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Nota: Este fic ha sido editado, porque una Fan de Rice me ha denunciado. No habrá muchos cambios, solo nombres y una de otra cosa minúscula. Después de todo, solo uso los vampiros y la historia es toda mía ñ.ñ
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Un Ángel entre Vampiros.
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Disclaimer: Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner BROS. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno. Me olvidé de ponerlo antes, pero Eriol Hiiragizawa tampoco me pertenece, todo lo que reconozcan del mundo de CCS son de las geniales CLAMP.
Sumario: La noche de Halloween de 1981 Vernon Dursley se encontró con que habían abandonado un bebé en su puerta. Cuando descubrió que era su sobrino fenómeno, sin importarle la suerte del pequeño, lo abandonó en el parque más cercano. Esa misma noche, León Le Rond vagaba por Little Winning y un llanto de bebé llamó su atención. ¿Como será la vida de Harry Potter viviendo entre vampiros? ¿Podrá este ángel ganarse un lugar entre los Inmortales?
¡¡Les presento al tierno chibi-Harry!!
Parejas: Lancelot Leuchtenberg/León Le Rond, Esteban Englert/Darío Zallio, Lucius Malfoy/Remus Lupin, Atón/Rodolphus Lestrange, Ethan Nott/Arthur Weasley, Ángelo/Sirius Black, Máximo/Rabastan Lestrange, Severus Snape/Bill Weasley.
Harry Leuchtenberg/Eriol Hiiragizawa, Ron Weasley/Neville Zallio, Draco Malfoy/Ginny Weasley, Theodore Nott/Hermione Granger.
Aclaraciones: El fic contendrá embarazo masculino, muchos personajes OOC (sobre todo Harry) y es un Universo COMPLETAMENTE Alternativo.
Aclaraciones de lectura:
-Letra normal: dialogo, relato.
-Letra en cursiva: pensamientos de los personajes.
-N/A: notas de autora.
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Capítulo 55: Se escuchan las campanas angelicales.
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Dos días después de que todos los alumnos estuvieran en sus respectivas casas, les llegó una invitación a la boda de Atón y Rodolphus, ambos al fin habían decidido formalizar su noviazgo y querían hacerlo antes de que las cosas se pusieran más mal de lo que ya estaban. Hoy, sin embargo, no era ese tema lo que se trataba en la casa de los vampiros.
-¿Qué quieres, qué? –preguntó cuidadosamente León, como si no hubiese entendido la primera vez.
Cerca de la ventana, Lancelot fruncía el ceño en el adolescente que se sentaba tranquilamente en el sillón cerca de la chimenea apagada.
-Les estoy diciendo que deseo casarme –respondió Harry, con total calma-. Con Eriol –agregó por si las dudas.
-Estas completamente loco –León negó con la cabeza, intentado por todos los medios el mantener la calma.
Harry puso los ojos en blanco.
-Deseo hacer esto y no voy a cambiar de parecer. Sólo se los dije porque deseo su aceptación, después de todo, cuando cumpla los 17 dentro de poco, seré mayor de edad y podré hacer lo que quiera. Tendré la edad suficiente para poder pedir a algún juez mágico que me case.
-Pero, Harry –murmuró León, caminando hasta llegar a su lado-. Eres… un niño. ¿Cómo puedes tomar una decisión de esa envergadura?
El chico le sonrió a su papá y tomó sus manos.
-¿Quieres que te lo ponga en pocas palabras?– preguntó suavemente, recibiendo un cabeceo del vampiro-. No sé si voy a sobrevivir.
-Dioses, no digas eso –masculló Lancelot, porque su pareja se había quedado mudo.
-Pero es la verdad –Sus ojos verdes se posaron en los de su padre-. Tengo una misión importante por delante, de la que muchas vidas dependen. Esta misión es muy peligrosa, es por eso que quiero que Eriol sea mi esposo, quiero tener la seguridad de que será siempre mío, quiero tener a alguien a quien regresar.
-¿Y nosotros qué?- susurró León, se le hacía difícil el hablar, debido a las lágrimas que estaba derramando-. Yo moriré si te pasa algo.
-No –acarició su mejilla-. Lo superarás.
-¡No! ¡No lo haré! –Lo abrazó con fuerzas-. ¡Tú lo eres todo para mí, Harry! ¡Tú me diste una nueva razón para mantenerte vivo cuando te encontré en aquel parque! ¡Tú fuiste la razón por la que comprendí que mi vida no debería girar más alrededor de Lancelot y sufrir por las cosas que me hacía!
El mencionado hizo una mueca de dolor.
-Estás equivocado, papá. Eso fue antes, pero sé que ahora tienes muchas cosas por las que vivir –Se deshizo del abrazo y alejó a su papá de su cuerpo, para que lo mirara a la cara-. Ahora vives por la familia que formamos, por papá Lan, por Benjamín. ¿Si algo me pasa, serías capaz de dejarlo solo al cuidado de Lancelot?
-Yo…
-No, ¿verdad? Tienes muchas cosas por las que vivir, y lo más importante es mi pequeño hermano y todos los que decidas tener después.
