Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama de esta historia es lo único que me pertenece.


Capítulo 49

Necesitaba usar el baño. Con urgencia.

¿Sabes esas veces, generalmente en las mañanas de los sábados, cuando estás realmente feliz entre la suavidad de las sábanas de tu cama porque sabes que puedes dormir unos minutos de más, tienes los ojos cerrados y estás soñado con este chico super caliente que te profesa su amor eterno, pero entonces tu vejiga irrumpe en tu felicidad decidiendo que debes levantarte y prestarle atención?

Bueno, me sentía exactamente así en este momento. Todo lo que yo quería hacer era quedarme acurrucada entre mi mamá y mi papá siendo una gran niña, pero mi vejiga tenía otros planes. Tal vez era venganza por tener que compartir espacio con un bebé.

¡Apenas había amanecido! ¿Por qué, oh, por qué no podía seguir durmiendo?

Suspiré con resignación y traté de salir de los brazos de Reneé sin despertarla, pero mi plan falló cuando la puerta se abrió bruscamente, golpeándose contra la pared, y Edward irrumpió en la habitación en estado de pánico. Reneé, Charlie y yo saltamos sorprendidos.

- ¡Charlie! ¡Bella ha desapareci… - sus palabras murieron cuando me vio.

Charlie gruñó, viró los ojos con disgusto y volvió meter su cara en la almohada. Sam se asomó por detrás de Edward y sonrió ampliamente antes de correr y tirársele encima - ¡Pijamada!

Cuando Sam estuvo debajo de las mantas, Reneé le entrecerró los ojos a mi prometido - ¿Puedes darnos un maldito momento? Queremos ser una familia feliz un minuto más.

- L-lo siento… pensé que Bella había… - tartamudeó Edward – No quise despertarlos.

- Claro que no lo hiciste… – dijo Reneé fingiendo simpatía, luego tomó la almohada que yo estaba usando y se la lanzó - ¡LARGO DE AQUÍ!

Me reí a carcajadas cuando Edward trastabilló hacia atrás y huyó por el pasillo, lo que no era bueno en mi situación – De verdad me encantaría quedarme, pero mi vejiga no quiere que forme parte de esta agradable reunión – Reneé gimió desilusionada, así que le di un beso en la mejilla – Haré el desayuno.

- Panqueques – sugirió Sam.

Charlie abrió un ojo – Sí, panqueques.

Reneé tomó mi mano cuando me levanté de la cama - ¿Bebé? – susurró.

Realmente quería poner los ojos en blanco por su referencia a mí, pero sabía que ella lo necesitaba – ¿Sí, mamá?

Sus ojos se llenaron de lágrimas – Lo siento.

No dijo nada más, solo me dio el significado de su disculpa con sus ojos. Estaba pidiendo perdón por todo. Todas las malas decisiones que tomó, todo el sufrimiento que causó y como eso me llevó a ese horrible momento con Phill en esa habitación de hospital. Lo entendí.

Sonreí mostrándole que estaba perdonada – No tengo idea de qué me estás hablando – dije caminando hacia la puerta.

- Mi mamá no es un bebé – escuché decir a Sam a mis espaldas.

- Ella es mi bebé – respondió Reneé con voz ronca – No importa lo grande que esté, siempre será mi bebé.

Sí, rodé los ojos. Pero solo porque estaba sintiéndome toda cálida, cursi y sentimental dentro de mí.

- ¡Tú, chico paranoico! – dije cuando entré a la cocina después de haber ido al baño para liberar mi vejiga y cepillar mis dientes.

Se sonrojó. Y fue malditamente lindo – Pues perdóname por preocuparme por ti.

Él estaba sentado en la mesa tomando una taza de café, así que fui y me senté en su regazo a horcajadas; pasé mis brazos alrededor de su cuello y él soltó la taza para hacer lo mismo con mi cintura. Nos dimos un beso de buenos días lento y largo que supo a café y a menta.

Mordí su labio inferior y él gimió, haciendo que mis bragas se mojaran, pero había otras cosas que hacer ahora mismo - ¿Me amas, Edward? – pregunté, rozando mis labios con los suyos.

- Te amo – respondió trasladando los besos a mi cuello. Había un motivo oculto para que le preguntara eso, pero escucharlo decirlo me erizaba la piel y hacía que las mariposas en mi estómago se alborotaran.

- ¿Qué tanto?

- Mucho.

Sonreí - Y como me amas. Mucho. ¿Vas a hacer panqueque para todos nosotros? – los besos pararon y levantó la mirada – Dije que yo los haría, pero como me dejaste embarazada, por segunda vez, el olor de la mantequilla me da náuseas.

La asistente del doctor Marcus, alias: Saco de huesos, me avisó que el gel conductor para el ultrasonido estaría frío para que no me sobresaltara, pero la inteligente mujer no pensó en que, si lo dejabas todo el maldito rato sobre la máquina de ultrasonido, podría calentarse demasiado.

