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LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE RUMIKO TAKAHASHI. LA HISTORIA ES MÍA.
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FORMAS DE AMOR
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Por la mañana siguiente un maullido de Buyo y el mismo frotándose contra su mano que colgaba del sofá, habían logrado despertarlo.
—Joder— soltó con voz ronca y todavía con sueño.
Escuchar el sonido ligero de agua corriendo lo hizo desperezarse y sentarse. Vio a Kagome pasearse por la cocina cuidando de no hacer mucho ruido y se extrañó de verla, ¿qué hora era? Bajó su mirada al reloj en su muñeca y se dio cuenta que ya pasaban de las ocho y media «maldición» pensó fastidiado al darse cuenta que ya estaba tarde para presentarse en la oficina.
Avanzó un par de pasos hasta detenerse detrás de la barra y observar a Kagome cocinando del otro lado —¿Tienes clase?— preguntó saltándose el saludo que generalmente ella no le respondía.
Ella giró su rostro y lo vio con el cabello revuelto y apoyando una de sus manos en el marco de la barra, su ropa estaba arrugada y cuando regresó sus ojos a aquellos pozos azules, tragó ligeramente y tuvo que regresar su atención al sartén de comida en sus manos.
—Sí. Comienzan después de las diez— informó al tiempo de dejar de servir la comida y girarse con el sartén hasta dejarlo en el lavaplatos.
Bankotsu la vio ya bañada y lista para ir a la universidad y no dejó de extrañarle su presencia ahí, generalmente Kagome solía comer algo ligero y marcharse, casi siempre mientras él se duchaba.
—Ah, me daré un baño— anunció sin lograr deshacerse de lo ronca de su voz, Buyo caminó por sus pies y él tuvo que esquivarlo para comenzar a caminar.
—No… ¿no quieres desayunar?— se apresuró ella a preguntar.
Él frunció el ceño y volteó a verla. Kagome se veía incómoda e incluso el ambiente seguía sintiéndose tenso entre ambos.
Bankotsu no tenía hambre y sabía que se le hacía tarde pero definitivamente que Kagome buscara un momento para compartir con él, era algo que no había visto en el último mes, de hecho, ellos dos no compartían alimentos desde que habían vuelto de su viaje a principios de año.
Entonces asintió despacio y ella le sonrió.
—¿Qué preparaste?— le preguntó al ingresar a la cocina y desapareciendo un poco la sonrisa de la pelinegra.
—Ah… pues, pues sólo pan tostado, huevos revueltos y tocino con un jugo de naranja— dijo y vio los platos servidos en la mesa «demonios» se lamentó, no era un desayuno tan bueno si lo veía bien «¿en qué estaba pensando?»
—Se ve bien— el moreno cortó sus pensamientos y se sentó a la pequeña mesa en esa cocina, sin molestarse a ir al comedor principal, se sirvió un vaso de jugo y lo bebió.
Ella lo imitó con media sonrisa, seguía sintiéndose extraña pues llevaban casi un mes sin convivir de ese modo, luego de esas peleas que ambos habían mantenido.
—Y, ¿hoy no trabajas?— preguntó ella luego de un par de minutos en silencio.
Bankotsu asintió —Me quedé dormido, estaba muy cansado y…
—Entiendo— interrumpió ella y bebió de su jugo al mismo tiempo que le evadía la mirada.
Él volvió a extrañarse y Kagome pretendió concentrarse en sólo comer y no atragantarse por sentir algo tan contradictorio por haberlo visto haciendo esas cosas la noche anterior.
—Kagome…— él la nombró sin darle importancia a la sensación extraña que se sentía entre ambos,
—¿Si?— preguntó ella ante la seriedad de su voz, alzó sus ojos a él y él ya la miraba.
—Hace días te dije que habían cosas que no sabías y que…
—¿Eh?— el sonido del móvil del moreno llegó hasta ellos y Buyo se acercó al aparato que estaba colocado sobre la mesa ratona en el centro de la sala.
«Con un demonio» pensó el ojiazul al levantarse.
—Bankotsu, ¿qué me querías decir?— ella también se puso de pie pero no salió de la cocina.
El moreno observó el nombre de Naraku en el aparato y cortó la llamada. Necesitaba más que unos malditos minutos para tocar ese tema con ella.
—El fin de semana habrá una recepción en la que seremos los anfitriones— dijo recuperando la frialdad de su tono al guardar su móvil en el bolsillo de su pantalón.
—¿Cómo?
Él suspiró desganado —Lo que oíste. El sábado por la noche habrá un evento de gala en el que nos luciremos por primera vez como el matrimonio que somos. Es uno de los acuerdos a los que llegué con tu padre.
Kagome sonrió con ironía —Supongo que estás bromeando— le dijo viéndolo a los ojos y con voz suave.
Él negó.
—Sé que es incómodo por la situación por la que sigues pasando — dijo recordando el luto que todavía envestía a su familia —, y que también te prometí que nuestro matrimonio sería algo sólo nuestro, lo más privado que se pudiese pero…
—Pero otra vez estás rompiendo tus promesas— interrumpió ella.
—No es así. Las cosas no salieron como las planeamos — explicó secamente, él no olvidaba que aunque Kagome era su esposa, ella tenía dieciocho años y que recién comenzaba la universidad como para verse en ese tipo de compromisos —, y esto de verdad no está en mis manos evitarlo.
Ella negó sin poder creer que luego de lo que ambos estaban pasando, ambos tuvieran que preocuparse de asuntos netamente sociales.
—Maldición— mencionó frustrada al entender que todo eso sólo podía provenir de órdenes de su padre.
—Kagome— Bankotsu la vio pasar a su lado directo a la habitación.
—Se me hace tarde— dijo ella para dirigirse por su mochila y una chaqueta.
El moreno cerró los ojos y resopló cansadamente al verla alejarse.
—Joder— soltó frustrado y la siguió al piso de arriba dispuesto a darse una ducha —. Necesitamos hablarlo— le dijo al detenerse a la mitad de las escaleras y verla bajar ya con su mochila al hombro.
—Seguro— mencionó ella al ni siquiera detenerse.
El moreno negó despacio y siguió también su camino «Bien, Kagome, por lo que veo así seguirán las cosas» pensó fastidiado un momento antes de encerrarse en el baño. Y es que así debía ser, ella apenas parecía bajar la guardia cuando él le informó del estúpido compromiso, uno que para colmo de males, sería dentro de tres días.
—Debiste decirle antes, imbécil— se regañó al comenzar a despojarse de su ropa —. Aunque tampoco es como si hubiese sido diferente— se justificó al dejar correr el agua tibia para luego deshacer su larga trenza.
«Joder» maldijo en su mente al darse cuenta que desde que Kagome había aparecido en su vida, se había vuelto su constante dolor de cabeza.
—Estúpida niña— soltó con media sonrisa. Era todo un caso, los orgasmos que le daba eran casi tan grandes como las molestias que le provocaba; negó en silencio al meterse a la ducha y dejar el agua rodar por su cuerpo, lo que más lo fastidiaba, era que extrañaba más a Kagome en esos momentos tontos como compartir un desayuno no tan delicioso cocinado por ella, las charlas que comenzaban como algo serio y terminaban vagando sin sentido minutos después.
¿Cuándo se había convertido en su imbécil?
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O.O.O.O.O
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—Iré por café, ¿quieren?— preguntó Sango una vez que entraron a la cafetería de la universidad.
—Yo sí.
—Yo también— respondieron las dos pelinegras —. Oye y, ¿entonces? ¿Qué hiciste?— preguntó Yura al tomar dirección a una mesa vacía, siendo seguida por Kagome.
—Nada, bueno…
—¿Qué?
—Anoche llegó tarde e intenté buscar un momento para hablar al bajar, fingiría tomar agua y…
—¿Qué?— presionó la pelicorta al notarle duda en su voz.
Kagome se mordió un labio mientras se sentaban y colocaba su mochila en un espacio vacío.
—Nada está saliendo bien— terminó por decir al no atreverse a contarle lo que vio que Bankotsu hacía, seguro Yura saltaría con alguna pregunta bochornosa como por qué no se le había unido, y la verdad ella todavía se preguntaba por qué no se había movido; si tanto hubiese sido su pudor, pudo salir huyendo, pero no lo hizo.
—¿Siguen molestos?— preguntó la otra con un poco de decepción.
—No tanto así.
—¿Entonces?
—En la mañana desayunamos juntos.
—Bien, eso es ganancia.
—Pero no fue espontáneo, yo se lo tuve que pedir— explicó Kagome con cierta desilusión.
La pelicorta rodó los ojos —Joder, Kag, ¿y qué esperabas? Se la han pasado peleando y prácticamente lo botaste de su propia habitación, creo que hemos hablado ya mucho de ello.
—Eso lo sé.
—¿Pero?
—Pero siguen surgiendo detalles.
—¿Detalles?— preguntó ahora Sango que recién llegaba con una pequeña charola y los tres humeantes vasos en ella —¿qué clase de detalles?— preguntó segura de lo que hablaban.
Yura devolvió su atención a Kagome y ésta suspiró. El murmullo de las voces de sus compañeros llenaba el lugar, una lluvia muy ligera se dejaba caer en el exterior y era visible tras los grandes ventanales de esa cafetería.
—Al parecer habrá un evento el fin de semana, y según entendí, nos pasearemos por ahí como el matrimonio feliz… así, como si no estuviésemos en medio de una crisis por todo lo ocurrido.
—¿Y qué tiene de malo?— preguntó Yura extrañada sin saber si estaba entendiendo bien, porque para ella no representaba mayor problema.
Sango observó de reojo a Kagome beber un sorbo de su café.
—Mi familia, ambas— comenzó la pelinegra y especificó — pasan casi por el ojo del huracán. Yo misma he visto cómo me miran, incluso chicas de aquí; hay muchos rumores que seguro son lo que mi padre pretende desaparecer con todo ese circo, estaremos bajo muchas miradas y si tan sólo viviésemos una situación medianamente sana, no importaría mucho.
—Kagome…
—No hemos podido arreglar nuestros problemas en este tiempo como para estar bajo la mirada, de fácilmente, medio millar de personas analizándonos y juzgándonos tras sonrisas complacientes, atentas a cualquier tropiezo en nuestras actitudes.
—Joooder— alargó Yura al medianamente entender —¿Y no se pueden saltar ese compromiso?
Kagome negó al fijar su mirada en su café y Sango vio con reproche a la pelicorta.
—¿Qué?
—¿Crees que si se lo pudiera 'saltar' estaría así de incómoda?— preguntó con un tinte de ironía y haciendo comillas con sus dedos.
Yura rodó los ojos y luego devolvió su atención a Kagome —¿Entonces dices que algo de esto es por tu padre?
—Casi todo, estoy segura— respondió con poco ánimo mientras volteaba a la puerta que en ese momento se abría. Su mirada, que buscaba distraerla, se encontró con una mirada seria y dorada.
—Entonces no te queda de otra— dijo Yura y después torció los labios pensativa. Kagome seguía pendiente a Inuyasha que por unos segundos se mantuvo ahí de pie, impidiéndole la entrada a quienes lo seguían —. ¿Has pensado cómo actuarás?
—…
—¿Kagome?— volvió a hablar la pelicorta y ante el mutismo de la chica, Sango volteó a ver lo que veía — No es tiempo de distraerse con tonterías— agregó Yura que también se percató de la presencia del ambarino.
Kagome suspiró cuando dejó de verlo y posteriormente el peliplata desvió su mirada para dirigirse a comprar algo de comer.
La pelinegra tragó discretamente, hacía mucho que no veía a Inuyasha y no sabía que volver a verlo la iba a regresar al inicio de todo, ¿quién iba a decir que el amor que le tuvo a ese chico la tendría amando y sufriendo por otro?, era hilarante.
—Kag— la voz seria de Sango la sacó de sus pensamientos.
—¿Eh?
La castaña suspiró y cerró los ojos — Bien, esta vez debo al menos reconocer que Yura tiene razón— dijo para beneplácito de la pelicorta —¿Has pensado cómo actuarás? ¿Fingirás delante de toda esa gente?
Kagome negó despacio —¿Tengo otra opción?
—Vaya.
