A laCh 55 El accidente

Fuente:Collins, Suzanne. "En llamas". Editorial Del Nuevo Extremo (en itálica)

Mis pies se echan atrás automáticamente y me camuflo entre los árboles. Cubro mi boca con mi guante para dispersar mi aliento blanco en el aire helado. La adrenalina fluye a través de mí, disipando todas las preocupaciones del día de mi mente mientras me concentro en la amenaza inmediata que tengo ante mí. ¿Qué está pasando? ¿ Thread ha encendido la valla como precaución adicional? ¿O, de algún modo, sabe que hoy he escapado de su red?¿Está determinado a mantenerme fuera del Distrito 12 hasta que pueda atraparme y arrestarme? ¿Arrastrarme a la plaza para encerrarme en la empalizada o azotarme o ahorcarme?

Cálmate, me ordeno. No es como si esta fuera la primera vez que me quedo fuera del distrito por una verja electrificada. Ha pasado varias veces a lo largo de los años, pero Gale siempre estaba conmigo. Nos limitaríamos a buscar un árbol cómodo del que colgar hasta que la electricidad se apagara, algo que siempre acababa sucediendo. Si estaba llegando tarde a casa, Prim incluso se acostumbró a ir a la Pradera a comprobar si la valla estaba encendida, para evitarle preocupaciones a mi madre.

Pero hoy, aunque mi familia sabe que estoy en el bosque, mi estado no me permite tomar decisiones muy apresuradas. Antes de salir, le avisé a Peeta, sospecho que él le habrá avisado a mi madre. Peeta también sabe que alguna que otra vez he quedado varada del otro lado porque han conectado la electricidad. Pero hace frío, no tengo comida y temo que mi bebé sufra si me quedo la noche aquí. Podría volver a la cabaña con Bonnie y Twill, pero sé que si no aparezco, se preocuparan. Y hay una parte de mi que también está preocupada, porque no estoy muy segura de que no sea más que una coincidencia, la electricidad vuelve el mismo día que decido ir al bosque. Creía que nadie me había visto escapar por debajo de la valla, pero ¿quién sabe? Siempre hay ojos de alquiler. Alguien denuncio a Gale besándome en el patio trasero de mi casa. ¿ Podría haber cámaras de seguimiento? Me lo he preguntado antes. ¿Es así como el Presidente Snow supo lo del beso?

Cuando pasé por debajo de la alambrada estaba oscuro y mi cara estaba envuelta en una bufanda. Pero la lista de sospechosos que salen sin autorización al bosque probablemente sea muy corta.

Mis ojos escudriñan a través de los árboles, más allá de la alambrada, a la Pradera. Todo lo que puedo ver es la nieve húmeda iluminada aquí y allá por la luz de las ventanas al borde de La Veta. No hay Agentes de la Paz a la vista, no hay signos de que esté siendo buscada. Tanto si Thread sabe que hoy he dejado el distrito como si no, me doy cuenta de que mi plan debe ser el mismo: volver al interior de la alambrada sin ser vista y fingir que nunca he salido.

Cualquier contacto con las cadenas o los alambres de púa que coronan la cima supondrían electrocución al instante. No creo que pueda meterme debajo de la valla sin arriesgarme a la detección y, en cualquier caso, el suelo está congelado y duro. Eso sólo deja una opción. De algún modo voy a tener que pasar por encima. Pero a diferencia de hace siete meses, estoy más pesada y menos ágil.

Empiezo a bordear la línea de árboles, buscando un árbol con una rama lo bastante alta y larga como para satisfacer mis necesidades. Después de dos kilómetros, más o menos, llego a un viejo arce que servirá. Sin embargo, el tronco es demasiado ancho y está demasiado helado para escalarlo y no hay ramas bajas. Conociéndome, sé que va a ser más fácil subir. Tendré que hacerlo más despacio y asegurando bien cada pie. Me subo a un árbol vecino. Cuando estoy bien colocada en una rama a la altura similar a las del arce, me doy cuenta que tengo que pasar hacia allá. En otra circunstancia, saltaría. Pero no puedo arriesgarme a caer y estrellarme contra el piso. Peeta no me lo perdonaría.

