Love Live Sunshine!

El deber de familia

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: Well nuevo capítulo, que se tardó un poco en salir del horno pues estaba en bloqueó debido a que al parecer suelo hacer más caso a los comentarios negativos que a los que realmente deberían animarme a seguir. Puede que el smut no sea del gusto de todos, pero a mí me gusta y es lo que importa, no si a una persona o personas les agrada o no. De si es bueno o malo, no lo sé, no creo llegar a las proezas de mis fickers favoritos pero aprendo mucho de ellos y trato de hacer algo que pueda al menos ser considerado decente.

Por si se preguntan quienes son mis fickers favoritos y mi parámetro a seguir son RaeDMagdon y ZippyZapmeister. El primero especialista en ftnr y Omegaverse y el segundo en contenido maduro o explícito de Love Live, en especial de DiaMaru o Kanan en cualquier ship.

Anyway, espero les guste el capítulo y les aviso que estamos llegando a la parte final de esta historia. Ahora sí.

~•~

Sus manos temblaban sin control por eso mismo las había escondido debajo de su túnica. Estaba esperando impaciente en un rincón de la gran casa Sonoda. Como en la ocasión anterior, You y Riko se estaba encargando de hacer la labor de los preparativos. Sólo que esta vez Dia no había participado tanto como hubiera querido, aunque aportó bastantes ideas, era You quien se encargó de administrar los recursos que puso a disposición Sonoda-san.

You le había pedido que solo se concentrará en pensar cómo llevaría a cabo todo el acto pues al final era lo más importante, hacer sentir bien a Hanamaru, cómoda y protegida. Una tarea que era difícil y que le había costado más de una noche en vela. No es que no llegara a pensar en Hanamaru de esa manera, de hecho últimamente era algo que rondaba su mente más frecuentemente. La noche anterior había sido demasiado para su corazón y sus nervios. Si fuera otra situación, no habría dudado en tomar a Hanamaru sin dilación.

Todo su acto de seducción le había provocado un casi infarto y aunque trato de resistir lo más que pudo, la verdad es que desde el inicio sus ojos estaban atentos a cada movimiento de su esposa, solo lo había disimulado. Suspiró pesado observando la caja que Kotori-san había traído para ella como un presente de bodas atrasado. Después de ver el contenido ahora solo tenía miedo de volver a abrirlo. Le aterraba la idea de tener que usar algo así, aunque You le asegurara que no había ningún problema.

Su dilema estaba en si debía o no representar el papel que se esperaba de ella. Sonoda-san no había sido de mucha ayuda en ese tema pues solo se había puesto roja, se había atragantado y dicho que ayudaría pero no más. Kotori-san le había dedicado palabras de calma y el regalo, que estaba reticente en utilizar.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Riko apareció junto con otro grupo de mujeres, sirvientes de la casa, que llegaron a disponer la habitación. Eso sólo aumentó su intranquilidad, parecía revivir una vieja escena que no le gusto en lo más mínimo. No tardaron mucho, Riko las despidió y se quedó con Dia y You apareció comiendo una manzana de lo más relajada lo cual exasperó a Dia.

—¿Estás lista? —sonrió mientras mordía su manzana.

—No… no lo estoy —dijo manteniendo sus manos bajo resguardo en su túnica—. Esto no es lo que tenía en mente —gruño de mal humor.

—No es como que puedan ir por cualquier lugar haciendo "eso" —le contestó You con una sonrisa que ruborizó a Dia y Riko contuvo una risa.

—No, sé que no pero esto es prácticamente igual a nuestra noche de bodas —hizo un gesto de desagrado.

—Solo debe estar tranquila —habló Riko.

—Eso es algo difícil de hacer en este momento —sacó el aire de sus pulmones.

—No debes preocuparte más —You levanto los pulgares—, iré por Maru-chan ahora, solo quería cerciorarme de tu estado.

—¿Es tiempo ya? —hizo un gesto de terror que empujó al fondo regresando a su manera estoica.

—Lo es —respondió escueta You—. Vamos Riko-chan —ambas dejaron a Dia a solas.

De nuevo solamente era ella, en el pasillo afuera de la habitación. Sintió el sudor en sus manos debido al nerviosismo y trató de buscar algo en que entretenerse. Corrió la puerta de entrada de la habitación y pasó al interior. Su estómago dio un vuelco cuando contemplo lo que había ahí. No espero a verlo todo y simplemente salió con el mismo impulso de regreso al pasillo cerrando la puerta con fuerza.

El mareo la hizo poner sus manos sobre sus rodillas e inclinarse para vomitar, solo que no lo hizo. Inhaló y exhaló varias veces hasta calmarse, justo a tiempo cuando Riko y You llegaron escoltando a Hanamaru que le sonrió con timidez. Su bella sonrisa ánimo su corazón pero también lo oprimió cuando volvió a la realidad. De nuevo ocultó sus manos en su túnica e hizo una reverencia.

—¡Dia-san! —la saludo Hanamaru también inclinándose.

Los ojos de Dia y Hanamaru se encontraron y un pequeño y ligero rubor pintó las mejillas de ambas mujeres. You y Riko las dejaron a solas sin decir una palabra, solo You palmeó el hombro de su prima para darle ánimos e hizo un saludo militar a Dia. Riko les dedicó una sincera sonrisa de apoyo antes de irse.

