Capítulo 42
Parte 2
Mi nombre es Scythe. Tengo otro nombre, pero es irrelevante en este momento.
Alguien nos está siguiendo.
Ha pasado seis días desde el inicio de nuestra expedición. Ayer, entramos a una zona que Prince llamó el Cruce Cedropiedra. No tengo idea de por qué se llama así; las piedras aquí no se parecen en nada a un cedro. Pero eso también es irrelevante. Es un hábitat para Pokémon roca que da un refugio decente contra los elementos; incluso nos protegería de los Vigilantes, excepto que ellos no vienen tan al norte. Me recuerda vagamente a un lugar que alguna vez conocí llamado el Altiplano Quebrado. Una vez que atravesemos este lugar, el camino a Zerferia estará justo adelante.
Hubo un inconfundible cambio en el viento desde que entramos a este lugar. Huele diferente. Sé que hay alguien que nos sigue la pista, a menos de medio día detrás de nosotros, aunque no puedo saber quién o qué es. Ni siquiera puedo saber qué tan rápido se está acercando.
Me pregunto qué más Arceus pueda arrojar sobre mí que ya no lo haya hecho.
Por dos razones, no puedo revelar que sé de su presencia. En primer lugar, perdería el factor sorpresa. Puedo fingir ignorancia lo suficiente para hacer que se acerque, luego intentar averiguar sus intenciones y motivos. A menos que Enigma esté tras de mí en alguna forma que no puedo comprender. Los cinco seríamos capaces de derrotarlo en batalla si es eso a lo que llega.
En segundo lugar, destruiría mi propia cobertura. Y necesito mi cobertura porque es lo único que me queda.
Tanto Prince como Arceus han destruido completamente todos mis planes. Mi primer plan murió cuando la torre apareció y Alakazam me ordenó que acompañase a Char a este maldito lugar. Mi segundo plan murió cuando Prince se rehusó a dejarme solo. El tercero se vino abajo cuando los Vigilantes atacaron y me quitaron la chance de marcharme solo con Char. Y mi última idea de trabajo fue destruida por la táctica de Prince de ocultarme la verdadera ubicación de la torre todo el tiempo.
Discuto el asunto con mis sueños diurnos, y me dicen que solo tengo una opción más. Es un peligro y un riesgo para mí y para todos estos Pokémon bajo mi cuidado, pero es todo lo que resta en este desastroso viaje.
Prince... soy un idiota por subestimarlo. Él fue uno de mis compañeros más cercanos por casi una década. Debería haber esperado que sabría cómo engañarme si se lo proponía. En lugar de eso, había esperado no encontrarme con él en lo absoluto. Mis esperanzas eran demasiado altas.
Será un oponente difícil de vencer.
Y yo... estoy tan agotado... Mi concentración se reduce a polvo... Raras veces he sido puesto a prueba como últimamente, llevando la carga de Char... No sé cuánto tiempo más pueda continuar con este ardid de cordura, esta... esta máscara que llevo. Ya se ha deslizado en momentos de furia.
Me pregunto, ¿por qué he sido escogido para hacer de guardián para este humano? ¿Qué entidad espiritual me ha estimado apropiado para este trabajo? ¿Fue Char el que me eligió? ¿Es debido a mi humildad, que solo viene de mi vergüenza? ¿O por mi experiencia, que solo viene de haber sido una herramienta del Maestro? ¿Es debido a mi habilidad de percibir la Llamada, que solo viene de mi demencia?
¿O podría ser que yo soy el único que hubiera estado dispuesto a creer en su poder, y traerlo hasta aquí? Tal vez hubiera escogido a Prince en mi lugar. Pero es cierto, Prince es todavía un debilucho. Él no aprendió nada de haberle arruinado la vida a Lily, al parecer. Él no hubiera sido capaz de distinguir la llamada que yo distinguí la noche en que los Vigilantes atacaron, y eso le habría costado la vida a Char.
Él no hubiera sido capaz de percibir que estamos siendo rastreados por un Pokémon.
De igual manera, ahora soy el guardián de Char. Yo lo traje a mi división, lo crie, y no voy a rechazar mi deber con él. Él es la respuesta a las oraciones de muchos Pokémon. Él es también un humano. No le voy a dar la espalda.
Le sirvo con lo mejor de mis habilidades, pero parece que cada día que pasa lo mejor ya no es suficiente.
