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Capitulo 54
Puntualmente y al sonido del reloj marcando las doce de la noche, Wilhemina esperaba a su tutor oculta entre las sombras de la estatua; al sonar la última campanada una sombra se movió ágil hasta llegar al punto de encuentro.
— ¿Y bien?— susurró de manera casi audible, Severus estaba cubierto totalmente por su túnica y capa, ni un milímetro de su rostro era visible.
—Sígueme— le ordenó pulsando un trozo de mampostería de la base de la estatua, el sonido de concreto deslizándose la sobresaltó, aunque se guardó muy bien de hacer ruido.
Lo siguió por el oscuro e intrincado túnel, tropezó varias veces pero no encendió la luz de su varita, a lo lejos, un punto de luz se dejaba ver, el camino era recto y tras varios minutos llegaron a un recoveco del bosque, muy cerca de la enorme reja del colegio, el agujero estaba oculto a un costado de una de las estatuas.
Snape la tomo de la mano tirando suavemente, salieron de los límites del colegio.
—Ven— le susurró atrayéndola más, ella titubeo un poco –no te preocupes, es para trasladarnos—
Mina se abrazó a su torso, a pesar de estar enojada con él no pudo evitar sentir un escalofrío placentero al sentir de nuevo su calor, escuchar el latido de su corazón y aspirar el aroma de su loción.
Un leve mareo y aparecieron en un lugar desconocido.
—vamos a obtener un núcleo, no se si conozcas la manera de sacarlo, pero creo que tienes algún tipo de habilidad élfica para hacerlo— por fin hablo, se descubrió la cabeza sacudiendo su negra melena y echó a andar –voy a hacer un conjuro desilusionador ¿sabes hacerlo?—
—Por supuesto— respondió dándose un golpecito en la cabeza con la varita, desapareciendo de inmediato.
—Perfecto— la imito sin antes ofrecerle su mano para no separarse, ya invisibles echaron a andar, Mina solo alcanzó a ver un pequeño objeto que despedía una luz rojiza.
Caminaron varias cuadras, ella solo se dejaba llevar pues al parecer Severus se guiaba por la lucecita que sostenía en su mano, esta cambio a verde y se detuvieron frente a una mansión de estilo puramente muggle.
— ¿Es aquí?— preguntó sin saber si lo miraba o miraba directamente la entrada de la casa.
—Si, vas a quitarle el núcleo a un niño o niña de diez años, primero vas a practicar con sus padres o algún mago que se encuentre en casa—
—Bien— respondió un tanto temerosa, ya había matado una vez, ahora ¿Cuántas veces más lo haría?
Entraron en la casa en total silencio, no veía a su tutor pero por la manera en que la guiaba era obvio que su experiencia como mortífago era vasta, no se escuchaba un solo ruido de sus pasos.
Todo el lugar se encontraba en penumbras, subieron las escaleras y se encontraron con un enorme perro guardián que dormía dando pequeños gruñidos.
No escuchó la maldición, solo una luz verde iluminó por un segundo las escaleras, el perro no hizo ni un movimiento, yacía muerto.
—¿era necesario?— siseo, un apretón en su mano la hizo callar, siguieron adelante hasta las puertas del segundo nivel de la enorme mansión, la primera puerta daba a un despacho solitario, lo revisaron y no encontraron a nadie, la segunda puerta llevaba a la habitación principal, una pareja dormía en camas separadas.
—Desmáyalos— ordenó Severus.
—Este bien— respondió lanzando el conjuro, la pareja no se movió siquiera.
—Según este objeto— comenzó a decirle mientras se hacia visible –en casa están los padres, al menos tres o cuatro niños y otro adulto joven—
— ¿Algún elfo domestico?— era importante para ella saberlo, por charlas con Jumble sabía que eran capaces de enfrentar cualquier peligro por defender a sus amos y que su magia era poderosa en extremo.
—dos, me encargo de ellos— le soltó la mano –revisa el resto de las habitaciones y déjales inconscientes, en cuanto termines te veo en el dormitorio principal— y la dejó bajando veloz las escaleras.
La siguiente habitación que revisó pertenecía a una adolescente, la luz de la mesilla estaba encendida, Wilhemina dudó por un segundo, se armó de valor y entró cerrando tras ella la puerta.
— ¿Qué diab…?— la muchacha intentó levantarse, pero la hibrida fue más rápida y la dejo inconsciente en un segundo.
Revisó la habitación, afiches de cantantes magos y muggles, un closet lleno de ropa muy bonita, suspiró sonriendo de lado y deseando no tener que matar a esa niña con tanta suerte, tenía padres y un bonito cuarto, era una bruja normal con maestro particular como pudo constatar al revisar el escritorio lleno de libros de excelente calidad, dejó la recamara con un pequeño piquete en el corazón del aguijón de la envidia.
