Magi pertenece a Shinobu Ohtaka-sama. Escrito en el móvil, errores son sin querer. Muchísimas gracias a Yayoi y a todos los que leen por el apoyo :3.

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Capítulo 53 Lo ha dicho desde el fondo de su corazón.

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Imperio Kou.

El magi abre los ojos lentamente, aturdido. El primer movimiento que realiza es el de llevar la mano al vientre. Duele y no solo físicamente. Kouen le dejó atrás cuando prometió no hacerlo. Rompió una promesa que para Aladdin es de suma importancia. Las gotas saladas están a punto de escapar pero las contiene, no es momento de mostar debilidad o autocompasión. Se gira un poco apoyando el antebrazo en el suelo para sentarse. Abre y cierra los orbes para enfocar. Abraza su abdomen que claramente no dejará de molestarle de un segundo al otro y finalmente separa los labios guardando silencio un par de segundos, hasta que es capaz de conectar las ideas.

- N, ¿cómo llegaste aquí?

- Aladdin, debes detenerlos. Iskender ya no es lo que fué. Siempre guardó mucho rencor al imperio pero una parte de él también buscaba el bienestar de los que estaban en su misma situación. De acuerdo, se convirtió en pirata, saqueaba pueblos enteros pero nunca asesinó a los niños. A veces se olvidaba de todo y mostraba una gran sonrisa pero ahora... Está confundido porque si asesina a Ren Kouen te hará llorar y te ama. Le hablo, intento detenerlo. Incluso me pongo frente a él para no dejarle avanzar pero me ignora. ¡No se da cuenta de que siempre estoy ahí! ¡Es mi culpa! ¡Todo es mi culpa! ¡Papá se va a morir y no puedo salvarlo!

El magi permanece en la misma posición, trata de comprender pero es como un rompecabezas al que le faltan piezas. N repite que es hija de Iskender pero hasta donde el magi sabe únicamente tuvo una y fué asesinada por su marido. Ledea la cabeza sin estar convencido de lo que tiene que decir, aún así lo hace.

- ¿Tenías hermanas?

La joven llora desconsolada mientras niega. Él arquea una ceja y contempla intensamente. Algo parece fuera de lugar. Para empezar es prácticamente imposible que un miembro de la Tropa de la Lluvia Roja pueda infiltrarse hasta llegar a él sin que nadie la notara. ¿Acaso es Arba con otra de sus trampas? Sin intención su semblante se oscurece, adquiriendo cierto tono perturbador. Los zafiros reales brillan retadores. Alza la mano que deposita en el hombro femenino y sonríe. No importa lo que parezca o la situación, esa muchacha es su querida amiga.

- No entiendo del todo a qué te refieres pero si necesitas mi ayuda con gusto iré. Lo detendremos aunque no quiera.

- ¿Y estás bien?

- El contenedor de En logra imposibles.

- Lamento ponerte en aprietos.

- ¡Nada de eso! Espera aquí voy por mi mediador.

El magi se reincorpora y dirige a su habitación en busca de su daga. N le sigue de cerca, lleva la mano a su pecho.

«- Aladdin es un magi aún así no ha mencionado mi condición. ¿Será que piensa que aún... ? »

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Embarcación de la Tropa de la Lluvia Roja.

Iskender da una estocada al aire para desentumirse. Sonríe irónico.

- ¿Y qué si es una petición directa de Aladdin? ¿Se supone que por eso me incline ante un bastardo como tú? No soy un maldito títere sin cerebro. Tú le harás caso y seguirás obediente sus órdenes pero yo tengo orgullo.

- No se trata de orgullo. Te interesa, ¿estarías satisfecho haciéndole llorar? ¿Crees que tu muerte no le afectará?

- ¿La mía? - le mira con desdén - O cierto imbécil es demasiado cobarde para enfrentarse a quien puede derrotarlo.

- Que estúpido - suspira.

- Vaya confianza que se tiene su majestad. Veremos si cuando le corte el primer brazo aún la conserva.

- Así me quede sin ambos o piernas viviré. Podré romper todos los juramentos en el universo menos el de quedarme a su lado hasta ser viejo.

- Que ridículo. ¡Das asco!

El hombre empuña su larga espada en dirección al cuello del emperador que le bloquea sin dificultad. El choque produce chispas que parecen fuego. El capitán lejos de confiarse ha previsto la reacción por lo que al mismo tiempo ha cogido la daga en su bolsillo que avienta al otro que se mueve a la izquierda por lo que siquiera le roza.

