Hola hola espero esten biiien jejeje recuerden de que a esta historia le faltan 2 CAPITULOS para terminar GRACIAS por seguirla hasta akii jeje
recuerden de ke nada me pertenece
Capítulo 50
Alice apretó los pies contra el suelo, con las piernas abiertas y se preparó. Era un desafío y lo sabía; tenía que conseguir sacarle de sí mismo y atraerle hacia ella, para salvar al resto. Y después destruirle.
Lucy, a su lado, gruñía quedamente.
—Harding, un cuarentón de ciudad algo regordete; si me permites opinar, me parece una elección poco afortunada —dijo utilizando un tono frío de voz y claramente burlón.
—Es una tapadera útil. —La voz era más profunda y de alguna manera más húmeda de lo que debería—. Ya nos hemos conocido antes.
—¿De verdad? Yo sólo recuerdo a la gente interesante.
—Lo que hay en tu interior recuerda lo que está dentro de mí. —Dio un rodeo alrededor de Alice con paso ligero. Ella giró con él cuidando de permanecer cara a cara. Deslizó sus dedos por el collar de Lucy, para mantener quieta a la perra, que saltaba e intentaba morder—. Tú intentaste alcanzar lo que yo tuve una vez y lo introdujiste dentro de ti, como a un amante. Recuerda el éxtasis que sentiste.
Alice se dio cuenta de que no se trataba de una pregunta, sino de una orden. Una emoción rápida y punzante la recorrió, excitando y llenando todo su cuerpo por entero. Fue una especie de orgasmo total que casi le hizo caer de rodillas ante el placer absoluto y salvaje que experimentó.
Se estremeció de tal manera que casi no pudo emitir ni un gemido.
Sí, ¡Por Dios!, sí. ¿Era posible experimentar aquello? Valía la pena pagar cualquier precio: caer en la traición, en la condenación, en la muerte...
Mientras luchaba por mantener la cabeza despejada, vio el reflejo de un movimiento. Tropezó cuando quiso girar en sentido contrario y cayó de bruces en el suelo con la cara contra la arena helada.
Se sintió como si un camión le hubiera pasado por encima.
Él se reía entre dientes con una especie de risa satisfecha, mientras ella intentaba alzarse con ayuda de manos y rodillas. Alice vio cómo Lucy atacaba y saltaba enseñando los dientes, y golpeaba una burbuja en el aire que ardía en los bordes a consecuencia del golpe.
—¡No, Lucy, no! ¡Estáte quieta! —gritó Alice.
—Yo puedo darte lo que quieres y más, pero no gratis, ni de una manera fácil. ¿Por qué no tomas mi mano? —le preguntó.
Alice apenas había recuperado el aliento, pero tendió una mano para tranquilizar al perro, que temblaba con cada gruñido.
—¿Por qué no me besas el culo? —contestó.
Él la golpeó de lleno otra vez, con un terrible golpe de viento.
—Puedo aplastarte, pero sería una pena; si unimos tu poder con el mío, dominaremos todo.
Mentiroso, pensó Alice. Miente, y está jugando contigo. Compórtate de forma encantadora, se dijo; sé más astuta.
—Estoy confundida —replicó débilmente—, no soy capaz de pensar. Necesito estar segura de que la gente a la que amo estará a salvo.
—Por supuesto —canturreó Harding—. Todo lo que desees te será concedido. Entrégate a mí.
Alice mantuvo la cabeza baja, mientras se ponía de pie, como si estuviera realizando un gran es fuerzo. Cuando la echó para atrás, lanzó su mente contra él, toda la ira que sentía. Pudo leer en su rostro que le había asustado, lo que le produjo un instante de satisfacción. Entonces, su cuerpo salió volando empujado por la rabia de Alice.
La arena sobre la que aterrizó se volvió negra bajo la niebla como si se hubiera quemado.
—Voy a enviarte al infierno —prometió ella. La luz era cegadora, y el frío y el calor estallaban en el aire como la metralla. Alice continuó por puro instinto saltando a su alrededor, haciéndole frente y atacándole.
Sintió dolor, un dolor ardiente y asombroso que utilizó como arma.
—Tú y los tuyos sufriran—exclamó él—. Vendrá la agonía, y después nada, lo que es peor que la agonía. Lo que tú amas dejará de existir.
—No puedes tocar lo que amo, a no ser que pases por encima de mí.
—¿Ah, no?
Alice podía escuchar el aliento entrecortado y crispado de Harding. Estaba cansado, pensó con un sentimiento de amenaza. Vencería. Mientras reunía fuerzas para acabar con aquello, su contrincante juntó las manos y las elevó. Entonces del cielo agitado se desprendieron relámpagos negros que atravesaron sus manos unidas y formaron una espada centelleante. Él blandió la espada en el aire una, dos veces. Su rostro tenía un aire triunfal cuando se acercó a ella.
Alice invocó a la tierra, sintiéndola temblar ligeramente. Cuando notó la sacudida, Lucy saltó dispuesta a defenderla. A pesar de que Alice gritó, la espada atacó.
—Todo lo que amas morirá esta noche —amenazó él, mientras la perra quedaba tendida en el suelo.
—Te mataré sólo por esto —dijo Alice, al tiempo que elevaba la mano hacia el cielo y a través de ella lanzaba sus poderes.
Alice sintió que su mano se cerraba sobre una espada que se ajustaba como un guante y cuyo peso le resultaba familiar. Al asirla, el choque entre ambos filos resonó como un mal presagio.
Entonces, fue ella quien invocó a la tormenta, y cientos de rayos arrojaron agua y arena hasta que formaron un círculo a su alrededor, atrapándoles a los dos como en una jaula. La fuerza y la violencia de los elementos la alimentaron y se convirtieron en ella misma.
Su odio creció con una voracidad que engullía todo lo demás.
—Has asesinado inocentes.
—A todos y cada uno —dijo Harding, que son reía con los labios apretados.
—Has destruido a mis hermanas.
—Murieron llorando.
—Asesinaste al hombre que yo amaba.
—Entonces y ahora.
El ansia de sangre le quemó a Alice en la garganta, y pareció alimentarla con una fuerza descomunal. Le golpeó empujándole hacia los barrotes ardientes.
Débilmente escuchó, en su mente, en sus oídos, cómo alguien la llamaba, pero bloqueó ese sonido, mientras continuaba golpeando y cortando; notaba cómo su espada temblaba cada vez que he ría de nuevo.
Lo único que deseaba era alcanzar el momento culminante, atravesar su corazón con el filo de la espada, y sentir que el poder fluía en su interior cuando asestara el golpe mortal.
A cada momento lo sentía más profundo, más real, más cercano. Pudo saborear lo que se avecinaba, algo amargo, seductor, maligno.
Cuando su enemigo perdió la espada y cayó a sus pies, ella sintió una excitación casi sexual.
Sujetó la empuñadura con ambas manos por encima de su cabeza.
—Alice.
La voz de Jasper sonó tan apacible en medio del estruendo de su mente que apenas le oyó, pero sus manos temblaron.
WOW ke capitulo no o creen? quee exelenteee jejeje buenooo ya veremos ke sucede
espero me deje muuuchooos reviews y si es asi les prometo subir las ultimos capitulos hoy y finalizarla y de regalo por ser tan fieles tambien subire los primeros 2 capitulos de la historia de Rose y Emmett hehee que estoy segura les encantara
byeeee
