A/N: hello! Este es el último último capítulo de esta historia. Este es el epílogo A (epílogo original de la historia, sin los cambios que hice hace algunos capítulos), que es bastante diferente del B que subiré al mismo tiempo. Ya decidirán ustedes con cual se queda cada uno. Se pasaron realmente rápido estos dos años con la historia y es difícil pensar que ya se acabó, sólo me queda agradecerles por haberla leído y por todo el apoyo, son los mejores.
En respuesta a Feralex23:hello darling! De nuevo, me asombra que alguien lea mi historia tantas veces. Y sobre Hans y Elsa, lo qué pasa con ellos lo verán en esta parte, o bien, en el otro epílogo. Y es bastante curioso que una secuela se trate de buscar el origen de los poderes de Elsa, será muy interesante ver cuál de todas las teorías de los fans se acerca más. Y gracias por fijarte en los detalles :3 y gracias linda por las palabras *smiles like an ¡diot for several minutes*
En fin, los dejo con lo último del fic y al mismo tiempo los invito a leer mi próxima historia de Helsa, que se llamará "the colors of the night".
EPÍLOGO
Acerca de la historia de la reina de las nieves y el príncipe de fuego, cuyas vidas se entrelazaron de manera definitiva, algunos idealistas le llamarán destino, otros más escépticos le dirán azar, probabilidad, pero… ¿cuál es la chance de que en realidad sucediera una historia igual de extraordinaria? Un siendo escéptico, cuesta creer que en realidad ese escenario se diera alguna vez…
Supongo que todos se han de preguntar qué sucedió realmente con ambos, con los amantes de hielo y fuego cuyas vidas se torcieron hasta el punto de cambiar totalmente de un año a otro… curiosidad, morbo, interés romántico, son miles de razones las que han vuelto su historia una verdadera leyenda que logró traspasar las barreras de diversas naciones. Todos en algún momento habrán oído de la magia, algunos con más fe que otros, sin embargo, en el fondo, todos desean creer que es posible la existencia de los seres mencionados en la historia, hechiceros, magos, trolls, nos da un sentido diferente en la vida, de que no estamos solos en un mundo lleno de guardianes de la naturaleza y el orden del cosmos… o tal vez solo esté divagando.
Una historia extraordinaria llena de vacíos y partes agregadas, el problema es que solo sus protagonistas saben lo que realmente sucedió. Todos en Arendelle, las Islas del Sur—por increíble que parezca—, el resto de Europa, y puede que muchas más naciones, lamentaron la pérdida de la joven reina Elsa y el príncipe Hans, quienes se sabía que cortejaban, incluso algunas insinuaciones más atrevidas que no detallaré en esta ocasión. Se supo que ambos habían embarcado en una misión al norte del mundo, buscando… ¿a los nativos? ¿Conocer y conquistar las tierras? ¿Un interés científico quizás? ¿O simplemente una excusa para poder alejarse de la civilización y huir de un reino en decadencia, sumido en el invierno que la mismísima reina causó? Hay tantas versiones como conocedores de su leyenda. En lo único que hay consenso es que ambos viajaron hasta las islas Svalbard.
Un nefasto viaje en el que se perdieron para siempre las vidas de la mitad de la tripulación. Entre ellos, presumiblemente la de la reina y el príncipe. El único miembro de la realeza que regresó al continente fue el príncipe Aleksander, quien fue sometido a jornadas de juicios extensos y la desconfianza de la nación que perdió a su reina, dejando como única heredera a la princesa Anna, quien hizo todo lo que estaba en su poder para defenderle y justificar los gastos excesivos de las múltiples expediciones de búsqueda, perdiendo con cada regreso de una nave la esperanza de encontrar a su hermana, no obstante, manteniendo una llama ardiente de fe en su pecho, fe en que la única familia que le quedaba regresaría en algún momento. Y, aunque él jamás lo admitiría, el príncipe Aleksander mantuvo la misma esperanza, ofreciéndose cada vez para organizar las búsquedas exhaustivas, e incluso participar en un par de ellas.
