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Se sentía correcto estar a su lado. Ha pasado tanto tiempo desde que se había sentido de esa manera, que no estaba completamente seguro de cuando fue exactamente.

Quizás fue el último verano que pasaron todos en la madriguera antes de estallar la guerra. Si, debía ser entonces con el aroma del pastel de calabaza que acaba de hornear su madre llegando al jardín trasero donde se encontraban desnomizando el lugar, con el eco de las risas de los gemelos taladrando sus tímpanos después de la explosión de su última broma.

Recordaba a todos riendo, Hermione se cubría la boca para ocultar su enorme sonrisa al verle, tenía el cabello alborotado y los ojos brillantes. Harry reacomodaba sus lentes sobre le puente de su nariz sin dejar de reír. En ese entonces su familia estaba completa y el seguía creyendo que llegaría el momento correcto en el que terminarían junto a su amada castaña. No importaba que el hubiera terminado con el cabello de color verde vomito, había sido un momento perfecto.

Un instante perfecto.

Uno donde no importa nada mas que ese pequeño paraíso personal, era como verse en el interior de una burbuja que te mantiene aislado de todo lo malo.

Con el delgado cuerpo de Astoria contra el suyo, en ese enredo de sabanas, su rostro apoyado contra el pecho. Sus cabellos rubios son suaves, no puede evitar enterrar sus dedos en su larga melena que brilla como el oro.

Es suave, cálida y amorosa.

Por primera vez no a evocado un fantasma castaño, a sido solo su cuerpo de piel blanca, su rostro angelical, su esencia tan distinta a cualquier añoranza ilusoria.

En ningún momento a cerrado los ojos, tratando que su imaginación viajara por otros rumbos. Por aquellos sitios que jamás fue capaz de tocar.

No quiere pensar, se permite sentir. Extendiendo ese momento tanto como pueda.

Debería de sentirse mal por tenerla en su cama, por tomar algo importante de ella, por sentirse tan vivo, por no arrepentirse sabiendo que es la hermana menor de su actual novia.

Tiene claro que no la ama, su corazón sigue roto, pero la quiere. Siente cosas por ella que pensó que jamás volvería a sentir. El dolor en su pecho ya no es tan intenso, no sabe desde cuando ha menguado, pero no puede negar que algo en su interior a comenzando a cambiar.

Astoria se ganó sin sentirlo lentamente su cariño y respeto. Se hizo un espacio en su vida de manera tan natural que ni siquiera lo noto. Pero es cierto, tan real como todas las tardes que terminaban conversando de trivialidades después de los almuerzos dominicales. Apreciaba su compañía, le gustaba la tranquilidad que adquiría a su lado, como si hiciera que todo encajara de manera perfecta.

No quiere levantarse de la cama, se resiste a hacerlo, pero sabe bien que debe. Por primera vez en mucho tiempo sabe que tiene que hacer. Nunca volverá a esperar sentado por un momento perfecto, esta dispuesto a hacer que las cosas sucedan.

Se mueve con cuidado para no despertarla. Se viste aprisa sin hacer ruido y antes de salir de la habitación se gira para admirarla en todo su esplendor. Sabe que bajo las sabanas con las que la a cubierto se encuentra aun desnuda. No puede evitar sonreír.

Le tomo solo treinta y cinco minutos encontrarla. Ron nos sabia que Daphne simplemente se estaba dejando encontrar a pesar de la seguridad demoledora de la mayor de las Greenglass no se había esperado el resultado que estaba teniendo sus planes.

No había culpa en Weasley al confesar lo ocurrido, ni siquiera una pisca de vergüenza. Se dejo abofetear el rostro sin inmutarse una pisca.

Los planes de Dapnhe tenia una falla que no había previsto. Ron no actuó con despecho al estar con Astoria, a pesar de su resentimiento en contra de Draco, a pesar de los celos y el odio profundo que sentía por él, no se dejó llevar por la furia, la cólera o cualquier sentimiento mezquino.