Se quedaron a solas en silencio, a Dia se le dificultó encontrar las palabras adecuadas para comenzar, todo su discurso había sido borrado de su mente y solo podía ver a su hermosa esposa en ese lindo traje de grandes flores amarillas sobre la tela blanca con bordados de oro, seguramente un regalo de Kotori-san por la fina hechura del estampado.

—Hanamaru —pronunció su nombre sintiéndose torpe—, debo tomar un poco de aire fresco.

No espero una respuesta pues ya había agarrado la mano de Hanamaru para jalarla y comenzar a caminar al pequeño jardín privado de esa área. La chica se dió cuenta del nerviosismo de Dia pues sus dedos estaban temblorosos y húmedos y debía confesar que ella también estaba del mismo modo por lo que no opuso resistencia.

Caminaron en silencio solo con el latir de sus corazones que retumbaban en sus oídos cada vez con mayor fuerza.

—Di…

—Hanamaru —la corto de lo que iba a decir—, yo… hay algo que me gustaría hablar contigo antes de todo —habló con voz ligeramente trémula.

—¿Qué es lo que sucede? —desvió la mirada pensando en lo peor.

Dia caminó en círculos dando grandes pasos. Era terrible para ella verse actuando de ese modo, salía completamente de sus cabales y eso le molestaba, debía ser directa.

—Creo que hay algunas cosas que debemos dejar en claro, Hanamaru —dijo solemne sin que la chica la interrumpiera aún—. Yo nunca he estado con una mujer antes... —sintió el sudor en su frente.

—Entiendo, yo tampoco —comentó agachando la mirada con algo de dolor.

—No, no —levantó las manos negando—. Discúlpame, no quería traer a colación lo sucedido con… —se calló para no pronunciar su nombre.

—Kanan —pero si lo hizo Hanamaru—. Este es un tema que no se irá de nuestro lado, quizás nunca, solo que no por eso dejaremos que nos limite —aunque lo dijo para Dia, era más para ella.

—Solo quisiera que esto no sucediera cada vez que tocamos un tema relacionado con nuestra intimidad —suspiró con desgana—. No quiero que él venga a meterse entre nosotras ahora que decidimos dar este paso. No quiero ser la causa de un mal momento o que al tocarte él aparezca y tire todo el avance que hemos logrado.

—Es una moneda al aire —dijo Hanamaru y Dia frunció el ceño—, que no tiene porqué guiar nuestros pasos. Eres mejor que él y que todos y no quiero a nadie más que no sea a ti compartiendo esto conmigo.

Dia exhaló ligeramente más aliviada, solo que aún había algo que no la dejaba en paz.

—Sin embargo no puedo dejar de sentir que hay una carga pesada sobre mis hombros —volteo a mirar a Hanamaru—, una responsabilidad y un papel que se espera que debo cumplir frente a todos, incluso en este momento en que solo deberíamos ser tú y yo.

—No tenemos porqué seguir los parámetros de los demás —Maru se acercó recargando su cabeza sobre su pecho—. Si las dos nos amamos, lo que suceda dentro de nuestra intimidad no debe ser regida por ningún convencionalismo social o por las órdenes de un tercero.

—Es verdad, solo quería hablarlo contigo y que estuviéramos de acuerdo con esto —la acunó entre sus brazos inhalando el aroma de su cabello—. Deseo tanto estar contigo que de cierto modo me aterra que solo sea un sueño y que te escapes de mis manos sin que pueda retenerte.

—No iré a ningún lado, no sin ti —Maru se aferró con fuerza a su cintura—. Dia…

La mujer sostuvo su barbilla acariciando su mejilla y cerró el espacio para plantar un corto beso en los labios.

—Ni yo sin ti —pronuncio Dia con una sonrisa más relajada.

Hanamaru rió con un sonido que a Dia le parecía la risa de un ángel, era dulce y ligera cálida y sincera, un alivio para su corazón y la calma para su mente. Se volvieron a besar tomándose su tiempo, tiernos roces y toques inocentes que estaban haciendo el trabajo de disolver los miedos y las preocupaciones, dejándolas solo a las dos y los sentimientos intensos mutuos.

—¿Has cenado ya? —preguntó Dia recargando su rostro en el hueco del cuello de Hanamaru.

—No, aún no ~zura —dijo entre risas pues el aliento de Dia le producía ligeras cosquillas.

—¿Te gustaría cenar conmigo? —pidió dejando un beso en el lóbulo de la oreja de Maru.

—Claro que si ~zura —se revolvió sacudiendo su cabello y Dia le dió la vuelta recargando la espalda de la chica en su pecho.

—Ven conmigo Hanamaru —tomó su mano y juntas se echaron a andar.

Hanamaru no sabía a dónde la llevaba pero no era a la habitación que habían dispuesto, iban rumbo de las cocinas y esa manera traviesa de Dia le sorprendió aunque no le desagrado. Era lindo verla así, una nueva faceta que pocas veces mostraba. Caminaron con sigilo hasta la puerta donde Dia la soltó y le pidió esperar mientras ella entraba al lugar.

—¡¿Pero qué rayos?! —gritó Yohane cuando se topó de frente con Dia.

—¡Guarda silencio! —la tomó por la boca tapándola con la mano y la arrastró hasta un rincón lejos de la vista de los demás—. Sólo vine un momento.

Yohane pataleo hasta sacarse a Dia de encima. No entendía que hacía la mujer en la cocina con tanto secretismo.

