¡Hola! Yo solamente vine a dejarles su actualización XD Sólo diré que a veces el karma es muy cabrón y te hace vivir malas pasadas :D Agradecimientos a todas mis amadas lectoras, tanto las que se manifiestan como las que me leen en las sombras. También dar las gracias a Orange-NH por agregar mi historia a favoritos, espero te animes un día a darme tu opinión sobre mi historia. ¡Sin más, bonito domingo y excelente inicio de semana! Matta ne! Besos y abrazos fuertes *-*/
Capítulo 52
Irreal
No le molestaba que su querido amigo le prestara poca atención a lo que le decía, después de todo, era prácticamente una costumbre de su parte, pero lo que sí le estaba causando cierto estrés era que el muy descarado había empezado a charlar con aquella recién llegada; una que era conocida para ambos. Aunque quedaba claro que prefería hablar con uno de los dos por encima del otro.
La ciudad en definitiva era lo suficientemente chica como para reunir a dos personas después de cierto tiempo de haber cortado lazos.
Es así como esos tres viejos amigos se encontraban sentados en la misma mesa de aquel restaurante familiar.
—Pensaba que estarías en Hokkaido, estudiando –mencionaba casual Momoi. Aquella chica de ojos esmeralda simplemente le dedicaba una amplia sonrisa.
—Vine aquí a arreglar unos cuantos asuntos, Momoi –informaba sin mucha importancia la castaña, una que llevaba su larga cabellera en una alta coleta-. Y también aproveché para visitar a mis padres.
—Pues vaya viaje el que has tenido que hacer –decía Aomine.
—Vivir sola debe ser agobiante, ¿no es así Sekai-chan? –sus rosáceos ojos se posicionaron en la bonita chica que yacía sentada al lado de su amigo de la infancia.
—Un poco, pero ya era hora de que me independizara…-sonrió y empezó a juguetear entre sus manos el menú-. ¿Cómo han estado?¿Qué tal ha estado la universidad?¿Y el basquetbol?
—Bastante bien –se animó a responder Satsuki a su repentino interrogatorio-. Tanto la universidad como el basquetbol nos tienen ajetreados.
—No me sorprendería que fueras el as, Daiki –esas esmeraldas se deposirtaron en el moreno sin titubeo alguno.
—Lo es, aunque tiene competencia –rió con cierta burla la peli rosa-. Aunque Dai-chan lo niegue, ambos son muy buenos amigos.
—¡Claro que no, Satsuki!
—Daiki, no seas tan gruñón o asustarás a las chicas –bromeó la castaña, logrando cabrear al moreno sin problema alguno.
—Pues su novia actual no se asusta de sus momentos de ogro –Momoi podía sentir cómo la mirada asesna de su pequeño amigo le ordenaba que se callara y no continuara diciendo más de la cuenta.
—¿Oh, ya te has hecho de novia, Daiki? Alguien no pierde su tiempo –codeó al peli azul sólo para terminar de fastidiarlo.
—…Par de fastidiosas….Tsk…
—Mejor pidamos algo de comer, ¿les parece? –fue la única idea que se le vino a la mente a Momoi para apaciguar el ambiente circundante.
No hacía mucho tiempo que habían salido de aquel restaurante. La hora de la comida se les había ido rápida en lo que se terminaban de ponerse al día con lo que había sido de sus vidas tras la entrada a la universidad. Ahora de momento no estaba de más una apacible caminata, especialmente para digirir todo lo recién ingerido.
Al ser viernes por la tarde era normal encontrar a una gran cantidad de adolescentes atiborrando tanto las calles como las tiendas más concurridas de la ciudad. Todos deseaban divertirse un poco y olvidarse del calvario del colegio.
Y fue así como sus pasos los llevaron hasta aquella pequeña cancha, una en la que ocasionalmente Aomine iba a practicar y medir sus fuerzas contra cualquier jugador que se cruzara en su camino. Sorpresivamente no estaba sola, ya había un grupo de chicos de secundaria motivados a jugar durante largo rato.