¡Maldita sea! ¡Maldita sea esta miserable y desgraciada misión! Maldito sea el tiempo de la Llamada. Maldito Arceus quien piensa que todo esto es solo una broma que me puede gastar.
Char ni siquiera sabe que su Llamada no invocó a la Torre del Tiempo. No creo tener el valor para decírselo. He hecho unas simples observaciones mientras estuve aquí, observaciones de cuando Prince supuestamente descubrió su ubicación y empecé a rearmar su táctica de arrastrarnos hasta aquí. Es obvio que la torre existió mucho antes de que yo encontrara a Char. Prince no podría haber armado su plan jamás en menos de un mes, engañando tanto a Lucario, a los centinelas, y a cualquiera que podría haberse topado con la torre en un viaje oportuno al norte. No podría haber ocurrido. Todo fue una feliz coincidencia para Prince. Sabía de la torre antes de saber de Char. Cuando escuchó de la existencia de Char, supo que era su única y última oportunidad de derrotar a los fantasmas de su pasado y cumplir lo que su malograda División Plateada fracasó en lograr.
Por tanto... es improbable que logremos algo significativo en este maldito viaje. Por algún afortunado giro del destino, Char podría ganarse el corazón de Dialga como yo y toda la resistencia viva ha estado esperando... esa es una esperanza que arde doblemente en mi propio corazón...
Pero el destino nunca ha sido así de amable conmigo, y sé muy bien que no va a empezar a serlo en el futuro cercano. Sé que Dialga no quedará embelesado por la Llamada, a menos que por casualidad Char la activase de nuevo en la espira de la torre. Dialga probablemente ni siquiera sepa que estamos yendo. Podría sencillamente dirigir su divina furia sobre nosotros por invasión y ahuyentarnos de su hogar. Y también, debo esperar –esperar y asumir–que la vida continuará tan normal el día en que descendamos de la Torre del Tiempo. Y así... mi plan continuará.
¿Cuál plan? ¿Cuál plan? Me... me estoy quedando sin tiempo para responder esa cuestión. Incluso mis sueños diurnos han tenido poco que ofrecerme últimamente.
Estos Pokémon a quienes debo acompañar hasta el dragón del tiempo... ninguno de ellos sabe qué es lo que se espera de mí. Char ha intentado simpatizar conmigo, pero he escondido la verdadera gravedad de esta situación incluso a él.
Es obra de Adiel.
Él me quiere. Él me quiere muerto, para ser exacto. Pero él quiere que muera con mi garganta entre sus propias tenazas, luego de haberme torturado y drenado de la última de mis energías. Él ha anticipado esa satisfacción desde el momento en que intenté rescatarlo de la fortaleza del Maestro, pero fracasé.
Yo también he anticipado este duelo entre nosotros dos. Sabía hacía años que se acercaba, y he intentado prepararme para él. La única razón por la que aún no nos enfrentamos es simple:
Él no cree poder derrotarme. Y yo, no estoy muy seguro del resultado, por mi parte.
Pero ahora... claramente se lo ha propuesto. Ahora cree que sabe cómo terminará la batalla. Él está listo para desafiarme, en un momento en el que estoy todo menos listo. Quizá el robar su propio Bulbasaur sirviente personal fue la gota que colmó su vaso. Quizá solo está intentando insultarme al matarme antes de poder cumplir mi promesa a Shander de recuperar el Cañón Cuenco. Ya ni siquiera le interesa el Cañón Cuenco. Él nos hostigará el día en que consigamos devolver a los hijos de Jahzara en donde se merecen estar, quizá intentará asesinar a algunos de mis compañeros de equipo como regalo de bienvenida, pero luego despejará el lugar y los dejará solos. Él ya ha dejado eso bastante claro para mí.
No sé por qué, de todos los momentos, eligió ahora. Pero estará intentando atraerme al campo abierto para poder batallar conmigo a muerte.
Esta táctica suya... él ha cometido un par de errores, un par de tontas suposiciones por las que se le conoce, cuando se mudó a Ciudad Hierro. Fue entonces cuando resolví este acertijo suyo. Él se está moviendo hacia mi territorio, amenazándome con su influencia sobre el jardín que clamo yo cuidar... Ha estado aparcando sus tropas al lado de varias ciudades que sabe que yo protejo.
