Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.
Epílogo
La luna de miel... bueno, la luna de miel fue maravillosa. Más que maravillosa. Edward y yo finalmente nos unimos de manera inseparable y tangible. Incluso si no hubiera sido bendecida con una memoria fotográfica en esta nueva vida, en la que fácilmente podría revivir las muchas experiencias de esta existencia, nunca olvidaría los días que se extendieron a largas noches. La manera afectuosa con que Edward me trataba, los momentos de paciencia mezclados con un amor y un amor febril, serían para siempre parte de mi consciente.
Cada parte de mi cuerpo respondía. Pero Edward me conocía mejor de lo que yo me conocía a mí misma, así que apenas dos semanas después de que iniciara nuestra luna de miel, comenzó a hacer comentarios sutiles acerca de ir a casa para que "nosotros" pudiéramos ver a Grace. Sabía que me estaba diciendo a su manera especial que estaría completamente a gusto si regresábamos antes de tiempo. Después de unos días en los que insistí en que estaba bien si esperábamos, él me simplificó las cosas.
–Bella –me susurró entre besos, acariciando con sus dedos la parte posterior de mi cuello –el verano terminará antes de que te des cuenta. Ahora sería un momento perfecto para tenerla con nosotros –él ronroneó –vamos a recogerla de camino a casa y luego podremos planear algunas cosas para que su visita sea emocionante –pequeños escalofríos recorrieron mi espina dorsal por sus dedos que continuaban haciendo su magia en mi espalda. Mi mente pensó rápidamente en todas las posibilidades hasta que sus besos y sus manos sobre mí hicieron que mi mente vagara hacia otros lugares...
Finalmente accedí porque en realidad extrañaba muchísimo a Grace y para la mañana siguiente Edward y yo estábamos de camino a Seattle para recogerla en la habitación de Jake. Ella estaba tan feliz de verme como yo de verla. Edward le trajo algunos recuerdos de nuestros viajes y él se deleitó mucho mostrándole todo, mientras Jake y yo definíamos los planes para que ella se quedara.
–Bella, ha hablado sobre ti y los Cullen sin parar –bromeó.
Sonreí.
–Ellos la adoran, ¿sabes?
Por más que lo intentó, Jake no pudo evitar sonreír.
–No son tu tipo usual de chupa- –tosió e intentó de nuevo –familia –su rostro parecía dolido por el esfuerzo que había hecho para poder decir esa palabra, pero sus ojos estaban llenos de alegría.
Ambos nos reímos cuando Grace vino corriendo hacia su padre para mostrarle todos los regalos que le habíamos traído. Jake arqueó una ceja, examinando su nuevo botín, su cabeza se movía de lado a lado al darse cuenta de que la mal crianza había continuado.
–Hablaré con todos sobre eso, justo como prometí que lo haría –le ofrecí dócilmente.
Jake asintió y alzó a Grace para darle un abrazo fuerte y susurrarle al oído cuánto la amaba y que fuera una buena niña por "Mami". Ella lo abrazó tan fuerte como pudo y le aseguró que también lo extrañaría.
El verano fue maravilloso. No recuerdo haberme sentido tan completa y definitivamente feliz. Grace se quedó con nosotros la mayor parte de julio y luego Edward y yo la devolvimos a Jake y nos mudamos a Seattle, donde podíamos verla todas las semanas. El verano pasó demasiado rápido y, de repente, llegó el momento estándar de compras de regreso a clases, horarios y normalidad. Alice respetuosamente preguntó si podría enviarle algo de ropa para la escuela, lo cual permití, dado que no eran prendas extravagantes ni más de lo que ella necesitaría.
Alice le envió dos atuendos adorables, uno de color lavanda con un suéter a juego para cuando el clima se volviera aún más frío de lo que ya era en septiembre. El otro era algo que estaba bastante segura, ella había comprado bajo coacción: brillante, esponjoso y como ella lo llamaba, perfecto. Pero creo que ella sabía que a Grace le encantaría, y así fue. Lo usó el primer día de clases, prometiendo volver a usarlo para la foto escolar. Ella lo habría usado todos los días y también como pijama si mamá Megan no hubiera llamado a Alice para pedirle que le explicara a Grace que una verdadera fashionista nunca usaría el mismo atuendo dos días seguidos.
Volvimos a nuestra rutina habitual: videoconferencias, llamadas telefónicas y visitas frecuentes. Nunca era igual a tenerla tiempo completo, pero nos adaptamos. Edward y yo hacíamos un uso excelente de nuestro tiempo a solas, cazábamos en lugares hermosos y pintorescos. Corríamos, nos reíamos y nos divertíamos todos los días.
Pero conmigo siendo Bella, llegó un momento en que no todo en nuestras vidas era felicidad...
Alice comenzó a tener visiones vagas, casi brumosas de mí en un lugar soleado. No pasó mucho tiempo antes de que Jake llamara para avisarme que el tiempo de Renee se estaba acabando. Consideró llevar a Grace a verla, y finalmente decidió llevarla en avión para una visita rápida el fin de semana para despedirse.
–Bella –susurró Edward mientras yo colgaba el teléfono –tú también deberías ir
Giré mi cabeza hacia él completamente sorprendida.
–¿Yo? No puedo ir
Él frunció los labios.
–Tal vez podríamos arreglar las cosas para darte la oportunidad de despedirte también –él me miró atentamente, sin pestañear, esperando una respuesta.
Negué con la cabeza.
–Edward, ella cree que ya estoy muerta. Esto solo la entristecería
Edward negó con la cabeza, lentamente, con un propósito.
–Piénsalo. Toma la decisión de ir. Tal vez Alice tenga una visión y te ayude a decidir. No puedes mirarla desde lejos una vez que termine. Es ahora o nunca
No podía debatir eso. Me forcé a decidir que iría y la escuché responder en voz baja y reverente desde la otra habitación.
–Podría funcionar, Bella. Podemos ayudarte haciendo guardia. Entraremos a escondidas por la noche, encontraremos una distracción para Phil y podrás tener un poco de tiempo con ella
–¿Y qué pasa si ella habla después de que me vaya? Eso despertaría sospechas, ¿no? –argumenté sin mucha convicción. Decir que no estaba intrigada por la proposición hubiera sido una completa mentira, yo quería hacer esto desesperadamente.
Jasper apareció en ese momento, sosteniendo casualmente la mano de Alice cuando entró. Traté de bloquear mis verdaderos sentimientos, pero la mirada en los ojos de Jasper me dijo que era demasiado tarde.
–Ella realmente quiere ir –dijo con una sonrisa irónica que subía por las comisuras de su boca.
