Los personajes de Yuri on Ice no me pertenece.
Gracias por su apoyo, por sus comentarios, votos y vistas. Me alegra mucho que les esté gustando y espero seguir manteniendo el interés en esta historia que para mí es especial.
Les invito igual a ser parte del grupo de lectores, está en mi perfil de está página el link del facebook.
Interludio 09: Error
Vanya Solovióv: Víctor Nikiforov echó a perder su carrera cuando decidió ir a Japón a apoyar a alguién como Katsuki.
No me queda la menor duda de que si no hubiera tomado ese año sabático, Víctor estaría ganando de nuevo el oro en todos los concursos.
Nos perdimos de ver temporadas llenas de intensidad entre J.J y Víctor Nikiforov, y nos tenemos que aguantar ahora la pésima interpretación de Katsuki.
Es una mala imitación, sin sabor, sin nada nuevo que agregar.
Me siento como cuando compro una marca china. Ya sabes.
1,521,865 likes — 19 de Agosto del 2019.
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v-nikiforova9: ¡Estoy totalmente de acuerdo! Katsuki es la perdición de su carrera. Y de paso se atreve a decir que lo ama cuando se ve que ha aprovechado la ausencia para obtener sus medallas. Dicen que fue Katsuki quien le pidió a Víctor que fuera su entrenador además de competidor. Es obvio que no quería que se enfocara a competir para así obtener ventaja. Es un desalmado, no me cabe la menor duda.
NikiforovFan82: Además todos los que lo han tratado sabe que es un arrogante y odioso en la pista, incluso con sus fans. Y esto se ha agravado ahora que está con Víctor. ¡Qué fácil ha sido bañarse con sus créditos y sus logros!
AlexyaSergyec: Pero Yuri Plisetsky lo apoya, si lo ve como un digno rival. Quizás estamos hablando sin saber, Víctor lo escogió por algo y pudo haber rechazado ser su entrenador si no quería hacerlo.
v-nikiforova9: Claro que lo apoya! es la competencia facil. Yuri Plisetsky le conviene tener a Katsuki Fake Nikiforov en la pista que al real. Sabe que con Víctor en la pista jamás vuelve a tocar el oro.
VityaForever: Además que es un imitador sin estilo. Todo lo que ha hecho es imitar a Víctor, no es capáz de hacer nada por sí mismo. Ya quiero que se retire, que se retire pronto porque cada competencia con él me muero de jaqueca.
IvanIvannovPlist: Todos saben que nadie lo soporta, que es un engreído que se le subió demasiado pronto los pequeños éxitos que ha logrado sin Víctor en la pista. ¿Que lo ama? ¿Que todo lo ha hecho por él? Ja! ¿Quien deja a la persona que ama solo y se va a competir? Nunca hubo amor, solo interés.
…
Tras el mundial, con la baja temporada la cosa no menguó. Todos los foros y redes sociales en Rusia tenían un nuevo tema del cual hablar, una comidilla que usaban una y otra vez sin descanso alguno. Ya no solo se conformaban con atacar las publicaciones de Yuuri en sus perfiles, lo que le obligó a bloquearlos, sino que armaban revuelo en cuanta publicación había de todos los sitios: blogs, sitios webs de noticias, incluso la federación. Los comentarios se hicieron más y más ruidosos, al punto en que llegó a convertirse en tema de noticia local. En Rusia era evidente de que Yuuri Katsuki era la persona más indeseable del país.
Yuri sabía que Yuuri en algún momento no le importó ser odiado por Rusia, que incluso él confesó que estaba dispuesto a vivir con ese estigma. Pero una cosa era decirlo que hacerlo. En ese entonces, el repudio de Rusia caía como una avalancha bajo sus hombros, todos aquellos que se sentían imposibilitados de expresarlos, aprovecharon el momento para hacerlo notar de diversas formas. Y algunas de las maneras más macabras posibles.
Esa mañana había sido una locura en la pista. En el casillero de Yuuri se encontraba una cartulina enorme con miles de recortes y a forma en que cada imagen de él tenía una línea roja que separaba su cabeza de su cuerpo. Muerte a Katsuki, rezaba en ruso. Yuri se percató cuando lo vio de pie, pálido con sus ojos grandes y marrones mirando aquel agujero como si fuera la puerta de su infierno. Y cuando se acercó, por poco iba a crear un infierno personal para condenar a todos esos cobardes.
Yakov llegó y comenzó a moverse tras el incidente. Se fue con Yuuri a la comisaría para denunciar, montó una orden de investigación al personal de vigilancia por permitir la filtración y dejó instrucciones a sus demás alumnos para las prácticas. La temporada estaba a un par de meses de comenzar y no podrían perder el tiempo. Yuri hubiera querido destruir aquella cosa con sus manos pero no pudo, servía de evidencia.
Lamentablemente, las autoridades no tomaron aquello como una amenaza real. Es bullying, insistieron con absoluta indiferencia. Yakov se enojó, pero Yuuri le detuvo. Y cuando Yuri lo supo, quiso matar a alguién.
