Capítulo 53: Algunos cabos sueltos

—Hablar, hablar, claro… —dijo Odd. No se esperaba que de pronto su chico -si es que aún lo era- apareciese de pronto. Una vez más, le tomaba delantera—. ¿Vamos a algún sitio?

—¿A comer, por ejemplo? Que ya es hora.

Odd miró el reloj, alarmado. Efectivamente, era hora de comer. Se sorprendió, pues normalmente su estómago se encargaba de avisarle cuando debía ser llenado. Algo bastante constante. En lugar de ir a un restaurante, Dorjan ofreció comer en un chiringuito de la playa. No dijeron nada hasta que hubieron pedido la ración de paella, aderezada con dos grandes jarras de cerveza. Las pupilas del camarero se convirtieron momentáneamente en la € de euro.

—Bueno, Odd… ¿qué tal estos días que no he estado? —preguntó Dorjan.

—Pues… No sabría decirte. He estado pensando mucho, pero con lo de Sissi… y bueno, el resto de problemas que tenemos… Pues no sabía muy bien cómo afrontar la situación contigo.

—¿Me tienes miedo? —inquirió Dorjan.

—No. Pero sí me daba miedo haberme equivocado —se explicó Odd—. Mira, desde que estuve con Sam no he tenido ninguna relación que se pueda llamar duradera. Y eso estaba bien. Podía estar uno o dos meses con alguien, y bueno, se acababa. Contigo… es muy distinto. Me afecta mucho.

Dorjan dio un trago a su cerveza sin apartar la mirada del rubio, que continuó su charla.

—Y bueno, yo estaba encantado contigo. Lo estoy —se corrigió—. Pero incluso así… levantarme en mitad de la noche para que nos casemos en Las Vegas… Me pilló de sopetón, y no supe reaccionar.

—Vale. Y ahora que han pasado unos días… ¿lo tienes más claro? —preguntó el chico.

—Sí. Y te digo lo mismo. Es muy pronto. Te quiero con locura, pero no me puedo casar sólo con conocerte seis meses. No somos John y Mary en Sherlock —añadió, intentando que Dorjan entendiera la analogía: esas cosas sólo se daban en la ficción.

—Entiendo. Pues nada… —suspiró Dorjan.

—No me digas que vamos a terminar…

—¿Estás loco? Dices que seis meses es poco tiempo. Pues tendré que esperar otros seis meses entonces —añadió con una sonrisa.

—… Estás de broma.

—¡Claro que no! —replicó Dorjan—. Odd, me encantas. Y me quiero casar contigo. Si hoy no, puedo esperar. Pero quiero que estemos juntos. Lo de casarnos, bueno… es más por formalizarlo. Y una pequeña ilusión que tengo de toda la vida —confesó—. Pero no tengo ninguna prisa. Siempre que me prometas que no me vas a dejar por otro —bromeó.

—Me dices esto, ¿y crees que me voy a ir con otro? —dijo Odd, sonriendo—. Eres genial… Y sí, en seis meses más… puede que te dé el "sí, quiero".

—¡Oh! ¿Sólo "puede"? —Dorjan habló en tono teatral.

—Si me prometes que me lo volverás a pedir —dijo Odd, sacando la lengua.

Lengua que fue atrapada por los labios de Dorjan, que se había echado hacia adelante para besar a su novio. Odd y él se fundieron en un beso. Algunos de los clientes a su alrededor parecieron desagradados. Les dio igual. Estaban juntos, como debía ser, y sin dejar que aquello afectara a su relación. Podían esperar si aún así estaban juntos. Volvieron a sentarse, para degustar de la paella.

—¿Y por lo demás, qué? ¿Me he perdido mucho? —preguntó Dorjan.

—Algunas cosas. ¿No has hablado con Yumi?

—Bastante tuve con evitar que asesinara a Hiroki con sus manos ese día —repuso el chico—. Y entre unas cosas y otras, pues no me he puesto al día con las aventuras del grupo. Ni si quiera he ido a ver aún a Sissi al hospital.

—Javi te matará —bromeó Odd—. Se ha enamorado por segunda vez. Su hija ya es la niña de sus ojos. El mismo que estaba preocupado por si todo iría bien…

—Ya veo. ¿Y qué hay de Kuroko y las hermanas?