En la recamara aledaña dormían dos niños, de aproximadamente nueve o diez años, roncaban ligeramente y no tuvo problema de desmayarlos, la ultima puerta correspondía a otro dormitorio infantil, dos niñas, también de entre nueve y diez años dormían muy tranquilas, no sintieron el conjuro que las dejó inconscientes.
Wilhemina volvía por el pasillo para reencontrarse con su tutor, el ruido de una explosión ligera en la parte inferior de la casa la sobresalto, estuvo a punto de bajar corriendo las escaleras cuando vio a Snape salir de lo que parecía el comedor, cubierto de polvo.
—dos menos— anuncio –ya casi amanece y debemos apresurarnos— ella solo asintió.
—estuve investigando, sé donde localizar parte del sistema mágico que circula en nuestro cuerpo— comenzó a instruirla, ella lo miraba atenta, fascinada por la variedad y cantidad de conocimientos que contenía en su mente –vas a intentar sacarlo de la madre— le señaló a la mujer mientras que con un simple movimiento de varita la giraba y descubría su espalda.
—No, preferiría practicar con él— señaló al papá –los niños que sobrevivan necesitaran de su madre— temblaba un poco, no quería hacerlo, pero era necesario.
—Como gustes— contestó un poco molesto y repitiendo en el hombre los movimientos que hiciera con la compañera –encontré un nervio, algo así como un tendón aquí— señalo la parte de la espalda –sangran mucho y cuando lo mueves mueren un segundo antes—
— ¿Y como lo consiguió mamá?— curiosa pasaba su mano suave por la espalda del hombre, la piel estaba caliente y la respiración acompasada era muy perceptible.
—Lo ignoro— suspiro –así que debemos practicar— se hizo a un lado – no vas a usar magia para abrirlos— le entregó la daga de plata.
—No—le rechazó entregándole también su varita –déjame intentarlo con mis manos—
Pasó suavemente la mano tibia por la cálida piel del hombre que yacía inconsciente; sus dedos dibujaban invisibles líneas por la espalda con una ternura tal que aun sin percibir la realidad el hombre soltó un suave suspiro.
— ¿Qué le haces?— Snape miraba fijamente sus movimientos, al escuchar el inesperado suspiro masculino algo que creía olvidado se dejó sentir de nuevo ¿acaso eran celos? ¿Celos de que ese hombre percibiera el suave tacto de la chica?
—Busco— fue su respuesta, tenia los ojos cerrados –es curioso— sonrió— siento como un pequeño borde que corre de aquí hasta la nuca— delineo nuevamente la espalda con sus dedos, el hombre gimió muy bajo –creo que le gusta— sonrió abriendo los ojos para mirar a Severus.
—Deja de jugar y quítale su núcleo— ordeno bastante incomodo.
—Esta bien, no seas impaciente— le riño divertida, pasó las palmas de las manos como si diera un masaje en la relajada espalda –es muy fuerte— murmuro al sentir los fuertes músculos bajo sus manos.
—Wilhemina— le advirtió cada vez más molesto.
—le quitas lo divertido a las cosas— gruñó satisfecha, era más que obvio que a su tutor le molestara que acariciara una espalda masculina que no fuera la de él.
Con la uña de su dedo índice de nuevo trazó una línea, mirando fijamente la carne que poco a poco se abría bajo su tacto dejando a la vista un musculo palpitante, aparentemente bien trabajado en el gimnasio, Severus se guardó de decir algo o interrumpirla, estaba claro que se encontraba muy concentrada.
No salió ni gota de sangre, el tipo parecía no darse cuenta, una maraña de nervios verde oscuro se alcanzaban a ver bajo la amarillenta luz de las lámparas.
— ¡aquí esta!— avisó emocionada y dando palmaditas — ¿Cómo lo saco?—
—sigo sin saber que demonios haces, así que sigue tu instinto— curioso se había hincado al lado de la cama para observar mejor, Mina toco apenas uno de los nervios verdosos y este se contrajo, el hombre gimió más ahora al parecer incomodo.
—Creo…— murmuró dándose golpecitos en los labios con el dedo índice que antes usara como escalpelo –creo que todo está unido en un solo punto—
— ¿Tardaste tanto en darte cuenta?— resoplo con sarcasmo.
Mina no contestó, levantó con mucho cuidado un musculo, los pulmones quedaron visibles, el corazón también alcanzaba a verse.
—Todo esta unido detrás del corazón— murmuró bajando el musculo pues el hombre daba señales de sentir dolor –imagino que si está unido a él, cuando lo quite puedo provocarle una fuerte hemorragia—
— ¿eso como lo sabes?— curioso la miraba sorprendido ahora, la veía tan madura y profesional.