—No podemos dejarlo solo. —Soltó Mila, mientras calentaba y Yuri daba vueltas como león encerrado recibiendo las instrucciones de Yakov y pensando que Yuuri estaba solo en las duchas.
Pese a que le habían recomendado retirarse y descansar, Yuuri insistió en prácticar.
—Es decir, ni siquiera en la calle. Deberíamos hacer algo para acompañarlo, así…
Así evitaban cualquier cosa. Aquella posibilidad le aterró como nada nunca en su vida. Yuri apretó los labios antes de decidir y dejar las prácticas atrás, para ir a buscar a Yuuri. Incluso ante los reclamos de Yakov.
Cuando llegó a las duchas, vio a Yuuri sentado en una de las bancas, colocándose la camiseta de entrenamiento. Su perfil estaba endurecido y no se podía ver nada de lo que reflejaban sus ojos. Peor Yuri no necesitaba que Yuuri lo dijera en voz alta para saberlo. Debía estar aterrado.
—Cerdo… a partir de hoy te voy a buscar al edificio y te llevaré allá después de las prácticas —dijo. Yuuri se levantó de la banca y lo confrontó de frente para mostrar su inconformidad. Yuri mismo se tuvo que esforzar para mantenerle la mirada, porque sin lugar a dudas la fuerza que habían tomado los ojos de Yuuri era capaz de intimidarlo.
—Puedo cuidarme solo, Yura. No tienes porqué preocuparte.
—No entiendes, Yuuri. —Se acercó y su mano se tomó de la nuca de Yuuri para enfocar mejor su mirada hacia él y demostrarle lo serio que estaba hablando. Los ojos de Yuuri se abrieron un poco más. Yuri sabía que estaba siendo bastante insistente y que quizás eso levantaría sospecha, pero no iba a tolerar que nadie lo tocara ni le hiciera daño. Nunca—. Voy a acompañarte quieras o no. No dejaré que ninguno de esos malditos se te acerque.
—Bien… creo que nada puedo decir para convencerte de lo contrario.
Yuri, para disimular, arrastró su mano por la nuca húmeda de Yuuri hasta que acarició su hombro y dejó un par de palmadas. Ya no podía contener las ganas que tenía de tocarlo, pero evitaba a toda costa hacerlo. Yuuri colaboraba manteniendo esa distancia que ya se le conocía, distancia que solo con Víctor destrozó.
Desvió la mirada, enfocando sus ojos en los azulejos nada interesantes del piso de las duchas. Yuuri soltó un suspiro hondo y le invitó a volver a la pista.
A partir de entonces, Yuri iría todos los días a buscarlo al apartamento para acompañarlo a la pista, y a regresarlo hasta dejarlo en la puerta del edificio. En varias ocasiones, Yuuri le convidó a entrar y a saludar a Víctor, pero Yuri en ese momento no se sentía en la capacidad de hacerlo. Víctor era mejor que se quedara allí, encerrado, lejos de su presencia. Podría alimentar el sentimiento que albergaba con el espejismo de que eran solo Yuuri y él.
Hasta esa mañana. Yuuri no bajó del edificio, no contestó sus llamadas. Preocupado no supo si sería lo correcto subir, así que se regresó a la pista sintiendo que algo había pasado. Al llegar no estaba Yakov y Mila se veía preocupada, incluso ansiosa. Solo colaboró para que el estado de zozobra de Yuuri aumentara. Las llamadas seguían sin entrar a su móvil, y los mensajes siquiera eran leídos. Tras saber que habían encontrado a Yuuri patinando a altas horas de la madrugada y que los vigilantes habían llamado a Yakov para que fuera a sacarlo, la situación no mejoró. Yakov tampoco contestó las llamadas que Yuri realizó y durante todo el día, no supo de nada de Yuuri.
—Decían que no dejaba de hacer saltos y se la pasaba cayendo —dijo Mila con el rostro preocupado, mientras se afincó en la baranda. Yuri ni siquiera podía concentrarse en mantener el equilibrio en la pista, ya que sentía que algo había ocurrido, algo grave.
Yuuri no era el tipo de persona que se machacaran los dedos en la pista. Cuando estaba estresado o nervioso, si solía patinar de noche, pero eran deslizamientos suaves, movimientos calmos que lo relajaban. No... no eso que decían. Ese no era Yuuri.
Apretó los labios, y la preocupación no menguó. Sus ojos no pudieron cerrarse esa noche y cuando llegó el otro día y volvió a esperarlo en casa sin encontrarlo, llegó a la pista para encontrarlo ya en ella, moviéndose en el hielo con la soltura de siempre pero un aire diferente.
Yuri no pudo comprender qué era la sensación que ahora rodeaba a Yuuri, pero estaba allí. Se sentía como una brecha donde se fugaba el aire, las sonrisas, incluso las palabras. Incluso los momentos juntos, Yuuri parecía escurrirse entre sus dedos, como el agua. Como la nieve cuando se derretía en su palma. Como la nada.
Y no, no era que la prensa se hubiera ensañado más. No, no era porque los medios y los fanáticos siguieron atacando. Ni siquiera por la existencia de una nueva amenaza. Yuuri se estaba escurriendo de sus dedos y no podía saber porqué, ni el cómo, ni de qué manera. Se estaba escapando de sus dedos, de una forma que asustaba.
