Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer, la historia me pertenece Lakentsb
Gracias a mi beta y hermosa amiga Ginegine por acompañarme en estos largos meses a lo largo de la historia, por llegar tan oportunamente, sacudirme, y enderezar mis ideas locas cuando fue necesario.
Gracias a todas las que siguen llegando, a las que están aquí desde el principio y cada vez me dejan su comentario, a las que recomiendan esta historia, y a las lectoras fantasmas que dejan su rastro en el contador de FF.
Esta historia no valdría la pena sin lectoras…
No suelo recomendar música para mis capítulos, pero si pueden pasar por mi Grupo de Facebook, "El cuaderno azul de lakentsb" encontraran una version de Never Think cantada por una chica… y creo que es adecuada para este capitulo.
Capitulo 43
Ryan Anthony Cullen Swan nació a las doce del mediodía del 20 de junio. Justo a tiempo para arruinar los planes de festejo del cumpleaños 31 de Edward tan secretamente elaborados en confabulación con Alice, Emmett, Rose e incluso el serio de Jasper, que había prometido unirse a los demás en la pequeña reunión que planeamos hacer en nuestra casa para cuando acabaran sus respectivos turnos en el hospital esa tarde.
A pesar de las rotundas negativas de Edward cuando le sugerí que tal vez podríamos festejar sus 31 años esta vez, había seguido adelante, animada por el entusiasmo de que este año por fin sería diferente para los dos.
Edward había cambiado para siempre la historia de mis cumpleaños cuando llegó a mi vida y estaba segura de que por el resto de ella jamás lo olvidaría.
No iba a dejar que ningún detalle de esa noche de mi cumpleaños numero 30, que parecía ir camino de ser la del más insignificante de todos y el más solitario y gracias a Tanya y su extraña idea de regalarme tiempo de placer con uno de sus chicos, se perdiera. Aun solía pensar en ello y una parte de mi no podía entender cómo funcionaba su mente y en qué rara conjunción de sus neuronas Tanya concibió la idea de que juntarnos podría ser bueno.
Lo cierto es que lo fue, y de algún modo ahora yo quería retribuirle a Edward ese favor, alejando definitivamente los recuerdos sombríos que sabia revoloteaban en su mente cuando se acercaba el suyo.
Pero el pequeño Ryan tenía sus propios planes y comenzó con ellos exactamente a las 23 hs de la noche del 19, apenas unos minutos después de que por fin nos quedáramos dormidos y completamente exhaustos después de hacer el amor como dos adolescentes, como cada noche desde que empezamos con ello.
Edward se vistió a la velocidad del rayo con lo primero que encontró en el suelo de nuestra habitación cuando mis quejidos lo despertaron sobresaltado, y calzó sobre mi cuerpo desnudo una de sus enormes camisetas arrojándome uno de sus bóxer para luego cargarme como un loco por el pasillo hasta el Volvo, que milagrosamente esa noche había quedado aparcado en la entrada.
No creo que con lo nervioso que estaba hubiera podido lidiar con la puerta del garaje.
No necesito decir que manejó como un demente hasta el hospital. Nunca lo había visto así. Incluso conectó el teléfono celular al equipo del auto apenas lo encendió y comenzó a despertar a medio hospital llamando como un desquiciado cuando supo que esa noche en la guardia solo había un par de residentes.
Oí claramente a Rosalie gruñirle un – ¡cálmate quieres! ¡Te di mi palabra que estaría ahí cuando Bella lo necesitara! -, antes de colgarle bruscamente y contuve una risita…
Hasta que llamó a Alice y Jasper para que me acompañaran porque no sabía si él tenía el valor suficiente de estar en la sala de partos conmigo hasta el final.
-¿No vas a retomar medicina? ¿Qué clase de medico serás? -Le recriminé mientras sujetaba mi barriga, resoplando entre mis horrorosas contracciones luego de oírlo decir aquella barbaridad.
-Yo sé cómo me pongo cuando se trata de ti, Bella, y lo más probable es que termine siendo abofeteado por algún enfermero o atado a alguna camilla con sedantes… no quiero que estés sola- murmuró avergonzado.
Mi corazón se conmocionó un poco al escucharlo, yo también sabia cómo podía ponerse cuando se trataba de mí. Ya todos me habían dado con el paso del tiempo sus versiones acerca de cómo se había puesto Edward en el hospital cuando pasó lo de James y pensaron que me perdía.
Apreté su brazo haciendo que clavara brevemente sus ojos en mí.
-No estaré sola, tú te calmarás y te quedarás conmigo, todo estará bien, no me estoy muriendo Edward, solo voy a tener un bebé, es nuestro hijo que vendrá al mundo y tú…
Edward detuvo el auto bruscamente antes que pudiera terminar de hablar y luego de soltar el cinturón se acerco para besarme con desesperación, dejándome totalmente descolocada.