—¡Suéltame! —la empujo pero Dia puso su antebrazo sobre su garganta presionando con poca fuerza.

—No hables y mejor ayúdame con esto —puso una cara de miedo que solo hizo tragar a Yohane pero aún se mantuvo reticente—. Que sé muy bien que aún sigues viendo a mi hermana —con eso terminó de ceder.

—¿Qué… qué es lo que quieres? —tartamudeó.

Dia salió de la cocina después de un rato llevando consigo una canasta y a Yohane detrás con otra más. Hanamaru las miró por un momento sin entender nada pero se dejó llevar por Dia que parecía emocionada de su travesura.

Regresaron al jardín donde habían estado antes, solo que fueron más profundo, a otra sección donde Yohane las acompañó aunque parecía que lo hacía molesta pues se la pasó refunfuñando todo el tiempo. Acomodaron una manta sobre una mesa de piedra en el medio del jardín que tenía algunas bancas de piedra también. Yohane sacó algunos platos y comida que dejó a disposición.

—Puedes retirarte y regresar después por esto —le ordenó Dia y la chica sólo gruñó yéndose sin decir más.

Hanamaru contempló la pequeña cena improvisada, aunque en realidad no era tan tarde, el sol aún alumbraba en el horizonte y tal vez tardaría otro poco más en caer la noche. Dia le pidió acercarse y tomar asiento. Hanamaru divertida fue con ella disfrutando de la escena.

—Esto me recuerda mucho nuestra cita en los cerezos ~zura —comentó tomando un trozo de pan, solo que no era noppo e hizo un gesto de tristeza.

—¿Quieres uno de estos? —Dia saco de una de las cestas un pan de noppo que ofreció a Hanamaru quien iluminó su rostro al verlo.

—Gracias ~zura —dijo emocionada hincándole el diente con gusto.

—Quise hacerlo así, quizás un poco improvisado, pero es porque tenemos algo pendiente desde ese día —Maru dejó de comer y miró a Dia con sus mejillas rojas.

A la mente de Maru vino ese día y lo que habían hecho al abrigo de los cerezos en flor. Su cuerpo se calentó con el recuerdo y sin pensarlo se levantó para abrazar a Dia y darle un beso que se prolongó más que los anteriores. No llegaron a profundizarlo pero fue lo suficientemente intenso para que ambas sintieran esa calidez en sus estómagos y ese vértigo.

Se separaron pero Hanamaru no soltó el cuello de Dia, se mantuvo en su regazo con su respiración agitada y su corazón emocionado. Tenía ganas de hacer a un lado la cena y que Dia la tomara sobre la mesa, solo que ese era un pensamiento muy salvaje para ella. Dio un beso en la mejilla de su esposa y volvió a su lugar dándole una gran sonrisa, ambas aún estaban nerviosas.

Hablaron de diversas cosas mientras comían, la tarde iba cayendo y el cielo se iba tiñendo de colores naranjas y detrás de estos los tonos azules hasta los oscuros de la noche. Para ese momento ya habían terminado de cenar y ahora miraban el anochecer, Hanamaru en brazos de Dia disfrutando de la frescura de la brisa nocturna con el calor de la tarde primaveral, el sonido de los pájaros que buscaban su lugar de dormir y algunas farolas que empezaban a alumbrar en la casa Sonoda.

Era agradable para Hanamaru el estar así, tener los fuertes y protectores brazos de Dia rodeando su cintura y su aliento golpeando su rostro desde un costado. Estaba recargada en su pecho y podía sentir el ir y venir de su respiración acompasada. Se encontraban en el mejor punto del día, relajadas, tranquilas y quizás podrían al fin dar el siguiente paso. Jugó con el dorso de la mano de Dia pasando la yema de sus dedos por el contorno sintiéndonos suavidad de su piel, un sonoro suspiro salió de la nariz de Dia y Hanamaru se giró para mirarla.

—Te amo —dijo con sus ojos miel entornados en un tierno gesto mientras sujetaba las mejillas de Dia con ambas manos.

—Te amo —le devolvió a Hanamaru y se inclinó levemente para que unieran sus labios.

Las manos de Dia se desplazaron a su cintura jugando con la tela de su yukata acariciando sus costados. Hanamaru su pegó más prácticamente colgándose del cuello. Sus bocas estaban besándose por encima, aún sin ir más allá de sus suaves y húmedos labios, solo que no duraron mucho más tiempo. La urgencia vino a ellas y Hanamaru abrió su boca cuando sintió la lengua de Dia rozando su labio inferior y la invitó a ir más profundo.

Sus lenguas se tocaron reconociéndose mutuamente, explorando su aspereza y probando el sabor de su saliva. Era un gusto amargo, que no le desagradaba pues sabía a matcha y ella fácilmente relacionaba ese sabor con cualquier cosa que derivará de Dia. El beso dejó de ser inocente para volverse fogoso, la frescura de la noche pareció haberse ido con el sol y solo los últimos rayos daban un poco de luz al jardín.

Era tal su calor que quiso retirarse la ropa para dejar que su piel caliente fuera refrescada con la suave brisa.

—Dia… —susurró su nombre sobre sus labios y los ojos aquamarina la vieron cuando sus párpados se abrieron, Hanamaru amaba esos bellos ojos que podían demostrar tantas cosas, como ahora que daban amor, amor infinito—. Estoy lista —dijo apenas en un suspiro que erizó la piel de Dia.