—Voy a ser sanadora— rezongó –aunque preveo que mi primer paciente no va a sobrevivir mucho— suspiro acariciando el corto cabello del mago –lo siento amigo—
—es solo un experimento, no te apegues a ellos—
— ¿Eso sueles hacer?— preguntó molesta, buscaba entre sus ropas un pequeño contenedor que llevaba para guardar muestras por si lograba algo — ¿no apegarte? Ahora entiendo muchas cosas—
—No es momento para eso— resoplo –solo haz lo que tengas que hacer— la presiono impaciente.
Wilhemina prefirió ignorarlo, tomó su varita que habían dejado en la mesita de noche, dio una profunda respiración y parpadeo para despejarse.
Introdujo la varita con sumo cuidado bajo el musculo, quería tocar el punto donde los nervios mágicos se unían.
—Lumus— susurró, claramente podía observar los pulmones en su continuo movimiento de llenado y vaciado de aire, el corazón latía un poco acelerado –creo que más que un desmaius necesito un equipo de anestesia general—
—Cállate y sigue con lo que tenemos— la instigo molesto, aunque en realidad estaba fascinado por como se desenvolvía –no dudes que en cuanto amanezca vamos a tener visitas—
—Esta bien— respondió sin mirarlo, movió lentamente la varita acercándola al corazón para iluminarse –aquí estas pequeñito— murmuró dulcemente –profesor, necesito que seamos veloces, abre el contenedor, voy a intentar extirparle el núcleo sin lastimarlo—
Severus asintió tomando el pequeño envase, lo abrió y esperó a que le diera alguna instrucción.
—Segmenta— murmuró en determinado momento, el hombre dio un gemido de dolor pero ella no se inmutó –episkey episkey— comenzó a decir veloz, un borbotón de sangre le salpico el rostro pero tenia en las manos el núcleo mágico que pulsaba erráticamente — ¡abre el envase!— gritó y lo encerraron de golpe.
Su paciente sin embargo comenzaba a ahogarse, convulsionaba tirado boca abajo.
— ¡no puedo cerrar la herida! ¡Va a morir!— gimió
— ¡De cualquier forma va a morir!— gruñó Severus señalando al hombre con una varita que Mina no reconoció, tras la luz verde quedo inmóvil –todos van a morir— advirtió a la muchacha que lo veía sin comprender.
—Solo necesitamos un núcleo— le reclamó ella –no voy a matar a toda una familia—
— ¿No entiendes nada?— los negros ojos brillaban excitados –tenemos en nuestras manos un ingrediente excepcional, único en el mundo, solo ustedes los elfos han podido hacer uso de él—
— ¡Tú eres el que no entiende! ¡No voy a matar solo por el gusto de hacerlo!— reclamó enojada, Severus de un tirón giro el cuerpo del hombre.
— ¿sabes quien es este?— lo señaló con asco –este tipo luchó con y contra tu padre, fue uno de los mejores aliados de Albus al momento de traicionar al Señor Tenebroso, pero también…— sonrió de lado con burla – es el mayor traficante de hembras, ha enviado a elfas y brujas a otros continentes, parte de tu familia tal vez fue separada gracias a él—
—No es cierto— le respondió –quieres hacerme enojar para que cometa una monstruosidad—
— ¿Crees que esta fortuna es por trabajar arduamente?— la miraba furioso –ven— la tomo bruscamente de la mano jalándola hacia el piso inferior de la casa, casi arrastrándola la metió en un calabozo oscuro, húmedo y frio.
Los cadáveres de los elfos domésticos se encontraban literalmente empotrados en el muro, sus siluetas profundamente marcadas en la roca grisácea demostraban el poder de la maldición que los dejara en esas condiciones; los rostros semi destrozados eran como los de todos los elfos, aunque estos tenían un ligero tono de maldad.
Mina paso de lado, mirándolos de reojo mientras luchaba con la mano de hierro que la arrastraba hasta la parte más recóndita de la casa.
—El calabozo se extiende mucho más allá de la construcción— señaló unas celdas –mira y convéncete—
Un poco asustado se asomó por las rejillas que permitían ver al interior de una celda, la puerta era una placa de acero, rematada con remaches y solo esa ventanita de rejillas.
No estaba lista para lo que logró ver.
Una joven bruja yacía en el sucio y desvencijado camastro, atada de muñecas y tobillos con gruesos grilletes y tensas cadenas obligándola a permanecer en una sola posición; estaba cubierta solo por un sucio jergón que desde donde la chica podía observar, las cucarachas hacían su patio de juegos recorriendo la manta apestosa y la carne debilitada de la muchacha.