—¿Entonces has venido hasta aquí a buscar a ese chico…? –Momoi estaba que no se creía que ella hubiera venido hasta a Tokio sólo para ver a un tipo.
—¿Debo lucir patética, no? –suspiró largamente, pensando en lo triste que una chica saliera corriendo detrás de un hombre.
—Antes no hubieras hecho algo como eso –dijo Aomine, observádole de reojo.
—Bueno, es que Suwabe…es alguien sumamente particular –sonrió ladinamente. Era como si recordara un buen momento con el susodicho-. Sabes que de haber sido necesario, hubiera doblegado mi orgullo, Daiki –le hizo saber. El moreno sólo soltó una carcajada.
—Queda más claro que estás enamorada de él, Seika-chan –Satsuki y sus conclusiones apresuradas que hacían a todos ponerse rojos como tomates.
—¡Momoi, no digas esas tonterías! Eso es simplemente imposible, ya que sólo salimos por un mes y medio…-confesó, completamente apenada-. Y quizás…lo que más me fastidia es que él está como si nada…Estúpidos hombres…
—Vamos, vamos, anímate un poco Sekai-chan…¿No crees que lo mejor es que le llames?
—Es que no quiero hacerlo…Si lo hago pensará que soy una mujer débil y que no quiero estar sin su compañía…aunque sea la verdad. Pero él no tiene que saberlo enteramente…-balbuceó la indecisa mujer. Estaba más que claro que tenía un gran lío entre manos.
—Vaya, el sujeto de verdad debe ser una maravilla entonces…-bromeaba Daiki.
—Muchas mujeres están detrás de él…No sólo es apuesto, sino que tiene…magnetismo. Es decir, cuando lo conoces y él empieza a tratarte como su pareja, es difícil que quieras que ese trato cambie…No sé cómo describirlo…Lo único que tengo claro, es que todas sus ex parejas quieren volver con él por una u otra cosa…-ni ella misma entendía por qué había confesado algo como eso. Supongo que al final sólo quería desahogarse y ser escuchada.
Su cena había sido particularmente deliciosa, por lo que estaba más que feliz y satisfecha; especialmente porque ya no tenía más trabajo que atender, por lo que ya podía relajarse sin problema alguno. Y es que las actividades dentro de aquella revista se habían incrementado de un mes para acá.
No sorprendía verle aún vestida con lo último que había posado para la cámara, ni tampoco que quien fungía como su jefa y consejera estuviera con ella pese a que todos empezaban a marcharse a casa.
—Lamento que tengas que venir a trabajar entre semana, Axelle –se disculpó Maeko.
—No hay problema. No ocurre seguido, así que está bien. Además, de esta manera obtengo un poco más de dinero para la semana, por lo que no es tan malo –tampoco se quejaba de las buenas cenas que ella o el fotógrafo le compraban.
—¿Y tienes planes para esta noche con tu pareja? –curioseó.
—Realmente no. Daiki no es de la clase de chico que le gustaría irse de fiesta un viernes por la noche –se burló-. Mis amigos tampoco están en la ciudad e ir sola de fiesta no es divertido…
—¿Qué te parece si salimos las dos? –esa propuesta provocó que la francesa clavara sus carmesí ojos en esa mujer. ¿De verdad estaba escuchando algo como eso?
—¿D-De verdad…te animarías a irte conmigo de fiesta?
—Por supuesto. Podré no tener tu juventud, pero aún adoro salir a divertirme. Además…
—¿Además?
—Así matamos dos pájaros de un tiro –concluía.
—¿A qué te refieres con eso, Maeko?
—Un cliente quiere verme esta noche. Está interesado en nuestra compañía y creo que requiere de nuestros servicios, por lo que quiere hablar conmigo personalmente –informaba alegremente-. Y la reunión será justamente en un pequeño bar que hay a las afueras de la ciudad.
—Conozco ese club, se llama Frog's, ¿no es verdad?
—Justamente. Bueno, sabiendo que amas irte de fiesta es normal que lo conozcas.
