Capítulo 54
El zafiro de la vida eterna
Los guardianes pasaban pico tras pico, subiendo cada vez más, pasando las espesas nubes que tapaban la cima y finalmente los dejaron en el suelo.
Cuando Peter e Iris se repusieron del viaje, se encontraron frente a un paisaje paradisíaco, las montañas nevadas estaban lejos, podían verse minúsculas, el suelo era fértil y había prados y riachuelos coloridos con hermosas flores.
El lugar parecía desierto, lo único que se podía ver, al final de un amplio y largo sendero era una suerte de pagoda de madera oscura.
Ambos se dirigieron allí, y los animales se marcharon
- ¿Cómo bajaremos? – Preguntó Peter
- Que optimista – declaró Iris – Primero preguntaría como obtendremos el zafiro ¿No te parece?
- ¿Crees que será difícil?
- No lo sé. Solo sé que nada es fácil de un tiempo a esta parte – dijo ella mirando el lugar sin voltear la vista a Peter
- Como ahora no te puedes escapar hablaré – dijo entonces él pero ella no lo miró se limitó a mirar al frente – Cuando era un niño mi madre murió, y luego descubrí que mi padre era un científico loco – dijo – y cuando digo loco, me refiero a totalmente desquiciado
- Tu padre no parecía…
- No me interrumpas – la detuvo – esto lo contaré solo una vez, y nunca más – declaró él. Iris podía sentir que la confesión le estaba costando mucho a Peter – él tenía la idea de la existencia de un mundo paralelo que intentaba dominar al nuestro. Si bien la idea del otro mundo era muy buena, el problema era que nuestro mundo es nuestro mundo y punto – agregó – resumiendo, durante mucho tiempo pensé que estaba loco, incluso lo pusimos en un manicomio, hasta que un miembro del FBI me dice que mi padre tenía razón y que tenían un lugar para que él estudie este mundo paralelo. Ahí conocí a Olivia, con la cual tuve una seria relación. Cuando pudimos detectar el lugar por donde se infiltraba este mundo paralelo, decidimos ingresar para borrar toda posibilidad que hubiera una infiltración.
Para ese entonces ya conocía a Castiel, Sam y Dean – aclaró – y los cuatro junto con Olivia ingresamos al portal. La misión era muy simple, no más colocar unos explosivos y derrumbar el acceso, que era el único, se complicó cuando los seres de la otra dimensión, que luego vimos que no eran tan humanos como aparentaban, intentaron obstruir nuestro accionar, debimos luchar, y salimos justo a tiempo, bueno no justo a tiempo, ya que nosotros rejuvenecimos, y Olivia, ella… - su voz tembló por primera vez – ella murió en la explosión, no logró salir. – Iris lo miró y sin darse cuenta estiró su mano para acariciar su mejilla – yo no quiero tu lástima Iris – la detuvo él – yo quiero mucho más de ti – le dijo tomando la mano y besándosela pero Iris la apartó y luego de un instante él continuó– cuando todo terminó Castiel se llevó a los muchachos y los hechizó haciendo que pierdan todo los recuerdos, pero yo no lo hice, mi padre se mudó a Londres, donde comencé una nueva vida, una vida feliz, y completa junto a mi papá, que ahora sabía que no estaba loco, aunque muchas veces lo parecía – sonrió – y los conocí, te conocí – aclaró – me gustaste desde el primer momento en que te vi – dijo – disculpa la declaración melosa – dijo – pero cuando te conocí mi vida dio un vuelco de ciento ochenta grados. Yo pensé que jamás, jamás – repitió – me volvería a enamorar – y ahí estaba, como un idiota intentando encontrar la manera de acercarme a ti, ya no era el Peter atrevido que era antes, era tímido y callado y, para mi peor parte tú me veías como un amigo, un confidente – declaraba meneando la cabeza – imposible que te fijaras en mi de otra manera…
- Pero lo hacía – confesó Iris atreviéndose a interrumpirlo y él la miró deteniéndose – no me pareció melosa tu confesión, a mi me sucedió exactamente igual y… nunca me atreví a decírtelo
- Tanto tiempo perdido – decía Peter acercándola a él y besándola
- No Peter – lo apartó ella – no podemos, no puedo
- ¿Por qué? - Quiso saber él
- sabes lo que soy, has huido de esas cosas y ahora no puedes volver con ellas
- Pero tu no eres "esas cosas" tu eres Iris – Peter intentaba abrazarla
- Peter, viviré por siempre – le decía ella separándose – los veré morir, a ustedes a sus hijos, a sus nietos y yo… yo… viviré por siempre – decía ella soltándose y avanzando.
Peter comprendió que estaba siendo egoísta, que si seguía con Iris ella terminaría sufriendo y que tenía razón, ambos debían seguir siendo amigos, pero transitando caminos diferentes.
- No lo había pensado – dijo él – Lo siento
- Yo lo siento más – dijo ella y ambos llegaron a la entrada del templo.
Por unos instantes lo observaron, era al parecer una simple pagoda, como las que comúnmente se ven en el oriente, subieron unas escalinatas que permitían el acceso a una puerta que estaba abierta.
Al ingresar pudieron ver un amplio salón vacío con solo una fuente en el centro, de un raro material iridiscente, parecido al hielo, de donde salía un agua pura y cristalina, y se acercaron.
- ¿Ves alguna señal del zafiro? – Preguntó él y ella negó con la cabeza - ¿Crees que esté en la fuente?
