Epílogo.

Life Unexpected.

La vida de Lily Potter no era perfecta, nunca lo había sido y había pasado demasiado tiempo engañándose al respecto.

Había renunciado al trabajo al que le había dedicado los últimos diez años de su vida, había aprendido que era imposible controlar cada pequeño detalle de las cosas, por más empeño que pusiera en eso, y había tenido que enfrentarse cara a cara con el peor error de su vida.

Todo eso en menos de un año.

Había perdido muchísimas cosas en eso últimos meses, entre ellas, quien había creído su mejor amigo durante más tiempo del que había debido, había perdido las riendas de su vida y la perfecta comodidad en la que esta se desenvolvía.

Pero también había perdido el miedo y por eso, había ganado muchísimo más de lo que creía merecer.

Había aprendido a perdonar y así había aprendido a amar, a hacerlo de verdad, con cada fibra de su cuerpo, soportando el dolor que eso conllevara, arriesgándolo todo por aquellos a quienes amaba.

Había sido un año difícil, doloroso, divertido, maravilloso y podía pensar en mil adjetivos más, cada uno muy diferente al otro, pero todo se resumía en que, a pesar de todo, había sido perfecto. Ahora tenía todo lo que alguna vez había deseado e incluso más.

Tenía un esposo que la amaba, incluso cuando no se lo merecía, que pasaba cada segundo del día recordándoselo y haciéndola sentir segura de todas las decisiones que había tomado, esas que la habían llevado hasta sus brazos, los cuales que no pensaba abandonar jamás. Y lo mejor de todo, era que ella lo amaba también y que estaba dispuesta a llegar hasta el fin del mundo por él, por la familia que habían construido.

También tenía un hijo, uno que había llegado a su vida para enseñarle muchísimas cosas que no sabía, para mostrarle lo que era el amor incondicional.

Un hijo que iba a proteger a toda costa, por el cual moriría si tenía que hacerlo, al que no iba a dejar que nadie tocara.

Le había fallado una vez, posiblemente en mayor medida que a ninguna otra persona, pero estaba dispuesta a no fallarle nunca más.

Lily no tenía idea de que le deparaba el futuro, había renunciado a creer que tenía el manual con todas las respuestas de la vida, aceptando que ni siquiera poseía una mala copia.

Solo tenía su fuerza, su valentía y la de las personas alrededor de ella, esas que la hacían ser mejor persona, que la hacían confiar y creer que tarde o temprano, todo se resolvería.

Lo que nunca había querido ya había pasado, su vida había sido desordenada y alterada en cada uno de sus ámbitos, pero no importaba, porque le gustaba así.

Porque en el fondo, era la perfección más imperfecta que había conocido.


James Potter había aprendido que la vida nunca es tan genial como parece y que la suya definitivamente no lo había sido, al menos no tanto como lo era en ese momento.

Había pasado demasiado tiempo ocultando sus sentimientos, tratando de ser alguien que no era, una persona que había olvidado sus verdaderos sueños y había perdido de vista lo que en verdad importaba.

Su hijo se lo había recordado.

Un año atrás no habría creído que una persona fuera capaz de cambiarlo de esa forma, de hacerlo crecer y madurar, de recordarle lo que era luchar por algo que valía la pena y lo gratificante que era conseguirlo. Ese niño, demasiado parecido a él, lo había hecho ver la vida de una forma totalmente diferente, lo había obligado a ordenar sus prioridades y aunque al principio lo había aterrado, al final había descubierto que tenía la valentía para enfrentarse a eso y a muchísimo más.

No había sido un camino fácil, se había encontrado más obstáculos de los que se había esperado, la mayoría puestos por alguien en quien había confiado incondicionalmente, un amigo. Un hermano.

Que ya no estaba.

Había aprendido lo que era la traición, la había sentido quemándole la piel y el pecho. Había tenido que aprender a decir adiós, a desprenderse de una de las bases de su vida, confiado en que las otras serían lo suficientemente fuertes para sostenerla. Tenían que serlo, sabía que lo serían.

Ya su bar no era lo que más amaba de su vida, ni siquiera entraba en la lista de las cien mejores cosas, ahora le parecía algo simplemente superficial, al menos si lo comparaba con las personas que ahora lo llenaban, que lo hacían sentir completo.

Aunque comparando cualquier cosa con ella, todo quedaba corto.

Una vez le había dicho que siempre iba a dolerle, y era cierto. Nunca iba a poder verla sin arrepentirse de todo el dolor que le había causado, del tiempo que habían perdido, siempre iba a atormentarlo el saber que había puesto lágrimas y había borrado la sonrisa de ese rostro precioso. Ese que amaba con todo el alma.

Pero iba a recompensárselo, cada lágrima, cada tristeza, todo se lo iba a recompensar. Esa vez iba a hacerlo bien, iba a hacerla reír y sonreír hasta que se cansara, iba a hacerla feliz aunque la vida se le fuera en ello.