Tengo dos opciones: los cordones de mis botas o mi bufanda. Los cordones son un poco cortos y tendría que volver a casa descalza. Eso no sería problema, un baño de pies con agua caliente para contrarrestar caminar descalza hasta casa parece mejor que morir helada acá afuera. Es una solución. Pero la bufanda es más larga y más gruesa. Si soy rápida, estoy segura que no se romperá.

Desenrollo la bufanda de mi cuello, tomo los extremos uno en cada mano y balanceo la bufanda hasta que logro "cazar" la rama a la que quiero pasar. Y salto precariamente al arce, casi perdiendo mi agarre sobre la corteza resbaladiza. Pero consigo sujetarme al arce y lentamente, con mucho cuidado, voy avanzando sentada sobre una rama que cuelga sobre el alambre de púas. Tengo que tener cuidado de no tocar con mis piernas la alambrada, pero no puedo arriesgarme a hacerlo parada, porque si pierdo el equilibrio, estoy muerta.

Al mirar abajo, recuerdo por que Gale y yo siempre esperábamos en los bosques en vez de intentar saltar la valla. Si estas lo bastante alto para evitar acabar frito significa que estas por lo menos a seis metros de altura. Supongo que mi rama debe de estar a unos siete y medio. Esa es una caída peligrosamente alta, incluso para alguien que ha tenido años de práctica en arboles, como yo. Pero estos últimos meses, he perdido el centro de equilibrio y el peso que he ganado, que no es mucho, me juega en contra. Pero, ¿qué otra opción tengo? Podría buscar otra rama, pero ahora está casi oscuro. La nevada bloqueará cualquier rayo de luna. Aquí, por lo menos, puedo ver que tengo un banco de nieve debajo para que amortigüe mi aterrizaje. Incluso si pudiera encontrar otra, lo que es dudoso, ¿quién sabe sobre qué estaría saltando?

Sigo avanzando sobre la rama, que es bastante gruesa contra el tronco, pero a medida que me alejo, se va afinando. Para mi ventaja, a medida que se afina, también se comba hacia abajo, reduciendo la distancia de mi salto hasta el colchón de nieve que me espera. Cuando siento que si sigo avanzando voy a quebrar la rama, decido parar. Para reducir un poco la altura de mi salto, decido colgar de la rama mi noble bufanda, que ato con un nudo fuerte a la misma. Confío de que puedo empezar a bajar por ella y que también mi peso ayude a doblar un poco más la rama, de manera de quedar a dos o tres metros del piso nada más.

Me coloco la bolsa de caza vacía alrededor del cuello y desciendo lentamente por la bufanda hasta que estoy colgando de los brazos. Por un momento, concentro mi valor. Puedo sentir lo tensa que está la lana y el craqueo de la madera de la rama. Antes de soltarme, analizo cómo debería caer para no golpear mi vientre. Después suelto los dedos.

Está la sensación de caer, en esos segundos, trato de acomodar mi cuerpo para que mis brazos amortigüen la caída y mi panza no choque contra el piso. Después llego al suelo con un golpe que me recorre toda la columna. Un segundo después, mis manos golpean con fuerza el suelo. Estoy en cuatro patas sobre la nieve intentando evaluar los daños. Sin ponerme de pie, puedo decir que, por el dolor en mi talón izquierdo, mi rodilla izquierda y mis muñecas, estoy herida. La única pregunta es cuánto. Tengo la esperanza de que sólo sean moretones. Levanto una mano de la nieve y el dolor desaparece, pero en el momento que toco mi barriga, vuelve. Definitivamente son las muñecas. Mi panza, mi bebé. Al tacto, la panza está dura, pero no es una contracción fuerte. Hago un par de respiraciones profundas y siento cómo se va aflojando. Parece que todo está bien, pero cuando me obligo a ponerme en pie, sospecho que también me he roto algo. Sin embargo, puedo andar, así que empiezo a moverme, intentando esconder mi cojera lo mejor que puedo.