-Es por eso que te amo tanto, tú me mantienes cuerdo- suspiró mirándome intensamente antes de ponerse de nuevo el cinturón y volver a la carretera, a conducir como un poseso.
Casi me echo a reír, él era todo un espectáculo con el pecho descubierto bajo esa camisa azul casi sin botones -porque yo se los había arrancado apenas unas horas antes-, manejando con sus pies descalzos y en esas bermudas arrugadas y… mmm… con ese cabello tan revuelto por culpa de mis manos….
Mi mano se deslizó sobre su pierna después de unos segundos de mirarlo fijamente conducir. Por un momento destellos de nuestras actividades de apenas una hora y media atrás inundaron mi mente. Su rostro estaba tan tenso… y con la mandíbula tan apretada… y los músculos de sus brazos trabajando en cada movimiento que hacia para pasar los cambios… y sus dedos cerrándose de esa manera sobre la palanca de cambios… esos dedos que…
-¿Bella? –
Edward preguntó sin mirarme y con la voz algo ronca, aunque algo sorprendido. Mi mano había avanzado hacia arriba por su pierna… y se echó a reír cuando una puta contracción me despertó de mi ensoñación, haciéndome gruñir y volver mi mano a mi enorme barriga.
¿Qué podía decir? Él era completamente irresistible, comestible, sexy… y de solo recordar las miradas calientes que solía darme a espaldas de Carmen cuando estábamos ocupadas preparando algo en la cocina ya sentía que tendría una combustión espontánea.
En su defensa Edward alegaba que su comportamiento era completamente por mi culpa, yo era una provocación andante con todas esas curvas apenas cubiertas a causa del insoportable verano de Forks.
El asunto es que casi no podíamos pasar tiempo sin estar con las manos sobre el otro. Edward había desarrollado en el último mes una insana fijación con mis pechos y mi trasero, y tal vez nuestras sesiones de sexo eran algo más desenfrenadas y frecuentes de lo que Rose había recomendado por la salud de nuestro bebé, pero ¡qué diablos! yo nunca tenía suficiente de él y Edward parecía estar caliente todo el tiempo.
La sala de obstetricia era un mundo de gente cuando llegamos y casi me da algo cuando vi a Edward entrar minutos después vestido con ese ambo celeste y la cofia de quirófano.
-¿Ves algo que te guste? - Rió alzando las cejas.
A pesar de las contracciones yo estaba hiperventilando con la imagen y quería besarlo. Sin ningún pudor tiré de él hasta alcanzar su boca.
-Mmmm… creo que te embarazaré de nuevo pronto… me encanta que estés así…-murmuró antes de besar mi frente y alejarse para ponerse serio y ayudar al personal a conectar los instrumentos.
-Definitivamente será un buen médico algún día-me dije mientras suspiraba y miraba con orgullo su gesto de concentración al trabajar.
….
Después de casi catorce horas de trabajo de parto estaba exhausta, histérica y creo que por primera vez en mi vida había realmente amedrentado a Edward con todas mis amenazas sobre lo que le sucedería si alguna vez intentaba volver a embarazarme.
Nunca imaginé que traer un niño al mundo fuera tan doloroso, y que me sentiría tan fuera de mí que le diría al pobre Edward tantas cosas horribles sobre lo que me había hecho.
Él optó por no hablarme más y seguir pacientemente las indicaciones de Rose, que se mordía los labios para no reír, hasta que en algún momento me amenazó con abofetearme si no controlaba mi boca.
Todo cambió en el momento en que por fin lo sentí salir, y el llanto de mi hijo inundó la habitación. Mis ojos se llenaron de lágrimas que limpié rápidamente tratando de no perderme ningún detalle del momento en que Rose ponía a nuestro hijo en manos de Edward para cortar el cordón, antes de ser arrebatado de sus manos por una enfermera para limpiarlo y vestirlo.
Edward se acercó a mi con mirada cautelosa mientras Rose continuaba con el trabajo de retirar la placenta. Cuando por fin todo terminó rompí a llorar. Me sentía idiota por todas las cosas que le había dicho. Él había estado ahí pacientemente… hasta el final.
-Hey… shhh, ya está… lo hiciste muy bien preciosa, nuestro hijo es perfecto -me consoló, apartando el cabello de mi frente sudada y besando mis labios con devoción mientras yo me abrazaba a él.
-¿De verdad?
-Sí, se parece a ti…
-¿Cuándo puedo sostenerlo?
-Aquí está, Bella-
La nursery se acercó con Ryan envuelto en una mantilla celeste y rompí a llorar de nuevo cuando lo tuve por fin en mis brazos. No podía creerlo, lo había esperado tanto, había tenido tanto miedo de que este día nunca llegara, de que algo saliera mal… pero no, ahí estaba, todo precioso y perfecto contemplándome con sus hermosos ojos verdes a través de sus pestañas.
