Estaban tendidos en su postura favorita de después de hacer el amor, con Tyrion boca arriba y ella de lado junto al costado izquierdo de él, con la cabeza apoyada en su hombro y un brazo sobre el pecho de él. Él le acariciaba la espalda.

Casi todas las tardes, Tyrion tenía papeleo que realizar, pues los registros, los inventarios y la contabilidad había que llevarlos al día y era un trabajo laborioso. Pero esa tarde no tenía nada que hacer, pues el día anterior había dejado todo hecho, y como esa mañana había asistido a la audiencia de la reina y no hizo sus visitas habituales a la ciudad y los campamentos, no tenía datos nuevos que ordenar y archivar. Así que se explayó con Sansa entre las sábanas, que era lo que más le apasionaba hacer en la vida.

Después de gozar del maravilloso e inagotable sexo con ella, lo que más le gustaba eran aquellos ratos en los que, satisfechos y relajados, compartían toda clase de confidencias, recuerdos y anécdotas y desnudaban sus almas ante el otro. Normalmente hablaban de temas triviales y reían juntos, pero otras veces se desahogaban de sus heridas, o sacaban temas importantes relacionados con Daenerys y las dificultades de su reinado. Tyrion escuchaba las opiniones de Sansa, porque le interesaban profundamente, porque le ayudaban a conocerla mejor, y también porque a ella se le podía ocurrir algo que a él se le hubiera pasado por alto.

"¿Quieres saber lo que me dijo Margaery después de que fuiste a comunicarme que tenía que casarme contigo?," le contaba ella en esa ocasión. "Me había hecho tantas ilusiones con Ser Loras, imaginando mi flamante boda en Altojardín, y de repente tuve que aterrizar una vez más en la cruda realidad."

"Siento mucho la tremenda decepción que te causé, Sansa. Sé que en aquellos tiempos no existía para ti comparación posible entre el bello Caballero de las Flores y yo," recordó, con su sonrisa irónica. "Pero decidí que sería mejor que fuese yo quien te diera la noticia, porque quería ser honesto contigo desde el principio."

"Admito que fue la gota que colmó el vaso de mis desilusiones. En ese momento no aprecié tu gesto de honestidad, pero lo hice, más tarde, cuando empecé a respetarte de veras."

"Bueno, cariño... ¿Qué fue lo que te dijo Margaery?," preguntó él, picado por la curiosidad de lo que la astuta Tyrell le hubiese dicho a Sansa sobre él.

"Paseábamos por los jardines de la Fortaleza Roja y yo estaba desolada. Ella trataba de animarme y me habló muy bien de ti. Me contó que tú podrías sorprenderme, porque tenías mucha experiencia y eso para mí sería una ventaja, pues las mujeres somos complicadas y difíciles de complacer. Por ello la mayoría de las mujeres mueren o llegan a viejas sin haber probado apenas los placeres. Porque nunca encuentran la oportunidad ni a la persona adecuada. Yo, que apenas tenía una vaga idea de a qué se refería, no podía imaginarme teniendo relaciones íntimas contigo y mucho menos disfrutando de ellas... Yo era tan ingenua... Total, que me enumeró las ventajas de tenerte como marido, entre las cuales se contaban tu experiencia con las mujeres, tus intentos de ser honesto y amable y que nuestros hijos serían los señores de Roca Casterly y de Invernalia. Y añadió que le parecías especialmente apuesto, sobre todo con la cicatriz," confesó, sonriendo.

"Margaery es pura ambición. Pretende que todo lo que haga esté encaminado a convertirla en la reina de Poniente, y es una experta manipuladora. A Joffrey lo manejaba a su antojo. También te manipuló a ti. Lo hizo suavemente, con sus sonrisas dulces y sus palabras de amistad, pero casi todo lo que ella hace tiene un propósito concreto. Sin embargo, no dudo de que albergara sentimientos sinceros hacia ti; no es un monstruo, y tenía que ser de piedra o tan zorra como mi hermana para no apreciarte. Margaery no es de piedra, pero tampoco era la gran amiga que te hizo creer que era. Pese a todo, coincido en lo que te dijo sobre mí," concedió, petulante. "Y me alegro de que pintara mis cualidades ante ti. Fue un buen gesto por su parte y, al parecer, desinteresado, teniendo en cuenta de que a los Tyrell les estaban arrebatando el Norte de las zarpas."