Sí, su vida era genial, pero por factores muy diferentes a los que había considerado un año atrás. Era genial por las personas que eran parte de ella, por la familia maravillosa que tenía y por la cual iba a luchar incluso aunque se quedara sin fuerzas.

Una familia a la cual nadie iba a tocar. No mientras él pudiera evitarlo.


Harry Potter aún estaba esperando despertarse de un sueño, uno demasiado feliz, demasiado bueno para ser real. Abría los ojos cada mañana esperando encontrarse en el piso de algún orfanato o en el armario de las escaleras de alguna familia de acogida.

Seguía sorprendiéndose al darse cuenta de que no era así.

Nunca iba a enterarse de cómo había afectado las vidas de las personas que había conocido ese año, pero sabía como ellos habían afectado la suya y no estaba seguro de que fuera a alcanzarle los años para agradecerles.

Un año atrás había ido en busca de una vida mejor, de un escape a toda la basura con la que había tenido que lidiar por demasiado tiempo. Y la había encontrado, eso estaba claro, pero no en la forma que había esperado.

Buscando independizarse había encontrado lo que por tantos años había soñado y que luego de muchos despertares bruscos, se había resignado a no tener.

Había encontrado a sus padres. A los mejores del mundo.

Los había imaginado e idealizado hasta el cansancio y al final, habían resultado ser incluso mejor.

Tenía un padre que amaba el quidditch igual que él, algunas veces incluso más. Que no dejaba pasar la oportunidad para decirle lo orgulloso que lo hacía, que se encargaba de animarlo cuando más lo necesitaba y de ser el modelo a seguir que siempre había deseado.

Tenía una madre hermosa, en todo el sentido de la palabra. La más bondadosa, inteligente y cariñosa, tal vez demasiado, que había conocido, sabía como regañarlo y como consolarlo, como hacerlo sentir seguro y querido, con una sonrisa o con un abrazo. Era todo lo que una mamá debía ser, y era suya.

Su vida había cambiado de mil maneras diferentes, atrás habían quedado las lecciones mal aprendidas y los tutores mediocres que no le enseñaban nada. Ya no los necesitaba, tenía la oportunidad de ir al mejor colegio del mundo, uno tan divertido y genial que no podía considerarse como tal. Ahí había hecho amigos que no había esperado, que lo ayudaban incondicionalmente y lo apoyaban, que creían en él, no porque tuvieran que hacerlo, sino porque querían.

Tenía una amiga a la que había empezado a ver de una forma totalmente diferente. Que siempre iba a estar ahí, sin importar nada, a la cual podía recurrir cuando las cosas estuvieran demasiado difíciles. Ella era esa luz que había iluminado su vida desde hacía más tiempo del que podía recordar, esa que necesitaba para estar bien, para no perderse.

Lo que Harry había aprendido en ese año era que la vida no siempre nos da lo que queremos, pero si lo que necesitamos.

Al final, lo que los involucrados en esta historia aprendieron fue que la vida era así. Era extraña, divertida, dolorosa, imperfecta, genial… Inesperada.


«Cuando era una niña pensaba que entendía cómo funcionaban las cosas.

Las niñas crecían y se casaban con niños. Los padres llevaban a sus hijas por el altar.

Había un orden en las cosas. Primero, venía el amor. Después, venía el matrimonio. Luego venía un carro de bebé caro y ridículamente complicado.

Pero cuando crecí, me di cuenta de que así no era necesariamente cómo funcionaban las cosas.

Las niñas pueden casarse con niñas, y los niños pueden casarse con niños. Las madres pueden llevar a sus hijas por el altar.

Y los niños pueden venir antes que el amor y el matrimonio.

Me ha llevado treinta y dos años descubrir quién quiero ser, y lo que he aprendido es que es una elección que haces todos los días sobre quién quieres ser y con quién quieres que sea.

Significa que aprecias lo que sucedió en tu vida para llevarte a este punto y soltarlo. Y significa estar dispuesto a comprometerse sin garantías.

Significa que conocer y aceptar la realidad, puede llevarte a obtener la fantasía que siempre has soñado

Cate Cassidy – Life Unexpected.


¡Hola, mis amores!

No tengo idea de por donde empezar esta nota, hay muchas cosas que tengo que decirles y estoy segura de que se me va a olvidar al menos la mitad, estoy a unas cuantas palabras de ponerme a llorar así que mejor empecemos por las cosas puntuales antes de ir a lo sentimental.

Para calmar el llanto, es importante recordar, tanto ustedes como yo, que esto no acaba aquí. Como ya les he venido diciendo, tengo todas las intenciones del mundo de seguir con la segunda parte de historia y adaptar lo que sería el quinto libro. Quisiera decirles que me esperen la semana que viene con el primer capítulo pero lamentablemente no puedo jajaja. No quiero aburrirlos con el mismo cuento por enésima vez, pero este año universitario me tiene mal, he estado dejando de lado muchas cosas para poder escribir y ahora que ya termine esta parte tengo pensado centrarme en los estudios, por un ratito al menos, posiblemente vuelva antes de que termine el año, así que no entren en pánico. Espero que no me extrañen como yo a ustedes porque créanme que será muchísimo.