—Pues sólo te queda intentar mirarlo por el lado amable, ¿no? ¿No crees que después de esa noche todo se arregle? Ya habías puesto un poco de tu parte para regresar a la normalidad su relación, ve esto como el último deber, quiero suponer que luego de superarlo ya todo debería de mejorar— dijo Yura que al menos se alegraba de ver un vestigio de luz en la actitud no tan cerrada de su amiga —. Insisto, si quieres que las cosas se solucionen, ambos deben poner de su parte.
Los ojos inseguros de Kagome dejaron a Yura para fijarse en Sango.
—¿Qué quieres que te diga? A mí sigue sin caerme bien, pero al idiota ese pareces necesitarlo— dijo desanimada aunque le molestó reconocerlo —… y él también a ti— soltó para finalizar y apoyar sus codos en la mesa, al estar más que segura que esos dos eran tan opuestos pero habían alcanzado el punto exacto donde se volvieron uno solo. Kagome lejos de él no era feliz y eso era lo que le preocupaba, ella, aunque no lo aceptara, estaba buscando alguna palabra que la animara a dejar su maltratado orgullo de lado para perdonarse y perdonarlo, porque lo amaba.
—Mmm— Yura frunció los labios pensando en algo que decirle y Kagome resopló desanimada.
—¿Y has pensado qué lucirás?— entonces Sango soltó la pregunta que animaría a la pelicorta y preocuparía a la otra pelinegra.
—¡Joder, ¿cómo lo pasé por alto?!— Yura casi se puso de pie.
Kagome cerró los ojos por la efusividad mostrada por la más atrevida de sus amigas.
—¿Lo has pensado?
—¿No, verdad?
Entonces ella negó en despacio.
—¿Y tienes dinero?, porque si no yo podría…
—No, sí tengo dinero— interrumpió a Yura que seguro lo que buscaba era irse con ella de compras —, tengo algo mío y además Bankotsu desde hace tiempo me dio una tarjeta.
—Entonces, molestémoslo— sugirió Yura con una enorme sonrisa malvada, ganándose la atención de sus dos amigas.
—No voy a gastar dinero de forma innecesaria— aclaró de inmediato Kagome.
—¿Y quién habló de molestarlo de esa manera?
—Ay, no— se lamentó Sango al reconocer la picardía en el tono de la pelicorta.
—… ¿Qué?— Kagome pretendió no entender a lo que se refería.
—Puedo saltarme las clases de la tarde, ¿qué dicen, vamos hoy mismo?— preguntó y les guiñó un ojo.
Sango sonrió y tras encogerse de hombros, asintió.
Y entonces Kagome supo que estaba en otro problema.
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O.O.O.O.O
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Las pequeñas chispas de agua que caían del cielo se pegaban suavemente a los enormes cristales, algunas formaban el tamaño suficiente como para unirse unas a otras y resbalar de forma larga por los mismos; los ojos azules y profundos de cierto moreno se fijaron sin mucho interés en esas líneas de agua mientras observaba el gris y frío día en la ciudad.
Bankotsu resopló cansadamente al apoyar sus codos en el escritorio tras el cual había estado trabajando más de media mañana y unas horas de esa tarde. Se talló el puente de la nariz al bajar la mirada al grupo de hojas frente a él y cerró los ojos; su computador sonó anunciando la llegada de un nuevo correo electrónico y él negó en silencio, frustrado.
Se recargó completamente en el asiento de piel y posó sus brazos en los descansos del mismo sin abrir sus ojos.
—Te has venido comportando como un verdadero patán— se reprochó y su voz sonó ronca por lo baja que la emitió.
Una incomodidad surgió en el centro de su estómago al seguir meditándolo. Era un imbécil, Kagome esa mañana había dado indicios de querer arreglarlo todo y si él le hubiese planteado la situación tal como era desde el principio no estarían pasando por eso, tal vez hasta ya se hubiesen arreglado.
—Tsk— chasqueó la lengua frustrado al echar su cabeza hacia atrás.
Pero es que le resultaba tan difícil, él se había equivocado desde el comienzo con ella que ahora enmendar el camino parecía realmente complicado. El asunto de ese estúpido evento pasaría pronto, debía ser así, pero, ¿cómo le decía del posible embarazo de Kikyo?... eso no se lo iba a perdonar.
«Estoy realmente jodido» Pensó al no sólo recordar eso sino lo que dio origen a su relación.
El anuncio de otro correo lo obligó a abrir los ojos pero no prestó atención al computador. Su mirada azulina y profunda se deslizó por el enorme escritorio y se posó finalmente en un portarretrato sobre éste; se estiró a tomarlo luego de verlo a lo lejos por unos segundos y regresó a recargarse en asiento. Sonrió débilmente al detallar el rostro de Kagome tras el casi invisible cristal. Delineó el rostro de esa pelinegra que le sonreía mientras lo veía detrás de la cámara, el sol estaba tras ella mientras se recargaba en el balcón de la cabaña que les había servido de refugio durante esos días, el viento le mecía el largo cabello y así la había inmortalizado en esa imagen.
Bankotsu se tragó un nudo en la garganta cuando algo en lo profundo de su interior le gritó que no podía ser tan mala persona si había hecho a Kagome amarlo. Él tenía el amor de esa chica a pesar de las torcidas maneras que hubiese usado para tenerlo, debía pensar únicamente en ello y no seguirlo arruinando; estaba harto de estarse complicando tanto con algo que no tenía demasiado sentido, amaba a esa chica y debía dejárselo saber pues su actuar tampoco había sido el mejor en esos días.
—Mph— le sonrió a la chica de la fotografía y se puso de pie para luego de regresar el portarretrato a su lugar, girarse y pretender salir.
La puerta se abrió sin siquiera ser golpeada antes y Bankotsu, con las manos en los bolsillos de su pantalón, clavó sus fríos ojos en la figura del hombre que entró.
—¿A dónde ibas?— preguntó Naraku al cerrar la puerta tras él.
El moreno cerró los ojos cansadamente —Voy a pasar por Kagome a la universidad— dijo retomando los pasos que había pausado.
Naraku sonrió de forma torcida —Debes estar bromeando, sabes todo el trabajo que estamos teniendo.
—Encárgate— ordenó al pasarlo de largo.
—Hey— el de mirada rojiza lo detuvo del brazo —. No comiences nuevamente a delegar tus responsabilidades y rehúyas a tus obligaciones nuevamente por algún asunto de faldas.
—Kagome es más que un asunto de faldas— aclaró al endurecer su voz y su mirada al tiempo que se liberaba de su agarre —, es mi mujer y hay asuntos que tengo que atender con ella. ¿Entendido? Ahora encárgate de lo que haga falta, por hoy no pienso volver— dijo al ahora sí pasarlo de largo, abrir la puerta y cerrarla tras él dejando sólo a Naraku en el interior.
El de mirada rojiza tras esas gafas suspiró cansadamente y giró sobre sobre su eje para también retirarse.
—Naraku— otra voz firme detuvo sus pasos al momento de salir —, he estado buscándote, necesito los balances de los últimos seis meses para analizarlos— informó el hombre alto y cabellera negra que comenzaba a platinarse.
El castaño cerró los ojos, el imprudente de Bankotsu se había largado y no le había dado tiempo de informarle las nuevas peticiones de su suegro y no sabía hasta dónde estaba dispuesto a dejarlo inmiscuirse.
Terminó por suspirar —Necesito unos minutos, he ordenado ya que me busquen lo que necesita— dijo al fijar su mirada en la negra del Higurashi.
—Bien, esperaré aquí— dijo y tomó dirección a la oficina presidencial.
—Mi oficina está al fondo del pasillo— intervino Naraku.
—¿Hay algún problema en usar esta?— devolvió el otro sabiendo que no podía negarse, pues esos informes que pedía, le correspondían al ocupante de ese lugar el otorgárselos.
Por dos segundos el de mirada rojiza permaneció en silencio —Supongo que no— terminó por decir —. Regresaré en menos de cinco minutos— informó y retomó su camino al área de contabilidad.
Cuando Naraku partió preguntándose hasta cuándo la tensión entre los socios más importantes de ese lugar se iría a extender, Enzo se adentró a la oficina de Bankotsu y observó con frío desinterés el lugar.
Con las manos en los bolsillos caminó directo al ventanal que ocupaba toda una pared de ese sitio, observó por la ciudad y nada de su rostro serio le delató algún tipo de interés. Giró sobre sus pies y observó el escritorio pulcramente ordenado, se acercó a éste y lo rodeó hasta colocarse tras él; observó con poco interés los papeles sobre éste y el computador encendido, irremediablemente luego de unos segundos, su mirada caería al único portarretrato sobre el escritorio.
«Kagome»
Lo tomó en sus manos y observó el rostro sonriente de su hija, detalló la mirada llena de brillo y la calidez de la misma; tragó pesadamente al darse cuenta que hacía mucho que no veía tal reacción dirigida hacia él.
Reconocerse errar en cada una de sus decisiones desde hacía ya un par de años, le hizo más pesada la carga de su conciencia. Devolvió con cuidado la fotografía a su lugar y se apartó a pasos lentos de ahí hasta finalmente salir de ese lugar; informó a la secretaria del ojiazul que estaría en la oficina que se le había adaptado en ese edificio y que hacía ahí debía dirigirse Naraku cuando lo considerara pertinente.
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O.O.O.O.O
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"Se me complicó un asunto. Nos vemos a las seis en el mall del centro, Sango y yo iremos juntas."
Kagome suspiró desanimada al leer el mensaje de texto que Yura acababa de mandarle.
—Justo cuando creí que esto no podía complicarse más, Yura me sale con sus cosas— se lamentó en voz baja al devolver su móvil al bolsillo de su pantalón y continuar caminando por los concurridos pasillos de su facultad.
Kagome suspiró al abrazarse a sí misma, el delgado suéter negro que portaba no la cubría del todo del frío clima, el viento mecía suavemente las hojas que parecían sobrevivir al invierno en la copa de los árboles, y miles de gotas apenas visibles de agua caían dispersándose por todo el lugar.
—El clima parece que sólo va a empeorar— se aseguró al salir del edificio de su facultad y seguir a la mayoría de los alumnos que se dirigían al estacionamiento del campus, al ya haber terminado la jornada regular de clases.
—¡Kagome!— una varonil y conocida voz la hizo girar su rostro y voltear a ver al camino que procedía de las áreas deportivas del lugar. Inuyasha alzó su mano haciéndose notar y ella abrió sus ojos y boca sorprendida —¿Te vas?— preguntó el chico al llegar a ella.
—Ahm, s-sí— dijo y el intento de sonrisa que quiso mostrarle se desapareció de inmediato ante la clara incomodidad que se sentía entre ambos.
—Mmm— mencionó el chico de sudadera gris al meter sus manos en los bolsillos de su pantalón —, pues vámonos, yo también voy por mi coche— dijo con algo más de naturalidad y le indicó con el rostro que lo siguiera.
Kagome asintió y caminó a su lado.
El peliplata la observó jugar con la correa de su mochila mientras el viento le mecía el cabello, Kagome abrió y cerró sus labios intentando decir algo pero rindiéndose al instante.
—¿Te sientes extraña a mi lado?— preguntó él al notarlo.
Kagome soltó el aliento derrotada al bajar la mirada y luego negó sintiéndose mal.
—No es eso.
—Sé que mientes.
—Sólo me haces sentir peor— reconoció la chica y aun así apenas se atrevió a voltear a verlo.
Inuyasha guardó silencio luego de suspirar profundamente y fijar su mirada al frente, donde la gente que no les prestaba atención avanzaba.
—Siento tanto lo que pasó entre nosotros y cómo fue que las cosas terminaron de este modo— dijo ella por fin luego de varios metros recorridos.
—¿Te refieres a que te enamoraste del tipo que se empeñó en robarme tu cariño y te casaste con él?— preguntó el ojidorado al verla de reojo y Kagome mostró su sorpresa en su mirar para luego volver a desviar la mirada, clavándola en Kouga y Ayame que caminaban lejos de ellos y sin siquiera notarlos.
—Siento que te enteraras así, creo que por el cariño que te tengo debí ser yo quien te lo dijera— dijo ella en voz baja, luego de un par de pasos más en el que el silencio se hizo presente entre ambos.
—Ni siquiera voy a preguntar si lo amas— respondió él al tener ese hecho más que claro —, lo que no entiendo es cómo pasó.
Kagome negó en silencio sin tener claro el segundo exacto cuando sus sentimientos cambiaron de dueño y de profundidad, ese chico a su lado era el hombre con el que soñaba casarse.
