Disclaimer: Ni Monster Musume ni ninguno de sus personajes, conceptos o locaciones predeterminados me pertenecen. Lo único mío son el argumento y personajes originales de esta historia, escrita como un simple pasatiempo sin fines de lucro.


Arrinconada

-Mañana es el día -Naoki bostezó, cambiando de posición sobre su cama.

-Parece mentira -replicó Annika mientras hacía lo propio.

Una semana había pasado desde su visita a las perfumerías cercanas a Waseda en busca del rastro de la "lunática de las cartas", aquella mujer obsesionada con los tabúes que dejara durante meses notas impregnadas de L'Eau de Issey (fragancia clásica por donde se la mirara) en el casillero del muchacho, desestabilizando su mundo en buena parte pero también despertando en él una inusitada voluntad de descubrirla y encararla. Si bien el hijo de Kunio y Riisa tenía perfectamente claro quién se escondía tras aquella identidad, aún le costaba creerlo. Su lado más rígido, seguidor a rajatabla de las reglas y horarios, no podía ni quería aceptar que alguien así estuviese tan prendada de alguien calificable, según sus propias palabras, como el "hombre más aburrido del mundo".

Si bien la Kobold rubia sentía un ligero pinchazo en su corazón ante la negativa del chico de revelarle el nombre de su perseguidora, lucía más tranquila en otro frente. Los frutos de abordar tal problema junto a él desde un principio ya comenzaban a surgir, acercándolos como ella nunca creyó posible. La faceta analítica y sobria de Naoki, combinada con su propio entusiasmo, le abrió las puertas por fin a su esencia más pura, aquella capaz de conmoverse hasta la médula ante lo bello de un mecano o un puzzle sin armar.

Lo que realmente tenía contentísima a la chica monstruo, sin embargo, iba incluso más allá. Desde aquel sábado en que las piezas se unieran en la cabeza del humano comenzaron a pasar juntos tardes completas sin apenas levantar la voz, siguiendo siempre el mismo guión al pie de la letra. Cuando él llegaba, ella ya lo esperaba en la cocina con un almuerzo o merienda listos para servirse, aguardando pacientemente a que terminara antes de seguirlo hasta su habitación. Se tendía él entonces en su cama, tal como ahora, y cerraba los ojos hasta sentir a Annika tomar posición justo a su lado. Allí levantaba la cabeza, depositándola en su regazo y sólo separando sus párpados cuando sabía que su aliada, gran amiga, prácticamente hermana a estas alturas de la vida, le devolvería una mirada cómplice.

Más de una vez hubo de contenerse la sueca de pegar sus labios a los de Naoki, consolándose con sentir la dulce melodía de su exclusiva frecuencia vibrando entre sus peludas garras, estremeciéndola hasta la punta de la cola y cantando maravillas en su alma. Conforme avanzaba el reloj y ambos se relajaban, su calor comenzaba a mezclarse, bañando la habitación entera, conmoviendo hasta los mismos Legos y mecanos de cien tipos distintos armados en la vitrina frente al lecho. Sólo se separaban cuando sentían la puerta abrirse con la llegada de los dueños de casa; por ningún motivo deseaban ser sorprendidos en semejante intimidad porque tendrían que dar un reguero de explicaciones contradictorias... y que los apartarían de su principal objetivo.

-Deduzco que te interesa saber lo que tengo planeado -él apenas se movió para no incomodarla.

-Lo que decidas estará bien para mí -lo tranquilizó ella-. Recuerda que estamos juntos en esto y aunque me condene hasta la eternidad por hacerlo, te apoyaré en todo hasta el final.

-Aprecio tu estupenda voluntad, Annika, porque sin ti no habría llegado tan lejos -sonrió Naoki ante el melodramático tono de la chica peluda-. ¡Qué diablos, tal vez seguiría atormentándome ante mi propia cobardía!

-Tú no eres un cobarde, amigo mío, sino todo lo contrario -la sueca le acarició su frente con cariño digno de una madre-. Un viejo dicho de la gente de Kiruna expresa lo siguiente: "no es valiente quien no siente miedo, sino quien va por la vida de frente a pesar del lastre de sus muchos miedos". Sabrás, Naoki, que quien más miedo siente ahora es esa lunática porque con un "no" puedes romperle su corazón de forma irreparable.

-No me gusta ser cruel pero si no queda más remedio no me temblará la mano a la hora de romper el cristal separándome de la libertad -ahora él se puso poético-. La verdad libera como nada en esta vida y por ningún motivo dejaré que ella me vea sudar. Por eso pensé en algo bastante discreto a la hora de enfrentarla y coloqué en su despacho, cuando nadie me vio, una nota pidiendo reunirnos a las ocho en la azotea de la facultad.

-Ese bloque lo tienes libre, ¿verdad?

-Precisamente, Annika. Después de eso me tocan clases de Mecánica con nuestra versión del profesor Binns -suspiró el chico, cerrando sus negros ojos por cosa de dos o tres segundos-. Vaya cambio de marcha, ¿no crees?

-Como pasar de una película de acción tipo Rápido y Furioso a un documental ruso sobre los cactus -acotó la Kobold-. Y esto lo digo como alguien a quien le fascinan aquellas espinosas plantas magníficamente adaptadas.

-¿En serio te gustan?

-¡Claro! -Annika le acarició nuevamente la cabeza y lo atrajo hacia sí-. En cierto modo son una especie enigmática, juzgada por su apariencia cubierta de espinas y no por simbolizar la vida en un ambiente tan hostil como el desértico. Aquellas púas que muchos maldicen eran, hace millones de años, hermosas flores que debieron someterse al sacrificio definitivo para no dejar escapar agua. En cierto sentido me siento como una de ellas.

-¿Por qué lo dices? -él la contempló intrigado.

-Las flores son efímeras, mi querido muchacho, y su belleza muchas veces es tan incomprendida como los sentimientos invadiéndonos a causa de una marea alta -la rubia ahora estaba metida en su personaje de poeta beat-. Son remolinos que nos arrastran a un fondo que creemos conocer pero sólo nos estampan el peso de nuestra equivocación. Muchos hablan de hacer sacrificios pero bien pocos se atreven a unir la acción a la palabra. Cuando yo abandoné mi país hace algunos años para venir a Japón en busca de una nueva vida, entré a un territorio con un idioma y costumbres que no entendía y me abrí paso a puro ñeque.

-No deberías desmerecerte tanto, ¿sabes? -Naoki habló con voz inocente-. Aprendiste haciendo y tu talento para los negocios ya lo quisieran muchos.

