Capítulo 52
Primera Vez
Lo tomó de la mano y lo guio hasta la habitación.
Peeta por quinta ocasión le preguntó si estaba segura, era demasiado considerado. A lo largo de su vida había tenido muchas dudas, era normal, ¿no? Después de todo era una adolescente, y para su edad había tenido que tomar muchísimas decisiones de gran peso y nunca había tenido la certeza al cien porciento de que fueran las mejores, pero ahora, ahí junto con Peeta, a punto de entregarse a él, jamás había estado tan segura en su vida. Sabía en su corazón que eso era lo correcto.
Su novio bajó lentamente el cierre del vestido, mientras iba dejando un reguero de besos en su camino, acariciando suavemente la piel de su espalda mandando pequeños choques eléctricos a todo su interior y poniéndole la piel de gallina.
― Tienes frío ― pasó su mano a lo largo de su brazo. Era cálida, siempre estaba así y no comprendía como aun con bajas temperaturas, Peeta siempre tenía su temperatura corporal algo elevada a diferencia de ella que siempre era un tempano de hielo.
― No es frío ― se giró en sus brazos.
― Katniss, estás…
Ella lo calló colocándole un dedo sobre los labios ― No vuelvas a preguntarme lo mismo, por favor. Sí, estoy segura.
Bajó los brazos y dejó que los tirantes del vestido resbalaran y todo éste cayera al piso formando un perfecto círculo a su alrededor.
Peeta la vio a los ojos, sosteniéndole la mirada un largo tiempo, diciéndole con ésta que lo que estaban a punto de hacer significaba todo para él, haciéndole promesas de lo que estaba por venir y del futuro.
Bajó la mirada y bebió su cuerpo. La había visto desnuda en su completa gloria muchísimas veces, pero de alguna forma ahora se sentía diferente, como si estuviera más expuesta y no solo le estuviera ofreciendo su cuerpo sino también un trozo de su alma.
Ella subió las manos y comenzó a abrir uno a uno los botones de la camisa ― No estamos en igualdad de condiciones ― trató de bromear para no sentirse tan nerviosa como lo hacía, pero como lo hizo él antes, tragó saliva antes de inclinarse al frente y besarle el pecho conforme iba quedando su piel expuesta.
Se quedaron en ropa interior uno frente al otro y podía notarse que ambos estaban nerviosos, pero Katniss no iba a dejar que eso los echara para atrás en su decisión, así que lo tomó de la mano una vez más y lo llevó hasta la cama, donde ella se recostó y lo invitó a hacer lo mismo.
Peeta se colocó de lado, devorando con los ojos cada centímetro de su cuerpo y eso hizo que ella se mordiera un labio. Habían estado desnudos uno frente al otro muchas veces, pero siempre que él la observaba de esa manera sacaba a flote ridículas inseguridades sobre su cuerpo.
― Perfecta ― susurró él y colocando la punta de su dedo índice sobre su frente, comenzó un lento recorrido por todo su perfil, pasando por encima de su nariz, delineando sus labios, su barbilla, bajando por su cuello y subiendo sobre el encaje que cubría uno de sus pechos para después pasar al otro y continuar su marcha hacia el sur, cubriendo su vientre, su intimidad y finalmente cada una de sus piernas.
Ella que quedó quieta, observando como acariciaba su cuerpo y lo admiraba de una manera en la que ni ella misma lo había hecho antes.
Todo el recorrido que hizo con su dedo, a continuación, lo repitió con sus labios. Era una tortura, no se detenía el tiempo suficiente en cada una de las áreas donde más lo necesitaba. Lo deseaba dentro de ella en ese instante, pero él estaba empeñado en tomarse su tiempo para explorarla primero como si nunca la hubiera tocado antes.
― Peeta ― suplicó y arqueó la espalda tratando de juntar sus cuerpos.
― Calma, bonita. Vamos a llegar ahí, pero primero quiero idolatrar tu cuerpo como lo merece ― se acercó para besarla, esta vez de manera más apasionada, al tiempo que metía la mano derecha entre su espalda y el colchón y le desabrochaba el sostén.
