Otro anexo ;3 (secreto de Te-chan! MUAHAHAHAHAHAHAHAHAHA (referencia a la pregunta de Mamoru en el capítulo 34: 'el libro')

Este no tendría que haberlo puesto, pero medio enojada-medio preocupada porque entiendan el secreto de Te-chan, terminé publicando XD

25 de Febrero


Por los Años: la herencia Black

El secreto de Te-chan

Tetsuya se dio la vuelta al escuchar su teléfono sonar. Se acercó a su bolsa y miró el interior. Yuki le estaba llamando. Frunció el ceño. Iba a dejarlo de nuevo en la bolsa, pero finalmente descolgó. Se puso el auricular al oído y sin que ninguno de los dos dijera nada, él supo que algo andaba mal. El silencio del otro lado se lo estaba demostrando.

— ¿Ice? —preguntó en un susurro, su respuesta fue un pequeño sollozo—. ¿Qué ocurre?

— Lo siento —otro sollozo—. No sabía a quién más llamar...

— ¿Chizuko? —Tetsuya se miró el aparato de nuevo, la estaba llamando desde el teléfono de Yuki—. ¿Qué ocurre?

— No está. Yuki ha desaparecido —la gemela tenía un pequeño temblor en su voz—. Por favor, sé que vosotros podréis encontrarla.

— Cuéntame...

— Mi padre está convencido de que no pasa nada, pero, Yuki jamás se dejaría su teléfono en casa y menos se iría sin decirme nada —otro sollozo—. Sé que tenéis los recursos necesarios para dar con ella, por favor, no quiero esperar 24 horas para darla por desaparecida. Te lo suplico...

Tetsuya se quedó en silencio. Miró a su alrededor. Su camarote estaba vacío. Todos ya habían ido hacia el escenario. Tenía sus prioridades, no podía fallar a sus fans. Frunció el ceño mirándose en el espejo del tocador. Se dio cuenta de que su cara estaba realmente preocupada. ¿En qué momento había empezado a temblar? ¿Por qué se estaba preocupando? Conocía perfectamente las habilidades de Yuki, ella podía defenderse perfectamente. Pero aún así, notaba su corazón debajo de su garganta y la boca seca. Ni siquiera podía reconocerse a si mismo mirándose en el espejo. Dar un concierto en esas condiciones le sería muy complicado. ¿Qué le estaba ocurriendo? Con una sonrisa triste, fijó sus ojos en su frente. Él jamás se quitaría esa banda cuando hacía cosas importantes, porque eso era el recuerdo que tenía de esa chica. Se acercó a coger un papel para desmaquillarse de encima de la pequeña mesa. Cogió el pintalabios de Erena para escribir. Con la mejor escritura que su mano le permitió, escribió: 'ha ocurrido algo, lo siento'.

— ¿Dónde estás, Shiroma? —preguntó Tetsuya con la voz ronca mientras fijaba el papel en el cristal del espejo, cogido por una esquina.

— En casa... —Chizuko suspiró.

— En seguida estoy aquí —Tetsuya miró su propio reflejo intentando una sonrisa.

Ni siquiera eso le salió de sus labios. ¿Qué estaba pasando? Colgó el teléfono y sin ni siquiera quitarse el vestuario del concierto, cogió su bolsa y salió de allí corriendo. Se sacó de la mochila una gorra y la puso encima de su cabeza, después de guardar la cinta de su cabeza a dentro. Salió por la última puerta del recinto y se apoyó en ella para asegurarse de que nadie le veía e intentaba impedirle marcharse. Vio que aún había cola de gente esperando por entrar y suspiró. Tenía media hora para volver al lugar. Se puso el pelo de nuevo plateado bajo la gorra y echó a correr con prisas. Sus ojos, esta vez de color azul, buscaron en la oscuridad los caminos más sencillos y menos vistos por la gente. Escuchó a alguien que le señalaba, pero él ya estaba muy lejos para entender lo que decían. En cuanto llegó en la casa observó con detenimiento todo el lugar. Era una mansión de tres plantas y con un enorme jardín bien cuidado y arreglado. Delante de la casa estaba Chizuko aguantando el teléfono móvil con una de sus manos con fuerza. La otra mano la mantenía en su pecho tocándose un colgante, que era media parte del yin yang, la parte negra con un punto blanco, el yin. Su mirada estaba perdida en el jardín, donde el jardinero estaba regando unas rosas. La noche estaba cayendo ya. Tetsuya se puso a su lado sin decir nada y la miró. Chizuko miró al chico asustada.

— Lo siento —susurró—. Tenías un concierto, ¿verdad?

— No importa, Yuki es más importante que algo que pueda suspender o atrasar —Tetsuya puso su mejor sonrisa—. Además, seguro mis fans lo entenderán. Vamos a ver el lugar —suspiró finalmente. Chizuko afirmó con la cabeza y empujó la verja del jardín. Los dos entraron y el jardinero los miró a ambos con el ceño fruncido. Tetsuya siguió a Chizuko hasta la habitación de Yuki, en la tercera planta. Era una amplia habitación de paredes blancas que daban más luz al lugar. Algunas partes de la pared eran ventanas de cristal que dejaban ver el jardín y se habían colocado de manera que pareciera parte de la pared. Al medio, a un lado de la pared, una cama de matrimonio de madera negra, con un acolchado de un color azul turquesa oscuro. A cada lado una mesita de noche también de madera negra con lámparas pequeñas de pie. Todo cuadrado y modernista. En la mesita de noche de la derecha, había un marco de fotos digital en el que pasaban imágenes de Yuki y Chizuko en distintos lugares y con distintas posturas. En la mesita de noche de la izquierda, había otro marco de fotos digitales, pero estas mostraban fotos de Tetsuya, Hiro, Takeshi y otras personas que Tetsuya reconocía perfectamente como amigos de la chica. Al lado de la puerta una mesa de madera también de color negro, con una tableta digital encima. La silla simple y también pintada de negro estaba tirada al suelo. Entró y dejó su mochila al suelo, al lado de la cama—. ¿Esto? —preguntó Tetsuya señalando la silla.

— Así es como lo he encontrado todo —susurró Chizuko casi sin voz—. Por favor, encuentra a Yuki… te lo suplico.

— Por eso estoy aquí —sonrió Tetsuya poniéndole una mano en la cabeza a la chica y dándole pequeñas palmadas. Chizuko afirmó con la cabeza y suspiró quedándose con la mirada perdida en el marco de fotos en donde solo estaban ella y su hermana. Tetsuya suspiró y observó con atención alrededor. No había mucho por ver. La habitación estaba limpia y ordenada. Se acercó al escritorio y desbloqueó la tableta electrónica. Había una pantalla abierta con la página del FBI. Tetsuya miró lo que la chica estaba viendo. Parecía una página de vigilancia—. Dime, ¿sabías lo que estaba vigilando? —preguntó Tetsuya mirando a la hermana.

— No, no sabía que estuviera vigilando —susurró Chizuko sin dejar de mirar las fotografías.

Tetsuya rodó los ojos. Así no irían a ningún sitio. Tocó algunas cosas de la tableta. Suspiró mientras escuchaba su teléfono sonar dentro de su mochila. Lo dejó sonar, estaba seguro de que sería el mánager del grupo. Se acercó a las paredes. No era posible que no hubiera un solo armario en esa habitación.

— ¿Dónde están las cosas de tu hermana? —preguntó el chico.

— Los armarios son la propia pared —susurró ella acercándose a la cama y sentándose en ella, cogió el marco de fotos y se lo quedó mirando.

Tetsuya se acercó a la pared e intentó mover la pared hacia un lado, pero no se movió. Miró hacia atrás a Chizuko que estaba llorando de nuevo y rodó los ojos. La chica no le iba a ser de mucha ayuda ahora. Apretó con fuerza la pared. Nada. Dio un pequeño golpe en la pared. No funcionaba. Tetsuya suspiró largamente. Fue golpeando la pared a todos sitios hasta que encontró una parte que sonaba distinta. Empezó a palpar el lugar hasta que el dedo se le hundió en la pared. Había una pequeña tela del mismo color que cubría un botón. Hundió su dedo y la pared se abrió por un lado. Tetsuya frunció el ceño tirando de la tela. Había una hilera de tres botones debajo de ella. Rodó los ojos y miró el armario que se le había abierto. Estaba lleno de ropa de Yuki. No había nada que le indicara donde podía haber estado o lo que estaba haciendo en el momento en que había desaparecido. El armario de la chica era un vestidor con un espejo al fondo. Al lado derecho había cajones con zapatos y pijamas y... no quiso abrir el último cajón. Tetsuya se notaba las mejillas arder. Al lado izquierdo estaba llena de ropa de color negra o tejana y destacaba al medio el uniforme del instituto Teitan que era de color azul. Al lado del espejo, había un cartel del grupo de los Bullet Junior, en pequeño y una foto de una mujer idéntica a Chizuko y a Yuki. Tetsuya supuso que era su madre.

— ¿Por qué negro? —susurró el chico.

— Porque mi hermana tiene que mantenerse fría con la gente… —susurró Chizuko entre sollozos.

— No entiendo —respondió Tetsuya saliendo del grande vestidor y volviendo a pulsar el mismo botón haciendo que la puerta del armario se cerrara.

— Yo, siempre he tenido muchos problemas con las personas que me rodean. Cada vez que me acerco a alguien este me rechaza sin pestañear. Nuestro padre es… bueno… —Chizuko suspiró—. Cuando se enteran de que somos de esta familia todos se apartan de nosotras con rapidez. Ella quiere mantenerse fría para que nadie le dañe.

— ¿El clan Shiroma? —preguntó Tetsuya pulsando el botón de debajo y haciendo que se abriera en el otro lado de la habitación otro armario—. ¿De la Yakuza? —Chizuko lo miró sorprendida—. Hace mucho que sé de eso…

— ¿Por qué? —preguntó Chizuko.

— Antes de que sigas preguntándote por qué me da igual esa parte de vosotras… —Tetsuya sonrió mientras se adentraba en el armario—, pregúntate si tienes intención de seguir con la séptima generación de vuestra familia, o si simplemente vais a abandonar el negocio familiar —era un vestidor el doble de grande que el anterior, ocupaba todo el ancho de la pared, estaba lleno de estantes con libros, algunos viejos y gastados, otros nuevos y recientes—. Si quieres seguir con el negocio, te pediré que lo dejes y si me dices que no, te pediré que no me involucres en eso, pero… —Tetsuya tocó el lomo de un libro de fantasía que había en una mesa vieja al medio del vestidor, parecía haber sido leído recientemente—. Jamás te pediré que dejes de ser amiga mía, Shiroma. ¿Qué tiene que ver tus orígenes con nuestra amistad? —preguntó mirándola—. Si vas a involucrarme o a ponerte en peligro por ello, claro que me alejaré un poco o intentaré convencerte de que lo dejes pero, ¿de qué me serviría si lo que quiero es tener a mis amigos a mi lado?

— Vaya, eso ha sonado muy profundo… —suspiró Chizuko, que sin darse cuenta había dejado de llorar—. Ahora entiendo a Yuki, en cierto modo —la chica sonrió sinceramente.

— ¿Entenderla cómo? —preguntó Tetsuya acercándose al otro lado del vestidor.

— No importa —sonrió Chizuko negando con la cabeza mientras lo veía desaparecer por la pared.

— ¿Entonces? ¿Por qué tan fría? —preguntó Tetsuya sonriendo mientras acariciaba el lomo de un libro que le había llamado la atención.

— A mi me han estado haciendo daño siempre… —Chizuko dejó el marco de fotos en la mesita de noche y se acercó a Tetsuya con lentitud—. Cuando llegábamos a casa siempre me ponía a llorar. Yuki no aguantaba que hiciera eso —susurró mirando un par de libros mientras Tetsuya se giraba a mirar el otro lado—. Me tranquilizaba, pero a ella eso le hacía daño. Empezó a comportarse fría con todo el mundo y yo la veía pero no entendía el motivo, ya que conmigo seguía comportándose igual. Un día, alguien me dijo unas palabras que me dejaron realmente confusa. Como siempre cuando llegué a casa solo me puse a llorar, Yuki me estuvo consolando dándome palabras bonitas, como siempre. Yuki cuando tenía 7 años ya mantenía su mente perfectamente fría. Luego, ella desapareció —se acercó a una esquina del vestidor mientras Tetsuya la seguía con la mirada—. La encontré aquí en esta esquina, llorando sola…

Flashback

— ¿Yuki? —Chizuko se acercó a su gemela.