—Hace mucho tiempo que no voy allí –mencionó entre una mezcla de alegría y nostalgia.
—¿Entonces, te animarás a acompañarme?
—Claro, ¿por qué no? Suena divertido.
Muchas cosas habían cambiado desde la última vez que había pisado aquel lugar; no se requería ser demasiado observador para notarlo. Sin embargo, todos esos cambios externos habían favorecido enormemente a aquel vistoso club.
Desde su el letrero luminoso que postraba el nombre del club en lo más alto de aquella edificación, hasta la única entrada que era custodiada por aquel par de robustos e intimidantes hombres. El club había progresado económicamente lo suficiente como para tener semejantes lujos y categoría.
El acceso fue fácil, especialmente porque su acompañante llevaba un pase de invitación, ahorrándoles tiempo así como previniéndoles de estar formadas por horas. ¿Desde cuándo se había vuelto tan popular ese sitio? No lo sabía, pero no le importaba mucho el saber la razón de ello.
Todo el interior era glamuroso. Al parecer habían contratado a un buen diseñador de interiores. Incluso la barra había sido renovada y había más personal del que ella recordaba. Era como si estuviera en un sitio completamente diferente al que tenía en sus memorias.
—Vamos Axelle, por aquí –le llamaba Maeko, tomándole del brazo y llevándole hasta su mesa. Una que gozaba de una vista privilegiada.
—Este es un buen lugar para disfrutar del espectáculo –la mujer no mentía. Estaban a menos de dos metros de donde permanecía aquel grupo tocando en vivo.
—En eso tienes mucha razón. Aunque me sorprende que todavía no llegue ese cliente que mencionaste –la noche apenas estaba dando inicio por lo que era norma que el ambiente no estuviera lo suficientemente prendido aún.
—Mencionó que llegara un poco tarde. Asuntos de último momento –ya se había encargado de pedir un poco de whisky.
—El club ha cambiado mucho desde la última vez que vine aquí, aunque eso fue hace más de tres años ya…-relató, clavando toda su atención en ese grupo de chicos que tocaban con toda la pasión que sus corazones le permitían-. Es normal que muchas cosas hayan cambiado desde entonces…
—Te oyes como si añoraras regresar a esa época, Axelle.
—El pasado, es pasado por algo, ¿no? Si pensara algo como eso arruinaría mi presente y seguramente lastimaría a más de una persona en el proceso –sonrió forzadamente-. No es como si añorara algo así, sino más bien que es algo que…no resolví en su momento…
—¿Con que asuntos sin resolver, eh?
—Algo por el estilo –suspiró exasperadamente. Había sido un mal momento para recordar todo lo que ese club significaba para ella.
—Lamento la demora, Maeko –aquel hombre de traje azul rey apareció frente a ambas, haciendo gama de sus buenos modales y caballerosidad. Ellas simplemente le sonrieron y regresaron el saludo.
—Me sorprende que llegues tarde con lo puntual que eres –a Axelle le quedaba claro que esos dos eran más que meros conocidos de negocios; ya que se tuteaban sin problema alguno.
—Problemas con los chicos –mencionaba el pelinegro con cierta pena-. Espero me disculpen por ello.
—Descuida, somos mujeres pacientes, ¿verdad, Axelle? –Maeko le miró con complicidad y la francesa simplemente le sonrió.
—Ha sido un gran acierto de tu parte, traerla, Maeko –felicitaba.
—¿Por qué lo mencionas, Hayato?
—Era justamente de ella de quien quería preguntarte un par de cosas.
—¿De mí? –parpadeó confundida la mencionada.
—Verán, el grupo para el que estoy trabajando es algo quisquilloso…Mejor dicho su vocalista lo es y me ha pedido explícitamente que quiere que Daishi Axelle partícipe en el videoclip de su primer sencillo…-canturreó con cierto nerviosismo-. Es de eso justamente que quería hablar contigo, Maeko.
—Ya veo.
