- Lily, ¿qué haces aquí?

Albus frunció el ceño y se acercó a su hermana, que dormía totalmente vestida en el sofá del apartamento. La pelirroja abrió los ojos lentamente y se incorporó. No había sido capaz de ir a su dormitorio después de la bronca que le habían echado sus padres. A pesar de haberlo solucionado todo, no se había ido de rositas. Estaban furiosos con ella y le habían cortado el suministro ilimitado de dinero –para que aprendiera de una vez por todas a ser responsable– y le habían advertido que, si volvía a meterse en otro lío, la mandarían de regreso a casa. Además, había estado a punto de quedarse sin su viaje a Sacramento. Menos mal que estaba todo pagado y, por eso, había logrado convencerlos para que la dejaran ir.

- Llegué anoche y… – Suspiró y se echó el pelo hacia atrás. – Albus, he hecho algo muy malo. Bueno, he hecho muchas cosas horribles, pero ayer una de ellas me pasó factura y… No quería decírtelo, pero…

- Lily, ¿qué ha pasado? – Se sentó a su lado y le dedicó una mirada preocupada.

- Copié en la prueba de acceso y un chico de mi clase se enteró y ha intentado chantajearme, pero hemos conseguido arreglarlo antes de que dijera nada. – Le explicó. – Pero papá y mamá están tan enfadados conmigo…

- Joder, Lils.

- Lo sé, lo sé. Soy una persona horrible. – Apoyó los codos en las rodillas y enterró el rostro entre sus manos. – Lo siento muchísimo, Al. Lo siento, lo siento.

- Eh, Lily. – Pasó un brazo sobre sus hombros y suspiró. – Vale, no te has portado bien. Los dos sabemos que en el instituto no fuiste una buena influencia y que hiciste cosas malas, pero te has dado cuenta de tus errores y no vas a repetirlos. Estás madurando, todos lo estamos viendo y al final todo irá bien.

- ¿Tú crees?

- Claro. – Asintió y la abrazó con un poco más de fuerza. – Estás creciendo. Todos cometemos errores conforme vamos creciendo. Tenías muchas ganas de entrar en Berkeley, querías venir aquí a cualquier precio y no fue la mejor opción, pero te has dado cuenta de que las cosas no son así.

- Y me han quedado dos asignaturas.

- ¿Qué? – La soltó y la miró con el ceño fruncido. – ¿A ti?

- Creí que podría, pero se me echó el tiempo encima. – Confesó. Lo miró con preocupación y se mordió el labio. – Las recuperaré.

- ¿Sabes lo que tienes que hacer?

- Menos fiestas y menos chicos. – Asintió. – Me iré a la biblioteca a estudiar con Alice todos los días.

- Eso está hecho.

Se giró, sorprendida, al escuchar la voz de su amiga. La castaña acababa de salir del cuarto de Albus, vestida solo con una camiseta del chico, y estaba apoyada contra el marco de la puerta.

- Alice, ¿qué haces aquí? – Le preguntó.

- Ayer nos quedamos viendo unas películas y se hizo tarde así que me quedé a dormir. – Explicó, encogiéndose de hombros. – No te oímos llegar.

- No hice ruido. Llegué tarde, después de cenar. Leo me llevó a San Francisco en el coche de Scorpius.

- Espera, ¿qué? – Albus frunció el ceño al escuchar aquello.

- No podía molestar a James y no quería decirte nada a ti. – Lily suspiró. – Somos amigos y me hizo el favor.

- Sí, claro… - Asintió, poco convencido. No estaba muy seguro, pero el hecho de que su hermana hubiera dormido completamente dormida en el sofá lo tranquilizaba un poco.

- ¿Quieres un poco de té?

- No creo que me lo merezca.

- Todos nos merecemos un poco de té. – La castaña sonrió y se dirigió hacia la cocina. – Puedo, ¿verdad, Albus?

- Como si estuvieras en tu casa.

La chica entró, con una sonrisa, y la pelirroja miró a su hermano con una ceja enarcada.

- No le hagas daño, ¿vale?

- Yo…

- Lo sé. Sé lo que pasa entre vosotros. – Se encogió de hombros. – Solo cuídala.

