Hola, lamento la demora. Es que estaba atorada con el final, pero creo que ya sé qué hacer.
Mari.
Hermione despertó aquella mañana de invierno, con una cálida sensación a un lado. Ladeó la cabeza, somnolienta. Se dio cuenta de inmediato, que Severus Snape dormía allí. Abrazándola. Inspiró tratando de moverse para cubrirlo con las cobijas. Un brazo la rodeaba. Hizo todo el esfuerzo del que fue capaz y al final logró cubrirlos a ambos con ellas. Le resultaba increíble que con ese frío, no tuviera nada puesto. Pero si esas eran las costumbres de su marido...
¿Por qué iba a refutar?
Además, agradecía que para aquel amanecer, él siguiese allí. Lo sintió respirar hondamente y de ser posible, tratar de rodearla más aún con su brazo. Acomodó su rostro junto a su hombro. Sentía el cosquilleo de su nariz mientras se movía.
Sonrió tratando de volver su rostro lo más que pudo y con ello, besar su frente. Solo alcanzó a besar su larga nariz, a lo que Snape respondió con un respingo.
Estaba profundamente dormido.
Y ella pronto sentía el estupor del sueño.
De jamás querer despertar y de morir allí, de ser posible, entre sus brazos.
Ese era su nuevo sueño, luego de haber convivido un par de meses con él. De haberlo visto cambiar, de haberlo visto casi "morir" por ella.
Apasionado. Como dijo su madre una vez.
Y a media mañana, al despertar nuevamente, allí estaba.
— Buenos días. — escuchó, mientras la soltaban suavemente. — ¿Cómo te sientes? ¿Cómo están los bebés?
Hermione había sonreído, ladeando la cabeza para mirarlo. Deslizó una de sus manos a través de las sábanas, para acariciar su rostro.
— Buenos días, mi amor. — susurró. — Ellos están bien, estaban muy contentos. No sé por qué, ahora están durmiendo. Comieron hace poco. Yo estoy bien, ahora que estás aquí.
Severus había suspirado en silencio, mientras la observaba fijamente. Tenía que decirlo, aunque resultara increíblemente bochornoso.
— Lo lamento, me quedé con mi madre. Tenía que...aclarar mis ideas.
— Volviste a hacerlo, pero eso no importa. — susurró ella con una sonrisa, sosteniendo ahora su rostro, con ambas manos. — Si eso hace que te quedes a mi lado.
No contestaron, pero no necesitaba una respuesta. Continuó acariciando su cabello, distraídamente. Al final, Severus se había inclinado delicadamente, tratando de no aplastar a la mujer que tenía bajo sus brazos, en una incómoda postura y la había besado suavemente.
Morir y perderse de su rostro todas las mañanas. Perderse de sus labios, de sus manos, el sabor de su piel. El satén de su cabello, sus brillantes ojos.
La observó por unos minutos, mientras sus cuerpos aún estaban cálidos. Juntos. Inspiró apenas en un soplo y acarició su rostro, como ella había hecho con él.
— Hermosa. Esta mañana estás hermosa.
— Aún tengo que perder un poco de peso, luego del embarazo. Considerando que me cuidé muy bien. — contestó, deslizando su mano hasta una de sus piernas y de regreso. Severus tembló ligeramente. — no sabía que mi esposo dormía desnudo. Y menos en invierno.
Severus volvió a temblar ligeramente, cuando las uñas de Hermione, acariciaron uno de sus glúteos con delicadeza.
— Quise hacer un cambio. Nada de estereotipos ni negro.
La mujer se echó a reír, mientras recibía otro beso. Rápidamente todo había dejado de importar y que su esposo estuviese allí, desnudo, cooperaba con la sensación que comenzaba a bullir en su interior.
— ¿No te parece curioso que cuando te veo, siento deseos de...? — le preguntó y Hermione se imaginaba qué estaba por decir.
— Cuando me ves...sientes deseos de tocarme... ¿de?
Asintió, acariciándose uno de sus labios con su pulgar. Meditando.
— ¿Cuáles son las probabilidades de que te embaraces de nuevo?
Rió, mientras besaba su cuello de forma tan suave, que pensaba se trataba de la brisa matutina o de las cobijas que al moverse, acariciaban su piel.
— No lo sé. No estoy en mi periodo reproductivo. Tengo mis cuentas muy bien cuidadas, aunque podrían ocurrir accidentes. ¿No tienes nada en contra de...?
— ¿Esos casos? ¿Se te olvida que nunca estuve casado, ni comprometido con una mujer en mi vida? Me pregunto por qué tendría que prepararlas.
— Entonces solo hay una solución.
Pero Severus no había contestado, solo había gimoteado. La mano de Hermione se había cerrado muy cerca de su entrepierna.
— Mujer...¿tienes idea de lo que estás haciéndome? — exclamó, mientras su mano subía y bajaba lentamente.
— Bueno, tú tendrías la culpa por dormir desnudo.
Y antes de darse cuenta, estaba tendido boca arriba, mirando el tejado. Ella estaba acurrucada en su pecho. Con los ojos cerrados.
Había sido la primera vez luego del parto y eso le había dado muchas cosas en qué pensar. En ideas para quedarse con ella, con su familia.
Tenía que discutirlo con Voldemort. Quizá podía hacerle cambiar de opinión, quizá podía...
Bajó la vista hacia Hermione, acariciaba con la punta de sus dedos, la perfecta forma de sus pezones.
— Severus...
— ¿Hmm? — Contestó, mientras besaba su cabeza, suavemente.
— ¿Qué tal si fingimos un accidente? Que me morí y se murieron los bebés. Cuando Bellatrix esté aquí para llevarse a los bebés. Asumo no está por demorar.
¿Un accidente?
— Entonces, si nuestros hijos crecen, podemos enviar a la pequeña a Beauxbatons y al pequeño a Durmstrang. O les enseñamos magia en casa. No necesitan asistir a Hogwarts. Podríamos fingir mi muerte y la de los niños, en un enfrentamiento con Bellatrix Lestrange.
— ¿Pero cómo podríamos fingir la muerte de dos niños que lloran y son fáciles de notar?
— Puedo amenazar con matarlos, si me los quitan. Y aunque son muy pequeños para pociones, podría darles algo para dormir, algo que parezca que no tienen vida.
— Son unos bebés de un par de días, no soportarían tal carga. Puedes perderlos.
Hermione meditó y sintió un hondo suspiro en su pecho, mientras ella pensaba. Se imaginó aquel accidente, mientras Bellatrix creía que los mataba a todos en guerra y bien, al menos se libraba de la sangre sucia y de Snape el traidor.
— Es lo mejor que puedo pensar. O podríamos decir que se murieron en el parto, entregárselos a tu madre para que escape. Estudien en diferentes escuelas y en algún momento...verlos.
Habían buenas opciones en ese asunto. Voldemort no estaba enterado de que su madre estaba con vida.
Realmente no. Ni Bellatrix.
— Debes fingir muy bien. Debe haber sangre entre sábanas, por todas partes. Debes verte decaída, muerta.
Eso qué tan difícil podía resultar ser.
La mejor idea que había tenido hasta entonces. Mejor que ver morir a su marido, en manos de aquella despiadada mujer.
O en manos de su señor.
