Disculpas a todos, me pasa todo el tiempo, gracias por avisar.

CAPÍTULO 57

~ Narra Hipo ~

Conduje lo más rápido posible, abandonaría el carro, pero tenía que deshacerme de él primero.

Sentí mi corazón latir cada vez más fuerte, iba a salvar a Astrid así fuera lo último que haga. Sentí mi coraje hacerse más fuerte.

Ella ha estado al borde de muerte, y todo porque yo he estado ahí.

Entonces me di cuenta que quisiera o no, su vida siempre está en peligro, había contaminado su vida con mi presencia. Pisé el pedal más fuerte, escuchando el motor sonar.

Iba estar siempre al lado de Astrid, hasta que muera... y sé que eso no pasará pronto.

Giré en una esquina y conduje hacia el estacionamiento del hospital, apagué el motor y salí corriendo, corrí hacia el hospital.

Pronto llegué a las escaleras y corrí tan rápido como pude hasta arriba.

Mucha gente se me quedaba viendo pero para cuando me vieron yo ya me había ido de ahí. Llegué al piso donde estaba Astrid y corrí hacia su habitación, llegué hacia su puerta y la abrí.

Vi a Astrid presionando un botón, cerré la puerta detrás de mí e inmediatamente la ayudé a levantarse.

- ¡Tenemos que salir de aquí!- le dije.

Poco a poco le desconecté las jeringas y mangueras que estaban en su intravenosa y se las quité, Astrid estaba inmóvil en la cama. La miré y la abrasé. Ella sabía, y estaba asustada.

- Tengo miedo.- me dijo.

Besé su cabello, olí su suave esencia y suspiré, ella absorbía todas mis fuerzas, poco a poco la solté.

- Lo lograremos Astrid, te lo prometo.- le contesté.

Su mirada preocupada cambió de repente a una mirada con más seguridad. Se levantó de la cama y lentamente la ayudé a llegar a la silla donde estaba su ropa, comenzó a quitarse el camisón blanco que le habían dado.

Oh Dios, si no estuviéramos apurados... Dios mío es que era tan sexy. No podía dejar de mirar su cuerpo, traía puesto un brasier negro, la ayudé a ponerse una camisa. Hizo un gesto, le dolía, seguí ayudándola a vestirse. Sentía mis manos quemarse cada vez que tocaba su piel. Quería besarla y hacerla sentir todo lo que ciento por ella... pero no ahora.

La ayudé a atarse sus zapatos y en un instante arranqué la bolsa de suero y la aguja y la guardé en mi mochila, la necesitaría.

Rápidamente salimos hacia el pasillo del hospital, comenzamos a darnos prisa, íbamos de la mano. Llegamos a las escaleras, me detuve ya que yo sabía que Astrid aún estaba débil. Me colgué la mochila en el hombro y cargué a Astrid en mis brazos. Bajé todos los escalones rápidamente como si no trajera nada, golpeé la puerta y corrí con Astrid en mis brazos a través de las puertas del hospital.

Vi todo en cámara lenta mientras empujaba las puertas fuera de mi camino, había dado apenas algunos pasos cuando de repente sentí un destello por detrás, seguí corriendo, mientras cubría a Astrid con mis brazos.

~ Narra Astrid~

Vi a Hipo entrar corriendo a la habitación cuando estaba a punto de presionar el botón y corrió hacia mí cerrando la puerta detrás de él. Había venido por mí, como siempre lo hacía. Como la otra vez en el cementerio, o cuando estaba desangrándome en el piso de la casa de su hermano, cuando me di cuenta lo mucho que lo amaba.

Corrió hacia mi lado y yo estaba inmóvil en la cama. ¿Cómo pudo pasar esto?

- ¡Tenemos que salir de aquí!- me dijo Hipo.

Con cuidado desconectó la aguja de la intravenosa en mi brazo y después me miró. Me miró a los ojos y se acercó hasta que me abrazó.

- Tengo miedo.- le dije mientras me abrazaba.

Me besó mi cabello, hundiendo su rostro en él, sintiendo su piel sobre la mía.

- Lo lograremos Astrid, te lo prometo.

Con eso último, me ayudó a levantarme y entendí lo que significaban sus palabras. Me levanté de la cama. Caminé lentamente hacia la silla y sentí sus brazos abrazarme mientras me ayudaba a caminar.

Me quité el camisón blanco y lentamente me puse una camisa mientras Hipo me ayudaba. Me puse unos jeans y Hipo me ayudaba a atarme mis converse.

Escondí la nota en mi bolsillo mientras Hipo guardaba la bolsa de suero en su mochila.

Tomó mi mano y salimos a los pasillos y comenzamos a correr por nuestras vidas. Llegamos a las escaleras y apenas me di cuenta cuando Hipo ya me tenía en sus brazos mientras corría bajando las escaleras. Mi corazón latía a mil por hora.

Hipo era fuerte, y rápido, empujó la puerta para abrirla mientras corría hacia la puerta principal. Finalmente salimos y sentí que Hipo corría aún más rápido mientras me cargaba en sus brazos.

En ese momento, sentí una explosión por detrás, vi a Hipo cerrar sus ojos con fuerza mientras corríamos alejándonos del hospital.

Les publicaría el siguiente capítulo pero tengo examen

Resistan.

Gracias por leer