Y(la historia no pertenecees propiedad de Sarah J. Maas, la traducciónpersonaje no me pertenece, le pertenece a traducciones Independientes y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi) (Y las antiguos libros publicados en esta página son de Cellita G)

Capitulo 52

La oscuridad golpeó a Candy en el momento que pasó por la barrera invisible.

Una pared de fuego incineró a través de la extensión de negrura y, justo mientras ella se había arriesgado, la negrura retrocedió. Sólo para atacar de nuevo, rápido como una serpiente.

Ella encontró su golpe por golpe, deseando que el fuego se propague, una pared de rojo y dorado encerrando la barrera detrás de ella. Ella ignoró el hedor de las criaturas, el vacío del aire en sus oídos, la abrumadora palpitación en su cabeza, mucho peor más allá de la protección de las salas, especialmente ahora cuando las tres criaturas estaban reunidas. Pero ella no les dio ni un centímetro, incluso mientras la sangre comenzaba a picar en su nariz.

La oscuridad arremetió contra ella, simultáneamente asaltando la pared, haciendo hoyos a través de sus llamas. Ella los reparó por re ejo, dejando que el poder haga lo que quería, pero con el comando de proteger, de mantener la barrera protectora. Ella adelantó otro paso más allá de la entrada de piedra.

Narrok no estaba en ningún lado visible, pero las tres criaturas estaban esperándola. A diferencia de las otras noches en los bosques, ellos estaban armados con largas y delgadas espadas que ellos trazaron con su sobrenatural gracia. Y entonces atacaron. Suerte que ella no los miró a los ojos o notó la sangre saliendo de su nariz y la presión en sus oídos. Ella simplemente pidió un escudo de fuego alrededor de su brazo y comenzó a balancear la antigua espada.

Ya sea que Graham permaneció para verla romper su primera orden, y luego la siguiente, y la siguiente, ella no lo sabía. Las tres criaturas seguían viniendo a ella, rápidas y controladas como si hubieran tenido mucho tiempo para practicar el juego de la espada, como si todos fueran una sola mente, un solo cuerpo.

Donde ella desviaba a uno, el otro estaba ahí, donde ella golpeaba uno con sus llamas y acero, otro estaba agachándose debajo para agarrarla. Ella no podía dejar que ellos la tocaran, no se podía permitir encontrar su mirada. El escudo que rodeaba la barrera ardía en su espalda, la oscuridad de las criaturas escociendo y mordiéndola, pero ella se mantuvo rme. No le había mentido a Rowan sobre eso, sobre proteger el muro.

Uno de ellos barrió su espada hacia ella, no para matar. Para incapacitar. Fue una segunda naturaleza, de alguna manera, que las amas tiró hacia abajo la hoja mientras contraatacaba, disponiendo fuego en la espada misma. Cuando se encontró con el hierro negro de la criatura, chipas azules danzaban, tan brillantes que se atrevió a mirar a la cara de la criatura para un vistazo, sorpresa. Horror. Rabia.

La empuñadura de la espada estaba caliente, confortante, en su mano, y la piedra roja brillaba como si tuviera fuego propio. Las tres criaturas pararon al unísono, sus sensuales bocas tirándose atrás para mostrar sus excesivamente blancos dientes en un gruñido. El que estaba en el medio, es que la había probado antes, silbó hacia la espada.

-Goldryn.

La oscuridad se pausó, y ella usó la distracción para enmendar sus escudos, un escalofrío serpenteando hasta su espina, incluso cuando las llamas la mantenían caliente. Ella levantó aún más la espada y avanzó otro paso.

—Pero no eres Atril, amada de la reina oscura. —Uno de ellos dijo.

Otro dijo —Y tú no eres Branon de Wil re.

— ¿Cómo es que...— Pero las palabras se quedaron atascadas en su garganta mientras el recuerdo la golpeaba, de meses atrás, una vida atrás. De un reino que estaba en el medio, de lo que vivía dentro de Caín hablándole. A ella, y Elena. Elena, la hija de Brannon. Tú fuiste traída de regreso, dijo. Todos los jugadores en un juego sin terminar.