Aunque Peeta, mi madre y Prim saben que estuve en el bosque, no sé si para las cámaras, que aparentemente me vigilan, debería volver a casa como si nada hubiera pasado. Necesito construir algún tipo de coartada, sin importar que débil. Algunas de las tiendas de la plaza aun están abiertas, así que entro en una y compro tela blanca para vendas. Compro una bolsa de dulces para Prim. Tengo problemas para mover mis manos, mis muñecas se están tornando de un color bordó furioso. Me meto una de las golosinas en la boca, sintiendo como el caramelo se derrite en mi lengua, y me doy cuenta de que es lo primero que he comido en todo el día. Tenía intención de comer en el lago, pero una vez vi la condición de Twill y Bonnie, me pareció mal quitarles un solo bocado. A la que le gusta mi caramelo es a la bebé, por primera vez en toda la tarde, la siento mover. Y, a pesar de mi maltrecho estado y el dolor al caminar, me siento feliz, porque ella está bien.

Para cuando llego a mi casa mi talón izquierdo no soporta peso en absoluto. Mi primer instinto s ir a la casa de mi madre para que me revise y hagas las curaciones, pero están todas las luces apagadas. Extraño, más a la hora de la cena. Entonces, decido ir directo a mi casa, que, a diferencia de la de mi madre, tiene todas las luces de la planta baja prendidas. Me arrastro por la puerta toda lista para derrumbarme rendida delante del fuego. Pero en vez de eso, me espera otro shock.

Dos Agentes de Paz, un hombre y una mujer, están de pie en el umbral de nuestra cocina. La mujer permanece impasible, pero capto un instante de sorpresa en la cara del hombre. No soy esperada. Saben que estaba en el bosque y que ahora debería estar atrapada allí.

- Hola - digo con voz neutra.

Mi madre aparece detrás de ellos, pero manteniendo la distancia.

- Aquí esta, justo a tiempo para la cena - dice un poco demasiado alegre.

Llego muy tarde para la cena.

Considero sacarme las botas como haría normalmente pero dudo que lo consiga sin mostrar mis lesiones. Ni siquiera me saco la chaqueta húmeda, para que no vean la panza y trato de ocultar mis manos en las mangas. Sólo me sacudo la nieve del pelo.

- ¿Puedo ayudarlos en algo? - pregunto a los Agentes de Paz.

- El Agente de Paz en jefe, Thread, nos envió con un mensaje para usted - dice la mujer.

- Han estado esperando durante horas - añade mi madre.

Han estado esperando a que no consiguiera volver. Para confirmar que me electrocuté en la alambrada o que quedé atrapada en el bosque para poder llevarse a mi familia para interrogarla.

- Debe de ser un mensaje importante - digo.

- ¿Podemos preguntar dónde ha estado, señorita Everdeen? - pregunta la mujer.

- Más fácil preguntar dónde no he estado - digo con un sonido de exasperación.

Cruzo hacia la cocina, obligándome a usar mi pie con normalidad aunque cada paso es insoportable. Paso entre los Agentes de Paz y llego sin problemas a la mesa. Dejo mi bolsa en el suelo y me vuelvo hacia Prim, quien está muy tensa de pie junto al hogar. Haymitch y Peeta también están sentados en un par de mecedoras jugando al ajedrez. Aunque parecen estar tranquilos, los pelos de Peeta están parados de tanto pasarse las manos por su cabellera. Pobre, debe haberse preocupado.

- Así que, ¿dónde no has estado? - dice Haymitch con voz aburrida.