Ron siempre fue impulsivo y bastante inmaduro. Por tanto, tenía previsto que en algún momento explotaría, por eso se empeño en poner a Astoria a su alcance, en charola de plata para tener una manera de presionar tanto al pelirrojo como a su propia hermana de que le ayudaran a consumar sus planes.

Contaba con manejar la culpa de ambos por fallarle, por dejarse llevar por sus impulsos. Sería la víctima, les exigiría compensarle. Ron podía ser infantil, pero era noble, podría llorar como una magdalena exigirle que se casara con ella. Sabia que no era rico, pero después de la guerra su familia era respetada, se consideraban héroes y eso era mucho más de lo que podría aspirar su familia cuando se descubriera su bancarrota.

Sus lagrimas no eran fingidas como había planeado, eran reales. Lagrimas rabiosas por ver la seguridad en su novio al acostarse con su hermana, en lugar de obtener la vulnerabilidad que deseaba.

-Lo lamento. En verdad siento que las cosas se dieran de esta manera Daphne, pero te engañaría si te dijera que me arrepiento. No planeamos que pasara, pero paso. No se que pensara ahora Astoria, pero para mí fue importante.

No fue cosa del momento a pesar de como tejió su enredada farsa. Fue un golpe de suerte confirmar sus sospechas sobre la relación de Granger y Malfoy. Esa valiosa información llego en un momento demasiado propicio para no usarlo a su favor.

En un inicio Daphne estaba completamente enfocada a utilizar los sentimientos que sabia que aun existían en el interior de Ron por Hermione. Aguijonearle contra Draco era una manera de mantener el odio latiendo en su interior. Sacarle la rabia no es una labor difícil, mas cuando utilizaba la fragilidad de su hermana y los sentimientos que aún conservaba por Malfoy, sumado al hecho de que buscaría venganza por obligar a su amada castaña a casarse con el.

Atacando desde dos puntos podía usar a Ron a su antojo, ya no solo sería su odio hablando, sino el instinto protector que era mas que evidente que poseía por ambas mujeres. Sumado a eso estaría la culpa por traicionarla. Pues si algo distinguía a los malditos Gryffindor era su estúpida lealtad.

Conociendo las condiciones del matrimonio Malfoy-Granger sopeso incluso la idea de no tener que desposarse con el inepto de Ron, tenia mas opciones, como para hacer que se interpusiera en la relación e hiciera que se separaran de manera definitiva.

No podía contar con Potter debido a su estado, quizás si el no se encontrara tan débil y al borde de la muerte, el habría sido suficiente para encargarse de separa a su amaba mejor amiga de Draco, de esa manera Astoria tendría el camino libre, pero el espíritu de su hermana no se doblegaría con facilidad, justo en ese momento entraría la manipulación.

Astoria no cedería de inmediato a hacerse amante de Malfoy hasta que este terminara su matrimonio, lo que implicaría posiblemente que pasaran varios años y ellos no disponían de ese tiempo, su familia estaba a un paso de perderlo todo y pasar por la humillación de que su situación se hiciera pública.

Conociendo de antemano que los contratos matrimoniales de ese tipo, estaba segura de que como mínimo duraría d años, establecería tener hijos y muy seguramente una clausula de fidelidad al menos una que involucrara a Granger, sabiendo sobre el machismo siempre presente en esas uniones. Lo que la llevaba a suponer que con el carácter de la castaña lo mínimo que pediría era igualdad de circunstancias, lealtad mutua.

Su hermana no iría contra el matrimonio, esperaría. Por lo que ella se encargaría de que las cosas se precipitaran. Quizás inicialmente Astoria seria la amante y no la esposa, pero eso le brindaría acceso a la generosidad económica de Malfoy, lo que de momento sería suficiente.