Entonces quedó decidido. Alice, Edward y yo tomamos el primer vuelo a Florida al día siguiente. A pesar de que viajamos a finales de otoño, Florida se burló de nosotros con sus días omnipresentemente soleados que nos obligó a viajar bajo la seguridad de la oscuridad.
Estaba a punto de anochecer cuando creamos la distracción para alejar a Phil del hospital por un tiempo. Habíamos "irrumpido" en su casa y un vecino llamó a Phil, alertándolo sobre la intrusión. Hicimos muy pocos daños, solo rompimos una ventana y la cerradura de la puerta. Pero entre la presentación de la denuncia y el papeleo que debía hacerse por parte del seguro, sabíamos que tendría algo de tiempo con Renee.
Su cuerpo estaba tan frágil y quieto en la cama. Incluso viviendo tiempo completo en la luz del sol, su piel tenía una palidez enfermiza que hizo que mi aliento se atorara en mi garganta cuando enfoqué toda mi atención en ella. Mi aguda vista observó cada centímetro de piel deshidratada y seca y cada línea inusual en su rostro cansado. Sentí la mano de Edward serpentear alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia él mientras me daba un beso en la parte superior de mi cabeza. Él también podía ver los cambios drásticos en ella. Edward revisó su historia clínica.
–No tiene ningún dolor. La están haciendo sentir lo más cómoda posible. No te preocupes por cansarla, la medicación es lo que la tiene cansada –él estaba a su lado mirándola tiernamente.
–Sus sueños son pacíficos. Está sentada junto al agua, sonriendo y llenándose por completo de luz del sol –dijo en voz baja. Hizo una pausa y luego sonrió con mi sonrisa favorita –ahora ella está pensando que estás allí con ella –susurró él.
Con un apretón final y la promesa de que estaría vigilando en el pasillo, me dejó a solas con mi madre y Alice susurró desde el pasillo.
–Tienes mucho tiempo
Toqué su mano ligeramente y mi toque frío causó que se moviera entre sueños.
–Hola, mamá –me atraganté emocionalmente, con la esperanza de que mi tristeza involuntaria no fuera tan obvia para ella en su estado de somnolencia.
Me quedé allí por un momento con su mano en la mía, pensando en los recuerdos que todavía tenía de ella. Sus ojos se abrieron y, luego de tomarse un momento para enfocar lo que veía, me vio de pie junto a su cama. Ella sonrió.
–Debo estar soñando, Bella. Pero eres un espectáculo para estos ojos adoloridos –se rio suavemente.
–Los sueños pueden ser buenos, mamá –le dije, sonriéndole.
–¿De verdad estás aquí? –susurró con esperanza.
–Sí, mamá. Estoy aquí. Pensé que te gustaría tener algo de compañía –agregué ligeramente.
–Eres más hermosa de lo que recuerdo –dijo con nostalgia –pero tu mano está muy fría. Apaga el aire acondicionado –instruyó con la voz maternal que solía utilizar cuando era pequeña.
–Está bien, mamá. Me voy a calentar después de un tiempo
Su ceño se arrugó y luego su sonrisa adquirió una belleza desconcertada.
–Acabo de ver a Grace… se parece tanto a ti. Debería haberla visto más después de que tu –se detuvo, apretando más fuerte mi mano y enfocando sus ojos en mí con atención. Luego, tan rápido como se fue, su sonrisa volvió y sacudió la cabeza suavemente –Estarías muy orgullosa de ella, Bella bebé –comentó. Sus ojos perdieron su enfoque y su respiración se dificultó un poco. Apreté su mano tan humanamente como pude.
–¿Estás cómoda, mamá? –susurré y recé para que la respuesta que ella me diera fuera una con la que pudiera vivir.
–Oh, sí, Bella. Los médicos nos cuidan muy bien a mí y a Phil –miró a su alrededor y su sonrisa se convirtió en un ceño fruncido.
–Phil regresará. Solo tuvo que ir a casa por un minuto. Me quedaré contigo hasta que él regrese –le aseguré y su cara se relajó visiblemente.
Hablamos de todo y de nada. A veces se quedaba dormida por un minuto, pero luego buscaba coherentemente y se aseguraba de que yo realmente estuviera allí.
Escuché a Edward susurrarme.
–Bella, te quedan unos cinco minutos. Lo siento, no podemos hacer más tiempo
Miré a mi madre, sabiendo que sería la última vez que escucharía su voz, tocaría su mano, vería su sonrisa.
–Es hora de irme, mamá
Su sonrisa se desvaneció.
–Bella, ¿tienes que hacerlo?
–Sí, mamá, pero Phil estará aquí pronto y no estarás sola –luché por mantener mi voz calmada y equilibrada.
–Bella, ¿qué te pasó? ¿A dónde fuiste? –preguntó mi mamá en voz baja.
Le dije la verdad, o una versión de ella.
–Realmente nunca me fui, mamá. Pero te extrañé –se me cortó la voz –cada día
Ella asintió atontada.
–¿Eres feliz? –ella me miró, expectante esperando una respuesta, buena o mala.
–Mucho. Puedo asegurarte que estoy muy bien cuidada y muy feliz –respondí.
–Bien. ¿Te veré de nuevo? –preguntó ella con sus párpados pesados. Empecé a aumentar el flujo de medicamentos del catéter, como Edward me había enseñado. Él pensó que si ella estaba dormida cuando Phil regresara, él pensaría que ella había soñado conmigo.
Mentí.
–Por supuesto. Siempre estaré aquí si me necesitas, mamá
–Te amo, Bella. Te he extrañado mucho –diminutas lágrimas brotaron de sus ojos –estoy tan cansado –lloró suavemente.
–Yo también te amo, mamá. Solo duerme. Te sentirás mejor –le respondí y luego me incliné rápidamente para darle un beso de despedida, pero ella ya se había quedado dormida.
Salí de la habitación hacia los brazos de Edward y Edward y yo escapamos rápida e inadvertidamente. Lloré silenciosamente y sin lágrimas durante todo el viaje de vuelta al hotel. Edward tomó mi mano y me dejó llorar la pérdida de mi madre. Alice se quedó atrás para asegurarse de que todo saliera bien después de mi visita.
Mamá murió una semana después. No hubo ninguna ceremonia especial, solo la cremaron y Phil esparció sus cenizas en el océano. Edward, Alice y yo observamos desde un bote en alta mar. Mi luto duró meses. Años realmente.