— Perdona… —susurró Yuki secándose los ojos—. No quería que me vieras…

— ¿Qué te ocurre? —Chizuko se arrodilló delante de ella con cara preocupada.

— No me mires con estos ojos tan tristes —pidió Yuki.

— Lo siento —Chizuko intentó sonreír, pero no podía dejar de estar preocupada—. ¿Te ha pasado algo malo? ¿Te han hecho daño a ti? Lo siento... yo… —Yuki iba a interrumpirla, pero Chizuko empezó a hablar con rapidez—. Yo solo pienso en mí y solo me preocupo por mí misma. Lo siento, cuéntame lo que te ha pasado, por favor.

— No es por eso, Chizuko… —susurró Yuki sonriendo con tristeza—. Es que me siento mal.

— ¿Por qué? —preguntó su hermana—. ¿Te duele algo?

— No es eso —Yuki se rió tontamente—. Es que… he intentado protegerte manteniéndome fría con la gente, pero no me ha servido de nada. Te han hecho llorar de nuevo. Me siento idiota.

— No entiendo.

Fin del Flashback

— Se mantenía fría para protegerte —concluyo Tetsuya saliendo del armario con ella y pulsando luego el botón del armario para cerrarlo.

— Sí. Y yo no me había dado cuenta —suspiró Chizuko—. Luego de que me contara, se me ocurrieron un par de tonterías que la hicieron sonreír con más ganas. Ese día, decidí por mi misma intentar ayudarla. No sé cómo, terminé con este lado tan penoso y patético.

— ¿Por eso te mantienes en tu lado infantil? —preguntó Tetsuya—. ¿Por Yuki?

— Me he acostumbrado a decir tonterías, aunque me parezcan lo más cutres y tontas del mundo —se rió ella—. Me he acostumbrado a hacer tonterías y a aguantar que me llamen cría o infantil. Porque sé que aunque Yuki no se ría, porque quiera mantenerse completamente fría con el resto del mundo, ella resistirá mientras yo siga a su lado pareciendo tan inútil como siempre.

— ¿Inútil convirtiéndote en útil? —preguntó Tetsuya pulsando el último botón—. El oso verde…

— Algo así —se rió Chizuko—. Ella me apoyaba a mí y yo a e…

Chizuko se quedó callada. El último botón había abierto un armario detrás de la cabecera de la cama que ella nunca había visto. Tenía un par de pistolas, cuatro cuchillos, un pequeño botiquín y las espadas que Yuki siempre había llevado encima desde que se habían ido bajo la protección del FBI: Anne y Mary.

— ¿Qué es esto? —susurró la chica acercándose.

— Quieta… —Tetsuya le puso una mano en el hombro y la detuvo.

Ella lo miró mientras Tetsuya se arrodillaba al suelo a coger la otra parte del yin yang que llevaba Chizuko colgando de su cuello.

— ¿Qué es esto? —preguntó Tetsuya.

— Es el colgante que lleva Yuki encima… —susurró su hermana—. Nunca se lo quita, siempre lo lleva bajo la ropa. El blanco soy yo y el negro es ella —añadió mostrándole su parte del colgante.

— ¿Nunca se lo quita? —preguntó Tetsuya.

— Ni siquiera para dormir —susurró Chizuko—. Igual que yo…

— ¡Chizuko! —gritó la voz grave de un hombre con fuerza desde el otro lado de la puerta. La chica se acercó corriendo a los botones y pulsó el que había abierto el armario de las armas para cerrarlo, cuando terminó de cerrarse la puerta, el padre de las dos chicas entró a la habitación dando un golpe a la puerta. Tetsuya se asustó mirando al hombre que estaba rojo de ira. Su cabeza era redonda y tenía poco pelo en ella. Su barriga era un poco grande, haciéndolo todo él una bola de hombre grande y bajito—. ¡¿Se puede saber qué haces con un hombre en la habitación de tu hermana?! —gritó.

— Ah, papá… es un amigo… de… —Chizuko se calló viendo que el hombre estaba muy agitado—. Lo… lo siento.

— ¡Llama a tu hermana y dile que vuelva ahora! ¡¿A qué horas piensa presentarse esta chica?! —gritó el hombre y luego se giró para irse.

— ¡Papá, por favor! —Chizuko gritó—. ¡Escúchame! ¡Yuki…!

— ¡Las dos estaréis castigadas! —gritó el hombre mirándola, luego se volvió para irse, se paró y se volvió de nuevo hacia ellos—. ¡¿Y tú vas a quedarte aquí parado?! —añadió señalando a Tetsuya—. ¡¿Quién narices eres y qué haces a solas con mi hija?! ¡¿No estarás emparentado con los Kudo, verdad?!

Tetsuya sonrió mirando hacia otro lado.

— Ya le gustaría a ella… —respondió Tetsuya en un susurro.

— ¡No papá, este chico se llama Shirogane Kyooi! —gritó Chizuko por encima de la voz del chico haciendo que la mirara sorprendido—. ¡Es nuestro amigo! ¡Ha venido a ayudarme a encontrar a Yuki!

El hombre lo miró de arriba abajo.

— ¿Ese es el de la fotografía cuando fuisteis secuestradas a América? —preguntó el padre Shiroma fijándose en los ojos azules del chico—. No recuerdo a nadie con el pelo plateado…

— El tinte hace milagros —respondió Tetsuya entrecerrando los ojos y hablando fríamente.

— ¿Te llamas Shirogane Kyooi? —preguntó el hombre cruzándose de brazos.

— Eso parece… —respondió Tetsuya sin cambiar su mirada ni su voz.

— ¿A qué has venido? —añadió el hombre arqueando una ceja.

— A buscar a su otra hija, porque sé del cierto que no desaparecería de esta manera preocupando a su hermana —añadió Tetsuya igual.

— ¿Te estás burlando de mí? —preguntó el hombre.

— No se me ocurriría, Shiroma-san —sonrió Tetsuya fríamente.

— ¡Entonces quita esta sonrisa de tu cara y largo de aquí! —respondió el hombre—. ¡Yuki y su hermana siempre se van cuando les da la gana y desaparecen durante días! ¡Ya volverá cuando a ella le plazca! ¡Ahora lárgate! —respondió el hombre señalando a la puerta.

Tetsuya cogió su bolsa y se la colgó al hombro. Miró a Chizuko que lo miró asustada.

— Vamos, Chizuko… —susurró Tetsuya.

— ¡Ella se queda aquí! —gritó el hombre de nuevo rojo como un tomate.

Tetsuya la cogió de la mano y tiró de ella. El hombre se interpuso en su camino.

— Apártese, no desearía hacerle daño… —respondió Tetsuya mirándolo fríamente.

— ¡Ni lo sueñes! ¡Tú no te llevas a mi hija! —se quejó el hombre con los dientes apretados—. ¡Tenemos una cena muy importante hoy y ella tiene que quedarse aquí!

— Papá, por favor… Yuki… ella…

— ¡Cállate de una vez! —gritó el hombre haciendo que Chizuko se echara un poco hacia atrás con la cabeza baja—. ¡Los invitados ya están llegando y tú sigues sin vestirte!

— Si los invitados están aquí, no debería de hacer un espectáculo, ¿no cree, Shiroma-san? —Tetsuya sonrió—. Estoy convencido de que sus gritos se están oyendo por todo el lugar.

— ¡¿Te estás burlando de mi, jovencito?! ¡¿Acaso no sabes quién soy?! —gritó el hombre con los dientes fuertemente apretados.

— Creo que se llamaba Shiroma Jack, miembro noble de la Yakuza, sexta generación —Tetsuya sonrió mirando a Chizuko.

— Jaaku —corrigió el hombre.

— ¿No es esta la pronunciación japonesa de Jack? —Tetsuya sonrió fríamente mirando de nuevo al hombre.

— ¡Soy japonés! —gritó el padre.

Tetsuya arqueó una ceja. Odiaba que la gente le gritara y más cuando no tenía nada que ver con el enfado del hombre. Iba notando que Chizuko iba retrocediendo asustada y chasqueó la lengua.

— ¿Le tienes miedo? —preguntó Tetsuya mirando a Chizuko haciendo como si estuviera ignorando el hombre—. ¿Tendrás consecuencias terribles si vienes conmigo? —preguntó.

— No si salvamos a Yuki y ella puede contarle… —susurró Chizuko mirando al suelo mientras el hombre se volvía aún más rojo si cabía.

— Está bien, entonces te llevo conmigo —sonrió Tetsuya con amabilidad.

— Pero…

— ¿Con quién te crees que estás hablando? —preguntó el joven.

Ella sonrió y lo miró.

— ¡No te vas a llevar a mi hija! —gritó el hombre alzando sus puños.

Tetsuya lo miró y avanzó tirando del brazo de Chizuko. El hombre se puso delante dispuesto a golpearlo, pero Tetsuya se apartó y con un movimiento ágil con su brazo libre lo movió hacia la pared de la habitación.

— Disculpa, no me vas a prohibir ir a salvar a tu hija —dijo Tetsuya en un susurro muy bajo a la oreja del hombre que estaba gritando para que vinieran a ayudarlo y que Chizuko no pudo oír—. Porque esto es lo que hago, salvar a la gente que me importa —Tetsuya empujó al hombre hacia el lado contrario a la puerta y salió tirando de Chizuko hacia la salida. Bajaron un tramo de escaleras y de repente escucharon los gritos del hombre mientras veía gente subiendo con espadas—. ¿Y estos? —preguntó con un susurro.

— Los sirvientes de mi padre. Son peligrosos —susurró Chizuko.

— Vale —Tetsuya abrió la puerta que tenía al lado y se escondió en ella junto con la gemela escuchando como los hombres pasaban por delante de la puerta corriendo y llamando a su maestro. En cuanto todos hubieron pasado, Tetsuya salió mientras escuchaba gritando al hombre que le persiguieran. Tirando aún de la mano de Chizuko bajó el resto de las escaleras pasando por en medio de gente vestida en kimonos y con trajes y gafas de sol con pintas de mafiosos— Una pregunta... —Tetsuya se paró y miró a Chizuko mientras la gente se quedaba mirándolos—, o no vale la pena sacarte de casa. ¿Esto es una fiesta?

— Tan solo es una fiesta para nuestro padre... —respondió ella arqueando una ceja—. Es aburrido y tienes que comportarte como un Yakuza para venir aquí.

— Entonces vale —se rió Tetsuya saludando con la mano a los sirvientes del padre que volvían a bajar las escaleras y gritaban a la gente de abajo que le detuvieran—. Podemos irnos.

Soltó la mano de Chizuko y los dos echaron a correr hacia la puerta esquivando la mirada de sorpresa de la gente que allí había y mientras los hombres del clan Shiroma les seguían gritando a los demás que los detuvieran. Salieron de la casa y Tetsuya guió a Chizuko por las calles ya prácticamente oscuras de la ciudad. Siendo agente, Tetsuya había aprendido a correr más que la gente adulta y para intentar ganar a Asami había tenido que practicar mucho. Por su lado, Chizuko, había estado entrenando con Yuki, ya que ella había sido agente desde que habían ido a América, y habían conseguido las dos entrenar con los sirvientes de su padre. Siempre consiguiendo vencerlos en cuanto a carrera se trataba. Así que rápidamente, los dos dejaron atrás a los Yakuza.

— ¿A dónde vamos? —preguntó Chizuko después de pararse delante de un edificio y ver que Tetsuya lo miraba.

— Tu hermana estaba vigilando este lugar —suspiró él—. Así que algo que ver…

— Claro —sonrió ella—. Entonces vamos…

Tetsuya la miró.