Sus pechos estaban erguidos y rogaban por atención, cosa que él no demoró más y decidió ir al ataque, chupando primero el seno derecho mientras con la otra mano masajeaba al izquierdo, para después invertir el orden y volver a empezar.
Cuando estaba a punto de suplicar de nuevo, él comenzó a bajar por su cuerpo dejando besos húmedos sobre su abdomen y vientre hasta llegar a la orilla de su ropa interior, la cual tomó entre sus dientes y comenzó a bajarla lentamente por su cuerpo para lo que ella subió las caderas y de esta forma facilitó el trabajo. Eso la hizo sonreír y sin poder esperar más, se abrió de piernas.
Él sonrió y deslizó una mano entre sus piernas, sabía lo que iba a hacer, comprobar su humedad, pero ella estaba lista para él desde el inicio.
― Ahora ― subió las caderas en cuanto sintió el contacto ― Peeta, entra en mí.
― Espera ― se detuvo ― Necesitamos algo ― se puso de pie ― Estoy seguro de que Rye guarda algunos aquí ― abrió una mesita que estaba a un lado de la cama de enfrente y sacó una ristra de preservativos, la cual al extenderla cayó casi hasta el piso.
― ¡Vaya! ¿Compra por mayoreo?
Peeta se encogió de hombros ― Mejor para nosotros, no se dará cuenta de cuántos tomamos ― arrancó un envoltorio y regresó a la cama.
Katniss observó atenta cuando rasgo el pequeño paquete metálico y sacó el preservativo, y pudo notar un ligero temblor en las manos de su novio mientras lo llevó a su miembro para deslizarlo por su erección.
― ¡Diablos! Creo que lo estoy haciendo al revés.
Ella se apiadó de él, aunque también estaba nerviosa, tenía el pulso más estable ― Déjame hacerlo a mí ― lo giró y con cuidado lo deslizó hasta la base ― Después de todo, de algo sirvió la vergonzosa clase que nos dieron Effie y Hazelle.
Él ya no respondió, se colocó sobre ella y extendió sus piernas con suavidad. Después la besó largo y profundo, al tiempo que comenzó a frotar la punta contra su entrada y la puso tensa, pero de inmediato trató de tranquilizarse.
― Lo siento, estoy bien, yo…
― Shist ― susurró sobre sus labios y la obligó a voltear a verlo ― Solo mírame, Katniss.
La profundidad de su mirada y el amor que podía ver reflejado en sus ojos de inmediato la tranquilizaron y la llevaron de vuelta al ruedo. Se relajó y clavó los ojos en los suyos. Y entonces comenzó a empujar dentro de ella, con las manos a ambos lados de su cabeza para sostenerse.
Ella cerró los puños alrededor de la sábana mientras sentía una presión abrirse camino poco a poco en su interior. Era un poco incómodo, pero no doloroso como había escuchado que era la primera vez.
Peeta cerró los ojos y jadeó. Casi había entrado por completo, pero se había detenido justo en su barrera.
Abrió los ojos y pudo notar que estos tenían las pupilas muy dilatadas ― Solo, respira hondo.
Así lo hizo y de un último empujón, sus cuerpos estuvieron completamente unidos.
Le acarició el rostro y la besó, sin atreverse a moverse ― ¿Estás bien?
Ella solo asintió con la cabeza. La presión que había sentido antes poco a poco era menos incómoda y ahora deseaba sentir esa fricción. Peeta pareció leer lo que deseaba, por se movió y ella no pudo reprimir más su gemido.
― ¿Estás…? ― se detuvo una vez más.
― Solo sigue, ¡por favor! No te detengas ― levantó las caderas de manera automática, persiguiendo el movimiento.
Él salió casi por completo, solo para volver a entrar hasta el fondo.
Estaba cerca, muy cerca, las caricias previas la habían llevado casi al borde del clímax.
― Bonita ― gruñó ― No voy a aguantar más, yo no…
― Está bien ― gimió ella. Lo tomó del rostro y lo besó ― Vente.