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Jake y yo hicimos un trabajo razonablemente bueno criando a Grace. No había dudas en su mente de que ella era amada. Los años pasaron rápidamente y Grace pasó de ser una niña precoz a una preadolescente. Fue entonces cuando me enfrenté a una elección increíblemente difícil.
Grace era muy consciente del linaje de su padre. Ella había visto a los lobos y comprendió que la historia de los Quileute no era solo una leyenda. También sabía en lo que se había convertido su madre… esa había sido una conversación extraña. Pero ella eventualmente lo aceptó y seguimos con nuestras vidas como de costumbre. Jake y yo discutimos sobre esta decisión, pero finalmente gané la pelea, aunque ganar no fue exactamente algo bueno.
–¿Qué quieres decir con que no puedo ir a verte este verano? –preguntó Grace.
–Grace, debería haber sido más directa este último año, pero simplemente no sabía cómo decírtelo –le contesté con firmeza, decidida a no mostrarle cuánto me estaba matando el no poder verla.
–Entonces, ¿cuándo podré verte de nuevo? –su tono era insistente.
–Grace, cariño, no es tan simple –ya podía sentir que mi resolución se desvanecía.
–Mamá, no lo entiendo –ella me miró como si pudiera leerme como un libro abierto. Ella sabía que estaba vacilante, no podía luchar contra ella. Estar sin ella en su infancia había sido muy doloroso, pero necesitaba que ella cooperara, que ella entendiera.
Entonces, le conté los detalles, explicándole que tendríamos que tomar un descanso de vernos. Le expliqué cómo se sintió su padre cuando se convirtió en un hombre lobo debido a todos los vampiros que vivieron en el área por tanto tiempo. Le conté algunos de los recuerdos que había retenido sobre los primeros meses después de que él entró en fase. No podía soportar ese legado para ella, ella merecía tener una vida libre de destino, excepto el que ella eligiera para sí misma. Había experimentado que me quitaran las decisiones esa fatídica noche en la escuela y no quería que tuviera que lidiar con algo tan remotamente difícil.
No hubo vampiros en la Península Olympic durante varios años (excepto nosotros y nunca abandonamos el área de Seattle). Los niños de la tribu habían dejado de entrar en fase y, aunque la manada era enorme, los números no habían aumentado. No iba a ser la responsable de aumentar el tamaño de la manada, o peor, ser responsable de que mi propia hija entrara en esa nueva "vida".
Grace sollozó cuando finalmente se dio cuenta de que pasaría un buen tiempo antes de que pudiera estar físicamente con ella otra vez. Ya no pelaba conmigo, pero fue doloroso entender que esto tenía que pasar. Jake y yo pensamos que si esperábamos hasta que tuviera veinte años, podríamos tener la oportunidad de que ella fuera una simple humana. Pero aún faltaban ocho años para eso.
Grace lloraba por teléfono todos los días e incluso las videoconferencias se volvieron un desafío después de un tiempo. Simplemente no era lo mismo. Nos extrañábamos la una a la otra, nos necesitábamos la una a la otra. Edward nunca discutió conmigo sobre mi elección, pero sé que pensaba que estaba siendo sobre protectora. Eso era toda una ironía, viniendo del hombre que inventó el concepto.
Alice estaba furiosa conmigo, pero nunca desafió mi elección. Ella amaba a Grace y la echaba de menos, por lo que la llamaba a menudo y "aparecía" cuando yo hablaba con ella en línea.
Mi separación autoimpuesta duró dieciocho meses al recibir una llamada frenética de Jake diciendo que Grace había sufrido un accidente automovilístico y que tuvo que ser trasladada en helicóptero al centro de traumatología más cercano para recibir atención. Ella estaba en la UCI con lesiones múltiples. (Alice estuvo furiosa consigo misma por no haber visto a Grace en peligro, pero Grace estaba con los miembros de la manada cuando sucedió, por lo que estaba ciega a lo que venía y, aunque le recordé eso, se culpó a sí misma durante años). Ni siquiera dejé que Jake terminara su frase antes de exigir saber dónde estaba. Edward y yo manejamos por las autopistas de Seattle a una velocidad vertiginosa, incluso me sorprendió llegar al hospital con el auto intacto. Creo que Edward rompió su propio récord de exceso de velocidad ese día. Jake nos recibió en la entrada.
–Solo llévame con ella –le supliqué y Jake nos guio.
Grace era alta para su edad, pero su cuerpo se veía frágil y débil en la cama. Mis recuerdos regresaron a Renee antes de que ella muriera y cuán similares se veían ahora las dos. Grace ni siquiera respiraba por sí sola. Por un breve momento, me pregunté si hubiera sido mejor para ella ser una mujer lobo para que sanara rápidamente, pero rápidamente deseché esa idea, crucé la habitación y la llamé por su nombre. Sus ojos se abrieron, me vio de pie al lado de su cama y comenzó a llorar suavemente.
–Mamá está aquí –le dije quitándole un mechón de pelo de la frente.
Ella mejoró dramáticamente los días siguientes y tuve que lidiar con la idea de irme de nuevo.
–Bella, es obvio que tu presencia está mejorando su estado de salud. No puedes irte ahora –argumentó él.
–Ella mejorará conmigo o sin mí –respondí, aunque mi voz traicionó mi propio razonamiento.
Edward arqueó una ceja hacia mí.
–Realmente no crees eso –él tomó mi cara en sus manos, deslumbrándome, pero me retiré rápidamente.
–Hemos pasado por todo esto. No puedo arriesgarme –repliqué.
–Y yo no puedo arriesgarme a tener una esposa que amo lamentando su decisión por toda la eternidad si Grace empeora –su sonrisa suave estrujó mi dolorido corazón.
Y ese fue el final de nuestra separación.
Carlisle consultó con los médicos y, aunque se esperaba que se recuperara por completo, necesitaría una terapia bastante extensa para volver a como había estado antes del accidente. Toda la familia se mudó a Seattle desde la costa este. Edward y yo tomamos turnos con Jake y Megan para cuidar a Grace y ayudarla a luchar para que volviera a ser la saludable adolescente que había sido antes.
Milagrosamente, Grace nunca entró en fase. Carlisle pensó que podría ser porque ella y yo compartíamos ADN. Emmett dijo que era porque ella era tan terca como yo. Megan pensó que era porque nuestro aquelarre y su manada ya no eran enemigos hostiles. Yo, simplemente estaba muy agradecida de que tuviera opciones en su vida. Ella era humana y tenía toda su vida por delante. Ahora entendía el deseo de Edward de mantenerme humana mucho más profundamente, y ese deseo se cumpliría en mi hija.