Un juego que había comenzado en el amanecer de un tiempo, cuando una carrera demoníaca había olvidado las llaves Wyrd y las usaron para irrumpir en este mundo, y Maeve había usado su poder para desterrarlos. Pero algunos demonios habían quedado atrapados en Erilea y libraron una segunda guerra siglos después, cuando Elena peleó contra ellos. ¿Qué había de los otros, que habían sido enviados de nuevo a su reino? ¿Qué si el Rey de Adarlan, aprendiendo de las llaves, también había aprendido como encontrarlas? ¿Dónde las... dominaría? Oh cielos.

—Tú eres el Valg— Ella respiró.

Las tres cosas dentro de esos cuerpos mortales sonrieron. —Somos príncipes de nuestro reino.

— ¿Y cuál reino es ese?— Ella derramó magia en el escudo detrás de ella. El príncipe Valg del medio pareció alcanzarla sin moverse un centímetro. Ella envió un poco de fuego a él, quien retrocedió.

—Un reino de oscuridad eterna, hielo y viento— Él dijo.

—Y hemos estado esperando por un largo, largo tiempo para probar tu luz del sol otra vez.

El Rey de Adarlan era más poderoso de lo que ella podría imaginar o el hombre más tonto que haya vivido si pensaba que podría controlar estos príncipes demonios.

Sangre goteó su túnica desde su nariz. Su líder ronroneó.

—Una vez que me dejes dentro, chica, no habrá más sangre, ni dolor— Ella envió otra pared de fuego abrasador hacia ellos.

—Brannon y los otros los vencieron hasta el olvido una vez— Ella dijo, aunque sus pulmones estaban ardiendo— Podemos hacerlo de nuevo.

Rieron bajo. —No fuimos vencidos. Solo fuimos contenidos. Hasta que un hombre mortal fue lo su cientemente tonto para invitarnos de nuevo, para usar estos gloriosos cuerpos. — ¿Estaban los hombres que una vez ocuparon todavía ahí dentro? Si cortaba sus cabezas, ¿Se desvanecería las criaturas o serian desatados en otra forma?

—Si— El líder dijo, avanzando otro paso hacia ella y olfateando. —Deberías temernos. Y aceptarnos.

—Acepta esto— Ella gruñó, y lanzó una daga escondida desde su armadura hasta su cabeza. Él era tan rápido que lastimó su mejilla en vez de quedarse clavada entre sus ojos. Sangre negra uía y uía; el levando una mano blanca, luna para examinarla.

—Disfrutaré devorarte de adentro hacia fuera— Dijo y la oscuridad arremetió por ella

otra vez.

ooooooooooooo

La batalla todavía era violenta dentro de la fortaleza, lo cual era bueno, porque significaba que no habían muerto todos todavía. Y Candy estaba todavía balanceaba a Goldryn contra los tres príncipes Valg, aunque habían crecido para el momento, y el escudo detrás de ella estaba comenzando a desgastarse. Ella no había tenido tiempo para hacer un túnel en su poder, o para considerar racionarlo.

La oscuridad que los Valg trajeron con ellos continuaba golpeando la pared, así que Candy hizo escudo tras escudo, fuego ameando s través de su sangre, de su aliento, de su mente. Ella le dio a su magia rienda suelta, solo pidiendo que dejara vivo el escudo detrás de ella. Lo hizo, engullendo sus reservas.

Graham no había vuelto con la ayuda. Pero ella se dijo que el volvería, y que el ayudaría, por no era debilidad admitir que lo necesitaba, que necesitaba su ayuda y... Su espalda baja se apretó y era todo lo que podía hacer para mantener el agarre en la legendaria hoja mientras el líder de los príncipes Valg buscaba su cuello. No. Un músculo se torció cerca de su espina, girando hasta que tuvo que morderse un grito mientras ella desviaba el golpe. No podía ser un agotamiento. No tan pronto, no después de haber practicado tanto, no, un agujero desgarró el escudo detrás de ella y la oscuridad golpeó la barrera, haciendo que la magia grite. Ella lanzó un pensamiento hacia ella, y la ama lo enmendó, su sangre comenzó a martillar.

Los príncipes estaban acercándose otra vez. Ella gruñó, enviando una pared de caliente ama blanca hacia ellos, tirándolos hacia atrás, atrás, atrás, mientras ella tomaba una profunda respiración. Pero sangre salía en vez de aire. Si ella corría dentro de las puertas, ¿Cuánto duraría el último escudo antes de que cayera ante los príncipes y su antigua oscuridad? ¿Cuánto duraría cualquiera de ellos dentro? No se atrevió a mirar atrás para mirar quien estaba ganando. No sonaba muy bien. No había llantos de victoria, solo dolor y miedo.