No hubo palabras, solo besos. Besos que acariciaban el alma y demostraban todo lo que sentían la una por la otra. Roces de labios, suspiros ahogados que se derramaban en la boca de su amor correspondido, dedos ansiosos que querían sentir más de cerca, palpar por debajo de la ropa y dejar escapar ese deseo que pedía ser saciado en los brazos y las manos del otro.

Hanamaru beso su mejilla yendo hasta el lóbulo de su oído que atrapó con sus labios suspirando tan quedo y tan necesitado que Dia no pudo seguir resistiendo más. La cargó en brazos olvidándose de lo demás. Maru se sujeto de su cuello para sostenerse, Dia era fuerte y aunque podía cargarla, sabía que probablemente sería un peso que la cansaría pronto, así que decidió disfrutar unos momentos de estar así antes de pedirle a Dia que la dejara caminar por sí misma. Sólo que Dia no quiso renunciar pronto, por lo que Hanamaru trato de convencerla mordiendo su cuello pasando su lengua por donde la marca de sus dientes había quedado. Ante eso Dia no aguantó demasiado.

—Si sigues haciendo eso no podremos llegar hasta el dormitorio —dijo con la respiración entrecortada.

—Puedo ir por mi propio pie ~zura —mordió con más fuerza ganándose un quejido.

—Lo sé… pero quiero hacerlo… —apenas pudo decir con la dificultad a la que la sometía Hanamaru.

—¡Zura~! Solo quieres presumir —se rió en su oído con ese dulce sonido de su voz.

—Solo te quiero a ti —habló en tono galante dejando que se pusiera en pie—. Hemos llegado.

Aunque ya no siguió cargandola no la dejó ir, sujetó su cintura con una mano mientras con la otra abría la puerta de la habitación. Aún tenía la sensación de malestar cuando dió el primer paso dentro pero estando en compañía de Hanamaru pronto pasó. Era imposible seguir manteniendo ese sentimiento si Hanamaru la besaba de esa forma tan demandante.

Dieron pasos vacilantes pues besarse y caminar con los ojos prácticamente cerrados era bastante complicado y si a eso le sumaban que una a la otra se iban despojando de la ropa, era una tarea que las llevaría al suelo en un mal paso.

Hanamaru deshizo el nudo del cinturón de Dia y con sus manos apartó las solapas para dejar al descubierto su torso. Su piel blanca como la leche resaltaba con la tela oscura de su vestidura y las vendas amarillentas que rodeaban su pecho, la visión la dejó descolocada y al dar el paso hacia atrás tropezó contra algo. Si no hubiera sido por la reacción rápida de Dia sosteniendola seguramente habría caído de espaldas en el suelo.

—¿Estas bien? —la atrajo hacia sí y sintió la tensión de la chica.

—Eres tan suave y fuerte —Hanamaru acarició sus hombros plantando un ligero beso en el que había sido su hombro lastimado ignorando su pregunta.

—Y tú tan linda y dulce —pescó sus labios con su boca besándola nuevamente.

Volvió a empujarla hacia atrás para llegar al futón, pero el talón de Hanamaru golpeó otra vez algo y Dia busco que era lo que había golpeado. Vio la caja, aquella que Kotori-san le había regalado y tragó saliva al recordar para que se la había dado. Hanamaru se dió cuenta de su turbación y también volteo a ver qué era lo que llamaba su atención.

—¡Zura~! ¿Qué es esto? —se agachó para recogerlo aunque Dia detuvo sus manos de abrirlo.

—No es algo que debamos usar todavía —quiso quitárselo pero la curiosidad de Hanamaru no se lo permitió.

—¿Qué hay dentro ~zura? —trató de abrirlo aún con la negativa de Dia.

—Es un regalo... para nuestra… noche —dijo no encontrando las palabras para describir el contenido.

—¡Quiero verlo ~zura! —se mostró interesada con mayor razón y Dia tuvo que ceder ante su orden.

Hanamaru abrió la caja cuando Dia la soltó. Se quedó sin palabras cuando vio lo que había en su interior. Estaba estupefacta sin dar crédito.

—¿Esto es…? —preguntó y Dia asintió—. ¡Oh por los Dioses!

—No tenemos que usarlo ahora —tomó la caja de las manos de Maru que seguía sorprendida.

—En verdad es… —movió las manos haciendo gestos graciosos—. ¡Oh por los Dioses ~zura!

No detuvo a Dia, ciertamente era algo extraño ver una cosa así y se le hacía aún más extraña la idea de que eso fuera usado por Dia. Era demasiado para su primer encuentro así que dejó ir la caja. Debían ir paso a paso.

—Olvidémonos de eso por hoy —Dia se lo llevo para ponerlo en un rincón.

Hanamaru entonces tuvo una revelación, eso era lo que estaban usando You y Riko en aquella ocasión que las descubrió por equivocación. Se tapó la boca con ambas manos pues no quería ser indiscreta.

Dia vaciló, tenían que retomar su momento roto por la aparición de la caja. Carraspeó para sacar a Hanamaru de su estupor y la chica la miró regresando de sus pensamientos.

—¿Quieres… continuar? —calculó su reacción por si el descubrimiento había hecho que Hanamaru quisiera dar un paso atrás.

—Si… solo estoy sorprendida ~zura —sacudió la cabeza para despegarse y volver a lo que deseaba hacer.