La razón por la que había propiciado el acercamiento entre Ron Weasley y su hermana era para convertirse en la victima y exigir a ambos una compensación inmediata. Astoria aceptaría entonces a ser la amante, cuando la culpa cayera sobre sus hombros, su conducta ya no seria perfecta e intachable y ella se encargaría de hacerle saber que la única manera de concederle el perdón seria salvar a su familia aceptando ser la amante.

También sabía que, si sus suposiciones eran correctas, de descubrirse que Draco tenia una amante, la disolución de su matrimonio actual seria disuelto, quizás poco después de que Granger diera a luz. Pero con algo de suerte y un poco de su intervención incluso era posible que ese hijo jamás naciera.

Estaba furiosa por juzgar de manera incorrecta el carácter y temperamento de Weasley. El muy estúpido estaba echando por tierra parte de sus perfectos planes.

Ya no quiso gastar palabras, se levantó airada. No había tiempo que perder aun le quedaba una esperanza. Astoria era su hermana, en ella trabajaría la culpa y seria su tabla de salvación, la obligaría como diera lugar a resarcir el daño hecho al acostarse con su novio.

Dejo a Ron con un palmo de narices cuando intento seguir con sus patéticas escusas y disculpas. Se detuvo lo suficiente antes de salir, ni siquiera se había girado para verlo, no deseaba mostrar sus verdaderas lágrimas, aunque fueran de rabia.

-No quiero volver a verte Ronald y por tu bien aléjate también de mi hermana.

El pelirrojo no fue capaz de contestar, se quedo helado en su lugar ante la clara amenaza. Algo se retorció en su interior, mientras un sudor frio le recorría la espalda.

Se apresuro a volver a su casa. Esperaba que Astoria leyera la nota que había dejado en la almohada, rogando a todos los magos muertos que no se fuera antes de hablar con él.

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La paciencia no era una de sus virtudes, sin embargo, cuando valía la pena la presa se tomaba el tiempo suficiente para disfrutar una buena cacería. Podía ser que sus movimientos siguieran siendo lentos, pero todos y cada uno de ellos estaban encaminados a lograr su objetivo.

De momento soportaba la presencia de Ginny, le proporcionaba momentos placenteros entre sus piernas. Tenia que reconocer que la pelirroja era tan intempestiva y pasional como el fuego y por tanto había que controlarlo para que no se saliera de control.

La información que le proporcionara le aclaro el panorama. No podía mas que envidiar al cabrón de Malfoy por conseguir el enorme premio de desposar a la heroína de guerra.

Exhalo una bocanada de humo, antes de llevar de nuevo a sus labios el puro que fumaba. Su mano libre estaba puesta sobre una carpeta de color marrón que descansaba sobre el escritorio, era el expediente completo de Hermione Granger, ahora de Malfoy.

Pago una cantidad bastante considerable por hacerse de cada detalle de su vida y obra. Esperaba conseguir algo con lo que pudiera chantajearla después de que se atrevió a enfrentarlo. Se equivoco al suponer que al igual que la mayoría tenia esqueletos escondidos dentro del closet.

La mayoría de la información era de dominio público, siendo una heroína de guerra. Su imagen pronto fue puesta a juicio por el resto del mundo. Todos deseaban conocer de cerca a los héroes, mas aun de la joven bruja que lucho codo con codo con el salvador del mundo mágico.

Su bibliografía ya aparecía en los cromos de las ranas de chocolate. Lo que a Liam le interesaba eran los posibles secretos que se escondieran bajo la fachada perfecta de la bruja mas celebre de los tiempos moderno.

Tenia en su poder, incluso su historial médico. Las heridas sufridas durante la guerra, la historia tras las cicatrices más recientes, detalladas en un informe que le realizaron para evaluar su participación en la guerra le habría dejado posibles secuelas emocionales y psicológica.

No sin frustración se dio cuenta de que no tenia nada que explotar entre sus manos. Hermione no solo parecía una buena persona, era una buena persona. Lo que supuso un gran problema, se volvió una fascinación que rallaba en lo enfermizo.