— Oye… tú…

— He sido entrenada por Yuki, sé defenderme perfectamente si las cosas se ponen feas —respondió ella—. Y pase lo que pase tienes que rescatar a mi hermana. Porque ahora ya no puedo volver a casa sin recibir un severo castigo, así que…

Tetsuya se echó a reír con fuerza. Se sacó la mochila del hombro y sacó la pistola de dentro. La alargó a la chica.

— Al menos tendrás algo para defenderte —sonrió. Ella la cogió y afirmó con la cabeza a modo de 'gracias'. Los dos entraron al edificio—. Por cierto, ¿por qué me llamaste Shirogane Kyooi? —preguntó Tetsuya con el ceño fruncido mientras andaba apoyado en la pared.

— Bueno… —Chizuko miró su espalda siguiéndole apoyada en la pared igual que él—. Sabes que nuestra madre murió cuando Gin escapó de la cárcel hace más de seis años…

— Sí —Tetsuya se paró y la miró—. ¿Qué tiene que ver conmigo?

— Nuestro padre… no superó que ellos mataran a nuestra madre y culpó a la Organización —susurró Chizuko—. Mató a unos cuantos de ellos dentro de la cárcel, usando su poder de la mafia japonesa, entonces… —Tetsuya siguió el camino—. El día siguiente el FBI se nos llevó a Yuki y a mí para salvarnos, porque pensaban que Gin nos quería matar a nosotras también. Mi padre empezó a odiar al FBI, por haber dejado escapar a Gin y por llevarnos con ellos durante un año. Así que odia cualquier cosa que esté relacionado con ellos y entre esas relaciones están el apellido Kudo y Kuroba. Aunque, yo por poco no meto la pata una vez y te sentencio a muerte, pero Yuki fue rápida y te puso el apellido Shirogane —se rió Chizuko—. Dando a entender a nuestro padre que erais amigos inocentes en situación similar que el FBI se nos había llevado a todos para protegernos.

Flashback

— ¿Ellos son unos Kudo, no es así? —preguntó el padre claramente enojado.

Yuki y Chizu se miraron y negaron rápidamente con la cabeza.

— No, papá, ellos son otras personas. Ellos… —las dos se quedaron calladas viendo que su padre empezaba a enrojecer de rabia.

Tragaron sonoramente, asustadas y se miraron entre ellas.

— ¿Sus nombres? —la sonrisa del padre se hizo presente.

— Hijoshi… —susurró Yuki viendo que el padre le señalaba a Asami.

— Kirei… —respondió Chizuko sonriendo.

Yuki miró sorprendida a su hermana y ella se encogió de hombros disimuladamente. El padre se quedó mirando a Yuki con el ceño fruncido. Ella lo miró y sonrió ampliamente intentando disimular. El dedo del hombre corrió por la fotografía hasta Hiro.

— El hermano…

— … Yuusha y… —Chizuko rodó los ojos mientras el padre deslizaba el dedo hacia la foto de Takeshi—, Shinshi…

El padre arqueó una ceja y Yuki miró a su hermana con cara de 'estás loca'.

— ¿Son hermanos los tres? —preguntó el hombre.

— Sí —mintió Yuki mirándolo con rapidez—. Eso mismo.

Chizuko arqueó una ceja mirando a su hermana gemela.

— ¿Y ella? —preguntó señalando a una chica.

Las hermanas respondieron sinceramente el resto de la clase con la que se habían fotografiado hasta que el dedo de su padre llegó a Tetsuya.

— ¿Él?

Yuki miró a Chizuko que iba a responder sinceramente.

— Shirogane —sonrió antes de que su hermana metiera la pata.

Chizuko la miró sorprendida.

— ¿Nombre? —preguntó el padre.

— Kyooi… —respondió Chizuko en un susurro mirando a su hermana.

Yuki miró a su gemela con sorpresa muy grande y vio que ella la estaba mirando con los ojos entrecerrados.

— De acuerdo. Ahora la otra fotografía que habéis intentado esconder —sonrió el hombre alargando la mano.

Chizuko se encogió de hombros y finalmente le dio la fotografía.

— ¿Quiénes son ellos? —preguntó sonriendo con malicia señalando al primer chico.

— Kyogoku Akira —respondió Yuki arqueando una ceja y mirándolo—. Nuestro compañero de clase…

— ¿Y ella? —preguntó señalando la chica de al lado con el uniforme Teitan también.

— Su hermana, Kyogoku Chieko, dos cursos por debajo de nosotras —respondió Chizuko poniendo la misma mirada que su hermana y haciendo que su padre empezara a ponerse rojo por el enfado.

— ¿Y él? —preguntó el hombre.

— Hattori…

— Mamoru…

— ¿Hattori? —preguntó el padre—. ¿De qué me suena ese nombre?

— Es un detective papá, es el más famoso de todo el colegio —respondió Yuki suspirando—. ¿Ahora también vas a odiar a los que hacen la justicia bien y que no tienen nada que ver con el FBI?

El hombre la miró y Yuki lo fulminó con la mirada.

— Está bien. ¡Las dos a la cama, ahora! —gritó el hombre señalando la puerta del comedor más rojo aún.

Las dos hermanas salieron corriendo de allí susurrando un pequeño 'buenas noches' que para el hombre fue casi inaudible. Se pararon en cuanto la puerta del comedor se hubo cerrado y suspiraron largamente.

— ¿Por qué también a Miyano? —preguntó Chizuko.

— También están relacionados con el FBI —se quejó Yuki—. Papá también los odia.

— Tienes un problema —se rió Chizuko cruzándose de brazos.

— Ninguno —respondió Yuki sonriendo con frialdad.

— ¿Y qué fue eso de Hijoshi? —preguntó Chizuko—. Hiciste un juego malo de palabras con Kudo.

— Me dices Asami y solo me viene a la mente su nombre en clave Fire —respondió Yuki empezando a subir las escaleras mientras su hermana la seguía—. Es una mujer, así que los caracteres de fuego, 'Hi', de mujer, 'Jo' y el de niño 'Shi'. No era tan difícil —se rió—. ¿Y por qué Kirei?

— Bueno, Kudo es bonita —sonrió Chizuko encogiéndose de hombros.

— ¿Pero eso es un nombre de verdad? —preguntó Yuki.

— ¿Qué importa? ¿Se lo ha tragado, no? —preguntó su hermana señalando hacia el piso de abajo mientras subían el siguiente tramo de escaleras.

— ¿Yuusha?

— ¿El nombre en clave de Hiro no era Brave? —preguntó Chizuko poniéndose dos dedos en la cabeza intentando recordar.

— Así es…

— Pues eso —sonrió.

— ¿Shinshi?

— Truth —respondió Chizuko—. La clave de Takeshi. ¿Por qué Shirogane?

Yuki miró a su hermana medio sonrojada y luego de verla sonreír traviesa desvió su mirada.

— Por nada…

— Platino, eso es lo que significa. Pero querías que llevara un kanji de Shiro, como Shi-ro-ma, ¿verdad? —Chizuko había dado de lleno.

— ¿Y por qué Kyooi? —preguntó Yuki fulminándola con la mirada.

— Iba a preguntar qué amenaza era la que provocaban los Miyano, pero no me dejaste terminar con la mirada que me diste.

— Amenaza —suspiró Yuki mirándola sin creerse a su hermana—. Has llamado a Tetsuya una amenaza.

— Cuando papá se entere de que te gusta opinará igual que yo —sonrió ampliamente Chizuko cruzándose de brazos mientras se paraba delante de su habitación.

Yuki arqueó una ceja y la miró fríamente. Chizuko desvió la mirada intentando disimular, como si no hubiera dicho ella esas palabras, finalmente entró corriendo a su habitación y cerró la puerta.

— Voy a hacerte picadillo, Chizu —se quejó la voz de Yuki detrás de la puerta.

Chizuko sacó la lengua traviesa mientras escuchaba a su hermana entrar en la habitación de al lado.

Fin del Flashback

Yuki suspiró mirando donde estaba. La habían encerrado en una caja de cristal y la estaban viendo desde el otro lado. Veía borroso y no podía pensar con claridad. Intentaba recordar lo que había pasado mientras veía al otro lado una persona que se acercaba a ella con mucha lentitud. Recordaba estar mirando su tableta electrónica viendo las cámaras de seguridad de un edificio que le habían dicho que estaba acogiendo a los miembros de la Organización que habían escapado ya de la cárcel gracias a Jun. Giró la cabeza intentando levantar la mirada hacia la persona que se había puesto a su lado, pero la droga que le habían dado era tan potente que solo le hizo girar la cabeza hacia otro lado y seguir viendo sus piernas.

— Hola —sonrió la voz de una mujer.

— ¿Quién…? —la voz le parecía nostálgica y lejana, la conocía. Se sentía muy cansada. Recordó que alguien había llamado a la puerta de su habitación. Sabía que su padre se había ido con Chizuko a ver los entrenos de los demás Yakuza, así que no podía quedar nadie en la casa, ni siquiera el jardinero. Recordaba levantarse para ir a abrir la puerta, preparada para defenderse, y cuando estaba llegando a ella la puerta se abrió de golpe y la rociaron con un espray. Un olor a rosas le invadió de repente mientras se notaba inconsciente. Notó que alguien la cogía, pero se durmió sin ni siquiera poderse defender. Tan solo deseaba que Chizuko no hubiera estado allí y se hubiera dado cuenta de que se había quitado el colgante momentos antes de desfallecer. Por alguna razón se sentía satisfecha de ser ella y no su hermana gemela la que estuviera encerrada en esa caja de cristal—. ¿Qué... quieres? —preguntó Yuki.

Le costaba hablar. De hecho le costaba incluso respirar. Parecía como cuando tenía un día agotador, después de no haber dormido en dos días, y despertar en medio de una pesadilla, 3 horas después de haberse ido a dormir. Se sentía con todo el cuerpo entumecido y medio adolorido, la garganta seca y la lengua pegada a sus dientes.

— Nos has estado investigando, y no podemos permitirnos que haya alguien que nos descubra —susurró la voz de la mujer. ¿En dónde había escuchado esa voz? Mirando los zapatos no podía saber mucho, aparte de que no era alguien muy femenina. Llevaba zapatos deportivos altos, de aquellos que se aconsejaban llevar en excursiones de montaña—. Shiroma… Yuki, ¿verdad? —preguntó la mujer de fuera del cristal.

Había dudado al verla. Así que no la había visto desde hacía 5 años y medio, que fue cuando ella y Chizuko empezaron a tener un color de pelo distinto; y cuando Chizuko había decidido no vestirse igual a ella. Pero aún así, la conocía y estaba empezando a pensar que quizás si se despertaba un poco más podría recordar quién era. Se mordió un poco la lengua sin apretar con fuerza, haciéndose un poco de dolor. Pero seguía sin poder levantar la vista por encima de las rodillas de esa mujer. Movió la cabeza con fuerza y se golpeó en el cristal terminando tumbada al suelo. Ahora podía ver quién la estaba mirando. Podía reconocer a la mujer. Pelo rubio, con mechas rosadas, ojos marrones oscuros y una cicatriz debajo de la barbilla que le llegaba hasta la mejilla. Ella le había hecho esa cicatriz, la recordaba perfectamente. Llevaba pantalones cortos de tejano, por encima de las rodillas y un top sin mangas ni tirantes del color de su pelo, amarillo y rosa, que le dejaba ver el tatuaje del clan Shiroma que llevaban todos en el hombro izquierdo. El mapa de la leyenda de un antiguo tesoro, todo blanco, con una cruz roja al medio. Referencia al primer miembro de la Yakuza que se llamó con el apellido Shiroma y por el que le habían puesto el nombre a ella. Yuki. Nieve, blanco de Shiro. El tatuaje daba nombre a su hermana. Chizuko, la niña del mapa. El mapa de la nieve que nadie había sabido encontrar aún desde que la mujer de blanco que empezó con el negocio se había tatuado eso y había dicho a todos que contenía un gran tesoro oculto. Esa mujer las había entrenado a ella y a su hermana desde que eran bien pequeñas. Se acordaba de que era la única a la que no habían podido vencer nunca, excepto el día en que ella le había hecho la cicatriz hacía tres años, motivo por el que Jaaku la había echado del clan. Observó como la mujer le ponía la mano derecha al cristal y sonreía con malicia. Yuki fijó sus ojos en el brazo de la mujer. Sabía que no tenía muchas ganas nunca de hacerse tatuajes, así pues, la estrella que llevaba tintada de rosa carne no podía ser nada bueno. De repente pareció entenderlo todo. Tenía ganas de llorar, como una niña pequeña. Ella era el motivo…

— Ken… Chishi… —Yuki rodó los ojos intentando ver más allá del cristal.

