Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.
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Capítulo 53
Aunque Korra había sido quien había vuelto a proponer una cita con la intención de que fuera incluso mejor que el anterior y comenzar a fomentar otro tipo de relación con Asami, al final fue la empresaria quien pidió organizala.
Había resultado bastante gracioso ver el pase continuo de equívocos que padeció la joven Sato durante los desayunos donde ninguna quería decirse nada malo a expensas de lo que podría resultar conllevando aquello. Ella no quería hacer creer a Korra que se había aburrido o que había considerado la bolera un mal lugar para tener una cita, más ahora quería demostrar que ella también podía tener capacidad inventiva. Era cierto que ya había programado una salida al parque el día del evento canino, acompañadas de las amigas de la rockera y de su guardaespaldas, Kuvira, pero no habían estado las dos solas en ese rango de complicidad. Era diferente; era una cita y debía demostrar algo diferente. Diferente en la medida de que en una cita no solamente debías preocuparte por generar un buen ambiente y hacer algo que les agrada se ambas, sino también demostrar que te habías esforzado por esa persona. Sí, Asami pensaba en las citas como algo romántico y sacado de las viñetas de algún manga shojo. Por tanto, para ella la cita con Korra era la forma de demostrar que podía tener planes interesantes y que conocía ciertos recovecos de la ciudad que no se basaban en excelsas carteras.
No obstante, Korra sí había estado un poco preocupada ante la idea de que su acompañante y principal benefactora durante estos últimos meses pudiera planear algo que no terminase siendo el sinónimo más perfecto del aburrimiento. Era cierto que Asami era divertida, simpática y alegre, nadie podría haber negado tales evidencias, pero en otros aspectos era una persona muy diferente a alguien cuyo mayor deseo vital era el tocar el bajo con sus amigas en el escenario de una sala de conciertos. Eso sonaría algo sorprendente para muchas personas pero la sala ni tan siquiera era la más grande de la ciudad. Sí, ella comenzó a pensar en noches en la ópera, catas de vino o cosas así; pero luego recordó que estaba hablando de Fresón y Fresón era diferente a todo lo que pensó en su momento que era una chica acaudalada.
Luego de que la rockera aceptase que sería la joven Sato quien llevaría a cabo la planificación de la segunda cita, Asami pudo respirar tranquilamente al saber que ni su petición había sido desestimada, ni tampoco había sufrido la decepción de descubrir que Korra tenía planeado todo el evento. De hecho a lo largo de los días terminaría descubriendo que no tenía la más remota idea de que hacer y que ceder el testigo de la cita a la empresaria era algo que le venía bien.
Por supuesto, Asami demostró la buena predisposición para los planes y predispuso todo desde aquel mismo martes. Lo mejor de todo es que había comenzado pensar en esta cita antes de plantear pedir el cambio de batuta a la bajista y todo estaba marchando según el plan. Era cierto que en el mundo moderno la gente podía discutir sobre citas, donde ir o donde no; pero el misterio de la primera se había vuelto algo bastante interesante para ambas partes.
A decir verdad, la joven de cabello corto había estado bastante expectante toda la semana debido a que nadie, ni siquiera Pema, le facilitaba información alguna. Lo único que se le había dicho era que sería una cita informal y donde darían curioso paseo.
Ya siendo sábado, la cita había sido algo relajado hasta aquel momento. Habían cenado en el apartamento de Asami; una de las delicatessen de hojaldre, pavo y boletus que tan cuidadosamente había preparado Pema. De postre, mousse de chocolate con un toque de naranja; una pieza dulce tan deliciosa que incluso Kuvira, quien estaba allí custodiando a la señorita, se rindió y terminó por aceptar probarla.
La sorpresa de la cita había llegado luego de salir y dirigirse a la zona sur de la ciudad. Una vez habiendo cruzado el puente, Kuvira les llevó hasta la zona de los barrios antiguos. Korra conocía esos barrios. Las callejuelas tranquila donde las tiendas y los pubs convivían con los adoquines centenarios y los carteles que presumían de la antigüedad de muchos establecimientos que mostraban con orgullo cuan largo era su legado en el barrio.
Allí se toparon con un hombre ataviado con una túnica negra y un candelabro, rodeado de personas curiosas que hablaban entre sí y del murmullo de un grupo que estaba expectante ante lo que le esperaba. La rockera no tenía ni la más remota idea de lo que estaba pasando y vio por la hermosa sonrisa de su acompañante que esta estaba verdaderamente contenta al ver el rostro de incredulidad de la chica de tez más morena.
Al comenzar el paseo les rodearon otras personas ataviadas con trajes de época; trajes oscuros y chisteras para ellos; y corpiños ajustados y abultadas faldas para ellas. Cada actor hablaba y contaba alguna pequeña historia, al tiempo que aquel tour se iba por los caminos y recovecos que ordenaba un hombre que fungía como guía de este paseo esperpéntico. A los sonidos que dejaban escapar el resto de actores que rodeaban el grupo, había que añadir que en algunos momentos otros aparecían para interpretar ciertas piezas dramáticas.
Así pues, en el comienzo de aquel sorprendente tour se podían ver a hombres enlistando en sus cuellos gorgueras exageradas y hablando de las humillaciones públicas y ejecuciones que se llevaban a cabo en la plaza donde se habían detenido, sorprendiendo a toda la comitiva y provocando alguna exclamación.
El evento se llamaba "El paseo de las historias macabras" y narraba de forma cronológica y con actores los sucesos más oscuros, funestos, lúgubres, místicos y horribles que habían sucedido por aquellas callejuelas. Desde humillaciones públicas que terminaron con gente dilapidando a ladrones, pasando por brujería y por cierto sanguinario asesino en serie que destripaba a sus víctimas y que nunca fue detenido. El paseo de mostraba lo didáctico y tétrico que puede ser la historia.
-Fresón - susurró Korra para no molestar al resto del grupo - ¿Cómo conocías este lugar?
-Vine con unas amigas.
-Vaya - luego de procesar en voz baja que una persona tan sofisticada hubiera llegado estar en un tour así, la rockera se sobresaltó y terminó gritando - ¡¿Qué?!
Cuando todas las personas del grupo, incluyendo el guía, se detuvieran al haber escuchado aquel sobresalto; la responsable del bochornoso momento solamente pudo susurrar perdón y anotar la pregunta para más adelante.
En un momento de la actuación un grupo de personas maquilladas comenzaron a rodear a los asistentes, fingiendo ser almas en pena o triste representaciones de arquetipos de la época. Se podía ver a un noble harapiento con la boca ensangrentada o a un bufón con sonrisa del payaso que preguntaba a los asistentes se habían entendido el chiste.
Todos parecían estar pasándolo muy bien con las actuaciones de aquellas personas maquilladas que lanzaban alaridos al aire y serpenteaban en alrededor suya. No obstante, Kuvira tensaba la mandíbula y daba algunos pasos hacia atrás para poner distancia entre ella y el supuesto espectro de un bufón victoriano que terminó su última actuación siendo asesinado en la que ellas calles.