Pero no todo fue color de rosa. Cuando Grace creció, Jake, Edward y yo tuvimos problemas parentales. Edward finalmente se ganó el respeto de Jake, aunque tomó un esfuerzo sobre humano. Jake siempre tuvo un corazón noble y comprensivo. En realidad, le tomó un gran aprecio a Esme y a la forma en que ella era una verdadera abuela para Grace. Se comprendieron en silencio y Esme extendió su amor maternal a Jake al igual que con sus otros "hijos". La alianza entre el aquelarre de vampiros y la manada de hombres lobo finalmente creció fuerte y más estable, todo por una pequeña niña.
Grace y yo éramos especialmente cercanas. Ella nunca divulgó mi secreto, ni siquiera con los demás en la manada. Creo que mantener ese secreto puede haber sido difícil para ella, pero ella nunca lo demostró. Sé que ella hizo sacrificios para pasar tiempo conmigo y con el resto de los Cullen, pero ella no era de las que se preocupaban. Ni siquiera puedo empezar a contar las veces en que la animé a quedarse en La Push para pasar tiempo con sus amigos, en lugar de ir a verme los fines de semana o días festivos. Muchas veces insistía y ella cedía. Se convirtió en adulta mucho antes de que su cara ya no se viera de bebé y antes de que la fascinación femenina por el brillo y el rosa dieran paso a aficiones más maduras.
Edward y Jake a veces no estaban de acuerdo en la forma de criar a Grace. Edward se consideraba el padre de Grace, no al mismo nivel que Jake, por supuesto, pero estaba tan interesado en su bienestar como Jake y la amaba con una ferocidad que me recordaba su protección cuando se trataba de mí en los primeros días.
Algo especialmente humorístico, ahora que han pasado muchos años, fue en el cumpleaños número 16 de Grace. Siendo el aficionado a los carros que es Edward, tuvo mucho cuidado al seleccionar el "primer" auto para Grace, sin consultarme. Él había hecho una "investigación" y consideró que esto era algo que un padre haría por su hija. El único problema era que realmente no había considerado la reacción de Jake ante un regalo tan extravagante.
¿Cuál fue el "primer" auto de Grace que él eligió? El último modelo de la mejor línea de deportivos de Volvo, completo con el sistema de sonido de última generación y todas las características de seguridad disponibles, así como algunas mejoras que Rosalie agregó antes de que el automóvil fuera enviado a La Push, con un gran moño lavanda atado en la parte superior.
Grace estaba extasiada, Jake, no tanto.
–Bella –él estuvo a punto de ladrar en el teléfono –¿Alguna vez se detuvo a pensar que tal vez yo quería regalarle un auto? ¿Acaso se le pasó por la cabeza? Y este auto es más que extravagante. Es más bonito que cualquier otro auto en la reserva, incluido el mío. ¿En qué demonios estaba pensando?
Cuando hablé con Edward, su respuesta me sorprendió. Él estaba arrepentido, pero cuando le pregunté por qué eligió un automóvil tan costoso para ser el primero de una conductora novata, casi me doblo de la risa.
–Ella es tu hija, Bella. Ella es nuestra hija. Su seguridad es mi prioridad cuando se trata de ella. Y en cuanto a la extravagancia como la llamas –continuó, poniendo los ojos en blanco –es usado. Qué tan extravagante puede ser un auto usado ¿verdad? –él casi puso los ojos en blanco con exasperación.
Como dije, eso me hizo reír. Lo admito.
Los tres acordamos que a partir de ese día discutiríamos todas las compras "grandes" para ella. Jake cedió y dejó que Grace se quedara con el auto, acordando que tales obsequios extravagantes no serían la norma, sino la excepción. Jake explicó el gasto diciendo que usaron la venta de partes usadas para ayudarla a comprar su primer vehículo.
Fuimos mucho más cuidadosos después de eso. Siempre supe que Edward era generoso, incluso extravagante, en sus obsequios. Sin embargo, siempre eran significativos. Me enteré años más tarde que ayudó a Ben Cheney y a Angela a reunirse, y que terminaron casados con dos pequeños hijos propios. Emmett me contó ese pequeño secreto.
Para lo que no estaba preparada era para algo que Alice me reveló unos años después de que Edward y yo nos casáramos y toda la familia se mudara a un nuevo destino.
Estábamos desempacando, algo que no toma mucho tiempo siendo vampiros. Sin embargo, en este caso, era la ropa de Alice, así que nos movimos a un ritmo mucho más humano.
Alice se rió entre dientes, sacudiendo la cabeza.
–Edward. Esto tiene tu sello personal por todos lados
Ahora, Edward no estaba cerca. Él y los muchachos habían ido a recoger los muebles almacenados que la familia había enviado a destinos desconocidos.
–¿Alice?
Ella me miró con ojos inocentes, y me di cuenta de que había revelado algo de lo que yo no debería haberme enterado.
–¿Bella? –preguntó ella como si no tuviera idea de qué le estaba preguntando.
La miré fijamente con mis cejas levantadas, esperando una respuesta. Yo era tan terca como ella era persistente.
Finalmente, su cara suave estalló en carcajadas.
–Edward no estará contento por esto, pero creo que deberías saber que Edward siempre está trabajando en 'proyectos' –sus comillas en el aire despertaron mi interés.
Alice continuó, aparentemente sin tomar aliento, para contarme todo sobre el último interés de mi esposo.
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–Entonces, se puso en contacto con un investigador privado. Parece que se casaron y ya están esperando su primer hijo –continuó.
Ellos eran John Riley y Terri, la pareja que fue parte de toda esta aventura cuando aún enseñaba en la universidad. Él los había "ayudado" con una casa y les había "encontrado" "becas" para que pudieran continuar estudiando sin acumular ningún tipo de deuda y todo lo hizo a través de uno de los frentes de la compañía desde la cual, los Cullen solían hacer grandes transacciones.
Cuando Edward regresó a casa, lo intercepté y lo llevé a nuestra habitación y pasamos toda la tarde haciendo el amor. Parecía confundido, pero nunca sospechó que yo sabía algo, especialmente desde que bloqueé los pensamientos de Alice para que él no pudiera leerlos.
Eventualmente, Grace terminó la escuela secundaria y entró a la universidad. Ella también se enamoró.
De la última persona que quería que lo hiciera...
El hijo de Sam Uley, Michael, fue compañero de clase de Grace durante la secundaria. Él era unos meses mayor que ella: guapo, educado, fuerte e inteligente. A medida que crecía, Grace pasó de llamarlo "una molestia" a "un amigo", a alguien con quien tuvo su primera cita. Traté de no entrar en pánico y yo trataba de convencerme de que cuando ella dejara la reserva para ir a la universidad, sus gustos cambiarían y se fijaría en alguien más.