Inuyasha vio el semblante de Kagome ensombrecerse y tragó pesadamente, en ese momento estar juntos tuvo un sabor amargo para ambos.
—Ese tipo no te hace bien— Inuyasha rompió el silencio de varios segundos y Kagome se tragó el nudo que se formó en su garganta —. Supe que te retiene a la fuerza solapado por tu propio padre— el tono amargo y molesto fue casi tangible para la pelinegra a su lado —. No tienes que soportar tal cosa. Si no es lo que deseas sabes que mi familia y yo estamos para…
—Inuyasha— interrumpió y cuando él guardó silencio, ella ya no continuó.
El ojidorado bajó su mirada al suelo y sonrió agriamente —Joder, Kagome— maldijo y la abrazó al negar en silencio, ambos caminaron varios metros así, con él abrazándose a sus hombros —. No voy a acostumbrarme a saber que todo terminó.
Kagome compartió una pequeña sonrisa sin mucho ánimo —Es que ni siquiera empezó.
—¿Alguna vez me amaste?— preguntó el ojidorado al detenerse frente al auto de Kagome.
Ella sonrió con tristeza al deshacerse de su abrazo y verlo a los ojos —Creí que con toda el alma— confesó y tragó pesadamente haciendo desaparecer la sonrisa que quiso dedicarle.
Aquella frase se sintió como un golpe de hierro ardiente en el pecho del ojidorado que sólo pudo extender sus brazos y envolver a Kagome en un abrazo mucho más íntimo y protector.
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—Mph— Bankotsu sonrió de manera torcida y negó irónicamente sintiéndose patético. Guardó su móvil al cortar de manera abrupta la llamada a ese restaurant donde estaba haciendo una reservación para minutos más tarde.
Sus ojos azules se posaron en Kagome y el imbécil de Inuyasha que llegaron en medio de un abrazo, hasta donde el auto de esa pelinegra que era su mujer, había quedado estacionado. Su mirada se endureció al verlos charlar y verse fijamente a los ojos.
«¿Qué mierdas estás haciendo Kagome?» se preguntó molesto y tensó su mandíbula. Vio a la chica que ocupaba cada minuto sus pensamientos no perder detalle del ojidorado, y cuando finalmente perdió la paciencia, fue cuando ambos se fundieron en un abrazo. Una detonación de celos le hizo hervir cada partícula de su sangre, y abrió la puerta de su auto.
—¡Kagome!— la llamó apenas salió y su voz dura hizo a esos dos separarse.
Sus pasos no fueron tan largos pero sus ojos que bullían en llamas azules se encontraron con los sorprendidos chocolates de ella y Kagome se quedó inmóvil sin parecer comprender su presencia en el lugar; luego viajaron al ojidorado que le correspondió el desprecio en su mirar.
—Bankotsu… ¿qué…?— ella quiso hablar pero él la tomó del brazo y la jaló, dejándola tras él.
—¿Qué demonios quieres cerca de ella?— el moreno ignoró a la pelinegra y se colocó frente al altivo ojidorado de forma netamente retadora.
Inuyasha sonrió de medio lado al saberlo celoso —Sólo charlábamos.
—No me creas imbécil— advirtió con voz tan calma y sobria que a Kagome le heló la sangre.
—Dice la verdad, él y…— intervino la joven y tomó al moreno de un brazo.
—Vete a mi auto— interrumpió el ojiazul sin dejar de ver fijamente al peliplata.
—Pero…
—¡Que te vayas a mi maldito auto, Kagome!— ordenó y esta vez sí volteó a ver de medio lado a la chica que lo soltó y respingó cuando lo sintió alzarle la voz.
—Kagome— Inuyasha quiso acercarse y pretendía decir que no tenía que hacerlo pero la fuerte mano del ojiazul detuvo su brazo antes de que lograra tocarla.
Kagome perdió el aliento y casi temblando retrocedió, se dio media vuelta y a largos pasos se dirigió a su propio coche.
—¡Kagome!— Bankotsu la llamó alzando la voz y claramente molesto pero ella se encerró en su coche y lo encendió para posteriormente salir de ahí —¡Maldita sea!
Inuyasha se soltó de forma brusca del agarre del moreno y lo empujó.
—Eres un maldito imbécil— reprochó y el moreno gruñó al pretender encararlo —. Sigues tratándola como algo de tu propiedad, pero no durará mucho— aseguró y estuvo dispuesto a responder a cualquier posible ataque.
El ojiazul apretó sus puños y lo señaló en forma de advertencia —No eres mejor que yo— le recordó —. Kagome es mi mujer y no te quiero cerca de ella, infeliz.
—Mph— Inuyasha sonrió de lado cuando el ojiazul se dio media vuelta decidido a seguir a Kagome —No es tan bonito estar contra la espada y la pared, ¿cierto, idiota?— alzó la voz y el moreno le dedicó una mirada cargada del desprecio que sentía por él. Inuyasha extendió su sonrisa para luego darse cuenta que esos dos estaban mal y que Bankotsu no hacía más que frustrarse y Kagome sufrir… y aunque quiso alegrarse, no logró hacerlo del todo; pues el imbécil aquél le había ganado el corazón de Kagome y ahora parecía no saber qué hacer para conservarlo.
Inuyasha suspiró derrotado y negó en silencio quedándose con un amargo sabor en la boca, odiaba pensar que sólo sería un espectador en la vida de la joven que todavía amaba.
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O.O.O.O.O
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Los ojos azules y molestos se fijaron en el auto de Kagome que avanzaba ya bastante alejado de él.
—¡Con un demonio!— maldijo y golpeó el volante de su coche mientras maniobraba para evadir coches y darle alcance pronto a su molesta esposa.
Justo en ese momento maldijo la idea de dejarle a Kagome un mejor auto, de haber usado su viejo Volkswagen ya le hubiese dado alcance, se le hubiese cerrado en cualquier punto del camino y bajado del coche para obligarla a hablar con él. Gruñó molesto y aceleró cuando la vio cruzar el puente que conectaba con la isla donde vivían; ni siquiera saber que iba a su casa disminuyó un poco la molestia que lo invadía.
Varios minutos después Kagome frenó con algo de brusquedad al haber llegado ya a la casa que compartía con el moreno, bajó del coche y no se molestó siquiera en colocarlo en la cochera, luego de haberse percatado de la presencia de Bankotsu acercándose a ella.
—¡Kagome!— el ojiazul alzó la voz al también bajar de su auto, lo cerró de golpe al ver a Kagome cerrar la puerta molesta y entrar sin pretender siquiera voltearlo a ver —¡Joder!— maldijo al encajar sus llaves en la puerta para posteriormente entrar.
Kagome entró a la casa por una puerta secundaria, pretendiendo ganar tiempo. Una puerta discreta, blanca y de metal le dio entrada a una especie de área de esparcimiento, un televisor, un equipo de sonido y un par de consolas de videojuego se encontraban pegadas a una de las paredes, frente a éstos un solo y largo sofá color rojo se extendía; varios días atrás había bajado sólo para conocer el resto de la casa, ahí había visto la habitación de huéspedes que fue la primera que vio al estar ahí por primera vez. Varios aparatos de ejercicio y un frigo bar completaban ese lugar. Los tacones altos de Kagome resonaron al subir las escaleras de un fino granito y para su mala fortuna escuchó al moreno entrar por el mismo lugar.
—¡Kagome!
—¿Qué demonios quieres?— respondió molesta ella al llegar a la segunda y principal planta de su casa, pero sin pretender siquiera esperarlo o voltearlo a ver.
Bankotsu subió a grandes pasos las escaleras y logró alcanzarla antes de que ella girase pretendiendo llegar hasta su habitación para encerrarse en ella.
—¿Qué demonios quiero?— regresó él molesto al jalarla del brazo y hacerla retroceder con él hasta llevarla a la sala — Una maldita explicación de lo que estaba sucediendo ahí— aclaró al soltarla con brusquedad haciéndola sobarse adolorida el brazo y verlo con reproche.
—¿Explicación? ¿Ahora? ¿Después de que ya juzgaste y me hiciste pasar un ridículo?— reprochó ella al también alzar la voz.
—No te vayas por las ramas— advirtió molesto y se acercó a ella que le sostuvo la firme mirada —. ¿Por qué mierdas te estabas dejando tocar por ese imbécil?— arrastró y sólo su mirada furiosa delató los celos que le quemaban las entrañas.
—¿Tocar? Ni siquiera sé qué demonios viste— respondió ella y harta de esa situación pretendió pasarlo de largo —. Algo me dice que ves lo que tú quieres.
—No pretendo hacerme el idiota— aclaró él al detenerla y volver a imprimir fuerza en su agarre para no dejarla irse —. Sé lo que vi.
—¡Era un maldito abrazo!— aclaró ella al querer soltarse — Inuyasha sigue siendo mi amigo y…
—Por favor— interrumpió y arrastró con desprecio —, ese imbécil está que se muere por ti, ni siquiera tú eres tan ingenua para no notarlo.
Kagome lo desconoció.
—¿Qué buscabas, Kagome?— volvió a hablar el ojiazul al soltarla y hacerla sentarse en uno de los sofás —¿Le has contado de nuestros problemas y buscabas su lástima? ¿O qué pretendías?
—¿De qué demonios estás hablando?
—De que ese imbécil dijo que esto no duraría mucho, ¿por qué? ¿Qué le contaste, Kagome?
Ella se extrañó por eso —Nada.
Bankotsu jadeó frustrado y se dio media vuelta pretendiendo calmarse —He intentado salvar esto de varias formas posibles— dejó claro al sí, sentirse contra la espada y la pared. Se sentía estúpido luego de ir a buscarla para hablar seria y calmadamente con ella, explicarle de una vez por todas las cosas que se movían a su alrededor, pero haberla encontrado así sólo lo hacía pensar en cuántas veces eso no se habría repetido —, pero a nada pretendes reaccionar.
Ella frunció el ceño y algo de sus palabras la hicieron sentir mal —E-esta conversación no nos llevará a ningún lado— reconoció ella al ponerse de pie, ambos estaban molestos y los dos se sentían traicionados, de seguir así, iban a terminar diciendo cosas que no sentían.
Cuando Kagome dio un par de pasos Bankotsu volvió a detenerla al sujetarla del brazo.
—No hemos terminado— le dijo sin siquiera verla.
—No quiero seguir hablando.
—¿Qué demonios pasa?— inquirió él con voz seca — ¿De verdad esto te molesta tanto?— agregó y ésta vez dirigió su cruda mirada a ella.
Kagome perdió el aliento y no supo exactamente qué decir.
—Después de que regresamos de ese viaje todo parece que se fue a la mierda— dijo con voz calmada pero sin dejar de ver a sus ojos —. No hemos hecho otra cosa que no sea discutir e insultarnos— volvió a decir y reconocerlo le dejó un sabor amargo. La soltó —¿Qué quieres, Kagome?
—Ah…— ella perdió el aliento y sintió como si él estuviera dejándole toda la responsabilidad de decidir.
—¿Quieres que nos separemos?— soltó él paralizándola.
Kagome sintió su garganta seca y sus ojos temblaron al verlo a esos zafiros que él tenía por ojos.
—¿Lo quieres?— repitió seca y duramente al soltarla. A decir verdad, él no lo deseaba, pero justo cuando creía avanzar un paso con ella, en realidad estaba retrocediendo tres, eso fue lo que le quedó claro luego de verla con Inuyasha.
Ella negó despacio y sus ojos se aguaron.
—Te dije que no quiero seguir hablando— soltó sin saber cómo encontró su voz. Ella ladeó su cuerpo y volvió a intentar pasarlo de largo.
«Joder» pensó él frustrado y volvió a detenerla.
—No lo preguntaré una tercera vez— aclaró y la jaló para pegarla a su cuerpo —¿Qué demonios quieres?— repitió con fría calma y notó en su mirada la molestia y dolor de Kagome. Él jadeó impotente y le acarició la mejilla mientras negaba despacio — Sólo dime que no te quieres ir, joder— soltó tan bajo y tan roncamente que a Kagome se le formó un nudo en la garganta.
—Yo…
Pronunció Kagome pero Bankotsu ya no la dejó terminar al enredar sus manos en el cabello de su nuca y atraerla a él para besarla como hacía semanas deseaba.