-Todo está normal por ahora - anunció Rose luego de darnos unos minutos de intimidad.
-Pero por precaución lo tendremos en observación un par de horas en incubadora. Mientras tanto te repones y descansas, luego podrás intentar alimentarlo ¿vale?
Asentí, tratando de espantar definitivamente todos esos temores que había logrado apenas mantener a raya en estos meses sobre las posibles secuelas que podría haber en nuestro bebé al momento del parto después de todo lo que había pasado. Lo entregué en manos de Edward un poco a regañadientes, siguiendo sus movimientos hasta ver que cómo depositaba a mi niño en la pequeña incubadora ya preparada unos metros mas allá y luego enfermera lo llevaba a neonatología, mordí mis labios tratando de no volver a llorar.
-Tienes que descansar Bella, fueron muchas horas de trabajo de parto. Intenta dormir un poco, te hemos dado una habitación privada y Edward se quedará contigo. No te preocupes por Ryan, estaré ahí vigilando sus controles.
Antes de que me diera cuenta había caído en un profundo sueño siendo apenas consciente de las caricias de los dedos de Edward en mi frente, acomodando mi cabello y de su voz susurrándome con ternura que me relajara, que todo estaba bien.
….
Desperte un par de horas después, un poco adolorida aun, todos mis músculos parecían estar protestando por el esfuerzo pero me sentia mucho mejor después de tener a mi pequeño en brazos nuevamente.
Alice, Jasper, Emmett e incluso Rose desfilaron por la habitación apenas desperté de la siesta para descubrir que estaba acurrucada junto a Edward en la pequeña cama de la habitación. Contemplé su rostro aún dormido. Él también estaba exhausto luego de catorce horas de pie a mi lado, sufriendo sin poder hacer demasiado para ayudarme más que soportar mis gritos.
La nursery me había llevado a nuestro bebé para que lo alimentara por primera vez, y despejando un poco mis temores aseguro que hasta ahora se estaba comportando como cualquier bebé recien nacido, no lo habian alimentado todavia y tuve que despertar a Edward, no quería que luego me reprochara haberse perdido de la primera comida de Ryan.
La nursery se quedó apenas un momento luego de darme algunas indicciones sobre como sostenerlo y hacerlo eructar después de que se saciara y luego nos dejó solos para disfrutar de el momento con más intimidad. Con algo de pena, pero mucho más tranquilos la llamamos al finalizar y lo vimos marcharse, ya dormido y con una expresión de paz luego de alimentarse prendido con fuerza de mi pecho.
Edward se acurrucó en mi pecho sentado en una silla junto a mi cama y cerró los ojos mientras deslizaba mis dedos por su enmarañado cabello, disfrutando de la sensación de sentirme por fin completamente tranquila, satisfecha y feliz.
Un leve toque en la puerta seguido de un enorme arreglo de globos ingresó en la habitación escondiendo a Emmett casi por completo, detras venia Carmen con una enorme sonrisa y un pastel con velas encendidas y el grito de la pequeña duende.
-¡Feliz cumpleaños!
Hicieron que me sobresaltara. Los ojos de Edward se abrieron con sorpresa y algo de confusion, pero al ver su expresión cuando reparo en la sonrisa de Carmen me di cuenta de que ni siquiera había caído en cuenta del día en que estábamos.
-¡Ya que no pudimos atraparte en tu casa como planeabamos!- Exclamó Carmen y se acercó para besar cada una de sus mejillas con devoción. Edward se veía un poco aturdido y avergonzado por aquella expresión de cariño.
-Oh Dios… no, no tenían que hacerlo… yo…- murmuro, restregando su cara y revolviendo su cabello con gesto nervioso.
-¿Qué? ¿Otra vez vas a decirnos no ibas a festejar?
Ella le recriminó con ese tono que solía usar cada vez que lo pillaba en alguna cosa, tan cargado de cariño, para luego besar su frente como si todavía fuera un niño.- Te lo mereces, cariño. Te lo mereces todo.
Observé enternecida cómo Edward se dejaba abrazar por su nana emocionada una vez más y después por cada uno de sus amigos para luego recibir, aún más avergonzado, los regalos que cada uno de ellos había preparado, hasta que se volvió a mí con los ojos entrecerrados.
-¡Yo también tengo un regalo para ti! - Anuncié, antes que dijera nada.
Alice se adelantó desde dónde estaba casi oculta en la esquina de la habitación con un paquete en sus manos, tal como le había pedido.
-No, Bella, tú no tienes que regalarme nada más –protesto.- ya me has dado el mejor regalo del mundo con nuestro hijo.