La habitación era muy oscura y la única luz que había en toda la sala era la de dentro del cristal que provenía de debajo de sus pies. Vio como la mujer alzaba la mano hacia el techo y de repente un gas entró en el cristal.

Flashback

— Deberías de empezar a esforzarte un poco más Yuki-chan —sonrió Ken, sin la cicatriz en su cara, viendo como la niña golpeaba con la espada de hierro el muñeco de paja con fuerza—. Sería una vergüenza que lleves el nombre de la primera generación del clan Shiroma y aún así no sepas ni derrotar un simple muñeco —a su lado, Chizuko resopló y frunció el ceño intentando levantar de nuevo la espada que le pesaba demasiado—. Chizu-chan golpea con más fuerza. ¿Qué narices haces? No puedes aguantar ni siquiera media hora aguantando una espada. ¿Tan débil eres?

— ¡Ya basta, Ken! —gritó la voz de una mujer al otro lado del patio.

Yuki y Chizuko con 12 años miraron a la mujer al otro lado del jardín. Las dos sonrieron ampliamente y echaron a correr hacia ella tirando las espadas al suelo.

— ¡Mamá! —las dos niñas se abrazaron con fuerza a ella.

— He vuelto, pequeñas —sonrió la mujer abrazándolas también—. ¿Qué hacéis con unas espadas vosotras dos? Id ahora mismo a comer que es hora de vuestra merienda.

— Señora deberían de entrenar más, siguen estando muy débiles —se quejó Ken acercándose.

—Claro que van a entrenar más —sonrió Natsuko con una mirada fría y distante que las niñas nunca le habían visto hacer a la mujer rubia—. Pero a partir de ahora las entrenaré yo misma. No puedo perderme tanto de mis pequeñas —sonrió dulcemente hacia ellas y las dos la abrazaron con fuerza—. ¿Y bien qué hacéis? —preguntó haciendo que las dos la miraran confundidas—, id a comer, venga...

— ¡Sí! —las dos gritaron con fuerza y echaron a correr hacia la casa.

— Señora... —Chishi parecía descontenta.

— No se te ocurra tocarlas, Chishi —el susurro de la madre llegó aún a los oídos de Yuki.

Antes de entrar a dentro, la pequeña miró a su madre. Llevaba la mano derecha vendada. ¿Qué había pasado? Su madre y Ken parecían discutir y las dos estaban muy enojadas. Finalmente, Ken afirmó con la cabeza le hizo una pequeña reverencia y salió corriendo de la casa. Yuki siguió a Chizuko hacia dentro de la casa. Su hermana estaba peleándose con un hombre calvo y delgado que no quería darle el plato de comida a la pequeña. El hombre movía su brazo alzado por encima de su cabeza con agilidad.

— Minoru-oniichan tengo hambre...

— ¿Quién dijo ayer que mi comida no estaba buena? —preguntó el hombre moviendo el plato hacia otro lado mientras Chizuko daba un pequeño salto para alcanzarlo.

— Yuki... —Chizuko puso una cara sonriente e inocente que hizo reír al hombre a carcajadas.

El hombre bajó el plato hacia ella que lo cogió con ilusión, luego le dio un par de golpecitos en la pequeña cabeza y miró hacia Yuki.

— ¿Tienes hambre, Yuki-ojou? —el hombre sonrió amablemente.

Ella afirmó con la cabeza lentamente.

— Entonces ven a coger tu plato, pequeña, no te quedes ahí parada —el hombre le hizo señas para que se acercara mientras Chizuko se sentaba en la mesa que había al centro de la sala.

Yuki se acercó arrastrando los pies y paró las manos manteniendo su mirada fría. El hombre se quedó con el plato en las manos y arqueó una ceja hacia ella—. ¿Con esa frialdad vas a comerte mi plato cocinado con tanto amor? —preguntó el hombre, Yuki arqueó una ceja y siguió con las manos alzadas—. Una sonrisa, chica de nieve —Yuki siguió con la misma mirada y postura—. Está bien, tú ganas.

Chizuko se rió y miró a su hermana que se giró al hombre y sonrió satisfecha.

— Yuki... —la llamó el hombre con una sonrisa.

Yuki deshizo su sonrisa y se giró hacia el hombre. Este había sacado su teléfono y le hizo una fotografía.

— El photoshop hace milagros, te haré sonreír aunque sea ficticio —el hombre sonrió satisfecho mientras Yuki miraba a su hermana sin entender.

Chizuko se encogió de hombros y sonrió dando un mordisco al pastel de limón. Yuki se sentó a su lado y comió un trocito. Era dulce pero a la vez ácido. La chica sonrió y Minoru le hizo otra foto. Chizuko se había puesto al lado de su hermana con una mano alzada con los dedos en forma de 'V'. Yuki al escuchar el ruido de la cámara frunció el ceño poniendo cara de enojada y empujó a su hermana hacia su sitio. Minoru y Chizuko se pusieron a reír de la cara de la chica.

Al cabo de unas horas, Yuki y Chizuko estaban jugando al ajedrez con su madre. Las dos niñas estaban intentando vencer a su madre que solo tenía el rey y un peón desde que había empezado la partida.

— Mamá… —Yuki se paró llena de curiosidad—. ¿Qué te ha pasado en la mano y dónde está papá?

— Cariño, no hay nada de lo que debas preocuparte —su madre sonrió cálidamente—. Debéis de entrenar fuertemente cada día, ¿me habéis oído? Para que cuando seáis mayores podáis defenderos vosotras solas de los peligros que están en este mundo.

De repente una alarma empezó a sonar mientras la habitación se llenaba de una luz roja y oscurecía el lugar. Las dos niñas sabían lo que significaba eso. Se miraron y en seguida echaron a correr dirección a la habitación que compartían las dos en el tercer piso. Sabían que su madre en ese momento estaba cogiendo una espada dispuesta a derrotar a los intrusos que habría esa noche. Como cada vez que eso pasaba, Chizuko y Yuki se encerraban en el enorme vestuario que había en su habitación en la tercera planta. Esperarían un rato hasta que su padre o su madre les fueran a buscar. Solo sus padres sabían de ese escondite y las dos hermanas siempre esperaban pacientemente leyendo algún libro o jugando entre ellas. Al fin y al cabo la habitación estaba insonorizada y oculta. Pero no sabían ninguna de las dos que ese día nadie las vendría a buscar. Pasarían el tiempo solas dentro del armario de la habitación toda la noche.

— Sou-chan, tengo hambre… —susurró Chizuko suspirando a la mañana siguiente—. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

— Nos hemos dormido, no sé —respondió su hermana gemela levantándose y subiéndose en la estantería de libros que compartían las dos gemelas. Yuki pulsó el botón para abrir el armario desde dentro y sacó la cabeza por la puerta. La alarma había parado y la luz había desaparecido. La habitación de ellas estaba desordenada y patas arriba. Alguien las había estado buscando. Le hizo señas a Chizuko para que la siguiera en silencio y su hermana afirmó con la cabeza cogiéndose a su jersey de un color gris oscuro. Las dos salieron con precaución. Se adentraron a la habitación viendo que todas sus cosas estaban tiradas al suelo. Yuki cogió la mano de su hermana asustada. Necesitaba que le dieran fuerzas y en ese momento las dos eran demasiado débiles para poder superar lo que fuera que pasara al otro lado de la puerta de la habitación. Cogió aire y lo soltó sonoramente. Miró a su hermana que le sonrió cálidamente afirmando con la cabeza. Yuki abrió la puerta de la habitación y sacó la cabeza lentamente. Tal y como Ken le había enseñado. Siempre mirar por donde ellos pueden verte, donde la pared y la puerta no te cubran. Cuando estás segura de que no hay nadie allí, abrir un poco más la puerta y mirar al otro lado. Nadie. Tiró de Chizuko y frunció el ceño—. ¿Por qué papá y mamá no han venido a buscarnos? —preguntó Yuki—. Si las alarmas ya han sido desactivadas significa que el peligro ya ha pasado… ¿por qué no han venido?

Chizuko se mordió el labio. Sabía que su hermana estaba pensando lo mismo que ella.

— Yuki —Chizuko apretó su mano con fuerza—. Todo estará bien.

Yuki sabía que su hermana gemela también estaba pensando en negativo, pero aún así decidió afirmar con la cabeza y mantener la seguridad en su mente de que todo estaría bien.

— Todo estará bien —se dijo a sí misma mientras iban hacia las escaleras con lentitud. Bajaron las escaleras en absoluto silencio mientras empezaban a notarse las manos temblorosas. Cuando llegaron al final de las escaleras y se giraron para ver el pasillo las dos terminaron chillando. Los sirvientes de la familia que hacían la seguridad de la casa estaban tumbados al suelo, completamente inconscientes y rodeados de sangre. Yuki y Chizuko se abrazaron instintivamente y taparon la boca a sus gemelas para que mantuvieran el silencio. Se miraron y se apartaron las dos un poco avergonzadas. Suspiraron medio aliviadas y se agarraron de las manos de nuevo. Siguieron avanzando en silencio hacia las escaleras para ir a la planta baja. Conforme iban bajando el suelo estaba aún más rojo que las partes anteriores. Chizuko se miró los calcetines haciendo parar a su hermana—.Todo estará bien —susurró Yuki sonriendo—. Vamos… tenemos que buscar a mamá y llamar a una ambulancia para salvar a Minoru-oniichan y los demás…

Chizuko afirmó con la cabeza y siguió a Yuki mirando hacia el hombre tumbado al suelo. Se acordaba de haberse reído mucho el día anterior con Minoru y ahora le parecía muy triste que el hombre estuviera tumbado al suelo y mal herido. Cuando quiso darse cuenta, Yuki estaba llorando al igual que su hermana. Pero estaban haciéndolo en silencio. Ninguna de las dos se atrevió a hablar más con su gemela. Al llegar al final de la escalera, la puerta de entrada justo delante de ellas se abrió con un fuerte golpe y cayó al suelo bajo sus pies. Las dos se quedaron quietas apretando la mano de su hermana con fuerza, viendo como un hombre con ropas azules y negras entraba con un fusil. Las dos hermanas se miraron y subieron escaleras arriba en seguida mientras chillaban.

— ¡Atención hay dos niñas! —gritó el hombre que había entrado—. ¡Id con cuidado! ¡Hay dos niñas!

— ¡Yo me encargo de ellas! ¡Buscad supervivientes! —Sera Masumi entró corriendo detrás del hombre y subió las escaleras apresurada—. ¡Deteneros!

Yuki entró en la primera habitación de la segunda planta y Chizuko la siguió cerrando la puerta con fuerza mientras Sera sacaba su pistola. La habitación era el despacho del padre de las niñas. Había una pequeña librería a la izquierda con marcos de fotos de la familia, libros y películas. Al centro de la habitación una mesa de madera con una silla detrás. A la derecha, un cuadro con una ballesta con una flecha cargada y más al fondo un cuadro con dos espadas cortas entrelazadas. Chizuko saltó para coger el cuadro con la ballesta mientras Yuki se abalanzaba encima del cuadro con las espadas. Con un rápido movimiento Yuki desenfundó las espadas y Chizuko apuntó con la ballesta hacia la puerta que Sera estaba abriendo. La mujer se quedó quieta con la mano al pomo mirando a las dos niñas. Chizuko disparó haciendo que la flecha se clavara a la pared pasando por el lado de la oreja de Masumi.