-Harry, no me digas esas cosas –sollozó-. Si tú no estás, ya nada sería lo mismo. Tu ausencia dejaría un hueco demasiado grande en mi corazón.
-Bueno, no es seguro que me pase algo, pero estaré bajo mucho peligro y…
-Deberías dejarnos que te ayudemos –dijo Lancelot, muy serio.
-No, eso es imposible.- Negó con la cabeza-. Demasiada gente atraería mucha atención y ya son más de los que quería los que se me han unido. Se supone que esta es una misión secreta que Dumbledore me dejó a mí. Y la voy a cumplir aún al costo de mi vida.
-No tiene por qué ser así –murmuró León.- Si me dejaras, si tú quisieras, yo… yo podría hacerte mi hijo de verdad.
Harry abrió los ojos en sorpresa y Lancelot frunció el ceño.
-¿Sabes? Cuando era pequeño pensé mucho en eso –Una sonrisa cariñosa se formó en sus labios-. Que quería estar siempre con mis papis. Sin embargo, a medida que fui creciendo y sobre todo cuando al fin me di cuenta de mis sentimientos para Eriol, supe que no deseaba la vida de un vampiro.
-Pero…
-No me malinterpretes, no considero mala su vida, sino que creo que ser eterno no va para mí, ni para mi novio. Yo no deseo serlo y tampoco podría pedirle a él que de ese paso tan importante por mí.
-Pero, Harry –Lo miró casi alarmado-. Yo lo vengo pensando desde que era pequeño, pensé que no habría motivo para discusión. Estaba seguro de que ibas a aceptar ser un vampiro cuando llegaras a una edad comprensible, para que pudieras convertirte.
-Na, pá, me quedo mejor como mago –sonrió, intentando bajar un tanto la tensión. No lo consiguió. Suspiró-. Deseo envejecer siendo un mago. Te prometo que voy a llegar a ser más viejo que Dumbledore, voy a vivir al menos doscientos años. Así que no pongas esa cara.
-¡No deseo un premio consuelo!– gritó desesperado-. ¡Te deseo siempre conmigo!
-Ya lo he pensado, y mi respuesta es no. No me vas a hacer cambiar de parecer.- Negó con la cabeza-. Pero en cambio, te prometo que voy a darte muchos nietecitos que sean pequeñas réplicas mías y de Eriol. Y te aseguro que ellos no serán "premios consuelo", te llamarán abuelo, te querrán y te necesitarán cuando nosotros ya no estemos.
-¿Por qué me haces esto? –Apoyó su cabeza en el regazo del chico-. Te deseo siempre conmigo.
Harry sonrió ante la testarudez de su papá y miró a su padre en busca de ayuda. Lancelot le daba una mirada llena de nostalgia, pero sabía que él entendía. Habiendo sido un vampiro por más tiempo que su padre y con todas las cosas que le pasaron durante ese tiempo, él entendía el razonamiento de su hijo. Sabía que llevar la vida de un vampiro era una decisión que si uno podía elegirla, probablemente se negara a ella. Más si hablábamos de Harry Leuchtenberg, quien le gustaba el peligro y la adrenalina. Una vida eterna, en cambio, podría llegar a ser aburrida.
-Puedes elegir no ser uno de nosotros, Harry –dijo Lancelot, después de un tiempo-. Pero nada podremos hacer si es que te encontramos en estado crítico y nuestros instintos saltan en ese momento. Desde ya te digo que si tenemos que elegir entre salvarte la vida o respetar tus deseos de no ser Inmortal, nos inclinaremos a lo primero.
-Sí, sí, Lancelot tiene razón –concedió Louis, sonando casi histérico.
-Entiendo –asintió Harry, mucho al alivio de los primeros-. Aunque deben prometerme que solo usarán eso en caso de extrema necesidad.
-Te lo aseguro –dijo Lancelot.
-¿Papi Leo?
-Yo…-vaciló-, te lo prometo también.- Suspiró.
-Je t' aime, mon père.
-Je t' aime, mon petit chat.
Papá e hijo se abrazaron haciendo sonreír a Lancelot. Harry lo miró y le hizo señas para que se acercara, así que él lo hizo y se unió al abrazo familiar.
-¿Cuándo piensas cometer esa locura del casamiento? –quiso saber León, sonando algo enfurruñado.
-Todavía no lo sé por seguro. De hecho, ni siquiera Eriol lo sabe.
-¡¿Qué?!
Harry sonrió.
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Harry se levantó algo gruñón ese día, su cicatriz le dolía y anoche se le hizo ver otras de esas visiones que solía tener con Voldemort en su quinto año. Pero eso no podía ser posible, su Oclumancia iba muy bien, esto no podría estar pasando. Sin embargo, el dolor era una muestra de que el contacto se había hecho anoche. Tal vez debería hablar con Snape sobre ello y preguntarle de paso si es que conocía a un tal Gregorovitch.
Con eso en mente, bajó las escaleras, para ir a la cocina a buscar algo de comer y enarcó una ceja al ver a tres personas que no conocía de nada en el pasillo.
-Eh… ¿hola?
Las tres personas lo miraron y le dieron un cabeceo respetuoso.