- Bueno, no he estado hablando con el Hombre de las Cabras sobre hacer que la cabra de Prim quede embarazada, porque alguien me dio una información totalmente errónea sobre dónde vive - le digo con énfasis a Prim.

- No, no lo hice - dice Prim - Te lo dije exactamente.

- Dijiste que vive junto a la entrada oeste de la mina.

- La entrada este - me corrige Prim.

- Dijiste distintivamente oeste, porque entonces yo dije "¿Junto al montón de escombros?" y tu dijiste "Si".

- El montón de escombros junto a la entrada este - dice Prim pacientemente.

- No. ¿Cuándo dijiste eso? - exijo.

- Anoche - mete la cuchara Haymitch.

- Era definitivamente la este - añade Peeta.

Mira a Haymitch y se ríen. Fulmino a Peeta con la mirada mientras el trata de parecer arrepentido

- Lo siento, pero es lo que he estado diciendo. No escuchas a la gente cuando te habla- agrega con tono jovial.

- Apuesto a que hoy la gente te dijo que el no vive allí y otra vez no los escuchaste – dice Haymitch.

- Cállate, Haymitch - digo indicando claramente que tiene razón.

Haymitch y Peeta se echan a reír a carcajadas y Prim se permite una sonrisa.

- Bien. Que alguien más se encargue de que esa estúpida cabra quede preñada - digo, lo que hace que se rían aún más.

Y pienso. Es por esto que Haymitch y Peeta han llegado tan lejos. Nada los echa atrás.

Miro a los Agentes de Paz. El hombre esta sonriendo pero la mujer no está convencida.

- ¿Qué hay en la bolsa? - pregunta de repente.

- Oh, bien - dice mi madre examinando la tela - Nos estábamos quedando sin vendas.

Peeta viene a la mesa y abre la bolsa de golosinas.

- Ooh, caramelos - dice, metiéndose uno en la boca.

- Son míos - intento coger la bolsa.

Se la lanza a Haymitch, quien se mete un puñado de golosinas en la boca antes de pasarle la bolsa a Prim, que está echando risitas.

- ¡Ninguno de ustedes merece golosinas!

- ¡Que! ¿por qué tenemos razón? - Peeta envuelve los brazos a mi alrededor.

Suelto un gritito de dolor cuando me agarra las manos heladas. Intento convertirlo en un sonido de indignación, pero puedo ver en sus ojos que sabe que estoy herida.

- Está bien, Prim dijo oeste. Yo oí con claridad oeste. Y somos todos idiotas. ¿Qué tal esta eso?- dice Peeta para calmarme.

- Mejor - digo, y acepto su beso y su abrazo y me gustaría que todos desaparecieran.

Después miro a los Agentes de Paz como si recordara de repente que están allí.

- ¿Tienen un mensaje para mí?- pregunto.

- Del Jefe de Agentes de Paz, Thread. - dice la mujer - Quería que usted supiera que la alambrada que rodea el Distrito Doce tendrá electricidad veinticuatro horas al día a partir de ahora.

- ¿No la tenía ya? - pregunto, un poco demasiado inocentemente.

- Pensó que estaría usted interesada en pasarle esta información a su primo - dice la mujer.

- Gracias. Se lo diré. Estoy convencida de que todos dormiremos algo mejor sabiendo que seguridad ha arreglado ese fallo.

Estoy presionando las cosas, lo sé, pero el comentario me da una sensación de satisfacción.

La mandíbula de la mujer se tensa. Nada de esto ha salido como estaba planeado, pero no tiene más ordenes. Asiente con la cabeza secamente en señal de despedida y se marcha, el hombre detrás de ella. Cuando mi madre ha cerrado la puerta detrás de ellos, me dejo caer contra los brazos de Peeta.

- ¿Qué te pasó? - pregunta Peeta, sosteniéndome derecha.

- Oh, me golpee el pie izquierdo. El talón. Y mi rodilla izquierda también ha tenido un mal día. Y mis muñecas.