Él empujó un par de veces más, pero su clímax desencadenó el de ella, quien lo abrazó con las piernas y continuó moviéndose hasta que los espasmos terminaron.
De pronto su cuerpo se relajó, convirtiendo sus músculos en gelatina. Sintió como si se hubiera fundido contra el colchón y Peeta cayó sobre ella, enterrando el rostro en el hueco de su cuello.
A los dos los cubría una capa de sudor, pero nada importaba en ese momento. Podía sentir la respiración cálida de su novio soplando contra su cuello, y ambos permanecieron en esa posición sin moverse por un instante.
Después Peeta se enderezó y le dio un corto beso en los labios, para después estudiar su rostro ― ¿Estás bien?
Una amplia sonrisa se extendió por su rostro ― Más que bien.
― No estás…
― Estoy bien, lo juro ― subió la mano para acariciarle la mejilla y levantar la cabeza para unir sus labios.
Cuando se separaron de nuevo, Peeta intentó leer su rostro y sonrió cuando se dio cuenta que ella decía la verdad, entonces se rodó hacia un lado saliendo de su interior lo que de inmediato la hizo extrañar su calor y el peso de su cuerpo sobre el suyo.
― ¿Te gustó? ― preguntó algo inseguro.
― Tanto que podría repetir sin duda lo que acaba de pasar ― le sonrió.
Él rio con más confianza ― Lo haremos, bonita. Creo que después de esto será muy difícil parar y reafirmará mi fuerza de voluntad para no estar dentro de ti cada hora del día ― se puso serio ― Te amo, Katniss. Sabes que te amo, ¿verdad?
― Lo sé. Yo también te amo a ti, Peeta.
…
…
― ¡Muy bien, Katniss! Ahora espera, espera ― Effie le gritaba instrucciones desde una orilla de la valla del ruedo donde la joven estaba practicando con los caballos ― ¡Ámbar tiene que estar alineada a tu izquierda! ¡Recuerda, si no estás segura, no saltes!
Tenían una semana en el distrito Ocho. Desde su arribo a ese lugar, todos habían comenzado con los ensayos del nuevo espectáculo que estrenarían una vez que regresaran al Capitolio para el nuevo ciclo del circo. En esta ocasión, Haymitch y ella se habían vuelto un poco más ambiciosos y se habían propuesto algo espectacular e innovador en todos los números que presentaban, aunque su esposo no dejaba de atribuir todos esos cambios que estaban haciendo a que ahora tenía tiempo de sobra debido al embarazo y que no podía ensayar ni participar en la función, por lo tanto, podía dedicarse a planear una serie de cambios y mejoras.
Aunque bueno, que por el momento no pudiera ensayar, no significaba que no pudiera hacer la labor de supervisión de los diferentes actos aprovechando su experiencia como acróbata y coreógrafa.
En ese momento se encontraba con Katniss. Le gustaba mucho trabajar con ella, pues la chica compartía su pasión por lo caballos, pasión que ambas habían cultivado desde que eran niñas. Y en el caso de la chica Everdeen, sabía que sus preciados corceles también le servían de terapia, pues ya no era la misma jovencita asustada y triste que llegó meses atrás, y sabía que la compañía de esos animales le recordaban su hogar, pero el que compartió con su familia cuando su padre aún vivía. Era muy dedicada y muy tenaz que no se daba tan fácil por vencida, aunque a veces sentía que se excedía un poco en las practicas pues, cuando se trataba de algún acto, era muy perfeccionista.
― Vas bien, querida. ¡Ahora!
Katniss saltó y aterrizó parada sobre la grupa del caballo color palomino.
Ella le aplaudió y vio que la chica sonreía ― ¡Muy bien, cariño! Creo que por hoy podemos dar por terminada la práctica.
― Una vez más ― pidió.
― Por hoy ha sido suficiente.
― Por favor, una vez más.
Effie suspiró. Era terca y eso le recordaba el carácter de su marido ― De acuerdo, pero solamente una vez más y terminamos.