-Pues, te equivocas Edward Anthony Cullen, eso de cambiar para siempre el ánimo del día de tu cumpleaños fue cosa de Ryan, no tuve nada que ver…-dije, remarcando el hecho, pues quería que realmente de aquí en adelante este día fuera diferente para él, que lo sintiera como un momento feliz, digno de festejarse - yo no elegí que naciera hoy… y con respecto a tu regalo…tampoco gasté dinero en ti para lo que voy a darte si eso es lo que te preocupa.
-Bella… no se trata de dinero… tú sabes que eso no…
-¡Ya! ¡Quieres dejar de comportarte como un viejo gruñón y abrir mi regalo! -lo corté, viendo como finalmente las comisuras de sus labios se alzaban en una sonrisa y negaba con su cabeza.
Edward tomo el paquete de mis manos y rompió el papel con una mal disimulada ansiedad de niño haciendo que mi corazon se estrujara, lo observo en silencio bajo la atenta de mirada de todos en la habitación.
Yo también estaba nerviosa por su reacción, había estado trabajando en secreto todo este tiempo con la ayuda de Emmett y Carmen, que se encargaban de alejar y entretener a Edward fuera de la casa algunas horas cada día con la excusa de alguna compra de vida o muerte para cocinar alguno de mis antojos o las inverosímiles emergencias de Emmett en las que solo Edward podía ayudar.
Alice se había encargado de guardarlo una vez que estuvo listo, y le había pedido que lo trajera cuando vinieran a casa para la fiesta sorpresa que pensábamos dar a pesar de todas sus negativas, pero viendo que pasaríamos al menos dos días más en el hospital la duende previsora lo había traído ahora junto con toda la comitiva sorpresa de cumpleaños. Le debía una grande.
La mirada de Edward me traspasó llena de emociones luego de lo que me parecieron unos interminables minutos en los que contempló silencioso mi presente, haciendo que un nudo cerrara mi garganta cuando por fin su reaccion por el cuadro quedó al descubierto.
-Bella… -
Apenas articuló mi nombre, con la voz totalmente quebrada, en un susurro cargado de emocion, después simplemente se echó sobre mi y me besó por todo el rostro con locura mientras me decía "te amo" una y otra vez, haciéndome reír entre lagrimas.
-¡Eres tan increíble! No tengo palabras Bella… esto…
Edward me contemplaba con ese amor infinito que nunca me acostumbraria a ver haciendo brillar sus hermosas esmeraldas mientras sus manos rodeaban mi rostro.
-Solo significa que te amo- lo silencié, poniendo un dedo sobre sus labios y él asintió.
Mi regalo en si no era nada del otro mundo, era solo una versión pintada al oleo por mi de nuestra fotografía favorita, aquella que Sihoban nos tomó de improviso en la gran dama de NY, donde mi cabeza estaba recostada en el pecho de Edward y tenía los ojos cerrados disfrutando de la sensación de nuestras manos unidas sobre mi estómago y Edward sonreía con la barbilla apoyada sobre mi hombro.
Lo único que había hecho era agregar una frase, la frase que en un momento rompió mi corazón, la primera vez que la oí cantada de sus labios y supe que era para mí, pero que ahora, después de todo lo que habiamos vivido, era la que definía mi razón para ser feliz.
"Nunca pensé que en tus brazos estaría mi hogar… pero lo hago".
Fin.
Si. Este es el final. ¿Para qué más?
Cuando la idea de esta historia vino a mi mente hace ya mas de un año, solo tenia en claro algunas cosas con respecto a ella: personalidad, los sueños y las tristezas de Edward, La personalidad, los sueños y los terrores de Bella, . la idea de Tanya siendo casi como una Rosalie, una mujer aparentemente de hielo y con algo más que una simple fachada de mujer dura, la maldad de James, nuestro alocado Adam… y luego este final que cambia para siempre el significado de cumplir años para Edward, y es apenas un detalle en devolución a lo que el hizo al llegar a la vida de nuestra Bella…
Todo surgió con una de las frases mas hermosas que alguien escribió que son las que Bella puso en ese cuadro. Lo encierra todo y me hace pensar que todo es superable, aunque el amor no lo es todo, sin el amor, sin la convicción de ser amados no todo se logra…
Se que no querrán despedirse tan pronto de nuestros amados protagonistas, así que les cuento que habrá epílogos, si habrá 2 epílogos aun, (ya están en manos de Gine y esperemos que su novio alemán no se interponga jajaj) y podremos ver todavía un poco más sobre algunos detalles que aun quedan por cerrar.
Gracias a todas por llegar a este momento tan importante conmigo!
Abrazos! Lakentsb
FAcebook: "El cuaderno azul de lakentsb"
Roberta Cullen (lakentsb)