- Muy impresionante.

Dice el de cabello negro conteniendo una risilla. Da un salto hacia atrás cogiendo la espada a dos manos, ejerciendo presión hasta que se divide en dos metales.

- Debes estar agradecido, será la primera vez que alguien sea víctima de mi verdadero estilo. Anda, si te da miedo equipate a tu djinn.

- No es necesario.

Iskender blande el arma con lentitud e inmediatamente acorta distancia y apunta a Kouen en los ojos, garganta, pecho, abdomen y ambas piernas. Todos los movimientos fueron recibidos con la espada real. El conquistador es hábil, debe admitirlo. Aún así hay cosas que no aprendes encerrado en las comodidades de un palacio. Aproxima los metales que coloca al frente, las manos al centro y uno sobre otro cual si fuese una alabarda. Hace movimientos de arriba para abajo e inversa a la vez que gira el cuerpo, es una especie de torbellino humano. Más chispas se producen. El capitán arroja un metal al suelo con intención de hacer tropezar al emperador que la retira con una veloz barrida. Iskender adopta la pose de esgrima centrando el balance en el torso. Da varias estocadas impulsándose con los pies. Es increíble la fuerza que posee y aún así no logra dañar al oponente.

- ¡Ha!

Deja la mente en blanco, se vale únicamente del instinto. La pupila se contrae para prestar atención a los detalles más minúsculos. El sudor en el rostro del emperador, el leve hundimiento de la madera debido al peso, la iluminación que ofrece el sol, los músculos que se marcan en Kouen, la posición de sus articulaciones. Agudiza el oído y con ello percibe la respiración ajena, el latido del corazón, inclusive las pisadas. Existe ritmo. Cuando un guerrero posee cierto nivel de experiencia tiene manías, en algún momento se delatara.

- ¡Uh!

Milímetros más cerca y el pelirrojo le perfora la garganta. ¿No se supone que planeaba ponerlo de su lado? Patrañas, desea matarlo. Es evidente por el brillo en sus ojos, la casi invisible sonrisa y esa aura carroñera.

- Bastardo doble cara.

Mejor para él. Así Aladdin no tendrá quejas, ¿con qué derecho si su marido pretende ejecutarle? Intensifica el agarre y con ello las estocadas se hacen mucho más salvajes y violentas, una de ellas atraviesa la manga del emperador que tira para liberarse.

- Nada mal.

Engreído. De pura suerte el brazo no quedó incrustado en su espada, que ganas de arrancarlo con todo y hueso, un trofeo digno de presumir. En esas estaba cuando se vió obligado a contener el atraque enemigo. Se hizo un sonido metálico y un puño se estrelló violentamente en la cara, abriéndole el labio. Iskender aprecia el sabor de la sangre y escupe al sentirse asqueado. Retrocede y limpia con el dorso.

- ¿Te burlas hijo de puta? ¿De ser un arma me habrías asesinado? ¡No me jodas!

La cordura se evaporó en el alma. ¡Que rabia! ¡Que humillación! Kouen debiera arrodillarse, suplicar perdón. ¿Por qué no logra herirlo? ¡¿Qué necesita para partirle en pedazos?! Los tripulantes contemplan atemorizados, indecisos y confundidos. Se replegan rezando por un milagro que parece no llegar.

- ¡Uangh!

Iskender se queja cual animal herido cuando el emperador le incrusta la vaina en la "manzana de Adán". Es un golpe mortal, cuando menos te priva de oxígeno y con ello la conciencia en el acto. Pero el pirata actúa por inercia, es como un maldito demonio con el que nada funciona. Lleva la mano al costado de su cuello y hace un movimiento violento que hace crujir los huesos de la zona. Tiene la mirada perdida y aún así aterra. Cuanto odio debe tener en su interior. De a poco se inclina, se asemeja a un lobo cazando a su presa. Camina alrededor, se detiene. Kouen arquea la ceja preguntándose si ha perdido la cordura, si ha tirado su humanidad. ¿A qué está dispuesto a renunciar con tal de obtener la victoria? Sin llegar a la respuesta se ve obligado a retroceder cuando el otro se le lanza cual bestia. Iskender tira la espada en el camino, detiene a unos metros y agacha para tomar impulso imitando a un saltamontes. El filo de Kouen le atraviesa el hombro, sin embargo logra tumbarle, cogerle de los antebrazos y una vez atrapado con todo su peso le muerde el cuello arrancando con ello un trozo considerable de piel.