Ay, estaba muy equivocada.
Ella ingresó a la universidad, pensando que quería ser maestra, hasta que tomó una clase de biología avanzada. Se enamoró de la carrera y empezó a estudiar ingeniería biomédica. Carlisle estaba emocionado y la ayudó con los proyectos, nunca le dio las respuestas, sino que la guiaba ligeramente en la dirección correcta.
Michael la siguió a la universidad, después de terminar sus clases preuniversitarias. Cuando los vi juntos, lo cual era raro ya que mantenía la mayor distancia que podía para evitar que un miembro ajeno a la familia entrara en fase, sabía que estarían juntos por un buen tiempo. Después de suplicar y defender su caso, Grace me convenció para que llegara a conocerlo mejor. Michael era dulce y pude ver su atracción hacia él. Sabía que era solo cuestión de tiempo.
Michael le pidió a Jake la mano de su hija, antes de preguntarle a Edward por teléfono. Jake estaba satisfecho con su yerno y sabía que él cuidaría bien de su pequeña niña. Edward estaba un poco abrumado por ser considerado lo suficiente como para ser incluido en el rito de pedir permiso. En lo que a mí respecta, solo sonreí y abracé a mi bebé cuando ella me mostró el anillo y me pidió ayuda para planear su gran día.
Se casó en la pequeña capilla entre Forks y la reserva, pero lamentablemente no podía asistir. A excepción de Jake y la manada, todos sabían que estaba muerta. No había forma en que pudiera sentarme al frente y ver a mi pequeña y futuro yerno intercambiar sus votos. Grace se entristeció, pero la convencí de que era lo correcto ya que la mayor parte de su vida real estaba allí y yo quería que ella viviera el cuento de hadas. Ella dijo que no sería lo mismo y no me habló por días.
Jake intervino y se le ocurrió un plan. Yo asistiría a la boda, pero me iría discretamente justo antes de la recepción. Edward no estaba emocionado de que yo estuviera sola con una manada de hombres lobo, pero creo que estaba más decepcionado por no ver a Grace caminar por el pasillo.
Jake a regañadientes nos permitió asistir a los dos y Alice se puso a trabajar en la planificación de una segunda ceremonia más sencilla para que los Cullen celebraran. Nuevamente, el compromiso ayudó a todos a celebrar este siguiente paso en la vida de Grace.
Después de cuatro años de matrimonio, Grace y Michael comenzaron sus maestrías y en un viaje al extranjero durante un receso de verano, Michael se cayó durante una expedición escalando una montaña. Estuvo en el hospital durante tres días, pero incluso Carlisle sabía que no había esperanza. Silenciosamente falleció, con Grace sosteniendo su mano, mientras ella lloraba en silencio. Mi corazón se rompió por ella. Y ella nunca volvió a ser la misma.
Grace terminó su postgrado y vivió con nosotros por un tiempo. Vivir cerca de sus recuerdos con Michael era demasiado difícil, pero con el tiempo, ella volvió a una rutina.
–Grace, no te mataría salir a conocer gente –le regañé, sosteniendo la información de una fiesta en mi mano.
Grace sonrió tristemente.
–Mamá, tenía a Michael. Tenía lo mejor. Lo extraño –su triste rostro me suplicaba que lo dejara ir.
Dejé que el folleto flotara en la basura.
Grace se convirtió en un ingeniera muy exitosa y productiva. Ella viajó por todo el país, a veces también fuera del país, trabajando en proyectos. Carlisle y Edward fueron generosos, proporcionando dinero para sus investigaciones cuando era necesario, sin que Grace lo supiera. Todavía la veíamos mensualmente y hablamos por teléfono casi todos los días. Ella tenía un gran grupo de amigos y volaba a su casa en la reserva cada algunos meses para ver cómo estaba su padre.
Nuestra relación se volvió más humana. Edward y yo no asistíamos a la universidad ni a la escuela secundaria en ninguna parte. Descubrimos que era más fácil estar disponible para Grace si nos concentrábamos en nuestro horario diario, pero nos mantuvimos ocupados. Viajamos, pasamos tiempo con la familia y trabajamos desde el anonimato en causas benéficas.
Jake murió cuando tenía 87 años. Meghan había muerto de un derrame cerebral un año antes. Edward podía ver en sus pensamientos que él se estaba rindiendo. Se volvió más como un caparazón que como el robusto Jacob con el que había pasado tanto tiempo. Y no necesitaba leer su mente para ver cuán perdido estaba sin ella. Edward se aseguró de que un grupo de enfermeras cuidara bien de él, asegurándose de que estuviera cómodo. Estuve allí con Grace y con Matthew cuando él murió y los consolé a los dos. Esperé hasta que estuve a solas con Edward más tarde y me abrazó mientras guardaba luto por la pérdida de mi mejor amigo.
Matthew se convirtió en jefe de policía y él y su esposa tuvieron dos hijos, que habían abandonado la reserva para seguir sus carreras. Los números de la tribu disminuyeron, pero las viejas costumbres y tradiciones continuaron.
Grace se retiró cuando tenía setenta años. Pasó algunos años viajando, a veces nos uníamos a ella, pero sobre todo ella era aventurera y hacía cosas por sí misma. Ella nos enviaba postales y a veces volaba para sorprendernos. Por lo general, Alice nos decía que estaba en camino, pero a veces, Alice nos permitía disfrutar de la emoción de una visita inesperada de nuestra chica.
Cuando Grace pasó mi edad humana, cuando noté cada arruga, cada pequeña hebra de cabello blanco que se destacaba en su melena negra, mi estómago se apretó. Eran recordatorios de que no la tendría para siempre.
–¿Te molesta? –le pregunté un día y de inmediato deseé poder retractarme.
–¿Qué cosa me molesta? –respondió ella sin levantar la vista del periódico.
Me aclaré la garganta antes de responder.
–Que no estoy envejeciendo
Grace levantó la vista de su periódico, antes de doblar las páginas abiertas.
–¿Estás diciendo que necesito ir al salón de belleza? –ella bromeó antes de guiñarme un ojo. Capté la juguetona sonrisa de Jacob en sus ojos.
Pero todavía le di esa mirada de madre exasperada.
–Así que no te molesta que, en lugar de verme como tu madre, eventualmente me vea como tu hija
Grace frunció sus labios.
–Mamá, no me importa cómo se ve ninguno de nosotros. Estoy agradecida de tenerte. ¿Quieres ver una película? –ella continuó leyendo el Times.