Y él amenazará con sitiarlas y asolarlas, una a una, hasta que muestre mi rostro y acepte su desafío.
Es una trampa. No soy estúpido. El duelo no estará libre de hilos. Él está manufacturando algún tipo de ventaja sobre mí. Quizá decidió que ya ni siquiera quiere batirse en duelo conmigo, sino capturarme y entregarme a Enigma para que me atormente hasta que ruegue morir.
Pero no creo que sepa todavía que ya he descubierto el truco. No creo que sepa que he descifrado su táctica antes de que siquiera expidiese su ultimátum. Y mientras no lo sepa, todavía existe la esperanza de que pueda superar su plan con uno mío. Pero entre mis promesas a Char, y mis promesas a Shander, todos mis planes han sido demolidos. Y me he quedado sin opciones en lo absoluto...
Tengo que estar en cuatro lugares a la vez. Es la única forma en la que tendré una oportunidad.
No tengo idea de cómo esto funcionará. Tendré que improvisar mis pasos en estas semanas que vienen. Pero todo comienza aquí y ahora.
Mi plan... No tengo que dejar que ningún Pokémon lo sepa. Adiel estará observando de alguna forma. Él siempre está observando. E incluso cuando no lo está haciendo, él sabe cómo extraer información de fuentes que sí. Así que... no debo dejar que nadie... ni un alma en esta tierra, ni Prince, ni Char... sepa de lo que estoy a punto de hacer.
... Incluso si esto implica noquearlos y dejarlos atrás aquí en Zerferia.
Prince es demasiado astuto. Si lo dejo despierto, o tal vez hasta vivo, él interferirá. Él encontrará alguna manera de entrometerse en mis asuntos, y sería un caso perdido intentar explicarle la situación. Es una de las pocas cosas de las que estoy seguro: de alguna forma, de alguna manera, Prince debe ser removido del mapa.
... Sin Prince, ¿tiene mi valiosa carga la más mínima posibilidad de sobrevivir en Zerferia–perdido, solo, y sin guía?
¿O... su flama se apagará?
Solo el tiempo lo dirá.
Hay un plan colchón. Un diminuto plan que he conseguido implementar cuando nadie estaba mirando. Es imprudente, peligroso, y posiblemente desastroso. Pero es una esperanza a la que me aferro. Es inesperado, incluso para mis estándares, así que nadie podría predecirlo. Y no puedo permitirme que lo descubran todavía.
Esa es mi cobertura. Es por eso que no puedo lanzar una trampa sorpresa a nuestro anónimo seguidor. Así que sigo a Prince a través de este corredor de piedras, manteniendo una mirada cautelosa por sobre mi hombro, preguntando incesantemente a mis sueños diurnos acerca de mi siguiente curso de acción hasta que respondan.
Alrededor del mediodía, nos encontramos con algo de resistencia. Geodude salvajes. Me quedé atrás para dejar que Prince se encargue; sus artes marciales le dan ventaja sobre estas criaturas. Char intentó ayudarlo, tomándolo como una sesión de entrenamiento. Saura ayudó con sus ataques de planta, los cuales estas criaturas de roca aborrecen también.
No me atreví a unirme a la batalla, no cuando una distracción tan perfecta se había clamado a nuestro equipo. En lugar, me escondí en las sombras, presto para atacar a nuestro invisible seguidor.
No lo vi, pero igual lo sentí. Sabía que estaba ahí. Me di cuenta de que ni siquiera sabía si nos estaba acosando, o solo intentando alcanzarnos. ¿Acaso era un mensajero? ¿Nos habíamos olvidado de algo de importancia en la División Esmeralda?
De seguro nos alcanzará si nos anidamos en estos riscos esta misma noche, lo cual parece ser la intención de Prince. O lo convenzo de abstenerse de dormir y continuar, consiguiendo algo más de tiempo de paso...
... o me enfrento a él.
Me decido.
Una táctica de cebo-y-cambio funcionaría, siempre y cuando el cebo no esté al tanto. Debería desorientar al objetivo lo suficiente para acorralarlo. Siempre que no disponga de una afinidad elemental que pueda obliterarme, sería la solución más simple y segura.