-Es esfuerzo, Naoki, no talento, cosa que yo jamás he tenido. Nuestra especie, si bien cuenta con bendiciones como la resistencia física o la adaptación, aprendió las más valiosas lecciones al interactuar con humanos en tu molde y en muchos otros. Una de ellas tiene relación con el trabajo duro, la consistencia y la repetición. De allí nace el método...

-...y el método garantiza orden. Sólo con orden y leyes podemos tener libertad de ser lo que deseamos -completó él-. Eres perversa, Annika, robándome la paradoja así sin más.

-Siempre puedes devolverme la mano cuando lo estimes conveniente -ella lo miró con anhelo, casi coqueteándole en su peculiar estilo-. Nuestras vidas como especies, seamos humanos o Kobolds, se han construido sobre esta y muchas otras paradojas a lo largo de los siglos -carraspeó-. "Si deseas paz has de estar listo para la guerra".

-"Si lo haces es malo y si no, también" -continuo él.

-Yendo a nuestro caso particular, se me ocurre otra: "el secreto define los sentimientos más puros y también aquellos destinados a morir en las sombras". Si esta lunática quiere tener alguna chance de conquistarte (algo que dudo, a todo esto) deberá mostrar su rostro a la luz del día.

Naoki no respondió, limitándose a girar hacia su izquierda y acurrucarse un poco más en el regazo de Annika. Muy en su interior el fanático de los puzzles y los enigmas debió admitir que el calor emanando de la extraespecie era muy agradable, casi tentándolo a quedarse dormido aquí y ahora.

-¿Qué harás si ella insiste en tener algo contigo aunque le digas que no? -continuó la sueca.

-Iré a la Secretaría de Estudios en el acto y pondré una queja por escrito -retrucó el humano-. No me importa si debo hablar con el decano para enfatizar mi punto. Y si se trata de una chica monstruo, también daré aviso a MON, quien contactará a su anfitrión sin pensarlo dos veces. Lo bueno es que en ambos casos contaré contigo como testigo, según acordamos.

-Por ningún motivo me voy a perder la lección verbal del siglo -Annika le guiñó un ojo con aún más complicidad, si cabe-. Hablando de nuestros acuerdos y los datos que me has dado del edificio, ya sé cómo voy a llegar hasta la azotea sin llamar demasiado la atención.

-¿Tienes un plan?

-Casi todas las piezas han encajado dentro de mi cabeza -contestó la rubia-. La idea es que no nos vean entrar juntos porque ahí se iría todo al demonio. Sé que una buena parte del alumnado comienza sus clases a las ocho el lunes, así que si llegamos a Waseda con cinco minutos de diferencia todo irá bien.

-¿Podrías darme un adelanto? Digo, sé que yo mismo no lo he hecho con el nombre de esta mujer pero...

-A cualquier otra persona le diría que no, pero tú eres tú y contigo nunca voy a tener secretos, Naoki.

Annika lo animó a incorporarse con un gesto de sus garras y luego le habló al oído de forma pausada, casi seductora. Un ligerísimo rubor inundó el rostro del muchacho, quien no pudo sino asentir ante el ingenio de su huésped.

-¡Me gusta, me gusta! -el menor de los Nakamoto se frotó las manos-. ¡Casi no puedo esperar a que sea mañana!

-Aún quedan unas horas de domingo y, si el reloj encima de tu escritorio está marcando la hora correcta, tus padres volverán de su reunión con sus amigos a eso de las seis y media. ¿Qué tal si gastamos algo de ese tiempo en prepararles algo memorable de cenar?

-Hazme sitio porque también tengo muchísima hambre -Naoki se levantó de la cama, más entusiasmado que nunca-. Por favor dime que vamos a cocinar esas deliciosas albóndigas suecas.

-Si hay carne en la heladera las tendremos hechas en poco tiempo -Annika se unió a él; ahora caminaban hacia el templo del sabor llamado coloquialmente "cocina"-. De lo contrario un Pyttipanna casero será grito y plata.

Al final terminaron haciendo ambas cosas y pusieron el último cubierto en la mesa cinco minutos antes de la llegada de Kunio y Riisa, quienes casualmente venían con un hambre titánica y se repitieron el plato dos veces; no faltaron elogios para las dotes culinarias de ambos. Humano y Kobold se limitaron a mirarlos con satisfacción mientras devoraban porciones más modestas, disfrutando hasta el final el sabor de los vegetales salteados y mezclados con huevo frito más la espesa salsa de carne. Una vez se retiraron los progenitores a su cuarto, ellos siguieron su ejemplo treinta a cuarenta minutos después.

Faltando 300 segundos para las ocho de la mañana, Naoki Nakamoto miró a ambos lados un par de veces antes de empujar la puerta del despacho ubicado en el cuarto piso, a un tiro de piedra de las escalas conectando el ala oeste con el resto del campus; meros pasos más allá nacía otra llevando a la cima del edificio principal. Suspiró de alivio al verse solo entre los señoriales muebles decorando la salita de espera donde la secretaria pasaba sus días contestando correos electrónicos, tomando té o armando calendarios de eventos y charlas. Al fondo de la estancia, ubicada entre dos libreros repletos de tonos sobre diseño, estética y mecánica, se veía una puerta con un intimidante cartel blanco.


Privado.

No entre hasta que se lo indiquen.

Las citas deben pedirse con al menos 24 horas de anticipación, sin excepciones.


Estos eran los dominios de la lunática, de aquella insigne depredadora que seguramente estaría esperándolo en la planta superior para hacerlo suyo luego de una febril confesión. Cabía la posibilidad, eso sí, de que recapacitara y rechazara continuar con semejante charada por respeto a su profesión y al grado que ocupaba dentro de Waseda. Todo ello se quedó en mera teoría al encontrar, sobre el escritorio y junto al computador de su subordinada, un papel doblado con frescos toques de melón y cítricos.

"Es de ella, sin dudas", pensó mientras lo desdoblaba y leía su contenido.


TE ESTOY ESPERANDO. NO FALTA NADA PARA QUE SEAMOS UNO.


Colocó el mensajito en el bolsillo de su gruesa chaqueta y abandonó la oficina sin perder un instante. No le sorprendió encontrar abierta la puerta porque ello se conectaba a la presencia de su admiradora en las cercanías, si bien su primera clase iba a eso de las 10 AM. Nada más enfilar hacia las escalas sonó la campana dando inicio a la hora de apertura y por el otro extremo apareció una Annika jadeante, mas no menos determinada a acabar con todo el show de una buena vez.