Cuando la temporada empezó y las competiciones iniciaron, Yuri pudo notarlo con más claridad. Apenas lo vio partir de la pista, tuvo la necesidad de seguirlo. En el patinaje de Yuuri, la rabia y el dolor se filtraba en sus pasos, en sus saltos, en sus piruetas. Yuuri era como un hoyo negro tragandoselos a todos, y nadie parecía darse cuenta.
La cara que puso Yakov cuando la vio fue suficiente para entenderlo. Mila había acabado llorando mientras se tapaba los labios con sus manos enguantadas. Yuri no podía darle nombre a la sensación, pero después de haber escuchado el veredicto al lado de Yakov, Yuuri se despidió con una sonrisa y se alejó del escenario, ni siquiera dando oportunidad a verlo a él.
Yuri estaba enojado, y otras cosas más que no lograba identificar. Caminó con paso largo, meditabundo, mientras sentía que estaba repitiendo una secuencia similar a lo ocurrido en Sochi años atrás. En el Kiss&Cry, Víctor brillaba por su ausencia y Yuri temía que eso fuera, en parte, las razones por la cual el patinaje de Yuuri era tan intenso, tan cruel y despiadado. Tan humano.
Ya era evidente para todos que algo no estaba bien entre esos dos. Pero Yuuri no había dicho nada.
Entró al baño y logró ver los pies de Yuuri en uno de los cubículos. Se acercó en silencio con la suavidad de un gato, con el sigilo de un depredador que no pretendía alertar a su víctima de lo que ocurría, y escuchó la voz de Yuuri.
—Vitya. —Escuchó un suspiro y se mantuvo con el ceño fruncido—. ¿Cómo estás? ¿Ya comiste? —otro espacio de silencio—. Oh, ya veo. ¿Me viste? —silencio—. Ah… —silencio—. Ya veo. No importa… Por el momento voy en primer lugar. Yakov estuvo conmigo. —silencio—. Oh…. ya veo. —silencio—. No es lo mismo… —silencio—. Supongo que, hablamos cuando esté allá. —silencio—. Te amo, Vitya.
Silencio.
Yuri se mantuvo quieto y logró escucharlo con tanta claridad que sintió su estómago arder y sus labios se apretaron como si no pudiera hablar. Yuuri empezó con pequeños sollozos, casi inaudibles, pero de un momento a otro su llanto se volvió tan cruel, tan devastador, que era como si recibiera cuchillas en su pecho. Una parte de él quiso patear la puerta, obligarlo a salir. Una parte de él quería gritarle que sea lo que estuviera pasando, no lo merecía. Quiso, pero no se movió, se quedó allí como un testigo mudo del debacle y odio a Víctor más, cada vez más.
Allí estaba, varios años después, él mismo perdedor que lloró por su fracaso, ahora era un ganador que lloraba por la ausencia. Era Víctor quien lo había salvado y era Víctor quien lo estaba destruyendo.
Al final, decidió retirarse, a consciencia de que pronto le tocaría patinar. Después de su presentación, caótica como todas sus emociones en ese momento, contempló la baja puntuación pero su mente estaba fija en otro punto. Miró a Yuuri observar desde su lugar la tabla de clasificaciones que lo había puesto en el segundo lugar, por abajo de Emil. Su rostro estaba ligeramente enrojecido y su expresión había vuelto a ser la de siempre, la que se había convertido en una constante en esos últimos meses.
Yuri se acercó a él, por la espalda. No dudó en colgar sus brazos alrededor de sus hombros aprovechando que ya era un par de centímetros más alto que él. Yuuri no dijo nada. Se apoyó contra su cuerpo, en un silencio comprensivo. Su mano le tomó de uno de los brazos y la apretó como si validara su acción, aunque no dijera nada al respecto.
—¿Qué ocurrió con esos saltos? —le preguntó—. Perdiste muchos puntos en ejecución.
El reclamo velado de Yuuri no le golpeó, no cuando su mente no podía concentrarse sabiéndolo desmoronándose en sus manos. Yuri apretó el abrazo y pegó su rostro sobre el hombro de Yuuri, sin prestarle atención a los números de la marca. Lo que quería saber, lo único que quería saber, era que estaba pasando con él y Víctor. Si acaso ya iba a acabar.
Si acaso había oportunidad.
—Los recuperaré en el libre.
—Tienes que hacerlo. Tienes que compartir el podio conmigo.
—Te dejaré la plata para que no llores. —Yuuri sonrió tan lleno de tristeza.
—Eso pensaba decir.
Pero no lo consiguió. Yuri terminó de cuarto lugar, superado por Yuuri, Guang Hong y Emil. La baja calificación en el corto no le ayudó y su programa libre no fue lo suficiente bueno para superar a Yuuri y el talento naciente de Guang Hong. Tampoco los saltos cada vez más perfectos de Emil.