Luego de meses del invierno más crudo en la historia de Arendelle, finalmente la tormenta desapareció, dejando un reino en pésimas condiciones, pero que todavía podía recuperarse, y lo haría, gracias a los esfuerzos que realizaron las naciones aliadas, y todos aquellos reyes, nobles, y cada uno de los habitantes del reino y de muchos otros, por recuperar aquella nación que alguna vez los recibió con los brazos abiertos, y esperando ver a la princesa Anna volver a brillar con la misma alegría ferviente que la hizo conocida y amada. Incluidas las Islas del Sur, gracias al príncipe Aleksander, que justificó los gastos con un posible compromiso con la futura reina, un compromiso que solo después sabrían que se rompió, o más bien, jamás existió. Sin embargo, ambos se convirtieron en grandes amigos, compartiendo una historia personal trágica y un espíritu inquiebrantable. Curioso, ambas hermanas de la realeza de Arendelle terminaron cruzando caminos con dos hermanos de las Islas del Sur.
Los meses se convirtieron en un año, y a pesar de ello, la princesa seguía mirando constantemente el puerto, con la débil esperanza de que en alguna de las naves apareciera su hermana perdida. Pero no fue en una nave sino en unas humildes balsas artesanales que regresaron la reina y el príncipe, ambos en un estado lamentable, desnutridos, y con la reina difícilmente reconocible, dada la nueva palidez extrema de su piel y cabello, como la nieve fresca sobre la montaña.
Lo que pasó a partir de entonces es incierto, para cualquiera que no fuese parte de la familia real. O, mejor dicho, de la reina y el príncipe. Mucho se ha especulado sobre la naturaleza y el contexto de su unión, en especial por el poco tiempo que transcurrió desde su regreso…
Creía estar enferma cuando regresamos. Había pasado un mes en que no advertí las señales de lo que me pasaba, pero fueron más obvias con el pasar del tiempo. Pasé un par de veces por la habitación de Hans, y, como era de esperarse considerando lo tóxicos que somos el uno para el otro, terminamos inevitablemente enredados entre las sábanas. El problema es que los rumores se esparcen como el fuego sobre pastizales secos, y pronto se hablaba sobre nuestra relación. Sobre la ex-reina que al parecer había olvidado como se comportan las damas civilizadas, sobre que soy una ramera, entre otras cosas que no vale la pena recordar. No que me importe, siempre he sabido que hablan así a mis espaldas, desde antes del viaje.
Los rumores se confirmaron cuando mis síntomas empeoraron y finalmente tres médicos confirmaron que estaba embarazada. Mi corazón casi se detiene en ese momento, y no precisamente de alegría. Sabía que eso era lo último que necesitaba en el tope de la cadena de eventos desafortunados que me han pasado. De alguna manera eso le ablandó el corazón a Hans, que decidió quedarse por más tiempo. Lo agradecí pero por dentro estaba aterrada, sabía que nosotros dos no podíamos concebir, esperaba que lo que sea que estuviera gestando dentro de mí muriese en algún punto en los próximos meses, pero no fue así.
Hans finalmente se quedó, contra todo pronóstico, y a pesar de que Anna has tenido grandes dificultades aceptándolo dentro de nuestra familia. Anna… se lo he complicado todo. No solo terminé desposando al hombre que rompió su corazón y la dejo para morir congelada, sino que también fue elegida por el concejo como la más apta para reinar de las dos. Mi frágil estado mental fue la razón de que me descartaran, a pesar de haber sido criada y entrenada toda mi vida para esto. He vuelto a ser una princesa. Y tengo un desastre mental que apenas me deja estar tranquila. Despierto todas las noches gritando. Tengo pesadillas sobre las islas Svalbard, recuerdo todo con un nivel de detalle que me hace sentir como si estuviera viviéndolo todo otra vez. El peligro de muerte, casi morir ahogada, los depredadores, los indígenas, y Nordvind, todo sigue dando vueltas en mi cabeza. Me encuentro recordándolo todo también durante el día, la gente me dice que paso unos segundos mirando al vacío, con mi cabeza en las nubes. Ojalá fuese en las nubes y no en el norte.
Mi esposo aparentemente lo lleva mucho mejor que yo, le han dejado participar de las decisiones importantes del reino sin cuestionarlo tanto. Pero yo sé ver por debajo de sus máscaras, no está bien, en absoluto. Sé que recuerda los horrores que vivimos en el norte igual que yo, sólo que él es mejor ocultando lo que siente. Incluyendo el rencor y el odio que siente hacia mí en algún lugar de su corazón ardiente, estoy segura. No me ha perdonado, sé que se queda conmigo para evitar volver a las islas y quizás para proteger lo que queda de nuestras imágenes desde que se supo que estaba embarazada. Además, aquí sí tiene poder e influencia, y mi gente lo ama. Supongo que es bastante parecido a como él lo había planeado hace dos años.