-Creí que no llegaba -la Kobold ajustó un poco su overol color verde petróleo-. Tuve que ayudar a instalar dos proyectores en el auditorio antes que me dejaran en paz.

-¿Y nadie te llamó la atención? -él se veía legítimamente sorprendido.

-¿Por qué habrían de hacerlo? -ella le golpeó levemente el hombro izquierdo-. Recuerda que ahora soy Annika, asistente de piso de la Facultad de Ingeniería. Sólo espero que nadie más requiera de mis servicios porque por ningún motivo te voy a dejar sin apoyo ante esa loca. A todo esto, ¿anda por aquí?

El muchacho le mostró el mensaje perfumado, el que ella olió y usó para sacar un par de conclusiones.

-Está absolutamente descocada y sabe que va contra el tiempo -dijo con un resoplido; ella no usaría un perfume tan fuerte-. Sus feromonas casi se salen de los gráficos.

-¿Puedes deducir todo eso sólo con una muestra de aroma cítrico?

-Su esencia aún impregna lo que nos rodea, mi querido Naoki -retrucó la liminal una vez inhaló hasta el fondo el aire del corredor-. Ahora ve tranquilo, que ante cualquier anormalidad saldré de las sombras y te daré una mano.

-¿Recuerdas la señal?

-Abrirás tus brazos como si fueses a recibirla y luego te harás a un lado -la sueca se sabía de memoria su lección-. Respira profundo, da media vuelta y camina hasta la escala. Ah, una última cosa.

-¿Qué?

Sin poder contenerse, Annika le dio un enorme abrazo, restregando su nariz contra el cuello del humano como si deseara pasarle toda su valentía en un intercambio profundo, secreto, único en su clase.

-Cuídate -suplicó la muchacha peluda.

-Lo haré, Annika. Y termine como termine esto -él la besó con mucha suavidad en su mejilla a modo de agradecimiento-, recuerda que nunca dejaré de agradecerte por darme tanto apoyo.

-Cuando quieras, chico. Cuando quieras.

Naoki recorrió cual exhalación los veinte pasos separándolo de los peldaños guiándolo hacia lo que él denominó en ese mismo momento una dimensión paralela. Ni siquiera sintió el eco de sus pasos conforme ascendía gradualmente, abriendo la puerta de seguridad mediante un fuerte empujón de la barra central y recuperando la conciencia cuando el frío aire mañanero azotó su rostro. Ante él se extendía una terraza enorme cubierta de baldosas tan grises como el cielo cuya única muestra de originalidad era un sol brillando cual disco plateado entre nubes rasgadas. No parecía que fuera a llover... ni a hacer calor hasta nuevo aviso.

Caminó hasta la baranda separándolo del vacío y contempló desde las alturas el enorme patio del campus, cuyos árboles de cerezo comenzaban a quedarse sin pétalos luego de alegrar tantos días de primavera y verano. Con excepción del personal de mantenimiento que se dedicaba a cortar el pasto o podar los setos junto a los pulcros senderos de gravilla, el mapa estaba en blanco. Cualquier alumno que llegara a esa hora a clases debería esperar en el pasillo hasta que los profesores, dependiendo de su humor, lo dejaran entrar luego de un escarmiento para los libros de historia.

"A saber cómo Annika habrá conseguido hacerse con un uniforme", murmuró para sí mismo. "No quiero ni pensar cómo va a estar el dueño del casillero cuando se entere de semejante cambio de planes".

Suspiró. Sabía bien que su huésped y mayor aliada no era ni ladrona ni intrusa, pero no pudo evitar sentir algo de inquietud por ella una vez cruzara el límite separando lo legítimo de lo clandestino. La chica monstruo, a fin de mantener las apariencias, llegó al punto de imitar el aspecto de un auxiliar hasta la gorra verde petróleo y los gruesos zapatos negros.

Nuevamente volvió al presente cuando sintió, casi azotándole la nariz, el vaho de melón y cítricos flotando a su alrededor. Agarró el frío metal cilíndrico casi por instinto, cerrando los ojos e intentando encontrar el valor que la Kobold le transfiriera mediante ese sincero abrazo. Cerró los ojos una vez halló la hebra en su mente, acompasó su respiración a la helada brisa azotando el techo y volteó. Lo siguiente que supo fue el leve toque de manos femeninas, ciertamente humanas, en sus mejillas.

-Por fin estás aquí -se dejó escuchar una voz sedosa, madura, asombrosamente franca-. Creí que este día, amado mío, nunca llegaría.

Naoki abrió sus ojos, sintiendo una punzada de decepción ante el peso de tal visión.

-Profesora Sakaemura -replicó, yéndose un poquito hacia atrás-. Verla aquí no me sorprende nada.

La mujer, de nombre Yukari y tan admirada como temida por colegas y estudiantes debido a su severidad y dominio intelectual, tenía como especialidad el CAD (diseño asistido por computadora) y era casi una eminencia en el sector. Dictaba clases sin discriminar si su audiencia estaba compuesta por novatos o veteranos a punto de graduarse. De 34 años de edad y con un cuerpo estupendamente dotado aún bajo gruesas capas de ropa, su cutis blanco la hacía parecerse a una Yukionna pero las comparaciones acababan al fijarse en sus ojos verdes, repletos de anhelo y amor por él. Bajo su largo impermeable negro se veían botas del mismo color, curiosamente bien combinadas con una cabellera larga, sedosa y de perfecto azul oscuro. No llevaba maquillaje ni joyas; su único toque de vanidad era la fragancia de Issey Miyake. Medía, botas mediante, cuatro o cinco centímetros más que su presa.

-¿Por qué tienes esa cara tan enfadada, Nakamoto? -inquirió la fémina, dando un par de pasos hacia él-. Tú y yo sabemos perfectamente bien de qué va esto.

-Sólo estoy decepcionado -el chico sacó la verdad a relucir-. No puedo creer que mi deducción inicial, gatillada por la palabra "tabú" y el aroma que ahora mismo acaricia su piel, estuviera correcta.

-Veo que has estado haciendo los deberes como corresponde -continuó Yukari, acercándose un poco más-. Si bien a veces mi boca me traiciona, prefiero decir lo que está en mi mente en vez de quedarme callada y perpetuar las dudas. Sé lo que pasa ahora mismo por esa cabecita tuya, Nakamoto, pero antes de responderlas me permitiré hacerte una pregunta.

-Ahora no estamos en clases.

-¿Puedes olvidarte de los malditos estudios por un momento? -la peliazul endureció su voz-. Ya te dije que aquí ambos somos responsables. El tango no puede bailarse a solas y lo sabes.