-Buenas tardes, Señor Leuchtenberg.
-Buenas –frunció el ceño-. ¿Ustedes son…?
-Somos vampiros al servicio de su padre, estamos aquí porque él nos llamó.
-Oh, veo.
Pero él no lo veía, porque su cara demostró confusión. Sin embargo, se despidió de los tres y fue a la cocina, donde se encontró con su lelo.
-Hey, lelo. ¿Quiénes son esas personas que me encontré en el pasillo?
Máximo le dio una mirada dura.
-Buenas tardes a ti también, Harry. Quiero advertirte que a pesar de que estés de vacaciones, eso no justifica que te levantes a las tres de la tarde.
Harry hizo una mueca de dolor y se sentó pesadamente enfrente de la mesa que había en la cocina.
-Bueno, lo siento. Estoy aprovechando para tener todo el sueño que puedo, no es como si en el futuro voy a tener mucho.
Esta vez fue el vampiro quiero hizo una mueca de dolor y suspiró.
-¿Estás decidido a hacer eso?
-Yup, Hermione y Ron me acompañarán. Neville y Eriol irán a Hogwarts para ser nuestros oídos y ojos.
Máximo lo miró y, antes de que pueda decir nada en contra de su plan, el chico volvió a hablar.
-¿Entonces? ¿Los vampiros?
-Hemos avistado algunos Mortífagos por el barrio, así que tu padre ha convocado a todos aquellos que le son fieles para que nos ayuden a vigilar la casa. También la de Eriol. Así que vas a ver de seguido vampiros desconocidos rondar la casa y los alrededores.
Frunció el ceño.
-Eso me parece bien, ¿pero qué quisiste decir con ese de "aquellos que le son fieles"?
-Es que hay algunos que se han unido a la causa de ese loco –dijo Jazmín, entrando a la cocina. Le dio un beso en la cabeza a Harry y luego abrió la heladera-. Pero son los más débiles, aquellos que tienen rencor hacia nosotros los más poderosos o contra sus creadores –suspiró-. Tu padre está furioso por ello.
-Supongo que cada bando tiene sus traidores.
-Supones bien.
-Y… ¿cómo está Charlie?
Ella sonrió de lado.
-Mucho mejor, las cicatrices no se le van a ir, ese tal Snape le dio una crema que las borró hasta casi hacerlas invisibles. Y si hablamos de efectos secundarios, ahora tiene un apetito insano por la carne semi-cruda.
-La sacó barato –gruñó Harry.
-Así es, hubiese sido muy malo que lo convirtieran –dijo Jazmín con el ceño fruncido.
-Aw hubiesen sido la perfecta pareja, un hombre lobo y un vampiro.
-Cállate, mocoso –masculló, dándole una palmada por la cabeza.
-Sí, sí.- Terminó el sándwich que estaba comiendo-. Me voy a ver a Eriol.
-Busca que alguien te acompañe, Harry. No puedes salir solo de la casa –advirtió Máximo.
Eriol fue quien abrió la puerta de su casa y recibió a su novio con una gran sonrisa. Haciendo muecas, y despidiendo a sus acompañantes, Harry abrazó al moreno por la cintura y lo besó tan ardientemente que ambos quedaron sin aire.
-¿Qué hacías?
-Estaba leyendo El Profeta –contestó con una mueca.
-¿Oh, algo interesante? –preguntó desinteresadamente, mientras se sentaba en unos de los grandes sillones de la Sala de su novio. Como Eriol no le contestó, giró la cabeza y enarcó una ceja al verlo muy serio-. ¿Pasa algo?
Renuente, el chico tomó el periódico de la mesa y se lo alcanzó a Harry.
-Míralo por ti mismo.
El primer artículo que leyó le despertó sorpresa, pero el segundo ya le hirvió la sangre.
-¡Pensé que mi padre le había dado una advertencia a esa idiota! –rabió-. Deberé decirle que la ponga en su lugar nuevamente.
-No podrás hacer nada, los libros ya están todos impresos y va a haber mucha presión para que salgan. A pesar de todo el respeto que muchos le tienen a Dumbledore, la gente es chismosa.
Harry siguió rabiando, agarrándose con el diario, el cual hizo añicos y después lo tiró al piso.
-¿Vas a hacerlo igual? –preguntó de la nada.
-¿Hacer el qué? –gruñó.
-Irte después de la boda.
Harry hizo una mueca de dolor y miró a su novio, olvidándose de su enfado anterior.
-Ya te dije que no hay discusión sobre eso –suspiró rascando su cabeza-. No creas que todo esto será difícil solo para ti, te recuerdo que yo también voy a estar alejado y sin poder verte como tengo acostumbrado.
Eriol suspiró, antes de caminar hasta sentarse en el regazo de su novio.
-Cuando todo esto termine, estaremos juntos y nadie nos va a separar, ¿cierto?
-Tú me perteneces, Eriol. Ten por seguro que una vez que esto termine todo el mundo lo va a saber, aunque por ahora me conformo con que lo sepas tú y el resto de mi familia.
El chico lo mandó una mirada extraña, antes de encogerse de hombros y agacharse para obtener un beso de Harry. Poco él sabía de los planes que tenía su novio.