" Alejate de mi, maldito payaso", pensaba la guardaespaldas mientras le lanzaba una mirada molesta. La idea de recibir un disparo le molestaba menos que la de enfrentarse a los payasos, algo que odiaba desde que tenía uso de razón. A decir verdad, los maquillajes muy llamativos no le agradaban, pero los payasos le generaba una animadversión terrible que provocaba que el pulso se le disparase. Al menos esa parte del tour terminó deprisa y el evento acabó llegando a su fin y volviendo a la plaza donde todo había empezado. Lo sorprendente era que habían improvisado puesto de recuerdos de aquel tour con una efigie del bufón y Kuvira solamente pudo rezar para que la señorita Sato no comprase esa ilustración.
Ajustándose el corbatín por fin pudo respirar tranquila, pensando que ya no habría más payasos y que en breves podría rascar unos minutos de sus obligaciones y enviarle un mensaje a Opal.
Korra estaba sorprendida por aquella cita que había terminado siendo una de las experiencias más curiosas y entretenidas de los últimos meses.
-Fresón - preguntó la bajista - ¿cómo conocías este lugar? Antes dijiste es que habías venido con tus amigas.
-Así es - contestó la joven de ojos verdes mientras se frotaba su cuello debido nerviosismo de hacer la consabida y obligada pregunta - ¿Te ha gustado el tour?
-¿Bromeas? - exclamó - Me ha encantado.
Víctima de su propia exageración, la joven de mirada cerúlea extendió los brazos todo lo que pudo, como si fuera una niña pequeña, evidenciando esos retazos de locura infantil que a veces sufría de que parecía contagiosa. Tan contagiosa que la joven heredera empezó a dar palmas y breves saltos para celebrar que su decisión de cita había cumplido con el objetivo.
-Lo cierto es que no estaba segura de si te iba a convencer. Quería mostrarte algo didáctico, entretenido y que te permitiese apreciar aún más la ciudad.
-¿Y has pensado que una guía por un montón de historias macabras era lo correcto? - alzó una ceja para acompañar esa pregunta - Me perturba, señorita.
-No era mi intención - pero rápidamente supo su acompañante estaba bromeando - Oh, muy graciosa.
-Lo intentó ser, profesora – dijo mientras le guiñaba un ojo de forma divertida. Lo que no esperaba era que la forma visiblemente seductora con la cual se refirió a la docencia y que acababa de alterar el ritmo cardíaco de cierta señorita de ojos esmeralda.
Queriendo ignorar el hecho de que aquella forma de referirse a la labor educativa le acababa de parecer terriblemente sugerente, Asami recordó la pregunta que anteriormente le había hecho Korra durante el trayecto.
-¿Por qué te sorprendía que conociera este evento?
-No sé. Muy mundano y pensaba que serías más sensible ante las historias de miedo.
-Depende del día, el momento o el lugar - aclaró - Lo conocí por Ty Lee. Ella tenía unas ganas enormes de venir y me convenció de que sería una forma interesante de conocer más de la ciudad de una forma diferente.
-Valiente y persuasiva.
-Añade cabezota y sabrás porque no se rinde con tu amiga.
-Lo tendrá muy complicado pero ya se nota que no le tiene miedo a nada - y para aclarar simplemente se encoge de hombros y matiza - Azula puede dar mucho miedo.
-A veces creo que Ty Lee carece de instinto de conservación. A día de hoy solamente quiere estar conmigo y con su prima, entrenar y bailar.
-Eso explicaría porque no es consciente de Azula.
Lo cierto es que hablar de sus dos amigas había dado pie a conversaciones donde ambas hablaban de como conocieron a la pareja y permitía que, poco a poco, ambas se conocieran más.
- Hemos estado hablando de la loca bailarina pero apenas sé nada de su prima salvo, ya sabes – tampoco quería recordar el día en el cual Zhu Li y Azula casi se matan en el salón del ático.
Los encontronazos entre Korra y Zhu Li habían estado rodeados de cierta tensión; muchas de ellas formada alrededor de las amistades de la primera.
-Sí, de hecho ella es una de mis más antiguas amigas - afirmar eso era un poco duro porque tenía en cuenta que no había tenido nunca muchas amistades y era mejor decir que Zhu Li era una de sus más antiguas amigas a decir que había sido su primera amiga.
-¿Del internado?.
-Sí - afirmó mientras ambas daban un leve rodeo, observando el bullicio que se había formado con los turistas luego de ver el espectáculo.
-¿Es igual de loca? - le costaba pensar que ambas primas eran de la misma familia.
-Para nada - contestó añadiendo una leve risa y negando con la mano - Ella es muy seria y tremendamente formal, aunque tiene un lado divertido que muy poca gente conoce. Ty Lee es muy atolondrada pero cuando se trata de la danza es tremendamente profesional.
-Suena a que una es la antítesis de la otra - aquel comentario hizo que Asami alzase una ceja al sorprenderse de que su acompañante hubiese usado un vocabulario bastante más complejo de que solía usar.
-Vaya.
-¿Qué? - no tuvo que decir nada para darse cuenta de que lo que había sucedido es que le sorprendía el uso de tal término - No soy una idiota.
-No quería decir eso - se apresuró a disculparse - Es que siempre eres más relajada y coloquial.
No era la primera vez que Korra usaba alguna palabra o expresión compleja que evidenciaba que era una mujer inteligente, pero luego comprometía la sorpresa con su actitud relajada y algo bruta. Se podría decir que era una persona inteligente, de buen corazón y exterior bastante bruto. De hecho, Asami hubiera dicho que Korra era igual de bruta que una gran amazona antes de atacar y aquel aspecto rudo y fuerte daban buena cuenta de ello.
-Relajate, Fresón - sonrió, evidenciando que simplemente le estaba gastando una de sus consabidas bromas. Para la bajista, su acompañante era un blanco muy fácil.
-Oye - le recriminó de con una sonrisa y un golpecito al hombro - No seas tan mala.
-Soy terrible - añadió, imitando la voz de una bruja pérfida - Voy a envenenarte cuando no te des cuenta
-¿Con una manzana?.
-Con fresas.
-Como no - volteo, dejando poniendo los ojos en blanco y haciendo una mueca - ¿Como no lo supuse antes?. En fin, dejare de comer fresas.
Antes de hacer algún comentario al respecto se topó con un dedo acusatorio señalándola.
-Y no es canibalismo - ya conocía los famosos chistes malos de quien acompañaba.
-Aprendes rápido, joven padawan - y para enfatizar añadió el sonido de un sable láser mientras movía la mano como si portarse un arma.
Unos pasos más lejos de ambas, Kuvira observaba la escena con bastante calma. La joven que habían logrado rescatar hacía meses se estaba comportando en estas citas y eso había provocado que la escolta se relajase. Simplemente debía atender al entorno y no al hecho de que Korra pudiera lastimar a la señorita Sato. Incluso se daba el lujo de pensar en Opal y de creer que estaría muy bien hacer este recorrido con ella.