Con cuidado se quitó el cinturon de su yukata y el yukata mismo quedando únicamente en su ropa interior baja, pues ella no traía nada que cubriera su torso. Sus senos quedaron al descubierto para el deleite de su esposa y ambas se sonrojaron.

Verlos nuevamente en todo su esplendor, bajando y subiendo con la respiración de Hanamaru era realmente divino, una visión del cielo. La chispa inicial volvió a encender en los ojos de Dia que brillaron debido al deseo.

—Si me ves de ese modo siento que voy a morir de vergüenza ~zura —aún no se acostumbraba a que Dia la viera así, a pesar de que no le desagradaba.

—Es que eres hermosa —se acercó a ella poniendo sus dedos en su estómago acariciando en círculos su abdomen.

Se inclinó para besar el borde de sus pechos y Hanamaru se mordió el labio inferior cuando sintió el toque. Enredó sus dedos en la cabellera oscura de Dia, algo que le gustaba hacer, y masajeó su cuero cabelludo.

Poco a poco la fue llevando abajo para recostarla en el futón que estaba a unos pasos. Ambas se encontraron sobre el futón, Hanamaru esperando por el siguiente paso dejando que la yema de los dedos de Dia viajará por su cuerpo dibujando formas que no reconocía pero parecía que estaba escribiendo algo sobre su piel.

—¿Dia? —la llamó reclamando su atención a sus labios.

Las manos vagaron entre los cuerpos con suaves y lentos toques que producían sensaciones placenteras. Un toque en la espalda, un beso en los labios, el roce de su piel que podía ser mayor si Dia se quitaba esas molestas vendas y esos estorbosos pantalones.

Se separó pues entendió la necesidad presente en su esposa y entre las dos quitaron las vendas y los restos de las ropas que aún estaban sobre sus cuerpos.

Se quedaron en silencio solo contemplando el cuerpo de la otra, la forma, las líneas seductoras, la curvatura de la cintura y cada recoveco. Hanamaru quería grabarse en la memoria cada pequeño detalle, por mínimo que fuera, quería conocerlos todos bajo esta nueva perspectiva. Descubrió un diminuto lunar sobre el pecho de Dia, parecido al que estaba a un costado de sus labios. Se acercó para tocarlo y besarlo con una caricia de su boca. Colocó besos sobre él y alrededor también yendo poco a poco hasta casi llegar a la aureola que coronaba su seno. Dia suspiró en un gemido bajo que ánimo a Hanamaru a seguir. Fue repartiendo besos hasta su firme vientre debido al entrenamiento al que se sometía.

—Hanamaru —exclamó con dificultad.

La tomó de los hombros para empujarla sobre el futón y recuperar el control de sus impulsos que pedían de un hilo muy delgado. Dia también deseaba el toque de Hanamaru pero debía poner atención primero a las necesidades de su esposa.

—Si hay algo con lo que te sientas incómoda dímelo y detendremos todo hasta que te sientas mejor —le dijo agarrándola de las manos entrelazando sus dedos—. Iremos a tu ritmo, tú eres mi prioridad así que no temas parar todo en cualquier momento.

—Lo haré ~zura —sonrió quedándose a merced de Dia dejando que un leve rubor apareciera en su rostro.

Cerró sus ojos cuando Dia comenzó a repartir besos por su cuello viajando hasta su pecho. Su lengua lamió el sabor de su piel y sintió la tersura de sus senos. Los pechos de Hanamaru eran de buen tamaño y causaban un efecto en Dia que la obligaban prácticamente a ponerlos a prueba para sentir su textura, firmeza y sabor.

Hanamaru gimió cuando la lengua de Dia alcanzó su pezón por fin y pasó su áspera lengua por él. Fue una sensación placentera que nada tenía que ver con la brutalidad con la cual había sido tratada antes. Dia era suave, dócil y le daba el tiempo necesario para que cada gesto fuera bueno para ella. Todo era tan diferente que no había punto de comparación con su mala experiencia previa.

La boca de Dia jugó con sus pezones succionando con poca fuerza aunque sus dientes se arrastraron por la piel alrededor dando un toque ligeramente rudo que le gustó. Sus manos apresaron los grandes senos de Hanamaru y con sus dedos masajeó los bordes tomando con su dedo índice y pulgar el pezón que ante la estimulación se había levantado al aire buscando atención. Repartió besos de uno a otro dando su tiempo a cada uno.

Los gemidos no se hicieron esperar, Hanamaru emitía un leve sonido sugerente que por momentos aumentaba cuando Dia hacía algo placentero sobre su cuerpo. Hanamaru podía sentir como poco a poco iba perdiendo la compostura y solo quería seguir experimentando más y más de esas sensaciones. Arqueó su espalda en busca de mayor contacto de las manos y la boca de Dia obteniendo su recompensa. Sólo que Dia dejó de estimular sus pechos, para su disgusto, e ir bajando hasta su vientre dibujando un camino de besos y saliva hasta su ombligo.

—Dia… —murmuró su nombre entre jadeos y la chica se detuvo a la espera, temía haber hecho algo mal—, no te detengas por favor ~zura —suplicó poniendo sus manos en los hombros de Dia pidiéndole ir adelante.

Dia reanudó su camino prodigando besos por su abdomen hasta llegar al límite de su viente. Hanamaru suspiró cuando el aliento de Dia golpeó su piel sensible y sus piernas temblaron involuntariamente a la espera del siguiente paso.

