El despacho de Slughorn había sido transformado en una enorme sala llena de gente, con las paredes y el techo cubiertos por telas de color esmeralda brillante y toques dorados. La gente reía y hablaba animadamente mientras la música se oía de fondo. Sophie pudo ver tanto a alumnos del Club como a otros magos de mayor edad, amigos del profesor, supuso. En cuanto entraron, Slughorn se acercó a ellos, sonriendo.
-¡Harry, querido! Oh, veo que has invitado a la señorita Slumber como acompañante. Buena elección - sonrió, tocándose la barriga.
-En realidad, me invitó ella a mí, señor.
-¡Oh, una chica decidida! Eso me gusta. Tiene carácter, joven, como su madre. Y es usted igual de brillante. Serás una aurora excelente. ¡Los dos lo seréis! - dijo, con gran entusiasmo -. Disfrutad de la fiesta, queridos.
El resto de la noche transcurrió muy rápidamente. Pasaron la mayor parte del tiempo con Ginny y Luna y escondiendo a Hermione de McLaggen, el que resultó ser su invitado sorpresa además de un baboso. Harry y Sophie apenas habían pasado tiempo a solas ya que Slughorn les presentó a la pareja a la mayoría de sus invitados. Mientras Harry hablaba con un vampiro amigo del profesor, Sophie aprovechó para escabullirse alegando que iba al servicio.
La escena que se encontró al volver era lo que menos se esperaba: Flitch aguantaba a Malfoy por la chaqueta de su traje y le explicaba a Slughorn cómo le había visto merodear por los alrededores de la fiesta. El rubio se soltó bruscamente y admitió haber intentado colarse. Entonces Snape, que por algún motivo estaba en la fiesta, le sacó de allí casi a empujones, yéndose con él.
¿Por qué narices querría colarse Malfoy en la fiesta? No parecía su estilo. Miró un reloj que había en la pared. Eran más de las once y media. Buscaría a Harry y le diría que se iba a dormir, que estaba muy cansada. Le daba pena dejarle solo pero tenía que irse. ¿Tenía? En realidad, no. Solo se trataba de ir a una maldita clase a beber en silencio durante un par de horas. ¿Realmente prefería eso a quedarse con Harry en la fiesta? Era raro, pero una parte de ella le decía que se fuera. Aunque la otra le decía que quería quedarse. Con Harry.
Harry. ¿Dónde narices estaba? No le veía desde que Snape se llevó a Malfoy y la sala tampoco era tan grande. Tal vez ¿se hubiera ido? No, qué tontería. Harry no se iría sin avisarle. Quizá haya salido a tomar aire. Sí, era lo más probable. Salió después de decirle a Hermione que iba a buscar al chico.
Pero tampoco lo encontró en el pasillo, ni en los alrededores. A lo mejor sí que se había ido. En ese caso, no tenía mejor plan que ir al encuentro de Malfoy. Se alejó del pasillo, un poco molesta porque Harry le hubiera dejado sola sin siquiera avisarle.
¿Qué significaba lo que Malfoy le había dicho a Snape? Habían hablado con palabras a medias, casi en clave, y Harry no había podido sacar mucho sobre seguro. Pero había entendido algo de una misión que le habían encomendado a Malfoy y algo de una promesa inquebrantable… ¿Qué significaría todo aquello? ¿Serviría esto para demostrar que Malfoy era un mortífago?
Harry se dirigió de nuevo a la fiesta, apretando un poco el paso. Se había ausentado demasiado tiempo y no quería dejar a Sophie más tiempo sola. Casi no habían podido estar juntos y le apetecía poder pasar un rato con ella. Tal vez consiguiera sacarla de la fiesta.
O tal vez había salido ella sola. La vio, caminando en dirección a las escaleras. ¿A dónde iba?
-¡Sophie! - le llamó.
La chica se giró y pareció sorprendida de verle.
-¡Harry! Te estaba buscando. ¿Dónde estabas?
-Cogiendo algo de aire - mintió.
-Me lo imaginé… Eso ahí dentro ya resulta agobiante.
Las palabras de la chica le dieron a Harry una brillante idea.