La joven gimió y cerró los ojos, él se pegó más a ella y la hizo retroceder un par de pasos, haciéndola chocar y obligándola a sentarse sobre el sofá tras ella. Ella perdió el aliento y él no se apartó hasta no verla tumbada sobre el mueble, luego de subirse a ella.
Kagome jadeó despacio para recuperar el aliento y lo vio a los ojos, el cabello negro de él se mezclaba con su propio flequillo y su pecho se apretó al volverse a ver en esa posición, bajo su cuerpo y sintiendo su peso sobre ella, con toda la atención de su mirar.
—Las cosas así… no…
—¿No te gustan?— su voz fue baja pero dejaba escapar un tono aun molesto.
Ella endureció su mirada —No.
—Mph— él sonrió de lado al llevar sus manos sobre la cabeza femenina y deslizar sus labios por su mejilla hasta hablarle al oído —¿Y qué sí te gusta… Kagome?
Ella tembló involuntariamente ante lo lento de su voz y lo tibio de su aliento en su oreja y su cuello, apretó sus manos en el pecho masculino y buscó apartarlo.
—¿Llorar y dejarte abrazar por Inuyasha?— preguntó con ironía —¿Dejarme saber que siempre me he equivocado?— agregó y deslizó una de su mano por el costado del curvilíneo cuerpo.
—¿Qué?
—Ya no sé qué demonios hacer— confesó frustrado y molesto al llevar su mano justo entre las piernas femeninas, haciéndola jadear con sorpresa, y frustrándose más porque habían cosas que Kagome aún no sabía y ya todo estaba de cabeza.
—Bankotsu— Kagome lo nombró y lo vio a los ojos, pero él volvió a bajar por sus labios y silenció cualquiera de sus siguientes palabras.
Kagome ya no pudo más que cerrar los ojos y sentir como él le separaba las piernas para meterse entre ellas, el ojiazul volvió pasional el beso al deslizar su lengua dentro de la boca de la pelinegra, y mientras luchaba por no perder el aliento al no dejar de besarla, también se movía sobre ella, simulando embestirla y presionando su casi endurecido miembro contra su tibia femineidad.
—Me matas de celos, ¿no te das cuenta?— dijo y mientras pronunciaba esas palabras con su voz baja y ronca, una de sus manos alzó tanto la sudadera como la delgada blusa de Kagome, para dejar expuestos sus dos redondos senos.
Ella respiró por sus labios al verlo a los ojos y cerró los mismos cuando Bankotsu bajó a comer de sus senos. Kagome gimió y encorvó su espalda y Bankotsu sólo quiso enredar sus brazos en la pequeña cintura.
—Ahg— Kagome se quejó cuando él mordió uno de sus pezones y apretó el otro con una de sus manos —. Basta—ordenó con voz trémula.
—¿Por qué? ¿No quieres?— preguntó y jadeó en su oído, sintiendo justo en ese momento el deseo del más del mes que tenía sin tocarla.
—Agh— Kagome se revolvió bajo él y lo apartó — ¿y tú? ¿De verdad quieres esto o es sólo otra forma que tienes de molestarme?— replicó ella extrañándolo y ganando espacio para sentarse y aun contra el intento de Bankotsu de sujetarla, se puso de pie.
—Sigo sin entenderte— aseguró él al verla acomodar su ropa.
—Ese es el problema con nosotros— reconoció Kagome al alzar su mirada seria a él —, siempre hemos sido sólo esto— dijo ahora llevando su vista al sofá, recordándole lo que pretendía que hicieran —, por eso cuando surgieron los problemas comenzamos a desmoronarnos— finalizó y luego de tragar amargamente, se dio media vuelta y él ya no buscó detenerla.
Bankotsu la vio partir y contuvo las ganas que tenía de voltear la mesa de centro, golpear la pared hasta sangrarse las manos y mandar todo al infierno de una vez por todas. Se talló el rostro frustrado y regresó tras sus pasos, bajó las escaleras e hizo temblar la puerta de metal al cerrarla de un seco y gran golpe para proceder a marcharse de ahí.
Kagome escuchó tanto ese golpe como también cuando Bankotsu arrancó su auto. Se obligó a calmarse y se sentó en la cama para luego recostarse sobre ésta, Buyo llegó siguiéndola y se acostó a su lado; a Kagome casi se le rasaron los ojos al acariciar al felino, todavía estaba molesta y dolida por lo ocurrido, por cómo Bankotsu le había gritado pero también se sentía mal al rechazarlo de esa forma.
Pero es que no entendía, si se iba a la cama con él antes de resolver sus problemas sólo harían lo mismo que habían estado haciendo, ser egoístas y no preocuparse por lo que los rodeaba, y ya no quería eso. Quería amarlo y saberse bien, reconocerlo con sus defectos y errores y mostrarse con sus miedos e inseguridades… amar a Bankotsu estaba resultando caótico.
«¿Por qué tienes que ser siempre un cretino imbécil?» pensó y aunque se forzó a no llorar, una sola y caliente lágrima rodó de uno de sus ojos y llegó al colchón.
Y mientras Kagome acariciaba a su gato y se tragaba los nudos amargos que se formaban en su garganta, Bankotsu conducía con su mirada fija en el frente, con un coraje que le quemaba el pecho y una frustración que lo hacía odiarse a él e incluso a Kagome… a decir verdad, nunca creyó que pasarían por algo como eso.
—Sólo sexo— repitió con frialdad lo que ella le quiso decir. Suspiró sonoramente mientras tomaba nuevamente dirección hacia el corporativo que manejaba —… Si hubiese sido sólo sexo no me habría molestado en devolverte a mi lado— pareció decirle impregnando sus palabras de molestia.
«Maldita sea» pensó frustrado al golpear el volante del coche.
Sí, deseaba a Kagome y eso era algo que no iba a cambiar, pero desde que supo que la quería, había dejado de verla como un cuerpo que follarse y lo hartaba que ella no pudiese distinguirlo; se contuvo de aclararlo al seguir en extremo molesto por haberla visto con, el para él, imbécil de Inuyasha.
Tal vez sólo requería calmarse, se convenció de ello; complicarse la vida nunca había estado en sus planes, ni siquiera había logrado imaginarlo, por eso pasar por esa situación amenazaba pronto con sobrepasarlo.
—Eres malditamente necia, Kagome— soltó y negó en silencio obligándose a recordar que esa chica tenía dieciocho años y que tampoco debía de estarlo pasando bien —. Y sí, yo soy un gran imbécil— se reprochó.
Continuó manejando y conforme se acercaba a la desviación que lo acercaría al corporativo, meditó mejor las cosas y prefirió comenzar a desenmarañar un poco su situación.
•
O.O.O.O.O
•
—¿Qué dices?— la voz de Yura resonó fuerte en la habitación al estar en el altavoz de ese celular.
—No tengo muchas ganas de salir— confesó Kagome al colocarse el móvil en el pecho y seguir recostada en la cama —. Discutí con Bankotsu y mi ánimo no es el mejor— volvió a decir y ladeó su rostro perdiéndose en la ciudad enorme y gris que se extendía a lo lejos.
—No le des tanta importancia— aconsejó Sango que comenzaba a acostumbrarse a esos grandes estira y afloja de esos dos.
—Ella tiene razón— aceptó la pelicorta —. Lo que menos debes hacer es deprimirte. Anda, lleva tu trasero al centro comercial que nosotros estamos saliendo para allá.
—Yura…
—¡Nada!— interrumpió — Y date prisa que mientras recorremos tiendas, deberás explicarme ahora a qué se debió la dichosa discusión.
Kagome gimió desganada.
—¡Muévete, Kag!— apresuró de nueva cuenta la pelicorta mientras Kagome escuchaba como de su lado de la línea, Sango sintonizaba su estación de radio favorita —, que esto no será tarea de una hora.
«Demonios»
—Voy para allá— terminó por decir, pues era verdad, seguir encerrada en ese sitio sólo la iba a hacer deprimirse más y seguir ahogándose en ese vaso de agua.
•
O.O.O.O.O
•
—¿Qué estás haciendo?— una voz femenina y preocupada se dejó escuchar en esa pequeña habitación.
Kikyo había salido del baño y se limpiaba ligeramente los labios luego de haber devuelto el estómago.
—No deberías acostarte, ¿por qué no vamos al médico?— volvió a hablar Tsubaki al verla cubrir su cuerpo con las mantas, protegiéndose del clima frío.
—Ya te dije que no, no te metas, acabo de salir del hospital, no pienso volver— la siempre soberbia voz de Kikyo no mostró ninguna duda.
Tsubaki permaneció de pie, dudosa, en medio de esa habitación, desde que había llegado no había logrado permanecer tranquila.
—No luces bien— reconoció la morena en pie.
—Pasará pronto.
La otra negó despacio —Esto no está bien. Creo que estás dejando pasar demasiado tiempo.
Kikyo sonrió con ironía pero sin mucho ánimo —Como si algo fuese a cambiar— soltó haciendo tragar pesadamente a la única amiga que tenía.
Tsubaki se rascó la nuca inconforme con todo eso.
—Deberías irte, no es como si estar aquí representara alguna diferencia— sugirió Kikyo que no pretendía verse vulnerable.
«Es una maldita necia» reconoció en su interior Tsubaki.
—¿Tus planes…?
—Siguen en pie, aunque postergándose un poco— dijo Kikyo resintiéndose por ello.
Tsubaki pretendió darse la vuelta y volvió a voltear a verla —No creo que ganes nada involucrando a Bankotsu en esto, al menos no mintiéndole.
—No quiero su lástima.
La pelinegra que permanecía de pie contuvo por unos segundos su respuesta y finalmente habló—: Tampoco tendrás su amor— dijo y se recargó en un bonito tocador colocado en ese lugar —, ¿estás enterada del evento que se celebrará en honor a esos dos?— su voz fue áspera, como si le incomodara decírselo.
Kikyo sonrió con medio tono de ironía.
—Por mi pueden disfrutar el tiempo que les quede— dijo ocultando la molestia que eso le provocaba —. Es más, supongo que el golpe para Kagome sería peor luego de sentirse plena y segura a su lado— trató de convencerse.
Tsubaki se mordió un labio sabiendo que tarde o temprano eso iba a terminar mal, para todos, y no sabía hasta qué punto podría ser irremediable, pues aunque Kikyo tuviese las de perder, era demasiado astuta como para perder ella sola.
—Bankotsu te…
—No me importa— interrumpió —. No es como si estuviese inventando todo, él también tiene pecados que pagar, ¿o crees que porque se llegó a enamorar de esa chiquilla lo absuelve de las mentiras que le ha dicho? ¿De haberla manipulado y buscado hacerle daño para curar su orgullo herido?— cuestionó y aun recostada y con poca fuerza, sonrió satisfecha de haber provocado esos actos en él —Kagome siempre fue su juego, ¿qué tiene de malo que lo sepa?
—No lo retendrás.
—Tal vez no de momento— dijo y para ese entonces no buscaba más que quedarse con él hasta el final, no le importaba si la odiaba, después de todo, ellos dos eran iguales, Bankotsu no tendría cara para reprocharle nada.
—Ah…— justo cuando Tsubaki pretendía debatirle, el timbre de la puerta sonó.
Kikyo se encogió en la cama y la otra la observó.
—¿Esperas a alguien?
—Por supuesto que no.
—¡Kikyo!— ambas chicas en el interior escucharon la fría y dura voz de Bankotsu. Dos golpes secos le siguieron al sonar del timbre.
—Joder. Iré a ver qué quiere— dijo al tomar su bolso y acercarse a la puerta —¿Quieres verlo?— preguntó volteando de medio lado a verla.
Kikyo no dijo nada sólo bajó su oscura y fría mirada.
Tsubaki suspiró —Entonces yo también me iré— dijo y tras abrir la puerta, cerró la misma dejando a la lacia y fría pelinegra tras ésta.
Una vez en la sala, se volvió a escuchar el timbre y una maldición soltada por el moreno de ojos azules.
—Hey, ¿qué haces aquí?— preguntó Tsubaki al abrir la puerta.
—¿Kikyo? ¿Dónde está? He estado llamándola y no contesta.
La chica se encogió de hombros —No lo sé, yo sólo vine a buscar un libro que me pidió prestado, supe que salió de la ciudad.
—¿A dónde?
—No lo sé, sabes que no es muy comunicativa.
La mirada azulina se clavó en los ojos cafés de la pelinegra —No sé por qué estoy seguro que mientes— le dijo viendo cómo cerraba la puerta.