—¿Puedo…? —preguntó dudosa mirando a los ojos de Hanamaru incorporándose un poco.

—S… si… —respondió débilmente con su pecho agitado—, por favor ~zura.

Dia se inclinó para besar el hueso de su cadera deslizándose por la orilla hasta el mechón de vellos castaños. Suspiros ahogados, gemidos entrecortados, uñas arañando la tela del futón y un movimiento de su cadera dejando a Dia vía libre para entrar en su intimidad.

El olor era dulce, una combinación de aromas que le producían una sensación agradable y la animaban a probar ese néctar que manaba de los labios de Hanamaru. Aspiró el olor tocando con la punta de su nariz el monte de vellos arrastrándola hasta la comisura de su entrada. Sacó la lengua buscando la primer gota de tan preciado líquido y dejo que el sabor fuera degustado por sus papilas.

Sabía cómo olía, una mezcla dulce y salada que tenían el tenor perfecto para volverse adictos. El primer paso vacilante dió paso al segundo más decidido y su lengua recorrió un terreno mayor acariciando sus labios externos sorbiendo los jugos que ya habían manchado sus vellos. Al tercer paso buscó profundizar e introdujo su lengua tocando los labios interiores que se agitaron al sentir su lengua rugosa. Hanamaru perdió la cuenta a partir de allí, Dia se enfrascó en beber cada gota de sus fluidos que no dejaban de manar.

Fue más allá tratando de hacerse de la mayor cantidad posible y su lengua entro a su vagina moviéndose dentro tocando puntos sensibles que llevaron a Hanamaru a revolverse del placer sentido. La nariz de Dia rozaba su botón que a este punto estaba erguido queriendo tener su atención.

El temor de Dia se había disipado casi por completo cuando las manos de su bella esposa empujaban su cabeza entre sus piernas y sus muslos hacían los mismo para que siguiera adelante. Los talones de la pequeña chica pegaban en su espalda apretándola contra ella. Su nombre no dejaba la boca de Hanamaru siendo dicho entre un jadeo, un suspiro o un gemido encendido.

La lengua de Dia sintió las contradicciones de sus paredes interiores y el como sus embates eran cada vez más y más difíciles cuando la introducía, solo que empujaba lo suficiente para abrirse camino y hacer chocar la rugosidad de su lengua con la rugosidad del interior de Hanamaru.

Con sus manos acarició los costados de su esposa y sujetó sus caderas presionando con delicadeza para evitar que se moviera demasiado y la apartarla de ella. Una vibración provino del cuerpo sudoroso y excitado de Hanamaru, un pequeño temblor que poco a poco se fue haciendo intenso, tan intenso que le costó poder mantenerla bajo control.

—¡Zura~! —Hanamaru se mordió los labios reprimiendo el quejido agudo que quería desesperadamente salir de su garganta—. ¡Más rápido ~zura!

Dia aumentó su vaivén con la lengua aunque su mentón empezaba a doler, eso no la iba a detener de hacer llegar a Hanamaru.

—¡Si…! —levantó sus caderas haciendo un arco con su espalda y una fina capa de sudor cubrió su piel enrojecida y sensible.

Un flujo abundante de su interior descendió y se esparció por toda la cara de Dia que lamió gustosa dejando que las reververaciones del orgasmo de Hanamaru fueran disminuyendo de a poco.

La chica se tapó la cara con sus manos dando sollozos que alertaron a Dia. Hanamaru estaba llorando y ella temió que quizás la había lastimado de algún modo. El pánico la invadió haciéndose miles de malas ideas sobre lo que había hecho. Repaso en su mente cada uno de sus movimientos para ver dónde se había equivocado para haber provocado el llanto de Hanamaru que temblaba de pies a cabeza.

—¿Te lastime? —dijo con voz angustiada y Maru negó aún con la cabeza oculta tras sus manos—. Hanamaru mírame por favor, ¿te he lastimado? —su miedo aumentó casi al punto de querer tomar su espada en ese instante y acabar con su vida por su tontería de sucumbir a sus deseos.

—No… no… yo estoy muy feliz ~zura —gimoteo limpiando sus lágrimas de su rostro.

—Hanamaru —Dia suspiró de alivio—, casi me matas de un susto.

—Lo… siento ~zura —sonrió por encima de sus sollozos—. Es que soy muy feliz ~zura.

—Yo también pero no me hagas eso, realmente creí que te había hecho daño —le riño leve, aunque en realidad no podía estar enojada con ella.

—No lo hiciste ~zura —le pidió abrazarla cuando extendió sus manos y Dia se recargo en su pecho besando su cuello—. Me haces cosquillas ~zura —rompió en risas pasando sus brazos por la espalda de Dia.

—Es tu castigo —dijo por encima de su piel.

Jugaron un poco tratando de aminorar la tensión y las risas sustituyeron las lágrimas de Hanamaru. No le quiso decir a Dia, pero en realidad había llorado porque se sintió triste de que su primera vez fuera todo lo contrario a este momento hermoso. Deseó con todas sus fuerzas que Dia hubiera sido quien tomó su primera vez y no aquel desdichado que le había causado tanto daño.

Agradeció la ternura y cuidado de Dia que pudieron hacer a un lado el oscuro recuerdo de Kanan y que en ese instante sólo fueran ellas dos. Eso fue un alivio, el amor de Dia había podido contra sus fantasmas y sentía que ahora podía ver hacia adelante y continuar sin el lastre del pasado.

