¡Nuevo capítulo! :) Gracias por vuestras teorías del fuego y aquí vamos con el cuarto día de la semana mágica si no me equivoco (sí, sigo en cama y los mocos no me dejan pensar bien...)

Gracias por los reviews, no dejéis que se note que es finde y comentar! Y si queréis también nos vemos en las redes: Summerwinesip (Twitter y Tumbrl) y Swanqueen Español (grupo de facebook, que seguramente todas ya conoceréis!)

Bueno, me callo ya y a leer, que este también es de los largos y los sentimentales... ¡a ver qué os parece! :)


22 de octubre

Regina fantasea, yo intento explicarle, trasmitirle, comunicarle de alguna maldita manera que no hace falta fantasear. Fantasea con que su mal humor y su amargura lleguen hasta mi, que la pueda escuchar y que, de alguna forma le esté soltando un discurso sobre la esperanza y los buenos tiempos que vendrán.

Los discursos no son lo mío, cierto, pero de todo lo demás puedes estar segura. Quiero que conserves la esperanza, que creas que esos tiempos mejores tienen que llegar. Pero no puedo… A este paso termino aprendiendo a hablar en código morse a través de la máquina de mis pulsaciones. Ya lo verás.

"Cuando estoy aquí, así, cerca de tu cama, a centímetros de ti… No obtengo la más mínima respuesta, es cierto, pero el alivio acaba inundando mi pecho"

Sonrío satisfecha, quizás sí consigo que algo llegue, aunque no sea ni hablando ni en morse…

"Así es. Haces que me sienta mejor, aunque no hagas otra cosa que estar aquí, dormida, soportándome a la fuerza." Musita y calculo, por lo cerca que suena ese susurro, que estamos hablando cara a cara.

No te soporto a la fuerza… Hace mucho que no. En ocasiones se me olvida incluso que acabé aquí por ti, y me despisto creyendo que sólo tratas de salvarme. Cuando te abres, cuando entras en este dormitorio y eres sólo esa nostálgica, frágil y dañada alcaldesa, es difícil colocarte la etiqueta de malvada envenenadora. En ocasiones, ese es mi veredicto. Que no eres malvada, incluso aunque hayan tratado desde todos los flancos de corromper tu esencia. Que simplemente respondes como una fiera acorralada al ver cerca el peligro. Lástima que, esta vez, el peligro fuera supuestamente yo…

"¿Tiene esto algún sentido?" inquiere dudosa.

"¡Sí!" insisto frustrada. Pero soy invisible en este diálogo.

"Supongo que no… pero esta ridiculez me ayuda. Mucho. Igual que tu camisa. Bueno… mi camisa. ¿Realmente importa? Es esa azul, de lino, la que Henry y tú me robasteis. Se ha convertido en un amuleto, una especie de consuelo para los días más feos… Hoy es uno de esos"

Elevo una ceja, con una sonrisita que podrías considerar un poco creída. Pero es más pícara y sorprendida que soberbia, lo juro. "¿La llevas puesta ahora? ¿Pensando en mí?"

Pero ella continua divagando. "Y no porque haya dado comienzo el otoño cargado de lluvia. Aunque seguramente eso también tenga algo que ver con mi bucólico estado de ánimo… No, es un compendio. El pueblo entero es cada vez más opresivo, menos acogedor que ese lugar que diseñé a placer, ya no me siento parte de Storybrooke. Todo va fluyendo y cada uno está encontrando su lugar de forma natural, pero yo no tengo lugar. Nadie me espera, nadie me busca. Ni siquiera Henry."