Cuando Ginny comenzó a contarle las circunstancias bajo las cuales Hermione se casó con Malfoy, supo desde un inicio que había mucho más detrás de lo que contaba la pelirroja. Por lo que sin ningún remordimiento uso su varita para leer su mente y llenar las partes de la historia que omitió.

Fue de esa manera que se entero que la joven pelirroja fue amante de Draco por una buena temporada, que estaba enamorada hasta cometer la locura de permitirle hacer los preparativos de una boda que jamás se llevaría a cabo.

Sin duda Ginny es una mujer demasiado ambiciosa, por esa razón había terminado en brazos de Potter. El embarazo de la pelirroja le dio esperanzas de retener a Malfoy a su lado, por lo que descubrir que era otro el padre no le había sentado para nada bien. Se permitió incluso sentir lastima por la pelirroja que había perdido todo por lo que había luchado.

Para cuando la libero del hechizo, Ginny estaba furiosa por la invasión, más se contuvo para no desatar la ira de alguien como Miller. De momento no le quedaba otra salida que seguir siendo dócil con el moreno hasta encontrar la manera de liberarse de su yugo. Tenia claro que la soportaba por mantener la custodia de Matteo.

Liam contaba con un as bajo la manga, no fue sencillo conseguir, de hecho, había pagado una cantidad sumamente escandalosa para acceder a una copia del contrato matrimonial de los Malfoy que se había mantenido sellado. Le parecieron interesantes algunas cláusulas del contrato en las que estaba bastante dispuesto a hondar.

No le agradaba la idea de que Hermione estuviera embarazada, aunque tampoco es un asunto que le quitara el sueño.

Abrió la carpeta con movimientos lentos para sacar un par de fotos anexas a su expediente, en ellas aparecía el rostro de la castaña desde diferentes ángulos, había un par de cuerpo completo. Conocía las imágenes de memoria, las primeras veces las repaso con rabia, con el suficiente odio como para estrujarlas y doblar algunas.

No, no estaba acostumbrado que nadie le enfrentara y que fuera precisamente una mujer de aparecía débil le había calado profundamente. Era un golpe a su ego del cual le costaría demasiado recuperarse.

Todavía la recuerda frente a el con actitud valiente, incluso desafiante. Nadie nunca le había aguantado la mirada y que decir que no había reculado cuando avanzo hacia ella casi escupiéndole las palabras en el rostro. No parecía asustada o amedrentada cuando clavo la punta de la varita en su garganta, si lo estaba no mostro ningún símbolo de miedo, por lo contrario, parecía crecer aun mas con las amenazas.

Hermione era una contrariedad por sí misma, parecía pequeña, frágil pero una vez que la conocías lo suficiente era como una fuerza natural que una vez desatada no podías controlar.

Pasada la contrariedad le pareció una mujer interesante. Nadie la definiría como una mujer hermosa, era bonita, pero no lo suficiente como para mirarla mas de dos veces al verla por la calle. Poseía un rostro común en general con el cabello castaño con rizos indomables, su cuerpo mostraba las curvas insinuantes mas no eran demasiadas.

A pesar de todo comenzó a obsesionarse como alguna vez lo hiciera con la pelirroja. En comparación Hermione era una simple mortal, no sería difícil meterse a sus bragas y moldearla a su antojo, sin embargo, se equivoco garrafalmente.

La castaña es una guerrera en toda la extensión de la palabra. Seguía enfrentándolo como si el no fuera el hombre temido que era. Incluso se tomo el atrevimiento de amenazarlo y poner condiciones para tener a su vástago, "Su hijo" con él.

No la perdonaría, seria suya a costa de lo que fuera y cuando se cansara de ella, le haría pagar con creses todos sus desplantes.