Más tarde guiaron a los caballos de nuevo a los corrales y dejaron que los animales se refrescaran un poco antes de cepillarlos. Disfrutaba mucho ese momento del día en que compartía un tiempo con sus preciados animales.
Katniss siempre comenzaba cepillando a Ónix, el caballo azabache que se había convertido en su consentido.
― Has aprendido a trabajar muy bien con él, por lo general todos le sacaban la vuelta ― se acercó al animal para pegar su frente a la cabeza del corcel ― Sabía que solo era cuestión de darle un poco más de atención y amor ― le dio dos palmadas en un costado antes de dirigirse a la yegua, Ámbar ― Por cierto, ¿cómo van con los entrenamientos junto a Cashmere y Gloss?
La castaña suspiró ― Cash es algo exigente.
― Lo sé ― rio ― Pero es buena persona, solo es cuestión de hallarle el modo.
Uno de los nuevos actos que habían planeado con las dos parejas de acróbatas, Cashmere y Gloss, y Katniss y Peeta, consistía en hacer la misma rutina acrobática en la medida de lo posible en el piso y en el aire. Si las dos parejas lograban sincronizar sus movimientos sería realmente un espectáculo digno de ver. Tendrían vestuarios a juego, solo les faltaba elegir la pieza musical adecuada para acompañarlos.
Continuaron cepillando a los caballos en silencio un momento más, pero Effie no era de las personas que podían permanecer calladas por mucho tiempo.
― Prim y tú ya tienen nueve meses con nosotros. No puedo creerlo, el tiempo pasa volando ― se encontraban espalda con espalda ― ¿Les gusta estar aquí? ― volteó sobre su hombro.
La chica se detuvo y se giró ― La verdad, nos encanta estar aquí ― una sonrisa sincera se extendió por su rostro ― Mi hermana y yo hemos vuelto a sonreír, nunca creí poder encontrar esta felicidad de nuevo en nuestras vidas. Gracias por esta oportunidad.
― ¡Oh, querida! ― se acercó a ella y la abrazó a pesar de que sabía que la castaña no era muy afecta a los abrazos ― Este será su hogar por todo el tiempo que lo deseen ― se separó y le tomó las manos ― Haymitch y yo estamos muy contentos de tenerlas con nosotros ― le sonrió.
― ¡Señora Abernathy! ― llegó Vick corriendo hasta donde estaban ellas.
― ¿Qué pasa? ― le preguntó al hijo de Hazelle.
Casi no podía hablar, estaba agitado ― No vas a creer quién está aquí y viene muy molesto.
Antes de preguntarle quién, ya caminaba deprisa a la salida. Solo esperaba estar equivocada con el mal presentimiento que sentía.
…
…
Haymitch se encontraba en la gran carpa ensayando un nuevo acto de magia. Se trataba de algo completamente diferente a lo que había presentado antes.
Comenzaba con una historia en la que Annie, vestida como una sirena, efectuaba una danza aérea en la que simulaba estar en el fondo del mar, moviéndose entre algas marinas para lo cual elegirían telas verdes. Después la sirena se enamoraría de un apuesto príncipe, Finnick, con quien tendría un romance representando en el mismo baile. A continuación, venía lo complicado, la sirena era atrapada por una malvada bruja dentro de una pecera gigante, para lo cual, en ese momento del acto, la chica se soltaría de las telas y caería en un gran tanque de agua diseñado por Beetee.
Después de eso, Annie efectuaría una danza en el agua, formado figuras; mientras tanto, Finnick iniciaría un viaje representado por acrobacias para encontrar al famoso mago que podría liberarla de su cautiverio.
En ese momento, Haymitch aparecería en la pista y daría así inicio a su acto de magia. Después de hacer una serie de ilusiones que tenía planeadas, aparecería Finnick, continuando así con la historia de la sirena, y en su último truco de magia, haría desaparecer a Annie del tanque y la haría aparecer justo en la entrada de la carpa, luciendo un hermoso vestido, para cual se apoyarían con Sandy, la comadreja, quien con su cabello del mismo tono que la esposa de Finnick, podía fácilmente pasar por ella.