— A la próxima apunto a tu cabeza. No te acerques a nosotras —susurró la chica.

— Tranquilas, chicas. —Sera hizo su mejor sonrisa—. Soy de la policía, no voy a haceros daño.

— ¡Ja! —Yuki se avanzó a su hermana con las dos espadas alzadas hacia Masumi—. Nuestros padres dicen que la policía japonesa es mala para nuestra familia, ¿por qué iríamos a creer que no vais a hacernos daño, eh?

— Porque no soy de la policía japonesa —se rió la mujer hábilmente soltando el pomo de la puerta—. Mi nombre es Sera Masumi, soy parte del FBI, ¿sabéis que es eso?

Yuki frunció el ceño y miró hacia su hermana que negó con la cabeza con una mirada curiosa.

— ¿Qué es eso? —preguntó Yuki finalmente.

Masumi sacó su placa y la levantó hacia las chicas.

— Voy a tirároslo para que lo veáis, ¿vale? —Sera se arrodilló e hizo deslizar su cartera por el suelo hasta los pies de la pequeña con la ballesta—. Aunque está en inglés, no sé si sabréis leerlo.

— Ahora nos trata de incultas... —susurró Chizuko alzando la cartera a los ojos de su hermana que seguía con las espadas levantadas—. Léelo.

— Veo que si eres inculta tú —se quejó Yuki.

— Me da pereza intentarlo —se rió Chizuko.

— Hazlo...

— FBI... —leyó Chizuko—. Nombre... Masumi Sera... Agente de Investigación Criminal... especialidad en Organizaciones criminales de alto level... ¿cómo era esto...? Ah, sí, nivel...

— ¿Qué significa FBI? —preguntó Yuki.

— Federal Bureau of Investigation —sonrió la agente—. Es decir...

— Despacho Federal de Investigación... —susurró Yuki—. Sois solo un despacho —bajó las espadas—. Ni siquiera sois de la policía, sois un despacho de investigación. ¿Qué significa federal?

— Es política.

— Algo que no nos importa —respondieron las dos niñas a la vez.

— De acuerdo —Sera suspiró y se removió el pelo un poco nerviosa—. ¿Queréis venir a ver el despacho? —puso su mejor sonrisa, Yuki alzó las espadas hacia ella dándole a entender que no se moverían de allí—. ¿Qué queréis? —preguntó finalmente.

— A nuestros padres, aquí —se quejó Chizuko poniéndose detrás del escritorio de su padre y sacando del primer cajón una flecha.

Chizuko recargó la ballesta y se puso al lado de su hermana de nuevo con el arma alzada.

— ¿Cuántas armas hay en esta habitación? —preguntó Masumi sorprendida.

— Unas cuantas —sonrió Yuki—. Y si no quieres que las usemos contra ti, más te vale llevarnos con nuestra madre… ¡ahora!

— No sé si nos va a ser posible contentaros con eso, pero —Masumi sonrió—. Creo que vuestra madre sigue en la casa —suspiró finalmente ella—. ¿Queréis verlo?

— ¡No! —gritó Yuki sabiendo el significado de esas palabras.

— ¡Mentirosa! —gritó Chizuko haciendo que su hermana la mirara con sorpresa—. Si nuestra madre estuviera aquí hubiera venido a buscarnos en nuestro lugar...

— Chizuko... —Yuki sonrió y se giró hacia Masumi—. ¡Eso! —gritó de nuevo.

— Chicas, chicas... —Sera levantó las manos intentando tranquilizarlas—. Era una broma, una broma... pero si os quedáis aquí no podremos llevaros a vuestra madre, tenemos que ir al jardín, ¿vale?

— Tú delante —dijeron las dos pequeñas a la vez alzando sus armas.

— Está bien, está bien —Sera sonrió y se giró saliendo de allí con las manos levantadas.

Las dos pequeñas la siguieron con sus armas alzadas hacia ella. Pasaron por el medio de algunos agentes que parecían estar buscando pruebas forenses en el lugar.

— ¡Hey! ¡Mirad esto! —gritó un agente del FBI señalando hacia ellas tres—. La reina del Jet Kune Doo está siendo amenazada por unas niñas. Ya sería hora que alguien la detuviese alguna vez.

Algunos de los agentes se rieron mientras Sera mantenía su sonrisa yendo hacia el jardín. En cuanto salieron a la luz del sol, las dos pequeñas cerraron sus ojos unos segundos para acostumbrarse a la luz. Cuando volvieron a abrirlos, Sera ya había bajado los escalones de la entrada y se había girado hacia ellas unos metros alejada de allí. Yuki y Chizuko bajaron las escaleras con lentitud y las dos se pararon al último. Sera las miró curiosa.

— ¿Qué ocurre? —preguntó viéndolas.

— Ken-san nos va a castigar, ¿verdad? —preguntó Chizuko mirando a su hermana—. Estamos desobedeciendo todas las normas.

— Prefiero que lo haga ella a que lo haga papá —suspiró Yuki haciendo ademán de bajar el último escalón, pero retrocediendo en seguida.

— No podemos —susurró Chizuko.

— ¿Por qué no? —Masumi se había acercado tanto a ellas que las dos se sobresaltaron cayendo hasta sentarse en las escaleras.

— Porque estamos descalzas y es otra norma no ir descalzo por el jardín —suspiró Yuki manteniendo su faceta fría.

Sera se encogió de hombros y se quitó los zapatos delante de ellas.

— ¡Hey! ¡La jefa se desviste! —gritó un agente que pasaba por ahí.

De repente todos los hombres del FBI los estaban mirando. Al lado de ellos, dos médicos bajaron con una camilla.

— Chizu… Yuki… —la voz de Minoru hizo levantar a las chicas de golpe y bajar el último escalón poniéndose al lado de la camilla—. Lo siento… no pude… protegeros… —al hombre le costaba hablar y los médicos se habían parado unos segundos—. Merezco… el peor de los castigos por lo que… lo que voy a pedir, pero... —miró a Masumi—. ¿Podéis protegerlas?

— Claro que sí —sonrió ella—. Somos el FBI al fin y al cabo.

— Yuki… —Minoru hizo su mejor sonrisa viendo los ojos asustados de la pequeña—. Haced caso a esta gente, ¿vale? Prométeme que cuidarás de tu hermana —Yuki afirmó con la cabeza lentamente, sonaba demasiado como una despedida—. Chizuko… —miró a la hermana menor, que estaba a punto de llorar—. No dejes de sonreír, ¿vale? Tienes que ayudar a tu hermana hasta que podáis volver.

— ¿Volver...? —dijo Yuki en un susurro casi inaudible—. ¿A dónde?

— A casa —respondió Minoru.

— ¿De dónde? —preguntó Chizuko frotándose los ojos con fuerza para evitar llorar.

— Ellos os llevarán a un lugar seguro, ¿vale? —sonrió el hombre—. Hacedles caso… no llevéis problemas y… no os separéis en ningún momento. Quiero que cuidéis la una de la otra. ¿Me lo prometéis? —una última mirada del hombre que hizo reaccionar a las pequeñas.

— Prometemos hacer caso, no llevar problemas y no separarnos en ningún momento. Cuidaremos la una de la otra, hasta que volvamos... —dijeron las dos con voz triste mientras Minoru acariciaba la cabeza de Yuki con una última sonrisa.

— Todo irá bien, ya lo veréis...

Los médicos se llevaron el hombre, arrastrando la camilla por el pequeño camino de piedra hasta la salida. Yuki forzó una sonrisa.

— ¡Minoru-oniichan! —gritó hacia la camilla—. ¡Estoy sonriendo!

Vio como el hombre levantaba su pulgar hacia ella. Chizuko se cogió de la mano de su hermana que soltó las espadas. Sera se sentó en las escaleras de la entrada dejándolas solas. Unas horas más tarde, Sera Masumi y otros agentes del FBI acompañaba a las dos gemelas, junto con Asami, los gemelos Kuroba y Tetsuya en un vuelo hacia América.

Fin del Flashback

Tetsuya llevaba un rato corriendo delante y sabía que Chizuko estaba detrás de él porque la escuchaba quejarse cada vez que tenían que derrotar a alguien. Habían subido hasta el piso más alto y no habían dejado de pelearse con toda la gente que estaba en ese edificio. Tetsuya estaba cansado, pero no dejaba de correr en ningún momento, no quería dejar que unos segundos pudieran evitar que consiguiera salvar a la chica. No se apartaba de la pared por si acaso les disparaban pudiera evitar rápidamente las balas, pero no se detenía a mirar los pasillos. Se sentía ansioso y muy nervioso. A cada paso que hacía sabía que estaba más cerca, pero también se sentía más desesperado de llegar. Tetsuya ni siquiera miraba atrás. No podía ni tenía tiempo por hacerlo. Subieron el último tramo de escaleras y aminoró el paso. Sabía que estaban cerca pero de algún modo sentía que no debía apresurarse en ese lugar. Escrutó la oscuridad de la planta entrecerrando un poco los ojos. Solo había una puerta al fondo del lugar. Puso una mano delante de Chizuko para que no se precipitara hacia delante. Se acercó con lentitud a la puerta y la abrió con lentitud.

— Lo siento, Yuki-chan, pero necesitamos el dinero para la Organización —sonrió Ken abriendo la puerta del cristal y viendo como Yuki estaba medio consciente pero completamente inmóvil.

El último gas que le habían dado, la había dejado completamente consciente, pero incapacitada para moverse.

— Chishi-chan… —la voz de Chizuko hizo parar a la mujer y mirar hacia atrás—. ¡Chishi-chan! ¡¿Qué ha ocurrido?! —se acercó hacia la mujer y la abrazó.

Tetsuya frunció el ceño mirando la habitación en la que habían llegado.

— ¿Qué es este lugar? —preguntó dando una vuelta sobre sí mismo—. Yuki… —se quedó mirando el interior de la caja de cristal.

Yuki había escuchado su nombre y conocía la voz. Pero por alguna razón su cerebro no podía saber quién era. Veía borroso y no se encontraba nada bien. Sus ojos no dejaban de llorar y no ayudaba el que la hubieran vuelto a drogar por segunda vez ese día.

— ¿Quién… eres…? —la voz de Yuki era tan débil que ni siquiera Chizuko o Tetsuya que se acercaban a ella corriendo pudieron oírla.

— Yuki. Sou-chan, por favor —Chizuko le acarició el pelo lentamente mientras con la otra mano le tomaba el pulso—. ¿Qué te han hecho?

— Tenemos que sacarla de aquí… —Tetsuya se quedó mirando a Chishi que estaba cerca de las dos hermanas.

— ¿Qué le han hecho? —Chizuko miró hacia la mujer que las había entrenado desde bien pequeñas e incluso un año después de que volviéramos de Estados Unidos—. Por favor, tienes que ayudarnos. Tenemos que sacarla de aquí.

— ¿Quién eres tú? —preguntó Tetsuya mirando a la mujer.

— Es nuestra entrenadora Yakuza —susurró Chizuko acariciando la cabeza de Yuki que la miraba con ojos desconcertados.

— ¿Tenéis entrenadora Yakuza? —preguntó Tetsuya—. ¡La historia mejora! ¡Yo quiero una de esas! Así quizás pueda vencer a Asami de una vez —se rió finalmente acercándose a las gemelas.

— Te-chan… —el chico entró en su campo de visión, y aunque estuviera viendo muy borroso, ella lo reconocía.

— Estoy aquí —susurró Tetsuya cogiéndola en brazos y besándola en la frente—. Todo está bien… —Tetsuya se quitó del bolsillo la cinta que se había quitado y la puso al brazo de la chica con una sonrisa.

— Todo estará bien —sonrió Chizuko afirmando con la cabeza.

— Chishi… no te fíes… mamá… —la voz de Yuki no salía casi, pero ella misma se forzó a hablar para que no confiaran en ella—. Huye…

— ¿De qué hablas? —Chizuko se quedó mirando a su gemela.