A Liam le sorprendió el calor que le recorrido el cuerpo con deseo al pensar en ese momento. La erección pronunciada en sus pantalones era la constatación del deseo que despertaba Hermione. Repaso de nueva cuenta las imágenes, con lentitud sus ojos se pasearon por un rostro que sonreía radiante, paso sus dedos con calma por las curvas ocultas por la ropa.

Sin pena alguna comenzó a acariciarse sobre el pantalón, sin apartar la mirada lujuriosa de las fotos. Comenzó a frotarse con mas fuerza, bufando con cierta frustración se levantó, guardando todo con un movimiento de varita.

Se encamino por el interior de su mansión buscando alguien que le ayudara a saciar el deseo que unas estúpidas fotos había lograron despertar.

Encontró a Ginebra leyendo una revista con desinterés en uno de los salones. La tomo por la muñeca con cierta violencia haciendo que se levantara y chocara con demasiada fuerza contra su fuerte cuerpo. La besa demandante dejando que su lengua danzara en la cavidad oral arrancando un corto gemido y palabras de protesta que no alcanzaron a salir por su garganta.

Literalmente le rompe la ropa. Apenas la tiene desnuda la aprieta contra la pared mas cercana y se entierra profundo sin mayor preámbulo sacándole un grito que se encuentra entre el deseo y la sorpresa.

Empuja con fuerza, moviéndose con rapidez, rayando en el limbo de un orgasmo que le resulta frustrante pues no a sido con la persona que hubiera querido.

Se marca de la misma manera en la que llego. Sin pronunciar palabra, ni siquiera la mira cuando se reacomoda la ropa y sube el cierre de su pantalón.

Ginny por el contrario no puede apartar la vista de Liam, se muerde los labios con fuerza para lo lanzarle maldiciones, se sabe usada como si fuera solo un juguete sexual que se usa y se desecha sin ninguna consideración.

El fuerte sonido que hace la puerta al cerrarse la regresa a la realidad.

Se levanta furiosa, con los puños apretados. Ni siquiera intenta recoger la ropa que ha terminado rota y revuelta sobre el piso. Camina desnuda sin importar quien pueda verla rumbo a su habitación.

Entra al baño metiéndose de lleno en el chorro de agua que le quema la piel. Se talla con fuerza como si deseara borrar cualquier rastro del aroma de Liam en la piel de su cuerpo, incluso le arde, mas no se detiene hasta que se derrumba al perder la fuerza de sus piernas, cayendo de rodillas sobre las mojadas baldosas.

Esta cansada, sumamente frustrada de que todos sus sueños terminaran volviéndose la peor de sus pesadillas. Ya no tiene nada, ni la fama o la fortuna por la que tanto había luchado y sacrificado. En su mente cada vez más trastornada no es capaz de afrontar que todo a sido su culpa, por el contrario, a sus ojos la única responsable de que su vida se desmoronara es Hermione Granger.

Con los puños apretados golpea varias veces el piso hasta que las punzadas de dolor le suben por los antebrazos hasta los hombros, entonces se detiene. No esta ni cerca de calmarse, por lo contrario, está dispuesta a buscar una satisfacción de algún modo.

Sus ojos avellana se estrechas y un brillo malicioso surge de sus pupilas dilatadas. Se levanta con un firme propósito. Sale del baño de alguna manera renovada y dispuesta a llegar a las ultimas consecuencias. Ya no tiene nada que perder.

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No puede dejar de mirarla, sus ojos la siguen sin permiso por toda la habitación. Parece hipnotizado por su presencia, encandilado como si fuera una polilla y Luna, la luz mas radiante, su sol personal.

Pensó que en algún momento el deseo por ella se consumiría con el paso de los días, pero lejos de que su fascinación fuera mermando, cada vez la necesitaba más. No tenia suficiente de sus labios o su cuerpo. Un inocente rose despertaba sus instintos, no sin vergüenza tenia que reconocer que se enamoró hasta la medula.