—¡¿Qué?! Yo sólo…modelo….Por motivos económicos…Yo no soy actriz y menos de vídeos –sus manos se movieron frenéticamente en son de que algo como eso era imposible para su persona.
—Es lo mismo que yo le dije, pero no hizo caso. Comentó de que lograrías hacerlo sin problema pese a no ser actriz ni nada por el estilo. La paga será excelente, ¿así qué dices?
—Maeko….
—Hayato, a la que tendrás que convencer es a ella, así que esfuérzate –le animó con una sonrisilla burlona.
—¿Qué te parece escucharlos cantar? Seguramente tendrás una perspectiva diferente después de ello. Además de la paga, también te daremos pases dobles para unas termas y para el concierto que habrá aquí en Tokio –Axelle estaba a nada de aceptar más que nada por la paga, pero eso de participar en un vídeo ya era otra cosa y no estaba preparada ni física ni psicológicamente para ello.
—Hmp…Es que eso…no es para mí. Estoy segura de que si le explica las cosas a ese chico, entenderá…
—Al menos lo intenté –suspiró pesadamente. Quedaba claro que ese cantante le estresaba demasiado.
—Vamos, vamos, Hayato, ya encontrarás a otra chica. De momento, pasemos un buen rato para que se te olviden todas tus penas –le sugería. El pobre hombre se limitó a pedir una botella de vino y acompañamientos para saciar su estómago.
No era la gran cantidad de gente que parecía haber llegado de unos minutos para acá la que estaba llamando su atención, sino más bien el cambio que se estaba llevando a cabo dentro de ese pequeño escenario. Al parecer pronto tocaría una nueva banda.
Pronto desde baterista hasta el bajista ya se encontraban en esa pequeña zona de recreación, afinando los detalles finales así como chocando mutuamente sus nudillos por el éxito de la función de esa noche.
Y pronto el vocalista hizo su aparición, provocando que las miradas de todos los presentes se postraran en él sin dificultad alguna.
—Muy buenas noches a todos, espero estén disfrutando de su noche. Hoy vengo a traerles un poco de buena música, como en los viejos tiempos…Es nostálgico pararse en este escenario después de tanto tiempo de no cruzar la puerta de este club. Pero le debo lo que soy a este sitio, por lo que no puedo simplemente ignorarlo…¡Así que espero les guste lo que traigo para todos ustedes! –y entonces aquel espectáculo dio inicio.
—¡¿Pero qué es lo que está haciendo aquí?! –Hayato se puso de pie de manera automática, embebido entre el anonadamiento y el enfado. Esos chicos le habían desobedecido completamente. No sólo no habían permanecido en el hotel, sino que se habían puesto a dar una función gratuita en un sitio como ése.
—¡¿Esos son tus chicos?! –Maeko tampoco estaba exenta de sorpresa. A ella también se le hacía difícil de creer que el grupo que representaba su viejo amigo estuviera allí como si nada.
—Espera…un…momento…¿Esto…es una broma, no es verdad? No hay manera de que….Creo que estoy viendo cosas que no son…
—"Holding hands in the middle of this silence. Two hearts are beating, but the same blood is pulsing through them. We left town and ended up. In this little room, with a single flower on the wall…"
—Estos chicos me van a escuchar cuando todo esto termine –aquel mánager sabía que lo mejor era tranquilizarse y no hacer enfados de en balde.
—Aunque no exagerabas con lo que decías sobre el chico. De verdad tiene bastante talento –halagaba Maeko sin despegar su atención de aquel concentrado vocalista-. Es como si…pudiera sentir cada una de sus palabras…
—"I don't want to lose you, nothing can replace you. You're the one thing I want to protect…We don't need to check anything…I just want us to become one. Holding a bond that will never change…In the past or the present or the future…"
—Realmente…sabe cantar…e interpretar esa canción…-musitaba Axelle de manera taciturna, como si sólo tuviera atención para esa maravillosa canción.