Los susurros que había usado su hermana de seguro solo los habían escuchado Tetsuya y ella, pero de algún modo presentía que a su espalda había algo mal. Notó que Tetsuya se sacaba un cuchillo del bolsillo a su lado y se giraba hacia la mujer con el cuchillo alzado. Chizuko alzó la pistola y se giró hacia Chishi. No podía creerse que lo que estuviera diciendo su hermana fuera cierto, pero hasta que su hermana no le contara todo, ella no se confiaría de nadie más que Yuki. La mujer hizo un par de pasos hacia atrás con el ceño fruncido.

— ¿Qué haces con una pistola? —preguntó la mujer sonriendo—. ¿Por qué me apuntas? —levantó las manos yendo hacia la puerta de la caja de cristal—. ¿No recuerdas que tu padre te prohibió las pistolas?

— ¿Por qué no preguntas mejor cómo he conseguido esta pistola? —preguntó Chizuko—. ¿O insistes en quién es el chico que me acompaña? —una mueca salió de la cara de la mujer—. Muéstrame tu brazo derecho.

Un tic que Chizuko reconoció al instante. Cada vez que en los entrenamientos acorralaban a esa mujer siempre le cogía ese pequeño tic de derrota. Esa mueca en la que fruncía la nariz y la frente muy fastidiada. La mujer suspiró y se arremangó su brazo derecho, mostrando una pequeña estrella quemada en su muñeca.

— No me lo puedo creer… —Chizuko bajó la pistola—. ¿Mataste a mamá?

— Salgamos de aquí, Chizuko —susurró Tetsuya levantándose a su lado con Yuki en sus brazos.

— No bajes… la guardia… —la voz de su hermana cada vez estaba más débil.

— Yuki —Chizuko miró a su gemela asustada.

— Mantente en guardia, Chizuko… —dijo Tetsuya que no dejaba de mirar a la mujer que estaba llegando ya a la puerta de cristal.

La gemela afirmó con la cabeza mientras alzaba de nuevo la pistola hacia la mujer.

— Avanza hacia aquí —se quejó Chizuko apartándose hacia la pared de cristal detrás de Tetsuya— saldremos nosotros primero de aquí…

— Yo no he hecho nada —susurró Ken—. Te lo prometo, Chizu-chan…

— ¡Deja de llamarme así! —gritó la gemela moviendo la pistola con nerviosismo—. Entra hacia el fondo y déjanos salir a nosotros primero.

La mujer avanzó con lentitud hacia ellos y Tetsuya se apresuró a salir de la caja de cristal. Chizuko avanzó apoyada en la pared y sin dejar de apuntar a la mujer con la pistola. Se notaba débil y sabía que no podría defenderlos durante mucho tiempo. Notaba que le ardían los ojos. Recordaba cuando en un entreno por accidente habían herido a Chishi con la espada. Se habían puesto las dos a gritar con desespero mientras la mujer intentaba tranquilizarles con una sonrisa. Desde ese día, Yuki odiaba que le dijeran 'Yuki-chan' porque le hacía sentirse culpable de haberla herido.

— ¿Cómo pudiste hacernos esto? —susurró Chizuko con la voz temblorosa saliendo de la caja de cristal y aún con la pistola alzada—. Hemos confiado en ti durante mucho tiempo. Papá confiaba en ti más que en cualquier otra persona de nuestro clan. Si no, no te hubiera dejado entrenarnos cuando volvimos...

Chishi chasqueó la lengua.

— ¿En serio ahora nos vamos a poner a hablar de traiciones? —preguntó ella—. ¿Cuando fue tu padre el que me echó del lugar porque me había dejado herir por unas mocosas de 14 años?

— ¿Has secuestrado a Yuki porque te herimos en el entrenamiento? —preguntó Chizuko.

— ¡¿Te crees que un motivo tan débil podría hacerme arriesgar todo lo que he ocultado hasta ahora?! —gritó la mujer asustando a Chizuko.

La gemela por un acto reflejo cerró la puerta de cristal y salió corriendo del lugar siguiendo a Tetsuya.

— Ve delante, Chizuko, asegúrate de que nos puedes proteger —respondió Tetsuya nervioso.

Hacía unos segundos que Yuki había cerrado los ojos y eso no era nada bueno.

Chizuko afirmó con la cabeza y alzó la pistola asegurándose de que nadie en el camino pudiera intentar hacerles daño. Que día más raro había sido para la chica, todo le había hecho daño en su cabeza, pero aún así ella no lloraba como antes. De algún modo estar preocupada por Yuki la estaba haciendo evitar llorar mucho más, y por lo tanto, ser más fuerte. Tetsuya la siguió hasta el ascensor y bajaron hasta el primer piso, nadie les molestó. Tetsuya escuchó la melodía de su teléfono de nuevo en su mochila. Sus amigos estaban preocupados, pero en esos momentos a él le preocupaba más la chica que llevaba en brazos. Estaba sonriendo levemente con los ojos cerrados. La noche ya había caído del todo. En menos de veinte minutos volvían a estar cerca de la casa de su padre. Los sirvientes de su padre estaban dando vueltas por la zona para encontrarles. Tetsuya y Chizuko, se escondieron un par de veces para evitar que les vieran algunos de los hombres.

— Por fin... —la voz de Shouta se hizo escuchar por la oscuridad asustando a los dos—. ¿Estáis bien? ¿Qué ha pasado? —añadió al ver a Yuki inconsciente en los brazos del cantante. Todo el grupo de los Bullet Junior estaba allí viéndolos.

— Odagiri-sensei... —Chizuko se abrazó a él y el hombre le acarició la cabeza.

— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó Kokoro alzando el rifle que llevaba en su hombro, para decirles que iban a ayudarlos.

— ¿Qué ha pasado con el concierto? —preguntó Tetsuya.

— Nada, el cantante había desaparecido...

— Que impresentable de tipo... —suspiró Tetsuya en voz baja haciendo reír a Kokoro.

— ¿Entonces? —preguntó la chica—. ¿Qué ha pasado?

Tetsuya les contó lo que sabía y lo que había visto que ocurría.

— ¿Entonces hay gente de la Organización infiltrada entre la gente de tú padre? —preguntó Shouta con el ceño fruncido, haciendo que Chizuko, que aún estaba cogida a él afirmara con la cabeza—. Está bien... —apartó a la joven de él y le levantó la cabeza para que le mirara—. Vamos con vosotros y os ayudamos a encontrar a los traidores, ¿vale? —Chizuko afirmó con la cabeza y sonrió levemente—. ¿Qué decís chicos?

— Por supuesto —sonrieron todos los demás del grupo que habían llegado con él.

— Vayamos pues a la casa —susurró Shouta haciendo señas a la hija Shiroma para que fuera delante mientras los demás se sacaban cada uno un arma distinta. Cuando giraron el último cruce hacia la mansión Shiroma, Chizuko levantó el arma. Como siempre que sucedía algo, había dos hombres haciendo guardia en la verja del jardín. Minoru era uno de ellos. En cuanto el hombre la vio corrió directa hacia ella para asegurarse de que estaba bien.

— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó el hombre—. No sabes lo enojado que está tu padre.

— Minoru-oniichan —Chizuko alzó la pistola hacia él—. No te acerques. Llévame con papá, pero no te acerques a nosotros.

— ¿Qué te ocurre? —preguntó el hombre.

— Nos han traicionado. Y no voy a aceptar a hablar con nadie hasta que esté al lado de papá —respondió Chizuko—. ¡Llévanos! —ordenó con un pequeño chillido.

— Tranquila… —susurró Tetsuya a su lado.

— Esa mujer trabajaba con mi padre —susurró Chizuko mordiéndose el labio inferior para evitar llorar—. Había sido nuestra amiga durante mucho tiempo —Minoru retrocedió y con paso decidido se acercó al muro de la casa con las manos levantadas. Era conocido por todo el mundo lo hábil que era esa chica con las armas a distancia. El padre les había prohibido estrictamente a las dos usarlas, porque cuando Chizuko se ponía nerviosa provocaba accidentes con ellas—. Espera —el hombre se giró a verla—. Muéstrame tu brazo derecho, Minoru-oniichan —él frunció el ceño por la extraña pregunta, pero aún así lo hizo sin esperar ni un segundo. Chizuko suspiró tranquila viendo que no tenía nada en su brazo. La chica se acercó a él y le dio un abrazo fugaz—. Me alegro que no seas uno de ellos —sonrió de nuevo la joven.

— ¿De quién? —preguntó el hombre.

— Síguenos el juego —sonrió tímidamente haciendo que Minoru mirara a todos los que acompañaban a la chica.

— De acuerdo —respondió él levantando las manos y girándose hacia la verja.

Chizuko le contó en susurros lo que había pasado mientras se acercaban a la entrada de la casa lentamente. Minoru no daba crédito a lo que escuchaba de la chica. El otro vigilante de la verja, al ver volver al hombre con las manos alzadas se dispuso a sacarse el arma del bolsillo, pero Kokoro, Tsubasa y Erena levantaron sus armas hacia el hombre y negaron con la cabeza.

— A dentro y sin hacer escándalo —dijo Tsubasa—. Manos arriba. Vamos.

El hombre se giró alzando las manos y miró hacia Minoru que negó con la cabeza.

— ¡Todo el mundo a dentro! —ordenó Minoru al ver que algunos de los demás sirvientes se acercaban para ver quién le amenazaba—. ¡Ahora!

Chizuko le siguió con el arma alzada y Tetsuya se puso detrás de ella. Los demás guardaron sus armas y sonrieron alrededor de Tetsuya.

— Dime, ¿y cómo confías en tu padre también? —preguntó el cantante.

— Porque mi padre puede ser de todo, pero jamás dejaría que dejaran inconsciente a Yuki —susurró Chizuko—. O que me hicieran llorar a mí. Él se vengaría de cualquiera que nos hiciera daño. Aunque sea un poco bestia y se ponga nervioso con nada; aunque nos chille día tras día… por encima de todo, él amaba a mamá, con locura. Hasta el punto de que cuando la mataron y nos llevaron a Estados Unidos bajo la protección del FBI, él se volvió loco. Se volvió así cuando su familia se desmoronó.

Todos entraron a dentro siguiendo las órdenes de Minoru. Chizuko entró en la casa con el arma alzada e indicó al hombre que entrara en el comedor donde ya había algunos hombres más del clan viendo que el jefe Shiroma se había desmoronado de nuevo.

— Papá, hemos encontrado a Yuki —susurró Chizuko sin verlo.

El hombre se levantó de golpe mientras la gente que allí había se apartaba de ellos. Minoru se quedó al medio de la sala con los brazos levantados.

— ¿Qué ha pasado con mi hija? —preguntó el jefe del clan mientras Tetsuya dejaba a Yuki encima del sofá y le tomaba el pulso de nuevo.

— Papá, por favor, escúchame —susurró Chizuko acercándose a él y cogiéndolo del brazo.

— ¡Cállate jovencita! —gritó el hombre asustando a la chica que retrocedió hasta topar con Erena—. ¡Estarás castigada el resto de tu vida! ¡¿Cómo se te ocurre desobedecerme?!

— ¡Se acabó! —gritó Tetsuya levantándose de golpe y cogiendo al hombre por el cuello de la camisa, los demás del clan hicieron ademán de abalanzarse sobre él, pero Minoru los detuvo dando un grito y alzando una mano—. ¡¿Por qué no escuchas a tú hija?! ¡Tenéis un grave problema en esta familia y ella es la única que puede solucionarlo ahora mismo! —Tetsuya zarandeó al hombre levemente—. ¡Por una vez hazle caso!

— Papá, tenemos gente a nuestro servicio que son los causantes de la muerte de mamá —susurró Chizuko sin apartarse y mientras el cantante seguía manteniendo el hombre agarrado por la camisa—. Miembros de la Organización están dentro de nuestro clan y hoy han secuestrado a Yuki —el padre de las gemelas miró a la chica sorprendido y asustado—. Sé que amas tú dinero, pero ahora mismo me da miedo que si te hacen escoger entre él o nosotras, escojas el materialismo, tal y como Chishi-chan ha hecho.