Y con esa calificación, su puesto en el GPF estuvo en la cuerda floja. No fue de extrañar el hecho de que no lograra clasificar, pese a su medalla de bronce en la copa Rostelecom. A Yuri no le importó, no mientras pudiera seguir a Yuuri a cualquier competencia y apoyándole. Tampoco hubo un reclamo de parte de Yuuri, solo una mirada triste que no pasó a más.
¿Qué importaba las medallas si Yuuri estaba destruyéndose? ¿Qué importaba el peso de ellas si podía sentir el peso de Yuuri en su espalda cuando lo llevaba a esas noches interminables a pasear en su moto? ¿Qué importaba si podía compartir esas horas en silencio? Las medallas había perdido significado para él, porque todo lo que quería era recuperar la sonrisa de Yuuri, y eso estaba fuera de su alcance.
—Me estás dejando ganar.
Hasta que esa noche, en frente de una plaza de Tokio, con sus brazos rozándose por el frío de noviembre y una bolsa de pirozhki en sus manos; Yuuri lo soltó. Veía el regalo de su cumpleaños: un par de guantes de lana que tenía detalles azules con un par de gatos blancos bordados. Pero su mirada estaba así, perdida… cabizbaja. Ese cumpleaños lo pasaba en Tokio, pero sus padres no podían ir a las eliminatorias y él estaba huyendo conscientemente de Minako. Miró con insistencia su teléfono, hasta que consideró que no iba a llegar nada.
—¿De donde sacas eso? —Preguntó Yuri y volteó su mirada hacía la gente que pasaba en esa tarde. Yuuri soltó el aire, con las mejillas rojas, los ojos brillantes.
—Es aburrido si no das todo de tí. —Reclamó suavemente—. Debiste ir al GPF conmigo.
—Iré.
—No, no es lo mismo. —Yuuri se sacó sus guantes, dejando ver la mano con el anillo aún vistiéndola. Guardó ese par y se puso los de regalo, con cuidado. Yuri sintió aquello como un mensaje figurativo, una premonición que profetizaba que así como aquella lana se comía la luz del anillo, algún día su amor se comería todo rastro de Víctor en la vida de Yuuri—. Te estás distrayendo por mí, Yura. No hace falta… yo estoy bien.
Mentira…
Yuri lo miró, gritándole eso a través de sus ojos. Yuuri no tuvo fuerzas de negarlo y miró hacía sus manos cubiertas por los guantes de lana.
—Gracias… por los guantes y por estar aquí… —Yuri se levantó y sin meditarlo, simplemente buscó el abrazo que quería sentir de Yuuri. Lo cubrió con sus brazos, plegó su rostro contra el cabello negro y sintió el calor de Yuuri, ese que emanaba con suave temblores y respirar calmado. La nieve caía alrededor de ellos como una lluvia suave…
—Yo sí cumplo mis promesas… —dijo, conteniendo el deseo de tomarle el rostro y atrapar los labios fríos con un beso—. Te dije que te iba a acompañar. —Yuuri no dijo nada, solo lo abrazó con más fuerza y pasó sus manos por su cadera, rodeandolo.
Como era de esperarse, Yuuri superó también el NHK Tokio, y clasificó con dos oros al GPF. La final era en Japón, Saitama, y Yuuri tuvo que regresar a su país, sin tocar su casa, para ese evento. Yuri iba a ir con él, por supuesto. Y Yakov, quien se había cansado de ver todo de lejos y comprender que nada detendría el tren a alta velocidad que eran los sentimientos de Yuri, no quiso permitírselo.
Por eso lo confrontó cuando lo vio llegar al aeropuerto, cuidando de que Yuuri no los viera. Con un agarre fuerte y pese a que Yuri ya era bastante más alto que él lo enfrentó con la intención de hacerlo retroceder.
—No puedes negarmelo. —Replicó Yuri, jalando su equipaje. Yakov le mantuvo la mirada con preocupación, mientras intentaba que aún Yuuri no los viera.
—¿Qué haces, Yura? ¿Qué crees qué estás haciendo?
—Acompañándolo. Lo que el maldito anciano debería estar haciendo.
—Yuuri va apoyado por la federación, estará en su país, me tiene a mí. ¿Qué clase de compañía pretendes ser para él, Yura?
—La que haga falta. —Asestó, mirando con rabia a su entrenador. Yakov le miró ligeramente horrorizado, porque por primera vez en los variados reclamos, Yuri estaba siendo bastante claro sobre lo que aspiraba encontrar en Yuuri.
—Yura… esto no va a llegar a buen puerto y lo sabes… —No hubo rabia en su voz, Yuri lo notó. No hubo enojo, ni desprecio, mucho menos decepción... Yakov lo estaba mirando como su propio abuelo lo haría para decirle que aquel camino que estaba tomando era peligroso y temía por su vida.
—Yuuri me necesita.
—No, no Yura… Necesita a Vitya. —Aquella aclaración dolió. Yuri pestañeó reiteradamente y desvió la mirada, para evitar que ese dolor y esa verdad le abriera frente a Yakov—. Yura, deja esto ya. No te lastimes y lo lastimes más.
—¿Qué clase de amigo seré si lo dejo cuando más me necesita?