"¿Qué estará haciendo?", pensaba la guardaespaldas al recordar que últimamente su novia estaba impaciente por su debut. Además, iba a invitar a Kuvira y eso marcaría pensar en hacer pública su relación. Era cierto que toda la familia la conocía pero la conocían como una buena amiga de la infancia y la ex de Junior, no como el nuevo interés romántico de la joven. Este hecho la emocionaba y aterraba a la vez.
-Mira, Korra - la ejecutiva se fijó en la decorada vestimenta victoriana y en el maquillaje que portaban algunos de los actores que seguían deambulando por el lugar para despedir al grupo y recibir de pasó algunas alabanzas a su trabajo.
-Esta muy bien - afirmó - es bastante diferente al que hago yo.
-¿Sabes maquillar? - lo que acababa de escuchar había sorprendido en demasía a Asami.
Era cierto que en estos meses era completamente ilógico que la bajista se maquillase, sobre todo teniendo en cuenta que había estado convaleciente durante meses, pero jamás se le hubiera pasado por la cabeza que la joven de tez morena se maquillase. Korra era una persona con facciones suaves y rasgos muy definidos que se acentuaban cuando sonreía. Era bonita sin maquillaje y ningún maquillaje le ayudaría más de lo que ya hacían su amplia sonrisa y sus ojos celestes.
-Sí - corroboró lo que anteriormente había dicho.
-No te imaginaba como alguien interesada en los cosméticos.
-Sí, pero no de la forma que crees -
-Explicame, por favor - pide amablemente de la ejecutiva al no entender de lo que estaba hablando su acompañante.
-No todos los maquillajes son para modelos o niñas lindas que quieren impresionaron fin de semana. ¿captas?
-Sí, creo que te captó.
-Bien, a mí me interesa el maquillaje que se basa sobre todo en la caracterización.
-¿Cómo un maquillaje para una fiesta de disfraces? - lo primero que pensó en las fiestas de Halloween.
-Más que nada para los conciertos y para ciertos eventos - explicó - Por ejemplo; Kabuki se maquilla porque desea llamar la atención en los conciertos y porque siempre le atrajo que ese tipo maquillaje.
-Sí, pero también es parte de su cultura - expuso algo tan obvio como los orígenes de la compañera de apartamento de Toph.
-Pues mi caso el mismo. Yo nací en el sur pero mi familia es de otro lugar y se fueron a vivir allí para probar suerte en los negocios.
Era la primera vez que Korra hablaba de su familia de aquella forma. Generalmente siempre que hablaba de esa parte de su vida lo hacía de forma escueta o sin querer darle mucha importancia. Era una parte delicada. Aquel momento ha evidenciado que no solamente estaba cómoda con quien charlaba, sino que además dejaba ver la confianza que ahora se manejaba entre ellas.
-Muy valiente por parte de tus padres intentar mejorar su nivel de vida y la tuya - lo cierto es que le parecían más que respetable el punto de que los padres de bajista se hubieran embarcado en tal aventura porque sabía perfectamente que ella no tendría el empuje suficiente para poder lograr algo así.
De ser igual de valiente que los padres de Korra, ella se hubiera aventurado a vivir una vida lejos de la sombra de su padre. El problema es que sabía perfectamente que el patriarca de la familia Sato extendía su poder y su influencia más allá de la ciudad.
-Puede que valientes o puede que no, ¿a quién le importa? - bufó con cierto hastío.
Aquel tono dejaba entrever que hablar de sus padres eran tema incómodo y que le generaba sentimientos negativos. Asami desconocía por qué correr había ido a vivir con su tío pero sabía perfectamente que se debía a una situación complicada en aquella familia.
-Lamentó si dicho algo que no debía - se disculpó - Supongo que todo el mundo arrastra problemas familiares.
Korra no quería tensar el ambiente agradable que se había formado en aquella cita que había sido planificada con tanto esfuerzo por Asami. Observando aquellos ojos esmeralda visiblemente preocupados, intentó obviar lo que acababa de acontecer.
-Aquella isla era un buen lugar para vivir. Cálida y hermosa, por si te interesa saberlo.
-Nunca he ido.
-¿No? - sonaba sorprendida ante la idea de que alguien con semejante poder adquisitivo no hubiera recorrido mundo - ¿Te asusta volar?
Era la única explicación que lograba justificar el hecho de que una persona tan adinerada como Asami Sato no hubiera ido a disfrutar del cálido ambiente de arena blanca y agua cristalina de la gran isla de sur.
-No. De hecho, me encanta volar - aunque decir verdad lo que fascinaba era lo que había detrás.
Lo que más le llamaba la atención de volar era el hecho de ingeniería, la precisión y toda la maquinaria tecnológica necesaria para poder elevar el aparato al cielo. Adoraba los motores y adoraba la potencia que podían llegar a desplegar tales artefactos.
-Lo cierto es que en el internado no podíamos hacer nada - se encontraba visiblemente limitada durante esos años – Creo que eso es lo más alejado que he visto en cuestiones geográficas
-¿Y luego de aquella cárcel? - luego de tantas historias relacionadas con horarios, vigilancia y normativa, para Korra no había mucha diferencia entre un internado y una prisión.
-Luego tuve que empezar mis estudios universitarios, mientras estaba fuertemente vigilada para no comprometer el apellido - incluso ahora paseando hacia su vehículo procuraba no decir en voz alta su apellido.
Aquellos gestos que cualquier persona hubiera considerado exagerados, era lo necesario para mantener un mínimo de anonimato en su día a día. Casi nadie conocía el rostro de Asami fuera de los círculos de la alta sociedad y su vida personal era tan anodina que casi nadie se preocuparía por ella. A este punto habría que añadir el hecho de la influencia que tenía su padre para cuidar que su buen nombre no apareciese por las páginas de las revistas de baja estopa.
-Joder – luego de decir aquello, la bajista apuro a corregirse a si misma - Quiero decir... No se me ocurre algo que no sea joder.
Haciendo gala de su desgarbado encanto, solamente pudo esbozar una boba sonrisa de medio lado para justificarse, pero que ya se ganó la armoniosa risa de la joven que estaba su lado.
-no te preocupes, es normal que llame tanto la atención. Luego tuve que entra en el negocio familiar o al menos fingir que estoy en ello.
-¿Fingir?
-Mi padre no quiere una cabeza hueca que de mala fama al nombre, pero tampoco me da responsabilidades porque cree que soy demasiado débil.
Hiroshi era una persona demasiado tradicional en muchos aspectos y el punto de tener una hija única le había hecho fruncir el ceño más de una ocasión. Ese hombre quería la fuerza de un heredero que pudiera soportar sobre sus hombros el gigante industrial que era esa empresa; algo que no veía en su propia hija. No quería darle mayores responsabilidades pero lo cierto era que tampoco conocía a su hija más allá de unas pocas reuniones al año.
-Idiota - canturreó con un ritmo infantil - Idiota, idiota, idiota.
-Un poco.
Mientras iban hacia el vehículo, Korra preguntó.
-¿Hay algo más planeado?.
Asami, desconcertada por el hecho de que pensaba que toda la cita había ido bien, se detuvo en seco ante aquella pregunta.
-No, ¿por qué? ¿era muy poco el tour?.