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El tiempo pasó muy lento a opinión de Harry, ya que tenía decidido aquello y quería llevarlo a cabo cuanto antes. Sin embargo, el acontecimiento importante de cumplir al fin la mayoría de edad mágica pudo quitar de su mente este hecho. Aunque teniendo en cuenta la tensión que había en la familia, por los inminentes sucesos, sus padres no pudieron hacerle la fiesta con todas las galas como lo tenían pensado desde un principio.
Sólo hicieron una discreta en la mansión, con los amigos más allegados del chico. A Harry no le importó, con que ellos estuvieran presentes estaba bien, y prometió que cuando terminara la guerra habrían motivos muchos mejores por los que festejar que su mayoría de edad.
Por supuesto, algo debió salir fuera de lo común y, en medio de la pequeña reunión, el mismísimo Ministro de Magia se presentó en la mansión de los vampiros, mirando muy inquieto por el ceño fruncido que le daban algunos. Él había querido tener una charla a solas con Ron, Hermione y Harry, pero los padres de este último se habían negado rotundamente y el Ministro tuvo que ceder. Hasta consiguieron que Máximo los acompañara.
-¿Testamento?– preguntó Lancelot, levantando sus cejas-. No entiendo.
-Ni yo tampoco –Le mandó una mirada de suspicacia a los menores-. Es muy extraño que Albus Dumbledore dejara objetos específicos solo a tres alumnos, unos tan particulares como ustedes.
-Nos habrá de haber apreciado mucho –murmuró Harry, encogiéndose de hombros-. Por cierto, ¿Por qué viene recién ahora? Él murió hace más de un mes.
-Supongo que el honorable Ministro se tomó el atrevimiento de confiscar los artículos para revisarlos, en caso de que fuera algún objeto oscuro –siseó Máximo, parecía muy infeliz-. Aunque no cabe en mí como alguien podría llegar a tener la mente tan contaminada como para pensar que el director más famoso de Hogwarts pudiera legar algo peligroso a un alumno.
El ministro enrojeció.
-Estaba en todo mi derecho.
-Y mi hijo en recibirlo cuanto antes –gruñó Louis.- Así que supongo que no se opondrá si es que establecemos una queja formal por la retención de objetos personales sin permiso.
Esta vez, el hombre apretó su quijada, no sabiendo qué decir.
-¿Y qué espera? –Se quejó Harry-. Por si no se dio cuenta, acaba de interrumpir mi fiesta de cumpleaños y hay invitados que esperan a que el anfitrión regrese. Y como usted no es uno de ellos, le pido que haga lo que vino a hacer y se retire.
Renuente, Scrimgeour sacó una hoja de papel de su bolsillo, junto con otros objetos. Para Ron había dejado el Desiluminador creado por sí mismo, para Hermione un libro de cuentos infantiles mágicos y para Harry una snitch… y la espada de Godric Gryffindor. Un objeto que, según el ministro, Harry no podía disponer.
-En realidad no la necesito y no sé por qué me la legó, señor Ministro. Nunca pude entender los pensamientos de Albus Dumbledore y mucho menos lo haré ahora que está muerto –comentó como si nada, mientras se levantaba de su asiento-. Si eso es todo, debo volver con mis invitados.
-Espera muchacho, yo todavía tengo algunas pre…
-No, usted ha terminado, Scrimgeour –murmuró Lancelot, parándose en frente suyo-. Le pido que se retire y no vuelva a esta casa si es que todavía piensa que mi hijo está confabulando en contra de usted. Créame, él tiene cosas más importantes por las que preocuparse ahora.
El Ministro se fue rabioso de la casa, frustrado por no obtener lo que vino a buscar.
La noche de la boda llegó tres días después del cumpleaños y se presentó un problema al pensar en cómo se transportarían a la mansión de Rodolphus. Los Mortífagos habían sido implacables en todo este tiempo, intentando dar con Harry a diestra y siniestra, pero el plan de Lancelot, al pedir ayuda de todos los vampiros que le eran fieles, había funcionado y entre las criaturas oscuras se estaban haciendo cargo de todo aquel que viniera con malas intensiones. Porque estos vampiros eran mucho más poderosos que los comunes y los encantos oscuros que traían consigo los enemigos eran fáciles de esquivar o no tenían efecto alguno contra ellos.
-¿Entonces en qué iremos? –preguntó nervioso Harry, tocando con una mano la cajita que tenía en el bolsillo.
-Conseguí un helicóptero.- anunció Lancelot orgulloso-. Y algunos magos muy talentosos le han puesto hechizos para que sea invisible e inmune a muchas de las maldiciones más repugnantes. El resto queda en manos del piloto.
-Bueno, bueno, entonces, ¿nos vamos ya?
-Hey, tranquilo –Lancelot sonrió de lado, mientras tomaba a Benjamín en sus brazos, que acababa de despertar-. Cualquiera pensaría que eres tú el que se casa hoy.
Harry lo fulminó con la mirada y le dio una mirada discreta a su novio, que también estaba en la Sala de la casa, pero éste se encontraba charlando agradablemente con la tía Jazmín.