La chica volvió a encogerse de hombros —¿Quieres entrar para cerciorarte?
Él negó despacio —No. Un embarazo no es algo que se oculte o se mantenga a flote mucho tiempo, si es una mentira— dijo con voz seca y tras meter sus manos en los bolsillos se dio media vuelta.
—Bankotsu— Tsubaki se apresuró a detenerlo.
El chico que volteó a verla le dedicó una desinteresada y fría mirada y ella tembló, contuvo el aliento unos segundos y se vio tentada a contarle toda la verdad. Kikyo no estaba embarazada, Kikyo se estaba muriendo y quería ver si él estaría dispuesto a estar con ella el tiempo que le quedase.
—¿Te vas a quedar callada?— presionó él.
Ella se mordió el labio inferior y casi sintió el frío entumecerle el cuerpo y terminó por negar despacio.
—No… no es nada— terminó por decir al decidir no traicionar la confianza que esa chica en el interior le había otorgado. Ojalá las cosas no saliesen tan mal como sospechaba. Bankotsu sólo se volteó y se fue de ahí y mientras ella veía su espalda al alejarse, le pidió perdón en silencio y reconoció que al menos ella, había logrado dejarlo ir, era una lástima que Kikyo sintiera lo contrario.
El moreno dejó ese discreto edificio de departamentos y en esta ocasión sí se dirigió al corporativo. El mal humor que ya llevaba se acrecentó cuando Naraku, inoportunamente, le preguntó el porqué de su presencia en el lugar cuando había asegurado no volver por ese día; la sonrisa torcida y casi de burla del castaño de ojos rojizos lo fastidió al punto de dedicarle una mirada peligrosa y altamente gélida cuando soltó el comentario de 'el matrimonio no te está sentando nada bien', Bankotsu lo correría de su oficina con poco tacto y el otro saldría de ahí más que divertido.
•
O.O.O.O.O
•
Largas horas más tarde Bankotsu regresó a la casa que compartía con Kagome. Una vez que entró se sorprendió ligeramente al aparentemente no haber nadie, únicamente el gato que saldría a recibirlo después, llamó a Kagome en voz alta pero no hubo respuesta, subió hasta las habitaciones y ambas estaban vacías; por un segundo creyó que había dejado la casa, pero al ver tanto su ropa, como útiles escolares e incluso su computador y el mismo gato, supo que sólo salió.
—Joder— mencionó fastidiado al bajar. Eran más de las diez de la noche, ella ya no debería andar en la calle sola.
Fue cuando él regresó al segundo piso y comenzó a sacar de las bolsas plásticas la comida china que había comprado, que escuchó el sonido del motor del auto de Kagome. Minutos después la vio subir torpemente mientras cargaba un par de bolsas y dos alargadas cajas blancas, la vio luchar por sacar sus llaves y no tirar las cosas que cargaba y fue entonces que él dejó lo que hacía para ayudarle a entrar.
Kagome lo vio y se sorprendió ligeramente.
—¿Qué hacías tan tarde todavía afuera? Sabes que no es seguro— dijo él al dejarla entrar.
Ella se puso ligeramente nerviosa y eso no le gustó a él que no tardó en notarlo.
—Sa-salí a comprar algunas cosas para el evento del fin de semana— dijo una vez que entró. El olor de la comida y la misma servida en la mesa le llamó la atención.
—¿Fuiste sola?
—No, con mis amigas— explicó y dudó sobre subir o seguir hablando con él, en realidad la convivencia con sus dos amigas había aligerado considerablemente la tensión que ella estaba cargando y eso tampoco pasó desapercibido para él, al haber aprendido a leerla casi a la perfección.
—¿Quieres cenar?— preguntó el moreno al dejar de lado ese asunto. Sí, estaba preocupado por ella, pero insistir o seguir haciendo preguntas sólo podría ponerla a la defensiva y no era lo que más deseaba.
—Ah, bueno…— ella dudó, seguir estando con él todavía no era tan cómodo luego de todo lo que se habían dicho.
—Traje doble ración de todo. Siéntate— invitó mientras cerraba la puerta y le daba la espalda, haciéndola sentir un poco menos incómoda.
—E-en realidad comí con las chicas. Aun debo terminar una tarea y bueno, ducharme ya que mañana… ya sabes— se excusó de no muy convincente manera.
Él la vio de arriba abajo sin saber si le mentía por no sentirse cómoda o porque en realidad seguía molesta.
—Bien, como quieras— dijo y la pasó de largo.
Kagome cerró los ojos y dejó escapar el aliento despacio agradecida de que no preguntara más. Sus piernas casi le temblaron cuando se giró y siguió su camino. Vio a Buyo acompañar a Bankotsu y ella casi se sintió mal por no hacerlo también.
«Seguro le encantará este atuendo» las palabras de Yura resonaron todavía en su cabeza «Si ese hombre tiene sangre en las venas, seguro esa noche la pasas con él entre tus piernas» esa última frase le revivió el sonrojo que mostró frente a sus dos amigas y la dependiente de la tienda donde estaban.
—Tan boca floja como siempre— se dijo todavía abochornada al entrar a su habitación.
Colocó las cosas sobre la cama y suspiró al verlas.
«Y yo no puedo ser más incoherente conmigo misma» se reprochó al recargarse sobre el closet y observar con pesar sus compras. Mordió su labio y suspiró al buscar entenderse, las miles de luces que titilaban a lo lejos, frente y detrás del enorme puente que los conectaba con la ciudad parecían esforzarse por calmarla… Bien, sí quería solucionar las cosas con Bankotsu pero también quería no hacerle las cosas tan fáciles, se reconoció internamente.
—Si después de esa noche las cosas siguen mal, posiblemente no mejoren— se dijo y luego de darse media vuelta, se dirigió al baño para preparar su ducha.
•
O.O.O.O.O
•
Luego de dos largos y cansados días en los que Kagome y Bankotsu apenas se habían cruzado en su casa, por fin era sábado.
Kagome estaba entrando de lleno en su segundo semestre en la universidad y la seriedad de sus profesores parecía haberse incrementado, Bankotsu por su parte cada día tenía más trabajo y ella no sabía si estaba tan ausente para evitar conflictos o porque de verdad le era imposible salir antes; los días siguientes inconscientemente lo había buscado en el estacionamiento de la universidad, creyendo que tal vez volvería a buscarla, pero eso no pasó.
—Estoy nerviosa— confesó Kagome al verse sentada en esa silla frente al enorme espejo en su recamara.
Sango sonrió casi enternecida —No deberías estarlo, luces genial.
—Aun no estoy convencida— dijo Kagome viendo ese largo y delicado vestido perlado cubrirla.
—Ah, cierra la boca y deja de moverte— interrumpió y ordenó Yura que estaba de pie a su espalda, buscando asegurar una diadema de pedrería que le luciría estupenda esa noche.
Kagome se mordió un labio y por el espejo observó a sus dos amigas.
—Voy a confiar en ustedes y creer que no he exagerado con el atuendo— dijo casi a modo de reproche.
—Pero si te ves de lujo— aseguró Yura con una gran sonrisa al terminar de colocar la diadema.
—Por supuesto que sí— confirmó Sango —. Por muy vulgar que te quisiera vestir ésta— dijo señalando con el rostro a la pelinegra —, sabes que yo no lo permitiría, estás en el punto exacto de sensualidad y dulzura que se espera para una joven de casi diecinueve años— dijo y le guiñó un ojo.
Kagome se puso de pie —Confiaré en ti.
—Graaacias— ironizó Yura.
—Bien, en ustedes— corrigió Kagome.
—Moriría por estar ahí— dijo la pelicorta mientras le daba un último vistazo a su amiga.
—Siento no haber conseguido las invitaciones.
—Ni lo digas, el idiota de Bankotsu te dijo prácticamente sobre la hora— Sango le restó importancia.
—Kagome— dos golpes secos antecedieron a la voz del ojiazul detrás de la puerta.
—Demonios— dijo ella sintiendo un nudo en el estómago.
—Mucha suerte, Kag— mencionó Sango al verla y sujetarla de los hombros en un intento de corregirle la postura y darle valor.
—Enseguida va, ¿esperas abajo?— pidió Yura con una sonrisa fingida al abrirle la puerta.
Bankotsu resopló —Bien, pero que se dé prisa, ya vamos tarde.
—¿Por qué le dijiste eso?— reprochó Kagome.
Yura se encogió de hombros —Toda dama se hace esperar— se burló —. Además, creo que será más impresionante si te ve bajar las escaleras a sólo salir de la habitación, ¿no creen?
Kagome suspiró dándose valor y Sango negó en silencio sin creer en las tonterías que le pasaban a esa chica por la cabeza.
—Entonces, nos vemos después y… y muchas gracias por esto— se despidió y agradeció Kagome.
—Ni lo digas, ¿para qué estamos las amigas?— soltó Sango con simplicidad aun a pesar que había sido Yura la encargada de arreglarla casi de pies a cabeza.
—Y si me quieres agradecer a mí, por favor, ten sexo esta noche— dijo sorprendiendo a Kagome y haciendo rodar los ojos a Sango.
—¿Qué cosa dices?— la pelinegra apenas logró pronunciar.
—¿Qué más?— respondió con simpleza Yura — Nadie usa un vestido como ese si no espera que alguien se lo quite.
Kagome enrojeció y esta vez Sango sí se sorprendió.
La nerviosa pelinegra abrió la boca pero nada salió de ella.
—No le hagas caso, ya sabes que cuerda no está— intervino Sango echando del cuarto a Kagome —. Y tú cierra la boca— susurró para Yura.
—¿Qué?
—Te ves de lujo, sabes que no te dejaría salir si tu vestuario fuese indecente— aseguró la castaña guiñándole un ojo para tranquilizarla.
—Sango, ¿segura?
—¡Qué sí, caray! Ahora vete— apresuró.
Kagome asintió y su largo cabello que había sido ligeramente ondulado se meció al escurrir sutilmente por sus hombros.
—Bien, nos… nos vemos después— se despidió y se dio media vuelta.
Yura sonrió y se mordió un labio emocionada —Esperemos que baje un poco y nos asomamos a ver qué cara pone Bankotsu.
—Ni se te ocurra.
—No pienso perdérmelo— advirtió la morena —. No invertí horas buscando un atuendo y arreglándola para perderme lo mejor— dejó claro y aunque Sango la tomó del brazo, aun así salió.
Bankotsu estaba enfundado en un traje sastre color negro que le ajustaba muy bien, un chaleco de vestir gris a combinación con la corbata que contrastaban con lo blanca de la camisa completaban el atuendo. El moreno dio un par de pasos mientras apretaba el puente de su nariz rogando por paciencia, Kagome solía ser igual de puntual que él, y justo se le había ocurrido ese día para romper con su buena costumbre.
Escuchó los tacones de la chica y se giró a verla.
—Por Dios, Kagome, que ya estamos… tarde— soltó de inmediato y detuvo ligeramente su última palabra al verla bajar.
La chica ante sus ojos parecía haber crecido unos años en un par de horas. Al moreno se le secó la boca y los ojos negros de ella lo detallaron mientras él no dejaba de verla. Los azulinos ojos de Bankotsu cayeron al escote del largo vestido ajustado y perlado, un ancho cinturón dorado, casi metálico, presumía la delgada cintura y una tela parecida a encaje se alzaba desde la cintura y casi desde ese lugar partía el escote, la tela se ceñía a su figura y resaltaba la perfección de sus redondos y perfectos senos, mostrando no más de lo debido pero llamando mucho la atención por la forma perfecta de resaltar esos atributos; él no prestó atención a la bonita caída de gasa del vestido al alzar su mirada a los ojos de Kagome, pasando por el largo y desnudo cuello, los labios rosados de la chica se abrieron al verlo no emitir palabra.
—¿Todo bien?— preguntó ella que por un momento temió no estar presentable para ese evento.
—¿Sólo eso llevarás?— preguntó el celoso chico luego de aclarar su garganta.
Kagome negó y le mostró un chal de una fina imitación de piel de zorro negra que sostenía en su mano y él ni siquiera había notado.
Bankotsu asintió despacio — Bien, vámonos— pidió al ofrecerle su brazo y sólo hasta entonces se percató de la presencia de las dos amigas de Kagome que los observaban desde el final de las escaleras, en un nulo intento de parecer discretas.