- Lo haré. – Albus sonrió levemente. – Además, tiene razón: todos nos merecemos un poco de té.

- ¿De dónde ha sacado esa frase?

- De no sé qué rollo de Orgullo y prejuicio. – Se levantó y le tendió la mano. – Venga, vamos a la cocina. Por cierto, ¿has visto el vídeo?

- ¿Qué vídeo? – Frunció el ceño y se puso de pie dejando que su hermano la impulsara.

- Oh, te va a encantar. – Sacó su móvil y abrió el grupo de su familia. – Míralo y disfruta de la venganza.


- Buenos días.

James se quejó levemente y Lizzy lanzó una pequeña carcajada. Se sentía genial después de la conversación que había tenido con James la noche anterior. Era como si se hubiera quitado un peso enorme de encima.

- Buenos días, Lizz. – Contestó, con una pequeña sonrisa.

- Te he traído el desayuno.

Él chico abrió los ojos y amplió su sonrisa sin poder evitarlo al ver a la chica sentada en el borde de la cama, con una bandeja llena sobre su regazo.

- Qué sorpresa. Pensaba subírtelo yo.

- También te mereces un desayuno en la cama. Tus compañeros se han reído un poco, pero los he mandado callar con un par de miradas de las mías. – Ella se encogió de hombros. – Te he traído huevos revueltos con beicon y café solo.

- Mi favorito.

- Lo sé. – Se acercó a él y le dio un beso rápido. – ¿Sabes que es la primera vez que hago esto?

- También que a mí me lo hacen. – Él asintió y bebió un sorbo de su taza antes de devolverla al apoyo. – ¿Por qué no hacemos una cosa? Ya que queremos conocernos un poco mejor, ¿por qué no nos vamos contando lo que hemos o no hemos hecho nunca?

- Me parece una idea genial. – Retiró la bandeja y la dejó en el suelo antes de acercarse a él y besarlo. – Te quiero.

- Creo que nunca me cansaré de escuchar esto. – Apoyó las manos en sus caderas y la tumbó sobre él, sin separar sus labios. – Yo también te quiero.

Siguieron besándose con pasión hasta que el teléfono de la chica comenzó a sonar. Se separaron, riendo, y ella fue a contestar.

- Es mi madre. – Dijo, encogiéndose de hombros.

- Tan oportuna como siempre. – Él puso los ojos en blanco. – Aunque, tranquila, no se me olvida nuestro mes sin sexo.

- ¿Crees que aguantaremos? – Lizzy arrugó la nariz.

- Supongo, pero, ¿quieres contestar de una vez?

La chica rió y, por fin, descolgó.

- Hola, mamá. (…) ¿Qué vídeo? (…) ¡No! – Miró a James, con los ojos muy abiertos y cara de pánico. – A ver, puedo explicarlo… ¡James, abre Facebook ya!

- ¿Qué pasa? – Preguntó.

- ¡Tú solo ábrelo!

- Voy.

- No, mamá, a ver, ya te dije que solo nos estábamos conociendo. (…) Es que nos habíamos peleado y se me ocurrió… ¡No es algo estúpido! (…) Ya, bueno, mamá, ya sabes que tus ideas y mis ideas sobre este tema siempre han diferido. (…) Sí, ahora sí que estamos saliendo. (…) Sí, he pasado la noche con él, ¡pero juro que solo durmiendo!

- ¡Es verdad! – Exclamó James, para que la mujer pudiera abrirlo. Abrió el navegador de internet y, rápidamente, tecleó el nombre de la página. Y no pudo evitar abrir mucho los ojos al ver el gran número de notificaciones que tenía. –Pero, ¿qué es esto?

- Déjame ver. – Lizzy se sentó junto a él y tuvo que contener un grito y una serie de insultos al ver una publicación en la que Rose los había etiquetado a ambos. Al igual que a toda la familia del chico. – Ay, Dios. ¿Esa soy yo?

- Parece que Rose te grabó y lo ha subido.