Forcé una sonrisa, pero mi corazón no palpitante todavía se llenaba de miedo cada vez que veía una nueva arruga o una cana.
Cuando Grace cumplió 90 años, lo celebramos con una gran fiesta. Pensé en la horrible fiesta de cumpleaños que Alice me había organizado décadas atrás, pero esta era mucho más discreta. Pastel de cumpleaños, boletos para el teatro y globos... sin accesorios de vidrio ni obsequios molestos que pudieran causar caos.
Grace se mudó con nosotros no mucho después de eso. Se mantuvo sola por un tiempo, pero se podía ver la ralentización en sus movimientos, cómo le costaba dormir y su naturaleza a veces olvidadiza.
Edward fue implacable.
Él tomaba sus signos vitales varias veces cada hora y, con la ayuda de Carlisle, equipó la casa con todo lo que ella pudiera necesitar, incluidos equipos médicos y medicamentos. Durante el año siguiente, la familia volvió a vivir junta. No habíamos vivido de esta manera por algún tiempo y necesitamos un tiempo de adaptación para convivir todos bajo el mismo techo, esto ayudó mucho a Grace. Le encantaba ver a Alice y Rosalie y todavía veía a Esme como una abuela. Los chicos la entretenían con luchas o historias de los viejos tiempos.
–Grace, ¿estás lista para comer? –entré con una bandeja con algunas de sus comidas favoritas, con la esperanza de tentarla.
–¿Podemos hablar por un momento? –respondió ella, pero su voz sonaba cansada.
Tomé una respiración superficial.
–Creo que deberías comer y luego, tal vez después de una siesta, podamos charlar un rato –esperaba que mi tono fuera firme.
Ella me devolvió la mirada traviesa, mientras sonreía.
–Mamá, tengo noventa y dos. Creo que finalmente tengo la edad suficiente para tomar mis propias decisiones –bromeó.
Me detuve y le propuse un trato.
–Tú comes y nosotras podemos charlar. ¿Sí? –pregunté.
Fue como en los viejos tiempos. Nos reímos y hablamos, sobre todo y nada. Ella me confesó lo mucho que extrañaba a Michael, antes de que algunas lágrimas silenciosas cayeran. La animé y cambié de tema hasta que terminó su almuerzo y se cansó. Ella se durmió y la arropé, como lo había hecho innumerables veces antes. Su claridad me entusiasmó, pero también sabía que muchas personas tenían esa explosión de energía, que normalmente era seguida de un declive serio o...
No me permitiría terminar esa idea.
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–Bella, creo que debemos hablar –el tono de Edward fue tan silencioso y sombrío que casi me pierdo lo que dijo.
Le rodeé la cintura con los brazos, abrazándolo con fuerza antes de mirar su mirada dorada.
–¿Qué pasa?
Lo que dijo luego me desconcertó.
–Grace –respiró hondo –no le queda mucho tiempo. Carlisle y yo hemos hablado y no estamos de acuerdo, pero dijo que era una decisión que debíamos tomar y que respetaría lo que decidiéramos
–¿Decidir qué? –le pregunté
–A Grace solo le quedan días y te hago la pregunta y dejo en tus manos la decisión ¿Quieres que la transforme?
La respiración en mis pulmones salió de mí. ¿Transformarla? Solo había dejado que mi mente se detuviera en esa elección unas pocas veces durante la vida de Grace y la respuesta era simple.
–No
–¿NO? –repitió Edward.
–No –mi respuesta fue silenciosa. Quité mis brazos de alrededor de su cintura, le di la espalda y volví a guardar los pocos víveres que había escogido para Grace esa tarde.
Sentí sus manos poner mi pelo hacia atrás, mientras él me frotaba los hombros.
–Bella, a ella le quedan días, tal vez dos semanas como máximo. Yo podría transformarla. Carlisle dijo que no me ayudaría a hacerlo, pero que me ayudaría a controlarla mientras ocurría el cambio. Todavía se vería de la edad que tiene, pero sus enfermedades y la debilidad se irían. Volvería a ser fuerte y todos podemos ayudarla a adaptarse a su nueva vida. Podría quedarse contigo, con todos nosotros, para siempre
¿Días? La idea me cerró la garganta, pero sabía que transformarla no era una opción.
–No, Edward. Ella vivió la vida que se suponía debía vivir. Su destino no es convertirse en una de nuestra clase, ni siquiera nosotros deberíamos haber sido transformados. No puedo transformarla
Como si fuera una señal, Grace apareció en la entrada. A lo largo de los años, ella me había preguntado sobre mi estilo de vida, cómo había sido el cambio, si extrañaba no poder dormir y ¿qué extrañaba de ser humana?
Ella arrastró los pies con su andador.
–Grace, no deberías estar fuera de la cama –la regañé.
Ella me hizo un gesto con la mano.
–Los escuché hablar a los dos. ¿Transformarme?
Edward asintió.
–No, eso no es para mí
Edward parecía triste, pero decidido.
–Hemos visto muchas cosas en nuestra vida. ¿No te gustaría tener más tiempo? –él le hizo la pregunta y su confianza en su sugerencia parecía abrumadora.
–No. Tuve una gran vida con una familia increíble. Y extraño a Michael –se interrumpió con un suave sollozo. Edward la levantó mientras ella comenzaba a llorar y la llevó de vuelta a la cama.
Los siguientes días pasaron en vigilia alrededor de Grace, con todos nosotros sentados con ella hablando mientras ella comenzaba a irse de este mundo. Edward y Carlisle monitorearon sus signos vitales, asegurándose de que estuviera hidratada y cómoda.
Grace estaba a dos semanas de su noventa y tres cumpleaños cuando se fue de este mundo al otro. Sostuve su mano cálida en las mías frías y escuché el último latido que haría su corazón. Toda la familia, excepto Edward, me dieron sus últimos momentos a solas. Me senté a su lado suavemente, abrazándola hasta que Edward apagó todas las máquinas, ordenando la improvisada habitación de hospital en nuestra casa.
Llamamos a la funeraria y Jasper se ocupó de la documentación. Hicimos un homenaje a sus deseos y la cremamos; luego, su urna fue enterrada junto a la de su Michael.
Hice todo lo que pidió y la preparé para su último lugar de descanso, tranquila pero decidida a cumplir las promesas que le había hecho cuando todavía estaba viva.
Después del funeral, la familia regresó a la casa, sombría y tranquila. La casa se sentía vacía, incluso con todos nosotros allí. Fui directamente a nuestra habitación y me tumbé.
Me quedé allí por casi seis meses.