-¿Estás deseando que te de una baño de agua bendita?
-¡Hey! ¿Por qué la agresión? –Hizo un gesto de desmedido dolor.
-Porque tú lo empezaste –salió a la defensa León, acercándose a Harry, para acomodar el lío que era su pelo. Como siempre, pudo hacer muy poco-. ¿Estás seguro que quieres hacerlo, hijo?
-Sí, papá –suspiró-. ¿Y nos podemos ir ya? Tenemos que estar antes que comience la boda del tío, para que le dé tiempo al hombre del Ministerio.
-Todo está listo –anunció Máximo-. El helicóptero acaba de aterrizar en el patio y solo espera que nos subamos.
-Entonces vamos.
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-.Mansión Lestrange.-
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Cuando llegaron a la casa y vieron los hermosos adornos que había elegido Rodolphus para la boda, el corazón de los invitados se aligeró un poco. Parecía que el horror de la guerra era nada más que un sueño cuando veías todo eso. Era como si el mundo donde había guerra y este era completamente diferente.
Había rosas blancas por todas partes, mezcladas con jazmines, hortensias y claveles. Había telas que deberían ser mágicas, porque de vez en cuando emitían un resplandor brillante, como si fueran estrellas. Mujeres hermosas atenían a los recién llegados, rubias, de piel pálida y sonrisas radiantes, eran, obviamente, un grupo de veelas contratadas para armonizar con toda la belleza del decorado.
-Bueno, hijo. Yo voy a ver si el juez ya está aquí. Si es que está te haré una seña para que vayas, ¿ok?
Harry asintió en dirección de su padre.
-Seguro, papá Lan. Estaré esperando –susurró de vuelta.
El rubio le dio un cabeceo conciso y luego se marchó, dejando a Harry con León y el pequeño bebé.
-Insisto en que deberías habérselo dicho antes –comentó León.
-Quiero que esto sea un secreto, papá. Mientras menos lo sepan, mejor.
El vampiro puso los ojos en blanco.
-Pero él es el otro interesado, debería saberlo.
-Lo sabrá muy pronto –contestó con una sonrisa, al ver que Lancelot le levantaba el pulgar, desde unas de las ventanas de la casa.
Buscó con la mirada a su novio y lo encontró hablando con Luna y un hombre que miraba tanto o más extraño que la rubia. Se acercó a ellos y Eriol lo presentó como el padre de la Ravenclaw.
-Bien, si nos disculpan, mi novio y yo tenemos algo importante que hacer.
Hiiragizawa enarcó una ceja y permitió que el brazo de su novio rodeara su cintura, para luego ser dirigido adentro de la casa. Una vez allí se encontraron con un sonriente Lancelot y un sometido León. El señor Atón, con todas sus galas, los acompañaba. Había un cuarto hombre que al de anteojos no se le hacía conocido de nada.
-Esta es la habitación que pueden usar –dijo Atón abriendo la puerta-. Me aseguraré que nadie los moleste.- Posó una de sus manos en el hombro de Harry-. Desde ya, mis felicitaciones.
-¿Harry…? –preguntó Eriol, sintiendo algo en su estómago retorcerse. Sentía una especie de presentimiento que estaba haciendo que le costara respirar.
Encima, Harry solo sonrió misterioso, tomó una de sus manos y lo trasladó hacia la habitación, que Lancelot se encargó de cerrar. Una vez que estuvieron allí y Eriol vio un pequeño altar decorado modestamente, a una Nakuru muy sonriente, el chico jadeó. Sus suspicacias se vieron confirmadas cuando su amante se arrodilló en el piso, tomando una de sus manos.
-Sabes lo que tengo que hacer, por todo este año estaremos separados y no sé lo que me depara el destino, es por eso, Eriol Hiiragizawa, que quiero que te conviertas en mi esposo, quiero vivir esta dura prueba que tengo por delante, sabiendo que eres solo mío.
El labio inferior de Eriol tembló y tragó saliva duramente, mirando con los ojos brillosos la sonrisa radiante y algo arrogante que le daba su amante. Así que a esto se debía la actitud extraña y los susurros con sus padres, no era solamente el asunto de los Horcruxes, sino que también estaba planeando una boda secreta. Inclusive había manejado meter a Nakuru también en esto y él ni siquiera había notado esto.
-Yo… no sé qué decir.- Manejó murmurar, ya que tenía un nudo en la garganta.
-Bien te diré lo que no puedes decir –dijo Harry sonriente, cruzando uno de sus brazos con el de su futuro esposo, para escoltarlo al altar-. No puedes decir que no, así que solo te queda una opción.
-Oh, Eriol –sollozó dramáticamente Nakuru, sacando una pañuelo blanco de quien sabe dónde, para secarse las lágrimas.
-Debes estar muy seguro de ti, para planear todo esto y avisarme a última hora –comentó Eriol, ya dejando un poco de lado los nervios que le había causado esta situación.
-Bueno, hay muchas y muchos que matarían por casarse con tu novio, Hiiragizawa –murmuró sonriendo-. Así que si usted dice que no, él puede salir allá afuera y buscarse un esposo.