Dios Regina… ¿Te estás oyendo? ¡Joder, no puedes ser más derrotista! Espero que esa camisa te de consuelo, porque desde luego confianza no…

"En cambio, mi hijo está alargando la fase de "mi madre es la bruja malvada", agarrándose poco a poco al consuelo de su abuela. ¿Es acaso ese su sitio? ¿Tener una familia pero no conmigo? Ese debe ser el castigo de mi magia… maldecir a todos para tener mi familia a cambio de perderla sin poder evitarlo. Perfecto…"

Pues sí, sí podías ser aún más derrotista… Venga ya, ¿es que no lo ves? El único problema, el único obstáculo eres tú misma. Llevas tanto tiempo sin una familia que eres incapaz de ver una aunque este frente a tus narices. El cariño de Henry no es excluyente, Mary Margareth también puede formar parte de ese panorama idílico que has soñado con él. Nos necesita, a todos. Incluso aunque ahora este furioso contigo, jamás elegiría una vida lejos de ti. Eres su madre, hayas cometido los errores que hayas cometido…

"Ni siquiera puedo arreglarlo. Lo intento, pero no me dejan. No hay ni una pizca de magia en este triste mundo, estoy atada de pies y manos. Sólo Gold puede ayudarme. Y ya sabemos cuál es su respuesta"

Encontraremos la solución, tienes que confiar… No es como si no hubieras logrado nada. No queda rastro del fuego y cada día escucho y siento más y mejor. Eso tiene que significar algo, ¡eso son avances! Aunque tú no lo sepas, claro…

"¡Dios, ya no sé ni lo que digo! Esto podría considerarse delirar, ¿verdad? Pero consuela, ¿ves? Empieza a hacer efecto el "síndrome Swan"... ya no me siento tan mísera ni despreciable. Y es posible que parte de la culpa sea de la camisa" murmura bajito, y me la imagino mirándola, apretando con su mano el final de la tela. "No, no puedes verla, pero la llevo ahora mismo. Funciona como un uniforme, una armadura para sobrellevar los días más duros… como hoy. ¿Patético, verdad?"

Para nada… Yo… Para nada. No es patético. Y me faltan las palabras…

"Me recuerda a ti irremediablemente. Creo que tu olor impregnó tanto esta prenda que aún puedo advertirlo… Es una forma absurda de sentirme un poco menos sola, casi incluso acompañada. Como si estuvieras aquí, como si en un mundo imaginario e imposible tú formaras equipo conmigo… ¿Te imaginas? Tú y yo mano a mano, no frente a frente. Surrealista... Pero creo que me habría gustado…"

No tengo por qué imaginarlo, Regina. Soy de tu equipo. Las dos formamos un equipo y no estás sola. Del mismo modo en que yo tampoco lo estoy. Gracias a ti. Y estás en lo cierto. Me gusta. De hecho, me encanta.

"Todo con lo que me puedo quedar es con esta camisa a la que he cogido demasiado cariño… Y yo soy la que criticaba a Mary Margareth por dejar su piso debido a los recuerdos. Creo que de eso se trata. De aprender que si no tienes cuidado puedes perder aquello que no respetas. Y que, quizás, puedes acabar cogiendo cariño a cosas a las que ni siquiera dabas importancia."

Lección aprendida, tanto tú como yo… Créeme.

"Si al menos dieras más señales, si respondieras un poco más que estos pequeños saltitos en tu encefalograma… Pero no se me ocurre cómo y tú no me ayudas. Así que tendremos que conformarnos con esto"

¡Ey! ¿Cómo que no te ayudo? Hago lo que puedo… estoy atada de pies y manos. Casi literalmente. Si pudieras oírme, si pudieras ver dónde estoy o que pasa por mi cabeza… si pudiéramos unir fuerzas más allá de estas tristes conversaciones a medias. Aunque claro, si yo no fuera una maldita comatosa, no necesitarías mi ayuda para sacarme del coma. Bien, ahora la que empieza a delirar soy yo…

"Buenas noches, Emma…" el susurro templado y suave corta de raíz mis desvaríos.

Me preparo para lo que seguirá a esa despedida. Estoy sentada en el suelo, como durante casi todas nuestras conversaciones. Cierro los ojos, humedezco mis labios. Al instante lo siento. Un escalofrío que sacude todo mi cuerpo y me estremece hasta la sonrisa. Acaba en todas partes, pero empieza solo en una, en mi mano. Donde advierto la de Regina apretando la mía. Cada noche igual, y cada noche mejor.

Mi cuerpo se recupera de la convulsión y, en la habitación de hotel, la máquina empieza a pitar sin piedad, mientras la alcaldesa desaparece como un fantasma. Cierro mi mano y sonrío.

Buenas noches, Regina…

Continuará…