—Pues creo que mal. Paula habló con Kuroko, y le dio un ultimátum con respecto a ellas para que las aceptase o no, aunque fuera como amistad…

¡BIP BIP! En ese momento ambos recibieron un mensaje. Era de Kuroko. Estaba tumbada en el césped, con Paula y Andrea a ambos lados, y las tres totalmente desnudas. El pie de foto rezaba "Reconciliadas".

—Vale, pues te he dado información antigua.

—Obsoleta —apostilló Dorjan.

—¿Qué me has llamado? —preguntó Odd serio, y ambos soltaron una carcajada unos momentos después. Se respiraba la tranquilidad entre ellos dos. Señal de que no se equivocaba. Todo estaba bien. Entre ellos.

En un punto no muy alejado de allí, dos pequeñas avanzaban a paso ligero para ver a Lysander. El chico las había citado en un parquecito cercano. De vez en cuando se lanzaban miradas de rabia. Ambas se sentían traicionadas. Culpables y traicionadas. Ambas habían tenido el mismo plan: conquistar al chico poco a poco, de forma que lo que ocurriera, parecería accidental. En cambio, ahora estaba claro que ambas iban a por lo mismo.

Apenas vieron al chico, aceleraron aún más el paso, de tal forma que jadearon un poco cuando llegaron a la altura del chico. Lysander se había sorprendido por la repentina carrera de las chicas.

—Faltan cinco minutos para la hora en que habíamos quedado —dijo—. No hacía falta que corrierais. La película empieza en…

—Eso da igual —le cortó Tamiya—. Venga, Lysander… ¿quién te gusta más? —preguntó.

—… ¿Cómo? —el chico no esperaba la pregunta y no la entendía.

—¿Cuál de nosotras te gusta más? —dijo ahora Milly—. Venga, valora.

—¿Que valore? —preguntó Lysander—. ¿Qué valore? ¿A vosotras?

—Claro. Este es tu momento de tener a una de nosotras —dijo Tamiya, con una sonrisa malévola—. No puedes negar que te gustamos, Lysander… y hoy va a ser tu día de suerte en ese aspecto.

—Chicas, ¿qué os pasa? —preguntó, preocupado.

—Tú… Nos pones muchísimo… —dijo Tamiya—. Y es el momento de que digas cuál de las dos te gusta más.

—No tienes nada que hacer —dijo Milly, sonriendo—. Se acostó primero conmigo, ¿recuerdas? Está claro que soy su favorita.

—Tú en la cama siempre tiras más hacia el lado bonito, cielo —le recordó Tamiya— A Lysander le gusta la acción, y en eso yo soy la experta.

Se plantaron ante él, con los brazos en jarras, y sacando pecho, intentando estar más atractiva que la otra. Sin embargo, desde el punto de vista de Lysander, en ese momento daban miedo. Pasaron unos tensos segundos de silencio hasta que el chico habló.

—Lo siento… pero no puedo elegir.

Milly y Tamiya se quedaron con una extraña expresión. Como si les hubieran golpeado en la cabeza pero no supieran quién ni desde dónde ni con qué. ¿El chico no iba a elegir? ¿En serio?

—… ¿Eso quiere decir que te quedas con las dos? ¿Relación a tres? —inquirió Tamiya.

—No… no os elijo, sin más… Podemos seguir con el acuerdo como hasta ahora, pero no… no voy a elegir entre vosotras.

—¿Por qué? —preguntó Milly—. ¿No somos suficiente para ti?

—Claro que si —dijo el chico.

—¡¿Entonces qué tienes en la cabeza?! ¡Tienes a dos bombones peleando por ti! —dijo Tamiya.

—Dos bombones que la última vez que las vi eran novias —respondió el chico—. Y… después de lo que pasó me juré que no volvería a ser un estorbo en su relación. No, no, y no.

Las dos chicas estaban anonadadas. De todas las reacciones posibles, la única que no se habían esperado era la del rechazo. Creían que tenían papeletas para ganar. ¿Y les decía que no? ¿En serio? ¿Con todo lo que habían hecho?

—No puedes estar hablando en serio… —murmuró Milly.