Al principio Edward cedió a mi dolor. Pasó horas en la habitación conmigo, se iba solo para cazar y corría de vuelta a mi lado. Él me hablaba, pero yo nunca respondía. Me traía sangre fresca de animal, pero la rechazaba. Él me tocaba, pero yo no respondía. Esto continuó, pero su paciencia no disminuyó.
Por un tiempo.
Después de unos meses de estar casi en coma, Edward trató de obligarme a salir de la habitación. Él me recogió y corrió conmigo hacia el bosque, con la esperanza de persuadirme para alimentarme y disfrutar del aire fresco. Una vez que me puso en el suelo, volví a la casa. A veces tomaba horas y luego de varios intentos dejó de intentarlo.
Todos los miembros de la familia me hablaron. Alice me amenazó, Rosalie me retó, Emmett trató de engatusarme y Jasper trató de razonar conmigo. Carlisle y Esme me visitaban, me tomaban de la mano y me hablaban ya que de todos los miembros de la familia, ellos eran los que mejor entendían lo que era perder un hijo. Me alentaron y me dijeron que estarían ahí cuando los necesitara.
Finalmente, después de meses de no hablar, Edward entró en nuestra habitación. Podía sentir la ira que salía de él, pero estaba demasiado triste como para responder.
–Entonces, ¿esto es todo? ¿Para siempre? Tengo que vivir con una esposa por la que daría mi vida, ¿pero que prefiere desperdiciar su vida? ¿Has visto tu piel, Bella? Sabes que te amaría sin importar nada, pero desde que yaces allí sin comer, tu piel está empezando a verse cenicienta, como la de los Vulturi, según Carlisle. Y las sombras alrededor de tus ojos ya no son sombras, son dos agujeros negros. Pareces una extraña. Y no olvides que sigues siendo un vampiro hambriento, y eso es lo que eres, Bella, es peligroso
Reuní la fuerza suficiente para dar la vuelta y levantar los ojos para mirarlo. Mi apuesto Edward, con el mismo cabello parecido al cobre, con sus bien definidas patillas, con sus hermosos ojos y la fuerte línea de su mandíbula, pero hoy, sus facciones estaban enfadadas. Curiosamente, me sentí atraída por sus labios, deseando poder levantarme lo suficiente como para abrazarlo y besarlo.
No me había dado cuenta de lo débil que me había vuelto. ¿Cuándo fue la última vez que me alimenté? ¿Cuánto tiempo había estado aquí?
Edward se arrodilló frente a mí con sus fuertes dedos trazando mis labios.
–¿Por favor? Si no lo haces por ti, hazlo por mí, te extraño. Te necesito. La familia te necesita
La debilidad se apoderó de mí otra vez y mis ojos se cerraron involuntariamente. Estaba tan débil que pensé que podría dormirme después de casi un siglo de estar siempre despierta.
Sentí que Edward se ponía de pie y escuché el crujir de su piel de piedra sobre sus nudillos. Caminó alrededor de la cama y se detuvo en la puerta.
–Te amo, pero no me quedaré aquí sentado a ver cómo te desvaneces cada vez más de mí. Debería haberla transformado, podrías haber estado furiosa conmigo, pero no estarías consumiéndote frente a mi ojos –abrió la puerta y salió furioso, dando un portazo tan fuerte que oí el crujido a través de la madera del marco y las ventanas vibraron hasta el punto de romperse.
Pude escucharlo excusándose con Esme con sus pies casi volando sobre la hierba del bosque.
¿Qué estaba haciendo? Quería que Grace tuviera su vida, que fuera feliz, que experimentara todo lo que este mundo tenía para ofrecerle. La había protegido, luché por ella y ¿ahora qué? Porque ella se había ido, ¿iba a perder el tiempo? Iba a perder todo lo que tenía con mi familia porque sentía pena por mí misma.
Eso fue todo. Estaba tan consumida en mi miseria y dolor que ni una vez consideré que no era la única que sufría. Escuchaba a Alice llorar de noche y Emmett ojeaba los álbumes de fotos, mientras él y Rosalie hablaban sobre sus recuerdos de ella. Todas las mañanas, cuando Edward salía de nuestra cama, su dedo trazaba el rostro de Grace en la fotografía que habíamos tomado en nuestra boda.
Esta siendo egoísta y estaba haciendo que todos pagaran por mi dolor.
Me obligué a levantarme sobre mis codos, aunque el esfuerzo casi me paraliza. Deslicé un pie fuera de la cama y tuve que empujar el otro antes de que pudiera pararme. Durante mis esfuerzos, casi me caigo de espaldas sobre la cama antes de sentir las manos de Esme estabilizarme y ayudarme a ponerme de pie. Ella me dio un vaso caliente de líquido rojo que tragué con avidez. No era mucho, pero hizo que mis sentidos cobraran vida.
Ella puso una mano en mi cara.
–Bienvenida, mi dulce niña
Dirigiendo una sonrisa hacia ella, corrí hacia la ventana abierta de nuestra habitación y sin esfuerzo salté al suelo. Emmett sonrió en mi dirección, mientras Rosalie salía de debajo del Volvo, con su impecable rostro lleno de aceite.
–Bueno, bienvenida de vuelta hermanita. Él fue... –ofreció Emmett.
No esperé a que él terminara su oración. Usé la poca energía que me quedaba, bloqueando mi olor y corriendo tan rápido como pude en dirección a Edward. El esfuerzo me debilitó, pero mi deseo de ver a Edward era más fuerte. Lo encontré cazando, a punto de abalanzarse sobre una gran manada de alces. Saltando hacia él, me preparé para decirle cuánto lo sentía y cuánto lo extrañaba, cuando capté el aroma del alce más grande de la manada.
Pasé volando junto a Edward, hundí mis dientes en la yugular de la pobre bestia, alimentándome tan rápido que pude sentir la sangre empapando el vestido que había estado usando durante meses. No paré y drené a dos más de la manada antes de sentir sus fuertes brazos a mi alrededor. Solté el cadáver, dándome la vuelta y mirando a mi alma gemela. La pequeña sonrisa en su rostro valió la pena para mí. Él me besó suavemente, abrazándome con fuerza contra su pecho.
–Entonces, ¿has vuelto? –ofreció Edward tímidamente y el tono subyacente de la incertidumbre llegó fuerte y claro.
Asentí, apresurándome a besarlo de nuevo. Fue entonces cuando noté la cantidad de sangre con la que lo había manchado, ensuciando su ropa y su pálida piel blanca.
–Lo siento –grazné, pero mi voz no me era familiar, pero hizo que Edward me abrazara aún más fuerte. Pasé mi mano en vano por la camisa arruinada de Edward, deseando que la sangre desapareciera.