Que fácil era dar consejos a Draco, pero que difícil tomarlos para si mismo. En esos momentos es capaz de comprender cabalmente a su amigo. Se encuentra confundido, no por que no este seguro sobre lo que siente, por lo contrario, esta completamente convencido que Lovegood se a apoderado de su corazón, pero hay demasiada desazón e incertidumbre en su interior para estar tranquilo.

Sonríe con cierta ironía con ese pensamiento danzando por su mente. El destino debe de estarse burlando de los Slytherin que habían vividos descorazonados toda su vida y que ahora que por fin son capaces de sentir, se acojonan porque tienen miedo de que sea precisamente el amor lo que los termine destruyendo.

Desde la primera vez que tuvo el privilegio de tenerla, no se ha podido desasear por completo de esa punzada que le atraviesa el pecho por los celos. Quisiera saber quien fue el primer amor de la rubia, para matarle. Quizás peque de posesivo, pero no quiere compartir absolutamente nada de Luna.

Ha querido preguntar, pero ¿Qué derecho tiene para hacerlo? El tiene un pasado mucho mas escabroso como para ponerse quisquilloso con el de Luna.

Ni siquiera sabe el numero preciso de con cuantas mujeres a compartido cama, de lo que está seguro es que han sido demasiadas y por ninguna de ellas ha sentido la más mínima parte de lo que siente por Luna.

Aun a pesar de todo no puede evitar pensar si alguien en el pasado de ella fue lo suficientemente importante para correr el riesgo de perderla.

Trata de no pensar demasiado en el asunto, con la cabeza llena de miedo se acerca para capturar a Luna entre sus brazos. Le gusta la manera en que lo mira con sus enormes ojos azules, obsequiándole una sincera sonrisa.

La besa por que no sabe como expresar con palabras que la quiere. Esta vez no hay calma en sus besos, se encuentra demasiado vulnerable para estar tranquilo. Pone demasiada pasión en el juego sensual de su boca, mientras sus manos diestras comienzan a desnudarla.

Ama la manera en la que sus cuerpos se acoplan, las palabras amorosas que huyen de su garganta, el suave toque de sus manos acariciándolo.

La hace suya, aunque lo justo seria decir que él es suyo. Completamente suyo.

Ya están vestidos después de una larga ducha, donde volvieron a sucumbir a los placeres de la carne cuando se escuche un suave golpeteo en la ventana.

Se encuentran en la casa de Nott, por lo que a el dueño del lugar le parece raro tener correspondencia a esas horas. Aun así, se dirigía a la ventana para abrirla y cuando intenta tomar la carta el ave le picotea la mano, volando hasta Luna.

-Hola. -Le saluda, acariciando sus plumas.

La carta que trae es para ella, por eso no a dejado que Theo la tome.

Apenas recibe la misiva, la lechuza sale de nuevo sin problemas por la ventana, su trabajo esta hecho y vuelve a casa, sin esperar respuesta.

No quiere preguntar, pero su boca y su cerebro parece que ya no están en sincronía.

-¿Quién te escribe? -Pregunta con más interés del que quiere.

-Rolf Scamander. -Contesta con simpleza mientras comienza a leer con interés la carta que acaba de recibir.

Las entrañas de Theodore Nott se estrujan de nuevo invadido por unos celos tan intensos que hacen que un sabor amargo inunde su boca.

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Parece un lugar sencillo, una simple casa de dos pisos con un pequeño jardín que se nota a sido descuidado por demasiado tiempo, las pocas flores que tiene han sido superadas por la mala hierba que casi las cubre por completo. La madera del porche tiene la pintura descascarada. Todo el aspecto en general es la de una casa abandonada. Los escalones bajo sus pies crujen con cada paso que la acerca a la puerta de entrada.

Apenas levanta la mano en un puño para tocar con los nudillos, la puerta se abre para dejarla pasar.