El chico lo miró con falso enfado.
-Sobre mi cadáver –dijo al fin, agarrando con fuerzas la mano de Harry y girándose hacia donde esperaba quien los iba a casar.
-¿Puedo empezar entonces?
-Seguro –dijo Lancelot, parándose al lado de su hijo.
Tomando una gran respiración León asintió y se colocó a espaldas de los futuros esposos.
Entonces el hombre comenzó a recitar el discurso que se sabía de memoria para los casamientos, era muy parecido a uno muggle, solo que este caso se enlazaban con un hechizo que unía sus firmas mágicas, y se dejaban huellas de sangre en el pergamino que tenía la firma de ambos. Era por eso que tomar la decisión de casarse debería ser muy pensado, porque un divorcio sería muy traumático para la magia de las personas. Arthur Weasley todavía padecía de vez en cuando arranques de magia accidental, por su reciente divorcio.
En el momento que el juez pidió los anillos, las cejas de Eriol volaron hacia arriba al ver las dos preciosas alianzas que el chico tenía en una cajita de su túnica. Eran de oro, con diamantes incrustados todo alrededor, uno al lado del otro y había una sola piedra en el centro, una amatista, la piedra preferida de Eriol.
-Pueden intercambiar sus alianzas –dijo el hombre.
Harry asintió y volteó para ver a León.
-¿Papá?
El vampiro sonrió, con lágrimas en sus ojos y sacó de su bolsillo dos cajas, cuando las abrió se pudo ver dos cadenas de oro brillantes, y bastante largas. Harry tomó una de ellas, colocó uno de los anillos en una y se la entregó a Eriol. Luego hizo lo mismo con la otra. Ante la mirada confusa de su amante, el de ojos verdes aclaró:
-Esto se supone que es un secreto –murmuró, guiñando un ojo-. Así que, mientras tanto, deberemos usar nuestras alianzas alrededor del cuello, pero solo mientras tanto.
El Ravenclaw sonrió un poco con tristeza, pero después asintió seriamente.
-Yo empiezo entonces –suspiró-. Harry James Leuchtenberg-Potter, con este anillo te acepto como mi esposo, para amarte y respetarse hasta mi muerte. Quiero que te quede en claro que voy a estar esperándote y debes volver a mí –agregó, mientras pasaba la cadena por el cuello de Harry.
El chico hizo muecas.
-Eriol Hiiragizawa, con este anillo te acepto como mi esposo, para amarte y respetarte hasta mi muerte. Y yo te aclaro que volveré, tu solo debes aguardarme y complaciéndote a ti mismo, nada de buscarme un reemplazo mientras tanto.
-¡Harry! –reprendió su papá, frunciendo el ceño. Lancelot sólo rió.
-Eh…bueno, entonces.- El juez carraspeó-. En nombre del poder que me da el Ministerio de Magia, con la aprobación de los testigos y la unión de su magia, los declaro legalmente casados, pueden besarse.
Los recién casados sonrieron, Harry tomó a su novio por la cintura y lo atrajo a su cuerpo en un movimiento rápido. Ambos inclinaron sus cabezas, para que cuando sus labios se tocaran, estuvieran en un ángulo perfecto. El beso fue suave al principio, pero luego se volvió fogoso, ya que transportaban en ese beso todos los sentimientos que roían en sus interiores. Ambos sabían que esta era probablemente unas de las últimas oportunidades que tendrían de estar así de tranquilos.
Lancelot tosió cortésmente, haciendo que ellos se separaran y enseguida fueron engullidos en un abrazo de oso, Nakuru lo hizo con Eriol y León con su hijo. Ambos lloraron dramáticamente en el hombro del adolescente que sostenían y éstos le dieron palmadas torpes en la espalda, para tranquilizarlos.
El juez los saludó cortésmente, antes de salir de la habitación, puesto que ahora debería prepararse para la otra boda a la que fue llamado en esta casa. Una vez que él se retiró, hubo unos cuantos abrazos y llantos más, hasta que lograran calmarse.
-Debemos salir y buscar algún lugar entre los invitados, sin que nadie lo note. La boda tiene que empezar dentro de media hora –murmuró León, secándose unas últimas lágrimas de su cara.
-Ustedes vayan, nosotros estaremos allí a tiempo –aseguró Harry.
Louis frunció el ceño enseguida.
-Este es el estudio de tu tío, hijo. No pensarás ha…
-Quiero estar un rato a solas con mi esposo, ¿sí?– masculló exasperado, empujando a sus padres hacia la salida-. No sé si más tarde vamos a tener tiempo, así que no pueden prohibirme un minuto de intimidad.
-Él tiene razón –dijo Lancelot, tomando a su esposo por la cintura-. Te esperamos en la ceremonia, hijo.
-Nos vemos más tarde, Eriol.- Se despidió Nakuru, dando un último abrazo a su dueño.
Cuando los tres adultos abandonaron la habitación, Harry se abalanzó sobre los labios de su nuevo esposo y lo fue empujando hasta que quedaron acostados en el gran sillón que había en el lugar.