—"Hold me closer, get closer. Take away my loneliness. Hold me closer, get closer. I want you to trust me. Hold me closer, get closer…You are me and I am you…Oh darling, stand by me…"
La letra de aquella canción era perfecta hasta su último párrafo…Tan conmovedora, tan armoniosa, sencillamente era capaz de tocar hasta la fibra más dura que pudiera existir dentro del corazón. Y que ésta fuera interpretada por una voz privilegiada no hacía más que volverla una verdadera obra de arte.
Nadie dudó ni un momento en aplaudir tan excelsa presentación. Incluso clamaban por más. Pedido que sería concedido sin objeción alguna.
—¿Verdad que son buenos, Axelle-chan? –había pasado del enojo al entusiasmo.
—Admito…que son mejor de lo que pensaba…Han superado mis expectativas…-mencionaba por mera inercia, su mente parecía estar atrapada en otro sitio que no era el presente-….Kishou…
No importaba el número de veces que le viera coger aquella guitarra e interpretar cualquier tono que se le viniera a la cabeza, nunca se hartaría de una acción tan usual en su persona, después de todo, formaba parte de sus manías diarias.
Se le veía tan concentrado, tan entusiasta, simplemente tan maravillado de tomar aquel instrumento de cuerdas y empezar a mover sus agiles dedos de arriba hacia abajo, como lo haría el más hábil de los profesionales. Eran pocas veces en las que él demostraba un verdadero amor que merecía la pena obsequiarle un poco de su tiempo en admirarle con detalle.
—¿De verdad no te aburre estar sentada allí, mirándome practicar? –interrogó en un tono tan plano que podría pecar de indiferente.
—Claro que no –mencionó ella, clavando sus carmesí ojos en esos zafiros que poseía. Eran calmos pero al mismo tiempo, sumamente llamativos-. La pregunta sería más bien para ti…¿No te cansas de que esté aquí prácticamente todo el día?
—¿Debería? –arqueó una ceja mientras sonreía tímidamente-. Haces tus deberes, así que no hay problema. Aunque si te aburro, mejor dímelo y te dejo de permitir la entrada a mi departamento.
—Eres demasiado exagerado, Kishou –rió tenuemente, cruzándose de brazos-. Ya sabes por qué razón lo digo, así que no saques conjeturas que ni al caso.
—Sólo digo lo que pienso –mencionó tranquilamente, revolviendo su rebelde cabellera rubio cenizo sólo para dejarla en peor estado de lo que ya estaba. Ella simplemente suspiró, acercándose a él para intentar domesticar su cabellera.
—No lo tienes largo aún, pero se empeña en no quererse quedar quieto…-aquel flequillo intermedio y esos cortos mechones delineándole el rostro eran la menor de sus preocupaciones. El resto de su cabello quería guerra con sus dedos.
—¿A quién le importan cosas como ésas, Axelle? Sólo déjalo estar y listo.
—Sólo arréglalo un poco y ya.
—Sabes, nunca dejo de pensar que es sumamente curioso nuestro caso.
—¿Lo dices por ellos dos…? –él simplemente se limitó a asentir-. Bueno, nadie puede obligar a nadie a sentir o dejar de sentir algo…Aunque es irónico que todos saliéramos…perdiendo…Resulta hasta cómico, ¿no te parece?
—En cierto modo, pero no del todo. Han pasado muchas cosas desde que te decidiste…a olvidarlo –agregó, sujetando sus muñecas entre sus manos.
—¿Cuál es la diferencia entre tú y todos ellos, eh? –interrogó, incapaz de despegar sus ojos de los de él.
—Eso es algo que ni siquiera yo puedo asegurar...Esta relación es como una ruleta rusa -aseguró tan seriamente que ni siquiera ella era capaz de decirle algo al respecto.
—Entonces sólo dime, ¿por qué razón me elegiste a mí y no a ella?
—¿Nuevamente preguntándote algo como eso? -no era la primera vez que sacaba ese tema a flote, no obstante, nunca le había ofrecido una respuesta aceptable-. No lo sé con exactitud. ¿No es suficiente con que haya sido de esa manera? -definitivamente a ella no le satisfacían tales palabras.
