir que luchaba por la justicia? No, claro que no, la verdad es que la venganza ahora era parte del espíritu de Red, y eso no cambiaría.

La venganza era una de sus motivaciones, tal vez ya no la principal, pero seguía siéndolo. Entonces, si él podía ser Red Ketchum, ¿cuál era el problema de luchar por la justicia mientras cumplía su venganza? Tal vez eso en sí fuera una contradicción para cualquier otro, pero para él, que se consideraba una dualidad en vida, eso no era tan descabellado. Esa fue la conclusión que alcanzó.

Pero con eso no bastaba, pues aún tenía una cosa en mente, algo relacionado con un secreto que había mantenido guardado; solo Serena sabía de él. La noche que Red comprendió que su camino era la mezcla de la venganza y la justicia, se acercó a su madre y le pidió que hablaran a solas. Una vez aparte de los demás, él le reveló lo mismo que Giovanni le dijo poco antes de que su aliado lanzara a Yvonne al Ultraumbral; que él había sido el asesino de Satoshi Ketchum. Delia Ketchum pareció tomárselo mejor de lo que él pensó en un inicio, y la explicación a esto no tardó en llegar…

Fue cuando Ash Ketchum era un bebé. Satoshi Ketchum, un entrenador prolífico y candidato a la Elite Four de Kanto, fue convocado por su amigo, el Campeón de Kanto, el genuino Red Sakaki. Ese día, Red le habló de como su padre, el líder del gimnasio de Ciudad Viridian, era en secreto el líder de la mafia de Saffron, el Team Rocket, y de como la policía no había podido hacer nada debido a la falta de pruebas contundentes. Con la promesa por parte de Silver, su hermano, de que finalmente obtendría las pruebas que necesitaba, Red no dudaba de que finalmente haría caer a su padre.

Lo que el Campeón buscaba era alguien que le cubriera la espalda, ¿y quién mejor que su amigo? Satoshi accedió y lo acompañó hasta un edificio abandonado a las afueras de Ciudad Celeste, lastimosamente, todo era una trampa. El mafioso atacó a Red por sorpresa con su Rhydon, pero al parecer no esperaba que él viniera acompañado por nadie. Satoshi luchó usando su querido Lucario, pero, aunque estuvieron cerca, no lograron vencer al poderoso Pokémon de roca y tierra. Un Terremoto, el movimiento insignia del líder de gimnasio, fue lo que sepultó las esperanzas de victoria de Satoshi.

Pero el hombre era un recién casado, con un sueño por el que luchar; ver a su hijo crecer. Haciendo uso de su as bajo la manga, el hombre utilizó el poder que le fue heredado por su padre: el aura. No tenía demasiado control sobre ésta, debido a la falta de un entrenamiento serio, pero aun así le bastó para hacer frente a la aterradora creatura. Giovanni se había confiado y solo había llevado a ese Pokémon, si perdía, lo perdería todo, por eso decidió confiar en el arma que llevaba oculta. Un disparo bastó para acabar con el molesto usuario del aura, y el poder de su apenas consciente Rhydon bastó para eliminar las pruebas…

Delia no conocía toda la historia, pero sí sabía que su marido había decidido ayudar a su amigo, el Campeón, con algo relacionado a una persona peligrosa. Giovanni fue el único sospechoso por años, pero la fiscalía nunca logró demostrar nada… Delia ya había sufrido mucho con eso en el pasado, era agua que pasó por debajo del puente hace muchos años; aun así, al menos saber la verdad le daba un cierre que no sabía que todavía necesitaba.

"¿Por qué Satoshi lo hizo? ¿Qué obtenía con eso?", esa fue la pregunta de Red tras un rato de silencio. Y la respuesta de la castaña no tardó en llegar: "Porque al igual que tú, Ash, él siempre creyó en hacer lo correcto. Su ideal era que siempre que podía, debía ayudar a todos, sobre todo a sus amigos". Tras escuchar eso, Red agradeció a su madre por las palabras y se retiró a su habitación. Una vez en ese lugar en el que había pasado tanto tiempo desde el rescate de Yvonne, Red se puso a procesar la nueva información.