-¿Qué crees que estás haciendo? –jadeó el más pequeño, cuando sintió las manos de su marido vagar por los botones de su túnica.
-Queriendo mi noche de bodas.
-¿Aquí?– gimió, al sentir como una de las manos se colaba entre sus pantalones-. Pero si ni siquiera es de noche.
-Oh, vamos, Eriol –gruñó, moliendo sus caderas contra las del otro, obteniendo un maullido gustoso-. Qué más quisiera yo que estemos en una isla desierta, haciendo el amor en la playa, pero esto es lo único que tenemos.
-E-Está bien –jadeó, levantando sus brazos, para permitir que su marido le quitara su camisa-. Hazme tuyo, Harry, hazme tuyo aquí, no importa.
Y Harry hizo exactamente eso.
Primero comenzó amasando las nalgas perfectamente carnosas de su esposo, mientras daba besos en el pecho descubierto y gozaba de los sonidos vergonzosos que salían de la pequeña boca deliciosa de Eriol. Aunque, sabiendo que les quedaba corto tiempo para amarse, el chico tuvo que dejar con renuencia aquel masaje, para ir directamente al grano. Así que agarró la erección de su amante en una mano y luego de darle algunas bombas, lamió la punta, sonriendo sádico cuando escuchó el grito ahogado y el retorcimiento de su amor.
-Te gusta esto, ¿hm?
-Sí, sí… continúa –murmuró, agarrando los cabellos negros, para guiar la cabeza al lugar de su cuerpo que necesitaba atención.
Harry se conformó y enseguida volvió a su tarea, dando expertas succiones en el momento justo, sabiendo que esto aumentaría la rapidez con la que recibiría la esencia de Eriol en su boca. Efectivamente, tal y como lo pensaba, su amor solo aguantó tres minutos más, antes de venirse con un grito ruidoso.
El moreno de ojos verdes lo tragó todo y se incorporó para sacar algo de su túnica, que resultó ser un frasco de lubricante.
-Viniste muy preparado –comentó Hiiragizawa, aún tratando de recobrar su respiración.
Su amor hizo muecas.
-Bien, tú sabes, hombre precavido vale por dos.
Dicho eso, Harry untó tres de sus dedos con lubricante y metió dos de ellos en la entrada de Eriol. Podría ser mucho para el principio, pero estos dos adolescentes ya estaban acostumbrados a tener sexo, es decir, el ano del uke ya estaba acostumbrado a saciar la libido de su seme, por lo que sus músculos ya no protestaban tanto con la invasión. Esto resultó ser muy productivo, ya que Eriol no necesitó de mucha preparación para estar relajado y estirado, así que Harry se colocó en posición enseguida y lo fue penetrando lentamente.
Eriol cerró los ojos y silbó al sentir algo de dolor. Más allá de la costumbre, aún había momentos en los que le dolía, más si estaban en un sillón en la sala del tío de Harry, que no le daba lugar a ponerse más cómodo para aguantar la invasión. Pero Leuchtenberg no era un amante experimentado para nada, por ello comenzó a masajear el pene flácido de su esposo, para que este toque lo hiciera olvidar el dolor, al mismo tiempo que se inclinaba para poder dar besos ardientes a los labios finos de su marido.
-Mu-muévete.
Después de escuchar la orden susurrada a su oído, Harry besó una de las mejillas de Eriol, antes de comenzar a salir del agujero lentamente. Después arremetió con fuerzas, tocando estratégicamente aquel punto que enloquecía a su esposo, el cual él ya sabía dónde estaba ubicado. Obviamente, el moreno de anteojos gritó y se aferró con fuerzas a la espalda de su amante, envolviendo sus piernas sobre las caderas del otro y clavando sus talones sobre las nalgas de Harry.
A este ritmo y con la pasión que llevaban dentro, no duraron mucho en correrse, haciendo un desastre sobre el sillón que deberían de acordarse de decir a un elfo que lo limpiase, sino querían ser reprendidos en el futuro.
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Al momento que llegaron al patio, Rodolphus y Atón ya estaban parados uno al lado del otro, debajo del altar. La abuela Azalea sostenía al pequeño Ramiro, mientras que, sentado a su lado, el abuelo Máximo cargaba su conejo. Discretamente, se sentaron en la parte de atrás, donde notaron que uno de los gemelos estaba con su novio Viktor Krum, que tenía el ceño fruncido, mientras miraba hacia adelante.
-¿Qué le pasa? –susurró Harry.
-No sé –dijo el pelirrojo, encogiéndose de hombros-. Está así desde que vio al papá de Luna.
Harry levantó las cejas, pero el tirón de Eriol lo previno de seguir preguntando. Así siguieron presenciando la boda en silencio, hasta que el juez proclamó a la pareja marido y esposo.
-¿Vamos a felicitarlos ahora o esperamos un poco? –quiso saber Eriol, mientras se levantaban de sus asientos.
-Después, toda la actividad que llevamos a cabo me dio algo de hambre.