Nuestro problema revivió con toda fuerza en el momento en que di a luz a mi hijo. Una pequeña creatura rubia que, al pasar un mes, descubrí que no solo había heredado la magia, sino también los ojos azul azure de su padre. Esa es la razón de que sobreviviera, de otro modo no habría nacido. Mi pequeño Theo, según lo que los trolls han dicho, podría ser más poderoso que yo cuando crezca, más que la mayoría de los hechiceros de hielo que se conocen. Cada vez que lo tengo en mis brazos me pregunto cómo es que alguien tan pequeño y frágil puede llegar a tener una fuerza interior tan grande, tener el potencial de liberar tanta magia. Puedo sentirlo, aún teniendo un mes de vida es más poderoso que yo, puedo sentir cuando su magia está activa. Serán unos largos años los que tenemos por delante. Es el peor de mis miedos vuelto realidad, tener un hijo con la misma carga que yo. Sólo espero poder enseñarle correctamente, del mismo modo en que su padre lo hizo conmigo antes de que yo… oh, Dios, va a odiarme por esto cuando crezca. No sé cómo voy a explicarle que Hans no es su padre, que no es un Westergård, sino un descendiente del linaje de la bruja de hielo y de la tribu de hielo en las islas del polo norte, y que su verdadero padre murió por mi culpa.
Somos un desastre de familia. Sé que Hans estaba profundamente decepcionado cuando lo descubrió. Supongo que de alguna forma ambos lo sabíamos, pero tenerlo confirmado fue un golpe muy duro. Nosotros dos no podemos tener hijos, pero eso no significa que no podamos por separado. Estaba esperando el divorcio, o que se fuera el mismo día, pero no lo hizo. De alguna manera se siente responsable por Theodore aunque no sea su hijo biológico. Decidió quedarse y darle su apellido de todos modos. No lo hace por mí, sino por mi hijo. Sabiendo lo difícil que puede ser la infancia de un niño bastardo, quiso quedarse y asegurarse que no pase por algo similar a lo que él mismo vivió cuando niño. Es lo más desinteresado que le he visto hacer en la vida. Hay veces en que pienso que, a pesar de todo lo malo que ha hecho, es mucho mejor persona que yo. Es menos egoísta de lo que le gustaría reconocer.
Por ahora sólo puedo pensar en lo que nos depara el futuro. Me siento junto a la ventana con Theo en mis brazos para amamantarlo. Insistí en criarlo yo misma. No es que tenga mucho que hacer ahora que dejé de ser la reina. Es extraño ser una princesa nuevamente. Diría que es relajante si no fuese por la maternidad. Apenas duermo entre las pesadillas y el llanto de Theo, ¿cómo puede un niño tan pequeño gritar tan fuerte? No puedo esperar el día en que duerma en un horario normal. Mi estrés pasó de ser el reino a ser mi hijo. Pero no es que me queje, lo amo, a pesar de que no esperaba concebirlo. Creí que no tendría hijos, pero aquí está, y es perfecto, independiente de donde venga y las circunstancias en que lo tuve. Nunca he tenido una vida fácil, pero espero poder darle a él todas las oportunidades que yo jamá tuve. No permitiré que sea encerrado como mis padres hicieron conmigo, ni lo separare de su familia, de los primos que seguramente tendrá por parte de Anna, y de Aleksander si es que alguna vez tiene hijos. Quiero que sea capaz de tener amigos y salir del palacio sin miedo de herir a quienes le rodean. Me tiene a mí para enseñarle a usar la magia y la responsabilidad que eso conlleva, incluso a Hans, que de alguna manera le ha tomado cariño a pesar de saber la verdad sobre él. Y también para enseñarle a reinar. Anna dejó claro que sólo será reina por el período que tarde Theo en llegar a la madurez suficiente.
Acaricio la suave pelusilla rubia de su cabeza mientras observo el sol de verano sobre Arendelle. No más inviernos eternos, no más destrucción ni alteraciones del orden de la naturaleza, por ahora. Pienso en lo otro que nos dijo Gran Pabbie, sobre que en algún lugar lejano, existe una niña con magia de fuego que equilibra la existencia de Theo. Me pregunto qué pasará si alguna vez llegan a encontrarse, del mismo modo que Hans y yo. Sólo espero poder enseñarle a mi hijo a no cometer los mismos errores que nosotros.
Fin.
