Advertencias

Los personajes pertenecen a L. J. Smith, menos la protagonista, Sally, su familia y algún que otro personaje más, que son originales míos.

Esta historia contiene lenguaje fuerte, escenas de violencia y sexo.

La historia está inspirada en la serie de televisión, por lo cual, habrá detalles que se tomen de ella al igual que habrá cosas originales.

Si se me olvida algo, perdón. Gracias al que lo lea y al que comente

Capítulo 51

Stefan avanzó rápidamente hacía su hermano y se arrodillo junto al cadáver de Sally con el rostro totalmente rígido y sorprendido. Volvió la cara a Damon intentando saber por dónde empezar.

-¿Qué ha pasado? Está... –Preguntó con el pánico totalmente presente en su rostro, mirando los ojos vidriosos del mayor.

-No estoy seguro de si aún tenía mi sangre de ayer, he intentado que bebiera ahora, pero era tarde. Fróside se presentó y en un descuido la mató con la estaca. –Respondió mientras señalaba levemente el trozo de madera a un lado del.

Ambos quedaron en silencio durante varios minutos mientras contemplaban a Sally aún tirada en el suelo, en la misma posición en la que había caído. Ninguno sabía qué hacer o decir, ambos se encontraban atropellados por los repentinos acontecimientos.

Después de un largo rato de incómodo silencio, Damon se levantó cargando en sus brazos el cuerpo inerte de la bruja llevándolo hacia el salón, donde lo depositó con cuidado en el amplio sofá de la estancia.

Stefan siguió al moreno hasta el lugar y ambos se sentaron en las butacas cercanas, observando algún movimiento en la chica. Sólo podían esperar contemplando el infinito pensando en las posibilidades existentes.


Pasadas unas horas, ambos se levantaron súbitamente al vislumbrar como la chica se levantaba de forma súbita del sofá, quedado sentada. La mujer miraba a su alrededor y a los presentes con semblante preocupado. Observó sus ropas ensangrentadas y miró a los hermanos.

-No puede ser verdad, decirme que no es verdad... –Habló de forma entrecortada mirando a Stefan con ojos vidriosos, sospechando el resultado tan temido de la pelea.

Al contemplar el rostro compungido de ambos hermanos, la joven se levanto presa del miedo e intentó encender las velas de la estancia de forma mágica, pero no ocurrió nada, con lo que sus peores sospechas se confirmaban.

-Lo siento, Sally. –Murmuró Stefan mientras se levantaba y se acercaba a la castaña, pero está retrocedió unos pasos apartándose de su amigo.

-No quiero esto, no voy a completar la transición.

-Es tu decisión.

-¡No! por qué quieres hacerlo, vamos, estar vivo es mejor que estar muerto.

-Yo no soy esto, Damon, esta no es mi naturaleza, nunca ha sido mi destino. No pienso vivir eternamente viendo como todo alrededor se desmorona ¡No quiero!

La castaña fulminó al moreno con la mirada sintiendo un intenso odio hacia todo, al sentir que lo había perdido todo en cuestión de segundos, al sentir como el ansias de sangre quemaba su garganta. Jamás dejaría que eso ocurriera, ella nunca había querido ser un vampiro. Automáticamente pensó en su madre y no pudo evitar sentir una gran angustia al pensar que le había decepcionado. Ahora lo entendía todo. Ella sabía que aquello pasaría, a eso se refería cuando la alertaba del peligro en sueños.

Sin decir nada, salió corriendo de la estancia hacía la calle mientras las lágrimas quemaban al resbalar por sus mejillas. Stefan se quedó contemplando la puerta de la calle tras ser cerrada mientras Damon, completamente ausente, observaba la nada con el rostro rígido.

El castaño fue a hablar con él acercándose, pero el moreno se levantó bruscamente y salió del lugar con decisión y rabia. Se dirigió hacia la cocina donde abrió el pequeño congelador.