"Ella sabía que yo no tenía la culpa. Y se solidarizó conmigo. Me dijo que las mujeres como nosotras, que no podemos elegir, tenemos que aprovechar lo mejor de nuestras circunstancias."

"¿Y lo has hecho, cariño?," le preguntó él, con su expresión maliciosa. "¿Has aprovechado lo mejor de tus circunstancias?"

"Creo que tengo mucho más que aprovechar," replicó ella, acariciándole el vientre sensualmente. "Todavía no he acabado contigo," murmuró sobre sus labios y su crecida barba, que le hacía cosquillas.

"Pues aprovéchame cuanto te apetezca, cariño. Soy todo tuyo." Tyrion hundió los dedos entre sus cabellos y la atrajo hacia su boca insaciable, en medio de las pulsaciones del deseo que hundían el mundo entero a su alrededor.

Se bañaron juntos, se enjabonaron mutuamente y disfrutaron de los placeres del baño compartido. Al terminar, él secó y desenredó con su exquisita paciencia los cabellos de Sansa. Era un ritual que habían adoptado para después del baño. A ella le encantaba sentir las cálidas manos de él sobre su cuero cabelludo y su pelo, y él gozaba acariciando los sedosos mechones y sacándoles brillo. Estaba orgulloso de aquella melena color cobre claro, tan característica de los Tully de Aguasdulces. Catelyn, la madre de Sansa, había lucido una cabellera igual de soberbia, un poco más oscura que la de su hija, pero también muy llamativa En cuanto a Lysa Arryn, la trastornada hermana de Catelyn, también tenía un pelo bonito, pero eso era lo único bonito que le quedaba.

Las tardes enteras para ellos solos eran un auténtico regalo y en esas ocasiones apenas salían de sus aposentos. De todos modos, ¿dónde podían ir? Tyrion no quería arriesgarse a exponer demasiado a Sansa en el exterior. Le había prometido que la llevaría con él alguna de las veces en que hiciera su ruta de trabajo, pero eso fue antes de que los Hijos de la Arpía cometieran el atentado, y Tyrion tenía la absoluta certeza de que la organización secreta seguía acechando. Así que no se atrevía a salir con ella más allá de la puerta de acceso a la Gran Pirámide. A veces visitaban a Pod y Leena, y Daenerys les permitía el acceso a los jardines que había en la planta en la que se encontraban sus habitaciones privadas. A Sansa le agradaba pasear por ellos, aspirar el aire puro y contemplar los peces de colores del estanque.

Pero Tyrion sabía que a ella le gustaría acompañarlo alguna mañana cuando fuese a consultar con Kerro, Sirak, Koleos y los demás, y que sentía curiosidad por conocer los campamentos. Tendría que darle esa satisfacción, y cuando lo hiciera reforzaría la seguridad. Le pediría a Daenerys que le permitiese llevar a otro par de Inmaculados y procuraría que salieran en las horas de mayor trasiego.

Cuando, tras el baño, Mhyraz les trajo la cena, Tyrion le pidió que se quedara un poco más con ellos.

"¿Cómo van las lecciones de lengua común?," le preguntó. Sansa ya había empezado a impartirlas por las mañanas a los huérfanos, con la ayuda de Mhyraz y Dara.

"Van muy bien, señor. A todos les gusta aprender la lengua de la Madre."

"Estoy seguro de eso, Mhyraz. Y además Lady Sansa es una buena maestra, ¿verdad?" Ambos la miraron y ella se puso colorada.

"Oh, sí, señor. Todos la queremos. La señora nos trata muy bien y siempre nos dice cosas bonitas."

"Tenéis mucha suerte," aseguró Tyrion, guiándole un ojo al niño. "Ojalá yo hubiera tenido una maestra tan guapa y tan buena." Le lanzó a Sansa una fugaz mirada maliciosa. "¿Sabes que van a venir a vivir nuevos niños a la Gran Pirámide?"

"Pero no son huérfanos como nosotros. Son de las familias ricas de Meereen," objetó el chico, con el ceño fruncido. "¿Por qué van a vivir aquí si ya tienen sus propias casas?"