-Hable, entonces -Naoki intentaba ser lo más duro posible para desincentivarla de seguir.

-¿Dónde está tu amiguita que hace de guardaespaldas? -dijo Sakaemura, intentando acariciarle el mentón sin éxito-. Ya sabes, aquella Kobold rubia que es de tu misma estatura y tiene una cara de tonta que no puede con ella.

-¡No la insulte ni la meta en esto! -el chico se vio forzado a repeler otro intento de contacto con un bofetón a la muñeca-. Ella es mi huésped y este es un asunto que he manejado de forma exclusiva.

-¿Te han dicho que mientes muy mal?

-No estoy mintiendo, profesora.

-Ahora no estamos en clases -Yukari le robó magistralmente la frase, algo que lo desagradó en extremo-. Llámame por mi nombre, Nakamoto. ¿O debería decirte Naoki para que estemos en igualdad de condiciones?

-Haga lo que quiera, pero acabe de una vez.

-¿Acabar? -rió la mujer-. Oh, Naoki, esto no ha hecho más que empezar.

El chico de negra cabellera no consiguió disfrazar su disgusto, desplazándose hacia su derecha pero sin quedar fuera del rango visual concedido a la escalera. Sakaemura lanzó una risita cristalina, bastante cruel considerando las circunstancias, al tiempo que extendía sus brazos a todo lo que daban.

-Eres más tierno de lo que creía, corazón -ella elevó un poco su voz pero no llamó la atención de nadie más-. Tal condición fue la primera de muchas que me llevó a rendirme a tus pies al verte entrar a mi primera clase hará un año.

-¿Qué? -el aludido casi se pellizcó las manos-. ¿Lleva un año enamorada de mí y más encima a primera vista?

-Así es, Naoki -respondió Yukari, su voz más suave y tierna-. Durante mucho tiempo busqué sin éxito a un hombre que pudiese aceptarme y quererme por lo que soy, no por la absurda reputación que me tiene con el apodo de "La Bruja de Waseda". Soy exigente y disciplinada, es cierto, pero mi profesión como ingeniera mecánica lo exige a modo de condiciones indispensables para alcanzar el éxito. Sin orden nada prospera, algo que tú, en tu primer trabajo presentado ante tus compañeros, demostraste entender a mi propio nivel. Al verte disertar sobre los pistones y sus aplicaciones te noté tan inocente, tan maleable y tan puro que mi corazón, ya flechado por tu aura de niño pequeño con responsabilidades de adulto, se derritió a los cinco segundos.

-¿Por eso fue que no me hizo ninguna pregunta una vez terminé de hablar? Ese, si mal no recuerdo, no fue mi mejor trabajo, al menos si la calificación que me puso sirve de prueba.

-¿Qué podía preguntarte si ya lo sabías todo de memoria? -se justificó ella-. Admito, ahora que estamos solos, que ponerte 80 puntos cuando merecías 110 no fue por un arrebato de malicia sino para estimularte a abrir tu mente, a pensar más allá de lo establecido en libros y esquemas. Sé que tu mente está definida por el Síndrome de Asperger, Naoki, así que debí obrar con todo el tacto posible a fin de no asustarte. Por eso siempre escribía en rojo la palabra "tabú" en tus pruebas.

-Entonces buscaba desarmarme -bufó él-. Buscaba deconstruirme como uno de esos modelos prefijados que vienen con el software de CAD. Desde ya le digo que no tiene derecho a ello.

-A simple vista puede sonar así de crudo pero simplemente quería, no, anhelaba ver tu asombroso intelecto desarrollando todo su potencial -otro intento de acercamiento de Yukari quedó en nada porque él seguía retrocediendo, esta vez formando un extraño círculo-. Una persona como tú, marcada por la inocencia tanto como por su respeto incondicional a las reglas, no es fácil de conocer ni de convencer a dejar las zonas cómodas. Yo misma he sido culpable de actuar conservadoramente en incontables instancias previas, pero cuento a mi favor con una personalidad que ha enseñado a otros a guardar distancia en caso necesario. Adoro la enseñanza y siempre he querido que mis alumnos, desde el más verde hasta el más fogueado, piensen por sí mismos.

-¿Y quiere hacerme pensar por mí mismo a punta de acoso, profesora? -Naoki levantó su tono de forma amenazadora-. No pierda su tiempo ni el mío, por favor.

-Deja de llamarme así, por lo que más quieras. El mundo está hecho de tabúes -ahora Sakaemura alcanzó a tomarle las manos- y romperlos es la única forma de conquistarlo. Nuestros predecesores también eliminaron los límites de generaciones previas y nuestros sucesores harán lo mismo conforme vayan reemplazándonos. Por eso recurrí a enviarte mensajitos de forma gradual e intentar, aunque mis posibilidades de éxito fuesen escasas, descubrir esa faceta tuya con la que incluso he llegado a soñar miles de veces, incluso estando despierta.

-No estará hablando en serio...

-Hablo muy en serio, Naoki. Sentí que me arrojaba al vacío al dejarte el primer mensaje, impregnado en este mismo perfume que ahora llevo y que es parte de mi vida tanto como los mecanos son de la tuya -Yukari sacó a relucir su faceta inspirada-. Estudié tu horario y tu rutina a fin de dejarlos cuando nadie pudiese darse cuenta; cualquier otra cosa habría significado el fin de mis esperanzas y planes. Cuando me dejaste aquella primera respuesta casi me dio un ataque y atesoré ese papel como si de un mapa del tesoro se tratara. Tarde o temprano pensaba revelarme ante ti y contarte las mismas cosas que he dicho ahora.

-Déjeme adivinar: nuevamente somos ambos culpables de semejante demora -el menor de los Nakamoto empezaba a impacientarse-. Acláreme algo más, profesora...

-¡No me llames así! -imploró la fémina peliazul-. Di mi nombre, por favor, aunque sea una vez. Es lo más sencillo del mundo: Yu-ka-ri.

-Yu-ka-ri -devolvió él, marcando cada sílaba-. Le guste o no, voy a seguir hablándole formalmente porque usted y yo estamos en escalafones jerárquicos diferentes. Ahora acláreme lo que le iba a pedir hace un rato.

Suspiró hondamente antes de lanzar su pregunta.

-¿Por qué yo? Sólo en esta facultad hay muchos otros hombres más dignos de una mujer inteligente y sofisticada como usted.

-Y así dices que estamos en escalafones diferentes -Sakaemura se sonrojó.

-Lo estamos. Responda mi pregunta, por favor, porque de lo contrario no podré hacer un juicio con todos los antecedentes.