— ¿De qué hablas? —preguntó el padre, Tetsuya lo soltó—. ¿Chishi? ¿Te refieres a Ken Chishi? ¿Ella ha secuestrado a mi hija? ¿Ken Chishi es miembro de la gente que mató a mi querida Natsuko? ¿Escoger el dinero antes que a mis propias hijas?
Chizuko fue afirmando con la cabeza a cada pregunta que él hacía.

— Papá, dices que odias al FBI, pero...

— Claro que los odio, ellos permitieron que Natsuko muriera —respondió el hombre.

— Dejad todas vuestras armas ahí —informó Minoru—, y alejaros de ellas. No intentéis nada, Chizuko os conoce perfectamente.

Todos lo hicieron y se pusieron en fila delante del gran ventanal del comedor.

— Tu propia hija es miembro del FBI —suspiró Tetsuya rodando los ojos y negando con la cabeza.

— ¡¿Qué?! —el hombre gritó enfadado hacia Chizuko.

Ella señaló a Yuki, mientras Tetsuya cogía de nuevo al hombre por la camisa y lo giraba hacia la gemela mayor.

— Tu hija perfecta es miembro del FBI —susurró Tetsuya al oído del hombre—. Ahora, haznos un favor y déjanos hacer nuestro trabajo. Chicos —añadió con la voz más elevada—, encontrad a los traidores.

— Bueno señoritas, señoras y señores —Tsubasa se puso delante de los hombres con voz de un presentador de circo—. Levanten todos su mano derecha —él levantó también su brazo y se lo señaló—, y hagan esto —se bajó la manga—. Esperamos su colaboración, gracias y esperemos que hayan disfrutado del espectáculo.

Algunos lo hicieron al ver que Minoru lo hacía y les afirmaba con la cabeza.

— Limpio, limpio, limpio, limpio... —Kokoro fue pasando por delante de los que habían levantado el brazo, la mayoría llevaban tatuajes, pero ninguno reconocible o tapando marcas visibles—. El otro brazo, señor —informó viendo a un hombre que había levantado el brazo izquierdo por el efecto espejo que le había hecho Minoru—. Limpio —sonrió cuando el hombre levantó el otro brazo bajándose la manga—. Todos aquellos que estén limpios ya pueden recoger sus armas y esperar allí —señalo dónde estaban las armas, encima de la mesa y luego la pared de detrás—. Usted levante su mano —el hombre no se movió—. Por favor, hágalo.

— Huele a traidor, detenlo —informó Shouta pasando por detrás y empujando al hombre que se negaba a levantar su brazo.

— Sí, cómo quieras —Kokoro tiró del brazo del hombre hasta ponerlo delante de Minoru.

Le golpeó detrás de las rodillas para obligarlo a sentarse al suelo. Le subió la manga derecha y observó su brazo.

— Aquí tienes a otro —informó Kokoro.

Minoru bajó su mano y golpeó al hombre con su puño cerrado.

— Nadie amenaza a mi familia —se quejó el hombre obligando al hombre a tumbarse al suelo y cogiendo las esposas que Kokoro le pasaba.

— Oh, vaya —Erena olió el aire—. Por aquí huele muy mal —susurró oliendo detrás de un hombre y una mujer joven.

Los dos se giraron de golpe.

— Buen olfato, Glow —Shouta sonrió delante de ella—. Por aquí hay otro...

— Levanten sus brazos —dijo Erena con voz amenazante.

— No haremos caso de lo que nos digan unos críos que han entrado amenazando nuestras vidas —se quejó el hombre.

— Eso, eso... —tartamudeó la mujer.

Erena empujó a la mujer y Shouta le cogió el brazo destapándolo del kimono que llevaba.

— Aquí hay otra —sonrió Shouta mientras Erena cogía el brazo del desconcertado hombre y lo miraba.

— Este está limpio —la batería del grupo chasqueó la lengua—. Recoja sus armas y deja de hacernos perder el tiempo.

Fueron apartando a todos los traidores y poniéndoles esposas. Hasta que Yuki despertó.

— Te-chan —susurró la hija mayor de los Shiroma al ver al cantante aún cogido al cuello de su padre.

Tetsuya soltó al hombre sobresaltado y se arrodilló al lado de la chica.

— ¿Estás bien? —preguntó él viéndola incorporarse.

— Sí, estoy bien —susurró ella poniendo sus pies al suelo mientras Chizuko se acercaba con los ojos llorosos.

— No deberías de levantarte —susurró su gemela.

— Tenemos problemas serios —se quejó Yuki levantándose—. No tengo tiempo para debilidades.

— Me encanta tu optimismo, chica —se rió Tetsuya ofreciendo su mano para ayudarla a levantarse.

Ella lo ignoró y se levantó.

— Gracias por ayudarnos —susurró la chica mientras Tetsuya se levantaba y ella se acercaba a su padre—, pero debéis iros ahora.

— Sabes que no lo haremos —Tetsuya se cruzó de brazos detrás mientras Chizuko se dejaba caer al sofá.

— Iros ahora, esto es un problema de la familia Shiroma, no tenéis nada que ver vosotros —respondió Yuki sin mirarlo y sonriendo hacia su padre que parecía desconcertado.

— Yuki —Tetsuya cogió a la chica por los hombros y la obligó a girarse—. Tengo unas ganas terribles de besarte, pero como estamos delante de tu padre, voy a negarme a hacerlo —Yuki enrojeció completamente y notó su corazón a punto de estallar—. Ahora que veo que me escuchas —sonrió al verla completamente estática—. No he venido para traerte a casa y largarme sin más, así que mal te pese nos vas a aguantar hasta que toda tú familia esté a salvo —Tetsuya le dio un par de palmadas pequeñas en la cabeza.

Las voces de Hikaru y Tsubasa empezaron a alabar el cantante con sarcasmo y sonriendo.

— Va a desfallecer —susurró Chizuko con una enorme sonrisa.

— Mira, ahora tenemos Ice de fuego —se rió Erena dando palmadas a Tetsuya mientras seguía riéndose y mirando a Yuki.

Chizuko sonrió a su lado, sabía que Yuki había dejado de escuchar hacía rato. Tiró de su brazo hasta sentarla de nuevo en el sofá y afirmó con la cabeza hacia Tetsuya para que siguieran con lo que hacían. Jaaku, se sentó al lado de su hija mayor y le cogió la mano. Ella lo miró desconcertada.

— Tienes buenos amigos —susurró el hombre.

Yuki afirmó con la cabeza.

— Y todos son agentes del FBI —sonrió Chizuko mirando a Tetsuya con una sonrisa.

— Lo siento —susurró el hombre haciendo que las dos hijas y el resto de los hombres que trabajaban para él lo miraran sorprendidos.

— Papá está enfermo —Chizuko le puso una mano a la cabeza y él le apartó la mano con rudeza. Yuki se echó a reír haciendo que todos la miraran.

— ¿Por qué? —preguntó la chica mirando a su padre.

Él tan solo negó con la cabeza. Se levantó y miró de arriba abajo a Tetsuya. Finalmente le alargó la mano para estrecharla. El cantante miró hacia Yuki, que estaba más que sorprendida, finalmente le estrechó la mano. El hombre tiró del joven y lo atrajo hacia él dándole un abrazo. Tetsuya se quedó quieto en medio del abrazo completamente desconcertado. Miró a Yuki que llevaba la misma cara de desconcierto, luego giró la vista hacia Chizuko, que estaba sonriendo como orgullosa.

— Gracias por cuidar de mis pequeñas —susurró el hombre al oído del cantante—. Espero que podáis seguir haciéndolo.

El hombre soltó al cantante y le dio un par de golpes al hombro del chico que afirmó con la cabeza sonriendo. Yuki estaba completamente desconcertada, miró a su hermana que sonreía feliz. Parecía que lo que había pasado aquella noche había hecho que su padre reaccionara de algún modo. Chizuko miró a Minoru. El hombre levantó disimuladamente el pulgar hacia la hija pequeña de los Shiroma que afirmó con la cabeza. De repente Chizuko miró al lado del hombre desconcertada. Uno de los que habían esposado se había levantado con un cuchillo en la mano e iba directo hacia Minoru. Chizuko se levantó y golpeó el brazo del hombre con rapidez, pero el cuchillo no se pudo parar. Chizuko terminó al suelo encima de Minoru mientras todos se giraban para ver lo que había pasado.

— Chizuko, ¿estás bien? —preguntó Yuki levantándose del sofá y poniéndose al lado de su hermana.

Chizuko la miró sonriendo.

— Tengo que aprender mejor las artes marciales —sonrió ella.

Tetsuya se arrodilló al otro lado mientras Shouta, Erena y Kokoro mantenían al hombre que se había levantado, alejado de ellos. Chizuko notó que Minoru se removía debajo de ella.

— ¿Estás bien? —preguntó el hombre intentando ver la cara de la chica.

— Llama a una ambulancia —susurró Tetsuya hacia Hikaru—. Date prisa.

— Estoy bien... —susurró Chizuko.

— ¿Te has enterado de que tienes un cuchillo clavado en la barriga o es que estás tan loca que ni siquiera eso puedes saber? —preguntó Tetsuya manteniendo su mirada fija en ella.

— Bah, un detalle sin importancia ahora mismo —se rió ella—. Mi padre te ha abrazado, así que ahora no podrás alejarte de nuestra familia con tanta facilidad.

— ¿Está delirando demasiado ya? —preguntó Tetsuya mirando a Yuki que estaba intentando ayudar a Minoru a tumbar a la chica.

— No, a partir de ahora estarás obligado a venir a las ceremonias Yakuza, tendrás que comprarte un kimono —Yuki sonrió con frialdad, pero solo le salió una mirada preocupante.

— ¿Un kimono? —preguntó Tetsuya con el ceño fruncido.

— Pareja, ¿podríais hablar de esto en otro momento? —preguntó Minoru en un susurro que solo pudieron escuchar ellos tres, haciendo que Yuki se sonrojara hasta la punta de su pelo—. Detenlo, por favor.

Tetsuya miró hacia dónde Minoru le señalaba con la cabeza. El padre de las gemelas se acercaba al causante del alboroto con mucha lentitud. Tetsuya se levantó y se puso con las manos abiertas delante del hombre.

— Aparta de ahí —dijo el hombre con una mirada fría que él reconoció de haber visto en Yuki.

— No lo haré, ahora mismo la atención de tu hija debería de preocuparte más que la venganza de este retorcido traidor —respondió Tetsuya—. Te aseguro que yo te hablo por experiencia, cuando te digo que te vas a arrepentir si lo haces.

El hombre miró hacia Chizuko que estaba completamente tumbada al suelo y había cerrado los ojos. Yuki le cogió la mano a su gemela y suspiró largamente mientras veía a Hikaru volver diciendo que en menos de cinco minutos la ambulancia habría llegado al lugar.

— Chizuko —susurró el hombre acercándose a ellos.

— Estaré bien, papá —susurró ella mirando a Yuki—. Asegúrate de que ninguno de ellos escape de la cárcel por lo que le hicieron a mamá —añadió viendo al hombre—. ¿Vale? Y por favor, no me castigues si no estoy por casa una temporadita, el hospital será aburrido.

— Castigarte, creo que eres mayorcita para saber lo bueno y lo malo —se quejó el hombre arrodillándose al lado de Minoru y después de ver la cara acusadora del hombre—. Todo estará bien ahora, ¿vale?

— No… no me dejes sola, papá —susurró Chizuko con voz muy baja.

— Todo estará bien.