-¿Y si pasamos de volver a la fiesta y vamos a algún sitio donde podamos respirar? - ella pareció dudar -. O si lo prefieres nos podemos ir ya…
-¡Oh, no! No te preocupes. Vale. Vayamos a sentarnos a algún sitio, estos zapatos empiezan a matarme.
Justo cuando había decidido irse, Harry había aparecido. Sonaba a chiste y no pudo evitar sentirse un poco… ¿triste? Desechó el pensamiento mientras se sentaba junto a Harry en unos de los bancos pegados a las ventanas. Fuera volvía a nevar y el viento silbaba. Sophie se estremeció. Puede que el vestido fuera precioso, pero que no tuviera mangas no ayudaba con el frio. Harry se quitó la chaqueta de su traje y se la pasó por los hombros a Sophie.
Ella le miró y le sonrió, agradeciéndoselo. Él le devolvió la sonrisa. Parecía nervioso. O más de lo normal.
-¿Cómo lo has pasado? - le preguntó mientras jugaba nervioso con sus manos.
-Bien, aunque no hemos podido pasar mucho tiempo juntos, ¿eh?
-Bueno, podemos recuperarlo un rato ahora.
Sophie volvió a sonreírle. Algo dentro de ella le decía que el sitio donde debía estar en ese momento no era ese.
-Estás preciosa, Sophie, de verdad. El vestido es muy bonito.
-Gracias, Harry. Es un regalo de mi hermano, aunque lo escogió Ginny.
-¿Ellos dos están…?
-¿Juntos? Creo que aún no, pero algo me dice que lo estarán. Se han comprado regalos de Navidad y no paran de escribirse cartas.
-¿Y a ti qué te parece?
-Me encantaría tener a Ginny como cuñada. Y mi hermano es un encanto, le hará feliz. Y si los dos son felices, yo también.
-Y siempre podrás recordar que fuiste tú quien los presentó - bromeó.
-Cierto - rio Sophie -. ¿Vas a pasar la Navidad con los Weasley?
-Así es. Tú con tu familia, ¿no?
-En realidad solo con mi hermano. Mis padres están en paradero desconocido para mí aún. Mañana salgo por la mañana hacia mi casa a recoger algunas cosas y después iremos a España a pasar las Navidades allí.
-Vas a estar lejos, ¿eh? - dijo, con un tono en su voz algo entristecido.
-Bueno, poseemos una maravillosa red Flu y mi hermano es mayor de edad, podremos Aparecernos en cualquier momento en casa de los Weasley para molestaros un rato. Y no creo que a Ginny le importase - rio Sophie.
Harry también rio y apoyó su mano en la rodilla de Sophie. Estaba ardiendo. Se quedaron un momento mirándose y sonriendo en silencio. Entonces vieron algo que brillaba encima de sus cabezas. Levantaron la vista y pudieron ver como una fina rama llena de pequeñas hojas y diminutas flores blancas aparecía, creciendo poco a poco. Muérdago.
-Muérdago… - susurró Sophie, sin dejar de mirar la pequeña planta.
-Muérdago - repitió Harry en un murmuro.
La chica bajó la mirada y se encontró con los ojos verdes de Harry clavados en ella. Y vio cómo se acercó, muy despacio, a ella, aproximando sus caras. Un mechón de pelo de Sophie, que ya se había quitado la diadema, cayó en su cara. Harry levantó la mano y se lo quitó suavemente, colocándolo detrás de su oreja. Y dejó la mano ahí, en su mejilla, acariciándola. Después de tantas veces que habían estado en esa situación, era la primera vez que no había sido un accidente, y era la primera vez que no estaba nerviosa. Bueno, quizás un poco. Sabía que Harry estaba esperando una señal de ella, un permiso para seguir. Y así lo hizo.
Poco a poco, ella fue rompiendo la distancia que quedaba entre ellos. Se quedaron quietos, mirándose, con sus labios casi rozándose. Ninguno de los dos respiraba. Y entonces, Harry cerró los ojos y posó sus labios en los de Sophie. Y Sophie le respondió.
Se besaron, dulcemente. No como había besado a Karl hacía años o a ese amigo de su hermano con el que estuvo saliendo. Ni siquiera fue un beso como el que le había dado Malfoy. Fue un beso como los de las películas de muggles. Lento, romántico, primerizo.