- ¡Waaaaahhh!

Una chica grita para luego desmayarse. Al resto le recorre un sudor frío por la espina. No dan crédito a lo que sucede. ¿A dónde se fué el hombre que tanto admiran? Gran cantidad de aves negras les rodean, varias se adhieren al cuerpo de Iskender, da la impresión de haber sido enterrado en lodo.

- Muere maldito, muere. Me la quitaste. ¡ DESAPARECE!

Estrella su rostro en el real con tal brutalidad que casi se hace papilla, se rompe la nariz dejando un sendero escarlata en el otro al que le ha desecho un pómulo. Kouen se impulsa con la cadera sacándole de balance, lo suficiente para propinarle una patada que además de lanzarle lejos le quiebra el esternón.

- ¡Deténgase capitán!

Un hueso sobresale del abdomen de Iskender pero este parece no sentir y si lo hace poco le interesa. El instinto de preservación se enciende en el conquistador que corre hacia el rival, le cubre la cara con la mano y le sepulta en el suelo, quebrando la madera. No se detiene, le arrastra unos quince metros hasta llegar al borde. Apenas se detiene cuando una tabla de madera se le entierra en el estómago, dividiendole en el interior por la mitad exacta. Un gran chorro de sangre cae. Iskender no está mejor debido a las múltiples astillas en su cráneo y rostro. Una de ellas en el párpado inferior que casi le deja ciego. Los enemigos se encuentran de nueva cuenta, el pelirrojo atrapa las manos del otro, las estruja con intención de convertir los huesos en acerrin. El índice cede a la presión, luego el anular izquierdo, el medio derecho y...

- ¡Pungh!

El cinturón de Iskender se cierra en torno a la garganta del emperador luego de que el capitán se pusiera detrás y le rompiera ambas rodillas. El menor lleva las manos a la zona intentando liberarse.

- Por fin nos desharemos de un bastardo.

- Ah ah a-así que recobraste la conciencia.

El capitán continúa asfixiandole, se acerca y le susurra al oído.

- Nunca la perdí.

Una sonrisa se dibuja en el rostro de Kouen. Le propuso a ese hombre ser su consejero por Aladdin pero ciertamente ha picado su curiosidad. Lo desea y por ello no puede permitirse una derrota. A base de pura voluntad se levanta, corta el cinto, coge la parte más cercana y le revienta la boca al capitán con la hebilla. Los dos mantienen una distancia aproximada de metro y medio, respiran con dificultad mientras la vida se escapa por cada poro, están literalmente molidos. Sin embargo...

- Esto aún no termina - declaran a la vez.

El pirata usa lo que queda de la correa y con ella agarra la espada del emperador que estaba cerca. Kouen desenfunda otra de sus armas. Alzan los brazos más que dispuestos a finalizar con esta tontería, determinados a conservar su futuro. Cada quien con ambiciones en mente. No hay vuelta atrás, han dado todo de si en este movimiento. La escena transcurre en milésimas de segundo. Lo único frente a ellos es el enemigo hasta que Aladdin se interpone empleando su borg. Una luz deja todos ciegos unos instantes. La mayoría abre y cierra los ojos para enfocar y saber quien salió victorioso.

- Te gusta meterte en mi camino - Iskender le sonríe divertido al recién llegado, ejerciendo aún presión en la espada que detiene el mediador del magi.

- Alguien quiere hablar contigo ojisan. ¿Podrías esperar hasta entonces?

- No es divertido si puedes ayudarlo de todas manera - avienta sin mayor cuidado el metal.

- Aladdin...

El emperador estira la mano en dirección a la espalda de su consorte que ha sido marcada por la cortada que, el magi no pudo bloquear al quebrarse su incompleto borg. El líquido carmesí le empapa rápidamente.

- No me toques. Lo último que necesito es a un hombre débil - articula con desprecio.

Kouen abre los ojos en demasía, estupefacto. Pensaría que el magi lo ha dicho manipulado por el rukh oscuro o algo por el estilo pero conoce perfectamente el brillo en sus ojos. Por desgracia Aladdin lo ha dicho desde el fondo de su corazón.

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Notas finales.

Hasta la próxima :3.