—Ya tu no quieres ser su amigo, Yura. —Yakov le miró, con toda la fuerza de su experiencia—. Ya deja esto así y aprovecha estos meses para ir con tu abuelo a Moscú y hacer distancia.
—No. —Yuri le devolvió la mirada—. No cometeré el mismo error que usted cometió con Lilia. No voy a dejarlo. Y si algo pasa entre nosotros dos, ¿es nuestra culpa? Solo hay un culpable, y es el que está en aquella cama.
Jaló el equipaje e ignoró a Yakov de nuevo. Se sentó al lado de Yuuri quien esperaba con los audífonos puestos y los ojos cerrados la hora del vuelo. Quizás sí, quizás Yakov tenía razón y Yuuri estaba necesitando a Víctor, pero como iban las cosas no tardaría en darse cuenta que era una pérdida de tiempo esperar y que él… él tenía un lugar. Así que pasó su brazo por el hombro de Yuuri, lo distrajo, obligándolo a salir de su letargo y comenzó a mostrarle una colección de videos graciosos de animales y cualquier cosa que sirviera para que Yuuri sonriera y poder distraerlo.
Pero la presión en Japón era distinta y la prensa en vez de atacarlo lo alababa. Eso creaba un contrapunto que caía sobre los hombros de Yuuri y lo hacía sentir peor, Yuri lo veía en su rostro. Aunque él estuviera de acuerdo con cada una de las preguntas, conclusiones y reclamos, aunque él supiera que todo el mundo tenía toda la razón; Yuuri estaba cansado de ver las cosas de esa manera: de ser él el héroe y Víctor el villano.
¿Por qué Víctor no estaba? ¿No cree que Víctor Nikiforov no ha sido el apoyo que necesitaba en su carrera? ¿Se está recuperando? ¿Piensa volver a apoyarlo en la próxima temporada? ¿Tiene intenciones de conseguir el récord de Víctor Nikiforov con 5 medallas de oro GPF y del mundial? ¿Han tenido problemas tras la lesión? ¿Cómo ha estado su comunicación? ¿Lo volveremos a ver juntos en público?
Y Yuuri volvió a ganar el oro, no fue para nadie sorpresa. La sorpresa fue cuando en el podio Yuuri alzó la medalla, la sujetó con su mano a la altura de su barbilla, y la miró con repulsión. Fue sólo un segundo… un segundo muy elocuente, aunque las fotos sólo captarán la sonrisa plástica que puso después.
—Yuuri.
Yuri lo había notado, pero viendo la manera en que Yuuri se había alejado del ring, no se vio con las fuerzas de acercarse. El hoyo negro que rodeaba a Yuuri se había vuelto más denso, más profundo y ahora tenía miedo de entrar en él. Yuuri se había alejado por el pasillo mientras cargaba la medalla de oro, apretada en un puño, como quien jala un cadáver.
Y por eso lo llamaba ahora en el pasillo, cuando Yuuri se había cansado de cumplir con su compromiso y había salido del salón del banquete. Para Yuuri, era evidente, no había nada que celebrar y esa seguridad por primera vez golpeó a Yuri. Yuuri no estaba disfrutando ganar, no estaba disfrutando competir… ¿Entonces por qué lo seguía haciendo? Tragó grueso, mientras caminaba hacia él con el saco puesto. Yuuri ya había empezado a aflojar su corbata.
—¿Ya te vas a tu cuarto?
—Sí, estoy cansado… —Yuuri hizo el ademán de voltear y darle la espalda, antes de girar sus ojos hacía él, sobre su hombro—. ¿Quieres acompañarme a mi habitación?
Yuri se quedó callado, aferrado al suelo para no caer. Las palabras de Yuuri sonaban tan suaves, tan necesitadas, y tan perfectas, que creyó que estaba soñando. Había buscado por más de un mes que Yuuri dejará de volver a aquel apartamento donde estaba su mayor enemigo, para que se quedara en el suyo. Y Yuuri por fin estaba invitándolo por voluntad propia a su habitación, en un país completamente lejos de Víctor, en un lugar lejos de él. Aunque Yuri no hubiera querido, sus latidos aumentaron y el cosquilleo llenó su rostro, coloreandolo en el instante.
Apretó sus labios, dubitativo. Yuuri alzó una ceja como si insistiera en silencio.
—No quiero pasar la noche solo hoy. —Le dijo, y Yuri sintió cómo su estómago se apretaba dentro de su cuerpo y unas frenética oleada de calor le invadía desde los pies.
—¿Estás seguro? —Casi tartamudeó y Yuuri le dio la espalda, para continuar el camino.
—Sí, sólo podrías ser tú.
Y Yuri no pensaba negarse. Caminó apresurándose, importándole muy poco que alguien los viera, que Yakov se diera cuenta de ambas ausencias. Sin medirlo y sin recibir una reprimenda, le tomó la mano a Yuuri y este la mantuvo hasta llegar a la habitación.