Hay muchas cosas a las que pienso darle prioridad en esta otra parte porque siento que aquí me he quedado corta, como a nuestro hermoso trío dorado, a la relación de Tonks y de Remus, y otras millones de cosas que me faltan por contarles. Hay lazos que aún no conocen y que me muero por mostrarles. También quiero escuchar que les interesa ver, por supuesto, sobre quien quisieran leer más o que trama quisieran que desarrollara.

Como habrán notado, James y Lily ya están casados en el epílogo. Por favor no me maten por no haberles mostrado la boda jajajaja, ¡voy a hacerlo! No lo tenía planeado (posiblemente escriba algo horrible y cursi) pero creo que es algo que la mayoría querrá ver y no puedo no mostrárselos. Voy a subirlo posiblemente en el transcurso del mes, cuando encuentre un huequito para escribirlo, y vendrá como un OS, deséenme suerte para escribir algo decente.

Y ya se me acabaron las excusas para no llegar a lo sentimental, así que aquí voy.

No puedo poner en palabras todo lo que escribir esta historia ha significado para mí. Primero, es bastante irreal pensar que subí el prólogo justamente un 6 de noviembre, hace un año ya. Estaba muriéndome de nervios y dije "bueno, si alguien me comenta sigo y si no pues lo olvido", y aquí estamos, 50 capítulos después, más reviews de los que merezco y unos lectores demasiado hermosos para ser reales. Les juro que nunca me espere esto, a veces me pasa como a Harry más arriba, sigo esperando despertarme porque es demasiado genial JAJAJA.

Ya, creerán que exagero, pero algo que no saben de mí, es que soy un desastre y una inconstante de mierda que nunca termina lo que empieza, así que estar aquí, escribiendo mi última nota de autor de LU, es un logro personal que comparto con todos ustedes, quienes me han permitido estar aquí hoy, haciendo algo que no sabía que podía amar tanto.

Así que gracias. Gracias por cada palabra de aliento, por cada sonrisa y carcajada que me han arrancado en sus reviews, incluso por las lágrimas que más de uno se llevó.

Gracias a los que han estado desde el primer capítulo, los que llegaron en el medio y se quedaron, y esos que acaban de llegar, pero que de todas formas se enamoraron de mi historia.

Gracias a los que escribían siempre, esos que nunca dejaban de darme su opinión, a los que lo hacían de vez en cuando, y esos que solo lo hicieron una vez, les aseguro que para mí, cada palabra valió por mil.

Gracias también a los que no son de escribir y me leen en silencio, se que a veces da pena mandar un comentario, aunque les aseguro que no como gente jajajaja. De cualquier forma, si estuviste ahí, así fuera en la oscuridad, riéndote de mis chistes malos y llorando con mis intentos de escribir drama, gracias.

Gracias por hacerme saber que no soy la única desesperada por vivir en un mundo más feliz y por ver a estos personajes preciosos tener todo lo que merecían y lo que hubieran tenido si la vida fuera más justa. No es la mejor adaptación del mundo, se que algunos personajes se salen demasiado del canon, pero es mi pequeño aporte a un fandom que ha vivido conmigo desde más tiempo del que soy capaz de recordar, mi forma de darle a ese niño con cicatriz, que me ha acompañado desde hace más tiempo que muchas personas, la familia que siempre debió tener.

Y no puedo marcharme sin agradecerle a mis cuatro musas, Ceci, Vero (la mejor beta prestada del mundo), Naza y Lunita, mis partners in crime, que aguantan mis ñoñerías y mi intensidad a cada hora del día, cada día de la semana y que seguramente me van a hacer llorar en un rato, incluso la que se va a burlar de todo lo cursi que he escrito en esta nota (tú me haces llorar todos los días así que no cuentas). Las amo demasiado, mis niñas bellas. Gracias por todo lo que me dan, sin ustedes seguramente habría explotado de feels hace mucho tiempo, así que básicamente les debo todo.

Que horror, me extendí demasiado en esta nota, así no me extrañan tanto, no? En fin, todo se resume en decirles que los amo con todo mi corazón, que esta historia ya es más de ustedes que mía y que los voy a extrañar cada día de estas pequeñas vacaciones que me voy a tomar.

Ojala les haya gustado este último capítulo y el epílogo, ojala les guste lo que viene y ojala estén ahí para cuando llegue.

Gracias por todo, mis amores. Nos leeremos cuando la vida real me lo permita. Les mando todos los besos y abrazos del mundo.

Nos vemos pronto, bye(L)