-No, no - la tranquilizó - Ha estado genial. Perfecto.
-Me alegra escucharlo - sonreía, ya más calmada.
-Pero querría proponerte que fueras la invitada de una sesión de maquillaje elaborado por la genial... ¡yo! - se señalaba con ambos pulgares al tiempo que movía descaradamente sus hombros al compás de una música que solamente ella escuchaba.
Asami juntó las manos como si estuviera rezando o implorando y añadió:
-Será un honor que la gran artista del maquillaje malgaste su tiempo con alguien como yo.
Sabiéndose objeto de burla y de que aquello era cuanto menos una mentira, debido sobre todo a la hermosa piel que lucía la ejecutiva, la bajista quiso seguir con la broma un poco.
- Por supuesto - respondió mientras agravaba la voz deformada teatral y se peinaba un ficticio bigote - ,Puedes estar agradecida de que use mi arte con alguien como tú.
-Gracias, gracias, gracias.
Luego de que Korra pavonease fingiendo tener un bastón y gesticulando mucho, ambas chicas comenzaron a reír ante tal dada la situación. Para la joven Sato escuchar la risa de quien hace meses ignoraba la mejor de las sonrisas era algo reconfortante. Sentía que parte de las sonrisas que le devolvía Korra se las había ganado con su propio esfuerzo y que había sido en parte responsable de que todo fuera ahora un poco mejor. Puede que las densas charlas, algunas veces casi interminables, hubieran podido ayudar a la joven de tez morena aclarar sus dudas y a eso había que sumar los actos que cierta chica de ojos esmeralda había realizado.
Asami nunca se había rendido con Korra y aunque en algunos momentos había pensado en tirar la toalla; sabía por experiencia mejor que nadie te que libera sido el principio del fin. Ella misma se había topado en ese pozo en algunas ocasiones y aunque había llegado a pensar que su vida valía poco más que el papel desgastado y amarillento de los periódicos sensacionalistas, en este momento no se sentía así. Puede que fuera por el hecho de tener la responsabilidad de cuidar otra persona o puede que fuera el abrirse más al mundo y salir de su zona de confort pero ahora estaba más centrada y tranquila en lo positivo.
Ty lee y Zhu Li siempre habían sido sus amigas y siempre la habían escuchado pero ellas eran parte del círculo de seguridad que existía alrededor de su vida. La gente podía pensar que con tanto dinero Asami viajaba mucho, daba grandes fiestas o tenía tórridos idilios amorosos, pero ella era una Sato y una Sato siempre tenía que guardar la dignidad del apellido y las formas. Eran esas obligaciones y ese miedo lo que a veces hacía que se apartase del camino pero ante la obligación de interactuar con Korra y sus amigas se vio obligada a salir de su círculo. Ella, que siempre había sido una chica decidida en los inicios y que se iba desanimando hasta el punto de la depresión, había encontrado algo gratificante en el hecho de aventurarse más allá de lo conocido y más allá de las relaciones personales que poseía desde hacía años. No solamente el hecho de conocer nuevas personas le había ayudado sino también el hecho de tener que tomar las riendas, las decisiones y el valor en ciertas situaciones que había pasado durante estos meses. Todo eso la había ayudado a darse cuenta de su fuerza y de que puede que solamente fueran sus demonios los que a veces ganaban la partida.
Cuando las mujeres les acercaron al vehículo vieron como, haciendo gala de la formalidad de una escolta, Kuvira les abría la puerta y la sostenía. La joven de ojos afilados siempre había pensado que en los pequeños detalles de educación y decoro estaban las más grandes diferencias. Además de eso no quería que una bruta como Korra cerrase bruscamente la puerta de su compañero mecánico porque a veces le dolía tanto aquellos maltratos como si Hollín lejos de ser un automóvil fuera su mascota.
-Hola Kuv-Kuv - saludaba alegremente la joven de cabello corto mientras se recostada en la comodidad de los asientos - ¿Lo has pasado bien?.
-Sí - respondió mientras añadió una sonrisa - muchas gracias por preguntar.
-Me alegra saber que no te has aburrido - añadió Asami - Me sentiría mal de saber que todo este momento ha sido algo molesto o tedioso.
-Puede que un poco molesto para alguien como ella - sonrió la rockera que se había percatado de la muerte incómoda que se dibujaba en el rostro de la guardaespaldas cada vez que a ella se acercaban personas excesivamente maquilladas.
-No ha sucedido nada de eso. Descuiden - en el fondo maldecía el comentario tremendamente mordaz y afilado de quien estaba compartiendo con su jefa.
"Al final no va a ser tan tonta como me creía", pensaba Kuvira para sí misma.
El viaje fue tranquilo y sosegado, sin sufrir las inclemencias del tráfico debido a la hora que era. A esas horas de la noche la gente se resguardaba en los locales o el calor de sus casas. La fortuna quiso que las nubes y la lluvia diesen tregua ese día para que todo el mundo pudiera contemplar la luna, provocando que la bajista tuviera un ataque de melancolía propia de John Keats . Korra apoyó levemente la cabeza de cristal de la ventanilla y fijó sus ojos azules en aquella perla de plata que engalanaba el cielo nocturno y que caprichosamente es escondía tras los edificios de la ciudad. Recordaba levemente la primera vez que había estado en ese vehículo y cuando había visto aquella luna caprichosa esconderse de ella tras aquellos cristales. En ese momento no había podido imaginar jamás que estaría disfrutando de una segunda cita con la joven que le había salvado la vida y que había rescatado del frío y la lluvia. Todavía recordaba la sensación de frío y humedad que la había estado persiguiendo durante días, evidenciando que dormía como un vagabundo distaba mucho de la idílico que se veía en las aventuras de Huckleberry Finn.
-¿En qué piensas? - de repente aquella inocente pregunta la sacó de su ensoñación.
-En la luna, Fresón, es muy hermosa - contestó queriendo evitar ser completamente sincera y decir que había recordado la primera vez que se había subido en aquel automóvil.
-Es una buena noche para admirarla.
-Verla es mi tercera cosa preferida de esta velada.
-¿Cuáles son las dos primeras?.
Y ante aquella pregunta, la rockera exhibió una sonrisa ferina cual gato de Chesire y y con cierto aire altanero respondió:
-La segunda el tour y la primera la compañía - provocando con aquella última palabra que Asami se sonrojara y sintiese el calor en sus mejillas.
Ante la vergüenza de que su piel blanca como el nácar la delatase, estas apremió a querer cambiar de tema rápidamente.
-Pon música Kuvira, por favor - casi inconscientemente dejó escapar un resoplido como si toda su cabeza se hubiera convertido en una tetera.
Divertida ante lo que estaba viendo pero siendo profesional, la escolta obedeció su jefa y conectado el equipo de música. Por los altavoces comenzado a sonar una tonadilla muy característica y tan popular que sería extraño que alguien no la conociera. Era una pieza clásica de finales del siglo XIX, tremendamente pegadiza popular que en esta ocasión estaba interpretada por los famosos tres tenores.
-¡La conozco! - sonrió Korra ante un leve recordatorio de la isla donde se crió.