Entre su juego de manos Hanamaru posó sus manos en el abdomen de Dia y un gemido bajo salió de la boca de su esposa y eso le gusto. Quería oír más de esos sonidos y se concentró en acariciar cada parte de su lindo y firme vientre subiendo a sus pechos. Eran más pequeños que los suyos pero tenían su encanto, cabían perfectamente en sus manos chicas y eso las hacía ideales.

—Si haces eso… no voy a poder contenerme —dijo con las mejillas oscuras del deseo.

—Me gusta verte así ~zura —le contestó juguetona—. Quiero corresponderte del mismo modo —susurró besando su cuello dejando una gran marca roja donde sus labios habían succionado.

Beso su clavícula yendo hasta el nacimiento de sus pechos y Dia se mostró reticente de dejarla continuar.

—¿Estás segura? —la detuvo buscando sus ojos miel.

—Lo estoy, quiero demostrarte mi amor por ti —una de sus manos vagó hasta sus caderas y deambuló por sus muslos con movimientos lentos y suaves.

Hanamaru se preguntó si alguna vez Dia había estado con alguien antes aunque ya sabía la respuesta. Quería borrar las manos de aquel que alguna vez hubiera tocado su hermosa piel y tomado lo que ahora era suyo. Del mismo modo en que las caricias de Dia habían quitado de encima suyo los recuerdos amargos, quería grabar sus manos a fuego sobre el cuerpo de Dia.

Sus dedos caminaron de la parte externa de sus muslos hasta la cara interior subiendo hasta su preciada recompensa. Enredó sus dedos en los vellos oscuros y sintió la humedad que ya estaba presente en esa zona de su cuerpo.

—¿Me quieres tanto? —mordió un pezón del pecho de Dia y está suspiró abriendo sus piernas.

—Desde hace mucho —le contestó en un quejido.

La mano de Dia tomó la de Hanamaru empujando un dedo suyo en su interior con urgencia. La humedad hizo fácil el deslizarse dentro y frotar la protuberancia que se estremecía con cada paso. Guió sus movimientos y a diferencia de la manera sutil y delicada que Dia había usado en ella, ahora era mucho más ruda y áspera. Podía notar la necesidad y la sed de ser poseída por sus manos.

—¡Te necesito aquí! —aumentó el ritmo.

Viendo esa nueva faceta de Dia, en ese día había visto muchas cosas nuevas de ella, unió otro dedo suyo en la tarea. Sus dos dedos entraban y salían con rapidez y las caderas se movían con frenesí.

Curvo ligeramente sus dedos cuando sintió una cierta rugosidad formarse en el interior que cada vez que frotaba hacia que el interior se contrajera cada vez más violento. Los espasmos musculares aprisionaban sus dedos y sus yemas prácticamente rascaban sus paredes.

—Te amo Hanamaru —dijo antes de que se besaran con fuerza e imperiosa necesidad.

Su interior se tensó apretando tanto que Hanamaru temió que tanta presión rompería sus dedos pero la tensión alcanzó su punto más álgido y se relajo de pronto liberando su orgasmo.

Los jadeos calurosos de Dia fueron menguando y Hanamaru se sintió feliz. Se abrazaron solo dejando que su piel se tocara, había sido tan bueno que ahora solo quedaba la calma.

Hanamaru miró su mano y los restos pegajosos de la venida de Dia y sonrió, quería hacer esto cada día de su vida y nada iba a empañar esa felicidad tan inmensa que sentía.

—Te amo —dijo una de ellas o quizás las dos al mismo tiempo.

Se dieron mimos, besos furtivos, caricias sobre su piel, roces tímidos para apaciguar sus corazones llenos de regocijo. El sueño fue llenandolas y se quedaron dormidas en brazos una de la otra, desnudas, dejando que sus pieles se frotaran y se acostumbraran a esa nueva sensación.

Soñar fue como una ilusión que las cobijó y les permitió revivir en su mente los fantasmas placenteros de todo lo que acababan de disfrutar. Durmieron tan profundo que no se dieron cuenta del paso del tiempo. No hasta que la mañana asomó por el horizonte y los rayos del sol entraron por las ventanas y las rendijas de la habitación. Dia fue la primera en abrir los ojos y observar a Hanamaru durmiendo a su lado. Sonrió ante la visión de ese ángel desnudo. Los cabellos castaños sobre el futón y esparcidos sobre sus hombros con la luz del sol brillaban casi como el oro. Estaba tan hermosa que no quiso perturbar su apacible expresión.

Se levantó con tiento para no despertarla y se vistió apenas lo suficiente para estar presentable e ir por algo para desayunar y darle la sorpresa cuando despertara.

Estaba tan feliz, todo parecía tener un color más vibrante, el sonido de los pájaros tenían un canto hermoso, el viento que soplaba cuando abrió la puerta de la habitación y la calidez de los rayos solares que encandilaron sus ojos eran tan increíbles que se sentía flotando en las nubes.

—¡Buenos días Dia-sama! —escuchó a una sirviente llamarle y al mirarla para devolver el saludo un fuerte dolor la atravesó.

La vio a los ojos y se miró en ese iris rosáceo que la contemplaba con odio y desprecio. Trató de reaccionar apartándose de inmediato pero esa mujer hundió más profundo el cuchillo en su pecho.

—¡Aghhh! —grito debido al daño trastabillando hasta golpear con su espalda la pared—. ¿Quién eres?