—Chicas, me encantáis, pero… ¿una relación? No podría… Y además…

—Además, ¿qué? —preguntó Tamiya.

—Bueno… Me he estado acordando estos días de Arya, nuestra compañera de clase… Creo que voy a intentar algo con ella cuando empiece el curso que viene —les confesó.

—¿Arya? ¿En serio? —dijo Tamiya, con un deje de sorpresa y cierto desprecio.

—Sí… me parece muy guapa y muy simpática… —dijo Lysander, encarnándose un poco—. Además, todos en el grupo estáis emparejados casi, así que… Bueno, mi opción es esa.

Pasaron unos largos segundos sin decir nada, hasta que Lysander se decidió a romper el silencio.

—Bueno, creo que ahora tendréis que hablar entre vosotras, así que yo… me voy a ir al hospital a ver a Sissi y Javier. Nos vemos luego en la casa…

Se dio media vuelta y se encaminó al hospital. Sería un camino largo, pero era la excusa que necesitaba para no quedarse con ellas. Se temía cualquier cosa que pudieran hacer, y no le apetecía que le pillara en medio.

Se volvió a hacer el silencio, esta vez entre las dos niñas, que sin saber que decirse, emprendieron caminos diferentes por las calles de Barcelona. Ambas sentían un deseo irrefrenable de llorar, pero ninguna de las dos lo conseguía. Habían jugado demasiado mal sus cartas. Tenían algo, pero por querer otra cosa, lo podían perder todo.

Lysander llegó al hospital cuando Yumi ya había llevado a William y Laura. A nadie se le escapó que el chico no llegaba con la actitud que solía tener siempre, pero prefirieron no preguntar. Sissi estaba bastante mal con las ganas que tenía de irse de allí, y era bastante con eso.

—¿Pero no os han dicho una fecha? —preguntó Yumi, meciendo a la pequeña.

—Si todo va bien, la semana que viene podremos salir de aquí. Por fin —dijo Javier—. Dicen que es sorprendente que con tan pocas semanas la niña esté tan bien.

—Los genes de su madre, que son estupendos —comentó Lysander, recibiendo a la niña en sus brazos.

Laura se acercó a la camilla y se sentó con Sissi. Empezaron a hablar desenfadadamente, y Javier enseñaba a Lysander la mejor forma de coger al bebé. Momento que aprovechó Yumi para llevarse a William a tomar un café. Hacía tiempo que no charlaban, y consideró que era un buen momento.

Bajaron a la calle y localizaron una cafetería de aspecto acogedor. Pidieron sendos cafés con leche y se sentaron en una mesa cerca de la ventana. Estaban prácticamente solos en el local, apenas dos amigas (o quizá novias) en una mesa al otro lado de la cafetería.

—Bueno, William, ¿qué tal la vida de casado? —le preguntó.

—Pues me encanta. Y estar de luna de miel, más todavía —aseguró el chico—. Si pudiera, lo hubiera estirado un poco más.

—Parece que no quieres volver a vernos… —comentó Yumi, en plan broma.

—No es eso… —respondió William, que se había creído que lo decía en serio—. Es sólo que… ¿a veces no te satura un poco esta situación?

—¿Saturarme?

—Sí… Es decir, es mucho tiempo haciendo siempre lo mismo… Podríamos tener una relación de amistad normal como la gente normal de vez en cuando, ¿no te parece?

Yumi dio un largo sorbo a su café. Sabía dónde quería llegar a parar el chico, pero consideraba que no tenía razón. Y tenía que hacérselo ver.

—¿Acaso dices que lo nuestro no es una amistad real?

—Es una amistad diluido por el sexo…

—No estoy de acuerdo. Para mí, el grupo es como mi segunda familia. Creo que puedo contar con vosotros, pase lo que pase, y eso no tiene relación con el hecho de que nos veamos desnudos para hacer guarrerías.

—¿En serio? Es algo que me suelo preguntar…

—Tu y yo éramos amigos antes del acuerdo…

—Sí, y siempre había cierta química entre nosotros también… —le recordó él.

—Lo dices como si fuera algo malo… —comentó Yumi—. En realidad, necesito hablar contigo… Pero también tengo que decirte que no me gustaría mucho renunciar a ti.