Tomamos un descanso bajo una formación de roca saliente. Nos provee de buena sombra, al menos hasta que el sol se ponga. Luego, oscurece. Ni una estrella brilla en el cielo; las nubes de Rayquaza las bloquean. Solo el aullido del viento a través de las peñas y el chillido de los Zubat son pruebas de que un mundo exterior existe en las sombras más allá de la luz emitida por nuestros dos Pokémon de fuego.
... Eso es todo, para nuestro seguidor misterioso. Yo, Scyther, puedo ver en la oscuridad. Y la oscuridad es la oportunidad perfecta para atacar.
Hago una pequeña charla con los niños mientras considero mi plan. Me pregunto si nuestro seguidor también descansa esta noche, o si atraviesa las tinieblas para encontrarnos. Considero a quién puedo pedir ayuda. Char sería ideal, ya que su flama es lo que más llama la atención. Sin embargo, no pienso que sería prudente ponerlo en la primera línea cuando ni siquiera yo sé lo que yace en la oscuridad. Él es mi carga. Arriesgar su vida está fuera de discusión, al menos hasta que nuestra misión demuestre ser fútil.
A cambio, escojo a Ray, el miembro más experimentado y poderoso del equipo de Char. Sé que él está dispuesto a confiar en mí en un nivel incluso más alto que Char. En general, me hace culto. De hecho, se abrió paso hasta el equipo de Char para agrandar sus esperanzas de unirse a mí. Su deseo de ganarse una posición en el Equipo Remordimiento siempre me ha impresionado, y es claro que tiene la habilidad y la fuerza para servir bajo mis órdenes. La mayoría de mi equipo ya sabe que planeo aceptar su solicitud dentro de unos años.
Pero yo sé que no soy yo a quien Ray hace culto. Es a la memoria de su hermano, Rautzen, quien fue mi compañero de equipo por más de una década. Es Rautzen el que lo crio como un padre haría, contándole historias sobre mi equipo y yo y sobre todos los desafíos que enfrentábamos. Y así me volví una leyenda en su mente, y su corazón se decidió por completo a vivir a la altura del legado de su hermano y tomar su lugar en mis filas.
Rautzen era un Pokémon y un amigo espectacular. Nos trataba de la misma forma en que nos solía describir en sus historias para el pequeño Ray. Nos trataba como si fuéramos los mitológicos héroes sobre los que Legend siempre cantaba cuando su lengua aún agraciaba los pasillos de la División Dorada. Su presencia misma era eléctrica; cada vez que hablaba, nuestra moral se elevaba, y recordábamos los estándares que nos habíamos propuesto y los perseguíamos con renovado vigor. Y su energía era ilimitada; recuerdo cómo podía asignarle patrullar el perímetro de nuestros puestos de avanzada por una semana entera, y para el tiempo en que era relevado, todavía tenía la misma sonrisa extendida en su rostro, y el mismo brinco en sus pasos, como si el trabajo no le hubiera hecho nada en lo absoluto.
Me afectó de maneras que ya no puedo cambiar.
Y ahora Ray... Ray quiere tomar su lugar. Y mientras sé cuánto se merece lo que desea, temo el día en que lo reciba en mi mesa.
Yo no guardo secretos a mi equipo. Bueno, eso es mentira. Hay un secreto que les guardo a todos. Es algo que averigüé mientras estaba en los rangos más altos al servicio del Maestro. Es... algo en lo que no me concentro muy a menudo. Es algo que el mundo no está listo para saber.
Pero aparte de eso, le cuento a mi equipo todo lo que sé, y pido que hagan lo mismo. Esa es mi política, y eso es lo que hace al Equipo Remordimiento tan sólido y efectivo. Operamos como uno.
Y... le tengo pavor al día en que ya no sea capaz de guardarle el secreto a Ray sobre lo que en realidad le ocurrió a su hermano.
Tenemos algunas normas con respecto a los reclutamientos, verás. Una de ellas dictamina que un Pokémon que tenga una razón personal para luchar contra el Maestro es un buen recluta. Esa es la razón por la que permití que Saura entrara a la base en primer lugar; el Maestro había puesto su mira en él de forma personal, y luego a su familia, y nosotros éramos su refugio.
Yo también soy un ejemplo de esa regla.