Masculló la pregunta apretando los dientes conteniendo su dolor. Reunió sus fuerzas y pudo apartarla de un empujón. Volvió a quejarse cuando el cuchillo de metal salió de su carne y la sangre comenzó a salir a borbotones manchando su ropa y derramando unas gotas en el suelo.

La mujer arremetió nuevamente golpeando su cabeza con el mango del cuchillo y perdió el conocimiento quedando a merced de su agresora que volvió a levantar su cuchillo para clavar el arma filosa en ella.

—¿Quieres apresurarte? —una malhumorada Yohane le reñía a la pelirroja que iba con ella.

—No, no quiero —le saco la lengua virando los ojos con desgana—. ¿Tan temprano debes estar haciendo labores? —se quejó.

—Si, no todas tenemos los privilegios de los que tú gozas, Ruby-chan —no se molestó en voltear a verla y siguió su camino ignorandola.

—Te acompañaré, pero después de eso haremos lo que yo quiera —le dijo empujándola por la espalda para que le hiciera caso.

—Si, si, lo que tú quieras —le dió la razón para que dejara de quejarse.

Había olvidado por completo la noche anterior el ir a recoger todos los utensilios y los restos de comida que seguramente habrían quedado de la "cena" que Dia había montado para Hanamaru. Si no hubiera sido por Ruby que la entretuvo de más se hubiera acordado de limpiar todo, ahora tenía que ir a hacer ese trabajo antes de que el resto en la casa se despertara y viera su falta de atención a sus tareas domésticas.

—¿Qué diablos? —exclamó cuando oyó un grito venir en la dirección donde se encontraba el dormitorio donde Dia debía estar con Hanamaru.

—¿Qué fue eso? —se río Ruby pensando que quizás fuera su hermana haciendo indecentes cosas con Maru.

Sólo que el grito no había sido de ese tipo como le hizo ver el rostro de Yohane que reflejaba temor y preocupación. Sin mediar una palabra salió disparada a ver qué sucedía, Ruby la siguió corriendo detrás de ella.

Lo que vio la dejó helada, Dia estaba recostada contra la pared a un paso de caer al suelo con una herida que no se miraba nada bien. La sangre salía de manera escandalosa y temió lo peor. Reaccionó apenas cuando la mujer, que vestía como las mujeres del servicio, volvió a cargar contra Dia y se metió en su camino interponiéndose antes de que pudiera hacer algo irreversible.

—¡Yohane! —Ruby alzó la voz queriendo detenerla pero se le escapó de las manos.

Un quejido salió de la chica así como el puñal que siempre llevaba a la mano y no dudo en usar. Logró herir de muerte a la mujer ensartando su puñal en la garganta pero se llevó su parte también. Había podido parar su ataque sujetando la hoja del cuchillo y sus dedos habían sido rebanados, al menos el meñique y el anular, hasta el hueso que también había cedido pero su cuerpo seguía casi intacto, casi porque pudo herir su carne blanda con un rasguño del filo sobre su cadera.

—¡Sarah! —una segunda mujer empuñando una katana apareció metiéndose en la pelea.

Yohane tuvo que retroceder cojeando debido a sus heridas y la puerta de la habitación se abrió dejando ver a una Hanamaru que se topó con la horrible escena.

Lanzó un grito bastante alto que alertó a los que estaban un poco más lejos, que ya se habían dado cuenta del alboroto y no tardaron mucho más en aparecer.

La mujer herida en la garganta se apretó con fuerza la yugular para que su sangre no siguiera saliendo a borbotones y con un gesto desesperado le pidió a su hermana huir para salvar su vida, pero poco caso le hizo. La agarró para levantarla y que huyeron juntas pero la otra no se lo permitió.

—Ve… vete —le ordenó—. Fallé, pero tú aún tienes… una oportunidad —alcanzó a decir con la boca llenándose de sangre—. ¡Largo!

Le quitó la katana y le dió tiempo retrasando a los guardias que acababan de llegar.

Hanamaru se arrodilló junto a Dia que estaba siendo sostenida por Ruby y al ver la sangre y el rostro pálido de su esposa sintió un fuerte mareo y las náuseas atacarla. Su cabeza comenzó a dar de vueltas y antes de poder hacer algo más cayó al suelo desmayada.

—¡Maru-chan! —Ruby no pudo evitar que golpeara el piso aunque trató de llegar a ella.

Todo estaba pasando tan rápido que Yohane apenas se había dado cuenta de Hanamaru por estar al pendiente de Sarah que luchaba en vano contra los guardias que las protegían ahora. Al verse rodeada y con su hermana lejos, giró su espada para empalarse en ella y no caer en manos del enemigo con vida.

Yohane la vio caer aún retorciéndose en el suelo y el charco de sangre se hizo cada vez más grande que tuvo que retroceder. Se había estado sosteniendo los dedos con su otra mano pero ya no podía seguir soportando el dolor. No quiso ver, pues sólo tenía un pequeño pedazo de piel que todavía agarraba sus dedos.

—¿Qué es lo que pasó aquí? —You y Riko estaban llegando a toda prisa y la primera preguntó alarmada.

Riko fue a socorrer a Ruby que no podía ayudar a Hanamaru pues estaba sosteniendo la hemorragia del pecho de Dia. You se encargó de calmar a Yohane que estaba alterándose y se iba a lastimar todavía más.

Aquella había sido una terrible mañana.

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