-Vale, ya hablaré -Yukari giró sobre sí misma un par de veces, dejando su cabello acariciar el frío aire-. Ahora que estamos nuevamente cara a cara, Naoki, diré que no sólo es tu intelecto el que te hace irresistible. ¿Sabías que hay al menos otras nueve o diez chicas aquí en Waseda que también se derriten por ti pero también lo mantienen oculto por miedo al qué dirán?

-Por favor...

-De mis labios sólo brota la verdad, niño lindo, aunque ninguna de ellas siquiera podría compararse a mí -le sonrió picarescamente.

-¿Quiénes son, profesora?

-Da lo mismo quienes sean porque carecen de cualquier oportunidad -Yukari sacó su lado duro nuevamente pero volvió rápido a su placidez-. Te admiro tanto por tu inteligencia, como ya dije, como por esa inocencia y gracia inherentes a una persona que no ha sido sometida a las influencias más perniciosas del mundo moderno. Sé que en esta universidad sólo estudian los mejores y sobran talentos tanto en los deportes como en las artes y el debate. Sin embargo tú, con tu gusto por los puzzles y los ingenios mecánicos, surges a la usanza de un original géiser entre el manto uniforme de la rutina. Tienes toda una vida por delante para forjar según lo que desees emprender, asumiendo la responsabilidad de tus acciones y con pleno derecho de cosechar sus resultados limpiamente ganados. Ningún hombre de mi edad, Naoki, se compara contigo. Todos son unos tontos ocupados, atrapados en relaciones sin amor ni consuelo.

-¿Y por qué no rescata a uno de ellos, entonces?

-Porque no me interesa atarme a una causa perdida. Tú eres soltero, igual que yo. Te gustan las cosas sencillas; en eso también nos parecemos. Anhelas la tranquilidad y la intimidad del hogar, como seguramente lo muestran tus modales forjados a la usanza tradicional -explicó la profesora-. Tal vez hayas tenido uno o más hermanos pero ahora estás solo, lo que te da una inusitada libertad cuyos compases pruebas poco a poco. ¿Estoy o no estoy en lo correcto?

El menor de los Nakamoto no contestó, sintiéndose extrañamente acorralado. Casi por instinto abrió sus brazos y deslizó su mirada muy disimuladamente hacia la izquierda, hacia donde creía que estaba Annika. "Si alguien la saca de allí para pedirle ayuda con lo que sea, estoy frito", pensó. Para su mala fortuna, Yukari interpretó tal gesto como una concesión y lo estrechó contra sí misma con devoción digna de una Kobold.

-Veo que estoy en lo cierto -murmuró ella-. ¿Te costó mucho admitir lo evidente, niño lindo?

-No estoy admitiendo nada -Naoki intentó desembarazarse de su férreo agarre-. Peor, ahora me entero que usted tiene una calentura conmigo porque a sus ojos soy un niño inocente, casi como de diez años. ¿Tiene idea de lo que acaba de decir?

-¡Naoki, me ofendes! -la peliazul reaccionó dolida-. Yo no soy una pedófila ni una ninfómana. Sé que entre nosotros hay como 14 o 15 años de diferencia pero ambos somos adultos y esto puede funcionar si los dos ponemos de nuestra parte. Yo te quiero mucho y estoy dispuesta a...

-...a comprometer su prestigio y carrera por un sueño sin destino -la interrumpió él, una vez más tratando de poner distancia entre ambos-. Profesora, no dudo de la sinceridad de sus sentimientos, mas he de arrojar agua al fuego porque no tengo más remedio. Yo la admiro mucho porque sé que domina su materia como nadie y me ha animado (correctamente) a pensar fuera de la caja, a desafiarme cada día conforme el siguiente proyecto toma forma. Sin embargo, lo último que deseo es ver esa experiencia manchada por algo absolutamente carente de ética y moral. Usted es una docente, yo un simple alumno. Entre nosotros no puede existir nada porque el reglamento de Waseda lo impide bajo férreas penas. ¿Quiere soltarme de una buena vez?

-No te voy a dejar ir, Naoki -contraatacó Yukari-. No ahora que te tengo junto a mí.

-¡Escúchese! -un tercer intento de soltarse tampoco tuvo éxito; ahora le daba lo mismo alertar a Tokio entera-. ¡Si la gente se entera que usted siente algo por mí todo se verá trastocado! Con ello me refiero no sólo a mis notas sino a la misma neutralidad del proceso educativo. Lo mínimo que pensaría la comunidad es que la estoy seduciendo para obtener mejores calificaciones o, visto desde otro lado, que me evalúa de forma distinta a los demás por el mismo rendimiento en clases. Ambos seríamos juzgados ante un tribunal y nos caería el peso de la ley académica con merecida justificación. Yo no quiero obtener un título de forma viciada; antes preferiría que me expulsaran de aquí e irme a otro sitio para partir de cero.

-Nadie tiene que enterarse -la fémina comenzó a desesperarse y verse más vulnerable-. ¡Dame una oportunidad, por favor! En clases seremos el alumno aplicado y la profesora exigente, pero fuera de ella, cuando nadie nos vea o estemos lejos de aquí, podríamos intentar actuar de forma más natural. No necesitas seducirme, Naoki, porque yo misma estoy rendida a tus pies. Si me dijeras que salte, yo preguntaría cuán alto. Si quisieras que matara a alguien que te molesta, lo haría sin cuestionar. Y si...

-¡Basta! ¡Basta, por lo que más quiera! -ahora él consiguió liberarse y corrió unos cinco metros hacia la escalera-. ¡Reaccione, profesora! ¡No me haga abofetearla porque jamás podría herir a una mujer! Esto, esto no puede...

Sucedió lo inevitable. Abrumado por la presión y el respeto hacia Yukari arraigado en su propio corazón, Naoki apretó los puños al tiempo que cerraba los ojos y rompía a llorar. Alejóse instintivamente al sentir los pasos de su contraparte dirigirse hacia él. No quería saber nada de ella. No quería alimentar falsamente sus esperanzas. No quería arruinarle su vida personal y profesional con una aventura ilusa.

-¡Vuelve aquí, corazón! -Sakaemura buscaba abrazarlo una vez más-. No llores, te lo suplico. No llores.