- Dios y mira todos los comentarios de tu familia. – Se llevó una mano a la boca mientras pasaba rápidamente la página hacia abajo. Al menos los Potter-Weasley (y Sirius Black, por supuesto) se lo tomaban todo con mucho humor. Quizás demasiado. – ¿Y qué es eso de otro vídeo?

- No lo sé. – James buscó en sus notificaciones alguna otra etiqueta y abrió un remix de la pequeña actuación de la chica. – No puede ser verdad…

- ¿Pero quién ha hecho eso?

- Al parecer mi abuelo. – Señaló el nombre del hombre.

- ¡¿Y tu abuelo por qué sabe hacer eso?!

- Sirius y él se apuntaron a un cursillo de informática. – Explicó, revolviéndose el pelo. – Lo siento, Lizz.

- Yo… Mamá, te llamo luego, ¿vale? (…) Sí, sí, por lo demás todo bien. Luego hablamos. Muack. – Colgó y bufó, frustrada. – Voy a matar a Rose.

- También lo están comentando por el grupo de WhatsApp de la familia. – Murmuró él, empezando a leer las notificaciones. – Aunque todos dicen que ha sido un gesto muy romántico y bonito. Mira, lee.

- "Qué bien canta mi nuera, ¿eh, chicos?". Tu madre es adorable, aunque lo de que me llame nuera…

- ¿Demasiado pronto? – La chica asintió. – Hablaré con ella.

- No, no pasa nada. – Suspiró. – Oh, mira este: "Bueno, bueno, parece que la chica del coche tiene otros muchos talentos. Que calladito te lo tenías, James".

- Es mi tío George, pero no le hagas ningún caso. Siempre es así.

- Me quedo muchísimo más tranquila, claro…

- Mira, mi abuela Lily dice que está enamorada de tu voz.

- Espera, ¿eso es otro grupo?

- Sí, es que Albus lo pasó por el que tenemos los Potter y los Black.

- Qué cabrón. Voy a matarlo también.

- Pero también les has parecido genial.

- ¿Quién es esa tal Nix y por qué parece que le hace tanta gracia? – Señaló el nombre de la chica y frunció el ceño.

- Bueno, es mi antigua follamiga. – Le explicó. – Perdí la virginidad con ella.

- Oh, vale. – Asintió. – Pero, ¿no fue tu primera novia, no?

- No. Esa fue Meredith. – Contestó. – Nix y yo nos conocemos de toda la vida y acabamos perdiendo la virginidad juntos el verano anterior a mi último año de instituto. Yo tenía 17 y ella 14.

- ¿14? – Lo miró con los ojos muy abiertos. – ¡Pero si era una cría!

- Ya, ahora lo sé. – Suspiró. – Después de eso hemos seguido acostándonos de vez en cuando y en Navidad lo intentó, de hecho, pero le he dejado muy claro que tú y yo estábamos juntos así que te odia. Bastante. Pero ya se le pasará, no te preocupes.

- Qué tranquila me dejas. – Se dejó caer hacia atrás y se cubrió la cara con las manos. – Menuda forma de empezar a salir…

- Bueno, al menos ya nos eres solo la chica del coche…

Lizzy lo miró unos instantes antes de empezar a reír y él se tumbó sobre ella y la besó.

- ¿Y dónde lo habíamos dejado?

- Creo que aquí.

Unió sus labios de nuevo y ambos volvieron a reír. Lo mejor sería olvidarse de todo el tema del vídeo durante un rato.


- ¿Siguen hablando de lo mismo? – Scorpius acarició el pelo de Rose y negó con la cabeza.

- Sí. – La pelirroja lanzó una carcajada y le enseñó la pantalla del móvil. – Lily acaba de enterarse al parecer y está flipando. Está encantada con esta pequeña venganza.

- ¿No crees que te has pasado un poco?

- Solo he subido un vídeo de Lizzy cantando, no es para tanto. – Se incorporó un poco y enarcó una ceja. – Además, se lo merecía. Tú mismo decías que se había estado comportando como una princesita orgullosa y yo no le había hecho nada por lo de Alice.

- Han pasado meses desde Halloween.

- ¿Y? – Puso los ojos en blanco. – ¿Vas a ponerte muy pesado, Scorp?