Una vez que avanzaron a la salida, los azulinos ojos se fijaron en la abertura del vestido que se alzaba arriba de medio muslo izquierdo, cada que ella caminaba.
—¿No te parece un poco sugerente ese vestido?
Ella se mordió el labio al verlo de reojo, Bankotsu pretendía ir atento a abrir la puerta pero le notó la mandíbula tensa, algo de eso la hizo sentir bien.
—No, ¿a ti?— le preguntó al salir delante de él.
Él dejó escapar el aliento en algo así como un gruñido molesto pero no dijo más.
Un poco más de media hora después, ambos estaban ya en el lugar; un exclusivo y elegante salón de eventos en la periferia de la ciudad le daba asilo a gran parte de la élite de la sociedad. A Kagome se le apretó el estómago cuando tuvo que ser ella la se acercara a su padre, éste conversaba con dos de sus amigos más cercanos, para su fortuna Bankotsu no la dejó sola en ese momento.
Su padre volteó a verla y luego de dos segundos se despidió cortésmente de su compañía para avanzar el par de pasos que lo separaban de su única hija.
—Por un momento creí que no vendrían— soltó el hombre que vio a los jóvenes con seca aprobación.
—Bueno, se nos hizo algo tarde y…
—¿Han saludado ya a los presentes?— interrumpió las palabras de su hija ganándose la mirada molesta del ojiazul.
—No creo que haga falta, somos el centro de atención— negó el moreno con tensa frialdad y le sonrió correspondiendo la apatía del hombre.
—Deberían hacerlo, por mera cortesía.
Kagome asintió y Bankotsu sonrió irónicamente sin pretender moverse de su lugar. Un par de los presentes se acercaron a ellos mostrando su sorpresa por el repentino matrimonio, gente que Kagome no conoció y a Bankotsu no le importó recordar, aparte de extenderles sus condolencias por el reciente fallecimiento de Nahomi, también los felicitaron por el matrimonio que unía dos grandes familias. La elegante pelinegra fue un poco más condescendiente al cumplir con su rol de anfitriona a la perfección, mientras Bankotsu a su lado y con un trago de whisky en la mano, sólo buscaba apartarla del desfile de gente, pero fracasando hasta el hastío pues en seguida otra pareja se acercaba a ellos.
Conforme la noche caía la decoración blanca y azul marino de los manteles en las decenas de mesas esparcidas por el lugar, comenzaron a cobrar mayor belleza al ser decoradas al centro por alargados centros de mesa florales y una pequeña vela en el centro que resaltaba más con la media luz del lugar. Altas lámparas redondas parecían flotar como burbujas a lo amplio de todo el lugar, a pesar del clima frio del exterior, la calidez del lugar resaltaba por toda la decoración, las personas se paseaban de un lado a otro encontrando conocidos en cualquier esquina de ese enorme salón.
Y mientras Kagome tenía un respiro al quedarse sola, observó la cantidad de personas presentes, algunas ya sentadas en las distintas mesas, otras más disfrutando de un ligero baile al centro del lugar y las restantes se repartían por el salón y las distintas mesas de bocadillos; el padre de la pelinegra apenas había volteado a verla y no sabía si eso la incomodaba o le quitaba tensión.
—Alejémonos un poco— sugirió Bankotsu al tomarla de la cintura y girarla con él para llevarla a una mesa apartada.
Kagome asintió y lo siguió en silencio, ser tomada así por él luego de tanto tiempo se sintió bien.
Ambos avanzaron entre mesas y personas que les sonrieron con amabilidad al reconocerlos como anfitriones, Bankotsu se mantuvo imperturbable ante las miradas y dejó al resto degustando su cena, charlando y algunos más pasarlos de largo para unirse a quienes bailaban; el evento fluía con tranquilidad y por suerte Enzo parecía haber reservado hasta el final el brindis por la feliz pareja, dándoles tiempo de socializar con los presentes.
—Esto es más aburrido de lo que pensé— dijo ella cuando él la adelantó parándose frente a ella. La mesa estaba vacía y vestida perfectamente, en una esquina de ese salón.
—Siempre suelen ser así este tipo de cosas— secundó él.
Kagome se mordió un labio y observó la enorme cantidad de personas, siendo las féminas las que más sobresalían por sus bonitos y llamativos vestidos.
—Te ves muy bien— habló el ojiazul atrayendo la mirada chocolate hacia él. Kagome lo vio sin comprender y Bankotsu acercó una de sus manos a tocar su pelo, ella sólo lo observó y lo dejó tocarla.
El moreno deslizó un mechón de ondulado cabello sobre su hombro y lo colocó celoso en medio de ese escote, ella observó ese gesto sin aliento y con el corazón acelerado.
Un camarero y un par de personas pasaron tras ellos y Kagome sintió nerviosa como Bankotsu se acercó a ella y deslizó su mano por uno de sus hombros.
—¿Qué haces?
—Dándole un poco más de credibilidad a esto— su voz firme mostró algo de diversión.
—¿Qué?— Kagome lo vio a los ojos y entonces la mano en su hombro subió a su rostro y Bankotsu la besó. A ella se le escapó un gemido y cerró los ojos, tuvo que apoyar sus manos en el pecho del ojiazul y retroceder medio paso para no caer, para su fortuna él la sujetó de la cintura y profundizó un poco más el beso.
Ambos eran conscientes que eran observados por mucha gente a los alrededores, a Bankotsu no le importó y Kagome dejó de pensar en ello al volver a sentir la suavidad y calidez de esos labios con suave sabor a licor. Bankotsu apretó su cadera a la de él al tiempo que deshacían el beso.
—¿Crees que eso será suficiente?— susurró sobre los labios femeninos y sin dejar de ver los expresivos ojos de Kagome fijos en él.
Ella separó los labios y asintió.
Bankotsu extendió una sonrisa de medio lado que fascinó a Kagome y no la dejó moverse al seguir presa de sus brazos.
El moreno deslizó su mano en la cadera femenina hasta el medio muslo de Kagome y deslizó la misma hasta tocar su piel gracias a esa abertura en el vestido que portaba. Ella se tensó.
—¿Qué haces?— le preguntó en voz baja y viendo disimuladamente a la gente que los rodeaba.
Él acarició su mejilla con la punta de su nariz al acercarse a su oído.
—Darte otra razón para que pienses que lo nuestro gira en torno al sexo— susurró en su oído haciéndola abrir los ojos con sorpresa —… tonta — añadió dejando un suave beso en su oreja al acariciarle la pierna desnuda.
—No-nos están viendo— se apresuró ella a decir al buscar apartarlo.
—¿Y?— preguntó el moreno ganándose una mirada de asombro de la pelinegra frente a él.
Él, que nunca deshizo su sonrisa, pretendió de nueva cuenta besar los labios de Kagome, ella lo observó a los ojos y luego bajó su mirada a los ligeramente separados labios masculinos; la joven casi se ve tentada a ser ella la que eliminara la distancia entre sus labios al ser tan lento el movimiento de Bankotsu, estaba segura que provocándola y estaba lográndolo.
—Por lo que veo, la falta de modales no es extraña en ti… Bankotsu— una varonil y fría voz interrumpió justo cuando los labios de esos dos se encontraron.
El ojiazul gruñó molesto y Kagome jadeó al separarse y fingir naturalidad.
—Sesshomaru— saludó ella y le sonrió como si no estuviera con el corazón a punto de desbordársele.
—¿Qué demonios quieres?— soltó el ojiazul sin disimular un poco la poca estima que le tenía.
El alto peliplata enfundado en un elegante traje también en color negro y corbata dorada como sus ojos, acomodó su largo cabello detrás de su hombro.
—Hacerle un favor a Enzo y evitar que sigas acaparando la atención de su hija— explicó con fría calma.
—Mi esposa— corrigió el altivo y orgulloso ojiazul.
—Aun así— dijo el ojidorado y volteó de medio lado cuando sintió una mano tocar su espalda.
Una alta, delgada y curvilínea mujer apareció detrás del peliplata y Bankotsu se fastidió al sentir que una nueva interrupción llegaba. Kagome por su parte prestó atención a los dos frente a ellos.
—¿Interrumpo?— preguntó la mujer de cabello castaño recogido en un moño alto, con apenas unos rizos colgando de éste, luciendo a la perfección su delgado y largo cuello, un vestido guinda escurría desde el moño sujeto en su cuello, dejando vivir un escote en 'v', para caer hasta la punta de sus pies. Kagome observó con cierta envidia como la mujer lucía una sofisticada elegancia, aunque su presencia no le agradó, era demasiado fría e incluso se atrevía a pensar que calculadora, de algún modo le recordó a Kikyo, sólo que ésta poseía una mirada rojiza, igual de astuta, pero menos fría que la de la pelinegra.
—Ella es Kagura, una joven recién graduada que se incorpora a mi empresa— presentó el ojidorado por mera cortesía.
La mujer mostró una sonrisa orgullosa —Soy su nueva mano derecha— se jactó de algo que él no estaba enterado y le ofreció la mano a Kagome, ésta la tomó y le sonrió, para su sorpresa, el tacto fue cálido, luego la pelinegra vio con cierto recelo cómo Kagura ofreció su mano a Bankotsu mientras lo veía a los ojos y le sonreía con autosuficiencia.
Kagome no supo por qué, pero llevó su mano izquierda a sujetarse con la derecha del ojiazul una vez que Kagura lo dejó libre.
—Y… ¿charlaban?— preguntó la delgada castaña de aproximadamente veinticinco años.
—Ah, pues…— Kagome quiso responder.
—En realidad invitaba a Kagome a bailar— intervino el peliplata haciendo sonreír a la de mirada roja, sorprendiendo a la nombrada y molestando a Bankotsu—. Les he explicado ya, que no es bien visto que se aíslen.
—Verás, Sesshomaru, yo…— Kagome quiso excusarse.
—Entonces, eso te deja libre— interrumpió Kagura al tomar del brazo a Bankotsu que la vio con extrañez; al momento de jalarlo, el contacto que Kagome mantenía con el ojiazul, se rompió.
—Vamos— Sesshomaru la tomó del brazo y la hizo caminar a su lado.
—Kagome— Bankotsu la llamó y ella volteó a verlo.
—Anda guapo— apresuró Kagura al tiempo de pegarse a él por el brazo y media espalda para hacerlo caminar —. Invítame una copa y después unámonos al baile— le dijo y Kagome, por la distancia que ya los separaba, no se percató de la ligera molestia del de larga trenza, pero sí lo hizo de la sonrisa confiada de la chica.
Sesshomaru se detuvo al centro de la pista y tomó a Kagome de una mano y la parte media de la espalda y ella parecía más atenta a la larga barra donde Bankotsu permanecía recargado y la joven de ojos rojos sentada muy cerca de él. Vio con un poco de celos como ambos se veían muy bien, la castaña no tardó mucho en tener una copa en sus manos y una vez que las personas que los rodeaban le permitieron verlos con mayor claridad, ella se percató del hermoso escote que esa mujer lucía en su espalda, y que había logrado captar la atención de más de uno de los caminaban cercanos a la barra.
Una punzada de celos, como hacía mucho que no sentía, se clavó en medio del pecho de Kagome.
—Intenta disimular un poco— sugirió el peliplata que volteó a verla ligeramente para abajo, aun, a pesar de los tacones altos de Kagome, él seguía luciendo notoriamente más alto que ella.
—Ah, lo siento— se disculpó y casi sintió que se ruborizó al ser tan simple al dejarse llevar por la molestia que la invadió.
Sesshomaru volteó de reojo hacia donde aquellos dos estaban.
—Kagura suele interesarse pronto en algunas personas— explicó él al dejar de verlos, atrayendo la mirada de Kagome a su rostro —, es normal que despierte el mismo interés hacia ella— agregó molestando a la pelinegra que se esforzaba por seguir el suave ritmo de la melodía que sonaba.
—¿Hace mucho que la conoces?— preguntó sin pretender mostrar su molestia.
—Como dije, va incorporándose a la empresa, tiene excelentes referencias.
«Así que es recién egresada» pensó celosa «Ella y Bankotsu deben tener la misma edad» reconoció y volteó a verlos una vez más, se encontró con la mirada del ojiazul puesta en ellos y retiró sus ojos de él cuando Kagura le ofreció un trago y éste lo aceptó.