-¡Déjeme en paz! -ahora él la miró con un semblante destruido, casi cadavérico, deseando tener cerca a Annika para refugiarse en ella-. ¡¿Cómo cree que me siento?! ¡Yo, que nunca soñé verme amado así en mi vida, descubro que mi acosadora, aquella lunática que me dejaba mensajitos anhelantes, es una de las personas a las que en mejor estima tengo! Dice que me ama pero lo único que está consiguiendo con esto es un sufrimiento mutuo, amargo cual cianuro -elevó aún más su voz quebrada-. Profesora, aún si usted y yo fuésemos de la misma edad, aún si hubiera estado desesperado porque alguien me quisiera... no habría podido corresponderle a pesar de ser usted una mujer con las cosas bastante claras. No participaré de esto por las implicancias éticas que tiene y también por algo más.

-¿Algo más? -Yukari tenía un claro timbre de temor en su voz.

-Sí, Yukari -Naoki la llamó por su nombre, arrojando su precaución al viento inundando la azotea-. Algo más. Mi corazón ya tiene dueña.

Ni la humana ni la Kobold se miraron al escuchar eso, pero las almas de ambas se fueron de bruces al primer piso tras escucharle decir eso. Annika, sin embargo, era la más afectada, apenas impidiendo sus propias lágrimas brotar ante la perspectiva de que otra muchacha, fuese humana o liminal, se acercara al muchacho entre todo el fragor del misterio y lo conquistara. Verlo alejarse explícitamente de la loca de su maestra le prestó un alivio breve, posteriormente pulverizado por esta nueva revelación. La sueca arrojó su gorra al piso de la escala de pura impotencia, golpeando después la pared con sus peludos puños aunque sin delatarse. Su mente y alma ardían en dolor, sí, pero no lo iba a dejar solo. Ya le pediría una explicación.

-¿Quién es? -cuestionó Sakaemura, derechamente desquiciada por el peso del rechazo-. ¿Quién es y por qué no me enteré de su existencia hasta ahora?

-Mis asuntos personales no son de su incumbencia, profesora, pero si los he traído a la palestra es para hacerle ver de una vez por todas que sus ilusiones vanas carecen de asidero real -el chico ahora pasaba factura de forma quirúrgica-. Esta chica y yo nos conocemos hace algún tiempo y hemos aprendido, a pesar de nuestras muchas diferencias, a apreciarnos como lo harían dos amigos del alma.

-Hablas de tu guardaespaldas, ¿no? -ahora Yukari sonaba incrédula-. ¡No puedo creer que hayas caído en el cliché más absurdo de todos! ¿De verdad crees que alguien así de servil podría darte lo que yo?

Tales palabras, dichas con desprecio digno de un dios mirando a los pobres e incivilizados mortales desde su torre de marfil, terminó siendo la gota que rebalsó el vaso de forma simultánea. Naoki sintió asco ante semejante muestra de desprecio por su huésped y esta, sin más ganas de seguir observando pasivamente, abrió la puerta con tanta fuerza que casi la desencajó. Entró a la arena presa de la furia, sus lágrimas desterradas al olvido más absoluto.

-¡A mí no me insulta, depravada! -la extraespecie se paró junto a Naoki y apuntó directo al pecho de su rival-. ¡Sólo sobre mi cadáver corromperá a este maravilloso muchacho con sus pérfidas artes!

-¿Qué diablos haces vestida de auxiliar? -devolvió la docente-. ¿Acaso robaste ese uniforme para colarte aquí?

-Tomaré prestadas las palabras de mi amigo y diré que eso tampoco es asunto suyo -bramó la Kobold-. Sus credenciales académicas, señora Sakaemura, serán muchas y muy granjeadas pero ni el máximo dominio de la mecánica la faculta a juzgar las intenciones y anhelos de Naoki Nakamoto. Ya le dijo que no puede amarla porque tiene a alguien más y sé, conociéndolo como lo conozco, que no miente. ¡Él no es de esos que rompen sus compromisos así como así porque ha sido bien criado, a diferencia de usted!

-Annika, ya basta -el pelinegro intentó calmar las aguas.

-¡Ahora no, Naoki! ¡Déjame decirle a esta tonta un par de verdades! -ella lo paró en seco antes de fusilar sin miramientos a la humana-. ¡¿Acaso no ha notado, mujer ridícula, lo patética que se ve ahora mismo?! ¡Es una sorda sin remedio porque esa calentura suya, que ni siquiera es amor, la ha cegado por completo! Tal vez yo no sea una Houri o una Cupido pero tengo bien claro, como fémina que soy, la diferencia entre el amor y la lujuria. Mi anfitrión, amigo y colega habla con la más absoluta verdad y lo apoyaré sea cual sea la decisión que tome. Sé hasta el último detalle del misterio, desde las notitas que le dejaba hasta el perfume que impregnaba en ellas, adquirido hará poco más de un mes en una tienda no lejos de esta facultad. La dependienta que me atendió y le vendió la última botella de aquella partida se acordaba perfectamente de usted y su particular uso de la palabra "tabú". Para ese entonces él ya sabía su identidad como la "lunática de las cartas", aunque no me lo reveló por privacidad y lo acepté. Yo nunca le impuse nada a la hora de ayudarle porque entiendo bien la definición de espacio personal. Mi especie tiene estándares bastante más férreos que el patético remedo que ha levantado para justificar todo este show.

-Cuida tu lengua, Kobold -la profesora pasó a un tono amenazante-. Sabes perfectamente que no puedes hacerme daño si no deseas tener problemas con la agencia.

-Esa restricción también se le aplica, señora.

-Es cierto, pero estaría dispuesta a violarla si eso implica quitarte de en medio.

-Somos dos. Arrójeme su mejor golpe si se atreve.

-Hablas con mucho aplomo para alguien que va a ser desterrada más temprano que tarde -Yukari intentó lanzar su última carta-. Además, hay algo en que no has reparado: Naoki ha mentido.

-¡No mintió!

-¡Sí lo hizo! Y antes que digas nada, Nakamoto, permíteme decirte que soy tan buena observadora como tú -reveló su argumento-. Cuando me hablaste hace un rato noté que mirabas hacia arriba, moviendo tus ojos a la derecha de cuando en cuando. Esa es señal inequívoca de alguien en proceso de inventar la primera excusa que pilla. Tú mismo dijiste hace un rato que jamás pensaste verte amado, lo que se aúna a tu absoluta inexperiencia en las lides del corazón. Esa novia tuya no existe, ¿verdad?

-No es novia pero lo será dentro de poco, Yukari -el chico defendió su metro cuadrado-. Nada podrás hacer para impedirlo.

-Claro que lo haré porque te aferras a una invención, chiquillo -la peliazul le devolvió la cuña con aún mayor maestría que antes-. Eso es algo que puede arreglarse con algo de tiempo y dedicación, ambas cosas que estoy dispuesta a concederte porque soy en extremo generosa. Mis sentimientos nacen de la realidad y la verdad; tal fue tu juicio al respecto y es completamente acertado.