A un costado del camastro tres picas clavadas en la tierra se encontraban coronadas por tres cabezas de cabellos largos, aparentemente una ya estaba lo suficientemente descompuesta pues la mandíbula casi se caía, la cabeza de en medio todavía conservaba carne aunque los gusanos ya comenzaban a consumirla, y enormes ámpulas putrefactas se inflaban haciendo irreconocible el rostro.
Pero la tercera cabeza fue la que más le impresiono, estaba fresca y aun chorreaba sangre del cuello cercenado.
—dioses— gimió tapándose la boca — ¡hay que liberarla! ¡Por favor profesor!— suplico tomándolo de ambas manos, mirándolo con dulzura y a la vez la necesidad de ayudar a la pobre chica.
—Ella también esta muerta— le susurró atrayéndola –no quiero que veas esto más allá de la puerta—
—No esta muerta Severus— por primera vez en su vida lo llamaba por su nombre con ese tono, con esa calidez –por favor, ayúdame a sacarla—
—pero princesa— también por primera vez en su vida se negaba, no quería que la chica sufriera un shock, conocía al hombre que yacía muerto en la cama, dos pisos arriba, sabia quien era y a que se dedicaba; el destino lo llevó hasta su nuevo escondite y él había querido castigarlo matando a su mujer, a los cinco niños, pero Mina había decidido lo contrario y le había otorgado la paz de la muerte; pero sabía de lo que era capaz.
—Por favor— gimió Wilhemina.
Severus dio un suspiro, lanzó un conjuro que destrozó la puerta de acero y Mina entro veloz, con la varita que él le obsequiara destrozó las cadenas liberando al cuerpo de la bruja.
— ¡Vamos amiga, despierta!— le susurró al oído, aguantando las nauseas por el pesado olor de amoniaco, la orina y los excrementos se habían acumulado por años en esa celda –vamos amiga— la movió pero no obtuvo respuesta.
—Princesa— insistió Snape entrando al asqueroso lugar —ya revisé las celdas, hay otros dos cuerpos, ella tal vez murió hace un día o dos—
La hibrida aguantó el sollozo, la chica en el camastro era joven y en el pasado tal vez muy bonita, todavía su rostro demacrado y frio cubierto por la rígida mascara de la muerte era atractivo, la nariz pequeña y respingada, los ojos con largas y rizadas pestañas.
— ¿Por qué Severus?— pregunto mientras se levantaba, al hacerlo tiró sin querer la sucia manta descubriendo el cuerpo de la muchacha provocando en Mina un grito ahogado de terror y asco.
Una pequeña jaula de metal oxidada yacía entre las piernas del cadáver, por el tamaño era para contener alguna especie de animal pequeño, el cuerpo desnudo y carcomido por meses de tortura estaba ya tomando tonos azulados, del vientre, a la altura del ombligo, un agujero del tamaño de un plato pequeño del que salían ratones.
Snape acunó a la temblorosa jovencita que no podía quitar la vista aterrada del cuerpo herido, humillado y vejado de la chica.
— ¿Quién es el?— murmuró temblando.
—Solo uno más que fingió no ser mortífago— contestó sin dejar de mirar también el cadáver –mintió cuando desapareció tu padre, se ocultó y fue casualidad que lo encontráramos esta noche—
Lentamente la fue sacando de los fríos pasillos, no lloraba, solo la sentía temblar en sus brazos, aferrada a su cintura, abrazada a él como si se tratara de una tabla salvavidas y estuviera apunto de hundirse en la parte más profunda del mar.
— ¿Su familia es inocente?— preguntó con los labios bien pegados en sus costillas, la vibración de su voz le hizo estremecer ligeramente.
—Su esposa no creo— respondió, pasaban por la sala en ese momento –mira— señaló los cuadros – es Erzebeth una de las brujas oscuras más afamadas en Europa oriental— por la falta de iluminación en la recamara no la reconocí—
—Además está mas vieja— susurró Mina provocándole a Snape una risita apenas audible — ¿Qué pasa?—
—Erzebeth es mas joven que yo—
—Pero ella es mala, y la maldad carcome todo, hasta la juventud y la belleza— respondió Mina sin pensarlo mucho –tengo que averiguar si sus hijos son de la misma mala sangre—
El sol comenzaba a salir y eso preocupaba a Snape, era martes y tenia clase temprano, a Mina también la echarían de menos.
—Toma lo que necesitamos, es todo— insistió pero ella estaba decidida a hacerle justicia a la bruja que yacía en el calabozo, a todas las mujeres que habían sufrido gracias a ese hombre y a la mujer dueños de la casa.