El pasillo jamás había sido tan largo, tan interminable. Jamás la puerta había estado tan lejos del ascensor. Yuri estaba sudando a través de los dedos y Yuuri parecía inmutable, seguro, confiado. Sosteniendo sus dedos entre los de él aunque sentía el anillo helado cortando el tacto, se disputó el cómo comenzaría el encuentro. El momento que había esperado había llegado y estaba lleno de ideas pero al mismo tiempo lleno de nervios como si fuera un joven virgen que jamás se hubiera acostado con alguien.
Pero nada se comparaba a acostarse con Yuuri Katsuki, Yuri lo salía; y cuando Yuuri se detuvo en la puerta y sacó la tarjeta para abrirla, él solo pudo ver su espalda y pensar que ya quería tenerla bajo de él. Que ya quería tocarla, morderla, acariciarla y apretar sus glúteos, sus muslos, su sexo endurecido por él y rodeado seguro de su saliva. ¿Cómo le gustaría a Yuuri? ¿Querría estar sobre él llevando el ritmo? ¿Querría dejarle a él mismo el control de todo? ¿Querría ser besado apenas entrara a la habitación o querría esperar?
Cuando la puerta cedió, Yuri tenía hormigas en las piernas. Yuuri entró, dejándole el pase para que hiciera lo mismo, y apenas la puerta cedió al impulso hasta cerrarse en su espalda, miró a Yuuri como si fuera una llama fausta, alumbrando y seduciéndole hasta hundirse. Porque sí, Yuuri debía estar seduciéndolo. El modo en que se quitó los zapatos y los calcetines, el modo en que arrancó su saco y lo arrojó a la cama aun manteniéndose de espalda, la manera en que retiró sus lentes y pasó una mano por su cabello, despeninándolo, debía ser alguna clase de ritual. Algun hechizo para tenerlo afiebrado.
Yuuri no se conformó con eso, sino que tras sacar una botella de champagne de la nevera, se quitó los primeros botones de su camisa y luego se retiró el pantalón. A Yuri se le hizo agua la boca, no pudo resistirse a la imagen que Yuuri le mostraba, y decidió que debía hacer algo, lo que sea, para no quedar como el virgen que se sentía en ese momento. Se quitó el saco pero se tropezaba con sus propias extremidades, ya que sus dedos temblaban. Intentó sacarse los zapatos pero casi se cae cuando vio lo que Yuuri acababa de hacer: había abierto la botella y sin más se la había llevado a la boca para beber largos tragos. Los ojos verdes de Yuri lo miraron sin comprender.
El liquidó rodó por su garganta y pese al erotismo que debería significar esa escena, Yuri no pudo sentirlo así. Algo en la desesperación de Yuuri daba una señal en otra frecuencia, y se sentía como si todo estuviera anómalo en esa habitación, empezando con él y con el mismo Yuuri que se sentaba al borde de la cama en calzoncillos y con su camisa entreabierta y ligeramente mojada. Tragaba aquel líquido apenas volvía a respirar, casi bebiéndosela en pocos minutos.
—Yuuri, ¿qué demonios? —preguntó atragantado y al ver que Yuuri no contestó, se acercó con pasos largos para sujetarle la botella cuando volvía a empinarla—. ¿Qué demonios, Yuuri?
—Quiero beber. —Le dijo con suavidad. Arrancó la botella de su mano pero cuando pretendía llevarla a la boca, miró a Yuri, y a sus ojos verdes mirándolo con angustia—. Toma, bebe también. —Le ofreció.
Yuri sintió el tirón de caer al vacío, solo que no estaba seguro de haberse puesto un salvavidas. Entre la expresión de Yuuri, el desorden de su imagen y la invitación, no estaba seguro de qué estaba ocurriendo pero Yuuri lo había invitado a su habitación y eso debía significar algo. Lo que fuera. Tragó grueso y tomó la botella para empinarsela tal como lo había hecho su amigo.
Se sentó en la cama, y retiró sus zapatos en dos leves empujones, hasta quedar descalzos. Yuuri le quitó la botella y empinó otro nuevo trago, que fue imposible no considerarlo un beso indirecto dentro de él. ¿Yuuri acaso necesitaba beber para hacer lo que le había invitado hacer? Eso tenía sentido… y definitivamente unos grados de alcohol en su sangre le ayudaría a liberar los nervios, a sentirse más cómodo con la situación y actuar con mayor comodidad.
La botella se gastó y Yuuri caminó dejando aquella botella en el suelo para buscar la otra, abriéndose al instante. Los ojos de Yuri empezaban a tener el efecto del alcohol en su sistema, pero Yuuri significativamente estaba más afectado por beber más. Sin mediar, volvió a pegar su boca al pico de la botella y bebió sin importarle estar bañándose literal con el champagne en la garganta.
—Yuuri. —Este se tambaleó hasta la cama, sentándose en el borde de la cama de nuevo. Yuri tuvo que sujetarlo para no dejarlo caer de espalda al colchón—. Yuuri, ¿qué pasa?
—Quiero olvidar… quiero que me estalle la cabeza. —Soltó entre exhalaciones, y volvió a beber de la botella que luego le fue quitada por Yuri—. Por favor, Yura…
—No, así no Yuuri. No quiero las cosas así. —Yuuri le mantuvo la mirada por espacio de unos minutos donde Yuri no supo qué interpretar. Luego con un apretón en su brazo lo empujó a la cama, y se subió encima solo para agarrarle la botella.