-Todo el mundo la conoce - inquirió la empresaria alzando una ceja dubitativa al ver cómo se comportaba su acompañante.
Hacía segundos ella estaba completamente relajada y sumida en sus pensamientos, pero aquella pieza había provocado que comenzase dar palmas al son de la canción.
-¡Funicili Funiculà! - entonó - la la la la ¡Funicili Funiculà!.
-¿Te gusta?.
-Un profesor que tuve era de Nápoles y cuando estaba contento la tarareaba.
-¿Qué significa? - nunca se había molestado en averiguarlo.
-Fue compuesta para la inauguración del primer funicular del Monte Vesuvio - explicó - La gente cree que se debe a algo más profundo, pero no es más que un homenaje a Napolés y algo de propaganda.
-Es como un jingle que anuncia un producto.
-Algo así.
Resultaba pensar inquietante que una pieza que había sido elaborada únicamente para promover el turismo se había vuelto tan popular que pasado más de un siglo la gente todavía recordaba.
Embriagados por entusiasmo de aquella joven que daba palmas y cantaba a viva voz, aquella famosa pieza se repitió durante varias ocasiones en todo el trayecto, provocando que al final las tres personas que iban y aquel vehículo terminasen cantando a coro. Incluso Kuvira terminó cantando el famoso tema aunque fuera en voz baja, aceptando el hecho de que aquel entusiasmo llegaba ser contagioso.
Tal fue la reacción que provocó Korra al recordar aquella isla donde se dio y al recordar aquellos divertidos momentos de su pasado que su entusiasmo y aquella pieza que aprovechaba cualquier segundo de silencio para entornar la famosa estrofa. Tal fue lo divertido de la situación que les siguió hasta que llegaron al ático, abriendo la puerta mientras cantaban.
-¡Funicili Funiculà! -repetían entre risas para sorpresa de Pema.
-Hola Pema - saludó Asami mientras recuperaba el aliento.
-Buenas noches, señorita - contestó algo consternada - Veo que están disfrutando.
-Mucho ¿Por qué no te has ido?.
-Iba a retirarme en breves - contestó la ayudante, con su clásico tono agradable y pausado.
Al escuchar eso, Korra se movió como un gato, colocándose al lado de la mujer más mayor y mirándola con una mirada que derretiría hasta un iceberg.
-Espera un poco, quiero que veas a Asami de Catrina - rogó.
-¿De Catrina?.
-¡Sí! No tardaré apenas. Una media hora porque va a ser algo sencillo.
Al ver el rostro avergonzado de las señoritas a todo Pema no pudo hacer otra cosa que sonreír de forma una implícita, confabulando así para poder disfrutar del momento. La ayudante conocía desde hacía años a la joven heredera y sabía perfectamente que en algunos momentos era como una niña temerosa de conocer alguien nuevo y estos arranques de valentía debían ser disfrutados y admirados por igual.
-Por supuesto que me quedaré - y sonrió ante la emoción - Será un placer ver el resultado luego.
-Estupendo - y sin decir nada más tomó de la mano Asami y se dirigió raudamente hacía el que ahora era su cuarto.
Aquel gesto tomó tan de sorpresa Asami que esta trastabilló para poder lograr seguir el ritmo de quien la estaba arrastrando por el pasillo. Se notaba emocionada ante el hecho de poder exponer y presumir sus cualidades con el maquillaje, algo que otras personas nunca hubiera creído de ella.
-Fresón, tienes que ponerte cómoda - mandó mientras abría la puerta y se quitaba aparatosamente la chaqueta.
El cuarto estaba adornado con una funda azulada vistiendo la cama y una enorme maleta. La funda era de ese color por sugerencia de Pema, quien había creído que el color hacia juego con los ojos de Korra. La maleta era una de las que guardaban las pertenencias de la rockera y la cual se negó a que fuera abierta, siendo casi su improvisado cofre de los secretos.
-Siéntate en la cama - la invitó mientras le entregaba una cinta para el pelo que - y recoge tu cabello.
Obedientemente, la heredera se sentó y se hizo una coleta alta con su ondulada melena. Estaba nerviosa y sus dedos tamborileaban en sus muslos mientras humedecía sus labios y respiraba profundamente. Algo tan simple como una sesión de maquillaje le aceleraba el pulso.
La bajista logró encontrar un estuche y al abrirlo pudo comprobar que todos sus utensilios de maquillajes estaba bien conservados. Dejando el estuche en la mesa de noche, comenzó a extraer todo lo necesario para maquillar a su víctima, colocando cuidadosamente cada lápiz y base como si fuera material quirúrgico. Observando de reojo a quien iba a ser su modelo, la responsable del maquillaje entrecruzó los dedos y los estiro para hacerlos crujir.
-Bueno, señorita Sato, primero deberemos quitarle el maquillaje que lleva puesto.
-Solamente llevo el lápiz labial y la sombra de ojos - comentó distraída.
Aquel simple comentario hizo que la mandíbula de la otra chica quedase colgando.
-¿En serio?.
-Sí - no sabía a que se debía tal comentario.
-Tienes una piel perfecta - exclamó, acercándose más e ignorando el concepto de espacio personal para fijarse en los poros de la heredera - Es perfecta.
Incomoda por ser inspeccionada de esa forma, Asami carraspeó para llamar la atención de su acompañante.
-¿Empezamos? - aunque ahora pensaba que era ridículo incomodarse con esa invasión de su espacio cuando iban a maquillarla.
-Por supuesto.
Mientras en el cuarto los primeros lances del maquillaje eran desempeñados, en el salón Kuvira ojeaba su teléfono, dejando a Pema disfrutar de la serie que viendo y maldiciendo los últimos comentarios de Opal.
¿No iba mi novia a llamarme? Puede que no ¿No iba a intentar venir a verme? Seguramente no. Sí, seguro que estoy equivocada -Opal.
Deduzco que estas molesta -Kuvira.
No, son imaginaciones tuya, cariño -Opal.
Sabes que estoy trabajando -Kuvira.
Pero al menos decirme que estabas bien.
No sé si pido mucho -Opal.
La escolta sabía que esto era resultado de tres días de sucesivas indirectas para que quedasen. Ella había tenido que posponer varios días la cita por obligaciones laborales y porque creía que cierta bailarina quería tenderla una trampa.
No, en este caso no pides mucho -Kuvira.
¿Pedirte quedar es pedir mucho? -Opal.
Pedirme quedar en el teatro, sabiendo que estarán tus padres es mucho -Kuvira.
¿Por qué? -Opal.
Te conozco y me apuesto lo que sea a que ibas a intentar que lo admitiésemos ante ellos -Kuvira.
Luego de contestar eso se arrepintió. Se sentía mal por ser tan directa pero también detestaba que usasen esos subterfugios con ella. Le había pedido tiempo a su novia para aclarar las cosas y dejar que el tiempo entre su ruptura con Junior cerrase cualquier herida, pero para su pareja semejaba que cualquiera espera era una eternidad.
¿No dices nada? - Kuvira.