-¡Déjelo en paz, mujer loca! -Annika pasó al desprecio-. Rehaga su vida, sea digna y concéntrese en rescatar a uno de esos "tontos aburridos" que mencionó antes en vez de gastar sus municiones con alguien que nunca podrá corresponderle. Antes que ponga cara de sorprendida, diré que escuché desde detrás de la puerta toda la charla sostenida entre Naoki y usted.

-¿Me llamas a mí ilusa, niñata ridícula? ¡Mírate! ¡Si hay alguien aquí aferrada al vacío eres tú! Defiendes a Nakamoto sólo porque es tu anfitrión, para ganar puntos con él y también con el coordinador que te fiscaliza. ¿Qué diría si alguien le contara que me amenazaste físicamente?

-Antes le habría dicho yo que usted expresó su intención de golpearme -retrucó la chica peluda-. Un proverbio de mi gente dice que nunca hemos de criticar la suciedad de otros sin lavar antes nuestras propias manos. He ahí una lección que debería escribir mil veces en la pizarra hasta que se la aprenda.

Entendió Naoki entonces que no había caso. Ninguna de las dos quería ceder y a la más mínima seña saltarían al cuello de la otra, alertando con ello a la comunidad universitaria en pleno.

En un rincón estaba Yukari Sakaemura, aquella maestra famosa por su dominio y temida por su estricta forma de evaluar, dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias (incluyendo arriesgar su cátedra) para estar con él, habiendo cruzado oficialmente los límites de la obsesión que le valiesen el acertado apoyo de lunática. Sintió pena por ella, mas nada podía hacer para moverla a otra casilla del tablero. En el otro aparecía Annika Torma, la Kobold a la que consideraba su mejor amiga y también inspiración para abandonar sus rincones más confortables. Gracias a ella aprendió a patinar, a flexibilizarse y apreciar los sabores de la buena compañía. Ya fuese cocinando, jugando juegos de mesa o luchando contra el resbaloso hielo, siempre estuvo ahí para darle una garra. Varias otras piezas se unieron en la cabeza del muchacho, ya fuese alimentadas por el efecto adormecedor de la pregabalina o un buen baño luego de un costalazo bajo la lluvia. Más de alguna vez se preguntó por qué ella no tenía novio a pesar de su belleza y edad. La última hebra, conteniendo la respuesta otrora esquiva, encajó por obra y gracia de una frase lanzada por Riisa, su madre:

Ve con cuidado, hija. No vaya a ser que esta fémina te quite a mi niño bajo tus propias narices.

-Aquí nadie se irá a las manos con nadie -cortó él de plantón-. No habrá bofetadas ni patadas ni recriminaciones ni amenazas de juicios. Quiero pedirles a ambas que se tranquilicen y escuchen muy bien lo que voy a decir -carraspeó; le dolía la garganta tras hablar tanto-. Yukari, lamento que te hayas enamorado de alguien como yo, aburrido hasta decir basta y que no puede corresponderte, pero lamento aún más que no fueses franca desde el comienzo con tus propios sentimientos. Sí, miré a la derecha mientras te hablaba pero no porque estuviera torciendo la verdad sino porque me dolían los ojos a causa del llanto que lanzara hace poco. Ello queda eclipsado por un dolor aún más grande: el de saber que nunca podré volver a mirarte de la misma forma. Antes eras un ícono en lo profesional y ahora... no sé cómo clasificarte.

-Naoki, a mí me dolió más que a ti, pero ya te expliqué mis razones. Obré como creía correcto y ahora veo que me equivoqué medio a medio -la peliazul tragó saliva-. He sido una tonta.

-Sólo actuó cegada por el amor que creyó encontrar en mí, profesora. Usted no es ni será una tonta con semejante inteligencia a su servicio. En cuanto a ti, Annika -ahora puso a la extraespecie entre ceja y ceja-, recurrir a la violencia nunca es la respuesta porque lo único que logras con ello es degradarte. Jamás, en todos los años que has vivido con nuestra familia, te vi perder el control así y sentí, para ser honesto, miedo de hallarme ante un lado oculto que tal vez ninguno de los dos pudiera controlar.

-¡Pero si tu profesora desató todo este torrente con sus ridículas cartitas de amor! -se defendió la sueca-. Sé que mis palabras no fueron apropiadas, Naoki, pero quería protegerte de sus sucias maquinaciones.

-Lo tengo muy claro y por eso te lo digo. Obrar sin golpear es la seña de que somos civilizados. La violencia nunca será la respuesta; eso queda para los criminales y los corruptos.

Acto seguido vino lo más sorprendente: el humano le acarició con cariño las orejas y después pasó a las mejillas, casi tocando la comisura de sus labios perrunos. Annika se sonrojó entera, señal exacerbada por el pálido color de su pelaje, y casi se desmayó cuando el muchacho al que amaba con todo su ser le dispensó un abrazo cariñoso.

-No quiero ver a ninguna de las dos tristes ni furiosas por mi causa -mencionó Naoki una vez se separó de su huésped-. Profesora, usted es una mujer maravillosa en muchos sentidos pero aquí no tiene esperanza alguna. Alguno de esos hombres aburridos seguramente resultará ser más divertido de lo que cree y la hará feliz. Quién sabe si el destino ponga una extraespecie en su camino y le ayude a abrir sus propios límites. He ahí un tabú que, en mi propia experiencia como anfitrión de esta muchacha junto a mí, sí vale la experiencia derribar. Esas son mis últimas palabras al respecto.

El menor de los Nakamoto acudió a despedirse de ella, besando sus manos y luego regalándole un abrazo. Después tomó del hombro a la fémina peluda y se la llevó escaleras abajo, cuidando de cerrar bien la puerta llevando a la azotea. Ninguno de los dos pronunció palabra hasta que se encontraron fuera de la facultad.

-¿Qué hay de tus clases? -preguntó ella sin entender bien por qué estaban en un café y no en la zona de los casilleros-. Creí que te tocaba mecánica con el maestro aburrido.

-No voy a verme las caras con Binns después de esto -contestó él tras ordenar dos tazas de chocolate caliente-. Ya te dije que semejante cambio de marcha sería perjudicial, especialmente ahora que involucra nuestra sanidad mental.

-¿Nuestra...?

Nuevamente el corazón de la Kobold estuvo a punto de paralizarse. ¿Acaso Naoki, su Naoki, iba a decir lo que ella pensaba en esos momentos?