Peeta me ayuda a ir hasta una de las mecedoras y me apoyo sobre el cojín acolchado. Mi madre me saca las botas.

- ¿Que paso?

- Resbaé y caí - digo. Cuatro pares de ojos me miran con incredulidad - Sobre algo de hielo.

Aunque sabemos que hemos hecho una limpieza, todos sabemos que la casa debe de estar llena de micrófonos y no es seguro hablar abiertamente. No aquí, no ahora.

Habiéndome sacado el calcetín, los dedos de mi madre palpan los huesos de mi talón izquierdo y hago un gesto de dolor.

- Debe de haber una rotura - dice. Comprueba el otro pie - Éste parece estar bien. Peeta. ¿por qué no la subes a su cuarto para que se dé una ducha caliente mientras Prim y yo buscamos lo necesario para hacer todas las curaciones?

- Si, Laurel. La voy a llevar- dice Peeta mientras coloca un brazo debajo de mis hombros y otro bajo mis rodillas para alzarme.

- ¡Peeta! Tu espalda. Yo puedo caminar- me quejo mientras siento que me eleva.

- Mi espalda está bien y no quiero que te quejes, después del susto que me has dado.

- Está bien- le digo resignada mientras enrosco mis brazos alrededor de su cuello y apoyo mi cabeza sobre su hombro.

Como si no pesara nada, Peeta sale de la cocina y empieza a subir las escaleras. Cuando llega a nuestro dormitorio, tomo el picarporte y abro la puerta, mientras Peeta empuja con su cuerpo para abrirla más. Pero en vez de dejarme sobre la cama, camina hasta el baño y me sienta en el inodoro. Abre el agua caliente y comienza a llenar la tina de baño. Luego me mira.

- Primero, quiero que recuperes un poco la temperatura y, de paso, quiero ver qué te hiciste. Cuando creas que estás en condiciones, quiero que me cuentes qué pasó- me dice con la seguridad en que un padre se dirige a un hijo.

Primero dejo que me mime, mientras me va sacando la ropa, prenda por prenda, examinando cada parte de mi cuerpo. Cuando estoy en condiciones de entrar al agua, me presta una mano para ayudarme a entrar.

- ¡Uh! No me había dado cuenta del frío que tenía- digo casi suspirando.

- ¡Déjame ayudarte a lavarte el pelo y enjabonarte!

Mientras Peeta me enjabona el pelo, aplica crema de enjuague y me enjabona, le cuento todo. De mi encuentro con Twill y Bonnie y el levantamiento y la fantasía del Distritro 13. Pero cuando llego al relato de mi vuelta al Distrito 12 y la alambrada electrificada, puedo ver cómo cambia su cara.

- ¡Podrías haberte matado!- susurra.

- Lo sé- le respondo con vergüenza.

- ¿Te duele?- me pregunta mirando a mi rodilla izquierda, que parece que ha duplicado su volumen.

- Si, y las muñecas- se las muestro y me doy cuenta que están rojas y enrojecidas- Traté de proteger la panza, era lo único que me importaba.

- No se ven bien tampoco- dice Peeta con lástima- Ven acá así te seco- me dice abriendo los brazos y esperándome con una toalla.

Acepto el abrazo y me sumerjo en él. Puedo sentir el calor del cuerpo de Peeta a través de la tela, y su olor. Él me apretuja en sus brazos y empiezo a sollozar.

- No quería que nada de esto pasara- le digo entre lágrimas- ¿Me puedes perdonar?

- Mi amor- me abraza más fuerte, mientras comienza a secarme- Estaba muy preocupado. Nunca me hubiera perdonado que algo te pasara. Yo te dejé ir sola. Debería haberte acompañado.

- Debí haber estado más atenta, nos vigilan, siempre. No sé si dentro de casa, pero de alguna forma, saben qué es lo que hacemos.

- Tendremos que ser más cuidados- me explica mientras me alcanza un camisón grueso.