Yuri jadeó, no pudo evitarlo. La situación surreal lo superaba y los roces de Yuuri, inconsciente o no, no colaboraba para ponerle orden a su cabeza. Yuuri al encontrar la botella sonrió triunfante y volvió a beber, hasta casi dejarla a la mitad. Tuvo que tragar fuerte y sacar fuerza de voluntad para levantarse de la cama con Yuuri encima y quitarle de nuevo la botella, solo que en vez de alejarla de ambos, decidió beber para calmar los pinchazos de consciencia que pretendía hacerlo retroceder, dejar a Yuuri allí solo e irse antes de que fuera tarde.
—Así empezó, ¿no? —De repente dijo—. ¿Cuántas había tomado para cuando te reté a ese duelo de baile? —Yuri le sujetó de su cadera, porque el equilibrio de Yuuri iba cada vez en decremento, amenazando con lanzarlo al suelo. Pero no era una posición prudente considerando que lo tenía sentado en sus piernas y Yuuri miraba a aquella botella con sobrado interés.
—No sé, cerdo… no sé cuántas habías tomado. —Yuuri rió y volvió a beber varios tragos hasta que casi se estaba ahogando. Yuri tuvo que separar la botella de sus labios y no pudo evitar prestar demasiada atención al movimiento con el que la lengua de Yuuri atrapó las gotas restante de alcohol en sus labios.
—No me gusta que me digas cerdo… nunca me ha gustado.
—Te estás comportando como un cerdo ahora. —Yuuri le miró e hizo un oink juguetón que sobresaltó todas sus alarmas. Yuri apenas dejó los labios separados y ya sentía a su erección pulsando debajo de su ropa, contra el trasero de Yuuri que no dejaba de moverse ahora buscando de nuevo la botella.
—¡Yura, no me la quites! —Se quejó, y sus brazos se agitaron para recuperar el control de ella mientras Yura sufría con la sobreestimulación. Tuvo que darse por vencido y vio a Yuuri bajarse de él para sentarse en la cama, donde volvió a empinarse la botella. La tragaba como si no hubiera bebido agua en su vida.
—¿Para eso me invitaste? ¿Para beber? —Reclamó no muy inconforme, mientras Yuuri dejaba rodar la botella vacía al suelo.
—¡Claro! —Cantarrureó.
Los ojos de Yuuri lucían como caramelo recién derretidos, oscuros, brillantes y seductores. Yuri no pudo apartarle la mirada aunque su respiración se acompasaba y la forma en que era observado por Yuuri era extraña, casi impersonal. Aún así, no podía ignorar cómo se encontraba con él, en una cama, casi medio desnudo y con la ansiedad filtrándose en sus labios resecos. Esos labios que gritaban por un beso.
Yuri no pudo contener el impulso de acercarse con su mano y acariciarle la mejilla redondeada y sonrojada por el alcohol. Los ojos de Yuuri se cerraron como si añorara el contacto, y a él le quedaron muy pocas dudas.
—¿No me vas a decir qué tienes, verdad? —Yuuri renegó como respuesta, antes de abrir sus ojos aún más brillantes.
—Solo quiero olvidar, Yura… —Y el roce de los dedos de Yuuri, largos y delgados, le erizó hasta el último poro cuando esa mano recogió sus mechones dorados y los echó hacía atrás . Los ojos de chocolate se enfocaron en la piel blanca descubierta y sus dedos acariciaban el cuero cabelludo como si fuera un acto muy preciado.
—Te amo, Yuuri… —Soltó en voz alta y los ojos de Yuuri permanecieron en él, fijo, sin temblar. El movimiento de su mano se detuvo solo un segundo, porque luego siguió acariciando su frente y más allá de su cabeza, con lentitud, como si fuera un mimo.
—¿Mucho…? —preguntó embobado y Yuri estaba escuchando a su corazón rompiéndole las costillas y la cabeza—. Serías el único que aún lo hace...
Yuri no pudo contenerse más, no pudo contra la gravedad que los ojos de Yuuri en esa distancia significaba. Tuvo que dejarse llevar por esa fiebre y su cuerpo se movió por inercía hacia el de Yuuri, para cubrirlo mientras lo abrazaba. Se acercó cada vez más mientras el aliento de Yuuri le golpeaba la cara. Sus manos se aferraron a él, a la espalda de Yuuri, a la mejilla de Yuuri, mientras sus labios fueron a reconocer la boca ajena. Le arrancó el suspiro con sus dientes cuando empezó el beso y lo sintió temblar bajo él, como siempre había soñado. Lo mejor fue que Yuuri le abrazó igual, tomó con sus manos la nuca de Yuri y acarició allí, rompiendo todas las fronteras y dudas que pudieran haber en su cabeza.