Y así estuvieron hasta ya muy pasada la medianoche, besándose y sonriéndose a medias. Dejando salir eso que llevaban meses reprimiendo. Sophie había olvidado por completo a donde se dirigía hacía media hora, a Malfoy y a todo el mundo. Nada le importaba ahora mismo. Solo ese instante. Con Harry. Porque ahora mismo, el resto del mundo no importaba. Se sentía feliz con él. Más feliz que nunca.
Draco la esperó durante una hora. Después comenzó a beber. Sabía que ella no aparecería, que estaría con el imbécil de Potter en la fiesta. Pero algo dentro de él le decía que se quedara, que esperara, que tal vez ella aparecía. Y ahí se quedó, esperándola y bebiendo whisky de fuego mientras miraba a una botella de champán que había traído.
A la una decidieron que sería mejor irse a la sala común y se despidieron en las escaleras hacia la habitación de Sophie. Harry le besó y le deseó las buenas noches y ella subió, sonriendo. Se sentó en la cama y se quitó los tacones. Y entonces, encima de la mesilla, vio los girasoles y el libro muggle. Y se acordó de Malfoy. Algo dentro de ella le hizo volver a calzarse y salir corriendo hacia el aula en desuso. Era tarde, pero quizás seguiría allí.
Abrió la puerta y lo vio, sentado en el suelo al lado de una ventana, con una botella en la mano.
-Llegas tarde - le dijo.
-Lo sé.
-¿Estabas con Potter, verdad? - siseó.
-¿Qué más dará eso?
-¿Sabes? Tienes razón. ¿Qué más da?
-¿Se puede saber qué te pasa?
-¿A mí? Nada.
-¿Ah no?
-No.
-¿Entonces por qué estás así? Cualquiera diría que estás celoso, Malfoy.
-¿Celoso? - repitió, abriendo mucho los ojos y levantándose -. ¿De qué? ¿De ti y de Potter? ¿Por qué debería estarlo? ¿A caso tú yo somos algo? ¿Si quiera somos amigos? No. Tú y yo simplemente somos dos personas de mundos diferentes que han jugado durante un mes a tener algo en común durante unas horas cada noche. Pero fuera de aquí no somos nada. Porque ni aunque quisiéramos, podríamos. Es algo imposible. Así que ¿por qué iba a estar celoso de ese imbécil?
Se había parado delante de Sophie, que permanecía inmóvil. No sabía el motivo, pero las palabras de Malfoy le dolieron más de lo que se imaginaba y notaba como los ojos le ardían. Pero tenía razón. Ellos no eran nada. Fuera de esas cuatro paredes era imposible que pudieran pertenecer al mismo mundo. Pero, aun así, aun sabiendo que tenía razón, le dolía oírlo. ¿Por qué? ¿Esperaba otra cosa? ¿De verdad su subconsciente era tan iluso? Él era un Malfoy y ella… Bueno, ella no era como él. Era imposible siquiera planteárselo.
-¿Sabes? Tienes toda la razón del mundo. Hemos hecho el imbécil durante un mes, jugando a vivir en un mundo que no existe más allá de esta habitación. Porque es cierto, tú y yo no podemos ser nada fuera de aquí. Así que creo que es mejor que dejemos de jugar a esto, porque ya es suficiente. Se acabó. Adiós, Malfoy.
Y salió de la clase justo en el momento que las lágrimas comenzaron a salir. Le dolía. Le dolía y no sabía por qué. Caminó, lejos del aula. Era lo mejor que podía haber hecho. No volver a verse así sería lo mejor. Eso fue lo que pensó mientras se metía en la cama y cerraba los ojos.
Draco seguía inmóvil en el mismo sitio, mirando la puerta por la que Sophie se había ido. ¿Por qué había dicho todo eso? No lo sentía. Aunque intentara mentirse a sí mismo, sabía que no lo sentía. Y por culpa de su estúpido orgullo Malfoy, le había hecho daño a Sophie y había conseguido perder ese único momento del día en el que se sentía un poco bien.
Se fue a su habitación y se acostó. Tal vez, en el fondo, era lo mejor, ¿no?