–Nunca pensé que volvería a escuchar tu voz, mi querida Bella –respiró.
El alce había muerto, pero estaba lejos de estar satisfecha. Cazamos de nuevo rápidamente, antes de regresar a la casa.
Cuando llegamos, Alice tenía ropa limpia para mí y un baño para dos. Edward me lavó tiernamente, enjuagándome con agua caliente y frotando mi piel con una toalla gruesa. No hubo nada sexual en sus atenciones, más bien, estaba cuidándome con un tierno temor que me hizo doler la garganta de emoción.
Cuando finalmente terminamos, escuchamos que Carlisle nos llamaba a la gran sala en el piso de abajo.
Estaba confundida cuando vi maletas y cada pareja Cullen alineada junta al unísono.
–¿Que está pasando? –pregunté, ansiosa por una explicación.
–Vamos a darles algo de privacidad –ofreció Alice. Ella dejó la línea uniforme y me abrazó, besándome hábilmente en la mejilla.
–Bienvenida de nuevo, Bella –ofreció Rosalie –estoy tan feliz de que estés bien
El resto de la familia me aseguró que alquilaron una casa a unas pocas ciudades de distancia y que estarían disponibles en caso de necesitarlos. Cada uno de ellos me abrazó antes de reunir silenciosamente sus pertenencias y dirigirse a sus respectivos vehículos.
Edward y yo volvimos a nuestra habitación y nos tumbamos sobre las sábanas frescas, charlando, besándonos, tocándonos, antes de una noche llena de amor, disculpas y promesas de un nuevo comienzo.
Nuestros días se extendieron de uno a otro y hablamos de todo tipo de cosas. Tuve el coraje de preguntarle sobre algunos de sus "proyectos" como Alice les había llamado.
–Así que ayudé a Terri y a John –bromeó Edward alegremente. Besé cada una de las yemas de sus dedos.
–Tú mismo me dijiste que odiabas a John Riley –desafié.
–Eso es muy cierto, pero sus acciones me empujaron a luchar por ti y por eso estaré eternamente agradecido
Me dio más información de lo que le había sucedido a algunos de los amigos que había tenido en mi vida anterior.
Mandy y Jack tuvieron un gran y fuerte matrimonio. Tuvieron dos hermosos hijos, mellizos, un niño y una niña, que obtuvieron becas de un misterioso benefactor. Y Mandy llegó a ser una pastelera galardonada en Nueva Orleans. Edward los ayudó anónimamente a comprar la casa de sus sueños, comprándola primero y vendiéndosela a ella como una propiedad en dificultades.
Tenía que admitirlo. Él era inteligente y un verdadero solucionador de problemas.
También me dio información sobre Gerry. Él contrató una agencia para vigilarlo para que otras mujeres no sufrieran el mismo destino. Había sido condenado a seis años de prisión por agresión, acoso, soborno, malversación y otras varias múltiples infracciones. Murió tres meses después de su liberación cuando su automóvil derrapó por carretera congelada y se estrelló.
Era extraño obtener información de personas que habían sido una parte tan importante de mi vida mientras estuve oculta bajo el radar, pero estaba agradecida por las acciones y la generosidad de Edward. Sonreí un poco cuando me enteré de que Mandy había tenido un final feliz y de que había tenido la vida que tanto merecía.
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–Sabes, estaba destinado a suceder –le dije.
Edward pasó sus dedos por mi cabello, antes de besarme gentilmente en la punta de mi nariz.
–¿Tu y yo? –respondió.
–Bueno, sí, pero más que eso
Edward se sentó y me ayudó a sentarme en el sofá, donde habíamos visto una película sin prestarle demasiada atención.
–Cuéntame más –imploró, entre besos robados.
–Llegaste a Forks. Te fuiste –él hizo una pequeña mueca –detente, Edward. Esto es importante, y el que te hubieras ido hace parte del pasado, ¿recuerdas?
Él asintió y tomó mis manos, lo que me animó a seguir.
–Jake y yo nos enamoramos. Nos casamos. Tuvimos a Grace y luego ella –me tranquilicé –Victoria tuvo su venganza. Me convertí en vampiro y pensé que lo había perdido todo
Edward no parpadeó. Frotó con esos familiares círculos calmantes mi mano y yo continué.
–Y luego volví a tropezarme contigo. O más bien, Alice se tropezó conmigo –bromeé en voz baja. Las cosas se volvían cada vez más claras en cuanto más pensaba en esto.
Edward besó mi frente.
–Una de las mejores noches de mi vida –él me sonrió y nos complació a los dos con un beso.
Él se separó primero, dejándome un poco sin aliento.
–Continúa –me alentó.
–Esos pocos meses fueron terribles, pero estaban destinados a suceder. Me trajiste a Grace de vuelta y mi vida estuvo completa. Y aunque Grace se haya ido, el destino o como quieras llamarlo sucedió. Tú y yo estábamos destinados a estar juntos y lo estamos, pero lo más importante es que Grace tuvo su vida humana. Ella experimentó cosas, conoció muchos lugares, ella contribuyó a este mundo, y ella me permitió la mejor parte... participar en su vida
–Veo a dónde vas con esto –ofreció Edward, envolviéndome en sus brazos.
Continuamos hablando, recordando nuestros pasados y lo que teníamos que esperar en nuestro futuro. Decidimos que era hora de ser productivos y que entrar a la universidad como un matrimonio joven podría ser interesante. Unos minutos más tarde, escuchamos que puertas de automóviles se cerraban, una tras otra, anunciando el regreso de nuestra familia, a quienes dimos la bienvenida con los brazos abiertos.
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Tengo la suerte de poder recordar cada mirada, cada conversación, cada momento que tuve con Grace. A veces, cuando la extrañaba, ojeaba los álbumes de fotos e intentaba concentrarme en todos los buenos momentos que pasamos juntas. Cada sacrificio valió la pena.
Ella me amaba y yo la amaba.
Y tenía el amor de cada Cullen, especialmente el de Edward, que me hacía sentir como la persona más afortunada en el mundo.
Y realmente, cuando realmente piensas en ello, ¿qué es más importante en esta vida que el amor?
:') ¡EL FIN! ¡Espero que les haya gustado tanto como a mí! Disfruté mucho traduciendo esta hermosa historia y espero que hayan disfrutado tanto como yo al leerla.
Gracias por todo el amor que le dieron a esta historia y nos leeremos pronto en alguna otra traducción si las autoras originales me dan permiso o en alguna otra historia mía.