Peeta me alza y me sienta en la cama. Mi madre llega. Cuando estoy bañada y mudada con mi ropa de dormir, mi madre hace un paquete de nieve para mi talón izquierdo y lo levanta sobre un cojín. Luego me venda las muñecas para inmovilizarlas. En su paso por su casa, debe haber hablado con la doctora Clora, porque me da dos pastillas, junto a un jugo de naranjas.

- Una es para calmar el dolor en tu tobillo y muñecas. Aparentemente, no están quebradas, pero el golpe es muy fuerte. La doctora Clora me dijo que es suave, que no le hará nada a tu hija- luego comienza a tocarme el vientre- ¿Tuviste sangrado?- me pregunta.

- No.

- ¿Contracciones?

- Sólo una, después que caí. Pero pasó rápido.

- Bueno, por precaución, Clora me indicó que tomes éste relajante, por dos días, para evitar contracciones y se precipite un parto prematuro. En el Capitolio, posiblemente podrían garantizar la sobrevida de tu bebé a esta altura del embarazo, pero aquí no. ¡Tómala!

Me la trago enseguida mientras Peeta me mira asustado.

- Laurel, ¿qué debería hacer Katniss ahora?

- Katniss debe quedarse en la cama, hacer reposo absoluto. No sólo por su talón, sino también por la bebé. Tenemos que descartar contracciones, pérdidas de sangre o cualquier otro síntoma. Cuando me refiero a reposo absoluto, incluye …- carraspea- Abstinencia, por lo menos, hasta que estemos seguros que todo sigue normal, ¿está bien?

- Está bien- contestamos al unísono mientras siento que me pongo colorada.

En ese momento, siento una patadita en un costado de mi vientre e, instintivamente, llevo mi mano a ese lugar. Peeta y mi madre me miran preocupados.

-¿Otra contracción?- pregunta mi madre.

- No, está pateando- digo tratando de tranquilizarlos.

- Debe ser el jugo de naranjas, Clora me dijo que te lo diera para ver si ella reaccionaba. Es una buena señal. Le voy a pedir a Prim que les traiga la cena mientras voy a atender a Haymitch abajo.

Después que mi madre se va, Peeta se sienta en la cama a mi lado y me abraza. Nos quedamos callados hasta que media hora después, llega Prim con una olla, tres platos, una jarra con agua y tres vasos. Apoya todo en la mesita cerca del hogar y nos sirve la comida. Sentados en la cama, nos disponemos a cenar. Como tres cuencos de estofado y media hogaza de pan mientras. Miro al fuego, pensando en Bonnie y Twill, esperando que la pesada nieve húmeda haya borrado mis huellas.

Prim viene y se sienta junto a mí, apoyando la cabeza contra mi rodilla. Chupamos caramelos mientras acaricio su suave pelo rubio detrás de la oreja.

- ¿Qué tal el colegio? - Pregunto.

- Bien. Aprendimos sobre los derivados del carbón - dice.

Nos quedamos mirando al fuego durante un rato.

- ¿Cuándo te vas a probar tus vestidos de novia?- me pregunta Prim.

- ¡No esta noche!. Con Cinna pensamos que recién dos meses después del nacimiento del bebé podría entrar en los vestidos que mandó. ¿No sé por qué los mandaron ahora?

- ¿ Será que están ansiosos?- pregunta Peeta.

- Probablemente- le digo un poco resignada- Pero en éste estado o creo que me entre ni una manga.

- ¿No estás gorda!- dice Prim.

- No, pero estoy panzona, si saliera así en las fotos sería más que evidente que estoy embarazada. Y no queremos que ellos lo sepan, ¿está bien?

- Está bien.

Golpean la puerta y mi madre me sirve una taza de té de camomila con una dosis de jarabe para dormir y mis parpados empiezan a caer de inmediato. Peeta me arropa y me desea buenas noches pero yo cojo su mano y lo sostengo allí. Un efecto colateral del jarabe para dormir es que hace que la gente este menos inhibida, como el licor blanco, y sé que tengo que controlar mi lengua. No quiero que mi madre o Prim oigan algo inapropiado. Aunque creo que ya se han dado cuenta.