Pasaron varios minutos y la bailarina seguía sin contestas. Eso era extraño porque si estaba contestando y si algo detestaba la escolta es que la hicieran esperar a propósito.
¿Opal? - Kuvira.
El problema es que también había sido algo brusca y sabía que ella era muy sensible cuando estaba triste. De no ser una persona profesional se hubiera aflojado el cuello de la camisa.
Mierda -Opal.
Siento haber sido brusca -Kuvira.
Yo debería pedir perdón ¿No puedes dejar de ser galante un minuto? -Opal.
Te molesta que sea educada -Kuvira.
Me molesta porque así no puedo estar enfadada contigo. Tonta de grandes brazos -Opal.
Grandes brazos que adoras que sentir -Kuvira.
Calla, no seas encantadora - Opal.
Sabía perfectamente que su chica ahora estaría recordando algunas cosas relacionadas con la semana pasada y un desayuno que acabó con una necesaria segunda ducha.
Lo siento pero tengo el carisma por condena -Kuvira.
Vale, pero eso no quita que me moleste esta situación -Opal.
Lo entiendo pero dame tiempo -Kuvira.
¿Tiempo?, ¿un par de años? -Opal.
No te enfades -Kuvira.
Junior comentó que iba a intentar quedar contigo -Opal.
¿Celosa? -Kuvira.
No juegues -Opal.
Lo siento -Kuvira.
Si quedas con mi hermano y no conmigo vas a verme enfadada de verdad -Opal.
Solamente quedaríamos como amigos -Kuvira.
Creo que él quiere algo más. Algo que entiendo perfectamente -Opal.
Me siento halagada -Kuvira.
Seré sincera. Me molesta no poder decir que estamos juntas y aguantar esto. Duele -Opal.
¿Por qué? -Kuvira.
Porque siento que soy una vergüenza para ti -Opal.
Aquel comentario desplomó a la escolta por completo. Se había estado preocupando en la reacción que podrían tener Su o Junior, pero no en los sentimientos de su novia. Había pensado que ambos podrían gritarle por estar con Opal, incluso llegar a decir que no querían saber nada más de ella, pero jamás pensó en que sentía Opal por esta espera.
Lo siento. Perdona mi cobardía -Kuvira.
Es que hasta mi madre ha comenzado a bromear diciendo que tengo una novia imaginaria -Opal.
El típico humor hacido de Su atacaba de nuevo.
¿Le has dicho que tu pareja es una chica? -Kuvira.
Sí -Opal.
Podían terminar deduciendo que soy yo -Kuvira.
Creeme, eres la última chica de la que sospecharían. Mi madre todavía cree que mi hermano tiene posibilidades contigo -Opal.
Auch -Kuvira.
Dame una fecha o dime cuando sentirás que podremos decir algo -Opal.
Esa última línea sonaba a ultimatum desesperado y a una persona que ya estaba demasiado angustiada.
La próxima vez que vaya a cenar con tu familia tantearemos el terreno -Kuvira.
Eso no significa nada -Opal.
Digamos que si todo va bien podremos pensar en declararlo pronto -Kuvira.
¡En mi debut! -Opal.
¿No es muy pronto? -Kuvira.
Hace seis meses ya era muy pronto -Opal.
Ese día debería centrarse en ti -Kuvira.
No hay nada más importante para mi que unir nuestra relación de forma oficial con mi debut. Sería perfecto -Opal.
Sabía que aquello le levantaba ilusión y sonaba a una súplica mezclada con una decisión unilateral para ambos bandos. La guardaespaldas debía admitir que era tiempo de dejarse llevar.
De acuerdo -Kuvira.
¿Sí? -Opal.
Sí. Te quiero -Kuvira.
Yo también te quiero -Opal.
Una toalla limpiadora e hidratante había sido lo primero que paso por el rostro de Asami, preparando su nívea piel para la sesión de maquillaje de fantasía. La concentración de Korra no demostraba indecisión sino expectación por lograr un buen trabajo. Con lápiz blanco, dibujó dos círculos alrededor de los ojos de su modelo y luego relleno el rostro con blanco, ayudándose de un pincel y una pequeña esponja de maquillaje.
-Tienes una piel perfecta para esto - susurró sin dejar de fruncir cómicamente sus cejas - Eres tan blanca que casi no tengo que perfilar nada.
-¿Me estas llamando muerta? - bromeó en voz baja.
-No hables que quiero que salga bien - dijo mientras pintaba la zona de los ojos con un lápiz de forma muy leve - Me refiero a que tienes una piel tan blanca que no tengo que hacer mas bases ni repasar nada. Es una tez perfecta.
-Gracias.
-Cierra los ojos y no hables.
Obedientemente, la joven Sato cerró sus párpados y respiró lentamente, congelada ante el tacto de las yemas de los dedos de Korra alrededor de su rostro. Aquellos dedos eran calientes, fuertes, duros; pero tremendamente suaves y delicados. Aquellas manos que demostraban fuerza, esfuerzo y horas de trabajo, demostraban que sabían muy bien de caricias y delicadeza. El simple tacto de que aquella piel morena tan caliente y exótica estaba alterando a la heredera quien sentía como su pulso se aceleraba a cada leve toque. Estaba difuminando el maquillaje y también su autocontrol.
Korra no se encontraba en una situación mucho mas favorable con respecto a su modelo. Aquella suave piel, aquel olor a narcisos que invadía sus sentidos cuando se acercaba a la melena de Asami, aquel rostro angelical que se ocultaba del mundo por miedo aunque era el el resto del mundo quien más perdía al no ignorar aquellos ojos verdes. Era hermosa. Hermosa como un gato cortando la silueta de la luna a medianoche. Hermosa como las hadas esquivas de las leyendas. Simplemente hermosa.
La bajista se deleitaba en aquella piel de porcelana, levemente fresca y blanca como la leche. Disfrutaba del contraste de calor y de tonos de cada piel, extiendo de forma lenta el maquillaje a drede para disfrutar del contacto. Aprovechando el momento, se acerco un poco más a su acompañante, notando su contorneada figura, lo alzado de sus pechos y el sinuoso viaje de sus caderas. A aquello debía unirse el suave, esbelto y delicado cuello que exhibía Asami y que se presentaba como un delirio culposo que debía de ser ignorado. Casi inconscientemente la mente de Korra vagó por docenas de posibilidades que hicieron que resoplase lentamente para poder calmar su pulso.
-Todo bien - dijo para intentar eludir sus pensamientos.
Calmando su pulsó, continuó maquillando. Con un delineador comenzó a hacer pequeñas muescas alrededor de los círculos negros para adornarlos, algo sencillo y rápido pero que llamaba la atención. En la frente, un corazón y dos filigranas sencillas a los bordes. El maquillaje de la frente debía ser sencillo porque lo que más debía de resaltar eran las esmeraldas que Asami llamaba ojos.
-Ahora viene lo difícil - bromeó la rockera cuando comenzó a pintar el triangulo de la nariz.
-¿Por? - y antes de obtener respuesta notó el cosquilleo.
-Porque llevas todo el rato moviendo las aletas de la nariz y esto te hará cosquillas.