Hay otra regla... el reverso de la otra, diría yo... que no mencionamos con frecuencia. Dictamina que un Pokémon que no tiene una razón personal para luchar contra el Maestro tiene más chances de cambiarse al bando del Maestro si se le presenta la tentación. Y un Pokémon que se cambia de nuestro bando al del Maestro no retornará al nuestro de nuevo. En toda la historia de la Resistencia, esto nunca ha sido refutado.
Y los traidores han sido nuestros enemigos más peligrosos en la guerra. Ellos saben nuestros planes, nuestras fortalezas y debilidades, y nuestro funcionamiento interno. Ellos... son los enemigos... que no podemos permitirnos tener.
Rautzen cayó en la tentación.
Intentó retornar a nosotros, pero como un traidor. Como un agente doble. Tenía planeado filtrar nuestros planes a Cepheus, un poderoso general del enemigo–un general que alguna vez estuvo bajo mis órdenes, de hecho–mientras mantenía el pretexto de que estaba de nuestro lado.
No podía vacilar en la decisión...
Le ordené a Daemon que lo matara.
—Necesito que me hagas un favor —le siseé a Ray, intentando no atraer la atención de los otros—. ¿Puedes venir conmigo?
Él sintió que yo intentaba ser sigiloso, así que asintió con atención y me siguió. Una vez en las sombras, emití mi orden.
—Necesito que camines hacia esa dirección —le dije—. Mantén un ritmo normal. ¿Harías eso por mí?
—Eh, seguro —replicó—. ¿Estoy en busca de algo?
—No, nada —le dije—. Solo camina, hasta que te diga que pares. Ignora a los Pokémon salvajes si encuentras alguno; si te atacan, yo te asistiré. Pero ve.
—De acuerdo, lo que digas —dijo con un encogimiento de hombros, luego empezó un correteo por el rocoso pasillo para retroceder por donde habíamos pasado durante el día. El tenue brillo de su pelaje le ayudaba a ver su camino.
Admiré su obediencia incondicional. Las franjas de un verdadero soldado. Las mismas franjas que Rautzen tenía.
Me lancé en vuelo, aterrizando en la cima de la garganta rocosa. No podía volar todo el camino; mis alas producen un sonido que encendería el terror en los corazones de muchos Pokémon y revelaría mi posición. Entonces, me puse a rondar por el borde del acantilado, manteniéndome a la suficiente distancia para ser invisible para cualquier Pokémon que mirara en mi dirección. Y seguí a Ray, con los ojos abiertos en busca del intruso que debía estar en algún lugar... algún lugar cercano...
Por supuesto, apenas tenía evidencia de la presencia del intruso en primer lugar. Solo mis instintos, lo insinuaban, y yo confiaba en ellos. Había algo en el aire. Quizá un aroma. Quizá una alteración en la atmósfera. Quizá un aura que mi subconsciente recogía. Quizá ecos de un grito en el viento. Pero despertaba al cazador dentro de mí, y no podía ignorarlo.
Ahora, vería si mis instintos me decían la verdad.
Ray se detuvo. Se paró en seco, como si se hubiera detenido en el borde de un pozo sin fondo y estuviera vacilando si lanzarse o no a él. Estaba mirando algo. Algo eclipsado por rocas.
—¡Scythe! —llamó de repente, su voz rompiendo el silencio y resonando por todo el cañón rocoso—. Scythe... ¡jamás vas a creer esto!
Me irritó la audacia de Ray de romper nuestro sigilo, pero no lo juzgaría hasta ver con mis ojos el criterio que había exclamado. Entonces, avancé un poco más por el borde hasta que pude tener una buena perspectiva de lo que Ray estaba observando.
Y Ray tuvo razón. No lo pude creer. Arceus me había jugado otro truco, al parecer, porque nunca hubiera predicho que este Pokémon en particular nos hubo seguido todo el camino hasta aquí...
Rodeada por un improvisado refugio de rocas, y durmiendo profundamente, estaba una Bayleef.
Lily.
Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.
Nota del traductor - 8/II/2015:
Como habrán notado, he estado muy ocupado últimamente. Me la pasé estudiando todo enero, por lo que solo pude traducir este capítulo en pequeñas porciones cada vez que me encontraba con algo de tiempo. Pero bueno, ya ha pasado la parte difícil; ahora tendré más tiempo para organizar el concurso del que les he hablado en el capítulo pasado.
La fecha del concurso aún sigue indeterminada, pero pueden estar seguros de que trabajo en él.