Sus rodillas se estremecieron, pero ella tragó la sangre en su boca y tomó otra respiración profunda. Ella no se había imaginado que terminaría así. Y tal vez era lo que ella se merecía, después de darle la espalda a su reino.

Uno de los príncipes Valg rasgó con una mano la pared de ama que los separaba, la oscuridad protegiendo su carne de derretirse. Ella estaba por mandar otra explosión cuando un movimiento de los árboles atrapó su mirada.

Lejos en la colina, como si hubieran venido corriendo desde las montañas y no hubieran parado por comida o agua o para dormir, estaba un hombre imponente, un pájaro masivo y tres de los más largos depredadores que ella había visto.

Cinco en total.

Respondiendo el desesperado llamado de sus amigos por ayuda. Ellos se precipitaron a través de los árboles y sobre las rocas: dos lobos, uno negro y el otro blanco como la luna, el macho corpulento; el ave bajando sobre ellos; y un familiar gato montés corriendo detrás. Rumbo a la oscuridad que se avecinaba entre ellos y la fortaleza. El lobo negro patinó hasta detenerse mientras se acercaban a la oscuridad, detectando lo que podría hacer. El griterío en la fortaleza creció. Si los recién llegados pudieran destruir a los soldados, los sobrevivientes podrían tomar el túnel y huir antes de que la oscuridad consumiera todo.

El sudor picaba en los ojos de Candy, y el dolor se deslizo dentro de ella tan profundamente que se preguntó si era permanente. Pero no le había mentido a Graham sobre salvar vidas. Así que no se detuvo a considerar o dudar mientras mandaba los restos de su poder a los cinco amigos de Graham, un puente de ama a través de la oscuridad, separándola en dos. Un camino a las puertas detrás de ella. Para su crédito, los amigos de Graham no dudaron mientras corrían por él, los lobos liderando el camino, el pájaro, como águila pescadora, detrás muy cerca. Ella derramó su poder en el puente, haciendo rechinar los dientes contra la agonía mientras los cinco pasaban, no gastando en ella una mirada. Pero el dorado gato montés se ralentizó mientras pasaba por las puertas detrás de ella, mientras su pecho se apretaba y ella tosía, su sangre brillante en el césped.

—Él está dentro—ella tosió—Ayúdenlo— El gran gato persistió, evaluándola y su pared, y los príncipes luchando contra su ama. —Vayan.

El puente a través de la oscuridad colapsó y ella se tambaleó un paso mientras el poder negro golpeaba en ella, en el escudo, en el mundo. La sangre rugía tan fuerte en sus oídos que apenas podía oír cuando el gato montés corrió a la fortaleza. Los amigos de Graham habían venido. Bien. Bien porque él no estaría solo, de que tenía esa gente en el tosió sangre otra vez, desparramándola en el suelo, en las piernas del príncipe Valg.

Apenas se movió antes de que la golpeara dentro de sus propias amas y ella golpeó la mágica pared debajo, tan fuerte e imperdonable como si estuviera hecha de piedra. El único camino a la fortaleza era a través de las puertas. Ella golpeó con Goldryn, pero su golpe fue débil. Contra el Valg, contra el horrible poder que el Rey de Adarlan poseía, el ejército a su disposición... todo era inútil. Tan inútil como el voto que ella había hecho sobre la tumba de Nehemia. Tan inútil como una heredera para un trono roto y un nombre roto.

La magia estaba hirviendo su sangre. La oscuridad, sería un alivio comparado con el in erno latiendo en sus venas. Los príncipes Valg avanzaron y parte de ella estaba gritando, gritándose que se levantara, que siguiera luchando, que rugía y peleara contra ese horrible nal. Pero mover sus extremidades, incluso respirar, se había convertido en un esfuerzo monumental.