Echó esa jodida cosa hirviendo en mi estómago.

- Muy bien, Isabella… – dijo Saco de huesos con el micrófono para ver bebés en la mano. Su voz era rasposa y lenta como el demonio.

- Solo Bella – interrumpimos Edward y yo al unísono. Él estaba de pie junto a la camilla donde estaba acostada siendo un nervioso hombre.

El doctor nos sonrió – Bueno, Bella, vamos a ver a tu bebé – puso el micrófono en mi estómago – Es extraño que no hayas tenido una ecografía antes, ya estás a doce semanas de gestación.

Desvié exageradamente la mirada - Sí, lo sé… estuve un poco ocupada, no me alcanzó el tiempo.

No me molesté en mirar la pantalla para ver a mi bebé porque, de todos modos, no iba a entender una mierda. Saco de huesos siguió frotando el transductor, esparciendo el gel por mi vientre en silencio, y Edward estaba prácticamente rebotando en sus pies. Me empecé a preocupar cuando el silencio se prolongó por demasiado tiempo y el anciano empezó a fruncir el ceño y estrechar los ojos hacia la pantalla.

- ¿Sucede algo malo? – preguntó Edward asustado. Mi corazón estaba a mil.

- Creo que… - respondió el doctor empezando a sonreír ampliamente, su cara se volvió una gran y pálida ciruela pasa – Escuchen.

Accionó un botón en la máquina de ultrasonido, e inmediatamente escuchamos los latidos – Joder, mi corazón está obstruyendo la transmisión. ¿Puede decirme qué demonios sucede con mi bebé? Va a darme un infarto, ya estoy teniendo taquicardia – dije agitando una mano con exasperación, mi otra mano estaba siendo víctima de un estrangulamiento inintecional por parte de Edward.

Saco de huesos seguía sonriendo - No es tu latido, Bella, es el de tu bebé. El de tu otro bebé.

- ¿Otro bebé? – repetimos Edward y yo, rezumando estupidez.

- Van a tener gemelos – aclaró para mayor entendimiento.

- ¿Gemelos? – volvimos a repetir.

- Así es.

Giré mi cabeza lentamente hacia Edward, quien también la giró lentamente hacia mí. Su rostro estaba en blanco, supongo que el mío también, ni siquiera sabía cómo me sentía con eso, pero cuando las comisuras de su boca empezaron a inclinarse hacia arriba, me dieron ganas de llorar. Íbamos a tener dos malditos bebés, por el amor de Dios, ¿qué locura era esta? Iba a tener doble trabajo, doble cansancio, escucharía doble llanto, tendría que limpiar doble ración de popó y vómito y serían dos bocas para amamantar, pero sentía esta extraña sensación de entusiasmo, porque al escuchar los dos fuertes y constantes latidos, estaba segura de que sería doble felicidad.

Edward pasó sus pulgares por debajo de mis ojos con su sonrisa Colgate – Como que se me fue la mano, ¿no?

Me reí, las lágrimas dejándome ciega por un momento – Todos van va a alucinar con esto.

Luego de salir del consultorio del doctor Marcus con dos brillantes sonrisas, subimos al primer piso del hospital para ir a la habitación de Emmett, que ya se iba a casa. Dentro solo estaban Rosalie y Reneé, revoloteando alrededor de Em como colibríes.

- ¿Seguro que no te duele? – preguntó Rosé, y tenía el presentimiento de que no era la primera vez que lo hacía.

Emmett le sonrió con una pizca de agotamiento en los ojos, sentado al borde de la cama – No, bebé – palmeó el colchón a su lado – Siéntate aquí y espera a que el doctor aparezca.

Rose se sentó junto a él y tomó la mano que no tenía cabestrillo, entonces continuó Reneé – Voy a decirle a la enfermera que consiga una silla de ruedas para que te llevemos al auto, así no vas a esforzarte tanto.

- Le dispararon en el hombro y el brazo izquierdo, no en las piernas – intervine, entrando en la habitación, cuando Emmett puso cara de horror. Sabía por experiencia propia que andar por ahí en silla de ruedas cuando puedes caminar perfectamente es vergonzoso.

- Oh, están aquí – dijo Reneé acerándose para tomar mi mano - ¿Qué dijo el doctor? ¿Todo está bien?

Edward soltó una risita emocionada y eso me hizo sonreír como una idiota – Perfecto. Doblemente perfecto – dijo abrazándome por la espalda.

- Se ven asquerosamente felices, par de cabrones – dijo Emmett sonriendo

Puse mis manos sobre las de Edward - Lo estamos.