Era cierto y más cierto era que le costaba soportar los primeros toques en los bordes de su nariz sin soltar una carcajada. A cada traz suave, le seguía un alto para que la heredera moviese la nariz un poco y calmase la sensación de hormigueo que invadía esa zona.
-Había una serie de una bruja que movía mucho la nariz.
-Sí, la conozco.
-¿Crees que empezarás a mover la nariz como ella si sigo haciéndote cosquillas? - Bromeó fingiendo un tono trágico.
-Tu mueves mucho la nariz cuando estas distraída – se defendió – Es como si olieses algo.
-¿Me comparas con un cachorro?.
-Puede - bromeó con un tono suave - Son adorables.
Luego de terminar el triangulo, Korra tomó un pincel labial rojo y comenzó a perfilar los gruesos labios de su acompañante. el tono de labios de Asami era algo rojizo, haciendo que incluso sin maquillaje resaltasen, lo que provocaba que con el perfilado labial sus ojos verdes disputasen la atención con sus labios.
-Eres muy buena en esto - dijo la heredera ya aburrida de guardar silencio.
-Todavía falta algo - contestó en voz alta mientras preguntaba que podía ser.
Como si un rayo impactase contra ella, la rockera se levantó lo más rápido que pudo y se dirigió a la salida. Aunque lo más rápido que podía distaba mucho de ser un ritmo muy apurado. Había mejorado mucho pero a veces tenía leves molestias y no quería forzar la situación. Algo paradójico viniendo de ella.
-No te veas todavía y no te muevas.
Sin mediar palabra alguna, la chica se dirigió hacia la barra americana de la cocina, donde se encontraba Kuvira tomando un té y charlando con Pema. Ambas mujeres la miraron sorprendidas por su llegada.
-¿Va todo bien, querida? - preguntó Pema.
No obstante ella no contestó y tomó un de los lirios anaranjados que se encontraban en un jarrón transparente de cuello largo que descansaba en la barra.
-Señora P, ¿me presta unas tijeras?.
Sin preguntar para que eran, la mujer abrió un cajón y rebuscó hasta topar con un par de tijeras. Se las entregó a la chica de cabello corto pero antes de poder preguntar para que eran, Korra cortó el tallo del lirio y se fue.
Asami estaba deseosa de ver el resultado de su sesión de maquillaje, pero antes de que pudiera reaccionar, su maquilladora personal llegó con una flor en la mano. Sin decir nada, se volvió a sentar en la silla, abrió el estuche y rebuscó unos alambres y horquillas.
-¿Vas a colocar ese lirio en mi cabello? - dedujo la joven heredera.
-Correcto - respondió concentrada mientras envolvía un alambre alrededor del tallo y luego lo engarzaba con las horquillas.
Primero pasó el tallo por los mechones de Asami y luego con más horquillas lo afianzó, ajustando algunas de ellas para que la flor no se moviese y quedase perfectamente cuadrada. Había tardado menos de veinte minutos y el resultado era excelente. Lo cierto es que tener una modelo de piel tan blanca para trabajar ayudaba mucho y además le había apetecido hacer un maquillaje de fantasía desde hacia tiempo. Extrañaba hacerlos.
-¿Cómo me veo? - a la pregunta de la empresaria le siguió una sonrisa de su maquilladora, quien sacó su teléfono preparó la cámara.
-Sonríe - luego de la primera foto, pidió otro - Ahora sonríe pero no sonrías mostrando los dientes. La última es que abras un poco los labios.
Los ojos de Asami marcaban la incertidumbre y la inocencia de quien no sabe que sucede, pero esos labios rojizos entreabiertos evocaban la lujuria. El global era una oda a la hermosa dama de la muerte placentera y la alegría del recuerdo: La Catrina.
-¿Puedo verme?.
-No, antes debemos presentarte a Kuv-Kuv y a Pema - y tomando a su modelo de la mano se dirigió al salón.
Con paso dudoso, la joven Sato caminaba detrás de su maquilladora, quien la presentó con toda la pompa y boato.
-Damas, la Catrina de ojos esmeralda y labios carmesí. Asami - enunció exageradamente para apartarse luego y dejar que vieran su trabajo.
Ante ellas se presentaba una mujer de rostro blanco y decoraciones negras que rememoraban bordados por su rostro. Sus facciones, marcadas levemente con filigranas en los pómulos y un corazón en la frente. Lo único que destacaban por encima de ese par de ojos verdes como un bosque en primavera, eran unos labios rojos brillantes que sonreían tímidamente y un lirio en el cabello que enmarcaba el conjunto.
Pema se echó las manos al rostro de sorpresa para luego sonreír y comenzar a aplaudir. Por otro lado, Kuvira estaba en shock. Si algo odiaba eran los payasos y aquello le recordaba levemente a una bufona malvada. Sabía que era algo folclórico, pero la gente tan maquillada le incomodaba. Mientras Pema sonreía, la escolta relajó los músculos y su brazo, el cual de forma disimulada se había acercado a su arma por instinto. Había guardado la compostura todo el tour pero este momento la había pillado por sorpresa. Al tiempo que disimulaba su consternación y aplaudía, veía de reojo una sonrisa maquiavélica de Korra.
-Señorita, esta preciosa - gimió estupefacta Pema - Asami estas hermosisíma.
-Muy hermosa - añadió la guardaespaldas, contenta de que nadie se había dado cuenta de su incomodidad inicial. Al menos, nadie que le importase.
-Estas preciosa, fresón - sonrió alegremente Korra.
-Una maravilla, señorita Korra.
-Solamente Korra, P - corrigió. No le gustaban los formalismos.
-Una maravilla, Korra - se corrigió - Eres fantástica y Asami esta preciosa. Bueno, ella es muy guapa de por si.
La joven heredera agradecía que el maquillaje cubría su rubor. Tantos halagos simultáneos la sobrecogían.
-Bueno, es que Fresón es muy linda - dijo la bajista mientras envolvía sus brazos alrededor del brazo derecho de la otra chica.
Asami se sorprendió por el flash del teléfono de Pema y por sentir los senos de Korra apretándose contra su brazo. Ahora sí que agradecía que el maquillaje impidiese que se viera su rubor porque estaba convencida de que sus mejillas eran tomates maduros.
-Quiero ir a verme - sonrió - Quiero ver que linda me has dejado.
Con cierto alarde, Korra hizo una reverencia e indicó el pasillo. Esa exageración era más propia de uno de esos caballeros decimonónicos parodiados en el cine que de la bajista de un grupo de rock, pero aquel era parte de su encanto.
-Como desee la señorita Fresón - comentó en tono burlón.
Con una leve risa, Asami se despidió de su escolta y su asistente, al tiempo que apuraba el paso para toparse con el cristal del cuarto de baño cuanto antes. Estaba tan emocionada que tuvo que contener sus ansias de correr. Cuando llegó al cuarto y prendió la luz vio un hermoso reflejo blanco reflejándose en el espejo, provocando que sufriese un leve sobresalto.