"Porque la Madre quiere educarlos como a vosotros," aclaró Tyrion, comprendiendo los recelos de Mhyraz. Temía que él y sus amigos huérfanos fuesen desplazados o rebajados. Los niños solían tener un rígido sentido de la justicia y unos celos posesivos y territoriales. "Quiere que el día de mañana sean buenos ciudadanos de Meereen que no permitan que siga habiendo esclavitud." Y añadió: "No te preocupes, Mhyraz. Seguiréis igual que hasta ahora. Nadie os va a a quitar vuestro lugar."

El chico pareció tranquilizarse con aquella palabras conciliadoras.

"Ya puedes irte. Como siempre, muchas gracias por tus excelentes servicios. Buenas noches."

"Buenas noches, señor y señora." Hizo una reverencia y se fue, llevándose en la bandeja los cacharros de la cena.

Se prepararon para acostarse y Tyrion, al igual que todas las noches, se recreó mirando a hurtadillas a Sansa mientras ella se cambiaba.

"¿Se sabe algo del capitán Gilean, Tyrion?" Sansa recordó de repente que su pequeña flota había zarpado varios días atrás rumbo a Bhorash y Tolos.

"Es pronto, pero cuando pise tierra en Bhorash enviará aviso a través de un cuervo. Confiemos en que la travesía esté resultando tranquila."

"Esperemos que sí. La prosperidad de Meereen dependerá de él en gran parte. Y en cuanto a eso, los barcos dornienses ya no tardarán mucho, ¿no?"

"El último cuervo, que llegó hace una semana, enviado por el capitán de la flota dorniense, procedía de los Peldaños de Piedra. Ya deben de estar rodeando Valyria, puede que casi la hayan dejado atrás si no ha habido incidentes," calculó Tyrion.

Se metieron entre las sábanas y se colocaron en su postura predilecta.

"¿Quién será el enviado que ocupará el puesto en el Consejo? ¿El capitán de la flota?"

"Sí," asintió Tyrion. "Doran ya lo ha confirmado. El capitán Byron es de su plena confianza."

"Pero si tiene que dirigir la flota patrullera, ¿cuándo tendrá tiempo de asistir a las reuniones?"

"Delegará en sus capitanes subordinados y él supervisará desde tierra."

Sansa calló durante unos momentos y después preguntó: "¿Sabes algo de Myrcella?"

Tyrion sonrió con ternura, recordando a su encantadora sobrina, sólo parecida a su madre en el aspecto exterior. Él mismo había pactado su matrimonio con Trystane Martell y la pobre chica había llorado de desconsuelo el día de su partida hacia Dorne. Que fue el mismo día de la revuelta de Desembarco del Rey que a Sansa casi le había costado una violación múltiple y probablemente la muerte.

"Se encuentra perfectamente. Parece que es feliz. Trystane y ella están muy enamorados."

"Oh, cuánto me alegro, Tyrion. Myrcella no es para nada como Cersei. Me caía bien."

"Es una buena chica, como Tommen. No están hechos para las intrigas palaciegas. Los quiero mucho. Son de los pocos miembros miembros de mi familia consanguínea, junto con Jaime y pocos más, a los que quiero."

"Debes de echarlos mucho de menos. Sobre todo a tu hermano," dijo Sansa con la mano descansando en el pecho de él.

"Sí. Mucho." Sus ojos miraban a algún punto lejano, más allá del techo. "¿Te he contado que una vez Jaime y yo metimos mierda de caballo en los zapatos de los mozos de las caballerizas?"

"Vaya par de sinvergüenzas estabais hechos," lo regañó ella, incapaz de permanecer seria.

"Se pasaron semanas oliendo peor que las cuadras, hasta que consiguieron zapatos nuevos. Pero lo que hicimos en las cocinas fue aún mejor," añadió Tyrion, sonriendo al recuerdo de sus travesuras de infancia.

"No quiero saberlo," protestó Sansa, tapándose los oídos.

"Pusimos un saco de harina sobre la puerta entreabierta de las cocinas, y cuando una de las mozas la abrió le cayó encima todo el contenido y el aire se llenó de polvillo blanco. Nuestro padre nos largó uno de sus amedrentadores discursos sobre el honor de nuestro apellido y nos castigó a transportar los cubos de agua desde el pozo hasta las cocinas durante una semana. Te puedo asegurar que aquellos cubos eran casi tan grandes como yo."