-Te conozco bien, amiga mía, y sé que cuando hablé de amar a alguien para cortar de raíz las esperanzas de Yukari tu alma casi se fue al suelo. Lamento si te causé sufrimiento con ello -hizo una reverencia breve- pero he de expresar que tus miedos son infundados y haré todo lo posible para compensarte por esto... porque eres tú a quien amo.

Las lágrimas que la liminal suprimiese antes con éxito fluyeron ahora sin oposición. Se sintió en un sueño, un hermoso sueño del que no deseaba despertar nunca. ¿De verdad este muchacho, al que calificara en su mente de "niño lindo" incontables veces mientras fantaseaba con confesarse, se había anticipado a ella con semejante desplante? Se limitó a escuchar mansamente conforme él vaciaba sus sensaciones previas al término de la trifulca, conectando magistralmente todos los puntos uniendo las esferas de la compasión, la preocupación, el cariño y la entrega más absoluta.

-Raya para la suma, Annika, tú me completas como nadie más podría. Sin ti seguiría siendo un muchacho introvertido y encerrado en mi propio mundo, aislado por completo del sentimiento más maravilloso de todos -él tomó sus manos con devoción-. Durante toda esta semana di vueltas, en la más absoluta reserva, a cómo podría declararme una vez pusiese en su lugar a mi profesora. Entonces pensé en un par de buenos amigos tuyos, Pachylene y Eddie Maxon, para obtener las respuestas que requería. A veces te escuchaba referenciarlos cuando hablabas contigo misma.

-Si he de ser honesta, Naoki, también operé en una clave similar durante mucho tiempo. Es cierto que ambos fueron desde el primer momento mi modelo a seguir; gracias a una mención de Pachy me enteré que las parejas entre humanos y chicas monstruo no eran ilegales -tragó saliva la Kobold y bebió lo último de su taza-. Desde esa primera partida de ajedrez en la que me derrotaste sin apelación sentí algo especial por ti que mutó gradualmente en un amor incondicional, superando los siete años de diferencia existentes entre nosotros. Entonces, cuando me enteré que otra mujer quería poseerte, me sentí mal al principio por no poder defenderte de ella. Afortunadamente me dejaste laborar contigo a fin de desenmascararla, algo que disfruté tanto como los momentos compartidos en casa o cualquier otro lugar. Enseñarte a patinar fue una forma de acercarme, de intentar mostrarte mis auténticos sentimientos.

-Ya intuía algo así, especialmente considerando ese abrazo que me pediste luego de esa partida de backgammon. Al ser yo tan inexperto simplemente me dejé llevar por ti y tu cariño sincero, Annika, me conquistó.

-Nunca fue mi intención manipularte porque yo también soy una absoluta inexperta en estas lides tan complicadas -suspiró ella-. Tampoco podía descubrirme ante tus padres porque no sabía si reaccionarían bien, así que me vi obligada a cargar con este secreto durante más tiempo del que hubiera querido.

-Al menos ahora todo ha salido a la luz y me alegro muchísimo por ello -el muchacho terminó de beber el líquido espeso y dulce-. Lo único que deseo ahora es vivir el día a día contigo como corresponde, amándote como una mujer en vez de una hermana. Si quieres venir a buscarme a la universidad, bailar conmigo en el hielo de Ginza o planear una cita loca, hazlo. Me encantará que nos vean juntos.

Sin mas ánimo de contenerse, la chica monstruo casi saltó sobre la mesa y se arrojó en sus brazos. Su gran sueño por fin era realidad y apenas cabía en sí de felicidad. Lo besó una, dos, tres y hasta cuatro veces más en esos finos labios de veinteañero, ignorando olímpicamente las sorprendidas miradas de los demás comensales matutinos.

-Y si tú, mi niño lindo, quieres enseñarme tus técnicas para ser mejor en los juegos de mesa o resolver puzzles en tiempo récord, así como armar mecanos y cocinar nuevas recetas, seré toda oídos -suspiró-. Mi mayor honor y placer, Naoki, será amarte como el hombre maravilloso que eres.

-Lo agradezco, querida. No sabes cuánto lo agradezco.

Ni la nueva pareja ni Yukari Sakaemura, quien terminó llorándoselo todo a solas en la azotea luego de ver absolutamente destruidas sus esperanzas, regresaron ese día al campus de Waseda, dándose al menos 48 horas más para procesar adecuadamente el nuevo orden de cosas. Annika convenció a su ahora novio de no cambiarse a otra clase de CAD y continuar con su antigua docente; sería la única forma de que ambos consiguiesen dejar atrás esta etapa tan complicada. Naoki recuperó rápidamente la materia de las clases perdidas e incluso se las arregló para pasar una interrogación sorpresa con nota máxima. La noche del lunes fue de fiesta en la residencia Nakamoto una vez Riisa dejó de llorar a moco tendido tras ser la primera, junto con Kunio, en saber de los nuevos acontecimientos. El canadiense y la rapaz pelirroja fueron los siguientes en enterarse cuando llegaron a patinar el miércoles por la tarde. Mientras Eddie casi le aplastó la mano al muchacho de lo fuerte que se la estrechó (disculpándose, por supuesto), Pachy sonrió con absoluta sinceridad al ver la felicidad de su amiga, quien ahora podría vivir tan feliz como ella en compañía del hombre que amaba.


Nota del Autor: El crescendo de los tres capítulos previos en que aparecen Annika y Naoki termina por estallar en esta última entrega, donde la lunática de las cartas adquiere nombre, apellido y motivaciones. Tal vez piensen que la trama de esta historia es muy similar a la del capítulo 45, cuando me topé con Fiona Langley tras 20 años sin vernos, pero la principal diferencia radica en el nivel de conocimiento y cercanía del muchacho respecto a la fémina empecinada en conquistarlo. Las relaciones sentimentales entre profesores y alumnos son siempre complicadas: muchas no prosperan o derechamente acaban mal, por lo que preferí ahorrarle tan cruel destino al muchacho. La madurez lo tocó a él tanto como a la sueca, quien pasó de ser testigo a protagonista en un giro catártico. Su reacción ante Yukari la delató en buena medida pero fue necesaria a fin de catalizar la última reacción del chico ante semejante avalancha de sentimientos.

Cuatro horas y media de trabajo sin interrupciones llegan a su fin. Gracias de corazón por sus comentarios y críticas constructivas. ¡Cuídense mucho y nos vemos la próxima semana! O como se dice en japonés, "con una novia tan linda como Annika, cualquiera sentiría ganas de alejarse de las aulas por un par de días".