—Dime de qué quieres hablar —ofreció William—. Al fin y al cabo, creo que no nos vamos a poner de acuerdo, así que… prefiero intentar ayudarte.

—Pues vale… Hace unos días hablé con Ulrich de la posibilidad de ser padres… y le pareció bien. Estaba encantada con eso, claro, pero… Cuando arrestaron a Hiroki por tener sexo en público, me preocupé… No había sido capaz de controlar a alguien que se supone que era más maduro… ¿qué clase de hijo tendré?

—Je… Os pasa a todos lo mismo, ¿no? —ironizó William—. Javier y Sissi pasaron por la misma crisis existencial. Apuesto a que aún la tienen. Pero lo que les dije a ellos no es aplicable a ti.

—¿Ah, no?

—Yumi, Hiroki es tu hermano. Pequeño, pero tu hermano. No tienes responsabilidad sobre los actos que comete. Le puedes ayudar, por supuesto, pero en estas cosas… ha sido su elección…

—Es menor de edad, mis padres están fuera…

—En ese caso habla con él con calma y acláralo.

—No tengo nada que aclarar. Creo que deberíamos echarle temporalmente del acuerdo por lo que ha hecho.

—Mmmmm, ya veo. ¿Y qué hay de Johnny? Hizo exactamente lo mismo, ¿verdad?

—Voy a proponer esta noche una votación… —declaró la japonesa—. Lo tengo claro. Aunque sólo sea para que se lleve un susto. Dudo que alguien vote a favor de echarle, pero merece algún castigo.

William le dio la razón en eso. Aunque opinaba como ella, nadie votaría a favor de que el pequeño saliera del grupo. Hacía mucho que no se daban reproches en el grupo a nivel general. Las rencillas personales siempre se arreglaban.

Yumi sugirió que se tomaran un segundo café. William aceptó y se levantó para pedir, mientras la japonesa se ausentaba un momento al excusado. Cuando el chico dejaba las bebidas sobre la mesa, recibió un SMS. De Yumi. "¿Una mano? Se ha quedado atrancada la puerta".

Con una mirada hacia la camarera, por si le decía algo, se encaminó hacia los baños. Localizó la puerta del de las chicas, y entró dentro.

—¡Yumi! ¿En cual estás?

Por toda respuesta, la chica dio unos golpes en una de las puertas. William se acercó e intentó girar el manillar.

Cosa que logró a la primera, tropezando y entrando de pronto donde estaba Yumi, siendo recibido en los brazos de la chica.

—¿Pero qué…?

No pudo completar la frase, pues Yumi le acalló con un beso. William quiso resistirse. Si caía en ese momento, no podría luego quejarse de la situación del grupo. Pero la chica le seguía gustando demasiado como para resistirse. Yumi logró que poco a poco cambiaran posiciones para que él se sentara y ella quedara sobre él, a horcajadas.

—Sabes que no podemos tardar mucho, ¿no? —le preguntó Yumi, traviesa. William se preguntó si lo había premeditado, pues llevaba una minifalda puesta—. ¿Vas a caer?

Volvieron a besarse mientras William se desabrochaba el pantalón, y se levantaba un momento para poder deshacerse de la prenda. Hizo lo propio con el calzoncillo, mientras Yumi le besuqueaba el cuello y le acariciaba el torso por debajo de la camiseta. Luego, se retiró las braguitas, que cayeron al suelo, y volvió a ponerse sobre el chico. Empezaron una lenta masturbación mutua, excitándose y lubricándose. Sus lenguas se encontraron de nuevo en una danza de pasión, antes de que el pene de William se hundiera dentro de Yumi, quien gimió.

—¿No deberías... no gritar...? —preguntó William, entre jadeos.

—Perdón... Cállame tú... —pidió ella, mientras se movía arriba y abajo.

De esa forma, intercambiaron besos en los labios con otros en el cuello y caricias por el cuerpo, mientras Yumi se movía velozmente arriba y abajo, ayudada en varias acometidas por William, que la iba sujetando por las caderas. Ambos intentaban contener los gemidos y los jadeos, pero les era difícil. Se movían muy rápidamente, y calculaban que llevaban un tiempo bastante sospechoso metidos en el baño. Por suerte para ambos, apenas pasaron un par de minutos hasta que llegaron al clímax.