"Soy yo" se apuró a pensar, "soy idiota"
Pudo constatar que aquel trabajo era una delicia artística. Al mirarlo más detenidamente podía comenzar a distinguir en cada linea los pasos que había hecho Korra para maquillarla. Lo más sorprendente de todo era la cohesión de las curvas y las rectas que se trazaban firmemente en su rostro, acentuando sus facciones pero haciendo que todo quedase oculto por lo blanco del maquillaje. Sus ojos resplandecían como dos gemas y sus labios destacaban tanto como la sangre en la nieve. Estaba tan sorprendida por todo esto que ni se enteró cuando Korra llegó al cuarto de baño y se colocó a su lado.
-¿Te gusta? - preguntó, sacando a Asami de sus pensamientos.
-Me encanta -contestó - Es una auténtica maravilla.
-Es algo muy rápido. Es muy mejorable.
-Pues créeme cuando te digo que me parece esplendido.
Korra sonrió y apoyo su cabeza en el hombro de la ejecutiva, evidenciando la diferencia de altura. No es que Asami fuera mucho más alta pero lo suficiente como para que a simple vista fuera algo notorio. Ambas sonrieron ante el espejo; una por el buen trabajo realizado y la felicidad que había provocado y otra por verse retratada de una forma tan sorprendente.
-Tus ojos se notan incluso más - añadió - Debería hacerte una sesión de fotos como Catrina.
-Gracias - y apoyó la cabeza contra la de Korra, quien seguía descansando sobre su hombro.
Ambas escuchaban la respiración de la otra, pero la joven Sato comenzó a notar como una mano rodeaba sus caderas de forma despreocupada, como si eso fuera algo normal. Cuando sus miradas se cruzaron en el espejo ella simplemente sonrió como gesto de aceptación, lo que propició que la bajista dejase fluir sus dedos por la camiseta de la joven Sato y se topase con la piel de aquellas delicadas caderas.
Sorprendida por tal osadía, Asami contuvo un suspiro entrecortado ante tal acto. Aquellas manos fuertes y cálidas se habían aventurado de forma sorpresiva y su dueña mostraba una sonrisa socarrona en el espejo. Seguramente había descubierto lo que su mano había provocado.
-¿Volverás a huir? - aquella pregunta deshizo el silencio y la conjura de fuertes respiraciones.
-¿Por qué lo preguntas? - replicó Korra.
-No me gustaría que huyeras.
-Me provocas una sensación de calidez extraña, Fresón - lo dijo sin pensarlo dos veces. Sabía perfectamente que mientras más intentaba ordenar su mente menos sentido tenía todo, así que mejor aventurarse.
-Me reconforta estar contigo - aceptó Asami, disfrutando de esa mano que rozaba su piel.
-Calidez, suavidad, una sensación reconfortante - enumeró - Solamente falta el baile y la música para que sea similar a la llegada de una Catrina.
-¿Son la figura de la muerte?.
-De una muerte buena y dulce. El principio luego del final de una buena vida - explicaba al tiempo que recordaba a su abuela contando aquellas historias - Puede que se vayas con el recuerdo de la gente que ayudaste, de tus amigos o tu familia, pero la Catrina viene para festejar contigo.
-¿Irías con ella si viene a por ti? - a ella le parecía extraño el hecho de festejar la muerte de aquella manera.
Lentamente Korra giró sobre sus talones y se encaró hacia aquella mujer maquillada, rodeando su caderas.
-Si fuera tan hermosa como tu le diría que sí - contestó - pero aquí ya tengo a mi hermosa Fresón.
-¿Y si yo fuera la muerte? - poco a poco las manos de Asami fueron surcando aquellos fuertes brazos hasta rodear el cuello de Korra.
-Podrías hacer lo que quieras conmigo.
La bajista no se movió ni hizo gesto alguno, tentando la suerte en este último lance. No quería ir muy deprisa y no sabía ni lo que estaba haciendo o si era buena idea. Ahora mismo se dejaba llevar e ignoraba su mente y los fantasmas que allí moraban.
Asami sintió como el corazón se volcó luego de escuchar esas palabras y decidió dejarse llevar. Sus manos fueron vagando por el cuello de Korra, deleitándose con aquellos músculos tan cálidos y aquella piel tostada al sol. Estaba casi segura de que sentía el pulso de ella bajo su piel y que esté armonizaba con el suyo. Ambos trotaban rítmicamente ante el hambre de la incertidumbre y el deseo, pero aquella sensación estaba oculta debajo de su piel. Fuera del repiqueteó de su pulso, casi ninguna hacía un gesto rápido, como si sus miradas se viesen atraídas recíprocamente. La idea de apartar la vista de aquel bosque o de aquel mar sonaba a locura.
Las suaves manos de la joven Sato llegaron a las mejillas de Korra, quien dejó escapar una leve sonrisa al notar la punta de aquellos dedos vagando por sus mejillas. No se dijeron nada. No hubo más sonido que su respiración durante varios segundos. El mundo se había detenido y unicamente se movían los labios de Asami. Aquellos labios carnosos. Aquellas fresas que le daban su apodo. Aquella rojiza estampa maquilla. Poco a poco, se acercó a Korra y dejó caer sus labios contra los de ella en un dulce y suave beso.
La bajista se congeló al sentir aquel beso. Sus labios solían estar secos y algo descuidados, siendo la contraposición total de aquellos que la estaban besando. Los de Asami eran gruesos, hermosos y unas nubes tintadas de escarlata. Ella simplemente cerró su abrazó alrededor de la cintura de la ejecutiva y se dejó llevar por la agradable sensación.
El beso fue correspondido por otro igual de suave, alargando la situación y haciendo que Asami se deleitase en lo agradable que era un beso correspondido. Casi no recordaba la última vez que había besado de tal forma a alguien. No obstante Korra era especial. Era valiente y cobarde a partes iguales. Era amable y arisca de vez en cuando. Era divertida cuando quería y una cabezota cuando podía. Era un sinfín de contradicciones con la única verdad de que ella era única. No la quería por su dinero, por su posición social, por su apellido. No, Korra la besaba porque era Fresón y nada más. Puede que ambas fueran personas algo frágiles, pero Korra era un animal herido que pedía amor. Era un lobo que pedía la sonrisa de caperucita. Era todo, era nada...Era simplemente ella.
Poco a poco, el beso se deshizo y ambas sonrieron. Asami seguía luciendo el maquillaje y este le daba cierta confianza. Que nadie note tu vergüenza te hacia más fuerte y eso le hizo poder sonreír a Korra, la cual lucía una sonrisa boba, y añadir.
-¿Hacer algo como esto?
Continuará...
Siento la tardanza pero no tengo perdón o justificación. Tenía que pensar que hacer y ver que ocurre con mi vida personal. No os quiero molestar con ese punto, vosotros estáis para leer y disfrutar.
Lo cierto es que esto me da una sensación agridulce: tengo mil reviews pero he estado cuatro meses sin actualizar. Siento que en parte he perdido el derecho a merecerlas pero mi egoísmo hace que den ganas de seguir. Creedme, ahora llegan cambios importantes en el fic y espero que os agrade a todos.
Muchísimas gracias por todo.
