Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Imagen: Paisaje con luna, castillo y pájaros. Propuesta por ShadowLights.
(Imagen en portada)
Campos de papel
Nota final: El cometa disuelto
«Detrás de la colina de adelfas rosas el camino zigzaguea. Y ahí donde vuelan las aves que recogen estrellas con los picos la silueta del castillo se erguirá con sus torres apilando años».
—Detrás de la colina… —recita. El viento es una tregua a su fatiga.
Las flores bambolean cerca de sus rodillas. Había llegado al lugar que el granjero describió, ¿cuánto pasó desde entonces? Un conteo apresurado susurró cuatro días. Cuatro días desde que atravesó la última aldea. Afloja la correa a su cintura, cae una espada de funda escamosa, sus tornasoles azules brillan al sol. Abre un hoyo en un pedazo de tierra para enterrarla, lo cubre sin prisa con piedras rojas para encontrar el arma de vuelta y continúa.
La fortaleza está a menos de un día. Cuando abre la puerta, no hay vestigios de armaduras oxidadas cuidando las esquinas o candelabros rotos o polvo reclamando muebles antiquísimos. Por un momento, la decepción le hace ahínco. Recorre cámaras, pasillos lisos y sombríos. Sube a la última torre que no ha visto, la de tabiques blancos corroídos por la suciedad. No espera encontrar nada, ahora lo embarga la curiosidad sobre todo, pero detrás del leve rechinido que provoca la portezuela al empujarla, una voz aislada lo sorprende.
—Princesa —dice él por la inercia de las leyendas, las que metían a una doncella abandonada en el escabroso castillo ruinoso.
La chica se apoya en la esquina de su cama que, contra la muchedumbre del espacio, permanece limpia y no muy desgastada. Se cubre el vestido pálido con un manto gris.
—Me llaman princesa por vivir en un castillo abandonado, ¿lo ves? No soy una princesa de verdad.
En sus labios se ata una sonrisa demasiado pequeña y loable.
—¿Cómo has sobrevivido…?
—¿Viste a las aves que recogen estrellas? —Él asiente, un cabeceo pragmático que la deja satisfecha. El tiempo desvaído se vuelca porque ya no está sola—. A veces me traen comida, otras yo tengo que salir a buscar, cerca del lago o de la pradera, al este.
Takeru asiente de nuevo, su boca parlanchina está anestesiada, escuchando pasmado aquella voz suave. Al verla con menos disimulo, se da cuenta de que las sombras costrando en el castillo encajan con su aura… Ella es tan simple como mágica. Lo sabe porque no puede explicarla. Quizá nunca podrá.
—Ven conmigo —dice en un arrebato, alargando ambas manos a la princesa. Al segundo, no sabe si debería mostrarle el mundo que se alarga fuera de las estrechas ventanas del que ha sido su hogar, si sería mejor darle una vuelta menos; quitarle las dolencias; en eso estaba cuando ella titubeó cerca de sus yemas y luego se aferró a su mano entera.
—Me llamo Hikari —pronunció como si fuese la primer esperanza puesta en su vida. En su mirada, algo resplandecía.
Entonces Takeru lo encontró, disuelto en sus ojos rojos; la luz del cometa que persiguió desde su aldea.
Muchas gracias por leer. Especialmente a quienes no he respondido reviews (ya saben quiénes son (?)), ¡lo haré aunque tarde!
¡Hasta pronto!