El beso se alargó, se alargó como la nota final de un violín. Se alargó hasta que sus labios dolían y ardían. Yuri con su cuerpo sobre el de él, se sentía leña bajo el fuego, cediendo al peso de su energía, corroyéndose con el danzar de sus flamas. Estaba tan feliz que creía que lloraría en cualquier momento de felicidad, y se entregó en toda su complejidad en los brazos de Yuuri, derritiéndose sobre él. Quería cubrirlo, quería llenar cada vacío, quería ser vela que se convertía en cera para sellar todas las filtraciones.
Y Yuuri se lo estaba permitiendo. Le estaba respondiendo al beso, aceptó a su lengua dentro de él, gimoteaba mientras el beso se profundizaba. El cuerpo de Yuuri reaccionaba a sus caricias y sus dedos no pudieron quedarse quietos en la mejilla redondeaba por lo que bajaron hasta su cuello y acariciaron un poco más. Sentir la vibración de la garganta de Yuuri contra las yemas de sus dedos jamás pensó fuera tan excitante. El mismo tuvo que separarse para jadear sobre su boca. Al hacerlo, vio los ojos de Yuuri estaban cerrados, los labios hinchados, las mejillas enrojecidas , la respiración acelerada. Yuri miró la estampa que había provocado y su pecho se infló de amor y de ansiedad, de orgullo y de seguridad.
Yuuri era suyo, por fin lo era…
—Vitya. —La voz de Yuuri brotó justo cuando sus labios estaban por volver a juntarse. El aliento de Yuuri lo golpeó como una ventisca helada, deteniendo todas sus intenciones de retomar el beso.
—No… soy Yura. —Respondió, en su voz se filtró la desesperación. Se acomodó un poco mejor para cubrirle y los ojos de Yuuri lo miraban, ennegrecidos, extrañados—. Tu Yura.
—Yura… ¿Donde está Vitya? —Yuri tragó grueso y fue como sentir el filo de una espada atravesándole el pecho—. Ah… cierto, no está… No quiso venir.
—¡Pero yo estoy aquí! —Le tomó el rostro con las manos, necesitó quitarle la mirada de su mano derecha y del anillo que Yuuri había buscado por inercia—. Yo estoy aquí, Yuuri.
Yuuri le sonrió, con dulzura. Sus brazos se enroscaron en el cuello de Yuri y lo abrazó, plegando su nariz contra el hombro contrario y provocando en el mismo Yuri un efecto de combustión.
—Gracias… gracias por estar, Yura. —Jadeó—. Porque Víctor me odia… y yo tengo la culpa. —Gimió—. Yo tengo la culpa, Yura. Yo le fallé.
Al escuchar el temblor de su voz, Yuri quiso callarlo. Buscó de nuevo un beso que se robara esa angustia, un beso que apartara toda esa ansiedad, ese dolor. Un beso que empujara a Víctor hasta salir de la vida de Yuuri y con el que él pudiera entrar para dominarlo todo. Un beso, lo buscó, como el que habían acabado de darse, pero Yuuri rehuyó mencionando aquel nombre prohibido y cuando estuvo a punto de salir de la cama, sólo le quedó el consuelo de abrazarlo por la espalda.
—Él no está, Yuuri. —Lo sintió temblar entre sus brazos—. Él no quiere estar.
Yuuri lloró. Lloró hasta que se quedó dormido, en silencio, con la mirada vacía, sin expresión. Lloró como lloran las personas que se han cansado de callar. Lloró como si ya fuera imposible tapar las filtraciones y como si deseara ahogarse ahora en ellas. Lloró recibiendo de consuelo las caricias frías de Yuri mientras abría nuevas brechas sin saber. Porque la noche había pasado así… entre sus caricias lentas a la espalda de Yuuri, con la música de su respiración pausada en contra de su cuello. Con el cuerpo caliente de Yuuri abrazándolo y el no poder hacer nada más porque todo había sido un error. Llorando por su estupidez, mientras miraba el techo y se encontraba en silencio.
Había creído que llegó, pero estaba más lejos que nunca.
Notas del autor: ¡Muchas gracias por sus palabras, por los favoritos, por las recomendaciones y por amar esta historia tanto como yo! Recuerden que está publicado también el fic Filomeno on Ice! Ahora queda una parte más YuYuu pero creo que me esperaré algunos interludios para mostrala. Quisiera mostrar otras cosas, pero creo que con esto queda más claro que fue lo que ocurrió con el beso que todos queríamos conocer a detalles.
zryvanierkic: Así es, ya se han concentrado en lo que hace falta en ese momento: solucionar su relación. En cierta parte tienes mucha razón, ellos están haciendo cosas que les recuerda al pasado y eso puede ser contraproducente. Yuuri esperemos no vaya a cometer esos errores de nuevo con Minami, porque sería sumamente triste
Jajaja la marca de territorio de Víctor es lol, pero me gusta que sea así, de arrebatos de ese tipo. Yuuri es una cosa seria, porque ya ha visto varias señales de Víctor pero no quiere hacer nada hasta que estén en competencia.
Me alegra saber que lo has visto así. Yuri es un ave de fuego, un ave que renace y se construye una y otra vez. Y quise mostrarlo en este capítulo como agarraba todo eso y lo hacía parte de sí mismo. Ahora con estax nuevas energías podrá remontar vuelo.