Cuando volvieron a la mesa, Yumi le preguntó:

—¿Sigues pensando en abandonarnos?

—Voy a tener que replanteármelo —bromeó el chico.

Degustaron los cafés (que se habían quedado fríos) y volvieron al hospital, a ver a la pareja. Sissi ahora parecía más animada tras la visita, y habían confirmado que el lunes siguiente podrían irse de allí. Grandes noticias para el grupo al recuperar a dos de sus integrantes. Aunque si querían hacer algo, seguramente lo tendrían más complicado.

Atardecía cuando Dorjan y Odd se habían encerrado en uno de los dormitorios. A puerta cerrada, habían decidido dar rienda suelta a la pasión que, tras varios días, se había acumulado. Odd estaba encima de Dorjan, quitándole la camiseta mientras le iba besando donde le destapaba. El chico tenía total intención de dejarse hacer. De forma que disfrutó del tacto de las manos de Odd por todo su torso.

A continuación, Odd le quitó el pantalón, muy lentamente, mientras le acariciaba las piernas. Luego, atrapó el bóxer de su novio con los dientes, con mucha maestría, y tiró hacia abajo, liberando a "la bestia", como lo decía con cariño. Se acomodó entre las piernas de su novio y empezó a degustar su miembro, muy lentamente. Acarició la base de su pene, y notó las manos de Dorjan revolviendo su pelo. Sonrió y prosiguió aquella lenta felación. Notó que el miembro de Dorjan se erguía un poco más, señal de su pronta eyaculación, así que se detuvo y se limitó a acariciarle el cuerpo con las yemas de los dedos.

—¿Qué voy a hacer ahora contigo…? —preguntó el rubio.

—Podrías empezar por quitarte la ropa… —sugirió Dorjan—. Y luego… mostrarme lo hombre que eres… —añadió con una sonrisa traviesa.

Odd le lanzó una mirada de complicidad, e improvisó un pequeño striptease para su novio. Se quitó la camiseta sensualmente, y dejó que el pantalón resbalara hasta el colchón. Dio de sí el elástico de sus bóxers antes de quitárselos.

Dorjan sonrió al ver el erecto pene de su novio, listo para la acción. Dejó que el rubio le girase sobre la cama y sintió sus manos masajeándole las nalgas. Estaba dispuesto a recibirle dentro. Odd tiró un poco de sus caderas hacia atrás, quedando Dorjan acostado sobre sus propias piernas, y su novio le separó las nalgas. Notó cómo su dedo le dilataba, antes de notar toda la virilidad de Odd llenándole.

El rubio empezó a bombear dentro de Dorjan, una y otra vez. Este se dejaba llevar. Le dolía, pero no de una forma intensa. Sentía olas de placer con cada acometida. Se movieron para que Dorjan se apoyara sobre sus manos y las rodillas, cosa que Odd aprovechó para asir el pene de Dorjan nuevamente para masturbarle. Continuaron así varios minutos hasta que Odd se corrió en el culo del chico, y unos momentos después, Dorjan también eyaculó.

Ambos amantes se tumbaron en silencio sobre la cama, pensando en los días que aún les quedaban de vacaciones, y que debían preparar algo grande para celebrar el nacimiento de Sofía Mora Delmas.

Antes de que anocheciera, Milly llegó. Se quedó en la puerta, intentando serenarse. No podía permitir que nadie se enterase de lo ocurrido. Y esperaba que Tamiya tampoco hablara. Con el silencio de Lysander, sabía que podía contar. Inspiró, y abrió la puerta del jardín.

Su sorpresa fue al entrar y toparse a Tamiya, llorando como nunca antes la había visto, tumbada de costado en una tumbona. Se acercó a ella, lentamente. No sabía muy bien qué podía decirle. Sintió un nudo en la garganta. Iba a llorar y no quería. No quería.

—Tamiya…

Cuando pronunció su nombre, la aludida se giró. Al ver quien era, se abalanzó a por ella, rodeándola con sus brazos fuertemente. A Milly le dolió un poco en las costillas. Su hombro izquierdo no tardó en estar empapado por las lágrimas de la chica.

—Milly, Milly, lo siento… lo siento, lo siento… he sido una cerda… —gimoteó.