- No, pero… A mí no me haría ninguna gracia. Y Lizzy va a intentar matarte.

- ¿De verdad crees que puede conmigo? – Salió de la cama y se acercó al armario. – ¿Quieres salir a dar un paseo?

- Prefiero quedarme en la cama…

- ¿El señorito quiere jugar? – Rose volvió junto a él y lo besó. – Creía que estabas enfadado conmigo. Anoche no quisiste hacer nada.

- Había pensado ver una película. – Contestó antes de besarla de nuevo. – Sigo enfadado.

- Pues me parece una tontería que lo estés. – Suspiró. – Y paso. Voy a bajar a desayunar.

- ¿Ahora te vas a enfadar tú?

- Es que me parece increíble que, después de todo lo que has dicho de Lizzy durante este tiempo, ahora te pongas de su parte. Además, lo del vídeo ha sido una tontería. Dentro de poco será solo una anécdota graciosa.

- Supongo…

- Es que tú eres demasiado serio. – Lo besó de nuevo y salió de nuevo de la cama. – Si no vamos a hacer nada, me voy a por un café y un croissant.

- Bueno, podemos posponer el desayuno para más tarde.

- Ahora nos vamos entendiendo.

La agarró de la cintura y la tumbó sobre la cama, quedando él encima. La besó con pasión y, poco a poco, se fue deshaciendo de su ropa. Bajó con sus besos recorriendo su estómago y pasando por sus piernas mientras ella se removía impaciente.

- ¿Quieres algo, Rosie?

- Oh, sí.

Lo empujó y se subió a horcajadas sobre él, tomando por completo el control de la situación. Empezó a besar su cuello y le quitó la camiseta, mientras se movía lentamente sobre él, haciendo que todo su cuerpo hormiguera.

- Joder…

- ¿Ves como esto era una buena idea? – Subió y mordió el lóbulo de su oreja antes de aumentar el ritmo.

- Eres una pequeña genio. – La besó con pasión y la ayudó a terminar de quitarse la ropa. – Espera, voy a coger…

- No te preocupes. – Sonrió. – He empezado a tomarme la píldora.

- ¿En serio?

- Sí. – Asintió. – Estaba harta de tener que parar y te juro que no tengo nada y asumo que tú tampoco, ¿no?

- Asumes bien.

- Entonces, ¿te parece bien?

- Sí, claro. – Sonrió. – Una nueva experiencia.

Volvieron a besarse y, finalmente, él entró en ella con un movimiento rápido. Rose gimió y echó la cabeza hacia atrás, comenzando a moverse cada vez más rápido, haciendo que los dos se sintieran al límite.

- Te quiero tanto. – Murmuró él en su oído.

- Y yo Scorpius. – Gimió un poco más alto y le clavó las uñas en el hombro.

Volvieron a unir sus labios y siguieron hasta que llegaron a la cima, ahogando los gemidos en la boca del otro.

La pelirroja se dejó caer hacia delante y el chico comenzó a acariciar su pelo y su espalda con dulzura.

- ¿Sigues queriendo bajar a por un café y un dulce? – Murmuró.

- Tendremos que recargar las pilas. – Sonrió y lo besó. – Me visto y voy a por algo para los dos. Tú ve buscando una película para ver luego. O para no ver.

Le guiñó el ojo y lanzó una carcajada antes de salir de la cama. Así daba gusto empezar las mañanas.


Hola a todos :)

Pues al parecer Rose se toma las venganzas muy en serio ;) Pobre Lizzy, no se esperaba acabar siendo famosa en Facebook jajaja Pero, como bien dice, los Potter-Weasley se lo toman todo con mucho humor ;)

Y Lily... Está un poco castigada (cosa normal, ¿para qué mentir?), pero al menos ha podido sincerarse un poco con Albus y, como bien dice Alice, todos merecemos un poco de té :3

Y ya por último, Rose y Scorpius siguen en su burbuja de felicidad imperturbable (ni por su pequeño pique han acabado peleados jajaja).

Espero que os haya gustado y nos leemos pronto con el siguiente.

Un beso enorme,

María :)