Dentro hay dos hombres que no conoce de nada, pero por sus ropas no es difícil deducir que son Aurores. Sentado en un viejo sofá la espera el Kingsley Shacklebolt y de pie con la espalda pegada a uno de los muros se encuentra Draco.

El rubio esta tenso, con la espalda recta como tabla y la mirada impasible. La rigidez en el cuerpo se duplica apenas ve a su mujer entrar por la puerta. Cuando retira la capucha de la capa sus rizos indomables le saludan, puede notar su nerviosismo a flor de piel en su rostro pálido que hace que las pecas de su rostro se noten con mas claridad. Muerde su labio inferior, cuando sus ojos se conectan con los suyos con satisfacción nota que respira con cierto alivio.

Cruza la habitación ignorando a los presente por completo para ponerse frente a Hermione. La estrecha con protección entre sus brazos y besa su cabeza.

-Sabes que no tienes por que hacerlo. -Le indica, modulando su voz lo más posible, para que solo ella sea capaz de escucharlo.

Hermione tenia apoyado el rostro en el pecho de Draco, era tranquilizante escuchar los latidos de su corazón.

Sabia que estaba genuinamente preocupado por ella. Dando un largo suspiro se despego lo suficiente para buscar su rostro.

-Estaré bien. -Prometió sonriendo débilmente.

-No deben preocuparse, se han tomado todas las medidas de seguridad posible. En ningún momento estarás en peligro.

Malfoy se giro molesto hacia el ministro de magia. Quería maldecirlo en ese momento.

-¿Dónde esta?

-Al final del pasillo. -Dijo una de los aurores señalando con un movimiento de cabeza.

-Entre más rápido termine esto, será mejor. -La castaña carraspeo aclarando su voz para mostrarse más segura.

Draco caminaba a su lado, sin ser capaz de soltarla.

-Me temo que tendrás que dejar su varita con nosotros Sra. Malfoy.

Indico uno de los Aurores, el que parecía más joven.

Draco se puso violentamente rojo lleno de furia. Solo por que su mujer le apretó la mano se contuvo de gritarle al malnacido que pretendía dejar a su mujer desprotegida por muy necesario que esto fuera.

-Estaré bien. -Repitió esta vez acunando el rostro de Draco entre sus manos. Beso ligeramente sus labios antes de sacar la varita de entre su ropa y tendérsela al Auror.

Hermione cerró la puerta tras de ella. Se tomo un par de segundos mirando la madera oscura de la puerta antes de girarse para enfrentar a Lestranger. En un intento de hacer que los latidos de su corazón y su respiración se normalizaran lo suficiente.

-Buen día sobrina. -Saludo el hombre haciendo que la piel de la castaña se erizara solo de escucharlo.

Se giro lentamente, enfocando sus ojos miel en los del hombre que se mantenía a pocos metros sentado en una simple silla de madera.

El saludo fue cortes, pero encontró en su voz algo escalofriante que no supo definir.

-Buen dìa. -Respondió educada, tratando de ser firme y que la voz no le temblara.

Camino lentamente, pero con paso seguro para acercarse. La habitación tenia las paredes pintadas de un color violeta apagado por el tiempo. No había mas muebles que las dos sillas y la mesa que las separaba.

Eran bastantes visibles los grilletes en sus muñecas y tobillos, sujetas a gruesas cadenas soldadas al piso. La silla en la que se encontraba estaba ligeramente separada de la mesa por lo que a penas lograba apoyar las manos sobre la superficie.

-Disculpa mis malos modales. Quisiera ponerme de pie como debería, lamentablemente no me encuentro en condiciones de cumplir con el protocolo. -Dijo levantado las manos para mostrar los grilletes de sus manos, su voz denotaba verdadero pesar, aunque el brillo de sus ojos mandaba un mensaje completamente contrario a sus palabras.

-No es necesario. -Afirmó con frialdad, apartando la silla lo suficiente para sentarse.