Era cierto, él no era Ash. No compartían ideales ni valores, tampoco motivaciones. Pero en el fondo sí eran la misma persona, ahora lo sabía. Él protegía a los Pokémon porque eran sus amigos, él asesinaba por un mundo en el que no fueran explotados. Él quería a Yvonne y Serena, ¿y por qué no decirlo? Las amaba a ambas. Él deseaba ayudar a los amigos de Ash, así como antaño ellos lo ayudaron. Saber eso bastaba para comprender que estaba en el camino correcto…

Pero entonces, ¿por qué aún le dolía tanto hablar del pasado? Eso aún no lo comprendía. Hablar de Satoshi con su madre, escuchar las historias de los viajes de sus amigos y los relatos de Serena con Ash; todo eso lo hacía sufrir tanto como el día que descubrió que él había sido Ash Ketchum. Y a pesar de que ahora se sentía en armonía con Ash como nunca antes, el sentimiento prevalecía. Al final la respuesta siempre estuvo ahí, al alcance de su mano. Escuchar de su pasado era doloroso, pues él lo había perdido; por mucho que lo demás hablaran de lo sucedido antes de coma, él nunca se sentiría como parte de los relatos.

Y talvez nunca lo haría, por eso no valía seguir sufriendo por ello. Al final, era probable que, al recordar, Red dejara de existir y regresara Ash, así que ese pasado nunca sería suyo ni parte de su ser. El tiempo con Delia, con Serena y sus amigos, antes del coma, nunca sería del todo suyo. Y, por otra parte, él le estaba arrebatando a Ash el tiempo con su novia, hija, madre y amigos; y eso también lo hacía sentir ligeramente culpable. Incluso, de no ser porque ya había superado su miedo a dejar de existir, eso le habría causado otra crisis. Pero ya no era tiempo de eso… Por eso, lo mejor era enterrar la melancolía y disfrutar de su tiempo al lado de las personas que formaban parte de su antiguo ser; mientras pudiera hacerlo.

–¿Red, estás bien? Has permanecido muy pensativo todo este tiempo. –El chico elevó la mirada, encontrándose con la expresión preocupada de su compañero. Sonriendo, regresó a su Pokémon acuático, y asintió.

Al frente suyo, las brasas aún ardían, solo que con menos fuerza que antes. Las brasas representaban a su espíritu, un espíritu que siempre a luchado por mantenerse ardiendo. Sea por la venganza, o por el deseo de justicia, mientras algo lo mantenga encendido, su espíritu seguirá impulsándolo hacia adelante, sin importar que reto le ponga la vida. Esa era la característica que unía a Red y Ash…

–Looker, creo que por hoy será suficiente, volvamos al… –Pero antes de que Red pudiera terminar de hablar, un sujeto de pelo rubio se acercó a ellos corriendo.

–¡Kiawe acaba de contactarnos a través de la línea de emergencia! ¡El Team Rainbow Rocket liberó a sus Ultraentes en la Isla Melemele! –Sea que estuviera en el umbral de venganza o en el de la justicia, lo importante para Red era detener las atrocidades de la organización que una vez contribuyó a construir; sería por el bien de sus seres queridos, y por la satisfacción de acabar con quienes destruyeron su vida. Por eso, más que nunca, estaría dispuesto a dejar su orgullo de lado y aceptar ayuda de quien hiciera falta, para así al fin alcanzar todos sus objetivos.

–¿Gladio, crees que lleguemos a tiempo si lo intentamos? –Preguntó Red, acercándose al recién llegado.

–Por lo que le entendí a Kiawe, ya habían devastado completamente Ciudad Hau'oli. Por ahora solo han demostrado interés en las capitales, así que no creo que se queden por mucho más tiempo. Sucedería lo mismo que con Saffron. –Sentenció Gladio, visiblemente frustrado.

–Está bien. –Respondió Red, causando que Looker y Gladio lo miraran extrañados. –Ahora, por descarte, ya sabemos cuál será su siguiente objetivo. Dile a Bill que contacte con Phraser y le diga que nos vea en Lumiose para el final de esta semana; entre más ayuda mejor. Es hora de comenzar el contraataque… ¡Giovanni finalmente lamentará el haberme subestimado!

PRÓXIMO CAPÍTULO: Tierra y Mar: Conflicto Doble.