Parte 2: Un reencuentro para olvidar.
¿Quién diría que ese negocio prosperaría de ese modo? Pues bien, Mabel no descansó un segundo, atendiendo a cada cliente que se acercaba a la caja a pagar algún suvenir o preguntando por algo (también tuvo que aprender en tiempo record las cosas que ahí se vendían), mientras que su tío Stan hacía un excelente trabajo entreteniendo a sus turistas contándole maravillosas historias acerca de las cosas que ahí tenía; a Mabel le hubiera gustado estar de ese lado, pero bueno, tenía que hacer lo que podía.
- Veo que te gusta andar en apuros Mabs- dijo de pronto la voz de Wendy a su lado.
- Wendy, ¿qué haces aquí? - preguntó Mabel en su primer respiro del día.
- Bueno, como no me dijiste nada de dónde estarías, se me ocurrió buscarte en el lugar que atrajera más gente, pero no pensé hallarte en esta situación.
- Ni yo, pero mi tío me ha pedido ayuda, ya que su trabajador lo… se fue- se corrigió Mabel pensando que sería mejor ocultar los detalles de todos.
- Espera, ¿eres sobrina del Señor…? Oh, ¡¿Cómo no me di cuenta?!, eres Mabel Pines.
- Si- afirmó Mabel ante la enorme revelación de Wendy.
- ¿Wendy?, ¿qué te trae por aquí? - dijo de pronto la inconfundible voz de Stan tras ellas-. Pensé que estabas estudiando fuera.
- Lo estoy, pero vine a pasar estas vacaciones en casa, y regresaré la otra semana- explicó Wendy con mucha confianza-. Y vine con ella, por cierto- agregó señalando a Mabel, que no cabía en impresión.
- Vaya, primero traes a la niña Northwest y ahora pasas las vacaciones con Wendy, casi pareciera que este pueblo te está llamando- explicó Stan impresionado-. Esa es la clase de cosas que le emocionan a mi hermano, y hablando de eso, ¿dónde está él? Es raro no verlos juntos.
Mabel sintió un enorme vuelco en el corazón. Esa situación acababa de ponerse fea en un instante; no le había contado nada a Wendy, y aunque no se veía tan perspicaz, podía atar cabos si estos eran demasiados. Tenía que tener cuidado de qué decir, para evitar que sonara que esas dos personas eran la misma.
- Bueno… él es, tu sabes… él está…- malditos nervios, ¿ahora hasta de eso dependería de Diper? No se le ocurría nada.
- ¡Stan Pines! - gritó una nueva voz, llamando la atención de todos los presentes dentro de la cabaña.
- ¿Qué haces aquí Gleeful?, pensé que habías aprendido la lección la última vez- respondió Stan sin tener que mirar quién le hablaba.
Mabel volteó para ver quién había sido el responsable de su salvación, aunque ello le lastimó la vista. Un tipo, que se veía mucho menor que ella, interesantemente con su cabello blanco con un muy peculiar y absurdo peinado, y vestía una camisa al estilo hawaiana y unas bermudas. Lo que le dio más risa a Mabel fue que el chico, o niño, le llegaba apenas a la altura de su ombligo, y su enorme peinado le llegaba a la altura del cuello (Mabel podía apostar que de cortara un cabello de él, sería del mismo largo que todo su cuerpo.
- Tú no eres más que un estafador Pines, no entiendo cómo tienes tantos clientes, cuando nosotros… oh vaya, mira que tenemos aquí.
- Oye, la gente quiere impresionarte, no comprar sus inútiles automóviles… ¡Hey!
Pero, para infortunio de Mabel, este ya no lo escuchaba. Se había apresurado a la caja, y la miraba sin pestañear, con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¿Quién eres tu hermosa, y qué haces en un basurero como este? - preguntó este guiñando un ojo, y Mabel sintió su desayuno apresurándose a su boca.
- ¡Aleja tus sucias manos de mi sobrina Gleeful! - saltó Stan con rabia, apretando sus puños.
- ¿Sobrina?, no entiendo como algo tan bello puede ser familiar de este tipo, aunque bueno, aún las cosas más feas…
- Tengo novio, y no es nada amigable con los tipos que me flirtean- amenazó Mabel, se sentía menos que asqueada ante esa situación, aunque tampoco le sabía bien sacarlo a él en ese momento.
- Vaya lástima, aunque si en algún momento llegas a estar sola…
- Buscaré una rata antes de a ti, gracias- lo detuvo en seco, ya no podía resistirse más, al diablo los buenos modales.
Stan no pudo resistir reír a carcajadas ante la audaz reacción de Mabel, y el chico solo gruñó.
- Pines a final de cuentas- dijo molesto bajándose de la caja que había usado para subir a la altura de la chica-. Pero escúchame Pines, esto no será lo último que escucharás de Gideon Gleeful, ya verás.
Él salió riendo como si se tratara de la amenaza de un súper villano de película, pero para los ojos de los presentes, eso era algo sumamente ridículo.
Mabel no tuvo que siquiera preguntar nada, aunque su tío Stan le dio una palmada y le dedicó una sonrisa de orgullo, como si se acabara de graduar de la universidad o algo por el estilo.
Ahora el resto del turno fue muy sencillo, ya que tenía a Wendy para apoyarla. Ella le contó a Mabel que tiempo atrás había trabajado en ese lugar, por eso conocía a su tío y conocía dónde hallar todo. Al final, aunque no fuera un día de verdadera relajación, para Mabel era más que suficiente para no pensar en Diper.
Al final de su turno, como lo prometió su tío Stan, le dio algo de dinero para comer en el restaurante local, aunque la cantidad que le había dado ofendía incluso si fuera solo propina (por suerte para Mabel, tenía su propio dinero).
- Bueno, me alegro que tus padres te den un apoyo a pesar de todo, yo tengo que trabajar para solventarme- explicó Wendy con fastidio en su voz-. Bueno, supongo que así tendrá que ser al final.
- Oye tampoco es para tanto, si no fuera por ti mi panorama sería mucho peor- explicó Mabel con agradecimiento-. En serio me has ayudado mucho.
- Simplemente no pude dejarte así- indicó Wendy con calma-. No lo sé, es solo que cuando te vi, una voz dentro de mí no paraba de decirme "tienes que ayudarla", tanto que me fue imposible ignorarla, y ahora que vives conmigo las cosas se volvieron más alegres, ahora ya no me pesa tanto llegar a casa.
Mabel sonrió conforme. Su vida era demasiado ajetreada, y lo sería peor, pero al menos con eso, se sentía más calmada, y con ánimos de avanzar, aunque la vida no parase de darle golpes.
El celular de Mabel empezó a sonar. No quería tomarlo, sabía quién era, le había invocado prácticamente. No quería responderle.