Quería mantenerse de pie para estar mucho mas alejada del hombre, pero le temblaban tanto las piernas que temía que las fuerzas le fallara o que se diera cuenta lo asustada que estaba de estar en su presencia.

Hermione sentía ganas de salir corriendo, la mirada de ojos azules les escudriñaba de una manera que la hacia sentir como si estuviera desnuda. Parecía como si Rodolphus buscara algo en concreto al observarla de esa manera inquisitiva.

-¿Qué quiere realmente? -Cuestiono desafiante con sus ojos castaños firmes. -Estoy segura que no va a decirme absolutamente nada sobre sus planes, si a estas alturas no a delatado a nadie, ni dado información a pesar de los medio usados para lograrlo, a mi tampoco me dirá nada.

Rodolphus sonrió arrogante.

-Usted pretende otra cosa. -Dijo con seguridad, haciendo que el hombre levantara una ceja con intriga. -¿Qué busca de mí? ¿Acceso a mi hija? Quizás es su principal motivación, pero no es solo eso. Tuvo la oportunidad de apartarla de mi lado o al menos intentarlo, algo lo detuvo y por eso estoy aquí.

-Se han quedado cortos al hablar de tu inteligencia. -Alago.

-Ahorre sus palabras y dígame que quiere. Porque tampoco creo que me allá hecho venir para salvar a Harry, dejarlo morir será un logro del cual no desearía privarse.

-Tienes muy claras las cosas, pero te mata la curiosidad ¿Verdad?

-No es curiosidad Lestranger, pero sea lo que quieras no voy a permitir que vuelvas a lastimar a los que quiero.

-Eres temeraria, además de inteligente y me parece curioso que a pesar de todo seas siempre tan estúpida por ponerte en riesgo por salvar a otros y no a ti misma.

-Ese no es su problema, así que limítese a decirme que busca, sino me marchare por esa puerta y dejare que se pudra en Azkaban.

-Aunque no lo creas te ofrezco la mejor manera de intentar salvar a estúpido de Potter, si es que no a muerto, pero quiero algo a cambio.

Hermione se quedo helada, sabia que algo escondía, que hablar de Harry solo era un medio para acceder a ella, había algo oculto, pero no podía descifrar de que se trataba. Pero si había alguna manera de salvarlo, una manera que no implicar que Draco pusiera al mismo tiempo su vida en riesgo, estaba dispuesta al menos a intentarlo.

-No eres alguien confiable.

-Puedo serlo si obtengo algo a cambio.

-¿Qué quieres a cambio?

-Tocarte. -Contesto simplemente levantando las manos lo que le permitía el largo de las cadenas para extender su palma hacia arriba en una invitación.

La palabra quedo flotando en el ambiente un par de minutos que Hermione sintió eternos y en los cuales estaba intentando poner en orden la revolución en su cabeza.

Rodolphus Lestranger no tenia varita y en aquella habitación no podía hacerse magia que no fuera de protección. Draco se había asegurado de que fuera de esa manera.

-¿Tocarme? -Pregunto con voz quebrada, regáñanse internamente a su misma por mostrar debilidad.

-Solo tu mano pequeña. -Le dijo sonriente mostrando su dentadura.

Se alegraba de que el Auror retuviera su propia varita para sesgar cualquier posibilidad de que pudiera ser atacada con ella.

Podía hacerlo, permitir que tocara su mano. Pero sería tanto como acercarse más de lo que había prometido a Draco. Además, existía el riesgo de ponerse a su alcance y que la usara de rehén para que lo liberaran.

Hermione meneo la cabeza de manera negativa. -Eso no va a ocurrir.

-Piénsalo bien. No pido mucho solo tocar tu mano.

-No me pondré a tu alcance.

-Entonces me pongo al tuyo. -Dijo apoyando sus palmas sobre la superficie de la mesa y estirándose todo lo que sus cadenas lo permitían. -Tócame.