My life is going on

Conté detalladamente lo que había leído en el testamento de Gold.

Todos me miraron boquiabiertos, reacción que yo ya me esperaba.

Mi mente todavía estaba intentando procesar todo aquello.

—Aún no entiendo por qué te lo ha dejado a ti— dijo Zel

—Cora me dijo que cuando tuvo una aventura con Gold, aprovechó el embarazo para hacerle creer que yo era su hija— expliqué

—¿Acaso seguirá creyéndolo?

—No lo sé

Emma logró cambiar el rumbo de la conversación para intentar aliviar la tensión que existía, y se lo agradecí intensamente.

Tras un tiempo intentando aguantar, no pude más, y subí a mi cuarto con un tremendo dolor de cabeza.

Me eché en la cama, mirando hacia el techo y buscando alguna solución para lo que vendría.

Yo no quería estar al mando de UP!, no encajaba ni un poco con aquello. Si me encargara de aquello, seguramente me volvería una infeliz.

Pero pensaba en el futuro de mi sobrinita, que no tenía culpa alguna de la mierda en que se meten los adultos.

¡Arg!

¡No sé qué hacer!

Pasé todo el día pensando en ello.

Emma, por otro lado, sabía que yo necesitaba espacio para pensar y me lo dio de sobra, y yo agradecía esa actitud de ella.

Ese mismo día llamaron de la clínica donde nos habíamos hecho los exámenes y nos preguntaron si alguna de las dos podría ir a buscar los resultados para llevarlos a la consulta la semana siguiente.

Y una vez más mi novia me tranquilizó y fue ella a buscarlos.

Solo me di cuenta de que ya era de noche cuando mi hijo vino a darme un beso antes de irse a dormir.

Fui a tomar un baño y al salir, Emma estaba en la cama, sentada con la espalda apoyada en el cabecero y con los ojos rojos, así como la punta de su nariz. En sus manos tenía un papel que retenía toda su atención.

Me acerqué y me senté frente a ella.

—¿Emma? ¿Qué ocurre?

Sus ojos verdes se alzaron hasta clavarse en los míos.

Ella intentó ser fuerte, pero no pudo aguantarse.

Se echó a llorar desconsoladamente.

Inmediatamente la atraje a un abrazo sin saber lo que le estaba pasando.

Esperé a que se calmara con toda la paciencia del mundo.

—He abierto los exámenes que nos hicimos— murmuró aún con el rostro hundido en mi cuello.

—¿Y?

—No puedo engendrar a nuestros bebés, Regina. No he entendido muy bien cuál es el problema que tengo en el útero, solo entendí la parte en que no podría aguantar un feto.

Volvió a llorar y la apreté en mis brazos.

¿Por qué tenía que pasarle esto justo a ella? ¡Ella que quería tanto ser madre!

Acaricié su cabello, esperando que se calmara de nuevo.

—¿Leíste mis resultados?— movió negativamente su cabeza —¿Lo leemos juntas?

Emma deshizo el abrazo asintiendo y sequé sus lágrimas, esperando con calma que rompiera el lacre del papel y sacara la hoja con los resultados.

Era obvio que no entendimos los términos médicos, lo único importante es que ponía que yo era apta para llevar a término una gestación saludable.

—¿Viste? Vamos a tener a nuestro bebé.

Emma me miró con los ojos aguados y sonriendo, estaba tan linda que agradecí a los cielos por ser yo el motivo de esa sonrisa.

—Me dio tanto miedo y…

—Vas a ser una gran madre, Emma— la interrumpí

Pasamos todas la noche dándonos cariño.

Me conmovió el miedo de Emma al pensar que ninguna de las dos podría quedarse embarazada, y después esa alegría inmensa al ver que yo sí podría.

En aquella discusión sobre tener hijos me di cuenta lo egoísta que había sido por pensar únicamente en mí; y ahora todo parecía una señal del destino, ¿irónico, no? Emma no podría engendrar un hijo, pero yo, una vez más, sí podría.

En mi mente comencé a imaginarme con una barriga tan grande como una sandía, y a mi rubia depositando besos por toda ella y charlando con el bebé sobre cómo había ido su día.

¡Eso!

¡Exactamente es eso lo que quiero!


Al día siguiente, Gomes me llamó para indicarme la hora a la que podría ir a visitar a Gold; a Emma no le gustó la idea, pero me acompañó a la cárcel.

Pasar por toda aquella burocracia antes de poder entrar era repugnante, pero no había otra solución.

Esperé junto a Gomes en la sala de visitas.

Golpeaba la mesa con los dedos, inquieta, a cada minuto de más que pasaba, quería acabar cuanto antes.

Entonces aparecieron los guardias, trayendo a Gold que llevaba un mono naranja, con esposas en sus muñecas que engancharon a la que estaba fija en la mesa.

Esperó a que los oficiales se marcharan y carraspeó antes de comenzar.

—Hola Regina— dijo —Imagino que estás aquí para preguntar por qué tu nombre está en el testamento.

—Acertó de pleno— dije irónica

—Sé que Cora ya debe haberte dicho que me hizo creer que eras mi hija—asentí —Créelo, Regina, pasé años sintiéndome el hombre más orgulloso del mundo por tener una hija tan increíble como tú; y de repente eso desaparece como una broma de mal gusto. Cora me usó, pero fue lo único bueno que hizo, porque aunque sé que no eres mi hija de sangre, te veo como tal. No quiero tu compasión ni nada de eso, solo quiero que aceptes lo que te he dado, por el bien de Anna.

Crucé los brazos y resoplé.

—Gold, no sé manejar aquello. El periodismo no es mi punto fuerte, nunca lo fue.

Él esbozó una sonrisa que hizo que arqueara las cejas, inquisitiva.

—Pero es el punto fuerte de Emma y Ruby. Tú, como responsable de UP!, puedes muy bien nombrarlas tus representantes y las de Anna.

—No van a aceptar.

Rió y balanceó la cabeza de un lado a otro.

—Tú tampoco querías aceptar, y te lo estás pensado, ¿por qué razón?

—Anna— respondí y recibí aquella mirada de «exactamente»

—Ha sido una buena jugada, ¿a qué sí?

—Ciertamente, Gold.

—Entonces, ¿firmarás los papeles del testamento?

Moví la cabeza confirmando.

—Sinceramente no hago esto solo por Anna— él me miró atento —También lo hago porque no fue justo lo que mi madre le hizo a usted y a su familia. No veo justo que su legado sea destruido por lo que aquella mujer hizo.

Gold sonrió y abrió su mano para que yo la agarrara, y así lo hice.

—Gracias, Regina, gracias. No tengo duda de que he hecho la mejor elección al dejártelo a ti.


Me sentía más ligera, ¿sabéis?

Tener esa conversación con Gold me aclaró aún más sobre la obviedad de que Emma y Ruby ayudaran en UP!, y esa conversación tan sincera con él, pocas palabras, pero suficientes para personas como nosotros, ha sido libertadora.

Sí, no ha sido un error aceptar el testamento.

El problema que ahora surgía era convencer a aquellas dos cabezas testarudas.

Conociendo a Emma como la conozco, se cerrará en banda y no querrá aceptarlo; y Ruby, como su mejor amiga y brazo derecho, seguramente la apoyará en su decisión y actuará igual.

¡Ah! ¿Cómo haré para que todo salga bien?