- Vamos Prim- susurra mi madre- Volvamos a casa mientras no nieva fuerte. Hasta mañana hija, hasta mañana Peeta, que descansen.

- Hasta mañana- le contestamos los dos.

Ahora, lo único que quiero es que se acueste conmigo, para estar allí cuando las pesadillas lleguen esta noche.

- ¡Ven, métete en la cama conmigo!- le susurro con la última fuerza que me queda.

Peeta se sienta en un lado de la cama, calentando mi mano en las dos suyas.

- Casi pensé que te había perdido hoy. Cuando llegaste tarde para cenar.

Estoy confusa pero puedo adivinar a que se refiere. Con la valla en funcionamiento, yo apareciendo tarde y los Agentes de Paz esperando.

- Realmente lo lamento, no pensé que todo saldría tan mal- digo.

Levanto su mano y apoyo mi mejilla contra el dorso, absorbiendo el leve aroma a canela y pepinillos de los panes que debe de haber horneado hoy.

- Quédate conmigo. ¡Sácate toda esa ropa y métete en la cama conmigo!

Peeta me hace caso y, ensegida, puedo sentir que me envuelve entre sus brazos y su calor. Mientras los hilos del jarabe para dormir me arrastran hacia abajo, puedo oírle susurrar una palabra en respuesta, pero no acabo de entenderla.

Mi madre me deja dormir hasta mediodía, después me levanta para examinar mi talón. Me ordena una semana de descanso en la cama y no objeto porque me encuentro fatal. No sólo mi talón, mi rodilla y las muñecas. Me duele todo el cuerpo por el agotamiento. Así que dejo que mi madre haga de médico, mientras Peeta me sirve el desayuno en la cama y ajusta otro edredón a mi alrededor. Después me limito a quedarme allí tumbada, mirando por la ventana al cielo de invierno, ponderando como demonios acabará todo esto. Pienso un montón en Bonnie y Twill, y en la pila de vestidos de novia blancos, y en si Thread averiguara como volví y me arrestará. Es gracioso, porque podría simplemente arrestarme, de cualquier manera, basándose en crímenes pasados, pero tal vez tenga que tener algo verdaderamente irrefutable para hacerlo, ahora que soy una vencedora. Y me pregunto si el Presidente Snow estará en contacto con Thread. Creo que es improbable que haya sido consciente de la existencia del viejo Cray, pero ahora, que soy semejante problema nacional, ¿estará instruyendo cuidadosamente a Thread sobre qué hacer? ¿O Thread está actuando por cuenta propia? En cualquier caso, estoy segura de que los dos coinciden en mantenerme atrapada aquí dentro del distrito con esa valla. Incluso si pudiera averiguar una forma para escapar, tal vez poner una cuerda en esa rama de arce y escalar, ya no habría más escape con mi familia y amigos. En cualquier caso, le dije a Gale que me quedaría para luchar.

Durante los días siguientes, me sobresalto cada vez que llaman a la puerta. Aunque no hay Agentes de Paz que vengan a arrestarme, así que poco a poco empiezo a relajarme. Estoy más segura cuando Peeta me dice casualmente que la electricidad esta desconectada en secciones de la valla porque hay grupos asegurando la base de la verja al suelo. Thread debe de creer que de alguna forma me metí por debajo de la cosa, incluso con esa corriente mortal circulando por ella. Es un descanso para el distrito, el tener a los Agentes de Paz haciendo algo además de abusar de la gente.