—Yo también lo he sido… —dijo Milly, derrumbándose y empezando a llorar también.

Lloraron durante largo rato, sin decir una palabra, hasta que se serenaron. Estaban muy mal por lo que había ocurrido. Una vez se tranquilizaron, se sentaron, juntas.

—¿Qué va a pasar con nosotras? —preguntó Tamiya—. Lo que hemos hecho… Lo que hemos querido hacer…

—Ha sido horrible —admitió Milly—. Dejarnos llevar de esta forma…

—¿Qué crees que tenemos que hacer? Porque yo no lo sé…

—Tal vez… empezar de cero, nuevamente. Un nuevo comienzo.

Tras sopesarlo, Tamiya pensó que tenían razón. Debían afianzar su relación desde cero. Con mucha pesadumbre, se dirigieron dentro de la casa, abrazadas, intentando sobrellevar la situación.

Su sorpresa fue al ver toda la gente que había dentro. Se sorprendieron al ver a William y Laura, pero había un ambiente tenso que les impidió acercarse corriendo a abrazarles; Andrea y Paula también estaban presentes. Además, Ulrich, Aelita, Sissi y Javier estaban ausentes. Yumi habló.

—Bueno, ahora que estamos todos… o casi todos… tenemos que hablar de lo que Hiroki y Johnny han hecho hace poco. Se arriesgaron a tener sexo en público, lo cual les llevó a un arresto que podría haber terminado en deportación… En cualquier caso, creo que merecen un castigo.

Sacó unos papeles de su bolsillo.

—Tengo aquí los votos de Sisis, Aelita, Javier y Ulrich. Agora, los demás, tenemos que votar también. ¿Estáis a favor de que Hiroki y Johnny queden temporalmente fuera del acuerdo como castigo?

Y tendió unos papeles en branco y unos bolígrafos a sus amigos, mientras Hiroki y Johnny, que no habían dicho nada, aguardaban expectantes al resultado.


¡Hola a todos! Publicando en mi día y con un episodio bastante largo, y con dos lemmon. Algo bastante necesario, pues sólo quedan dos capítulos de CLR. He decidido poner punto y final en el 55, que es un número bastante alto, y capicúa además. CLE tuvo 60 capítulos... pero todos mucho más cortos que estos. Lo comido por lo servido ;)

Alejito480: Pues no, como ves, eso no ha ocurrido xD Una "batalla sexual" lo puedo ver para hace run one-shot, pero no para la trama seria. Me alegra que te siga gustando. Y JURO aquí delante de todos que de esta semana no pasa sin que me ponga al día con tu fic.

Usuario865: Es la idea que tengo, el cliffhanger ayuda mucho a dejar con esa tensión xD Para los one-shot primero quiero terminar con CLR y tener algo de tiempo para vaciar la cabeza ;) ¡Saludos!

betico18: Fue un poco corto, por eso he intentado compensar en este. Por lo menos esta semana no me he atrasado :P Acertaste con la reacción de Lysander, aunque creo que lo dijiste de broma xD Y la tercera parte no empezará en septiembre. Me tomaré ese mes de descanso y empezaré en octubre, pero con otra dinámica ;)

carlosjim04: Pues simplemente las he dejado en la cuerda floja. Lo que han hecho no se arregla de un día para otro, ¿verdad?

Lin-F.A.L.L.Y.: Tampoco es para tanto xD Pero sí, hace mucho que escribo estas cosas. Y todo en la vida tiene un final. Pero será un final digno ;) Mucha suerte con la universidad :)

Moon-9215: Yo diría que se ha arreglado mejor que bien, ¿no? ;)

lalo101097: Mis inicios en FF, allá por el año que ni recuerdo xD En mi familia no somos tan extremistas... Creo xD Tendría que pasar algo gordo para comprobarlo y prefiero que no ocurra. William el problema que tiene es... nivel asiático xD No es por agotamiento, es que cree que el grupo se mantiene por el sexo, y no es (del todo) cierto. Jeremy, Aelita y Eva tendrán su momento en el #54. Y sí... estás perdiendo la longitud de las reviews xD Dentro de poco me dejarás apenas cuatro palabras :( ¡Saludos!

Dicho esto, nos leemos en el próximo capítulo. Lemmon rules!