-¿Qué haces? –Preguntó Stefan, contemplando como se guardaba una de las bolsas de transfusiones y cerraba, ignorando a su hermano volviendo a dirigirse al salón.

-Se acabaron los juequecitos, Stefan. No pienso dejar que se suicide.

-No te dejaré que lo hagas, ella es quien maneja su vida. –Contestó en tono solemne mientras se interponía entre la puerta de la calle y su hermano.

Damon lo miró con odio para después, en un movimiento vertiginoso, romperle el cuello con un gran chasquido haciendo que el castaño cayera al suelo de forma automática, quedando inconsciente.


Damon anduvo por las calles Londinenses con total decisión agudizando sus sentidos al máximo para encontrar a la bruja. Escuchaba los mínimos susurros de la gente a su alrededor y el olor de sus sangres corriendo por sus venas de forma veloz.

Tras unas horas, en un parque solitario y algo ruinoso, Damon sintió el olor y al presencia de Sally, con lo que se adentró en la maleza del lugar observando con cautela la situación de la chica. La encontró sentada en un desgastado banco de madera con la mirada perdida en el horizonte.

Antes de que llegará a su poción, Sally lo descubrió y se levantó rápidamente alertada.

-Pierdes el tiempo, Damon. Está todo decidido, lo siento.

-No, Sally. Quién lo siente soy yo.

Segundos después, ambos forcejeaban en una lucha sumamente veloz. Damon intentaba que la sangre que rebosaba de la bolsa transparente tocara los labios de la chica mientras ella se sacudía con violencia, tratando de evitarlo por todos los medios.

Finalmente, Damon logró atrapar a la joven haciendo que se estuviera relativamente quieta y consiguió que la sangre tocara su boca de forma brusca. Sally no pudo evitar que pequeñas gotas del líquido espeso entraran por su garganta, despertando en ella un instinto animal, unas ganas feroces por beber todo el contenido, pero luchó contra aquella tentación y se zafó del agarre de Damon, tirando la bolsa de transfusiones al suelo con una ira desmedida.

-¿¡Pero qué cojones te crees que haces!? –Le gritó con ganas mientras lo fulminaba con una gélida mirada.

-¡Salvarte la vida! ¡Tú padre te necesita, Stefan te necesita, yo te necesito! ¡No creas que dejaré que cometas una estupidez!

-¡Tú no tienes derecho a decidir sobre mi vida, Damon! ¡Sé acabó, se acabó cualquier lazo que pudiera unirnos! No quiero volver a verte en la vida, sólo sabes joderlo todo.

Los gritos se escuchaban desde la lejanía, pero a ninguno le importaba aquello. Sally retuvo las lágrimas en el interior de sus ojos y tras volver a mirar al moreno sumamente enfadada, desapareció del lugar con su nueva velocidad vampírica, dejando al moreno anclado en el mismo sitio.

En Damon se agolpaban tantas cosas a la vez en aquel momento que se sentía desorientado. Pasó unos segundos mirando al frente, totalmente ausente hasta que sus ojos comenzaron a anegarse debido a las lágrimas. Acto seguido, comenzó a destrozar parte del movilizaron del parque con una rabia hasta entonces desconocida para él

Aquel día, siempre sería recordador por ser el día en el que realmente había perdido toda esperanza de que, de nuevo, Sally volviera a amarlo como antes lo había hecho. Una vez más se había comportado como un loco y un egoísta, pero aún así, en un pequeño resquicio de su corazón sentía que podría quedar algún ápice de esperanza en que ella se replanteara la verdadera muerte, ahora, sería mucho más difícil.

Sintió aprensión hacía sí mismo por aquellos pensamientos, pero no podía dejarla ir, no podía perderla, era lo último que le quedaba en al vida por lo cual querer seguir adelante.

En estos días tardaré algo más en actualizar, como habréis podido comprobar, por motivos familiares, no son buenos momentos para mí. Gracias por leer y comentar.