—Perdona, no tiene sentido que siga pidiendo explicaciones de este tipo -evadió su mirada sólo para clavar su atención en todos aquellos posters que adornaban la pared de la habitación-. Sería bueno si al menos fuera correspondido...
—Pides demasiado. No se puede tener todo en este mundo, Axelle. Incluso él debe lidiar con ello...Si tú pudiste asimilarlo, él también debería -le liberó sólo para depositar su guitarra a un lado, enfocando toda su atención en él -. Hay muchas cosas que no comprendo de ti.
—No me lo creo. Alguien que ha salido con tantas mujeres no debería tener un inconveniente como ése -le observó detenidamente, como si aguardara por algún tipo de reacción de su parte.
—Eso no significa que sepa leer a todas las chicas con las que me topo. Además, mi curiosidad difiere de la idea que tienes en mente.
—¿En qué sentido?
—En la forma en que demuestras que estás enamorada de una persona -soltó. Ella sólo parpadeó sin saber bien cuál era su punto-. Nos conocimos ese día mientras sacabas tu frustración de no ser correspondida aventando esa pelota de béisbol...
—Es tu culpa por estar durmiendo bajo aquel puente. Sólo a ti se te puede ocurrir algo como eso -en cierto modo estaba apenada por haberlo golpeado sin querer mientras él estaba durmiendo tranquilamente sin molestar a nadie.
—Desde entonces, pese a que estabas fija en olvidarlo, seguías preocupándote por él. Incluso hasta hoy lo sigues haciendo...¿Es así como se comporta toda la gente que se enamora?
—No lo sé con exactitud. Pero supongo que es lo más lógico cuando te importa de verdad alguien. ¿Es que no te has enamorado nunca de nadie?
—¿Tengo cara de ser un chico enamoradizo? -le cuestionó con una sonrisa socarrona. Incluso había sacado un cigarrillo de su camisa para degustar un poco de nicotina.
—Siendo sincera...no lo pareces. Eres más como el Grinch del amor. Aunque lo que de verdad sorprende es que puedas escribir esas canciones de amor sin siquiera haberte sentido así nunca antes.
—Las novelas, películas e incluso la vida personal de mis amigos y ex parejas han contribuido a ello -Axelle simplemente prefería alejarse de aquel desagradable olor a nicotina.
—Incluso así es asombroso lo que haces -había que admitir que él poseía talento nato.
—Supongo que para variar podría escribir una que otra de desamor –bromeó.
—Esas son a veces más populares que las que hablan de amor -advirtió divertida.
—Entonces no se hable más, en este preciso momento me pondré escribir una -agregó con cierto entusiasmo. Ella simplemente se echó a reír.
No interesaba el tiempo que había permanecido abstraída dentro de la seguridad de su mente. Lo único que le importaba ahora era saber cómo las cosas se habían arreglado de tal modo que ahora se encontraba en tan problemática situación.
Ahora estaba más que segura que no había confundido su pasado con su presente, no cuando esos celestes ojos estaban observándole tan fija y seriamente. Era como si estuvieran a la expectativa.
Fue en ese instante en que sintió las miradas de aquel par de adultos. Él no era el único que estaba aguardando por una reacción de su parte.
—Ha pasado bastante tiempo, ¿no lo crees, Axelle? -nada en él había cambiado en realidad. Su cabello seguía siendo un poco insolente, pero aún así lucía de maravilla en él. Incluso esos celestes ojos poseían esa misma serenidad que le hacía olvidarse de sus malos días. Allí estaba él, parado frente a ella con sólo esa mesa, separándoles. Qué se supone que significaba todo esto?
—Ah...S-Sí, ha pasado...mucho tiempo...Kishou -al fin había logrado gesticular palabra alguna. No obstante, no se le ocurría qué más decir o qué hacer. ¿Se le podía culpar? Hacía bastante tiempo desde que los dos se encontraron frente a frente que de alguna manera ahora le embargaba una sensación de incomodidad e inseguridad.
—Como te lo prometí...he vuelto...