Estaba tan cansada.

ooooooooooooooooo

La fortaleza era un in erno de gritos y peleas y sangre pero Graham seguía moviendo sus espadas, manteniendo su posición en el túnel mientras soldado tras soldado corrían dentro. El explorador líder, Bas, tuvo que haberlos dejado entrar, Luca le dijo a Graham. Los otros semi-hadas quien había conspirado con Bas querían el poder que las criaturas ofrecían, querían un lugar en el mundo. Desde la devastación en el chico de los ojos sangrantes, Graham sabía que Bas había encontrado su final. Esperaba que Luca no hubiera sido el que lo hubiera hecho.

Los soldados seguían viniendo, hombres altamente entrenados que no tenían miedo de los semi-hadas o de la poca magia que ellos tenían. Estaban armados con hierro y no había diferencia entre jóvenes y viejos, hombres o mujeres, mientras montaron y sacrificaron.

Graham no estaba drenado, en lo más mínimo. Había peleado en más largas y peores condiciones. Pero los otros estaban ojos, especialmente con los soldados que continuaban inundando la fortaleza. Graham tiró de una espada del estómago de un soldado caído, la daga ya deslizándose por el cuello del siguiente, cuando sacudiendo golpeó las piedras de la fortaleza. Algunos de los semi-hadas se congelaron, pero él casi se estremeció de alivio al ver a los lobos gemelos bajando la escalinata y cerrando sus mandíbulas alrededor del cuello de dos soldados de Adarlan. Grandes alas batieron y luego un ceñudo hombre de ojos negros estaba enfrente de él, balanceando una espada más antigua que los ocupantes del Mistward.

Vaughan simplemente asintió hacia el antes de tomar su posición, nunca gastando sus palabras. Debajo de él, los lobos eran poco menos que letales, y no se molestaron en cambiar a sus formas de hadas mientras derribaban soldado tras soldado, dejando a aquellos que estaban detrás del hombre esperando. Eso era todo lo que Graham tuvo que ver antes de correr por las escaleras, esquivando la aturdida y ensangrentada hada.

La oscuridad no había caído, lo que signi caba que ella todavía estaba respirando, debía estar manteniendo la línea pero... un gato montés patinó hasta detenerse en el descanso de la escalera y de adelantó. Graham dio una mirada a los pequeños ojos de Gavriel y dijo:

— ¿Dónde está ella?— Graviel lo agarró del brazo. Como si lo detuviera.

—Está en una mala forma Graham, creo...— Graham corrió, moviendo a un lado a su más viejo amigo, empujando a través de los dos hombres que habían aparecido. ... Michael. Incluso Michael había respondido a su llamado. El tiempo de gratitud vendría después, y las hadas de cabello negro no dijeron nada mientras Graham corría a las amuralladas puertas.

Lo que vio más allá casi lo hizo caer.

La pared de amas estaba en jirones, pero todavía protegiendo la barrera. Pero las tres criaturas... Aelin estaba parada frente a ellos, encorvada y jadeando, la espada lánguida en su mano. Ellos avanzaron y una débil ama azul surgió ante ellos. Lo movieron con un movimiento de sus manos. Otra llama surgió y sus rodillas se doblaron.

El escudo de ama aumentó y retrocedió, pulsando como la luz alrededor de su cuerpo. Ella se estaba agotando. ¿Por qué no había retrocedido?

Otro pasó más cerca y las cosas dijeron algo que hizo que ella levantara la cabeza. Graham sabía que no podría alcanzarla, ni siquiera tenía que respirar un grito de advertencia mientras Aelin miraba la cara de la criatura que estaba frente a ella.

Le había mentido. Ella había querido salvar vidas, sí. Pero ella se había ido ahí afuera con ninguna intención de salvar la suya. Él tomó una respiración, para correr, para rugir, para convocar su poder una pared de músculos lo golpeó por atrás, tirándolo al césped. Aunque Graham movió y retorció contra Gavriel, no podía hacer nada contra cuatro siglos de entrenamiento e instinto felino clavados en él, manteniéndolo de correr a través de esas puertas a la negrura que destruía mundos.

La criatura tomó la cara de Aelin en sus manos y su espada cayó al suelo, olvidada.

Graham estaba gritando mientras la criatura la atraía a sus brazos. Mientras ella dejaba de pelear. Mientras sus amas se apagaron y la oscuridad se la tragó completamente.


*Me siento fatal con esta gripe qu desde la tarde me siento tan mal que casi estaba dudando de si publicar hoy espero que les haya gustado este Capitulo.