No quiso pensar en todas las cosas en común que ellos dos pudiesen tener, ni en los siete años que ella y Bankotsu se llevaban y que la hacían sentirse inferior a esa refinada mujer.
—No debería importarte— agregó luego de un momento el peliplata.
—No lo hace— mintió ella.
Él sonrió apenas visiblemente —Me alegra.
Kagome le sonrió y se prometió no darle más importancia a Kagura ni pretender imaginar qué clase de cosas pudiesen estar hablando aquellos dos.
Y mientras Kagome bailaba con Sesshomaru, cada vez con más cercanía y familiaridad, al punto de parecer que flotaban acompañados por las decenas de parejas más, Bankotsu veía esto con ojos celosos.
—Si tanto te molesta, ¿por qué no nos unimos?— sugirió la chica con una sonrisa luego de beber su tercer copa.
—Mph— él sonrió de forma torcida y molesta al tiempo de darles la espalda a todos en la pista — ¿y caer en su juego?— preguntó de forma irónica al beber otro trago de whisky.
—¿Estás ofendiéndome?— preguntó ella con un poco de diversión.
—¿Me vas a decir que es casualidad?— devolvió él al verla de reojo.
Kagura extendió su sonrisa —No… no del todo— confesó fascinada al darse cuenta que Sesshomaru tenía razón al decir que el tipo no era estúpido.
Justo cuando Kagura pretendía seguir hablando, un anterior compañero de facultad se acercó a saludarla, dándole tiempo al moreno de regresar su vista a la pista de baile, vagó visualmente entre las parejas presentes y no logró ver a la razón de su molestia. La música había parado momentáneamente entre un cambio de melodía y otra, por eso no verla le extrañó; luego de unos segundos observó el sonriente rostro de Kagome acompañada, a un costado de la pista, de la que parecía ser la familia Taisho, pues incluso Inuyasha estaba presente.
—Joder— soltó molesto y cuando se disponía a ir por ella, Kagura volvió a detenerlo.
—Y entonces, ¿conoces a Naraku?
—¿Naraku?
La mujer asintió —Mi tío— explicó, Bankotsu frunció el ceño y cuando una nueva melodía volvió a sonar, su mirada cayó en Kagome que parecía negarse a seguir bailando, pero al parecer fue motivada por la madre de Inuyasha, para que finalmente ella terminara bailando con el menor de los Taisho, ya para ese entonces Bankotsu no sabía qué le molestaba más.
Sesshomaru, con una copa en mano, permanecía ahora charlando con Enzo y el propio Inu No Taisho y un grupo de personas más, incluso desde la distancia le pareció a Bankotsu que ese frío peliplata observaba a su esposa, y definitivamente no le gustó para nada el interés exhibido.
—… Hace tiempo yo misma fui empleada tuya— Kagura continuó hablando pero hasta entonces él le prestaba atención.
—¿De qué estás hablando?
La castaña sonrió sin saber si ofenderse o divertirse —Sólo tú y Sesshomaru acostumbran a ignorarme de esa manera.
Él no respondió al seguir esperando una respuesta.
—Me refiero a que estuve prestando mi servicio social para tu empresa, es normal que no lo supieras.
Él la vio de arriba abajo —¿Y por qué no seguiste trabajando ahí?— preguntó ligeramente extrañado, pues su empresa era sin duda, mejor que la del Taisho.
—Quise valerme por mi misma, además, encontré una opción mejor— dijo y sonrió viendo a Sesshomaru.
—Ya veo.
• • •
Luego de varias melodías más sonadas, por fin llegó el momento del brindis; Enzo subió al estrado y las luces bajaron un poco más para resaltar la luminosidad de ese lugar. Conforme el agradecimiento protocolario por la presencia de todos en el lugar iniciaba, Bankotsu buscó acercarse a Kagome, pues todos entendían que se daría el anuncio oficial del matrimonio que los unía.
Inuyasha vio al moreno acercarse y tras una mirada gélida que él prefirió ignorar, se apartó un poco de la pelinegra en medio de la pista, dejándolos parcialmente solos.
Kagome sintió una mano en su hombro y se sobresaltó suavemente, alzó su vista y se encontró con la mirada de reojo de Bankotsu puesta en ella; al seguir molesta con él, ella devolvió su atención al frente, pero le permitió seguir abrazándola.
Enzo, luego de ubicarlos entre los presentes, alzó su copa y los felicitó en un acto completamente creíble a pesar de la poca satisfacción que a él le provocaba. Los presentes con copa en mano, alzaron éstas en el brindis, los que los acompañaban en la pista, aplaudieron con la misma intención, luego de que Enzo bajara del estrado y volviera a agradecer, las luces casi se apagaron por completo, dejando iluminado el lugar por las velas en las mesas y algunas más en las columnas cercanas.
Kagome suspiró y Bankotsu ladeó su cuerpo y la tomó para comenzar un baile que todos los presentes esperaban.
—¿Contenta?— preguntó él y la ironía en su voz no pasó desapercibida para ella.
Kagome sonrió fingiendo serenidad —No más que tú— devolvió suavemente, para que sólo él lograra escucharla.
Él gruñó para sus adentros y no dijo más, nunca habían bailado juntos pero los movimientos de ambos estaban casi perfectamente sincronizados, Kagome había sido refinada en ese arte desde muy joven y Bankotsu, contrario a lo que hubiese pensado, era buen bailarín. Al pasar algunos segundos, más parejas se les unirían y la atención pronto dejaría de pesar en ellos. Él no quitaba su fría y seria mirada de Kagome y ésta ladeaba su rostro sin pretender verlo, molesta con él.
Al terminar la melodía, como era costumbre, ambos tendrían que separarse para compartir su felicidad con los presentes, bailando cada uno con una pareja diferente, hecho que molestó más a Bankotsu cuando Inuyasha regresó por Kagome.
El ojiazul no tuvo tiempo de replicar al guardar las apariencias cuando ella se fue con el ojidorado.
—Yo bailo contigo— se ofreció Kagura al verlo de pie en medio de la pista.
—Tuve suficiente de esta farsa— cortó él molesto.
—Pero aun así, todavía tienes expectativas que llenar— le dijo viendo cómo eran vistos por el hombre que minutos atrás había bajado del estrado —. Anda, tú me guías, he visto lo buen bailarín que eres— animó la chica que no tardó el colocar su mano en el pecho del chico y hacerlo abrazarla a su espalda desnuda. Kagura le sonrió satisfecha y él apenas aligeró su molesto semblante.
—No lo tomes personal— dijo él al resoplar hastiado, al parecerle que se desquitaba con ella.
—Descuida, sólo baila conmigo y distráete un poco— dijo la mujer y le guiñó un ojo —, esto ya casi acaba, el protocolo está cumplido, ya sólo resta finalizar esto con bien— le restó importancia la joven mujer y se acercó más a él, cumpliendo así con más de lo que le había pedido el ojidorado.
Bankotsu resopló tras darle una última mirada a Kagome que se alejaba de él, guiada en esa danza por Inuyasha.
—Como sea— terminó por decir.
—¿Quieres quitar esa cara?— preguntó Inuyasha al ver el semblante descompuesto de Kagome —Parece que no la estás pasando bien.
Ella no respondió y ladeó su rostro.
—Apenas puedo creer que estés celosa.
—No estoy celosa.
—Seguro.
Ella resopló frustrada y a pesar de saber que sí estaba celosa, no se sentía bien reconocerlo con Inuyasha.
—Si me lo preguntas, luces mucho más hermosa tú que ella— dijo atrayendo la atención de la pelinegra en sus brazos —.Te ves realmente preciosa— añadió completamente seguro que era de las pocas personas realmente atractivas que había ahí presentes.
Kagome soltó el aliento desanimada, creyendo que lo decía por hacerla sentir bien, regresó su mirada a Bankotsu y su acompañante y vio a la chica reír al haber tropezado con alguna pareja a su espalda y casi caer.
«¿Qué?» se preguntó al ver a Kagura llevar sus dos brazos al cuello de Bankotsu y éste sujetarla de la espalda desnuda, a consecuencia de ese vistoso escote. Kagome detuvo entonces sus pasos. Ella vio cierta preocupación en los ojos azules y le molestó los segundos que esos dos se vieron a los ojos.
—Es un idiota.
—¿Qué?
—Un maldito cretino— volvió a hablar Kagome y tras soltar a Inuyasha se dio media vuelta.
—Espera, Kagome— pidió él al seguirla.
Salieron de la pista y muy poca gente se percató que se alejaban, la mayoría estaba inmersa en sus propios asuntos y conversaciones.
Cuando Kagome tomó de mala gana su chal que había dejado en una silla que nunca ocupó, fue que su padre se dio cuenta de su molestia.
—¿A dónde crees que vas?— le preguntó al detenerla, intentando ser lo más discreto posible.
Kagome tiró de su brazo —A la que ahora es mi casa— aclaró y por primera vez lo vio realmente molesta.
Enzo enderezó su postura y dejó pasar a su hija, siendo seguida por Inuyasha, la mirada azulina de Bankotsu se percató ligeramente del movimiento en la entrada al estar ligeramente en alto.
—¿Qué ves?— preguntó extrañada Kagura.
Él, que había detenido sus pasos, volteó a verla extrañado —Ahora vengo.
—Oye, pero…
• • •
—¡Kagome!— Inuyasha alzó la voz al llamarla.
Los pasos largos y apresurados de Kagome sonaron en el concreto producto del tacón alto que usaba.
—Hey, ¿a dónde demonios crees que vas?— la detuvo el peliplata.
—A mi casa, ¿a dónde más?— respondió mientras alzaba la mano llamando a un taxi.
—¿En un taxi? ¿Estás loca?
Un coche amarillo no tardó en acercarse, con las luces intermitentes brillando esperó por la joven.
Kagome ni siquiera respondió y abrió la puerta.
—Kagome.
—¡¿Qué?!— alzó la voz molesta.
El peliplata negó en silencio —Creo que estás equivocando tu actuar, sabes que se dará cuenta por qué te fuiste— dijo el joven al soltarla.
Ella jadeó de impotencia al darle toda la razón —Por suerte, ese no es tu problema— dijo al desviar la mirada, al tontamente otorgarle la que creía que era parte de su culpa en todo ese asunto.
Inuyasha enderezó su cuerpo y Kagome cerró la puerta del auto que inmediatamente arrancó.
El ambarino tragó pesadamente y tras jadear derrotado se dio media vuelta encontrándose con la figura de Bankotsu en la entrada, los ojos azules del moreno fueron de él al auto que acababa de arrancar.
—Hey, ¿qué sucedió adentro?— preguntó Kagura al salir tras el ojiazul. Inuyasha los pasó de largo luego de verlos de reojo.
• • •
El clima helado del exterior mojaba incluso el cristal del taxi que en ese momento la llevaba al residencial donde vivía, mientras en el interior ella luchaba por no llorar de coraje, de celos o tristeza, no sabía bien; sus ojos estaban brillosos y casi desde que salió traía un nudo en su garganta, apenas logró tragárselo para dar la dirección, y ahora volvía a quemarle por dentro.
«Lo peor es que él también está molesto» reconoció y eso casi la hace derramar una lágrima.
Bankotsu le había dejado más que claro que estaba molesto por todo eso, sus miradas severas parecían querer culparla de haberse ido con Sesshomaru o con Inuyasha cuando él, el muy traidor, también se había largado con aquella chica y no la había dejado en toda la maldita noche, seguro en ese momento seguiría con ella, estaba segura que su padre no lo dejaría marcharse tan fácilmente como a ella.
Pasó la casi media hora de transcurso a su casa pensando mil y un cosas que ambos tenían que reclamarse, excusándose y culpándolo, pero también culpándose ella misma por creerse tan ingenua y suponer que luego de que él la besó todo estaría bien.
«Somos un fraude» pensó y tensó su mandíbula al escapársele una lágrima.
Pensar que no podían mantener una relación seria y estable le dolió más de lo que pensó, siempre dudas e inseguridades, celos y malos entendidos estaban en medio de ambos y no los dejaban estar en paz.
—¿A qué calle dijo que vamos?— preguntó el chofer luego de cruzar la caseta de vigilancia.
—¿Ah?— Kagome alzó la vista —A… a la izquierda, cuatro calles adelante y hasta el final a la derecha.
El hombre que la veía por el retrovisor asintió.
Kagome comenzó a buscarse la bolsa y cerró los ojos al darse cuenta que no traía. Se llevó la mano a la frente y se lamentó, no traía dinero… tampoco llaves.