- Lo más probable – declaró la chica y ambos se acercaron, inmediatamente un hombre emergió del pozo, era un típico samurai oriental, con el uniforme correspondiente y el casco que lo hacía ver temerario pero les habló con serenidad
- Bienvenidos- los saludó- así que ustedes son los elegidos para obtener el zafiro de la vida eterna. Es muy raro – declaró – generalmente es una sola persona la que llega aquí
- ¿Han venido muchos? – Quiso saber Peter
- En estos cinco mil años muy pocos – dijo el hombre sonriendo – Y ninguno logró llevarse el zafiro – acotó sereno
- ¿Por qué? – Preguntó Iris
- Porque hay que pasar por una prueba muy difícil – declaró el hombre extendiendo la mano, donde pudieron ver a la enorme gema brillando en ella – Deben tomarla – simplemente declaró.
Los chicos se miraron y Peter avanzó
- Espera – dijo Iris – creo que debo ir yo
- Al contrario – dijo Peter – Fui yo quien leyó esta parte de las escrituras - y sin decir más dio un paso al frente ingresando en la fuente, estaba a apenas tres pasos del caballero oriental pero comenzó a sentir que las fuerzas le faltaban, a cada paso comenzó a envejecer aceleradamente, y al segundo paso ya era un anciano al cual le era imposible caminar.
- ¡Peter! – gritó Iris
- No puedes rescatarlo – le decía el hombre – o correrás su misma suerte – le dijo, pero Iris no prestó atención a la advertencia y se metió en la fuente – ¿Morirás tu también? – Le preguntaba el hombre
- Es que yo soy inmortal – dijo Iris adelantándose, y si bien su fortaleza era mayor, el poder de la fuente superaba el suyo, igualmente llegó donde Peter, lo tomó en sus brazos. Miró al hombre a apenas un paso de ella con la mano extendida mostrándole zafiro, titubeó, si se quedaba más Peter moriría así que comenzó a regresar sintiéndose cansada y notó que Peter se desvanecía.
Llegó al borde del pozo y se tendió en el piso, inmediatamente Peter comenzó a rejuvenecer recobrando el sentido y la miró sorprendido
- ¿Estás bien? – Le preguntó ella
- ¿Por qué no tomaste el zafiro? – Le preguntó él – estabas a un paso
- No podía poner en riesgo tu vida Peter – le decía ella abrazándolo – tu eres más importante para mi que millones de zafiros
- Sabia respuesta – dijo entonces el hombre apareciendo delante de ellos y sonriendo tendió su mano entregando la piedra a Iris
- ¿Tan fácil? – Preguntó ella
- No – negó el hombre – has entregado un gran tesoro por ella – le decía – has entregado tu inmortalidad – aclaraba – lo siento – agregaba – debes para un tributo de vida para llevarte el zafiro.
Para sorpresa del anciano, los muchachos se reían, y se abrazaban besándose con pasión
- Gracias – dijo entonces Iris poniéndose de pie – gracias – repetía
- ¿gracias? – el hombre parecía no entender
- Usted me ha regalado más de lo que cree – sonrió
- De nada – entonces repitió el hombre desapareciendo y una luz resplandeciente los desmayó
Se despertaron en Londres, en la madriguera, en una habitación sencilla, cada uno en una cama, el lugar ya comenzaba a ser el lugar de encuentro de todo el mundo, mago, muggle, y cuanto ser en pos del bien se encontrara.
- ¿Están bien? – Preguntó Albus apareciendo
- Si – contestaron al unísono
- ¿Qué pasó? – Preguntó Iris
- Recuperaron el zafiro, ya está seguro – agregó – y Charlie y Agatha los encontraron desmayados en la ladera de un río justo a tiempo
- ¿Cuánto hace que estamos aquí? – Preguntó Peter
- Un par de días – respondió Albus – pero estuvieron desaparecidos por casi un mes
- ¡Un mes! – Exclamaron los muchachos al mismo tiempo sin entender.
- Cosas de la magia – declaró Albus levantándose de hombros y marchándose dejándolos solos.
Inmediatamente ambos se enlazaron en un beso apasionado, ya habían esperado demasiado para estar el uno con el otro, sin importarles quien pudiera entrar comenzaron a sacarse las ropas apresuradamente, acariciando, besando, mordiendo, lamiendo y besando cada parte del cuerpo que era descubierta.
Ambos se acostaron en uno de los pequeños lechos, pero a ninguno le importaba la incomodidad, estaban inmersos en si mismos, Peter ingresaba en ella, quien lo recibía apasionada, como nunca lo había sido. El demostraba su experiencia, su osadía, llegando a lugares donde nunca nadie había llegado, experimentando sensaciones que los trasladaban más allá de la tierra de la vida eterna.
Porque unidos, así, uno al otro, en esa entrega mutua y sin miramientos era como ellos se volvían inmortales.
Rose regresó, al abrir los ojos pudo ver a Peter al lado de Iris y a cinco muchachos más a su alrededor, todos muy parecidos, casi idénticos.
- Ellos son nuestros hijos – le dijo Peter – Quintillizos
- ¿Quintillizos? – Preguntó sorprendida Rose y los muchachos levantaron sus hombros generando risas.
Rose ya conocía a Samantha, y luego le presentaron a Daniel, Akuena, Guillermo y Roberto.
Rose los recordó, los pudo ver correteando en la madriguera junto a Rodas y ella, con dos añitos, los cinco tenían parte de vampiro, pero una muy pequeña, la suficiente para ser fuertes y poder ayudar a su familia, pero la mayor fuerza de todas provenía de sus corazones, que eran el arma más poderosa que tenían.