Carlisle entró en la habitación junto al doctor que atendió a Emmett, quien fue el mismo que me atendió a mí, y era tan anciano como el doctor Marcus. Creo que llevar tantos años vivo era lo que lo había hecho ser un grosero y amargado hombre que siempre tiene el ceño fruncido. Tenía el expediente de Em en la mano, así que después de revisarlo dijo unas cuantas cosas respecto a su salud y los cuidados que debía tener en casa. Luego se fue, refunfuñando algo sobre que no sabía por qué tenía que hacer esta mierda si Emmett era casi hijo de un maldito doctor.

- Ignórenlo – dijo Carlisle cuando nos quedamos mirando la espalda del Dr. Cayo con asombro - Yo siempre lo hago.

Nos fuimos a la casa Cullen en mi camioneta porque Rose solo usa su estrafalario auto en raras ocasiones y Reneé no tenía auto, vino con nosotros al hospital. Edward condujo. Emmett se sentó adelante con él y nosotras en el asiento trasero coreando a medias unas canciones en la radio, Rose y yo nos reímos cuando Reneé insistió en acompañarnos, aunque no se sabía ninguna.

Para el momento en que bajamos del auto, todos estábamos muertos de risa y Reneé seguía preguntando: ¿Qué?, a pesar de que sabía lo que nos tenía riendo como desquiciados.

La puerta de entrada de la casa Cullen se abrió, dejando salir a dos pequeñas personas que corrieron hacia las piernas de Emmett y se engancharon de ellas como koalas bebés, entonces mi hermano ya no podía caminar. Esme también salió, sonriendo con confusión cuando vio nuestras caras sonrojadas por las payasadas de mi mamá.

- ¡Hey! – dijo Em sonriendo – Me alegra verlos, chicos.

- ¿Ya puedes enseñarnos tus agujeros? – preguntó Renesmee levantando la cabeza para mirar hacia arriba, las puntas de su largo cabello cobrizo casi tocando el suelo.

- Dijiste que nos los enseñarías después, ya es después – dijo mi hijo imitando a su pequeña tía, solo que su cabello no estaba a punto de arrastrarse. Era impresionante lo mucho que se parecían, como si fueran gemelos.

Hablando de gemelos…

Saqué las imágenes de la ecografía de mi bolso y las sostuve en alto como si fuera el trofeo Vince Lombardi del Super Bowl - ¡Adivinen qué tengo en la panza!

- ¡Un bebé! – dijeron los niños al unísono.

Me reí y negué con la cabeza – Muy bien, genios, pero la respuesta no es tan obvia.

- ¿Un niño? – preguntó Rose.

- No - aún no sabíamos.

- ¿Una niña? – preguntó Reneé.

- No.

- ¿Un bebé hermafrodita? – preguntó Emmett.

Lo golpeé en su brazo sano mientras Renesmee preguntaba qué era eso – No, idiota.

- ¿Entonces qué? – preguntó Esme ansiosa.

Le sonreí a Edward como el gato Cheshire y él levantó dos dedos hacia ellos – Dos bebés.

...Momento de silencio, en memoria de la ilusión de que Bella Swan tuviera un solo bebé. Que descanse en paz...

- ¿Estás diciendo que vas a tener… - Emmett señaló mi estómago con incredulidad – …gemelos?

Asentí con una gran sonrisa, y a pesar de que no estaba viendo a Edward, sabía que estaba haciendo lo mismo que yo.

Hubo otro momento de silencio, que fue interrumpido por el sonido de mi móvil y el Rosalie. Mientras todos enloquecían, se alegraban y abrazaban a Edward, revisé mi bandeja de entrada, donde había un mensaje de Alice:

¡!

Fruncí el ceño confundida hasta que bajé por el mensaje y vi la foto que había enviado: Una fila de pequeñas paletitas blancas, había siete de ellas. Y todas tenían dos rayitas rosadas en el centro.

Excesivo. Como yo.

Levanté la mirada hacia Rose, quien me miró con las cejas levantadas por la sorpresa. Miró hacia las piernas de Emmett, donde Sam y Renesmee seguían colgados, luego volvió a mirarme y me señaló con su dedo índice.

- Eres contagiosa.


Hola!

Chicas, espero que les haya gustado el cap. Muchas gracias por sus comentarios n,n

Sobre el gel conductor hirviendo en el estómago de Bella, eso me pasó a mí. Nunca he estado embarazada, pero tuve unos problemillas de salud que requirieron de que me hiciera un ultrasonido (hice un teatro secándome lágrimas imaginarias y queriendo saber donde estaba mi bebé xD El doctor y mi mamá estaban muertos de risa). Y la asistente del doctor sí que me echó esa cosa hirviendo después de que me advirtiera que iba a estar frío, la muy...

Bueno, como ya saben, este es el capítulo final. Acabado. End. No estaba muy emocionante, ¿cierto? pero es que me he deprimido un poquillo y se me fue todo el brillo cuando escribía.

Lo que sigue es el epílogo, narrado desde el punto de vista de Edward. Está en construcción.

Así es que las quiero un mundo, les mando besos y abrazos.

Nos leemos en el próximo.

Bye!