Eriol se ruborizó ligeramente y decidió acompañar a su marido a la mesa de los bocadillos, para que éste comiera algo para que después no anduviera diciendo sus cosas pervertidas. Más tarde, después de saludar a los recién casados (Atón lo hizo discretamente con ellos también), Harry se enteró por qué Krum andaba enfurruñado. Era debido a un símbolo que Xenophilius Lovegood portaba orgulloso.
-Ah, sí, yo lo reconozco, pero no es el símbolo de Grindelwald, ese es un símbolo que sale en un libro de cuentos –comentó Eriol.
-¿Un libro de cuentos? –preguntó Harry, levantando sus cejas.
-Sí, todos los niños magos crecemos leyendo ese libro. En mi mansión hay una Biblioteca enorme, hasta hay investigaciones para saber si los hermanos existieron de verdad.
-¿Qué her…?
Pero Harry dejó de hablar, porque en ese momento se le vino a la mente un nombre, cuando vio que George intentaba hacer bajar la varita de su novio.
-¡Gregorovitch!
Allí estaba resuelta una de sus visiones, el mago que Voldemort había estado acechando era el creador de la varita de Viktor. Sin embargo, a pesar de tener un nombre para la cara, no pudo resolver el por qué Voldemort lo estaba buscando. Así que, para sacarlo de su enfado, Eriol lo obligó a bailar. Ésta era su primera danza como recién casados después de todo, así que el chico decidió dedicarle toda su atención a su esposo.
-¿Es usted feliz, señor Hiiragizawa de Leuchtenberg? –preguntó en un susurro el más alto.
Los ojos azules oscuros del Ravenclaw brillaron, mientras sonreía.
-Por supuesto que lo soy, como ya te dije, siempre supe que terminaríamos casándonos, solo que no pensé que fuera a ser tan pronto.
Harry hizo muecas y bajó su cabeza para atrapar los labios de su amor en un beso casto, pero cargado de sentimiento. Cuando este pasaba a volverse fogoso, un grito al unísono llamó su atención. Ambos giraron para ver qué pasaba y vieron a Hermione acercarse a ellos, luciendo muy pálida, con Ron y Neville en remolque.
-¿Sucedió algo malo?
-Kingsley acaba de enviar un mensaje –murmuró agarrando a Harry de un brazo y llevándolo hacia la casa-. El Ministro ha sido asesinado y los Mortífagos vienen para acá.
-¡¿Qué?! ¡Pero…!
-Tienen que irse ahora –declaró Eriol, tristeza en su tono.
Harry se giró para mirarlo y lo abrazó.
-Te prometo que tendrás noticias mías cuanto antes –susurró, antes de darle un beso.
Cerca de ellos, Ron hacía lo mismo con Neville.
-Apresúrense, puede que lleguen enseguida –apuró Hermione, buscando con la mirada a Theodore, pero no podía verlo.
-Tengo que despedirme de mis padres –dijo Harry, mirando frenéticamente para todos lados.
-¡No hay tiempo! –exclamó la chica, más histérica-. Ellos ya deben estar poniendo en algún lugar seguro a los más pequeños y preparándose para la lucha. V-a-m-o-s.
Luego de darle una última mirada desesperada a su novio, Hermione activó el Traslador.
Continuará…
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-.-Importante: fíjate que te molestó en mi fic y que te agradó. Dímelo. Pero trata de mantener la cortesía y hazlo de una manera que pueda entender.-.-
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Notas de Uko-chan: ¡¡Hola!!
Lamento la tardanza, hoy rendí inglés y estuve estudiando ñ.ñ
Tal vez muchos no se esperaban esto, pero es una idea que me surgió y quise escribirla.
Y como verán, hice un montón de cambios con respecto al 7mo libro, espero que hayan tenido gusto de ellos.
¡¡Gracias Angeli por betear este fic!!
¡¡Nos leemos!!
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¡Hey, espera! Si ya has leído todo, por favor, pásate por mi LiveJournal, donde encontrarás divertidos retos que he estado escribiendo.
Aquí: h t t p : / / utenapuchiko. livejournal. com (solo recuerda quitarle los espacios ;D)
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Atte: Uko-chan!
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Este capítulo ha sido editado para seguir las reglas decretadas por Rice.
Si se les hace un lío, Lancelot sería Lestat y no es un príncipe de los Vampiros, sino un Noble de alto renombre. Louis pasó a ser León... me pareció perfecto para él que es una mamá gallina XD
Armand/Daniel son Esteban/Darío en el segundo chap explico su historia y Khayman es Atón. A las gemelas y Jesse les he puesto nombres de flores y he reinventado su historia. Ellas son Alelí y Azalea. Alelí (Maharet) es madre de Jazmín (Jesse) Al igual que Gabrielle que ahora es Graciela (como mi mami!) y es hermana mayor de Lancelot ñ.ñ Y tenemos Santino que es Ángelo y a Marius que es Máximo.
Si te sientes con ganas de decirle algo a la denunciante, al igual que yo, su nick es Juneau Minnet, en ffnet.
Y agradezco a mi beta por ayudarme a encontrar nuevos nombres y apellidos para estos personajes. Es divertido editar XD PERO si se les hace complicado, ustedes imagínense que son los personajes de Rice y ya. Nadie podrá denunciarlas por usar su propia imaginación X3
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