Una vez que el auto se detuvo ella apenas tuvo cara para ofrecerle al chofer uno de sus tres anillos, salvando, tontamente, los dos que la ligaban al moreno, todo para cubrir la cuota marcada en el taxímetro.
El hombre pareció molestarse al no saber el valor de la joya pero ella le aseguró que era original y no tendría problema en venderla por mucho más de lo que le debía.
—Gracias— dijo cuándo bajo del auto para después cerrar la puerta y abrazarse al chal para protegerse del frío de esa madrugada.
Kagome caminó acercándose a la puerta y con su vista en lo alto, pensando si tal vez tendría posibilidad de saltar la alta pared.
—¿Y…?¿Crees que lo logres?— la soberbia e inconfundible voz de Bankotsu la hizo respingar.
Ella enmudeció.
—Sinceramente yo no lo creo— añadió ante la sorpresa de la chica que le pareció jodidamente deseable por su semblante vulnerable y por la molestia que irradiaban sus ojos dirigida hacia él.
Bankotsu, haciendo rodar las llaves en uno de sus dedos, no quitó su sonrisa torcida y de superioridad que molestó más a la chica.
—¿Qué haces aquí?
Él se encogió de hombros —Pensé que no podrías saltar— dijo molestándola y tras extender su sonrisa, se dio media vuelta y abrió la puerta —. Adelante— ironizó cuando Kagome se adentró sin esperar un segundo.
—¿Me quieres decir cómo pagaste?— preguntó al seguirla.
Ella bufó al ver que las puertas del interior también estaban cerradas. Bankotsu volvió a abrir y ella entró de la misma poca femenina manera.
—Me deshice de un anillo— dijo divirtiéndolo al imaginar la vergüenza que pasó.
Kagome se alzó el vestido al subir por las escaleras directo al segundo piso.
—Kagome— la llamó él al seguirla —. Kag.
—¡¿Qué?!— ella alzó la voz al llegar a la segunda planta y volteó a verlo con los ojos llorosos y doloridos por contener las lágrimas.
Bankotsu suspiró al llegar a pasos lentos tras ella.
—¿Por qué te viniste?— preguntó con calma a pesar que también estaba molesto.
Ella casi tembló ante lo que consideró cinismo por parte de él.
—¿Y qué demonios querías que hiciera?— alzó la voz al deshacerse de su chal al ya no necesitarlo —¿Qué esperara a que me pusieras más en ridículo al besarte con esa tipa?
—¿Besarme?
Ella bufó indignada y se apresuró a subir a su habitación.
—Hey— él conservó la calma a pesar de sujetarla con firmeza del brazo —Aquí el único molesto debería de ser yo.
—¿Tú?
Él alzó una ceja en respuesta.
Ella dejó escapar el aliento ofendida y quiso irse.
—No soy yo el que pasó de mano en mano entre los Taisho— soltó secamente al no permitírselo.
—No, pero te divertiste manoseando a esa tipa— debatió ella al tironearse.
—Mph— él sonrió de medio lado al jalarla a su pecho —¿Celosa?
—Que te jodan— respondió molesta y viéndolo de ese modo a los ojos, hecho que divirtió al moreno.
—Vaya boquita la tuya, Kagome— soltó él para tomarla del rostro con una mano y estrellar sus labios a los de ella.
El largo cabello de la chica se movió al querer soltarse, pero él se lo evitó al mantener su rostro sujeto y su otra mano aprisionando su brazo para mantenerla pegada a él.
—Eres un maldito cretino— dijo ella con voz baja al perder el aliento luego de ese largo beso. Sus ojos no se deshicieron de las lágrimas que los bañaban.
—Y tú una gran tonta— respondió él que estaba cansado de peleas absurdas. Decir que no moría de celos al verla estar con otros era mentir, pero para ese momento lo único que deseaba era estar bien con ella.
Bankotsu la sujetó del trasero para pegarla totalmente a él y Kagome, con sus ojos llorosos, se ruborizó.
—Ni se te ocurra— advirtió dejando escapar su aliento en los labios del moreno que retrocedía con ella directo a la sala.
—¿Por qué?— le susurró de igual forma.
Las luces estaban apagadas, sólo el reflejo cristalino que desprendía la alberca en el exterior, bañaba de una cálida luz brillante y azulina el interior de esa pequeña sala.
—¿Porque temes confirmar que esto es sólo sexo?— le preguntó al llegar al costado de uno de los sofás.
Kagome casi mostró temor en sus ojos al verlo y no comprenderlo.
Bankotsu le deslizó un delgado mechón de cabello, vio esa diadema en su cabeza competir con el brillo de los cristalinos ojos de la joven en sus brazos.
—No nos hagamos estúpidos, ¿quieres?— pidió al susurrarle al oído y Kagome se estremeció por la calidez de su aliento golpeándole incluso el cuello — Te amo desde hace tiempo, de una forma estúpida e irresponsable y cada vez me importas más, estoy seguro que lo sabes— le dijo sin dejar de hablarle al oído y acariciarle el rostro. Kagome se estremeció ante sus palabras y la profundidad de su voz; los ojos le picaron todavía más —. Te deseo también como un imbécil, ¿qué tiene eso de malo?— preguntó.
Ella tragó pesadamente y cuando Bankotsu deslizó su mano de su rostro a su cuello y siguió bajando, una lágrima se le escapó a Kagome.
—No encuentro algún problema en ello. Daría mi vida por ti, Kagome— dijo con seriedad y voz baja y ella jadeó a modo de sollozo y debilitó sus defensas al apoyar sus manos en el pecho del chico —, pero también me fascina hacerte el amor, tomarte despacio… o follarte con fuerza, como sea que me apetezca porque sé que lo permitirás; porque somos mucho más que un amor inocente, siempre adoré hacerte pecar— confesó con un poco de gracia y a ella casi se le escapa una sonrisa que fue deshecha por el llanto que brotó —. No veo algo de malo en ello. Te he amado siempre de una manera egoísta, sólo porque es la única forma que conozco, pero es amor al fin y al cabo… así que no me salgas con eso, tonta.
Kagome ya no contuvo su llanto y pegó su rostro para llorar en su pecho. Bankotsu rodeó con sus brazos su cintura y espalda y besó su pelo.
Luego de unos minutos en que el llanto de Kagome era lo único que se escuchaba por encima, incluso, del soplar del viento en el exterior, ella debilitó su abrazo en el moreno; jaló aire de forma entrecortada y se sintió tonta al negar en silencio.
—Yo…
—¿Me amas con locura?— trató de completar su frase.
Ella apenas pudo sonreír —Eres un presumido— terminó por decir.
—Mph— él le acarició el cabello —. Bueno… eso ya lo sabíamos— agregó con un poco de seriedad.
—Siento ser tan estúpida— se disculpó y ladeó su mirada.
—Eres casi una niña— justificó el moreno al acariciarle el rostro, que aunque mojado por lágrimas, seguía luciendo encantador. Kagome quiso decir algo al separar sus labios, pero él bajó su rostro a comerse su boca.
Casi niña… su casi niña, pensó y volvió necesitado el beso al enredar una de sus manos en el negro y semi ondulado cabello de Kagome.
Instantes después ambas manos masculinas descenderían por el cuerpo femenino y llegarían hasta sus piernas, jaló de ellas y las separó al dejarlas a cada costado de sus caderas, en dos segundos, él estaba sentado con ella sobre él.
Kagome deshizo el beso y se fascinó con el brillo de esos ojos azules que resaltaban más por el reflejo del agua que golpeaba también su rostro. Las manos de él llegaron a los hombros de Kagome que se mordió un labio al dejarlo tocarla.
—Precioso escote— dijo él al colar sus dedos en éste para tocar la tibieza del seno de Kagome.
—¿Hasta ahora te lo parece?— jugueteó ella.
Él negó en silencio —¿Planeaste todo esto?
—¿Qué?
—Por favor, nadie se pone un vestido como ese sin esperar que alguien se lo quite— soltó él las mismas palabras que Yura y ella enrojeció, quiso decir algo mientras internamente se juraba matar a la pelicorta —. Me encanta— confesó él y luego jadeó al besarle los labios.
Kagome se removió sobre él inquieta o ansiosa y él gruñó sobre sus labios. Las manos del moreno se deslizaron de los hombros de Kagome, trayendo consigo las delicadas mangas del vestido y pronto los senos de Kagome quedaron a su vista.
—Joder, Kagome— maldijo apenas con voz al darse cuenta que la descarada chica no usaba sostén. Ella se ruborizó y él ya no pudo verla a los ojos, sus manos arrastraron la delicada tela hasta su cintura y él comenzó a comer de sus senos; Kagome sólo pudo gemir y apretar sus manos a los anchos hombros del chico de larga trenza.
Entre besos húmedos repartidos entre los senos de Kagome y su cuello, el miembro de Bankotsu ardió endurecido bajo sus pantalones. La pelinegra sentía arder la cada parte de la piel que él le tocaba, Bankotsu mordió una vez su cuello y ella se movió sobre él.
—No hagas eso— suplicó el ojiazul al tiempo que le sostenía sus amplias caderas.
—Amh— ella sonrió y se acercó a besar despacio sus labios. Kagome amaba tanto a ese hombre que apenas podía creer que él se hubiese fijado en ella, volvió a mecerse sobre él pegando sus senos a la ya mal colocada camisa del chico.
—Ah… ya no aguanto— confesó Bankotsu y la apartó suavemente para luego bajar el cierre de su pantalón y desabotonar el mismo. Expuso su muy hinchada masculinidad, sus manos atrajeron el trasero de Kagome hasta hacer apretarse ambos sexos y entonces fue el turno de ella de jadear.
—Te amo— dijo la chica con su respiración irregular y se acercó a besarlo.
Él sonrió —Y yo a ti— aseguró y la alzó suavemente, quitando del camino tanto la suave tela del vestido como las delicadas bragas de Kagome.
—Aghh— y ambos gimieron cuando él comenzó a traspasarla.
Kagome se apretó sin mucha fuerza a su cuello y él tensó la mandíbula y echó su cabeza hacia atrás al volver a experimentar toda la estrechante calidez del interior de su mujer. Permanecieron unos segundos sólo disfrutando la sensación de llenado y estrechez que sus cuerpos se brindaban, para que luego Bankotsu comenzara a mover las caderas de Kagome, haciéndola jadear y regalándose oleadas de placer, al hacerla recibirlo en su interior.
El aliento ardiente de ambos calentaba más sus cuerpos que se habían perlado de sudor… y tanto las miradas brillosas y profundas que ambos se dedicaban, como los besos repartidos, le dieron a ese acto tan carnal un significado diferente.
En ese momento, Kagome le entregó su vida a él, como él juraba que lo hacía con ella.
Continuará…
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¡Wow! Como algunos ya saben, la siguiente actualización va a tardar, así que supongo que este capítulo contó por dos xDD
Ya, en serio, siento si quedó gigante, pero la verdad es que necesito avanzar y siento que este capítulo cumplió con ese objetivo xDD
Ya casi cerré con Inuyasha, apareció fugazmente Kouga, Ayame, Sessho, y el papá de Kags, ah, también Kikyo xDD
Ojalá les haya gustado, y espero me digan qué les pareció. Mil gracias a quienes agregaron a favoritos y bueno, estoy feliz porque a pesar que los comentarios bajaron considerablemente, el fic ya casi llega a las 100 mil vistas (: lo que me dice que lo siguen leyendo.
El 17 de este mes, si no me equivoco, esta historia cumple dos años de haberse publicado y enserio, hay niñas que siguen aquí desde ese entonces, me honran ñ.ñ
Agradezco comentarios:
•frangarrido1993 •rogue85 •Mony Mtz •valquiria26 •Azura Reinhardt •Mikaly-san •Titita Taisho •Lady of the west •Jadhi Brief •kokorAai •Andi Soul •karito •Caresse D'Ange •Kamisumi Shirohoshi •Pamaig •MeucheliPM •Kagome Wolf •Pataisho •veronica Martinez •evilangelux •Ave19 •Nena Taisho •Yuli •Sery7seven •Kagome Higurash una chica que olvidó poner su nombre y dejó un rw bien bonito xDD
En serio, muchas gracias por no dejarme morir sola con esta historia, las llevo en mi kokoro ñ.ñ
Besos, Aidé.