"Os lo teníais bien merecido," espetó Sansa, tirándole de la barba. "Y más aún que os merecíais. Pobres sirvientes."

"Pero los sirvientes no eran el único objeto de mis bromas. Mi hermana lo era casi con la misma frecuencia, así que ya ves, yo no hacía discriminaciones," aclaró él, burlón. "Aunque a veces me fuese a la cama con el culo en carne viva por las azotainas de mi padre, la cara de Cersei valía eso y más."

Sansa dejó de sonreír y se quedó en silencio, y Tyrion imaginó que lo que ella estaría pensando no sería cómodo de abordar. Si era eso lo que le estaba pasando por la mente.

Se enteraría en Desembarco del Rey, como todo el mundo, de que mis hermanos mellizos son amantes. No es algo muy agradable de lo que charlar.

Advertía que ella quería preguntar algo, pero no se atrevía. Decidió que, si era un tema al que tuviesen que hacer frente alguna vez, era mejor hacerlo sin rodeos. Su familia era una fuente de incomodidad y no quería incomodar a Sansa, pero si ella preguntaba, él no esquivaría las respuestas.

"Adelante, cariño. ¿Qué es lo que me quieres preguntar?," la animó. "No me molestará nada de lo que me preguntes, de veras."

Ella se humedeció los labios con la lengua y Tyrion inmediatamente notó los músculos tensos y su miembro palpitando por enterrarse en ella. Todo lo que ella hace me pone duro, incluso sus pequeños gestos inconscientes. Se contuvo, sabiendo que ella estaba distraída con otros pensamientos.

"Tyrion... ¿Es cierto que... tus hermanos...?" No fue capaz de completar la frase. "Lo siento. No tendría que preguntarlo. No es de mi incumbencia," se reprochó ella misma. "No me contestes si no quieres."

"No, Sansa, no pasa nada. Puedes preguntarme lo que quieras, ya te lo he dicho. Las cosas son como son y el hecho de callarlas no las cambia." Le acarició la espalda. "Sí, Sansa. Es cierto."

Ella procesó la información con dificultad.

"¿Y tus sobrinos son...?"

"Bastardos, sí. Lannister por los cuatro costados."

A ella se le dilataron los ojos, pero enseguida se forzó a recuperar la compostura.

"Después de todo, Daenerys también es hija de hermanos, como casi todos los Targaryen. Imagino que si los reyes dragón se creían con derecho a saltarse las leyes de la ética, mis hermanos creyeron que tenían el mismo derecho," expuso Tyrion.

"Es sólo que..." Ella dudó. "Me resulta muy extraño que dos hermanos se... deseen."

"Se ven cosas muy extrañas en el mundo, cariño. Perdimos a nuestra madre muy pronto y Tywin no era el más amoroso y cercano de los padres. Puede que eso no lo justifique, pero nosotros no crecimos en un hogar como el tuyo, Sansa. La mía no era una familia feliz."

Ella lo miró con una repentina culpa reflejada en sus pupilas, temiendo haber dicho más de la cuenta.

"Lo siento mucho, mi amor. Yo no pretendía... criticar."

Él le tomó el rostro entre las manos.

"No te disculpes por nada, Sansa. Es natural que te preguntes esas cosas. Yo todavía me maravillo de cómo he podido permanecer cuerdo habiendo crecido en Roca Casterly con Tywin y Cersei," dijo con su tono burlón, tratando de quitar hierro al asunto.

"Y yo me maravillo de cómo puedo estar tan enamorada de ti, Tyrion Lannister," insinuó ella junto a su oído.

Dioses. Esta muchacha es mi perdición.

"¿Te dije que soy el más irresistible de la familia? Jaime es el guapo, pero yo soy el que ha enamorado a la chica más hermosa de los Siete Reinos," pinchó.

"¿Sí? ¿Y qué te hace estar tan seguro de eso?"

"Que la tengo entre mis brazos en este momento. Y dentro de unos minutos va a gritar mi nombre."

Ella se echó a reír, arrebolada de deseo, mientras las sensuales manos de él recorrían su piel ardiente.