Como sabe que estoy inquieta porque no puedo salir, Peeta me malcría. Todos los días me hace bollos de queso y empieza a ayudarme a trabajar en el libro familiar. Es una cosa vieja, hecha de pergamino y cuero. Algún herborista de parte de mi madre lo empezó hace mucho tiempo. El libro está compuesto de página tras página de dibujos de tinta con descripciones de sus usos médicos. Mi padre añadió una sección de plantas comestibles que fue mi guía para mantenernos con vida después de su muerte. Durante mucho tiempo, he querido grabar mis propios conocimientos en el. Cosas que aprendí por experiencia o por Gale, y después la información que conseguí cuando me estaba entrenando para los Juegos. No lo hice, porque no soy ninguna artista y es crucial que los dibujos estén hechos hasta el más mínimo detalle. Ahí es donde entra Peeta. Algunas de las plantas ya las conoce, de otras tenemos muestras secas, y otras las tengo que describir. Hace bocetos en pedazos de papel hasta que estoy satisfecha de que están bien, después dejo que los dibuje en el libro. Después de eso, escribo con cuidado todo lo que se sobre la planta.

Es un trabajo silencioso y absorbente que me ayuda a mantener la mente apartada de nuestros problemas. Me gusta mirar sus manos mientras trabaja, haciendo que una página en blanco florezca con golpes de tinta, añadiendo toques de color a nuestro libro previamente negro y amarillento. Su cara toma una expresión especial cuando se concentra. Su expresión habitualmente relajada es reemplazada por algo más intenso y lejano que sugiere todo un mundo encerrado dentro de él. He visto fogonazos de esto antes: en la arena, o cuando habla a una multitud, o aquella vez que aparto de un manotazo las armas de los agentes de la paz que me apuntaban en el Distrito 11. No sé exactamente que pensar de ello. También me obsesionan sus pestañas, en las que habitualmente no te fijas porque son tan rubias. Pero de cerca, a la luz del sol que llega oblicua por la ventana, son de un claro color dorado y tan largas que no sé como evitan enredarse todas cuando parpadea.

Una tarde Peeta deja de sombrear un capullo y alza la vista tan de repente que me sobresalto, como si me hubiera pillado espiándole. Pero solo dice:

- Sabes, hacía mucho que no hacíamos algo normal juntos.

- Si - estoy de acuerdo - Está bien para cambiar.

Cada tarde me lleva abajo para un cambio de ambiente y molesto a todos encendiendo la televisión. Normalmente sólo la vemos cuando es obligatorio, porque la mezcla de propaganda y muestras de poder del Capitolio, incluyendo los clips de setenta y cuatro anos de Juegos del Hambre, son odiosos. Pero ahora estoy buscando algo en especial. Ese sinsajo sobre el que Bonnie y Twill están basando sus esperanzas. Sé que probablemente sólo es tontería, pero si lo es, quiero descartarlo. Y borrar la idea de un Distrito 13 activo de mi mente de una vez por todas.

La primera vez que lo veo es en unas noticias referidas a los Días Oscuros. Veo los restos humeantes del Edificio de Justicia en el Distrito 13 y apenas si capto el ala blanca y negra de un sinsajo cuando vuela por la esquina superior derecha. En realidad eso no prueba nada. Sólo es una imagen vieja usada para contar un cuento viejo.

Sin embargo, varios días después, algo más capta mi atención. El presentador principal está leyendo un fragmento sobre un recorte de grafito afectando a la manufactura de objetos en el Distrito 13. Cortan a lo que se supone que son secuencias en directo de una reportera, encajada en un traje de protección, de pie ante las ruinas humeantes del Edificio de Justicia en el 13. A través de su máscara, informa que desafortunadamente un estudio acaba de determinar hoy que las minas en el Distrito 13 todavía son demasiado toxicas para aproximarse a ellas. Fin de la historia. Pero justo antes de que corten de vuelta al presentador principal, veo la imagen inconfundible de la misma ala de sinsajo.

La reportera ha sido simplemente incorporada dentro de las viejas secuencias. No está en el Distrito 13 en absoluto. Lo que plantea la pregunta, ¿Qué hay allí?