Tetsuya abrió la puerta de la habitación y entró en silencio. Habían pasado la mitad de la noche con Minoru, el grupo y los demás del clan deteniendo a los infiltrados de la BO y respondiendo preguntas de la policía. Se sentía cansado, y quería volver a casa. Pero ahora que en el hospital le habían dejado hacer una visita nocturna no iba a desaprovecharla. Hizo un vistazo rápido a la oscura estancia. Chizuko estaba tumbada en la cama del medio de la habitación. La única silla que allí había, estaba medio tumbada hacia atrás y ocupada por el padre de las gemelas que dormía con pequeños ronquidos. El sofá al fondo de la sala estaba ocupado por una Yuki dormida. Tetsuya sonrió, se acercó quitándose la chaqueta y poniéndola encima de ella. Se apoyó en la ventana y se cruzó de brazos observando a Yuki. La chica estaba sonriendo mientras dormía. Podía mantener su faceta fría a todas horas, pero no podría mentir cuando le dijera que realmente era tan cálida como él sabía que era. Sacó su teléfono móvil y sacó una foto de la joven. Así podría demostrarle que no era tan distinta de como él la había conocido. Se arrodilló al lado de la silla mientras veía que ella abría los ojos con lentitud.

— Hey... —Tetsuya sonrió y ella le devolvió la sonrisa mientras se estiraba un poco perezosa.

— ¿Qué haces aquí? —susurró Yuki.

— Hemos terminado ahora y quería saber qué tal estabais antes de irme a casa —respondió él con el mismo tono de voz bajo, para no despertar a los otros dos.

— Ya lo ves —sonrió ella, Tetsuya le acarició la mejilla levemente—. ¿Qué tal os ha ido a vosotros?

— Bien, ya hemos terminado todo, y espero que todo salga bien —murmuró él—. Toda la enorme familia estaba que echaba humo con esa traición.

— Ya has visto mi familia —susurró la chica poniendo su posado frío de nuevo—. Siento que hayas tenido que ver esto.

— Bueno, todos tenemos nuestros propios problemas cuando se trata de familia —respondió él—. Ya sabes cómo soy, nunca me meto muy al medio de los problemas en familia.

— Te-chan —Yuki suspiró—. Aún así has conseguido que nuestro padre nos preste un poco más de atención.

Se quedaron en silencio durante unos segundos, minutos quizás, observándose los ojos.

— Oye... —dijeron los dos a la vez con una mirada seria.

Sonrieron al acto con nerviosismo.

— Perdona, dime... —susurró Tetsuya.

— Tú primero... —Yuki negó con la cabeza.

— Dime… —Tetsuya negó también y sonrió tiernamente.

Yuki sonrió fugazmente y se incorporó del sofá.

— ¿Qué…? —la chica estaba nerviosa, pero hacía demasiado rato que su cabeza no dejaba de repetir las mismas frases en su cabeza—. ¿Qué ha sido…? ¿Qué…?

Tetsuya se tapó la boca intentando tapar su risa. Yuki nerviosa y medio sonrojada en la oscuridad era aún mejor que verla fría y seria.

— ¿Qué fue eso del beso? —preguntó Tetsuya sonriendo divertido—. La verdad…

— ¿De qué estás hablando? —preguntó ella con la voz un poco más elevada—. Yo no… yo… —Tetsuya le tapó la boca con un dedo haciendo un pequeño: 'sht'—. Perdona… —Yuki miró a su padre que seguía durmiendo con tranquilidad.

Luego observó a su hermana, parecía también que seguía durmiendo.

— No hace falta que te pongas tan nerviosa —susurró él sonriendo.

— Pero es que… —Yuki se cubrió la cara con las manos.

Él se sentó a su lado y la abrazó suavemente.

— Dime, ¿qué piensas de mí? —susurró el chico cerrando los ojos.

Yuki lo miró y luego cerró los ojos con fuerza.

— Yo no puedo… yo… —Yuki negó con la cabeza y se apartó de él.

— ¿De qué tienes miedo? —preguntó Tetsuya soltándola.

— Yo no puedo —Yuki miró a su hermana.

— ¿Te has pasado toda tu vida protegiendo a tu hermana y ahora no sabes hacer otra cosa? —preguntó Tetsuya sabiendo lo que ella pensaba, Yuki negó con la cabeza y desvió la mirada—. ¿Entonces qué es lo que te da miedo?

Tetsuya le apartó un mechón de pelo a la chica mientras ella la miraba aterrada.

— Mi familia es parte de algo que no puede estar con cantantes —se quejó Yuki—. Yo no puedo estar contigo, Tetsuya. Simplemente, no puedo.

— Tranquila —se rió él—. Mi madre perteneció a una organización criminal muy poderosa y aún así yo puedo llevar mi trabajo del FBI, junto a mi vida privada y no tan privada, y completamente extraña.

— Nadie te ha investigado así que no tienes problemas, pero yo… —Yuki se miró las manos encima de sus rodillas. Tetsuya sonrió y le puso una mano encima de las de ella. Ella levantó la vista con rapidez y lo miró.

— ¿Sabes? Me importa bien poco lo que opine la gente de mi o de mis amigos —sonrió Tetsuya—. Por ese mismo motivo decidí crear el grupo con los demás, porque pensé que si la gente me quería, sería por mi música y por si le caíamos bien a alguien, no por mis orígenes. Tal y como le dije a tu hermana, si tú decides seguir con el negocio de tu familia, te pediré que lo dejes o que no me involucres, pero no dejaré de amarte por eso. Al contrario, creo que sería una vida llena de aventuras así.

Yuki rodó los ojos. Realmente era tal y como ella lo recordaba de siempre. Se habían separado durante cuatro años, y cuando Tetsuya se fue de Estados Unidos y regresó, le hizo saber de su regreso, pero ella no pudo acercarse porque la fama del grupo subió en seguida.

— Eres alguien frío y misterioso —susurró la chica cerrando los ojos y cruzándose de brazos apoyada en el respaldo del sofá—. Alguien que a simple vista denota una sensación de peligro, pero eres elegante y te importa poco lo que piensan los demás de ti. Eres amable, divertido, no le tienes miedo a nadie ni a nada, te preocupas por la gente a la que quieres y darías tu vida por ellas —Yuki sonrió fríamente y lo miró de reojo—. Aunque también debes de aprender a cantar.

— ¿No te gusta como canto? —preguntó el chico.

— Amo tu voz y amo como cantas, pero tu tonalidad no cuadra nunca con la música —susurró ella medio riendo y desviando los ojos hacia otro lado.

— Bueno, eso lo puedo mejorar —susurró él acercando su cabeza a la de la chica.

Yuki lo miró y se asustó apartándose de él al verlo tan cerca.

— ¿Qué haces? —preguntó la chica intentando apartarse mientras él se iba acercando lentamente y con una sonrisa.

— ¿Qué quieres? —preguntó Tetsuya.

— ¿Qué quiero? —preguntó ella mirando hacia la cama donde su hermana seguía durmiendo.

— Te lo pregunto a ti, no a tu hermana. Nos adaptaremos a todo, pero yo te estoy preguntando a ti —susurró Tetsuya sabiendo lo que ella estaba pensando.

— Yo… esto… —Yuki estaba casi tumbada en el sofá de nuevo y Tetsuya seguía manteniendo las distancias mínimas—. Por… favor… —la chica cada vez estaba más roja y más nerviosa—. Yo… no… yo… te…

— ¿Me quieres? —preguntó Tetsuya en un susurro casi inaudible incluso por ella—. ¿Quieres salir conmigo?

Yuki se quedó quieta viendo sus ojos y se fijó en que el chico llevaba lentes de contacto.

— ¿Tienes mal los ojos? —preguntó para intentar disimular su nerviosismo.

Tetsuya sonrió y se puso sus manos cubriendo sus ojos. Unos segundos más tarde el chico apartó las manos pero mantuvo cerrados sus ojos.

— ¿Quieres saber mi mayor secreto? —preguntó el chico abriendo su ojo derecho azul intenso, pero sin apartarse aún de la distancia que le separaba de la chica.

— ¿Tú mayor secreto? —preguntó Yuki sin entender.

— Solo lo sabe Asami —susurró Tetsuya—. Y ella lo ha sabido mantener callado mucho tiempo. ¿Quieres saberlo? —Yuki afirmó levemente con la cabeza—. Mis ojos son de dos colores distintos —susurró él abriendo su ojo izquierdo y mostrándole un color verde mucho más intenso que el azul derecho.

Yuki se quedó mirándolo asombrada.

— ¿Cómo…? ¿Desde cuándo…?

— Desde que nací los tengo así —se rió él en un susurro muy débil—. Pero mi madre se aseguró de que nadie sabía de esto nunca.

— Acabas de confiarme tu secreto mejor guardado —susurró Yuki.

— No llevo lentes porque tenga mal los ojos. Tan solo llevo lentes de color —sonrió él—. ¿Cuál te gusta más?

— Me encanta el color azul, pero… los ojos verdes son preciosos —susurró ella acariciándole la mejilla sin darse cuenta.

— Oh, entonces mejor me quedo así —se rió él.

— Das miedo así —se rió ella.

— Oh —Tetsuya cerró los ojos con lentitud y luego volvió a abrirlos con la misma lentitud.

Yuki suspiró mordiéndose el labio inferior sin dejar de observarlo.

— Ahora dime, ¿qué quieres tú? —susurró Tetsuya al oído de la chica.

Yuki se estremeció aguantando su respiración.

— Yo… —Yuki cerró los ojos con fuerza enrojeciendo—. Te amo…

Tetsuya sonrió fugazmente y la besó en la frente.

— Hasta mañana —sonrió.

— ¿Y vas a dejarme así? —preguntó ella mirándolo de reojo.

— También tengo ganas de besarte, pero hace un buen rato que tu hermana ha despertado —sonrió señalando por encima de su hombro en donde Chizuko se había medio incorporado mirándolos—. Hasta mañana —se giró hacia la gemela fulminándola con la mirada—. Cuídate y para la próxima vez, no te pongas delante de los cuchillos.

— Está bien —se rió Chizuko—. La próxima vez mantendré mis ojos cerrados para que así podáis seguir.

— La próxima vez te duermes —se quejó Tetsuya—. A ver si ahora tendremos que evitarte a ti.

— Pobre de ti —se rió Chizuko—. Puedo ser muy vengativa si me lo propongo —la gemela pequeña se cruzó de brazos.

— Sí, claro, claro. Duérmete y cállate, anda —Tetsuya rodó los ojos y se fue de allí.

Yuki suspiró y se acercó a su hermana dándose cuenta entonces de que Tetsuya le había dejado la chaqueta encima.

— ¿Estás bien? —preguntó la hermana mayor preocupada.

— Largo de aquí —se quejó Chizuko señalando la puerta—. Desperdiciasteis un buen momento.

— ¿De qué hablas? —preguntó Yuki forzando una sonrisa.

Chizuko sin bajar la mano rodó los ojos.

— Ahora…

Yuki sonrió ampliamente. Su hermana la conocía demasiado bien. Miró la chaqueta de Tetsuya en su mano y salió de la habitación con pasos rápidos. Bajó las escaleras de dos en dos y lo vio casi saliendo por la puerta. Apresuró sus pasos y le tocó el hombro en cuanto él ya había salido del todo del hospital. El chico se giró para mirarla y ella le dejó la chaqueta encima de la cabeza. Él se la apartó de allí y miró, pero Yuki se había puesto detrás de él. En cuanto Tetsuya se giró Yuki lo besó en los labios con rapidez.

— Buenas noches —susurró la chica entrando de nuevo, pero Tetsuya la cogió de la muñeca y tiró de ella abrazándola por la espalda.

— Te quiero mucho, Yuki —susurró Tetsuya besándola en la mejilla—. Buenas noches.

La soltó y ella volvió a dentro del edificio sin girarse a mirarlo. Tetsuya la observó mientras ella se perdía en la oscuridad del edificio. Después de tanto tiempo seguir a Asami, ahora sí que sentía que de repente su corazón se había llenado con algo, que hacía demasiado tiempo le había faltado. Por una estúpida razón, no podía dejar de sonreír. Se tocó el labio con la mano y cerró los ojos por unos segundos. Sí, definitivamente este iba a ser el mejor año de todos. Él podía sentirlo.


Dedicado a mi amada y desaparecida Lady Kid :3

Shiroma Yuki y Miyano Tetsuya

^^Shihoran^^