Todavía les falta afinar muchísimos detalles, pero sabía que tenían tiempo suficiente para tener todo listo para la nueva temporada del circo.
― ¡Haymitch! ― Jack le gritó desde la entrada y se acercó de prisa.
― ¿Qué pasó? ― preguntó de inmediato. A juzgar por el rostro del administrador sabía que algo había sucedido.
― Snow está aquí.
― ¿Quién? ― había escuchado bien, pero quería asegurarse. Presentía desde hacía tiempo que ese encuentro iba a darse tarde o temprano.
― Es Coriolanus Snow, amigo. Y se ve molesto.
Finnick estaba a su lado, el joven de inmediato cerró los puños.
― Annie, ve a buscar a Chaff ― le pidió Haymitch ― ¡Vamos! ― les dijo a los otros dos que lo acompañaran.
Cuando salió de la carpa vio al viejo Snow parado frente a las taquillas, iba vestido con un traje gris Oxford de finas rayas y un elegante bastón negro de mango plateado. A su lado se encontraban Plutarch Heavensbee y un acróbata moreno llamado Boggs.
― Haymitch Abernathy ― pronunció el dueño del circo contrario en cuanto lo vio, sonriendo de una manera que provocaba escalofríos ― Finnick Odair y Jack Foster.
El mago se acercó a él, caminando con seguridad. Le tendió la mano ― ¿A qué se debe tan inesperada visita?
El viejo tomó su mano y le dio un apretón más fuerte de lo necesario en un saludo de cortesía. Quería demostrar con el saludo que era un hombre fuerte y de cuidado. Cuando liberó su mano, comenzó a reír como si hubiera escuchado un chiste.
Se giró hacia sus dos compañeros ― No sabe por qué estoy aquí, ¿pueden creerlo? ― volteando de nuevo con él, le dijo ― Necesitamos hablar.
Haymitch no iba a permitir que ese hombre pusiera un pie en la parte de atrás del circo donde se encontraban sus hogares, así que señaló una mesa que estaba a un lado de las taquillas.
― Ambos sabemos que ésta no es una visita de cortesía. Dime de una vez qué se te ofrece.
― Yo soy un hombre justo ― comenzó Snow.
Él de inmediato frunció el ceño, ese hombre era todo menos justo.
― Tú te robaste a la estrella de mi show y no pienso quedarme con los brazos cruzados. Lo justo será que tú me entregues a la tuya, la chica Everdeen.
Hola! Lo sé, ¡qué milagro! pero no pude actualizar la semana pasada, tengo demasiado trabajo (GAD) y en estas fechas seguirá así hasta después de navidad.
Como ustedes saben, son fechas complicadas, no solo de trabajo sino de compromisos y me ha costado un montón hacerme tiempo últimamente para escribir. Y justo esta semana cuando creía que me pondría al día con mis dos historias, mi madre me habla y me dice que viene de visita con mi sobrino, así que ya casi me voy al aeropuerto por ella.
Bueno, sé que esta historia poco a poco ha ido perdiendo popularidad y tenía que tomar una decisión, así que la estaré actualizando cada quince días, al menos mientras pasan estas fechas complicadas. (Matrimonio con el Capitolio seguirá con su publicación semanal) Ya estamos casi en la recta final de esta historia del circo. Chan chan chan... ya vieron que Snow hizo su aparición y quiere llevarse a Kaniss para su circo. ¿Qué piensan que pasará ahora?
Y bueno, respecto al encuentro que hubo entre Peeta y Katniss, espero que les haya gustado, trate de inspirarme y busqué que fuera tierno y pasional al mismo tiempo.
Muchas gracias por llegar hasta aquí y leer semana a semana esta historia. No se preocupen sí actualizaré pero hasta dentro de 15 días.
Gracias por sus comentarios: TheOnlyHayffie, Brujita22, AbyEvilRegal4Ever123, AdyMellark87, SiziGuez, claudiacobos79, Isabella, BrendaTHG y Ilovehayffie.
No me abandonen, por favor, ayúdenme a seguirme inspirando.
saludos
Marizpe
